Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Siempre habrá trabajo

Los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo…

Las empresas se llevan las fábricas a China y aquí nos quedamos sin trabajo…

Los ordenadores, las máquinas y los robots hacen todo el trabajo y todos acabaremos en el paro…

Todo lo anterior es mentira. El trabajo, como la riqueza, no existe en una cantidad fija de manera que si alguien coge más otro tiene menos. El trabajo, como la riqueza, es en la práctica infinito porque siempre se puede crear más.

Durante la mayor parte de la historia se requería que más del 90% de la población trabajara en la producción de alimentos, simplemente para subsistir. Ahora podemos permitirnos tener profesiones como “monitor de pilates” o “shopping assistant”. Y si alguien cree que estas no son profesiones “como Dios manda”, que se lo piense dos veces. No es más artificial la necesidad de un “probador de videojuegos” que la de un contable.

Mientras algún ser humano tenga necesidades o deseos no satisfechos, habrá trabajo para otro ser humano capaz de satisfacer esos deseos o necesidades. Claro que muchos de estos trabajos no van a implicar acudir a un gran edificio de 9 a 5 y cobrar una cantidad fija a final de mes.

Pero si tú eres capaz de hacer algo que mejore las vidas de tus semejantes, siempre habrá quien te pague por ello.

¿Estás en paro? 5 cosas que puedes hacer HOY para mejorar tu situación

1. Aprende un idioma

En Internet tienes muchas facilidades para mejorar tu inglés o aprender otro idioma que complemente. Busuu tiene cursos y ejercicios gratis, y puedes practicar con otros usuarios. Hay diccionarios online, puedes leer la prensa en el idioma que quieras aprender, descargarte películas y series… Si dedicas 3 o 4 horas al día a aprender alemán (por ejemplo), en 6 meses debes ser capaz de entender un texto sencillo y mantener conversaciones sobre temas cotidianos.

2. Colabora con una ONG

Elige una ONG con la que te puedas sentir a gusto y ofrécete a colaborar con ella. No un ratillo a la semana. 8 horas al día, 5 días a la semana. ¿Tienes otra cosa mejor que hacer? Colaborando con la ONG te sientes útil, conoces gente, evitas que en tu curriculum haya huecos y hasta es posible que consigas trabajo, en la propia ONG cuando haya un hueco o a través de otros colaboradores.

3. Escribe un blog

¿Sabes en qué te gustaría trabajar? Abre un blog sobre ese tema ahora mismo. Si quieres que sea lo más simple posible usa wordpress.com. Más adelante podrás reservar tu propio dominio y alojarlo en un servidor de pago, pero de momento empezar te cuesta un minuto y cero euros. Escribe hoy 8 entradas. Y mañana otras 8. Y pasado mañana igual. Establece relaciones con otros bloggers del sector, mueve tus entradas en Twitter y Facebook. Después de unos meses en los que dediques 8 horas al blog, habrá aumentado tu percepción como experto en tu campo y por tanto tus posibilidades de encontrar trabajo en él.

4. Aprende a programar en Ruby on Rails

Ruby on Rails es uno de los entornos de programación más usados para aplicaciones web. Es el que usan, por ejemplo, Groupon o Twitter. Si sabes programar en Ruby on Rails, tienes trabajo. Y aunque no hayas programado en tu vida, a poco espabilado que seas puedes aprender a programar en Ruby decentemente en unos meses, si le dedicas 8 horas al día. El entorno es gratuito, hay infinidad de tutoriales y documentación gratuita, foros en los que te pueden ayudar, código de ejemplo, etc.

5. Vende algo en eBay

Revisa todos los trastos que tienes en casa y pon a la venta cualquier cosa que te sobre. Mejor, pon cuatro o cinco cosas a la venta. Ganarás algún dinero, pero sobre todo aprenderás cómo funciona el comercio electrónico. Sigue practicando, aprende a promocionar tus productos, y si ves que hay algún tipo de mercancía que tiene éxito puedes incluso comprar más. Aparte de ganar un dinerillo que no te vendrá mal, puede ser la base para abrir tu propia tienda de comercio electrónico.

Ahora, puedes empezar a razonar por qué ninguna de estas cosas funcionaría en tu caso. Puedes explicar que simplemente no hay trabajo y que los empresarios son unos explotadores y que nos gobiernan una panda de inútiles y que solo consigue trabajo quien tiene un enchufe y que no se puede hacer nada y que…

En lugar de eso, piensa: ¿qué hiciste ayer por mejorar tu situación? ¿qué vas a hacer hoy?

¿Eres informático? Cambia de profesión cuanto antes


Hasta hora, había dos clases de informático: los consultores, contratados por una empresa más o menos solvente para hacer proyectos en clientes, y los informáticos de empresa, encargados de solucionar los problemas causados por los consultores y por los usuarios.

