Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Jeff Bezos

Hoy, en la serie “vidas ejemplares” traemos a Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Y el motivo fundamental no es solo haber creado LA empresa de comercio electrónico, sino el haber sido capaz de asumir el riesgo y dejarlo todo por un proyecto con grandes probabilidades de fracasar.

Bezos, que desde pequeñito tuvo dotes ingenieriles, ganaba un buen sueldo en Wall Street. Con treinta años, y recién casado, decidió que lo que mejor se podía vender por Internet eran libros, y que habría un mercado ahí.

Nueva York es un sitio muy caro para vivir, así que analizó el mejor sitio para instalar su nueva empresa, decidió que era Seattle (en el otro extremo del país) y allí se mudó con su mujer. En un coche de segunda mano, con todas sus pertenencias en el maletero y él escribiendo en un portátil el plan de negocio de Amazon mientras su mujer conducía.

Amazon comenzó, como en tantos otros casos, con tres personas trabajando en el garaje de la casa que Bezos alquiló en Seattle. Cuando en 1.995 Amazon empezó a funcionar, habían programado que sonara una campanita en el servidor cada vez que se produjera una venta. Pronto tuvieron que suprimirlo, porque el ruido era cada vez más molesto.

Bezos no solo supo arriesgarlo todo para crear las mejores condiciones de partida para su empresa. También ha sabido mantener la calma en los tiempos difíciles. Primero cuando el gigante Barnes & Noble decidió entrar en el negocio de la venta de libros por Internet, y todos los analistas dieron por muerta a Amazon. Y después en la explosión de la burbuja, cuando las acciones de Amazon pasaron de 100 dolares a 6.

¿Es una opción vender todas tus pertenencias, dejar un trabajo fijo e invertir todos tus ahorros en la creación de una empresa? Probablemente solo para gente con los nervios muy templados, y una visión de futuro muy clara. Y tal vez se requiera también una situación excepcional como el nacimiento de Internet. En cualquier caso, Bezos es la prueba de que, a veces, el que apuesta gana.

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Amancio Ortega

Amancio Ortega es, probablemente, el hombre más rico de España. Y la prueba viva de que, incluso en este país, el sueño de empezar sin nada y hacerse rico es posible. ¿Cómo lo ha conseguido Ortega? Pues como muchos otros grandes empresarios: poniendo al alcance de la clase media lo que solo podían conseguir los ricos.

Zara

El éxito de Zara consiste en haber copiado el diseño de las grandes firmas, produciendo prendas de calidad aceptable a un precio asequible para el común de los mortales. Por supuesto, no basta con tener la idea, sino que hay que ser capaz de desarrollarla.

Y Zara ha triunfado gracias también a una ejecución excelente. En lugar de lanzar colecciones dos veces al año, y esperar a la próxima temporada si la colección actual no tiene éxito, Zara pulsa casi en tiempo real las ventas de sus tiendas, y fabrica unas prendas u otras en función de su demanda. Eso supone tener extraordinarias capacidades de análisis de datos, de comunicaciones, de integración de sistemas, de gestión de proveedores, de logística… Un competidor puede intentar imitar la idea “ropa de diseño de calidad aceptable a precios asequibles”, pero tiene mucho más difícil imitar (y no digamos superar) la ejecución de Zara.

Otro dato interesante sobre Amancio Ortega: ha creado dos fundaciones, a las que destina parte de su fortuna. Solo el que es rico puede dar una cantidad significativa de dinero. Si Ortega se hubiera conformado con ser dependiente de una tienda de ropa en Galicia, como empezó su vida profesional, muchas personas que ahora se benefician del trabajo de esas fundaciones no podrían hacerlo. Y por supuesto, miles de personas en todo el mundo no tendrían el trabajo que tienen. Y muchos miles más tendrían menos dinero (porque lo gastarían en ropa más cara) o menos satisfacción por ir vestidos con ropa de peor diseño y calidad…
Los emprendedores son los grandes benefactores de la humanidad, aunque a veces ni ellos mismos sean conscientes.

Creative Commons License photo credit: Daquella manera

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Mark Cuban

Esta semana el empresario modelo es Mark Cuban. Sin duda es un tipo controvertido, y probablemente muchos le considerarán un bocazas y un fantasma. Pero es innegable que tiene el espíritu de emprendedor hasta en el ADN.

