Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Por qué te pagan tan poco

Es habitual oír en los mentideros del sector cómo los programadores se quejan de lo mal pagados que están y cómo les explotan las cárnicas. Queja que entiendo en parte, porque yo también fui una vez un programador contratado en precario por la subcontrata de la subcontrata de la megaconsultora (la difunta Andersen Consulting). Pero ahora sé que es inevitable que los programadores estén mal pagados, sean o no sean buenos.

Para entenderlo, basta con que te des una vuelta por la zona turística de tu ciudad y veas la oferta de los restaurantes. Con toda seguridad, la inmensa mayoría ofrecen un menú con un precio muy similar y basado en platos “típicos”. Tú sabes que apenas unos centenares de metros más lejos hay restaurantes más baratos, mejores y más auténticos, y te preguntas por qué los turistas insisten en ir a los malos restaurantes.

Lo que sucede, y os habrá pasado cuando habéis sido vosotros los turistas, es que tienes muy poca información acerca de la oferta gastronómica del lugar. Cada vez más hay quien busca en Internet, pero una buena crítica online no garantiza nada. Y por otro lado, tampoco tienes incentivos para dedicar muchas horas a analizar la oferta, porque ese tiempo prefieres dedicarlo a conocer el lugar. Así que miras tres o cuatro sitios, compruebas que el precio no es muy diferente y te metes en el que te convence un poco más que el resto. Tu comportamiento, y el de otros miles de turistas poco selectivos, presiona a los restaurantes para ofrecer comida de calidad justita a un precio casi estandarizado.

Con la oferta de “desarrolladores por horas” sucede exactamente lo mismo. El cliente no tiene ninguna manera de saber a priori si el producto (es decir, tú) será bueno o malo. No sirve la reputación de la empresa, porque no hay diferencia apreciable entre los programadores que provee Consulting Megacorp SA y los programadores que provee Desarrollos Paco SL. De hecho, es normal que los programadores de Desarrollos Paco aparezcan subcontratados en proyectos de Consulting Megacorp. Tampoco el precio sirve como referencia, porque el abanico de precios es muy corto. Consulting Megacorp tiene una sede fastuosa, comerciales perfectamente trajeados y directivos con sueldos estratosféricos, pero eso lo paga con proyectos de cientos de programadores, no cobrando tres veces más.

Y no cobra tres veces más porque no quiera hacerlo, sino porque ningún cliente se lo va a pagar. Entre otras cosas, porque el cliente no es tonto y sabe que de cada tres programadores que le vienen de Consulting Megacorp uno es un principiante, otro un torpe y el tercero un subcontratado de Desarrollos Paco, y no está dispuesto a pagar una fortuna por ese elenco de estrellas.

¿Podría entonces una empresa hacerse un hueco en el mercado ofreciendo programadores de calidad, al precio al que hay que cobrarlos? Es decir, puede una empresa pagar sueldos de 50.000€ e ir a los clientes diciendo, “te ofrezco programadores realmente competentes, con 5 años de experiencia, pero tienes que pagarme 15.000€ al mes en lugar de 6.000. Recuerda que según todos los estudios un buen programador es 5-10 veces más productivo que uno malo.”

Pues no, no podría. Porque también por el lado del cliente actúa el efecto “restaurante turístico”. Cuando el cliente subcontrata programadores “al peso”, es porque los proyectos a los que los destina no son críticos. Normalmente los tiene un tiempo prolongado, con lo que se van formando sobre la marcha, y acaban con una productividad decente para lo que cuestan. No le compensa asumir el riesgo de pagar mucho más por un beneficio que no sabe si realmente va a obtener.

Para los proyectos realmente críticos, o bien cuentan con personal propio, experto en su campo, o bien contratan el proyecto, no horas de programador. Es decir, si realmente necesitan expertos, lo que hacen es trasladar el riesgo del proyecto al proveedor: “necesito un sistema que haga X para dentro de N meses. Si no hace X para dentro de N meses, no cobras”. Como hay riesgo, hay beneficio. Y entonces el proveedor sí contrata programadores a los que paga bien para que hagan un buen trabajo a tiempo.

Por tanto, para salir de la rueda de las cárnicas, lo único que puedes hacer es:

- Dejar pasar el tiempo. De esta manera, o bien te echan de la empresa o bien te consideran un senior y pueden facturar algo más por ti (y pagarte un poco más). En cualquiera de los dos casos, ya no eres el último mono.

- Formarte y especializarte. Si la empresa solo te da cursos de Java, serás como otros miles de programadores iguales a ti, de modo que procura especializarte en algo, a ser posible algo con demanda. Bien formándote por tu cuenta, bien buscando que te coloquen en proyectos punteros.

- Hacer lo anterior y establecerte como freelance. Si realmente eres bueno, y tienes poca competencia, no tienes por qué dejar que otros se lleven todo el beneficio. Puedes eliminar un nivel de subcontrata, y ganar bastante más por hora.

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Qué hacer si has terminado la carrera y no tienes trabajo

En plena crisis y con el paro por las nubes, los jóvenes que están terminando ahora sus carreras tienen unas perspectivas de encontrar trabajo poco halagüeñas. Si yo estuviera en esa situación, seguiría la estrategia que Seth Godin publicó el otro día en su blog (y que traduzco aquí):

¿Qué tal un año de postgrado haciendo alguna combinación de lo siguiente (no solo una, qué tal todo):

Dedicar veinte horas a la semana a llevar un proyecto en una ONG.

Apender Java, HTML, Flash, PHP y SQL. No un poco, dominarlos. (Aclaro: ya sé que no puedes ser un experto programador de todo esto en un año. Uso la palabra “dominar” para distinguirlo de “familiarizarse” que es lo que consigues con uno de esos libros tipo Dummies. Esperaría que pudieras escribir código que resolviera problemas, funcione y esté razonablemente claro, no que puedas programar suficientemente bien como para trabajar para Joel Spolsky. Lo siento si he levantado ampollas)

Entrena a un equipo infantil de algún deporte.

Empieza, dirige y haz crecer una comunidad on-line.

Da una charla a la semana en organizaciones locales.

Escribe regularmente una newsletter o un blog sobre un sector que te interese.

Aprende un idioma extranjero con fluidez.