Normalmente el mejor empleo era el segundo. Tal vez cobraras menos que de consultor, tal vez tuvieras que aguantar a usuarios torpes que cada dos por tres te hacían reinstalar su equipo tras explicar eso de “yo no he tocado nada, de verdad, se ha puesto así solo”, tal vez te tocaba deshacer los entuertos que dejaban tras de sí los consultores, tal vez tuvieras que trabajar noches y fines de semana, cuando no había usuarios, instalando o reparando cosas. Pero al menos el trabajo era seguro y tus jefes no se metían mucho contigo porque nadie entendía bien cómo hacías tu magia.

Pero ahora Google, Amazon y compañía te van a dejar sin trabajo. Cuando usas Salesforce, cuando la aplicación de gestión está en servidores de Amazon, cuando la empresa se ha pasado a GMail porque el Exchange local fallaba más que una escopeta de feria y solo podía ofrecer 200Mb a cada usuario, el departamento de informática empieza a convertirse en un gasto a eliminar.

Si lo piensas bien, tu trabajo está justificado por sistemas repletos de fallos, que requieren tu supervisión y asistencia constante para que no dejen de funcionar por completo. Los virus, esos usuarios con poder para borrar un directorio del sistema y dejarlo inutilizado, las instalaciones piratas, los servidores que se caen, las copias de seguridad engorrosas, todo contribuye a justificar tu puesto de trabajo. A pesar de los marrones que te dejan los consultores ellos también te ayudan, y no solo porque eres el único capaz de conseguir que lo que dejan funcione. Al fin y al cabo, con la millonada que han costado los sistemas, con las licencias, actualizaciones y soporte que hay que pagar, con lo que cuesta renovar cada x años el hardware, tu sueldo es una gota en la inmensidad del océano.

Tal vez no sea como para sacar pecho que tu sueldo se base en los fallos de otros, desde el fabricante del sistema operativo a los usuarios pasando por los desarrolladores, pero con eso pagas los garbanzos.

El problema es que por muy trogloditas que sean en tu empresa, solo es cuestión de tiempo que el Consejero Delegado o el Director General lean en algún medio económico algo sobre Cloud Computing, o que un colega les cuente lo que se está ahorrando desde que tiene sus servidores en la nube. Entonces te preguntarán, y tú les explicarás eso de la seguridad, la confidencialidad, que “como en casa en ninguna parte…” y ganarás un par de años, con suerte.

Pero no puedes vivir eternamente de la ignorancia de tus jefes. Los problemas que todavía tiene el Cloud Computing, la funcionalidad que todavía le falta la pregunta se resuelven cada vez más rápido. Y la pregunta volverá hasta que alguien se ponga en serio a hacer números y decida que donde antes había 10 informáticos pueden pasarse con uno o dos, que donde había uno basta con un servicio externo.

Por eso, si eres informático y trabajas para una empresa, cambia de profesión. Todavía tienes unos pocos años para adaptarte, pero el tiempo corre en tu contra.

Diez pasos para ganar 50.000€ al año


¿Quieres ganar 50.000€ al año? No es tan difícil como crees. Lleva algo de tiempo y esfuerzo, pero es perfectamente posible para la mayoría de la gente.

Esto es lo que tienes que hacer:

1. Estudia una carrera con demanda

No puedes ganar mucho dinero con cualquier profesión, y por tanto no puedes ganar mucho dinero estudiando cualquier carrera. Y es más difícil ganar 50.000€ sin tener una carrera universitaria. Puedes leer mi post sobre cómo hackear la educación universitaria para hacer la elección correcta y terminar cuanto antes.

Si estás estudiando filología o historia y quieres ganar 50.000€ algún día, deja la carrera ahora mismo y ponte a estudiar algo que el mercado valore y esté dispuesto a pagar. Ganar ese dinero es mucho más difícil estudiando enfermería que medicina. Las ciencias puras se valoran menos que las ingenierías. Así que analiza el mercado, tus posibilidades y capacidades, y decide en función de todo esto.

En los sectores de finanzas, utilities y TIC los sueldos medios son más altos. Probablemente porque tienen mayor proporción de titulados superiores, pero en cualquier caso esto acaba tirando hacia arriba de toda la estructura salarial del sector, así que no está de más que les eches un ojo.

Si ya tienes una carrera que el mercado no valora, haz lo posible por cambiar de profesión. Un master puede ayudar, o como último recurso puedes hacer un curso técnico de especialización que te permita dar un salto a un entorno profesional más valorado.

2. Empieza a trabajar en cuanto acabes la carrera

Esperar para estudiar un master o hacer una especialización es perder el tiempo. Si hace falta, ya lo harás después, cuando estés trabajando en algo concreto y tengas más claro qué formación complementaria puede realmente impulsar tu carrera.

No aceptes una beca, ni una pasantía ni “prácticas sin remunerar”. Todo eso debes haberlo hecho mientras estudiabas. Ahora supone minusvalorarte. Aunque tampoco debes ser excesivamente selectivo con el primer trabajo: es más fácil cambiar a otro empleo mejor si ya tienes uno que si estás en paro.

