Desencadenado

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¿Cómo puedo conseguir clientes?

Hoy intentaremos responder dos preguntas de lectores que están muy relacionadas.

Lara pregunta esto:

Somos un negocio nuevo de fotografía con dos meses, ya tenemos blog, página en facebook y twiter, hemos repartido tarjetas personales, hemos realizado promociones, y hemos publicado anuncios clasificados en varias páginas de este tipo. Pero todavía no tenemos clientes, nadie nos llama. Quisiera saber si es normal o si ya debemos preocuparnos.

Y Marta pregunta esto:

Tengo una gran duda, como captar un cliente en 5 o 15 minutos si lo que ofrecemos son servicios de ingeniería y todos los servicios han sido con cliente en cadena, es decir, solo contacto comenzamos hace 2003 con un cliente conocido de mi suegra y ahí empezo alcanzando la consolidación en nuestra región, ahora queremos ir a la capital todos desconocidos para nosotros y pensando que el cliente nos vería como de provincia quizás sin las ganas de trabajar porque es defícil confiar en algún ingeniero que podría no responder por el servicio porque no nos conoce, como entregar la confianza en el primer minuto se debe mencionar los clientes que tenemos.

Para la próxima semana tenemos reuniones con muchos clientes potenciales no sabemos quienes son los que vamos a tener reunión antes de la fecha acordada nos van a entregar el mismo día el dato y tenemos que esponer nuestra propuesta, debe ser atractiva para trabajar a distancia con esos clientes porque nuestros servicios son en digital y tenemos todos los medios de comunicación para hablar a distancia porque hasta el momento lo hacemos con algunos clientes en la capital que solo han sido por contacto, pero queremos captar nuevos clientes.

Como veis, el problema es esencialmente el mismo: ¿cómo consigo que me contrate un cliente que no me conoce? Marta da una razón para que le contrataran los clientes que han tenido hasta ahora: eran conocidos, venían por referencias de personas conocidas, u otros clientes satisfechos recomendaban sus servicios. Esto es absolutamente normal. Pensad en lo que hacéis vosotros cuando necesitáis los servicios de un abogado, un arquitecto o un médico: lo, primero, preguntar entre vuestros conocidos si conocen a alguien de confianza. ¿Pero qué pasa si quieres abrir un mercado nuevo en el que no tienes contactos? O como en el caso de Lara ¿qué pasa si estás empezando?

Yo he explicado por aquí que un blog puede ayudarte a generar esa confianza, así que Lara, con su blog, su facebook y su twitter ha dado un primer paso que puede ayudarle. Pero el problema del blog es que es muy lento. No sé el tráfico que puede tener Lara, pero apostaría a que en estos dos meses no tiene más de 100 visitas diarias. Y necesitas al menos 10 veces más tráfico que ese para empezar a vender. Si Lara cuida su blog, no lo abandona desesperada por tener pocas visitas, comenta en otros blogs, empieza a relacionarse con bloggers con más tráfico, consigue seguidores en Facebook o Twitter, y es constante haciendo esto durante meses, el esfuerzo dará su fruto y los clientes comenzarán a llegar desde su blog.

Pero probablemente Lara no pueda permitirse el lujo de dedicar seis meses o un año al blog sin vender ni una foto, así que algo debería hacer para conseguir clientes antes.

Tanto en el caso de Lara como en el de Marta, lo que necesitan es generar confianza entre sus posibles clientes. Un cliente sólo les contratará si piensa que harán un buen trabajo por un precio razonable. La cosa se complica, porque normalmente quien contrata el trabajo no sabe hacerlo, así que no tiene criterios fundados para saber si un profesional es mejor que otro. Y esto es así en todos los casos en los que alguien vende un servicio.

Por eso, lo primero que deberías hacer si quieres vender es ser capaz de generar confianza. Esto es más fácil de decir que de hacer, pero aquí van unas pistas que puede ayudar tanto a Marta como a Lara:

  • Usa la validación social. Marta preguntaba si debía mencionar a sus clientes actuales. Por supuesto que debe hacerlo. Si no tienes todavía clientes, como el caso de Lara, habla de los clientes para los que has trabajado en otras empresas. ¿Alguna vez has visto un restaurante con buena pinta, pero has dudado en entrar porque estaba totalmente vacío? Pues ese efecto de “si aquí no viene nadie por algo será” o el contrario de “si en este sitio hay cola será porque es bueno” vale tanto para los restaurantes como para cualquier otro servicio.
  • Exhibe tu trabajo. Si eres fotógrafo tienes que tener un portfolio online. A ser posible, no con cualquier cosa, sino con el tipo de fotografías que quieres vender. Si pretendes vender fotos de bebés, no me enseñes fotos de paisajes. Yo no tengo ni idea de lo que puedo esperar de ti, así que ayúdame a entender qué voy a conseguir si te contrato. Para algunos servicios es más complicado que para un fotógrafo exhibir su trabajo, pero siempre puedes hacer un “case study” en el que expliques el problema que tenía un cliente, qué solución le diste y qué beneficios obtuvo por contratarte. (Si vas a hacer esto, asegúrate de tener el permiso del cliente del que vas a hablar)
  • Especialízate. No puedes pretender que alguien sin conocerte crea que eres bueno haciendo reportajes de viajes, retratos de niños y fotografiando objetos para publicidad. O que eres capaz de hacer ingeniería civil y edificación. Aunque en realidad tengas un abanico tan amplio de capacidades, olvídalo y céntrate en aquello en lo que seas excelente. Tus clientes potenciales entenderán mucho mejor tu propuesta y creerán en ella más fácilmente.
  • Identifica a tu cliente ideal. Del mismo modo que nos debemos especializar en una rama de nuestra disciplina para ser creíbles, es necesario identificar a nuestro cliente ideal. Puede ser un tipo de persona, una empresa de un sector concreto, pero lo importante es identificar el problema que les une y que nosotros podemos resolver. “Quiero salir guapa en las fotos de mi boda”, “necesito una imagen de mi producto que venda”, “necesito que alguien me calcule las estructuras del edificio que estoy proyectando”. Son problemas reales, y la gente que está dispuesto a pagar porque alguien se los resuelva son tus clientes potenciales. Céntrate en uno de esos clientes con uno de esos problemas, y será mucho más fácil crear una argumentación de ventas que les convenza.
  • Entiende a tu cliente. Identificar a un cliente ideal y entender su problema sirve para demostrarle que podemos ayudarle. Podemos hablar su lenguaje, podemos expresar esas dudas que tiene y explicarle cómo las vamos a resolver. Nos permite dejar de hablar de nosotros para hablar de él. Cambiar el discurso de “yo puedo hacer esto” por el de “si tú necesitas esto, yo lo puedo resolver de esta manera”.
  • Sal a buscar a tu cliente. No te quedes sentado pensando que con crear tu blog o con abrir tu oficina y repartir unos folletos ya has hecho todo. Conocer a tu cliente ideal es útil también para saber por dónde se mueve e ir a cazarlo en su territorio. Y esto puede ser en el mundo offline o en online. Puedes ir, por ejemplo, a una feria de su sector. O a un polígono industrial en el que se concentren empresas de su sector. O puedes ir a webs o foros donde se concentren tus clientes. Tal vez puedas llegar a acuerdos con otras empresas haciendo ofertas conjuntas u ofreciéndoles una comisión a cambio de que te dejen acceder a sus clientes.

    Por ejemplo, si quieres vender fotografías de bebés, analiza qué webs se dedican a este tema y contacta con los responsables para ofrecerles una campaña con un descuento especial o un concurso para sus lectoras. O más discretamente, responde a preguntas de personas que planteen dudas que tú puedes responder con tus conocimientos. Si consigues generar fama de “experto en lo tuyo” en un foro en el que tus clientes potenciales son habituales, tienes gran parte de ese trabajo de generar confianza ya hecho.

  • Regala algo. Otra convención social que funciona es la del regalo. Estamos condicionados culturalmente para responder favorablemente a quien nos hace un regalo. Ciertamente, ir a un cliente con unos bolígrafos de propaganda ya no es útil, pero puedes encontrar otras maneras de regalar algo que a ti no te cueste mucho.

    Si todavía no tienes clientes y necesitas crear tu portfolio, ¿por qué no ofrecer una mini-sesión fotográfica gratis? Si lo limitas al tipo de cliente que estás buscando, y lo conviertes en un concurso, es una manera excelente de construir tu portfolio con los 4 o 5 mejores candidatos y de tener una lista de clientes potenciales interesados en tus servicios.

    Otra posibilidad es hacer un white paper, un informe sectorial, un eBook o un vídeo. Puedes incluso hacer un mini-curso gratuito. Todas estas herramientas, además de servir como “regalo”, cumplen a la vez con la misión de demostrar que eres un experto, que sabes lo que te traes entre manos.

  • Ofrece garantías. Para reducir la ansiedad que produce en el cliente un posible error al contratarte, ofrece garantías. Devuélvele su dinero si no queda satisfecho. O dale un periodo de prueba. O incluye en el contrato unas horas adicionales de soporte post-venta o mantenimiento. Lo que hagas en concreto dependerá de tu negocio, pero busca algo que reduzca (a los ojos del cliente) el riesgo que asume al contratarte.
  • No bajes el precio. El problema cuando tienes pocos o ningún cliente es de confianza, no de precio. Al revés: el precio, para un cliente que no entiende de tu negocio, es un indicador de calidad. Si no tienes ni idea de coches, sabes que un Mercedes es mejor que un Renault porque cuesta el doble. Si no tienes idea de pintura, sabes que un cuadro es mejor que otro si cuesta diez veces más. Si quieres contratar a un fotógrafo o un ingeniero, y cobra la mitad que otros, pensarás que es un chapuzas, que no conoce el oficio, y que no va a hacer un trabajo tan bueno como el que cobra más. Por eso, aunque parezca paradójico, puedes estar perdiendo clientes por intentar ganarlos con unas tarifas más bajas.

    Otra cosa es que respecto a esas tarifas hagas una oferta puntual, siempre limitada en el tiempo y siempre explicando al cliente el motivo por el que la haces (introducirte en un nuevo mercado, por ejemplo, y trabajar online en el caso de Marta), de manera que el cliente no perciba que está contratando a un mal profesional, sino que está ante una oportunidad que debe aprovechar ya.

Esta lista no es ni mucho menos exhaustiva, pero espero que sirva para explicar la idea en general: demuestra que eres bueno, que entiendes a tu cliente y puedes resolver su problema, y no te faltará trabajo.