Empezó a crear negocios ya de niño, para pagarse unas zapatillas. En la universidad compraba y vendía sellos, envió una carta en cadena que le reportó más de 1.000 dólares y trabajó de camarero y hasta montó un bar sin tener aún la edad legal para beber.

Cuando terminó la carrera empezó a trabajar en una tienda de ordenadores y se interesó por ellos lo suficiente como para aprender a programar y crear Microsolutions, una empresa que en los años 80 promovía las ventajas de Lotus Notes, Compuserve y Carbon Copy. Después de vender la empresa en 1990, a Cuban le quedaron dos millones de dólares.

Durante un tiempo se dedicó a recorrer el mundo sin hacer nada. Bueno, no exactamente: su objetivo era recorrer el mundo bebiendo con tanta gente como le fuera posible. Lo que hizo fue comprar un pase vitalicio para dos personas en American Airlines, y preguntar a las chicas que encontraba por ahí si querían viajar con él.

Pero lo de ir de vagabundo pijo no debió llenarle, porque en poco tiempo volvió a meterse en otro proyecto: lo que un tiempo después sería Broadband. Consiguió uno de los mayores pelotazos de las puntocom tras venderle la empresa a Yahoo, se hizo multimillonario, y a partir de ahí no ha dejado de invertir en las empresas más variopintas: una productora de cine, un equipo de la NBA, la red de blogs Weblogs Inc y multitud de otras empresas.

Cuban intentó ser actor y en esto sí fracasó, pero consiguió cierta notoriedad popular participando en un concurso de baile para famosos (hubo una versión española, pero no se cómo se llamaba). Lo que no puede decirse de él es que peque de falsa modestia: en esta entrevista que le hicieron hace poco en TechCrunch dice que “cuando muera, quiero reencarnarme en mí mismo”.

¿Qué es destacable de Mark Cuban? Primero, su espíritu que le lleva a implicarse en emprender una y otra vez. Segundo, su entusiasmo por lo que hace. Tercero, la capacidad para estar en la cresta de la ola: teniendo en cuenta que estuvo en el negocio del PC en los 80, en una puntocom en los 90 y ahora en la web 2.0, yo pagaría por saber en qué se va a meter en los próximos años.

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Henry Ford


Traemos hoy a la serie de “vidas ejemplares” de empresarios un clásico. Nada menos que Henry Ford.

Ford consiguió descubrir uno de los métodos más seguros de hacerse rico: poner al alcance de la mayoría un producto reservado a las élites. El automóvil, a principios de siglo, era un producto artesanal, solo al alcance de los más ricos. Ford se propuso hacer un automóvil barato y sencillo, que estuviera al alcance de una familia de clase media.

Eso implicaba dos cosas: un proceso de fabricación (la cadena de montaje) y un producto estandarizado. El Ford T, el modelo que supuso el éxito para la Ford Motor Company, no tenía opciones. Según el propio Ford “cualquier cliente puede tener el coche del color que quiera siempre y cuando sea negro”.

Al conseguir un producto tan barato, Ford pudo permitirse pagar mucho más a sus trabajadores. Esto supuso también una revolución, y le granjeó críticas en Wall Street. Pero sin duda parte del éxito de su compañía se debió a la capacidad para contratar y retener a los mejores trabajadores.

Por otro lado, las prácticas paternalistas de la época nos escandalizarían ahora. Para conseguir el aumento de sueldo, los trabajadores debían llevar una vida intachable. El juego y la bebida estaban mal vistos, y Ford creó un “Departamento de Sociología”. Su socio Harry Bennett, es-boxeador, intimidaba y amenazaba a los trabajadores que intentaban organizarse en sindicatos.

Otro aspecto de su vida que puede servir de ejemplo a muchos emprendedores es que la Ford Motor Company fue la tercera empresa que creó. En las dos primeras (La Detroit Automobile Company y la Henry Ford Company) fracasó porque tenía más interés en hacer un coche perfecto, que venciera en las carreras (en las que él mismo pilotaba) a los vehículos de sus competidores.

Moraleja: no te empeñes en desarrollar el producto perfecto. Desarrolla el producto que millones de clientes quieren comprar.

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Ferran Adrià


Retomo la serie de “vidas ejemplares” de emprendedores con un español: Ferran Adrià. Y es que hay muchas cosas que cualquier emprendedor debe aprender de Adrià.