Ya sé que la tasa de desempleo es altísima entre los jóvenes, pero altísima quiere decir un 30%. Eso significa que un 70% tiene trabajo. Y si has elegido un sector o una profesión que el mercado valora, la tasa de paro es mucho menor. De modo que si quieres trabajar, puedes. A lo mejor debes salir de tu pueblo y marchar a Madrid, País Vasco, Barcelona o esas tierras ignotas en las que se habla inglés. Pero tendrás un trabajo al poco tiempo de acabar la carrera.

3. Empieza tu carrera profesional en el puesto adecuado

En una empresa hay tres tipos de empleados: los que traen dinero (comerciales), los que producen (técnicos) y los que solo generan costes (staff, administrativos, personal, legal…). Tienes que ser del primer tipo o del segundo, porque lo racional para la empresa es reducir el coste del tercer tipo de empleado todo lo que sea posible.

Si has elegido una profesión demandada, en un sector con buenos sueldos y produces algo o generas ingresos, lo normal es que en ese primer puesto estés ganando alrededor de 20.000€.

4. Adopta una apariencia adecuada al puesto que quieres tener

La apariencia importa mucho más de lo que nos gustaría a veces. A la hora de pensar en alguien para una promoción, los directivos de la empresa deben imaginárselo en ese papel. Si eres técnico y no trabajas con el cliente tal vez no importe que uses camisetas andrajosas y vaqueros raídos, pero será difícil que piensen en ti como jefe de proyecto, porque te imaginarán yendo a las reuniones con el cliente con esa pinta.

Fíjate en como viste en general el nivel inmediatamente superior al tuyo, y adopta esa apariencia.

5. Aprende todo lo posible en los primeros años de carrera profesional

Tu objetivo en estos primeros años no debe ser buscar unos euros más de sueldo, sino hacer curriculum. Busca empresas y puestos que aumenten tu valor, que supongan más responsabilidad, más posibilidades de aprender. En este país estamos muy obsesionados con los “títulos” y nos empeñamos en hacer cursos y más cursos. Y sin embargo lo que busca una empresa es alguien que haya demostrado que hace cosas, no una wikipedia andante. Tu valor aumentará en función de las situaciones a las que te vayas teniendo que enfrentar profesionalmente.

6. Trabaja duro y asume responsabilidades

Cada vez que haya una oportunidad de hacer algo difícil, costoso o que suponga responsabilidad, ofrécete voluntario. Aporta ideas. Demuestra iniciativa. Si tu jefe es un imbécil que no valora nada de esto, lo único que pierdes es el tiempo, y a cambio ganas experiencia y curriculum. Pero si tu jefe es simplemente normal, apreciará la oportunidad de tener cerca a alguien en quien puede confiar, y procurará recompensarte.

No te dejes enganchar por el grupillo que se reúne en torno a la máquina de café para despotricar sobre todo y sobre todos. En todas las organizaciones hay personas y procesos que podrían ser mejores, pero pasarte el día cotilleando para lo único que sirve es para minar tu moral y tus ganas de hacer cosas.

Y no te dejes convencer por tus amigos que se dedican a criticar a sus jefes y sus empresas, pero siguen trabajando día tras día en lo mismo. Claro que muchas empresas no valoran al trabajador, claro que hay empresarios zafios y explotadores. Pero basta con no trabajar para ellos, porque hay otras muchas empresas que sí valoran y recompensan el talento y el esfuerzo.

7. Llévate bien con tus jefes

Ya sé que suena a peloteo y que está mal visto, pero resulta que los jefes también son seres humanos. Y si hay una promoción o un aumento, es más fácil que piensen en alguien cercano que en un tipo oscuro con el que apenas tienen trato. Aunque la productividad del segundo sea un 17% más alta que la del primero.

No tienes que reír chistes sin gracia o llevarle los trajes al tinte. Simplemente, trata a tu jefe con educación y cercanía, escucha sus problemas, échale una mano si puedes y si no al menos muéstrale tu apoyo.

8. No seas humilde

Cuando consigas un logro, una gran venta, un proyecto terminado a tiempo, resolver un problema difícil, asegúrate de que todo el mundo se entera de lo que has hecho. Eso de la humildad estará bien en un monasterio cisterciense, pero en una empresa es fundamental que te vendas a ti mismo y que todo el mundo sepa de lo que eres capaz. Con educación, con elegancia, sin ser pesado, sin quedar como un idiota fanfarrón pero no dejes pasar ni un logro sin reconocimiento.

9. Cambia de trabajo en dos años

Salvo que estés en una organización muy grande, es muy difícil promocionar con velocidad sin salir de la empresa. Si en dos años no has progresado, cambia de trabajo a otro en el que te paguen al menos un 20% más. Si has seguido los consejos anteriores, tendrás algo que ofrecer a cambio, y ese 20% no es un salto tan radical como para que la nueva empresa no esté dispuesta a pagarlo.

Por supuesto, no quemes las naves y procura dejar un buen recuerdo, que nunca se sabe si alguna vez volverás a tener tratos profesionales con los que han sido tus colegas.