Productividad para perezosos, gratis para Kindle en Amazon

Ayer publiqué la guía “Productividad para perezosos” en Amazon. El único formato, de momento, es la versión Kindle. Tal vez recuerdes que escribí por aquí una serie de entradas hablando de esto, y básicamente lo que he hecho ha sido recopilarlas, editarlas un poco y publicar el resultado. El precio es de un euro (en realidad 1,03 porque Amazon así lo ha decidido) pero a partir de hoy y durante 5 días (hasta el lunes 24) puedes conseguirlo gratis. A ver quién mejora este precio.

Como puedes comprender, no busco ganar dinero con él. El librillo está bien, estoy seguro de que a la mayoría de los lectores les va a aportar más valor que el euro que van a pagar por él, pero no creo que venda un millón de ejemplares. No aspiro a ganar dinero, lo que quiero conseguir es esto:

  • Hacer “músculo” para cuando lance mi nuevo libro. Probar el proceso de publicación, analizar qué información debo aportar, qué tengo que hacer para que se conozca, ver cómo se mueven (o no se mueven) las ventas…
  • Valorar otro canal para dar a conocer mi blog. No sé si Amazon va a servir para esto, pero probando solo pierdo el tiempo. Subir un libro es gratis, y a lo mejor incluso alguien lo compra y así en lugar de pagar cobro por hacer publicidad.
  • Mejorar mi reputación. Con este ebook no es mi objetivo convertirme en un experto en productividad personal, pero sí que la gente perciba que soy alguien con sentido común y visión práctica. Cualidades que pretendo que estén en el núcleo del trabajo que estoy haciendo en empresa ágil. Si en un futuro estas cualidades “inmateriales” son percibidas pro un cliente y ayudan a mejorar las probabilidades de una venta real, escribir y publicar el ebook habrá sido una buena inversión.

Ahora te pido un pequeño favor. Si te descargas el ebook y lo lees, ¿puedes dedicar un par de minutos a dejar tu opinión en Amazon?

Cómo ganar dinero con un blog


Ya he explicado otras veces que ganar dinero con un blog es muy, muy difícil. Conseguir el volumen de visitas que necesitas para que los ingresos por publicidad te den para vivir requiere tanto esfuerzo y tiempo que te iría mejor como peón caminero o limpiando oficinas.

Pero un blog puede ser una excelente manera de ganar dinero. La clave es que tu negocio, lo que te da dinero, no sea el blog. Que el blog sea una manera de promocionar ese negocio. Esto funciona bien, porque un blog, si sabes de lo que hablas, te posiciona como experto en el tema y es más fácil que un cliente te compre a ti, que estás continuamente demostrando lo que sabes, que a un desconocido.

Últimamente he ayudado a mi hermana y a sus socias a renovar la página web para su centro de psicología. Me decidí a hacerlo con WordPress porque, además de ser un CMS que les permite a ellas actualizar el contenido sin ser expertas y sin esfuerzo por mi parte, el formato de blog es natural.

Poco a poco, cuando alguien busque en Google algo relacionado con los niños y los videojuegos, con el estrés o con la constancia, aparecerá el contenido de Betania Psicología. La mayor parte de los lectores aprenderán algo (o no) y se irán. Otros apuntarán la dirección y volverán de vez en cuando. Y alguno, cuando tenga un problema, les pedirá ayuda. Al final se trata de números: cuanta más gente visite tu página, más personas llegarán al final de ese proceso y se convertirán en clientes.

Escribir sobre algo que conoces a fondo no es tan difícil, solo requiere algo de tiempo, y la recompensa puede ser muy grande si consigues que las ventas se hagan “solas”.

El problema no es tanto escribir como todos los aspectos que rodean a la creación del blog, a su difusión, saber cómo, cuándo y de qué escribir, cómo conseguir una lista de seguidores, como relacionarte con ellos, cómo manejar la frontera entre lo comercial y lo gratuito…

Básicamente tienes tres opciones.

La primera es pagar a alguien para que te ayude: que te registre el dominio, lo aloje, monte WordPress, personalice el diseño, te enseñe a crear contenido, etc. O tienes un “pringadillo” en la familia como yo que sepa de qué va todo esto y te lo hace gratis, o pagas entre 1.000 o 3.000€ para tener un apoyo mínimamente profesional (y más si quieres un soporte continuado). La ventaja es que es rápido y no tienes que preocuparte de ningún detalle técnico. Si tienes dinero para invertir, es la opción más sencilla.

La segunda es hacer todo tú mismo. Es casi gratis (un alojamiento básico para WordPress cuesta alrededor de 100€ al año) pero a cambio debes prepararte a dedicar horas y horas a aprender todo lo que necesitas saber. Y debes estar atento a medir continuamente los resultados y corregir continuamente las equivocaciones. Porque te vas a equivocar, yo llevo blogueando seis años (más de cuatro con Desencadenado) y cosas tan tontas como no empezar directamente con un dominio propio me han supuesto muchos meses de retraso en número de visitas. Si no tienes nada de dinero y tienes mucho tiempo, por ejemplo si estás parado, esta puede ser la opción mejor.

La tercera opción es que alguien te enseñe a hacerlo. Y aquí interviene Franck Scipion. Franck ha creado un curso que ha llamado la Dieta Casanova, en el que explica, paso por paso y con todo detalle, todo lo que debes hacer para crear un blog que te ayude a promocionar tu negocio y conseguir más ventas.