Escribe tres planes de negocios detallados para proyectos en el sector que te interesa.

Autopublica un libro.

Corre una maratón.

Es mejor que un master.

Si te levantas cada mañana a las 6, dejas la tele y tratas esta lista como un trabajo, no tendrás problema en conseguir hacer todo lo que hay en ella. ¡Todo! Cuando lo hagas ¿qué pasará con tus perspectivas de trabajo?

1 vote, 5.00 avg. rating (92% score)

Tú no eres superman: delega

Sacar una empresa adelante implica mucho trabajo. Hay que vender, hacer documentos, vender, negociar contratos, vender, tratar con proveedores, vender, contratar empleados, vender, producir, vender, darse a conocer, vender, gestionar dinero, vender, facturar… ¿He dicho que es importante vender?

Pronto te darás cuenta de que tú no puedes hacerlo todo. Primero porque hay cosas que simplemente ignoras. Salvo que tengas la capacidad de Leonardo da Vinci, es extraño que seas capaz de hacer la página web, diseñar la imagen coporativa, llevar la contabilidad, vender, negociar con proveedores, producir… Y aunque fueras ese superhombre (o supermujer) con conocimientos y capacidades para hacer bien todas estas cosas, simplemente no tienes tiempo.

De modo que tienes que delegar. Eso supone gastar dinero, pero tienes que hacerlo. Ese dinero que dedicas a que una gestoría te haga la contabilidad y te evite papeleos son horas y horas de trabajo ganadas para hacer que tu empresa funcione, y la tranquilidad de saber que no vas a tener sorpresas con Hacienda no tiene precio.

El problema es que muchos emprendedores no tienen claro qué deben delegar. La tentación de delegar actividades “aburridas” y quedarte con lo que más te apetece es fuerte. De modo que necesitas analizar fríamente qué es lo mejor para tu empresa, no para que te sientas “ocupado”.

Tu misión fundamental es hacer que tu empresa se desarrolle. Eso supone que tienes que dedicar tiempo al marketing y a vender. Puedes contratar a expertos si tú no lo eres, pero debes dedicar tiempo cada día a estas actividades.

El resto de las tareas depende de tus capacidades y del tipo de negocio que estás montando. Un amigo, mayorista de marisco, me decía que para ganar dinero hay que estar en Mercamadrid de madrugada (los precios se negocian en el momento en función del género), y hay que vigilar muy de cerca el reparto para evitar las mermas (unos gramos de angulas que se pierden son mucho, mucho dinero). De modo que si te dedicas al marisco no puedes no madrugar y no puedes dejar de controlar de cerca el reparto (o incluso hacerlo tú mismo).

En cualquier caso, una vez que has visto en qué áreas necesitas ayuda, tienes que resolver cómo conseguirla.

Busca un socio

Si encuentras a alguien que crea en tu proyecto y esté dispuesto a cobrar menos de lo que cobraría en otro sitio, a asumir incluso que habrá meses que no cobre, a trabajar hasta las tantas y a echar el resto, puedes intentar que comparta riesgos y beneficios. Es decir, que sea tu socio.

Si funciona, perfecto. Tienes un hombro en el que llorar vuestras penas y un compañero con el que celebrar los éxitos. Pero muchas veces es complicado: los socios pueden tener distintas percepciones sobre la empresa. Lo que para unos es una pasión para otro puede ser simplemente un pasatiempo. Hay quien vive en casa de sus padres y quien tiene que mantener a sus hijos. Si los socios son muy diferentes no se entienden, pero si son muy parecidos no se complementan.

Como dijimos antes, debes tener previsto también lo que sucede si llega la crisis y uno de los socios debe abandonar la empresa. Déjalo escrito cuando os llevéis bien, porque de lo contrario la cosa puede acabar como el divorcio de la guerra de los Rose.

Subcontrata

La contabilidad, el marketing, la secretaría… incluso las ventas y la ejecución. Todo puedes subcontratarlo. Puedes comprar productos en China, contratar que te los traigan a tu ciudad, contratar comerciales que lo vendan, publicistas que lo den a conocer, técnicos que lo instalen y le den soporte, gestores que controlen la facturación, la contabilidad y los impuestos…

Si alguien en la cadena no te gusta, simplemente contratas a otro. Todos están motivados, porque si no trabajan bien dejarán de cobrar.

Parece una buena solución, pero también tiene sus pegas. La fundamental, que como alguien falle quien da la cara ante el cliente es tu empresa. Y si es difícil controlar a un empleado, mucho más difícil es controlar a un proveedor, que puede tener intereses y necesidades que no coincidan con los tuyos. Lo que para ti es un pedido importantísimo de un cliente VIP, para tu proveedor puede ser algo rutinario que no le aporta valor y que postergará si aparece algo que a él le interese más.

Existe el riesgo también de perder el control de los clientes, e incluso que alguna de tus empresas “colaboradoras” te los levante.

Por tanto, subcontrata si es preciso, pero mira bien a quién metes en tus procesos.

Contrata autónomos

Para según que cosas, un autónomo puede ser una buena solución. Puedes tener más control sobre él que si subcontratas a una empresa, pero no te ata tanto como un empleado. Aunque también hay que tener cuidado con ciertas cosas.

Puede intentar quitarte los clientes, por ejemplo. Para evitarlo, pídele que se identifique siempre como perteneciente a tu empresa. Es muy recomendable proporcionarle una cuenta de correo electrónico de tu empresa para que la use en sus comunicaciones con tus clientes, y pedirle que te reenvíe una copia de todos los correos. Controla también a diario qué hace en cada cliente, sobre todo si luego vas a facturar por horas.

Y está el problema de su dedicación. Si más del 75% de su facturación la hace a tu empresa, estamos ante un TRADE. Eso significa Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente, y es un engendro del nuevo Estatuto de los Autónomos por el que se crea una figura mixta entre el empleado y el autónomo. Si tienes un TRADE, tienes que pagarle vacaciones e incluso indemnizarle en caso de cesar la relación contractual.