10. Repite el paso anterior cinco veces

Si repites el paso anterior cinco veces, en 10 años estás ganando 50.000€. Si has terminado la carrera con 24 años, consigues ese sueldo con menos de 35. Si has tenido suerte y has dado algún salto mayor o en menos de dos años, lo estarás ganando antes de esa edad. Hay muchos empleos en los que se pagan 50.000€ o más, así que ganar ese dinero puede no ser inmediato, pero es un objetivo alcanzable para casi cualquier persona.

Otra cosa es que realmente un sueldo de 50.000€ merezca la pena. Sí, después de explicarte cómo ganar este dinero, tengo intención de escribir otra entrada explicando por qué no deberías esforzarte en esto. Stay tuned.

Qué hacer si has terminado la carrera y no tienes trabajo

En plena crisis y con el paro por las nubes, los jóvenes que están terminando ahora sus carreras tienen unas perspectivas de encontrar trabajo poco halagüeñas. Si yo estuviera en esa situación, seguiría la estrategia que Seth Godin publicó el otro día en su blog (y que traduzco aquí):

¿Qué tal un año de postgrado haciendo alguna combinación de lo siguiente (no solo una, qué tal todo):

Dedicar veinte horas a la semana a llevar un proyecto en una ONG.

Apender Java, HTML, Flash, PHP y SQL. No un poco, dominarlos. (Aclaro: ya sé que no puedes ser un experto programador de todo esto en un año. Uso la palabra “dominar” para distinguirlo de “familiarizarse” que es lo que consigues con uno de esos libros tipo Dummies. Esperaría que pudieras escribir código que resolviera problemas, funcione y esté razonablemente claro, no que puedas programar suficientemente bien como para trabajar para Joel Spolsky. Lo siento si he levantado ampollas)

Entrena a un equipo infantil de algún deporte.

Empieza, dirige y haz crecer una comunidad on-line.

Da una charla a la semana en organizaciones locales.

Escribe regularmente una newsletter o un blog sobre un sector que te interese.

Aprende un idioma extranjero con fluidez.

Escribe tres planes de negocios detallados para proyectos en el sector que te interesa.

Autopublica un libro.

Corre una maratón.

Es mejor que un master.

Si te levantas cada mañana a las 6, dejas la tele y tratas esta lista como un trabajo, no tendrás problema en conseguir hacer todo lo que hay en ella. ¡Todo! Cuando lo hagas ¿qué pasará con tus perspectivas de trabajo?

Tú no eres superman: delega

Sacar una empresa adelante implica mucho trabajo. Hay que vender, hacer documentos, vender, negociar contratos, vender, tratar con proveedores, vender, contratar empleados, vender, producir, vender, darse a conocer, vender, gestionar dinero, vender, facturar… ¿He dicho que es importante vender?

Pronto te darás cuenta de que tú no puedes hacerlo todo. Primero porque hay cosas que simplemente ignoras. Salvo que tengas la capacidad de Leonardo da Vinci, es extraño que seas capaz de hacer la página web, diseñar la imagen coporativa, llevar la contabilidad, vender, negociar con proveedores, producir… Y aunque fueras ese superhombre (o supermujer) con conocimientos y capacidades para hacer bien todas estas cosas, simplemente no tienes tiempo.

De modo que tienes que delegar. Eso supone gastar dinero, pero tienes que hacerlo. Ese dinero que dedicas a que una gestoría te haga la contabilidad y te evite papeleos son horas y horas de trabajo ganadas para hacer que tu empresa funcione, y la tranquilidad de saber que no vas a tener sorpresas con Hacienda no tiene precio.

El problema es que muchos emprendedores no tienen claro qué deben delegar. La tentación de delegar actividades “aburridas” y quedarte con lo que más te apetece es fuerte. De modo que necesitas analizar fríamente qué es lo mejor para tu empresa, no para que te sientas “ocupado”.

Tu misión fundamental es hacer que tu empresa se desarrolle. Eso supone que tienes que dedicar tiempo al marketing y a vender. Puedes contratar a expertos si tú no lo eres, pero debes dedicar tiempo cada día a estas actividades.

El resto de las tareas depende de tus capacidades y del tipo de negocio que estás montando. Un amigo, mayorista de marisco, me decía que para ganar dinero hay que estar en Mercamadrid de madrugada (los precios se negocian en el momento en función del género), y hay que vigilar muy de cerca el reparto para evitar las mermas (unos gramos de angulas que se pierden son mucho, mucho dinero). De modo que si te dedicas al marisco no puedes no madrugar y no puedes dejar de controlar de cerca el reparto (o incluso hacerlo tú mismo).

En cualquier caso, una vez que has visto en qué áreas necesitas ayuda, tienes que resolver cómo conseguirla.

Busca un socio

Si encuentras a alguien que crea en tu proyecto y esté dispuesto a cobrar menos de lo que cobraría en otro sitio, a asumir incluso que habrá meses que no cobre, a trabajar hasta las tantas y a echar el resto, puedes intentar que comparta riesgos y beneficios. Es decir, que sea tu socio.