Franck me habló de la Dieta Casanova hace unas semanas, y me ha dejado acceder a todo el contenido. Lo cierto es que entre lo que cuenta no hay ningún gran secreto. Como he dicho, puedes llegar a saber todo lo que se explica en la Dieta buscando en Internet. La clave está en el tiempo y esfuerzo que debes dedicar si lo haces por tu cuenta frente a la alternativa de ir siguiendo paso a paso lo que explica Franck.

El curso está compuesto de vídeos y de material escrito, incluye las transcripciones de los vídeos para los que preferimos leer y un eBook de 252 páginas. Franck ha publicado una serie de vídeo tutoriales gratuitos que sirven como presentación para que los interesados puedan ver cómo es el curso.

El precio de la Dieta Casanova es de 147€. Si los dedicaras a contratar a alguien para que hiciera las cosas por ti, apenas daría para entre 3 y 5 horas. Por otro lado, puede ahorrarte fácilmente al menos 100 horas de aprender buscando en Google y haciendo las cosas por ensayo y error, de modo que si ganas más de 1,5€ por hora te compensa ahorrarte el esfuerzo.

Como creo que el programa de Franck puede ser interesante para muchos de vosotros, he hablado con él y ofrece, solo durante 24 horas (es decir, hasta mañana día 9 a las 10) un descuento del 25%, con lo que el curso se queda en 117€.

Para los suspicaces: yo gano una comisión por vender el curso de Franck. Como buen emprendedor, creo que es justo ganar dinero por ofrecer valor, y eso es lo que hago al daros a conocer el trabajo que ha hecho Franck. Jamás lo recomendaría si no creyera sinceramente que es un buen producto, con gran cantidad de información útil y práctica y sobre todo que os ayudará a ahorrar tiempo, dinero y errores.

Os recomiendo que veáis los vídeos gratuitos para haceros una idea de cómo funciona el curso, y si queréis probarlo, tenéis la garantía de que si no os convence se os devolverá el dinero sin problemas y sin preguntas. Tenéis nada menos que 60 días para usarlo, trabajar con él, y comprobar si a vosotros os da resultado.

Leche con agua

A mi abuela Lola le tocó vivir la posguerra con tres hijos que alimentar y un marido que lo había perdido todo por ser socialista (salvó la vida de milagro). Así que para conseguir algo de dinero, aprovechó que tenía familia en el pueblo para vender la leche de sus vacas en Bilbao.

Eran tiempos en los que la leche no salía de los bricks, sino que iba de la vaca al cántaro, y ya cada uno se la hervía en casa. El caso es que mi abuela por cada cántaro de leche que traía vendía dos. Sencillamente, le echaba agua. Como digo, eran otros tiempos, y los inspectores de consumo ni estaban ni se les esperaba.

¿Era mi abuela una estafadora? Ella tenía la conciencia muy tranquila. Recuerdo cuando, con la sencillez de la gente del campo, me explicó por qué lo hacía: “todas querían leche, y no había para todas. Si le echaba agua, yo ganaba más, ellas tenían leche, y todas contentas”.

Os recuerdo que era época de hambre, de achicoria en lugar de café, de pan moreno, de lentejas con piedras. ¿Sabían las clientas de mi abuela que lo que les vendía era leche al 50%? Pues claro. Nadie que haya probado la leche de vaca ordeñada y sin tratar (no lo que sale del brick) puede confundirla con un producto desleído en agua. Pero no había dinero para comprar leche auténtica, y gracias a mi abuela ellas podían dar leche a su familia.

Cuando la cosa fue mejorando, ya no tuvo sentido seguir con el negocio. Mi abuelo consiguió un trabajo con el que alimentar a sus hijos, e incluso el pequeño pudo ir a la universidad. Y nos fuimos haciendo más ricos y más exigentes, y ahora no aceptamos que las lentejas tengan piedras, el café achicoria y la leche agua.

Ahora hay inspectores de consumo, regulaciones y multas. Ahora nadie podría vender leche con agua. Pero yo pienso si en algunos casos no será preferible poder comprar leche con agua a no poder comprar leche en absoluto. No estoy hablando de vender como comida nada claramente perjudicial para la salud como el aceite de colza, que eso es otra historia.

Lo que me pregunto es si alguien vende leche con agua, a un precio inferior al de la leche auténtica, y hay quien prefiere pagar por un producto de mala calidad, ¿tiene el estado derecho a impedírselo?

Discrimina a tus clientes

No todos los clientes son iguales, en esto estoy de acuerdo con Oliver Carreira. Pero no con las conclusiones de su post en Pymes y Autónomos. Leedlo para tener el contexto, pero os resumo: habla de dos experiencias en comercios de pintura y fontanería, áreas en las que es inexperto. En el de pintura le dedican mucho tiempo, haciendo esperar a sus clientes profesionales, y en la fontanería le hacen esperar para atender primero a los profesionales.

Él asegura que fue la tienda de pinturas quien actuó correctamente, porque (cito literalmente) “me fui contento y sabiendo dónde voy a comprar la pintura de aquí en adelante”. El problema es que al dedicarle a Oliver 15 minutos, hizo esperar a sus clientes profesionales, que sabían a lo que venían y no tenían mucho tiempo que perder en la tienda. Es decir, causó una molestia a cuatro o cinco clientes para atender excelentemente a uno. En la fontanería sucedió lo contrario: atendió correctamente a cuatro o cinco clientes, pero molestó a uno.