Todavía no está claro cómo se va a regular esto, pero es evidente que habrá problemas. Por ejemplo, supongamos que contrato a una persona que hace unos trabajos al mes que le llevan una mañana, por los que cobra una cantidad relativamente pequeña, pongamos 250 euros. Yo no considero que eso sea un TRADE, por lo que no le trato como tal. Pero después de un año, resulta que el individuo solo trabaja para mí, con lo que factura a mi empresa el 100% de sus ingresos. ¿Es en ese caso un TRADE? ¿Está obligada mi empresa a pagarle vacaciones (en su parte proporcional) o a indemnizarle si un día prescindo de sus servicios? ¿Hay que exigir al autónomo que va a trabajar para nosotros que nos demuestre que tiene otros clientes?

Subcontrata en países con menos nivel de vida

Esto lleva siendo una promesa desde el siglo pasado, que yo sepa. La idea parece atractiva: igual que se subcontrata la fabricación a países donde la mano de obra es muy barata, subcontratemos también los servicios.

El problema es que los servicios no son tan fáciles de subcontratar. Las software factories por ejemplo, esos entes a los que envías unas especificaciones y te devuelven código, no han resultado ser el Santo Grial de la rentabilidad informática. Vale, puedes tener un call-center en Marruecos, o en Argentina, y que te funcione razonablemente bien. Pero en cuanto aumenta la complejidad de los servicios, más difícil se hace que los problemas de calidad no acaben comiéndose los beneficios del coste de mano de obra.

Consigue que alguien te haga el trabajo gratis

Esta es la mejor opción. No tienes costes, no tienes empleados contratados, todo son beneficios… No, no es imposible conseguir que alguien trabaje gratis para ti. Todo es cuestión de que quien lo haga obtenga a cambio algo que le compense.

Un ejemplo de modelo de negocio que usa trabajo gratis es el desarrollo de software libre. Ojo, si quieres crear una empresa de éxito necesitas tener un equipo de programadores propio además de los voluntarios. Pero tener cientos o miles de testeadores, de programadores que corrigen bugs o de diseñadores trabajando gratis sin duda ayuda a que todo sea mejor y más fácil.

Otro caso es el de los sitios web en los que los usuarios crean el contenido. ¿Quieres hacerte rico trabajando 4 horas a la semana? Esta es tu mejor opción.

Claro que tener un proyecto de software libre o una web con miles de usuarios que trabajen gratis es casi tan difícil como ganar a la lotería. Si no, lo haría todo el mundo, y no habría voluntarios suficientes para todos.

En resumen, si tienes necesidad de que alguien te eche una mano en tu empresa, no es descabellado seguir esta estrategia:

1. Distingue entre una necesidad puntual y un crecimiento permanente. A un problema puntual, dale una solución puntual.

2. Contrata autónomos o subcontrata a otras empresas, en función de las necesidades.

3. Para funciones esenciales, busca un socio que se comprometa con el proyecto.

4. Si no te queda más remedio, contrata personal. Pero asesórate bien para minimizar los errores.

Creative Commons License photo credit: davidChief

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

El peor compañero de trabajo

Scott Adams habla en su blog del peor compañero de trabajo que tuvo. Básicamente el tipo se escaqueaba de mala manera, después empezó a beber y a drogarse y acabó estrangulando con un cinturón a un “amigo” en una pelea. No sé si esto último le califica como “mal compañero”, porque por lo que cuenta Adams lo hizo en una habitación de hotel y no en la oficina.

Yo no he visto asesinatos, pero he tenido unos cuantos compañeros difíciles de sobrellevar. Pelotas, artistas del escaqueo, inútiles que no quieren dejar de serlo, sindicalistas… Creo que el peor fue un tipo gritón y maleducado que durante un tiempo entró en guerra conmigo por distintas causas: tenía celos respecto a nuestros ámbitos de competencia, pretendía que mi departamento asumiera costes que según mi opinión correspondían al suyo… El problema es que además todo lo hacía en público y muchas veces con gritos y malos modos. Lo menos que puedes pedir cuando alguien te intenta hacer la cama, es que sea discreto. Así cada uno hace sus maniobras, ataca/se defiende, pero todo con elegancia, sin derramamientos de sangre innecesarios.

Al final, después de varios encontronazos, llegué a la conclusión de que el enfrentamiento abierto nos perjudicaba a ambos, porque delante de otros aparecíamos como dos energúmenos incapaces de tener un trato normal. Fui a su despacho, le dije abiertamente que no podíamos seguir así, tuvimos una conversación educada y llegamos a una “entente cordial”, y simplemente pasamos a ignorarnos cuanto podíamos y tratarnos a través de terceras personas cuando no quedaba más remedio. Problema resuelto.

Como veis, nada del otro mundo: ni asesinatos, ni alcohólicos, ni nada por el estilo.

¿Alguien se anima a hablarnos de su peor compañero de trabajo? A mí es fácil superarme pero ¿hay quien supera a Scott Adams? ¿algún pedófilo, acosador sexual, matón tabernario?

Creative Commons License photo credit: kevindooley

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Qué hacer si te quedas en paro

Yo he pasado dos veces por la experiencia, y he salido con bien: la primera vez aprobé unas oposiciones y la segunda creé una empresa. Pero he visto de cerca lo terriblemente destructivo que puede ser encontrarse de repente en casa sin nada que hacer así que, por si a alguien le son útiles, aquí van estos consejos:

1. Sal de casa antes de las 9

Todos los días laborables, sin excepción, madruga, aséate, vístete y sal de casa. Aunque lo único que hagas sea comprar el pan, o simplemente dar un paseo, es muy importante mantener tu horario sincronizado con el de las “personas normales”. Si no lo haces, entrarás pronto en una espiral de levantarte tarde, acostarte más tarde, pasar la mañana medio dormido y legañoso y llegar a la tarde sintiendo que se te ha pasado otro día sin hacer nada.

Si sales a la calle, además, te verás a tí mismo como una persona “activa” y no como un holgazán, y es importante primero creerlo y después transmitirlo a los demás.

2. Cuida tu imagen

Lo he dicho en el punto anterior, pero lo remarco: aséate todos los días. Mantén al menos la misma imagen que cuando estabas trabajando: aféitate, maquíllate, péinate… Y no salgas a la calle con un chándal (salvo que vayas a hacer deporte) o con ropa raída. Mantener la propia imagen es requisito imprescindible para mantener la autoestima.