Lo más importante es que ha sabido reinventar el modelo de negocio de un cocinero. Antes, un cocinero de prestigio abría un restaurante de lujo, en el que cobraba una buena cantidad por comensal. Pero el total de ingresos estaba limitado por la capacidad del local.

Adrià cambió esto, y utiliza su restaurante El Bulli como reclamo para conseguir otras fuentes de ingresos. El Bulli gestiona de manera eficacísima la escasez, de manera que solo unos pocos afortunados pueden comer allí. Y no solo por el precio, más de 200 euros por persona (vinos aparte), sino por el proceso de reserva que requiere llamar con meses de antelación.

Esa escasez produce un efecto de valoración positiva, que él traduce en libros, conferencias, asesorías a otros negocios de hostelería e incluso otros locales más “populares” (Hacienda Benazuza).

Es decir, Adrià ha sabido hacer lo contrario de lo que propone Chris Anderson: en lugar de utilizar lo gratis para vender los escaso, utilizar lo escaso para vender lo abundante.

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Tony Hsieh

Tony Hsieh es emprendedor casi desde que nació. A los doce años vendía pins que fabricaba él mismo pegando fotos a discos de metal, con lo que llegó a ganar algunos centenares de dólares al mes. En la universidad Hsieh vendía pizzas desde su habitación. Otro estudiante de Harvard, Alfred Lin, también tenía espíritu emprendedor: compraba pizzas a Hsieh que luego vendía por porciones. Lin trabaja ahora con Hsieh como director financiero.

A los 24 años vendió su empresa (LinkExchange) a Microsoft por 265 millones de dólares. Un año después (en 1.999) conoció a un emprendedor todavía más joven, Nick Swinmurn, que tenía una idea peculiar: vender zapatos por Internet. Hsieh sintió curiosidad e invirtió 500.000 dólares:

I almost deleted the voice mail. Nick left a message saying he wanted to start a company that sold shoes online. I didn’t think consumers would buy shoes sight unseen, and Nick didn’t have a footwear background. It sounded like the poster child of bad Internet ideas.

But right before I hit Delete, Nick mentioned the size of the retail shoe market–$40 billion. And the more interesting thing was that 5 percent was already being done through mail order catalogs. That intrigued me. Initially, I was just an adviser. But I got sucked in.

En aquel entonces, la empresa se llamaba ShoeSite.com, pero pronto cambiaron el nombre por Zappos (derivado de “zapatos”). Os sonará el nombre si leísteis este post.

Zappos destaca por la selección de zapatos que vende (más de 90.000 zapatos distintos de más de 500 marcas), pero sobre todo por el extraordinario nivel de servicio. Y no es casualidad:

We all sat around one day talking about what we wanted the Zappos brand to represent. We decided to be about providing the best service; we said, “We’re a service company that just happens to sell shoes.” But in order for that to happen, we had to control the entire customer experience. We expanded the warehouse to 77,000 square feet and stopped having manufacturers ship directly to customers. It was a scary time–drop shipping was 25 percent of revenue, and we gave it up all at once.

I’d rather spend money on things that improve the customer experience than on marketing. We run the warehouse 24-7–it’s not very cheap or efficient, but it allows us to get the shoes out more quickly. We have a 365-day return policy with free shipping both ways.

En 2006, después de años de dirección conjunta, Swinmurn dejó la empresa, dejando a Hsieh como CEO. Zappos ha ido creciendo cada año de manera continua, y espera alcanzar una facturación de 1000 millones de dólares en 2008.

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Bill Gates

A los que conozcáis mi querencia por el software libre tal vez os extrañará que el tercer emprendedor que traiga como ejemplo sea nada menos que Bill Gates. De el se ha dicho de todo: que es un tiburón de los negocios, un killer que ha comprado y liquidado empresas que le podían hacer competencia, un oportunista que tuvo un golpe de suerte al principio de su carrera… Se ha contado mil veces la historia de cómo Gates negoció la incorporación de MS-DOS al PC original de IBM y los errores antológicos que cometieron Gary Kildall y la propia IBM.

Todas esas cosas pueden ser ciertas, pero no le apean de nuestro santoral de emprendedores. Bill Gates es merecedor de nuestra admiración por dos cosas: su generosidad y su sentido común.