Ahora bien, no todos los clientes son iguales. El profesional es probable que gaste unos cientos de euros al mes en ese comercio. Oliver, que asegura que ya sabe donde comprará las pinturas a partir de ahora, no es probable que gaste más de unas decenas de euros al año, y eso los años que decida pintar su casa o hacer una pequeña reforma.

De modo que el vendedor de pinturas ha corrido el riesgo de perder a uno o más clientes importantes por atender a un cliente ocasional, que apenas deja beneficio y que no tiene ninguna posibilidad de convertirse en habitual.

Claramente, y a pesar de que como Oliver personalmente preferiría que me atendiera el primer vendedor, el que actuó correctamente fue el segundo.

Venta agresiva ¿vale todo?

Ayer publicaba Jorge Galindo su experiencia con unos comerciales que pretendían venderle el ADSL de Jazztel. Yo he tenido alguna visita (creo recordar que más de tres) de comerciales de empresas eléctricas, que pretendían utilizar también la treta de “enséñeme una factura porque podemos ofrecerle un descuento”.

Como se lee en los comentarios, las personas mayores, que están acostumbradas a un mundo en el que “la compañía telefónica” o la compañía de electricidad eran una y única, caen en la trampa y acaban contatando un servicio con otra compañía sin saberlo. En realidad, estas “ventas” no las hacen las propias compañías, sino unas empresas comercializadoras, pero está claro que la responsabilidad es de quien las subcontrata.

Más allá de si es rentable utilizar estas prácticas, porque realmente no sé si la entrada de nuevos clientes compensa la mala imagen de los que se sienten estafados, me interesa el aspecto ético del asunto. Quiero decir, suponiendo que la técnica funcionara, ¿es lícito hacer esto? ¿vale cualquier cosa con tal de vender? ¿la libertad de mercado no implica que si consigues que alguien compre tú haces bien en vender? ¿no hay marcas que te prometen hacerte más atractivo o tener más éxito si usas sus productos, a sabiendas de que el reclamo es cuando menos difícil de comprobar?

Mi respuesta es que no, no se debe hacer este tipo de cosas, aunque tengan éxito a corto plazo. Yo creo que para estar realmente satisfecho contigo mismo y con tu negocio, debes creer que estás aportando valor a tus clientes. En algún caso no será así, y habrá discrepancias entre las expectativas generadas y lo que tu empresa ha proporcionado, pero debería ser algo excepcional.

Si para vender necesitas engañar, ocultar la identidad de tu empresa, mentir sobre las condiciones o las tarifas… ¿no sería mejor buscar otro negocio en el que puedas decir abiertamente lo que haces y cómo lo haces?

Cómo conseguir clientes

Una vez que tienes un producto o servicio, un mensaje y un precio solo te falta una cosa para vender: credibilidad. La credibilidad es lo que te permite convertir a alguien interesado en alguien que paga por lo que ofreces.

Si tu empresa está recién creada tienes que ponerte en el lugar del cliente potencial: suponiendo que tiene que comprar lo que tú ofreces ¿por qué comprártelo a ti y no a otro? Incluso si tu oferta es mejor en precio y en prestaciones ¿realmente hay tanta diferencia como para compensar el riesgo de contratar a una empresita de la que no tienes referencias y que puede desaparecer en cualquier momento?

El problema es que la credibilidad, entre otras cosas, te la da el tener ya unos cuantos clientes. A todo el mundo le cuesta mucho más ser el primero que seguir a otros que se han aventurado antes, por lo que si tienes un portfolio interesante o una “ensalada de logos” que mostrar, todo se hace más fácil.

Pero claro, si estás empezando no tienes clientes, y por tanto no puedes conseguir credibilidad, lo que te impide a su vez conseguir clientes. ¿Cómo rompes ese círculo?

La estrategia del camello

Una buena estrategia es la que se cuenta en una historia de beduinos. Habla de un camello que en la fría noche del desierto pidió a su amo que le dejara meter el hocico en su tienda, para al menos tener la nariz resguardada. El dueño accedió, y el camello le pidió meter la cabeza, porque los ojos le lloraban de frío. Después el cuello, porque enfermaría de la garganta. Poco a poco, el camello acabó durmiendo en la tienda del amo.

¿A qué viene esto? Pues a que la estrategia del camello es la mejor para conseguir nuevos clientes. Lo más difícil es meter el hocico. A partir de ahí, a poco bien que hagas las cosas en seguida tendrás todo el cuerpo calentándose dentro de la tienda.

Es la estrategia que siguen muchas empresas de la web, desde 37signals (basecamp) a Salesforce: ofrecer una versión del producto gratuita o muy barata, para que el cliente empiece a usarlo. Después, cuando le surgen nuevas necesidades, la opción más sencilla para él no es buscar otras alternativas, sino optar por la versión “completa” del producto, con más coste. Es lo que se ha dado en llamar modelo “Freemium”, de Free+Premium.

Se ha argumentado que Microsoft no ha luchado activamente contra la piratería en pequeñas cuentas, porque los usuarios de productos pirateados se convierten en clientes de pago cuando crecen o cuando necesitan soporte del fabricante. En cualquier caso, es preferible que un cliente use tu producto, aunque sea sin pagar, a que use el de la competencia.