3. No veas la tele

La tele es tóxica. Te hace estar quieto, pasivo, y cuando te das cuenta se te ha ido la mañana zapeando entre consejos médicos para jubilados, cocineros vascos y testimonios de marujas. Nunca, bajo ningún concepto, pase lo que pase, enciendas la tele antes de las 6 de la tarde. Si puedes no encenderla en todo el día, mejor. No tener la alternativa de tirarte en el sofá a ver la tele te obligará a dedicar tu tiempo a otras cosas, que sean las que sean serán mejores que no hacer nada.

4. Habla con gente

Estar solo, dándole vueltas a la mala suerte que tienes y lo injusto que es el mundo contigo no te va a ayudar a salir de tu situación. Al revés, minará tus posibilidades de salir de ella. Por el contrario, tomar un café o comer con antiguos colegas o amigos, puede ser una buena manera de que se acuerden de tí si por casualidad se les presenta la posibilidad de buscar a alguien para un puesto de trabajo. Y si no, al menos tendrás nuevas ideas, y estarás al tanto de lo que se cuece en el mundo laboral.

Eso sí, no utilices a tus amigos para llorarles y lamentarte de tu situación. Por muy amigos que sean, acabarán hartos de tí. Ellos, aunque tengan trabajo, también tienen sus problemas, y todo el mundo prefiere hablar con alguien optimista y animado que con un cenizo que todo lo ve negro.

5. Identifica tus fortalezas y oportunidades

Dedica un tiempo a valorar exactamente qué puedes aportar a alguien que esté dispuesto a contratarte. Valora lo más objetivamente que puedas tus conocimientos y experiencia, y piensa en qué tipo de empresas y puestos podrían ser útiles. Una buena idea es contrastarlas una referencia externa, un amigo que pueda ayudarte a separar tus fantasías de la realidad, o tal vez a descubrir cualidades que tú no has valorado.

6. Amplía tu horizonte laboral

Si tu sector está en crisis, tal vez sea el momento de plantearte un cambio en tu carrera. No tiene por qué ser un cambio radical, pero sí tienes que estar dispuesto a hacer cosas que antes no habías hecho. Un ejemplo: si hasta ahora dirigías proyectos de obras, y ya no hay obras que dirigir, tus conocimientos de dirección de proyectos pueden ser útiles en otros campos.

Intenta identificar sectores en alza, puestos más demandados, y mira en cuáles podrías encajar con más facilidad.

7. Complementa tu formación

Compara lo que sabes con lo que demanda el mercado y apresúrate a rellenar los huecos. Ya que tienes tiempo dedícalo a formarte. Si los cursos que hay en el INEM son muy básicos y no encajan en tu perfil, paga otros de tu bolsillo si es preciso.

8. Vete un par de meses a Inglaterra o Irlanda

Si no tienes un nivel de inglés aceptable, como para tener una conversación profesional, es el momento de ponerte al día. El nivel de vida ahora no es mucho más caro, y es probable que puedas encontrar un trabajo, aunque sea cutre, para compensar los gastos. Quién sabe, a lo mejor incluso encuentras un trabajo que se ajuste a tus expectativas.

No es que saber inglés te abra puertas, es que no saberlo te puede cerrar muchas. Si estás dos o tres meses en un país de habla inglesa aprenderás lo suficiente como para manejarte, incluso aunque no des clases. Examinarte en el British Council para tener un título oficial, a la vuelta, cuesta alrededor de 100 euros, así que no tienes excusa para no hablar inglés de una vez.

9. Ponte a buscar trabajo desde el primer día

Aunque tengas muchos meses por delante con el dinero del “paro”, el tiempo vuela, y para cuando te des cuenta estarás angustiado pensando en cómo van cayendo las últimas hojas del calendario que marcan la fecha en que te quedarás sin nada. Empieza desde el principio a buscar trabajo.

Y buscar trabajo no es enviar curriculums idénticos sin ton ni son a cualquier empresa que se te ocurra. Eso solo vale para justificarte “es que he enviado más de tropocientos curriculums, y no he conseguido ni una entrevista…”. Ni la vas a conseguir así.

Busca en los portales de empleo, actualiza allí tu perfil, adapta y retoca tu curriculum para cada uno de los puestos a los que optas, haz un seguimiento de cada oferta… ten en cuenta que tu trabajo ahora es buscar trabajo, así que deberías dedicarle a ello al menos ocho horas diarias.

10. Usa las redes sociales profesionales

Un gran porcentaje de los trabajos se consigue a base de contactos. No se trata tanto de “enchufe”, como de confianza. LinkedIn o Xing son muy útiles para ampliar tu red de contactos profesionales, y una recomendación de un conocido común puede ser decisiva para que encuentres trabajo.

11. No prepares oposiciones

Puede parecer contradictorio, viniendo de alguien que aprobó unas oposiciones estando en paro, pero he visto a gente hundirse más en su situación por empeñarse en sacar unas oposiciones.

En tiempos de crisis las oposiciones se hacen atractivas para más gente, así que compites con más personas para conseguir un puesto y eso las hace más difíciles. Más importante: el proceso es largo, y es normal que te encuentres que has invertido un año entero para nada. En tu curriculum hay un hueco cada vez más grande así que, como el ludópata que va perdiendo en el casino, empiezas a creer que tu única oportunidad de recuperar lo invertido es seguir apostando.

Al final se te acaba la prestación, no has encontrado un trabajo en la empresa privada, no has aprobado, cada vez te enfrentas a los exámenes con más angustia (esto mina tus posibilidades de hacerlos bien), y acabas siendo “opositor” durante años.

12. Acepta cualquier trabajo

O casi cualquiera. Aunque antes tuvieras un puesto y un sueldo muy superior a los que te ofrecen ahora, es preferible aceptar casi cualquier cosa antes que seguir en paro. Aunque tengas un dinerillo ahorrado de la indemnización, y recibas una prestación todos los meses, eso se acabará antes de lo que piensas, y entonces lamentarás no haber aceptado el trabajo que ahora rechazas.