Si funciona, perfecto. Tienes un hombro en el que llorar vuestras penas y un compañero con el que celebrar los éxitos. Pero muchas veces es complicado: los socios pueden tener distintas percepciones sobre la empresa. Lo que para unos es una pasión para otro puede ser simplemente un pasatiempo. Hay quien vive en casa de sus padres y quien tiene que mantener a sus hijos. Si los socios son muy diferentes no se entienden, pero si son muy parecidos no se complementan.

Como dijimos antes, debes tener previsto también lo que sucede si llega la crisis y uno de los socios debe abandonar la empresa. Déjalo escrito cuando os llevéis bien, porque de lo contrario la cosa puede acabar como el divorcio de la guerra de los Rose.

Subcontrata

La contabilidad, el marketing, la secretaría… incluso las ventas y la ejecución. Todo puedes subcontratarlo. Puedes comprar productos en China, contratar que te los traigan a tu ciudad, contratar comerciales que lo vendan, publicistas que lo den a conocer, técnicos que lo instalen y le den soporte, gestores que controlen la facturación, la contabilidad y los impuestos…

Si alguien en la cadena no te gusta, simplemente contratas a otro. Todos están motivados, porque si no trabajan bien dejarán de cobrar.

Parece una buena solución, pero también tiene sus pegas. La fundamental, que como alguien falle quien da la cara ante el cliente es tu empresa. Y si es difícil controlar a un empleado, mucho más difícil es controlar a un proveedor, que puede tener intereses y necesidades que no coincidan con los tuyos. Lo que para ti es un pedido importantísimo de un cliente VIP, para tu proveedor puede ser algo rutinario que no le aporta valor y que postergará si aparece algo que a él le interese más.

Existe el riesgo también de perder el control de los clientes, e incluso que alguna de tus empresas “colaboradoras” te los levante.

Por tanto, subcontrata si es preciso, pero mira bien a quién metes en tus procesos.

Contrata autónomos

Para según que cosas, un autónomo puede ser una buena solución. Puedes tener más control sobre él que si subcontratas a una empresa, pero no te ata tanto como un empleado. Aunque también hay que tener cuidado con ciertas cosas.

Puede intentar quitarte los clientes, por ejemplo. Para evitarlo, pídele que se identifique siempre como perteneciente a tu empresa. Es muy recomendable proporcionarle una cuenta de correo electrónico de tu empresa para que la use en sus comunicaciones con tus clientes, y pedirle que te reenvíe una copia de todos los correos. Controla también a diario qué hace en cada cliente, sobre todo si luego vas a facturar por horas.

Y está el problema de su dedicación. Si más del 75% de su facturación la hace a tu empresa, estamos ante un TRADE. Eso significa Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente, y es un engendro del nuevo Estatuto de los Autónomos por el que se crea una figura mixta entre el empleado y el autónomo. Si tienes un TRADE, tienes que pagarle vacaciones e incluso indemnizarle en caso de cesar la relación contractual.

Todavía no está claro cómo se va a regular esto, pero es evidente que habrá problemas. Por ejemplo, supongamos que contrato a una persona que hace unos trabajos al mes que le llevan una mañana, por los que cobra una cantidad relativamente pequeña, pongamos 250 euros. Yo no considero que eso sea un TRADE, por lo que no le trato como tal. Pero después de un año, resulta que el individuo solo trabaja para mí, con lo que factura a mi empresa el 100% de sus ingresos. ¿Es en ese caso un TRADE? ¿Está obligada mi empresa a pagarle vacaciones (en su parte proporcional) o a indemnizarle si un día prescindo de sus servicios? ¿Hay que exigir al autónomo que va a trabajar para nosotros que nos demuestre que tiene otros clientes?

Subcontrata en países con menos nivel de vida

Esto lleva siendo una promesa desde el siglo pasado, que yo sepa. La idea parece atractiva: igual que se subcontrata la fabricación a países donde la mano de obra es muy barata, subcontratemos también los servicios.

El problema es que los servicios no son tan fáciles de subcontratar. Las software factories por ejemplo, esos entes a los que envías unas especificaciones y te devuelven código, no han resultado ser el Santo Grial de la rentabilidad informática. Vale, puedes tener un call-center en Marruecos, o en Argentina, y que te funcione razonablemente bien. Pero en cuanto aumenta la complejidad de los servicios, más difícil se hace que los problemas de calidad no acaben comiéndose los beneficios del coste de mano de obra.

Consigue que alguien te haga el trabajo gratis

Esta es la mejor opción. No tienes costes, no tienes empleados contratados, todo son beneficios… No, no es imposible conseguir que alguien trabaje gratis para ti. Todo es cuestión de que quien lo haga obtenga a cambio algo que le compense.