Este principio puede aplicarse también a empresas que no vendan aplicaciones web, ni software empaquetado. Se trata de crear una “oferta de introducción” fácil de aceptar para un cliente potencial. Puedes ofrecer algo incluso por debajo de tu coste, como hace 37signals al ofrecer una versión gratuita del producto. Tanto si vendes productos como si vendes servicios, diseña un “pack” que sea un auténtico regalo: incluye horas de consultoría gratuita, muestras de productos, un mes gratis de acceso a tus instalaciones…

No tienes por qué ofrecerlo gratis, pero sí a un precio que facilite la “compra por impulso”. Si le das al cliente tiempo (o motivo) para pensarlo, pierdes la oportunidad.

A partir de ahí, una vez que has metido el hocico en su tienda, el reto es venderle lo suficiente como para ganar dinero. Es fundamental medir el ratio de conversión: debes saber lo que te cuesta el “pack de introducción”, el número de clientes que pasan a ser de pago por cada cien clientes “gratuitos o baratos” y el dinero que ganas con cada cliente de pago.

Evidentemente, para que la cosa sea rentable, el resultado de multiplicar el ratio de clientes de pago por el beneficio que te deja cada cliente debe ser mayor que el resultado de multiplicar el coste del “pack de introducción” por 100.

Si te salen los números, ¡bingo! Ya tienes una máquina de hacer dinero. Cuantos más clientes “gratuitos”, más clientes de pago y más beneficios.

Haz un regalo primero

Si haces un regalo a un cliente potencial es más probable que acceda a comprar tus productos o servicios. No es una cuestión de “justicia cósmica”, karma ni nada parecido. Es simple sentido común.

Primero, porque nuestra cultura nos ha hecho así. Recibir un regalo obliga a corresponder, o a ser condenado al desprecio por “tacaño” y egoísta. Por eso muchas empresas invitan a comidas o regalan objetos promocionales a sus clientes potenciales. Lógicamente, para que el juego funcione el receptor del regalo tiene que percibir que éste es sincero, porque de lo contrario no se siente vinculado por ese contrato no escrito de reciprocidad. Hoy en día no se puede esperar conseguir una venta regalando unos bolígrafos o una camiseta, porque todo el mundo sabe que están hechos para vender más que para agradar al que los recibe.

Ser generoso tiene además otra función más profunda. Demuestra voluntad de establecer una relación con la persona que recibe nuestro “regalo”. Pensad que cuando hacemos una oferta a un cliente le estamos pidiendo que nos entregue su dinero a cambio de algo que cree que puede ser de valor para él. Pero no tiene la certeza de que será de valor mientras no disponga de ello. Hasta entonces debe confiar en nuestra palabra para creer que es así.

Si nosotros damos el primer paso y regalamos algo, estamos demostrando confianza en el cliente, porque hemos “invertido” en la relación. Así reforzamos la confianza que él pueda tener en nosotros.

¿Se corren riesgos? Evidentemente. Hay gente que se aprovechará de nuestra generosidad sin dar nada a cambio. Pero incluso esto puede ser una ventaja: un cliente así es un mal cliente, y es mejor conocerle (y evitarle) antes de que nos involucremos con un contrato que nos obligue a trabajar para él, y probablemente a perder dinero.

Y cuando funciona, puede llegar a hacerlo muy bien: yo he visto empresas que han conseguido contratos de más de un millón de euros invirtiendo sólo unos pocos miles de euros en resolver algún problema urgente del cliente.

Aporta garantías extraordinarias

Gran parte de el éxito de El Corte Inglés se debe a su política de permitir devoluciones sin hacer preguntas. Es mucho más fácil comprar algo por impulso si sabes que si después te arrepientes puedes devolverlo y recuperar tu dinero. Aunque en la práctica pocas veces lo hagas.

Si garantizas al cliente que no perderá su dinero si por cualquier motivo no queda satisfecho con tu trabajo, eliminas una de las barreras que le impide comprarte a ti. Demuestras además confianza en la calidad de tu oferta (y más te vale que esté basada en algo real, porque de lo contrario las devoluciones te arruinarán).

Lógicamente, debes tener previsto que haya quien pretenda abusar de la oferta, pero en general la inmensa mayoría de tus clientes serán gente honrada.

Hay negocios en los que es difícil hacer algo así, porque implican gastos elevados que no son recuperables (no se los puedes vender a otro cliente, como por ejemplo horas de trabajo). Aún así, si no puedes dar una garantía completa de devolución, al menos piensa en cómo puedes reducir el riesgo para el cliente. Todo lo que puedas aportar en ese sentido facilita su decisión.

Creative Commons License photo credit: René Ehrhardt

¿Aquí cuando se cobra?

Supongamos que lo has hecho todo bien: has vendido a la administración, te has ganado la confianza del cliente, has desarrollado el trabajo con éxito… pero te falta un “pequeño” detalle: cobrar. Aquí los tiempos de la administración tampoco son los del resto del mundo, así que mejor que estés preparado.

Conviene saber de antemano cual es la práctica habitual en el organismo con el que contratas. De hecho, deberías saberlo antes de presentarte a vender, porque es posible que no te compense vender a quien tarda más de un año en pagar (y se dan casos).

Hay más elementos a tener en cuenta. Por ejemplo, el momento en el que puedes presentar la factura. Es posible que si estás a final de año te suceda que te pidan la factura aunque no esté terminado el trabajo, porque necesitan justificar el gasto (de lo contrario, recuerda que el organismo perdería ese dinero y tendría que recurrir a presupuesto del año siguiente).