Por otro lado, es mucho más fácil conseguir un nuevo trabajo teniendo ya uno que desde el paro. Y si en tu curriculum no queda bien haber pasado a un puesto inferior, peor queda tener un hueco de meses. Al fin y al cabo, si alguien te pregunta por qué aceptaste ese trabajo, siempre puedes decir algo en la línea de “soy una persona muy trabajadora y para mí es importante ser útil y tal… además suponía una oportunidad para conocer ese sector / ampliar mi experiencia / desarrollar nuevas habilidades…”

13. Haz “chapuzas”

Tradicionalmente, la salida para muchos parados mientran encontraban otro puesto “fijo” ha sido “echar una mano al cuñado” que le pagaba unos eurillos. Esto no está limitado a fontaneros o electricistas, sino que puede hacerlo casi cualquiera: consultorías, traducciones, pequeños proyectos, clases… Además de recibir un dinero extra, te mantiene activo y te permite conocer gente que puede ser el origen de un puesto de trabajo.

La legalidad de una cosa así, es cosa de cada uno. Pero si es preciso, por la envergadura del proyecto, puedes suspender durante unas semanas la cobertura por desempleo sin perderla.

14. Piensa en el autoempleo

Si ves que haciendo esas “chapuzas” te va bien, piensa que la mejor manera de no quedarte nunca en el paro es no depender de que otro te dé trabajo. Según tus habilidades, como freelance puedes ganar mucho más trabajando menos que antes. Y sin que una crisis te deje con una mano delante y otra detrás. O incluso, si te ves con fuerzas, puedes arriesgar y crear una empresa.

15. Escribe un blog

Ahora que tienes tiempo, dedica al menos una hora al día a escribir un blog relacionado con tu sector de actividad. Es una apuesta a largo plazo, porque los primeros meses apenas te leerá nadie, pero puede ser decisivo para construir tu marca personal y que otros te vean como un experto en tu campo.

No es preciso que escribas con la precisión de Borges o la contundencia de Cela. Basta con que se te entienda, y que demuestres que sabes de lo que hablas. Si le pasas un corrector ortográfico, mejor. Mézclate en la conversación con otros bloggers, comenta en sus blogs, opina, discute, y poco a poco empezarás a ser conocido, y serás la figura de referencia para muchos que busquen a alguien con tu perfil.

Al fin y al cabo, yo sé a quién llamaría si necesitara un experto en gestión de proyectos, en procesos o en redes sociales.

Creative Commons License photo credit: * Jerry *

5 votes, 4.20 avg. rating (85% score)

¿Qué es más importante para triunfar?


Cierro la encuesta, y nuevamente discrepo de mis lectores. Un 52% cree que lo más importante para tirunfar es conocer a las personas adecuadas. Yo creo que este factor, con ser importante, es como el factor suerte. Existe, y si lo tienes todo es mucho más fácil.

El problema es que la suerte no la eliges, y conocer gente no solo depende de ti. Ojo, yo recomiendo hacer networking y conocer a cuanta más gente mejor. Primero, porque es divertido y te abre a otras formas de pensar y de hacer. Y segundo porque, efectivamente, algunas oportunidades surgen, o se facilitan, si conoces a la gente adecuada.

Lo que sí depende de tí es el trabajo. En su último libro Malcolm Gladwell sostiene que hacen falta 10.000 horas de trabajo para triunfar. Pensadlo. 10.000 horas.

Probablemente no sea exacto, pero es un buena medida de lo que necesitas hacer si no conoces a la gente adecuada y no has nacido con suerte.

Si dedicas 10.000 horas a triunfar, pueden pasar varias cosas: que tal vez la suerte llegue y te pille preparado para aprovecharla; que en ese tiempo conozcas a la persona que puede ayudarte a triunfar; que otros se retiren a las 500, a las 1.000 o a las 5.000 horas, y triunfes solo porque has aguantado más que ellos; que poquito a poquito y casi sin darte cuenta llegues en algún momento a ver que has triunfado.

Puede ser también que seas malo en lo que intentas, o que tu proyecto sea imposible y que hayas “desperdiciado” esas 10.000 horas. Pero al menos lo habrás intentado, y en el camino seguro que has aprendido muchas cosas que harán más fácil que tu próximo proyecto triunfe.

La nueva encuesta es ¿Quién tiene la culpa de la crisis?

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Tú no has tenido un problema en tu vida

Eso me dice Lucía en un comentario a mi post sobre las señales para no contratar a un candidato. Creo que tiene mucho que ver con el post que ha hecho el amigo Medinilla, que debía tener ganas de un poco de follón para acabar la semana.

Aunque no creo que haga falta, querida Lucía, te explico:

Sí he tenido problemas en mi vida. La semana pasada, uno de mis hijos estuvo en la UCI por una encefalitis. Yo he pasado por un linfoma. ¿Te parecen pocos problemas?

A lo mejor te refieres al ámbito laboral. Pues he sido despedido de una empresa, y otra dejó de pagarme y acabamos en juicio. Y como empresario, he tenido que sufrir para pagar las nóminas, y créeme que eso sí que es un problema. Y por supuesto en mis más de quince años de vida laboral he sufrido mi cuota de organizaciones absurdas, de jefes ineptos, de malos compañeros, de subordinados que intentan hacerte la cama.

Pero no me quejo. De ninguna de esas cosas, ni siquiera del linfoma. Gracias a que una empresa no me pagó, aprobé unas oposiciones y ahora soy funcionario. Gracias a que otra empresa me despidió, di el paso de crear mi propia empresa. Los palos con la gente me han hecho madurar, y descubrir también el compañerismo y la amistad en otras personas.

Y no solo no me quejo porque muchos problemas se han convertido en oportunidades, sino porque yo me comparo con la generación de mis padres, y veo lo afortunado que soy. Porque resulta que mis padres no pudieron estudiar. A los 14 años tuvieron que ponerse a trabajar. Mi padre empezó de botones en un banco y llegó a tener un puesto muy alto, entre otras cosas porque estuvo dispuesto a hacer las maletas y a cambiar de ciudad cuando le ofrecieron oportunidades.

Muchos de los nacidos en los años 30 o 40 tienen historias similares. Historias de gente que nació en una aldea, que tuvo que irse de casa y ponerse a trabajar siendo apenas un adolescente. Gente que llegó a ciudades como Madrid o Barcelona sin nada, sin conocer a nadie, y que trabajaban como negros para que sus hijos pudieran ir a la universidad y tener un futuro mejor.