Un ejemplo de modelo de negocio que usa trabajo gratis es el desarrollo de software libre. Ojo, si quieres crear una empresa de éxito necesitas tener un equipo de programadores propio además de los voluntarios. Pero tener cientos o miles de testeadores, de programadores que corrigen bugs o de diseñadores trabajando gratis sin duda ayuda a que todo sea mejor y más fácil.

Otro caso es el de los sitios web en los que los usuarios crean el contenido. ¿Quieres hacerte rico trabajando 4 horas a la semana? Esta es tu mejor opción.

Claro que tener un proyecto de software libre o una web con miles de usuarios que trabajen gratis es casi tan difícil como ganar a la lotería. Si no, lo haría todo el mundo, y no habría voluntarios suficientes para todos.

En resumen, si tienes necesidad de que alguien te eche una mano en tu empresa, no es descabellado seguir esta estrategia:

1. Distingue entre una necesidad puntual y un crecimiento permanente. A un problema puntual, dale una solución puntual.

2. Contrata autónomos o subcontrata a otras empresas, en función de las necesidades.

3. Para funciones esenciales, busca un socio que se comprometa con el proyecto.

4. Si no te queda más remedio, contrata personal. Pero asesórate bien para minimizar los errores.

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El peor compañero de trabajo

Scott Adams habla en su blog del peor compañero de trabajo que tuvo. Básicamente el tipo se escaqueaba de mala manera, después empezó a beber y a drogarse y acabó estrangulando con un cinturón a un “amigo” en una pelea. No sé si esto último le califica como “mal compañero”, porque por lo que cuenta Adams lo hizo en una habitación de hotel y no en la oficina.

Yo no he visto asesinatos, pero he tenido unos cuantos compañeros difíciles de sobrellevar. Pelotas, artistas del escaqueo, inútiles que no quieren dejar de serlo, sindicalistas… Creo que el peor fue un tipo gritón y maleducado que durante un tiempo entró en guerra conmigo por distintas causas: tenía celos respecto a nuestros ámbitos de competencia, pretendía que mi departamento asumiera costes que según mi opinión correspondían al suyo… El problema es que además todo lo hacía en público y muchas veces con gritos y malos modos. Lo menos que puedes pedir cuando alguien te intenta hacer la cama, es que sea discreto. Así cada uno hace sus maniobras, ataca/se defiende, pero todo con elegancia, sin derramamientos de sangre innecesarios.

Al final, después de varios encontronazos, llegué a la conclusión de que el enfrentamiento abierto nos perjudicaba a ambos, porque delante de otros aparecíamos como dos energúmenos incapaces de tener un trato normal. Fui a su despacho, le dije abiertamente que no podíamos seguir así, tuvimos una conversación educada y llegamos a una “entente cordial”, y simplemente pasamos a ignorarnos cuanto podíamos y tratarnos a través de terceras personas cuando no quedaba más remedio. Problema resuelto.

Como veis, nada del otro mundo: ni asesinatos, ni alcohólicos, ni nada por el estilo.

¿Alguien se anima a hablarnos de su peor compañero de trabajo? A mí es fácil superarme pero ¿hay quien supera a Scott Adams? ¿algún pedófilo, acosador sexual, matón tabernario?

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¿Qué es más importante para triunfar?


Cierro la encuesta, y nuevamente discrepo de mis lectores. Un 52% cree que lo más importante para tirunfar es conocer a las personas adecuadas. Yo creo que este factor, con ser importante, es como el factor suerte. Existe, y si lo tienes todo es mucho más fácil.

El problema es que la suerte no la eliges, y conocer gente no solo depende de ti. Ojo, yo recomiendo hacer networking y conocer a cuanta más gente mejor. Primero, porque es divertido y te abre a otras formas de pensar y de hacer. Y segundo porque, efectivamente, algunas oportunidades surgen, o se facilitan, si conoces a la gente adecuada.

Lo que sí depende de tí es el trabajo. En su último libro Malcolm Gladwell sostiene que hacen falta 10.000 horas de trabajo para triunfar. Pensadlo. 10.000 horas.

Probablemente no sea exacto, pero es un buena medida de lo que necesitas hacer si no conoces a la gente adecuada y no has nacido con suerte.

Si dedicas 10.000 horas a triunfar, pueden pasar varias cosas: que tal vez la suerte llegue y te pille preparado para aprovecharla; que en ese tiempo conozcas a la persona que puede ayudarte a triunfar; que otros se retiren a las 500, a las 1.000 o a las 5.000 horas, y triunfes solo porque has aguantado más que ellos; que poquito a poquito y casi sin darte cuenta llegues en algún momento a ver que has triunfado.

Puede ser también que seas malo en lo que intentas, o que tu proyecto sea imposible y que hayas “desperdiciado” esas 10.000 horas. Pero al menos lo habrás intentado, y en el camino seguro que has aprendido muchas cosas que harán más fácil que tu próximo proyecto triunfe.

La nueva encuesta es ¿Quién tiene la culpa de la crisis?

Tú no has tenido un problema en tu vida

Eso me dice Lucía en un comentario a mi post sobre las señales para no contratar a un candidato. Creo que tiene mucho que ver con el post que ha hecho el amigo Medinilla, que debía tener ganas de un poco de follón para acabar la semana.

