El cierre de Mobuzz


Como tal vez sepais, finalmente Mobuzz ha cerrado. Debo, por tanto, reconocer que me equivoqué cuando escribí que la petición de donaciones era una campaña de marketing viral.

Resulta que (según explica Enrique Dans), realmente se quedaron sin dinero de repente porque un inversor decidió salir bruscamente.

Lo cual es todavía peor para el prestigio de los implicados. No me extraña que Varsavsky, que no tiene un pelo de tonto, se distanciara del asunto desde el principio. Los que han estado más implicados en el plan de salvamento, o lo que haya sido esto, han dado toda una lección de cómo no hacer las cosas.

Ya que Enrique Dans insiste en que Mobuzz era una empresa estupenda, que el modelo de negocio era impecable, que él ha visto las cifras y que las cifras salen, y que todo se debe a una conjunción de factores externos, vamos a aprovechar la desgracia para escarmentar en cabeza ajena y aprender unas cuantas cosas que ninguna empresa debería hacer:

1. Hacer el producto que te gusta

“Mobuzz tenía un producto de calidad, en HD, y eso cuesta”. Vale. Admitamos que los shows de Mobuzz estaban bien producidos, en HD, con guión, producción y de todo. Los chicos de Mobuzz estaban orgullosos de su producto. Todo perfecto… excepto un detalle: el mercado no estaba dispuesto a pagar lo que cuesta un producto tan bueno.

Este es un error muy común en los emprendedores primerizos, pensar “vaya mierda lo que hay en el mercado, yo lo podría hacer mucho mejor”. Y tal vez sea verdad, pero lo primero que hay que preguntarse es por qué es una mierda lo que hay en el mercado. Si hay empresas que ganan dinero vendiendo productos basura es porque ganan dinero vendiendo basura. Y eso es porque el cliente está satisfecho con esa basura.

Haz el producto que quiere el mercado, no el que quieres tú.

2. No obsesionarse con el flujo de caja.

La contabilidad es una cosa, y el dinero en el banco es otra. En el papel una empresa puede ir bien, y no tener ni un céntimo para pagar un café. Y al revés, puede estar en quiebra y tener una pasta en el banco (por ejemplo, porque un socio se la ha prestado).

Lo de la contabilidad está bien para enseñar a las visitas (y a Hacienda) y a los inversores potenciales, pero lo que determina la supervivencia de la empresa es su capacidad real para hacer frente a los gastos.

Mobuzz, después de tres o cuatro años de funcionamiento, todavía dependía de los ingresos extraordinarios de socios para funcionar. Eso, sencillamente, es inaceptable. Pero lo peor es que sus directivos seguían trabajando como si fuera lo más normal del mundo dar pérdidas de cientos de miles de euros al año. Como si siempre fueran a contar con inversores dispuestos a poner esos cientos de miles por una empresa con un futuro prometedor.

Obsesiónate por ganar dinero cuanto antes, por que mes a mes tus ingresos superen a tus gastos.

3. No vender

Lo único que reconoce Dans es que tal vez no se esforzaran lo suficiente por vender. Pues claro: la función más importante en una empresa es la venta. Si no vendes, todo lo demás sobra. Si Mobuzz se hubiera esforzado por vender tanto como se esforzó por hacer un producto “de lujo”, no hubiera tenido problemas.

4. No tener un plan

No sé si Mobuzz tenía un plan de negocio. Lo que sí sé es que, de existir, ese plan no se había modificado en el último año para tener en cuenta la crisis. Y al final Mobuzz ha cerrado por la crisis. Quiero decir que en tiempo de bonanza un inversor puede estar perdiendo dinero en una empresa con un futuro prometedor, pero si llegan las vacas flacas es lógico que tenga la prudencia de guardar el dinero debajo del colchón.

El plan de Mobuz debía haber tenido en cuenta la posibilidad de esa retirada, y haber contemplado una salida.

5. No tener flexibilidad

Mobuzz no se planteó nunca hacer shows más baratos, con menos resolución, reducir el número de idiomas. No se planteó reducir plantilla. Para ellos ha sido todo o nada, y eso suele acabar en “nada”. No despedir a siete trabajadores a tiempo te obliga a despedir a catorce.

Y tampoco se planteó buscar ingresos por una vía que no fuera la extraordinaria de las donaciones. Y esa es una táctica que al menos hay que intentar en situaciones de crisis: buscar trabajos “alimenticios”, que aunque no sean glamurosos y 2.0 te permitan comer un mes más. ¿Esas cámaras de alta definición y esos profesionales estupendos, no podrían haberse dedicado a producir contenidos para otros, al menos durante un tiempo?

6. Dejarse dominar por el orgullo

La reacción de Enrique Dans cuando alguien comentaba los fallos que veía en el planteamiento de Mobuzz era insultar al criticón (de hijo de puta para abajo, nos llamó casi de todo), acusarles de ignorantes, denunciar la envidia que en España impide triunfar a los emprendedores, censurar comentarios y trackbacks. Afirmar que él había visto las cuentas, y que las cuentas salían, y que Mobuzz no tenía ningún problema interno, nada que mejorar.

Cualquier cosa menos reconocer que en algo debían haberse equivocado si después de tres o cuatro años todavía no eran capaces ni de cubrir los gastos. Seguro que casi todo lo que dijimos los críticos era infundado. Que casi todos los que criticamos somos unos ignorantes envidiosos que nunca hemos fundado una empresa. ¿Pero de verdad Mobuzz no tenía nada que cambiar? ¿Cerrar se debe exclusivamente a causas externas? Un poco de humildad y capacidad de escuchar a quien te está dando consejos sin pedir nada a cambio ¿hubiera sido bueno o malo?

En resumen, que aunque para la salud financiera de los implicados el cierre de Mobuzz haya sido malo, y para el prestigio de Dans haya sido peor, aprovechemos al menos para aprender y no cometer los mismos errores. Vaya, como analizar un caso de escuela de negocios, pero en vivo y en gratis.

NOTA:

A punto de cerrar esto veo que Alfredo de Hoces ha explicado muy bien lo sucedido con Mobuzz. Suscribo un 90% de lo que dice, que no es poco.

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 Publicado el 28/11/2008