Afirman que el tiempo lo cura todo. Mas el tiempo por sí mismo no hace nada. Lo que ayuda verdaderamente es lo que haces en ese tiempo (Vivir la pérdida).

Si bien está presente en la vida de todos de nosotros, la muerte se ha transformado en un tema tabú en las sociedades occidentales. El humano tiende a acercarse a aquello que le produce placer y separarse de aquello que le genera dolor; si bien podría parecer una estrategia sana, no lo es cuando charlamos del superar el duelo.

El duelo es una reacción natural experimentada frente a una pérdida significativa. Forma un proceso de adaptación ante exactamente la misma. Como digo, puede celebrarse ante cualquier clase de pérdida: de relaciones (por muerte o separación de seres queridos), de capacidades, habilidades o materiales.

Existen escalas que tratan de establecer el impacto que las pérdidas tienen sobre nosotros, conforme de qué tipo sean. No es exactamente lo mismo la pérdida de un padre que ha vivido una vida plena y ha alcanzado la vetustez, en comparación con la muerte de un hijo. Interfunerarias tiene un blog post realmente útil como guía con información que puede ayduar a superar la muerte de un hijo

Si bien las generalizaciones no son convenientes cuando charlamos de pérdidas, se ha observado que las que tienen un mayor impacto sobre nosotros son las referentes a las relaciones con otros; eminentemente, la muerte de un ser querido.

Diríase que ningún duelo es igual a otro, puesto que no hay nadie igual a otra. Es un proceso que cambia de unos a otros en función de nuestras peculiaridades. Estas determinarán su duración y desarrollo.

El duelo es, entonces, un proceso natural que experimentamos como reacción frente a una pérdida. Puesto que charlamos de un proceso, requiere tiempo, el que cambia de unas personas a otras, pudiendo perdurar meses o aun uno o un par de años. No obstante, el simple paso del tiempo por sí mismo no contribuye a realizar la pérdida, sino la persona en duelo desarrolla un papel activo en este proceso, efectuando una serie de actividades y tomando determinadas resoluciones. Además de esto, lo he llamado como natural, lo que implica que es normal y común a todos .

¿De qué forma somos activos en nuestro proceso de duelo? Diferentes autores estiman que son 4 las labores clave que la persona en esta situación puede hacer a lo largo del proceso. Estas labores le van a ayudar a solucionar su duelo y amoldarse a la nueva situación en la que la persona fallecida ya no está.

Aceptar la pérdida

Este primer paso puede resultar el más bastante difícil, puesto que debemos admitir la muerte de la persona perdida. Muchas veces nuestra primera reacción a lo largo de un tiempo es la negación de la situación, pese a que seamos siendo conscientes de que esa persona ya no está.

Charlar de la pérdida, contar lo que ocurrió, visitar el sitio donde depositamos sus restos… todo ello puede asistir poquito a poco a ir admitiendo el hecho de la muerte.

Realizar las emociones

A lo largo del proceso de duelo es preciso sentir y probar las emociones que desencadena la pérdida: tristeza, melancolía, abulia, saña,… Intentar ocupar el tiempo y eludir sentirlas puede complicar la resolución del duelo, provocando un bloqueo u obstaculización del mismo.

Asimismo en un caso así charlar y expresar estas emociones con personas de confianza nos va a ayudar a vivirlas y superarlas. Si no te sientes cómodo contándole a otros de qué forma te sientes, asimismo puede resultar realmente útil redactar tus emociones.

Aprender a vivir sin el fallecido

A lo largo del proceso de duelo no únicamente nos hallamos con la emoción que produce, sino más bien con nuestra rutina diaria y las muchas actividades rutinarias que debemos seguir efectuando. La persona fallecida ha perdido un rol que desempeñaba y que, a veces, debemos aceptar mismos.

Así, el duelo significa aprender a vivir sin esa persona, a tomar nuevas resoluciones, a sumir nuevas labores y a relacionarse de forma diferente con el resto.

Proseguir viviendo

Realizar el duelo implica darle un nuevo “lugar” sensible a la persona fallecida. Esto no implica olvidar, sino más bien guardarla en nuestro recuerdo de aquella forma que deseemos, estableciendo a la vez nuevos proyectos de vida y nuevas actividades. Se trata de vivir y no de subsistir tras la pérdida.

Estas labores implican un papel activo de la persona en duelo. No tienen, no obstante, un orden lógico ni una temporalización establecida. La resolución de todas y cada una contribuirá a una adaptación a la nueva situación y una superación positiva de la pérdida.

La resiliencia está muy relacionada con la superación satisfactoria de un duelo. Esta palabra procede de la física y se refiere a la capacidad de un material para recobrar su forma original después de ser sometido a altas presiones (como un muelle). Este término se ha aplicado a la sicología, haciendo referencia a la capacidad de los humanos para restituirse tras situaciones desfavorables.

Quienes adoptan una actitud resiliente aprenden de la experiencia dolorosa y medran emotivamente a partir de ella. Extraen de exactamente la misma experiencias y aprendizajes positivos.

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