Aunque no creo que haga falta, querida Lucía, te explico:

Sí he tenido problemas en mi vida. La semana pasada, uno de mis hijos estuvo en la UCI por una encefalitis. Yo he pasado por un linfoma. ¿Te parecen pocos problemas?

A lo mejor te refieres al ámbito laboral. Pues he sido despedido de una empresa, y otra dejó de pagarme y acabamos en juicio. Y como empresario, he tenido que sufrir para pagar las nóminas, y créeme que eso sí que es un problema. Y por supuesto en mis más de quince años de vida laboral he sufrido mi cuota de organizaciones absurdas, de jefes ineptos, de malos compañeros, de subordinados que intentan hacerte la cama.

Pero no me quejo. De ninguna de esas cosas, ni siquiera del linfoma. Gracias a que una empresa no me pagó, aprobé unas oposiciones y ahora soy funcionario. Gracias a que otra empresa me despidió, di el paso de crear mi propia empresa. Los palos con la gente me han hecho madurar, y descubrir también el compañerismo y la amistad en otras personas.

Y no solo no me quejo porque muchos problemas se han convertido en oportunidades, sino porque yo me comparo con la generación de mis padres, y veo lo afortunado que soy. Porque resulta que mis padres no pudieron estudiar. A los 14 años tuvieron que ponerse a trabajar. Mi padre empezó de botones en un banco y llegó a tener un puesto muy alto, entre otras cosas porque estuvo dispuesto a hacer las maletas y a cambiar de ciudad cuando le ofrecieron oportunidades.

Muchos de los nacidos en los años 30 o 40 tienen historias similares. Historias de gente que nació en una aldea, que tuvo que irse de casa y ponerse a trabajar siendo apenas un adolescente. Gente que llegó a ciudades como Madrid o Barcelona sin nada, sin conocer a nadie, y que trabajaban como negros para que sus hijos pudieran ir a la universidad y tener un futuro mejor.

Y ahora tenemos a niñatos que se quejan de cobrar 700€, a pesar de que tienen un ***Título de Ingeniero***. Que no están dispuesto a trabajar ni una hora de más. Que por esa pasta, no están dispuestos a pensar. Que llevan 15 meses en la misma empresa cobrando 678. (Comentarios reales del post de Ángel)

Francamente, no me dan ninguna pena. O mejor dicho, sí me la dan, pero no por sus condiciones laborales, sino por su falta de espíritu. Son pobre gente, desgraciados que se han convencido a sí mismos de que el mundo está en su contra y que han optado por conformarse con lo que les den para no tener que enfrentarse a nada.

Cualquiera puede cambiar su situación, y más si es universitario. Puedes cambiar de empresa, si la tuya te trata mal. Puedes formarte en tecnologías nuevas y demandadas, de manera que puedas exigir más sueldo. Puedes asumir responsabilidades y demostrar a tus jefes que pueden confiar en ti para puestos más importantes.

Y cualquier informático puede arriesgarse a montar un negocio y ser él el jefe. Solo necesitas un móvil, un PC y una conexión a Internet, y cualquier joven tiene uno. Pero es más cómodo lloriquear acusando a los malvados empresarios de lo poco que pagan a los pobrecitos trabajadores, con su título de ingeniero y todo.

Esos que se quejan en el post de Ángel pueden seguir cobrando 700€ porque ya les da para copas y coche, y viven muy cómodos con sus papás (quejándose de que no pueden comprar una casa, eso sí). No están dispuestos a dejar su ciudad, y hasta la carrera la han hecho en una universidad de tercera porque les pillaba más cerca de casa de mamá. Y ahora es mucho más fácil para cualquier informático ir a trabajar a Irlanda o Inglaterra de lo que lo era para un joven sin oficio salir del campo y emigrar a Madrid o Barcelona en los 60 o 70.

Pero los que emigraron en los 60 eran hombres y mujeres que sabían que su futuro dependía de sí mismos. Los que ahora se quejan de lo poco que les pagan y no hacen nada para cambiarlo son niñatos que no han tenido un problema en su vida.

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Cinco señales de que no debes contratar a un candidato

1. Llega tarde a la entrevista

Quien llega tarde a una entrevista de trabajo, llegará tarde a una reunión con un cliente. Y será informal en otras cosas. La entrevista le interesa sobre todo a él, que quiere conseguir el empleo, y no es capaz de dedicar un rato el día antes para visitar tu empresa y calcular cuanto tardará en llegar. Ni siquiera es capaz de salir con tiempo suficiente el mismo día de la entrevista.

¿Crees que va a preparar adecuadamente una reunión con un cliente de la que no obtendrá un beneficio directo? ¿Crees que va a importarle llegar tarde, o no tener un trabajo preparado a tiempo?

Siempre puede haber imprevistos, y situaciones excepcionales. Pero en ese caso el candidato debe llamar por teléfono y dar una explicación convincente. No vale “hay un atasco” o “no encuentro sitio para aparcar”, porque eso solo demuestra que no has planificado bien el tiempo que necesitabas para llegar.

