Cantamañanas, desencantados y bloggers


No puedo resistirme a terciar en el debate que ha iniciado Andrés hablando de cantamañanas 2.0. Leed también el desencantamiento 2.0 de Brito, para tener todos los datos.

Por resumir mucho, la cuestión es ¿tiene sentido regalar algo valioso (información basada en tus conocimientos y experiencia) a cambio de nada, o incluso a cambio de recibir insultos o desprecio?

Vayamos primero con lo de los insultos o la crítica desaforada. La verdad es que no me preocupan mucho, no me las tomo como algo personal, ni me afectan ni me deprimen. Casi al revés, son muestra de que tienes un cierto número de lectores: si te visitan mil, alguno de ellos tiene que ser un imbécil. Los comentarios al post sobre mi hija me llamaron la atención por lo virulentos (ha sido la vez que más he tenido que borrar, entre otras cosas para que no salga este blog en Google cuando alguien esté buscando guarradas), pero interpreté que se debía a que muchos se sintieron atacados en lo más íntimo de su ser porque una niña pequeña fuera más responsable o madura que ellos.

Pero en general, ya digo, este tipo de comentarios no me suponen mucho problema: si veo que traspasan ciertos límites, los borro y se acabó.

Luego está lo del reconocimiento y/o pago por el valor que aportas en el blog. Yo no empecé a escribir esto pensando en ganar dinero, sino como respuesta a una situación personal: puse en marcha una empresa y sufrí mucho en el proceso. Cometí errores estúpidos, y hubiera agradecido tener información práctica que me hubiera evitado muchos problemas. Descubrí que había mucha información de este tipo en inglés, pero poco o nada en español, y me decidí a compartir lo que sé, lo que he aprendido y lo que escribe gente que sabe mucho más que yo.

Mi mayor recompensa, por tanto, no es ganar unos eurillos con AdSense. Es que alguien escriba en un comentario que algún post le ha servido de ayuda. Ese es el objetivo del blog, y si lo consigo ya tengo suficiente como para seguir adelante.

Hay otra recompensa adicional, y es que escribir el blog me ha permitido conocer a gente que realmente merece la pena. Emprendedores con ideas, brillantes, admirables. Y que gente así te diga: “leo lo que escribes y es bueno” supone para mí una motivación adicional para esforzarme y aportar más valor cada día.

Luego están los Gurús 2.0, los de la cancamusa, los singermornings. Os contaré una cosa: hace algún tiempo estuve dedicado a la promoción de la sociedad de la información en las PYMEs de Madrid. ahí descubrí que existía todo un subsector TIC para mí desconocido. Además de la seguridad, los sistemas, el desarrollo, las redes… está el subsector de los singermornings.

Gente que vive de vender humo (casi siempre a las administraciones públicas). Proyectos sin beneficio contrastable, sin resultados, con márgenes del 90%… pero que son capaces de conseguir una foto en un periódico del político de turno. Todo un mundillo de expertos que cobran más que un gurú americano, ONGs con ánimo de lucro, empresas disfrazadas de fundaciones o fundaciones disfrazadas de empresas.

Al principio uno se indigna de que una empresa decente tenga que esforzarse para ganar el pan vendiendo horas de programador o cacharros que además de tener luces que se encienden y se apagan hacen cosas con los bits, mientras otros se forran vendiendo páginas web 2.0 sin usuarios o eventos sin público. Luego se da cuenta de que es inevitable que exista el sector de los singermornings mientras haya gente que tenga mucho dinero para gastar, y dinero además que “no es de nadie”, como decía la ex-ministra.

Con los gurús 2.0 de la red sucede algo parecido. No es que me guste que gente que aporta poco consiga tanta atención mientras otros que aportan más tienen que esforzarse en ello, pero así es la vida. Protestar contra esto es como protestar contra la ley de la gravedad. No vas a cambiar nada, y solo consigues perder el tiempo y la paciencia.

Lo único que es más preocupante, y he tenido también mi ración de esto, es cuando las consecuencias salen del ámbito blog para pasar al mundo real. Alfredo de Hoces lo ha sufrido recientemente, y en esto (en muchas otras cosas no) coincido con él. Si a alguien le molesta lo que opino, que se lo tome en dos veces. Si usar mi libertad de expresión para decir lo que quiera (sin dañar a nadie) me supone un problema, bienvenido sea. A estas alturas de la vida ya no aspiro a caer bien a todo el mundo. Si se me cierra una puerta por tener determinadas ideas o no bailar el agua a determinadas personas, pues ya se me abrirán otras. So it goes.

En resumen, que yo sigo, como decía el clásico. Mientras haya un lector que crea que algo de lo que escribo le es útil, y mientras tenga el respeto de gente a la que admiro, escribir aquí seguirá mereciendo la pena. Gratis, con insultos y con todo.

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 Publicado el 27/02/2009