El síndrome de la Moleskine


Uno de los efectos de la depresión post-vacacional es ese empeño porque este curso sea más productivo que el anterior. Como en Año Nuevo, nos prometemos hacer deporte, aprender inglés, sacar más provecho a nuestro tiempo…

Normalmente las intenciones se olvidan tan pronto como desaparece el color moreno de nuestra piel. Y la primera señal de que no te tomas en serio tus objetivos es comprar una Moleskine.

El razonamiento viene a ser algo así como “si otros años no he conseguido –ponga aquí su objetivo favorito– es porque no tenía las herramientas adecuadas. Pero este año va a ser diferente”. Así que uno se compra una libreta que cuesta 10 veces más, “pero es la que usaba Hemingway, y si quiero escribir por fin mi novela necesito herramientas profesionales”.

En realidad, lo único que consigues con la Moleskine, o cualquiera de esas otras herramientas “que esta vez sí te van a ayudar a lograr tu objetivo” es perder el dinero que cuestan. Si de verdad tienes como objetivo de este año ser mas organizado y apuntar todo, compra una libretita de 1 euro. En noviembre, si la sigues usando, regálate la Moleskine como premio.

Si tu objetivo es hacer deporte, puedes salir a correr o montar en bici con una camiseta vieja. Si no lo haces, no es porque no tengas ese equipamiento multicolor de última generación. Es porque, también este año, tus objetivos parecían muy reales en la playa, pero en el día a día tus auténticas preferencias son otras.

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 Publicado el 07/09/2011