2. No tiene preguntas sobre tu empresa

Si cuando le explicas a qué se dedica tu empresa, qué la hace diferente y por qué es estupendo trabajar en ella el candidato se queda con cara de vaca mirando al tren, no te conviene. Si solo pregunta acerca del horario, las vacaciones, si tendrá que viajar y si hay tickets restaurante, es todavía peor.

En una gran empresa a lo mejor puedes permitirte el lujo de contar con empleados que se limiten a cumplir. Una empresa pequeña necesita gente que esté entusiasmada por lo que hace, que crea que aporta algo, que se sienta parte de un equipo. Necesitas contar con un equipo dispuesto a quedarse una noche trabajando sin dormir para preparar una demo a un cliente. Necesitas gente que llegue por la mañana diciendo “ayer estaba leyendo tal cosa, y se me ha ocurrido que podríamos…”. Necesitas gente que hable con orgullo de la empresa en la que trabaja, y no solo para quejarse de lo que le explotan o de lo poco que le pagan.

¿Es pedir demasiado? Tal vez este criterio elimine al 75% o más de los posibles candidatos. Pero más vale tardar un poco más en crecer que incorporar a personas que no van a aportar un valor extraordinario a tu empresa.

3. No muestra entusiasmo por lo que ha hecho anteriormente

Una vez entrevisté a un candidato que no tenía experiencia profesional. Se había dedicado a hacer un doctorado. Intenté que me hablara de su experiencia, con una pregunta abierta del tipo “¿de qué trataba tu tesis?”. Y me respondió con una frase escueta acerca de simular no se qué tipo de procesos. Intenté animarle a que explicara algo más: “¿utilizabas modelos matemáticos?”. Y por toda respuesta obtuve un sí. Punto.

Vamos a ver. A un tipo que se ha pasado dos o tres años dedicado a un proyecto le das la oportunidad de hablar de él ¿y no es capaz de demostrar lo importante que ha sido ese trabajo, lo interesante de las conclusiones, las repercusiones que podría tener una aplicación comercial, lo mucho que ha aprendido en ese tiempo?

Aunque el candidato esté optando a un puesto técnico, antes o después tendrá una reunión con un cliente, y tendrá que explicar qué ventajas tiene tu producto. ¿Qué crees que va a hacer? ¿Será capaz de convencerle de lo fabulosa que es tu tecnología o de los increíbles beneficios que obtendrá si te contrata? Y no se trata de que un técnico tenga que mentir ni que exagerar como un comercial de medio pelo, pero sí tiene que demostrar que cree en lo que dice, y para eso es imprescindible que demuestre interés.

4. Solo quiere sueldo fijo

Si le propones que una parte de su sueldo sea variable, y prefiere cobrar menos pero que sus ingresos sean constantes, tampoco es tu candidato. Esa es una señal de que en el mejor de los casos está dispuesto a hacer el mínimo para el que se le contrata, pero que no está dispuesto a tener ningún compromiso con los resultados de la empresa.

Debería ser evidente para alguien que aspira a entrar en una empresa de 20, 10 o menos empleados que de su trabajo depende la propia supervivencia de la empresa, y que si entra a trabajar en ella tiene que tener el máximo interés en que a la empresa le vaya bien, porque va en ello la estabilidad de su puesto de trabajo. Y en justa contrapartida debe aspirar a que se reconozca su aportación, y a recoger parte de los beneficios si consigue que las cosas vayan bien.

Desgraciadamente, en muchos casos no es así. Para demasiada gente la empresa es un ente con recursos infinitos, que tiene que pagarle todos los meses simplemente por ir a trabajar, independientemente de lo que produzca. Y esto es letal para una pequeña empresa, que normalmente tiene que hacer juegos malabares para pagar todas las facturas.

5. Menciona el convenio que se aplica en tu sector

A lo mejor alguien se me echa encima por decir esto, pero este tipo de comentarios demuestra que el candidato es o un sindicalista en potencia o un legalista. Y no puedes permitirte el lujo de contratar a ninguno de los dos.

Alguna vez vas a necesitar que tus empleados hagan algo que no aparece en su contrato, o en el convenio por el que se regula tu sector: tendrán que trabajar más horas, tendrán que desarrollar funciones diferentes, tendrán que viajar o cualquier otra cosa. Si cuando tienes una necesidad urgente en lugar de responder con entusiasmo te encuentras con que te sacan el convenio, tienes un grave problema.

Lo que necesita una pequeña empresa son “todoterrenos”, dispuestos a asumir retos y a dar un paso al frente cuando se necesitan voluntarios. Que luego pueden exigir compensaciones, claro está, pero que en el momento de crisis sean un activo y no un problema añadido.

En resumen: cuídate bien de contratar a la persona equivocada, porque en España es más difícil deshacerte de un empleado perjudicial que de un cónyuge que ya no te satisface.