Y ahora tenemos a niñatos que se quejan de cobrar 700€, a pesar de que tienen un ***Título de Ingeniero***. Que no están dispuesto a trabajar ni una hora de más. Que por esa pasta, no están dispuestos a pensar. Que llevan 15 meses en la misma empresa cobrando 678. (Comentarios reales del post de Ángel)

Francamente, no me dan ninguna pena. O mejor dicho, sí me la dan, pero no por sus condiciones laborales, sino por su falta de espíritu. Son pobre gente, desgraciados que se han convencido a sí mismos de que el mundo está en su contra y que han optado por conformarse con lo que les den para no tener que enfrentarse a nada.

Cualquiera puede cambiar su situación, y más si es universitario. Puedes cambiar de empresa, si la tuya te trata mal. Puedes formarte en tecnologías nuevas y demandadas, de manera que puedas exigir más sueldo. Puedes asumir responsabilidades y demostrar a tus jefes que pueden confiar en ti para puestos más importantes.

Y cualquier informático puede arriesgarse a montar un negocio y ser él el jefe. Solo necesitas un móvil, un PC y una conexión a Internet, y cualquier joven tiene uno. Pero es más cómodo lloriquear acusando a los malvados empresarios de lo poco que pagan a los pobrecitos trabajadores, con su título de ingeniero y todo.

Esos que se quejan en el post de Ángel pueden seguir cobrando 700€ porque ya les da para copas y coche, y viven muy cómodos con sus papás (quejándose de que no pueden comprar una casa, eso sí). No están dispuestos a dejar su ciudad, y hasta la carrera la han hecho en una universidad de tercera porque les pillaba más cerca de casa de mamá. Y ahora es mucho más fácil para cualquier informático ir a trabajar a Irlanda o Inglaterra de lo que lo era para un joven sin oficio salir del campo y emigrar a Madrid o Barcelona en los 60 o 70.

Pero los que emigraron en los 60 eran hombres y mujeres que sabían que su futuro dependía de sí mismos. Los que ahora se quejan de lo poco que les pagan y no hacen nada para cambiarlo son niñatos que no han tenido un problema en su vida.

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Crítica del salario mínimo


¿Por qué es perjudicial que exista un salario mínimo interprofesional, por debajo del cual no se puede contratar a nadie?

Pongamos un ejemplo:

Juan tiene un restaurante, le va bien y lo tiene lleno los viernes y sábados por la noche. Calcula que con un camarero más podría atender a tres mesas más cada noche, que le proporcionarían un beneficio de 300 euros adicionales al mes. Así que hace sus cuentas y piensa: “si pago 25 euros cada noche de trabajo, por 8 noches al mes, pago 200 euros, que con la Seguridad Social se me ponen en 266. Voy a ver si puedo contratar a alguien por ese dinero”.

Por otro lado, María es estudiante universitaria. Quiere ganar algún dinerillo para pagarse los libros y ayudar algo a sus padres, pero no quiere dedicar mucho tiempo. El trabajo de camarera en el restaurante de Juan le parece aceptable (aunque preferiría cobrar más, claro).

Juan y María podrían ponerse de acuerdo, y los dos saldrían beneficiados. Pero llega el gobierno, y dice que el salario mínimo diario en 2008 es de 28,42 euros si se trabajan menos de 120 días para la misma empresa. Juan hace sus cuentas, y con seguros sociales eso se le pone en 302,39 euros al mes. Más de lo que espera ganar con el trabajo de María. Así que Juan se queda con el personal que tiene, deja de ganar el dinero que esperaba y María deja de ingresar ese dinerillo que tan bien le podría venir.

¿Es un explotador Juan por querer pagar tan poco? No, simplemente no tiene margen para pagar más. También tendría que renunciar a ese ingreso extra si no encontrara a nadie dispuesto a trabajar por 25 euros la noche, por ejemplo. El empresario busca un recurso por un precio máximo. Si no lo encuentra, será que ahí no hay negocio, y se conformará con lo que tiene o buscará otras alternativas.

¿Estaría explotada María cobrando 25 euros por noche? No, porque nadie le obliga a aceptar ese trabajo. Si prueba y descubre que el sueldo no le compensa su esfuerzo, puede dejarlo y buscar otra alternativa.

El problema es que el SMI distorsiona la relación entre Juan y María, impidiendo que ambos obtengan un beneficio.

En general, el argumento para defender el SMI es que si no se establece un mínimo los empresarios fijarán sueldos ínfimos, y los trabajadores sin alternativa tendrán que aceptarlos.

El primer error es creer que el sueldo lo fijan unilateralmente los empresarios. Como hemos visto en el ejemplo, para que se produzca un contrato las dos partes tienen que considerar que salen beneficiadas. Si el trabajador cree que su tiempo vale más que el dinero que le ofrecen por él, no aceptará la oferta. El empresario, si tiene margen, tendrá que pagar más para conseguir empleados, y si no tiene margen tendrá que buscar otro negocio. Igual que le sucede cuando sube el precio de la electricidad, por ejemplo. Y es que el trabajador no es más que otro proveedor de la empresa. Unos proveen materias primas, otros suministros, y los trabajadores proveen tiempo (y habilidades).

Por otro lado, no solo el trabajador tiene la última palabra a la hora de aceptar un salario. Los empresarios (al menos los que yo conozco) no se reúnen en clubs atendidos por mayordomos a comer faisán, fumar puros y consultar la prensa económica con su monóculo, mientras acuerdan bajar aún más los salarios de los obreros. Los empresarios compiten entre sí por los mejores trabajadores. Si un empresario pretende aumentar su margen de beneficio reduciendo los sueldos, encontrará pronto que la competencia (que paga mejor) le roba a sus trabajadores, y él se queda con los más torpes, los que producen menos y generan menos ingresos.

Por último: si empresario y trabajador quieren llegar a un acuerdo, y la ley no se lo permite, existe la solución de contratar al margen de la ley. Solución mala para todos: el trabajador queda absolutamente desprotegido, precisamente como consecuencia de una medida que iba a proteger sus ingresos; la empresa se arriesga a sufrir las consecuencias de una inspección de trabajo; y el Gobierno pierde la oportunidad de cobrar sus impuestos.

