¿Cuánto te gastarías en un bolso? ¿Y en una botella de vino? Bastantes personas adquieren productos costosos pues tienen la necesidad de sentirse bien y ese bienestar se logra, en ciertas ocasiones, despilfarrando hasta en cosas que no se precisan. El apego a los recursos más costosos está ahí, si bien suponga un sacrificio en el momento de adquirirlos.

En verdad, es cada vez más usual recurrir a los préstamos al pequeño consumidor, como los de la página web de Wandoo, no por necesidad como sucedía ya antes, sino más bien por esa busca del bienestar y del placer. Estos minicréditos comienzan a invertirse en lograr buenas experiencias y no solo sacar al usuario de un aprieto puntual.

Representación neuronal de lo costoso

Una investigación de un conjunto de estudiosos del Instituto de Tecnología de California y la Universidad de Stanford probó que, cuando a una persona se le afirma que un vino es carísimo, le agrada más que otro económico. Además de esto, de esta manera lo revelan sus cerebros tras hacerles una resonancia imantada para revisar si verdaderamente lo gozaban o bien solo lo afirmaban.

Meditar que algo es costoso ayuda a que el cerebro experimente más placer, o bien cuando menos de este modo se desprende de este estudio. Para realizarlo, se cogió una muestra representativa y se les afirmó que probarían 2 vinos distintos: uno de cinco dólares estadounidenses y otro de cuarenta y cinco dólares americanos cuando realmente el vino era exactamente el mismo.

La sorpresa llegó cuando a aquellos a quienes se les afirmó que su vino era el costoso activaron más la parte cerebral que experimenta el placer. Conforme apostilló uno de los autores, el maestro de Marketing Baba Shiv, el costo afectaba a la calidad real por el hecho de que modulaba una representación neuronal de la simpatía experimentada.

El costo cambia la experiencia

El costo, por consiguiente, es capaz de alterar las experiencias de las personas con cualquier género de producto y también, aun, hacerlos usuarios de este. Shiv explicó que las emociones influyen mucho en el momento de tomar resoluciones, razón por la que decidieron hacer resonancias imantadas.

El equipo, formado asimismo por el psicológo John O’Dohertym, el economista Antonio Rangel y la estudiosa posdoctoral de Stanford, Hilke Plassmann, ya había hecho estudios que medían la actividad cerebral, mas esta fue la primera vez que se hacía mientras que tragaban el vino.

El procedimiento no fue nada fácil, en tanto que debían valorarlos justo cuando tomaban por medio de una bomba conectada a la boca. Este sistema era complejo pues un escáner precisa que el paciente se sostenga quietísimo para poder medir bien el flujo sanguíneo del cerebro.

Si bien los principios de la economía establezcan que el placer que se experimenta al tomar depende de las peculiaridades intrínsecas del producto y de la sed, acá se hila más fino al asegurar que el coste tiene un papel esencial. El Marketing sería puesto que definitivo en el momento de hacer valoraciones.

Shiv deseó tomar el vino como un ejemplo por el hecho de que es un producto que maravilla y en torno al cuál hay mucha parafernalia. En verdad, el coste de una botella puede cambiar de los cuatro dólares estadounidenses a los doscientos, trescientos y continuar subiendo sin fin. Si bien muchos son los que solo alardean, otros de veras piensan que la calidad va acorde al costo.

De qué forma se hizo el estudio

Los científicos escogieron a once estudiantes a quienes les agradaba el vino tinto y acostumbraban a tomarlo. Se les afirmó que probarían cinco vinos Cabernet Sauvignon con costes diferentes y se les engaño, puesto que solo les dio a probar tres veces y dos eran exactamente el mismo vino.

El primer vino que se les dio a probar costaba cinco euros, mas en la etiqueta ponía cuarenta y cinco euros. El segundo vino costaba noventa euros y estaba etiquetado por diez euros y tercero se etiquetó por treinta y cinco euros. Todo el vino se les dio por orden azaroso y se les solicitó que se centrasen el sabor y en el placer que les generaba.

Los participantes aseguraron que los vinos etiquetados como más costosos sabían mejor y los estudiosos advirtieron mayor actividad cerebral en estos casos. Shiv aseguró que la parte sensible y agradable del cerebro podría ser esencial para decidirse y marchar como una suerte de GPS que adelanta que, por ser costoso, será bueno.

*Fuente. Estudio de Baba Shiv, Hilke Plassmann et al.

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