Una de las decisiones más inteligentes de Gates fue repartir acciones de Microsoft entre sus empleados. Mirad esta foto con lo empleados de Microsoft en 1.978:

Microsoft staff 1978

No solo ellos, sino otros miles de empleados que vinieron después se hicieron millonarios en quince años: las acciones de Microsoft aumentaron su valor un 61.000% desde que salieron a bolsa en 1986 hasta 2.001. Bill Gates consiguió ser el hombre más rico del mundo en esa época, pero solo porque los mejores trabajadores del sector IT se peleaban por trabajar para Microsoft.

La otra cosa que hizo crecer a Microsoft es el sentido común. Más en concreto: saber cuando algo está suficientemente bien como para ser vendido. Los productos de Microsoft no han sido nunca un prodigio de diseño, ni una maravilla tecnológica. Pero han sido productos razonablemente baratos (al menos mientras han tenido competencia), razonablemente fáciles de usar y razonablemente terminados.

¿Que había alternativas con mejor tecnología? A patadas: Novell y UNIX le daban mil vueltas como sistemas operativos de red a Windows NT; los interfaces de Apple siempre han ido años por delante de Windows; Linux es mucho más seguro y eficiente. OS/2 era más potente.

Gates no se preocupó de que sus productos fueran los mejores desde el punto de vista técnico. Se preocupó de que fueran los más fáciles de conseguir, de que funcionaran en el hardware que más gente tenía y de que fueran fáciles de usar. Muchos de sus competidores perdieron la batalla con Microsoft por fallar en una de estas tres características, a pesar de que tener mejores productos desde el punto de vista tecnológico.

Esto, para los emprendedores con espíritu de ingeniero, es especialmente difícil de digerir. Un producto a medio hacer, poco original, con fallos por todas partes y con más agujeros de seguridad que un queso de gruyere es el favorito del mercado. Pues sí. Y lo es porque, a pesar de esos defectos, tiene una virtud: se ha hecho pensando en satisfacer al usuario medio, no el espíritu perfeccionista de un ingeniero enamorado de su producto.

Conclusión: si quieres tener éxito como Bill Gates debes hacer dos cosas: ser generoso con tus empleados y sacar tu producto al mercado tan pronto como sea viable.

Puedes leer otras vidas ejemplares de emprendedores.

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Steve Jobs


Seguramente a estas alturas todos sabréis quien es Steve Jobs. Hace quince años, cuando trabajaba en Anaya Multimedia recuerdo una reunión en la que Santos Rodríguez mencionó varias veces su nombre, y un comercial murmuró después “qué pesado con tanto Steve Winwood o como se llame”.

Habría mucho que aprender de este hombre, capaz de inventarse una empresa con éxito dos veces, y capaz además de producir una legión de clientes que adoran sus productos. Por si no lo habéis hecho, me gustaría que vierais el discurso que pronunció hace un par de años en Stanford:

Aquí tenéis el texto en inglés, y aquí una traducción al español.

Hay muchas cosas interesantes. Podríamos hablar, por ejemplo, de si la Universidad forma emprendedores. Pero prefiero destacar este par de párrafos:

[...]durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón.

No todos sabemos que vamos a morir. Quiero decir, todos lo sabemos “intelectualmente”, pero no todos lo experimentamos como Jobs. Yo he sobrevivido a un cáncer, como él, y entiendo lo que quiere decir.

Yo me alegro de haberme enfrentado a la muerte, porque eso me ha hecho mucho más fuerte y más capaz de enfrentarme a muchas situaciones en la vida. No os deseo que paseis por lo mismo, pero sí me atrevo a recomendaros que escuchéis a Jobs y que reflexionéis sobre lo que dice.

Mañana, al levantaros, haceos la pregunta “¿Quiero hacer lo que voy a hacer hoy?”, y si durante varios días seguidos la respuesta es “no”, haced como Jobs y cambiad algo en vuestra vida. Recordad que solo tenéis una, que se acabará, y que sería una pena haberla desperdiciado haciendo día tras día algo que no querías hacer.

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J. K. Rowling


Tal vez a alguien le sorprenda que comience mis “vidas ejemplares” de emprendedores con la autora de Harry Potter.