Para muchas personas como estudiantes que buscan un empleo a tiempo parcial, inmigrantes sin conocimientos o jóvenes no cualificados en busca de su primer empleo, el SMI significa que o bien no pueden conseguir trabajo, o bien se les hacen contratos “en negro”.

Termino con una cita de Paul Samuelson, profesor del MIT, premio nobel de economía y no precisamente liberal (en 2003 firmó contra la reducción de impuestos de Bush) y que en 1970 decía:

¿Qué bien le hace a un joven negro saber que un empleador debe pagarle $2 por hora si la circunstancia de que se le debe pagar esa suma es lo que le impide conseguir un trabajo?

0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

Cinco señales de que no debes contratar a un candidato

1. Llega tarde a la entrevista

Quien llega tarde a una entrevista de trabajo, llegará tarde a una reunión con un cliente. Y será informal en otras cosas. La entrevista le interesa sobre todo a él, que quiere conseguir el empleo, y no es capaz de dedicar un rato el día antes para visitar tu empresa y calcular cuanto tardará en llegar. Ni siquiera es capaz de salir con tiempo suficiente el mismo día de la entrevista.

¿Crees que va a preparar adecuadamente una reunión con un cliente de la que no obtendrá un beneficio directo? ¿Crees que va a importarle llegar tarde, o no tener un trabajo preparado a tiempo?

Siempre puede haber imprevistos, y situaciones excepcionales. Pero en ese caso el candidato debe llamar por teléfono y dar una explicación convincente. No vale “hay un atasco” o “no encuentro sitio para aparcar”, porque eso solo demuestra que no has planificado bien el tiempo que necesitabas para llegar.

2. No tiene preguntas sobre tu empresa

Si cuando le explicas a qué se dedica tu empresa, qué la hace diferente y por qué es estupendo trabajar en ella el candidato se queda con cara de vaca mirando al tren, no te conviene. Si solo pregunta acerca del horario, las vacaciones, si tendrá que viajar y si hay tickets restaurante, es todavía peor.

En una gran empresa a lo mejor puedes permitirte el lujo de contar con empleados que se limiten a cumplir. Una empresa pequeña necesita gente que esté entusiasmada por lo que hace, que crea que aporta algo, que se sienta parte de un equipo. Necesitas contar con un equipo dispuesto a quedarse una noche trabajando sin dormir para preparar una demo a un cliente. Necesitas gente que llegue por la mañana diciendo “ayer estaba leyendo tal cosa, y se me ha ocurrido que podríamos…”. Necesitas gente que hable con orgullo de la empresa en la que trabaja, y no solo para quejarse de lo que le explotan o de lo poco que le pagan.

¿Es pedir demasiado? Tal vez este criterio elimine al 75% o más de los posibles candidatos. Pero más vale tardar un poco más en crecer que incorporar a personas que no van a aportar un valor extraordinario a tu empresa.

3. No muestra entusiasmo por lo que ha hecho anteriormente

Una vez entrevisté a un candidato que no tenía experiencia profesional. Se había dedicado a hacer un doctorado. Intenté que me hablara de su experiencia, con una pregunta abierta del tipo “¿de qué trataba tu tesis?”. Y me respondió con una frase escueta acerca de simular no se qué tipo de procesos. Intenté animarle a que explicara algo más: “¿utilizabas modelos matemáticos?”. Y por toda respuesta obtuve un sí. Punto.

Vamos a ver. A un tipo que se ha pasado dos o tres años dedicado a un proyecto le das la oportunidad de hablar de él ¿y no es capaz de demostrar lo importante que ha sido ese trabajo, lo interesante de las conclusiones, las repercusiones que podría tener una aplicación comercial, lo mucho que ha aprendido en ese tiempo?

Aunque el candidato esté optando a un puesto técnico, antes o después tendrá una reunión con un cliente, y tendrá que explicar qué ventajas tiene tu producto. ¿Qué crees que va a hacer? ¿Será capaz de convencerle de lo fabulosa que es tu tecnología o de los increíbles beneficios que obtendrá si te contrata? Y no se trata de que un técnico tenga que mentir ni que exagerar como un comercial de medio pelo, pero sí tiene que demostrar que cree en lo que dice, y para eso es imprescindible que demuestre interés.

4. Solo quiere sueldo fijo

Si le propones que una parte de su sueldo sea variable, y prefiere cobrar menos pero que sus ingresos sean constantes, tampoco es tu candidato. Esa es una señal de que en el mejor de los casos está dispuesto a hacer el mínimo para el que se le contrata, pero que no está dispuesto a tener ningún compromiso con los resultados de la empresa.

Debería ser evidente para alguien que aspira a entrar en una empresa de 20, 10 o menos empleados que de su trabajo depende la propia supervivencia de la empresa, y que si entra a trabajar en ella tiene que tener el máximo interés en que a la empresa le vaya bien, porque va en ello la estabilidad de su puesto de trabajo. Y en justa contrapartida debe aspirar a que se reconozca su aportación, y a recoger parte de los beneficios si consigue que las cosas vayan bien.

Desgraciadamente, en muchos casos no es así. Para demasiada gente la empresa es un ente con recursos infinitos, que tiene que pagarle todos los meses simplemente por ir a trabajar, independientemente de lo que produzca. Y esto es letal para una pequeña empresa, que normalmente tiene que hacer juegos malabares para pagar todas las facturas.

5. Menciona el convenio que se aplica en tu sector

A lo mejor alguien se me echa encima por decir esto, pero este tipo de comentarios demuestra que el candidato es o un sindicalista en potencia o un legalista. Y no puedes permitirte el lujo de contratar a ninguno de los dos.

Alguna vez vas a necesitar que tus empleados hagan algo que no aparece en su contrato, o en el convenio por el que se regula tu sector: tendrán que trabajar más horas, tendrán que desarrollar funciones diferentes, tendrán que viajar o cualquier otra cosa. Si cuando tienes una necesidad urgente en lugar de responder con entusiasmo te encuentras con que te sacan el convenio, tienes un grave problema.