Pero lo normal es que para poder presentar una factura deba existir una recepción del objeto del contrato. En función del contrato y del organismo, esto puede ser desde un email del responsable aceptando el resultado y solicitando la factura a un acto formal con firma de un interventor y un apoderado de la empresa. El caso es que esto puede suponer un retraso adicional, desde que tú das por concluido el proyecto hasta que la administración lo da por aceptado.

Ya puestos, un consejo: si no hay acto formal de recepción, pide tú mismo a tu cliente que te firme una “hoja de cierre de proyecto” o similar. Nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro, y puede que no esté de más disponer de un documento que acredite que cumpliste tu parte del contrato.

Después está la tramitación del expediente de pago. Que a su vez supone otro retraso añadido. Así que esos 90 días, que ya eran tiempo, pueden verse aumentados significativamente.

¿Qué puedes hacer?

Primero, tener previstas las necesidades de tesorería. Si tienes que pagar sueldos o materiales, ten en cuenta que tus empleados o tus proveedores no van a esperar porque tu cliente tarde en pagar. Ahorra, pide un crédito, haz lo que sea, pero asegúrate que tienes el dinero para pagar aunque tardes seis o siete meses en cobrar.

Segundo, acelera el trámite en todo lo que dependa de ti. Facilita la recepción y entrega la factura en cuanto te la autoricen, así como cualquier otra información (número de cuenta, por ejemplo) o documento que te requieran para el pago.

Y tercero, recuerda que a quien le interesa cobrar es a ti, así que implícate tú en ello. No confíes en que tu cliente, por muy satisfecho que esté con el resultado, “empuje” tu expediente para que cobres a tiempo. No lo hará, porque él ha terminado su trabajo con la recepción. Y no le des la lata preguntando por el pago, porque no depende de él.

En lugar de eso, averigua “dónde” está el expediente en cada momento. Y no te conformes con vaguedades del tipo “está en Secretaría General”, o “lo tienen en Compras”. Procura saber qué persona concreta tiene tu pago en su mesa, y si es preciso pregúntale a ella qué necesita por tu parte o cuales son sus previsiones de fechas. Nunca confíes en que el mecanismo de la administración funcionará “como un reloj”. Aunque sea así la mayoría de las veces, si hay un problema tú debes ser el primer interesado en resolverlo lo antes posible.

En cualquier caso, al menos aquí no existe el riesgo de impago. Aunque lento, el mecanismo de pago de la administración es seguro. Simplemente debes asegurar que ese retraso no te perjudica más que lo inevitable.

Una vez tengas el dinero en tu cuenta, has cerrado el ciclo. Has conseguido vender a la administración, y ganar dinero con ello. Ya sabes como se hace. Ahora simplemente repítelo y sigue triunfando.

Creative Commons License photo credit: Material Boy

Qué quiere el directivo de la Administración Pública

Si quieres vender a la Administración, debes tener en cuenta que los objetivos y las motivaciones son muy diferentes a las de la empresa privada.

En la empresa privada, el precio es importante. El proceso de compra, incluso en las empresas más burocratizadas, es relativamente sencillo. Cambiar de proveedor es fácil, incluso es posible (aunque no suele ser recomendable) abandonar un proyecto si se determina que no está dando el resultado esperado y que no va a cambiar. Es muy frecuente que el decisor sea a la vez el que maneja el presupuesto al que se asigna el gasto. Y es importante poder demostrar meses después que la compra fue un acierto y que se han cumplido los objetivos: reducir un coste, mejorar un proceso, vender más, más eficiencia…

En la Administración las cosas son muy distintas. En parte por la ley de contratos, que limita mucho la capacidad operativa del directivo, y en parte porque sus incentivos y sus objetivos son distintos. Veamos:

1. Primero es el presupuesto, y luego todo lo demás

Lo habitual es que hacia el verano se haga una estimación de presupuesto para el año siguiente. En ese momento, se ponen grandes cifras (100.000 euros para renovar servidores, 300.000 para publicidad, etc). En enero, uno se encuentra con que tiene unos dineros asignados a partidas más o menos concretas. A veces coincide con lo que había presupuestado, y a veces no. Hay que gastarlo en el ejercicio, porque de lo contrario se pierde. Y perder ese dinero es uno de los pecados capitales del gestor público. Tiene toda la presión para gastar todo el dinero presupuestado, en lo que sea.

En enero debe empezar a planificar el gasto. Debe tener en cuenta que un concurso puede llevar seis o nueve meses, por ejemplo, de modo que en un par de meses a lo sumo ya debe tener claro a qué dedicará el presupuesto.

En noviembre o diciembre, aparecen los restos. Un concurso presupuestado en 500.000 euros se ha adjudicado en 450.000, de modo que “han aparecido” 50.000 euros disponibles para gastar ese año. Si no se gastan se pierden, así que hay que comprar algo a toda prisa, para que de tiempo de tramitar todo en un mes.

Conclusión: las mejores fechas para aproximarte a la administración son enero-febrero (porque todavía están definiendo el presupuesto del año) y noviembre-diciembre (porque pueden tener algunos restos que no saben a qué dedicar).

2. El precio no importa

Estrictamente, no es que no importe, pero lo que sucede es que una vez que has conseguido que te aprueben un gasto de X euros para comprar ordenadores, lo que quieres es los mejores ordenadores que puedas conseguir por X euros. Conseguir otros más baratos puede darte problemas si no funcionan bien, nadie te agradece que hayas ahorrado un dinero y además tienes trabajo extra a final de año para gastar el dinero que habías ahorrado en ordenadores.