Pero en realidad, si hay una empresaria de éxito en el siglo XXI es esta mujer. Ha sabido crear un producto que satisface a millones de consumidores porque sabe quiénes son sus clientes: los jóvenes (y no tan jóvenes) que leen sus libros, y no los críticos literarios. Si lees sus libros, y más si lo haces en inglés, te das cuenta de que están perfectamente escritos para satisfacer al mercado al que se dirigen.

Pero si traigo aquí a Rowling no es por su habilidad para crear un producto con éxito. Supongo que muchos conoceréis su historia, pero la recuerdo aquí.

Rowling se encontró en un momento de su vida divorciada, viviendo de subsidios públicos y teniendo que cuidar y mantener sola a una niña de apenas un año. La mayoría de la gente, en su situación, se hubiera limitado a exprimir todo lo posible la teta del estado y a quejarse de su mala suerte. Ella optó por retomar un proyecto que tenía desde unos años antes: escribir una novela sobre un niño que asiste a una escuela de magia.

Escribir con un niño pequeño al lado es un problema (puedo dar fe de ello), de modo que Rowling se dedicaba a sacar a la niña de paseo en su sillita hasta que se quedaba dormida, momento que aprovechaba para meterse en un café y escribir.

De nuevo: ¿cuanta gente tiene la suficiente determinación como para hacer eso? ¿cuántas personas, en su caso, se hubieran limitado a pensar “ya escribiré mi libro cuando la niña sea un poco más mayor”?

Ángel escribía en Julio sobre un tipo que se quejaba de haber estudiado Biológicas, haber enviado más de 800 curriculums y trabajar en una gasolinera:

Llevo cuatro años (tras licenciarme) trabajando en una gasolinera, tengo el maldito vicio de comer tres veces al día, soy trabajador y cumplidor, casi mataría por trabajar como biólogo, he mandado más de 800 currículos… Nada de nada. Gracias a todos los políticos y demás élite; lo habéis conseguido, sólo vuestros hijos triunfarán en la vida.

Este tipo ya sabe quién tiene la culpa de su situación: los políticos y la élite. No es que él no sepa redactar un curriculum, o que no sepa hacer entrevistas, o que ignore que trabajar como biólogo requiere haber sacado buenas notas en la carrera y malvivir con becas durante años. No. La culpa la tienen otros. Y así él puede seguir en su gasolinera, feliz de poder lamentar su suerte sin tener que hacer nada para cambiarla.

Por eso es bueno fijarnos en el ejemplo de Rowling. Las circunstancias para escribir una novela no eran las más favorables, pero ella fue capaz de dedicar, paseo tras paseo, con cada sueño de su niña, el tiempo suficiente como para terminar el trabajo.

Cuando emprendes un negocio pasas por épocas duras: los clientes no llegan, los gastos se multiplican, Hacienda es implacable… Puedes hacer como el biólogo frustrado y quejarte de las trabas que te han impedido triunfar porque no eres de la élite que consigue financiaciones millonarias. O puedes hacer como Rowling, buscar los resquicios por donde seguir avanzando, remangarte y continuar con la faena, día tras día, hasta conseguir el éxito.

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Vidas ejemplares


Septiembre es un mes en el que todos nos buenos propósitos para el curso que empieza: aprender inglés, aprobar todo para no volver a pasar un verano estudiando, adelgazar…

Yo tengo dos: adelgazar y mejorar la calidad del blog. Lo de adelgazar supongo que lo abandonaré en cuanto se me pase el shock que sufrí al descubrir que eso que aparecía en las fotos de la playa no era un elefante marino, sino yo mismo. Pero espero ser capaz de mantener el propósito de mejorar el blog.

Una de las iniciativas para ello es dedicar entradas a personajes relevantes, que sirvan como modelo a los emprendedores incipientes. Cuando yo era niño tenía una tía abuela que cada cumpleaños me regalaba un libro con la vida de un santo. Creo que la colección se llamaba “vidas ejemplares” o algo así.

La idea es hacer algo así: hablar de alguien que puede servirnos de modelo a imitar, para ser mejores emprendedores. Claro que los santos que aparecían en aquellos libros solían ser perfectos ya desde niños, y los emprendedores que traeremos por aquí son seres humanos con todos sus defectos. Pero precisamente esos defectos pueden hacerlos más cercanos a nosotros y más útiles como modelos.

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