Lo que necesita una pequeña empresa son “todoterrenos”, dispuestos a asumir retos y a dar un paso al frente cuando se necesitan voluntarios. Que luego pueden exigir compensaciones, claro está, pero que en el momento de crisis sean un activo y no un problema añadido.

En resumen: cuídate bien de contratar a la persona equivocada, porque en España es más difícil deshacerte de un empleado perjudicial que de un cónyuge que ya no te satisface.

1 vote, 5.00 avg. rating (92% score)

Consejos para no perder el tiempo


Un beneficio de ser emprendedor y no tener jefe es que nadie te dice lo que tienes que hacer. Pero esto tiene un reverso tenebroso: que nadie te dice lo que tienes que hacer. Y entonces aparece la tentación de procrastinar. Una palabra que en España apenas se usa, pero que los americanos tienen muy presente (buscad en Google procrastination).

No es exactamente pereza, porque no se trata de “no hacer nada”. El problema es dejar de hacer cosas que tenemos que hacer, y dedicarnos a otras. Sin un jefe que nos recuerde nuestras obligaciones, es fácil encontrar algo mejor que contabilizar unas facturas, llamar a un cliente desagradable o cualquier otra tarea que no nos apetezca en el momento.

Y sin embargo, si queremos tener éxito como emprendedores debemos ser capaces de trabajar a pleno rendimiento, sin distracciones ni aplazamientos indefinidos. Tal vez alguno de estos consejos os pueda venir bien. No pretenden ser un manual completo de cómo gestionar vuestro tiempo, sino más bien una serie de pistas para ayudaros a evitar los errores más obvios. Y si alguien tiene otras ideas o experiencias, sus comentarios serán bienvenidos.

1. No juegues. Si tu herramienta de trabajo es un ordenador, instala sólo el software que necesitas para trabajar. Elimina los juegos de Windows o Ubuntu, no instales otros juegos, ni clientes de mensajería instantánea, ni mulas o torrentes, ni siquiera las aplicaciones para aprender mecanografía o el curso de inglés. Si necesitas estas cosas y ya las tienes instaladas, cómprate otro ordenador para trabajar. Salvo que te dediques al diseño gráfico, con un portátil de 600 euros tienes más que suficiente, y recuperarás rápidamente esa inversión en horas de trabajo ganadas.

2. Desconéctate. Un ordenador conectado a Internet es una tentación permanente: comprobar el correo electrónico, ver los comentarios en tu blog, leer tus feeds RSS, responder a los comentarios en una red social… Si no quieres verte así, y no puedes resistir la tentación, apaga el router. Fija unos momentos al día para hacer estas cosas (con un tiempo límite prefijado), y desconecta el resto del tiempo.

3. Aíslate.
Pon el móvil en silencio, establece el intervalo de chequeo del correo electrónico en una hora y no en cinco minutos, apaga cualquier aviso automático de cualquier aparatejo. Y deja claro a los que te rodena que durante un tiempo no se te puede molestar. Cuando de verdad necesitas concentrarte, el mundo exterior puede esperar.

4. Llama tú primero. Si estás en un proceso que requiere concentración, una llamada telefónica puede hacerte perder horas de trabajo efectivo. Además de apagar el móvil, una estrategia que funciona en muchos casos es hacer todas las llamadas que tengas pendientes antes de ponerte a la tarea. De este modo evitas que sea la otra persona la que llame cuando a ella le conviene.

5. Separa trabajo y familia. No compruebes el saldo del banco a mitad de la mañana, ni dejes la facturación para buscar un billete de avión barato para las vacaciones. Y por supuesto no te dediques a hacer de recadero o gestoría en horas de trabajo “porque no tienes que darle explicaciones a nadie”. Dedica tiempos específicos a estas cosas, y asegúrate de que trabajas al menos ocho horas al día. Si has perdido dos horas en la mañana por un papeleo familiar, debes recuperarlas ese mismo día.

6. Haz una lista. No necesitas herramientas complicadas, un simple fichero de texto (o una hoja de una libreta) sirve. De lo que se trata es de tener visibles qué cosas tienes por hacer, de manera que no lleguen las ocho de la tarde y descubras de repente que tenías que haber llamado a un cliente, haber hecho una transferencia, haber enviado una oferta…

7. Ponte límites. A esas tareas que no quieres hacer, y que siempre retrasas, ponles una fecha límite. Si son muy complejas, divídelas en subtareas que no te lleven más de media hora, para evitar pensar eso de “ahora no tengo tiempo, cuando encuentre una mañana libre me pongo a ello…”. Una variante es ponerte citas contigo mismo, de manera que en tu agenda te aparezcan cosas como “miércoles 11:00-11:30 llamar a clientes morosos”.

8. Empieza. Si a pesar de todo hay tareas que no eres capaz de abordar, márcate como objetivo dedicar solo cinco minutos a ellas. Si luego no puedes seguir, al menos habrás hecho un poquito. Pero lo más probable es que una vez en faena descubras que no es para tanto, y puedas seguir hasta terminar.

9. Planifica. Márcate un objetivo para el día: “tengo que haber hecho esto, lo otro y lo de más allá”. Al final del día, revisa lo que te habías propuesto y lo que has hecho, y si hay grandes discrepancias piensa en qué deberías cambiar.

10. Registra. Sobre todo al principio, anota a qué dedicas el tiempo y cuánto te lleva cada tarea. Aunque pueda parecer una carga adicional de trabajo, será fundamental tanto para establecer expectativas realistas con respecto a lo que puedes conseguir como para averiguar cuánto debes cobrar por tu trabajo.

11. Adelántate. Intenta ir por delante de tus obligaciones. Esperar al último día para presentar una declaración a Hacienda, o para entregar un trabajo a un cliente, conduce casi inevitablemente a obtener peores resultados. Además, si estás en el límite cualquier imprevisto puede impedirte cumplir con tus compromisos, y eso puede ser fatal para tu prestigio frente al cliente.

12. Delega. Si hay tareas que te resultan muy difíciles de abordar, paga a alguien para que las haga por tí. Aunque te cueste un dinero, a la larga acaba compensando tener más salud mental, no quemarte en tareas odiosas, y dedicar más tiempo a lo que verdaderamente hacer crecer y prosperar a tu empresa.

1 vote, 5.00 avg. rating (92% score)