Conclusión: si el cliente te dice que tiene un dinero para tu proyecto, busca la manera de darle lo más que puedas por ese dinero, no la manera de que le salga más barato.

3. El procedimiento sí importa

La ley de contratos hace que hasta las compras más pequeñas se eternicen. Ser capaz de dejar un equipo en pruebas o temporalmente para solucionar un problema, aportar unas horas de consultoría aunque no tengas contrato puede ser muy valorado por un directivo con un apuro.

Ojo: también hay caraduras que consideran que las empresas son pozos sin fondo con recursos infinitos. Distinguir al directivo honesto que te compensará el favor del aprovechado es un arte, e incluso los comerciales más avezados se equivocan a veces.

4. El dinero no es un problema

Entre la aprobación de un gasto, y el pago a la empresa hay muchos trámites, y pasa mucho tiempo. Es frecuente que el directivo que ha contratado esté muy alejado de todas estas operaciones. A veces, incluso físicamente, en otro edificio. Para él temas como las fechas de pago, los plazos, las facturas… no son relevantes. Él firma una aceptación de proyecto, a veces una factura, la remite al departamento de contratación y se olvida. Ya ha terminado su papel.

A veces no ha trabajado nunca en una empresa en la que se haya tenido que preocupar por la tesorería o el flujo de caja. Por eso es normal que no entienda tu agobio porque has incurrido en unos gastos, estás pagando unas nóminas y el dinero no termina de llegar.

No tiene sentido que le molestes llamándole para ver cuando van a pagarte. Es mejor que le preguntes directamente por la persona que lleva estos temas, y que procures tener una relación con ella. Si hay algún problema con las facturas, o si necesitas saber algo, es mejor tratar directamente con quien puede solucionar estos asuntos.

5. Los directivos son conservadores

Da igual su ideología política: lo normal es el miedo al cambio, la aversión al riesgo. Para casi toda la administración, es más importante que no haya problemas que el hecho de innovar o ser más eficiente. Por eso es muy difícil entrar, incluso en clientes que no están del todo contentos con sus proveedores. Pero si consigues entrar en un cliente y lo haces medianamente bien, puedes estar cobrando de él durante años sin apenas esforzarte.

Por tanto, procura demostrar por activa y por pasiva que tu producto o servicio es fiable, que no va a dar problemas, que está probado y requeteprobado. Para tu cliente eso importa mucho más que el precio.

6. Las cosas cambian

Y las necesidades de la administración también. Como ya se habrá dado cuenta el lector espabilado, desde que un directivo de la administración se plantea que tiene una necesidad hasta que aparece una empresa con un contrato para satisfacerla puede pasar más de un año.

En ese año puede haber pasado de todo. Desde que la tecnología haya dejado obsoleta la solución planteada inicialmente, a que hayan cambiado las necesidades del organismo que contrata. Prepárate para asumir esos cambios sobre el Pliego de Prescripciones Técnicas, siempre que no suponga un mayor coste que lo haga inasumible para ti. Si es el caso, lo mejor es plantearlo desde un principio. Hay fórmulas para pagar ese exceso, pero como todo necesitan tiempo. A ningún cliente le gusta que le sorprendan al final del proyecto con una factura más cara de lo acordado, pero en el caso de la administración es que no se podría pagar ni aunque hubiera voluntad de hacerlo.

En cualquier caso, no te obsesiones con lo contratado. Piensa que lo importante es satisfacer la necesidad del cliente. Procura, eso si, que todo lo que hagas vaya quedando aprobado por él, con actas de reuniones o similares. En la administración los directivos tiene más movilidad que los trabajadores, y nunca se sabe lo que puede pasar.

7. El resultado tiene una importancia relativa

La mayoría de las veces tenemos que hacer lo que está contratado. Pero no siempre esto es cierto. Sucede que, una vez que ha contratado con una empresa, para la administración es muy difícil romper ese contrato. Hay que hacer un expediente, y justificarlo muy bien, porque una rescisión de contrato inhabilita a la empresa para volver a contratar con la administración.

De modo que casi nadie denuncia un contrato. Si todo va mal, se procurará acabar de la mejor manera posible, echar tierra sobre el asunto, y no volver a contratar con la empresa que no ha cumplido. En el peor de los casos, se comentará con otros colegas. Se podrá retrasar el pago. Pero la empresa acabará cobrando.

¿Quiere esto decir que una vez tenemos el contrato podemos echarnos a dormir e incumplir alegremente lo acordado? No, porque las consecuencias negativas están aseguradas. Lo que quiere decir es que una vez firmado el contrato, el cliente y tú estáis en el mismo barco, y a los dos os interesa que llegue a buen puerto. Aunque no sea el que estaba previsto al iniciar la travesía.

8. Se progresa cambiando de destino

Debido a la peculiar gestión de personal a la que está obligada la administración, la forma habitual de progresar es moverse a otro destino, en otro organismo. Y para moverse en niveles de responsabilidad, hay que demostrar que se han realizado proyectos interesantes.

Por tanto, a tu cliente de la administración le va a interesar tanto como a ti que se haga publicidad de tu proyecto. La típica entrevista en una revista del sector haciendo un “case study”, una ponencia en un congreso o un seminario, una participación en un evento con otros clientes… es fácil que tu cliente se preste a estas cosas, porque es una oportunidad para darse a conocer. Aprovéchalo, porque los dos salís ganando.