Eso que no te enseñaron de niño


Ahora tal vez sea distinto, pero me temo que no. Cuando yo era niño, el tema era tabú en casa. Era una cosa de mayores, y los pequeños no debíamos interesarnos ni preguntar. Tampoco había educación sobre el tema en el colegio (ahora creo que hay alguna asignatura en la que se explica algo). Así que crecimos informándonos por amigos, por lo que leíamos o veíamos por ahí, experimentando y aprendiendo a trompicones, a base de errores. Probablemente influyera en esto la moral católica, que lo veía como algo sucio, algo que solo era tolerable por la debilidad humana, pero que no existiría en el paraíso. Los curas de mi colegio siempre ponían como ejemplo de santidad a los que renunciaban a ello.

No, no me refiero al sexo, sino al dinero. Sí, eso que para muchos es la fuente de todos los males, de todas las injusticias. Incluso mucha gente de izquierdas, que proclama con orgullo que está en las antípodas de la iglesia católica, coincide en esta visión del dinero como algo impuro, contaminante, que convierte en sospechoso al rico, a menos que haya conseguido su fortuna mediante un juego de azar .

El caso es que esa visión del dinero como negativo influye en la educación que recibimos. En el colegio se enseña a leer, a escribir, a hacer derivadas o calcular sistemas de ecuaciones, pero no se nos enseña a manejar el dinero. En muchas casas, el asunto de cuánto gana el padre o la madre es secreto, no vayan a comparar con los padres de sus amigos. Como mucho, cuando el niño pide algo especialmente caro obtiene una respuesta del tipo “¿pero te crees que somos millonarios?” .

Así que, unos años después, cuando uno empieza a ganar dinero, lo primero que hace es malgastarlo. Poca gente entiende de ahorro, de inversiones, de rentabilidad. Peor aún, poca gente entiende de deuda. Pero los bancos, y los grandes comercios, están más que dispuestos a entregarnos una tarjeta para que gastemos más de lo que ganamos, o a prestarnos dinero para comprar un coche o ropa con los que impresionar al sexo contrario. A nadie le enseñan cómo funciona un préstamo hipotecario, y cómo influye eso del interés y los plazos en lo que vamos a pagar los próximos decenios.

Mucha gente afirma sin pestañear que le gustaría ser rico, pero busca un trabajo con un horario fijo y un sueldo fijo. Ese sueldo, que va subiendo con los años según va aumentando la experiencia del que va dejando de ser un jovenzuelo, siempre se acaba un poco antes del día 30 de cada mes. Aunque ahora sea el triple que cuando empezó a trabajar, misteriosamente los gastos también se le han triplicado.

Por eso, una de las cosas más importantes que puedes hacer como padre es enseñar a tus hijos a manejar el dinero. Que entiendan lo que es el ahorro, el interés compuesto, que sepan cómo funciona la bolsa. Que sepan lo que es un préstamo, cómo funciona una tarjeta de crédito. Que aprendan a hacer un presupuesto, a planificar un gasto.

¿O prefieres que tus hijos empiecen a manejar su dinero sabiendo tan poco como tú sabías?

Si te ha gustado, por favor comparte este artículo para que otros también puedan leerlo:


 Publicado el 02/02/2008