Desencadenado

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El peor compañero de trabajo

Scott Adams habla en su blog del peor compañero de trabajo que tuvo. Básicamente el tipo se escaqueaba de mala manera, después empezó a beber y a drogarse y acabó estrangulando con un cinturón a un “amigo” en una pelea. No sé si esto último le califica como “mal compañero”, porque por lo que cuenta Adams lo hizo en una habitación de hotel y no en la oficina.

Yo no he visto asesinatos, pero he tenido unos cuantos compañeros difíciles de sobrellevar. Pelotas, artistas del escaqueo, inútiles que no quieren dejar de serlo, sindicalistas… Creo que el peor fue un tipo gritón y maleducado que durante un tiempo entró en guerra conmigo por distintas causas: tenía celos respecto a nuestros ámbitos de competencia, pretendía que mi departamento asumiera costes que según mi opinión correspondían al suyo… El problema es que además todo lo hacía en público y muchas veces con gritos y malos modos. Lo menos que puedes pedir cuando alguien te intenta hacer la cama, es que sea discreto. Así cada uno hace sus maniobras, ataca/se defiende, pero todo con elegancia, sin derramamientos de sangre innecesarios.

Al final, después de varios encontronazos, llegué a la conclusión de que el enfrentamiento abierto nos perjudicaba a ambos, porque delante de otros aparecíamos como dos energúmenos incapaces de tener un trato normal. Fui a su despacho, le dije abiertamente que no podíamos seguir así, tuvimos una conversación educada y llegamos a una “entente cordial”, y simplemente pasamos a ignorarnos cuanto podíamos y tratarnos a través de terceras personas cuando no quedaba más remedio. Problema resuelto.

Como veis, nada del otro mundo: ni asesinatos, ni alcohólicos, ni nada por el estilo.

¿Alguien se anima a hablarnos de su peor compañero de trabajo? A mí es fácil superarme pero ¿hay quien supera a Scott Adams? ¿algún pedófilo, acosador sexual, matón tabernario?

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Los principios de gestión de Scott Adams


Tal vez alguno no sepa que Scott Adams, además de dibujar los comics de Dilbert, tiene un restaurante. En el útimo post de su blog explica que no le va del todo mal, a pesar de la crisis, y que él en realidad en el restaurante hace poco más que ir a comer de vez en cuando y ver las cuentas cada día.

Feroz crítico de directivos incomptetentes, cuando puso en marcha su negocio intentó establecer unos principios de gestión que merece la pena considerar:

  1. Diviértete. Relájate.
  2. Intenta algo nuevo. A menudo. Quédate con lo que funcione.
  3. No hay castigo por una idea nueva que fracasa. Lo que importa es intentarlo.
  4. Los empleados son más importantes que los clientes.
  5. Deja de pedir la aprobación de Scott. Simplemente hazlo.
  6. Los directivos pueden ver las cuentas.
  7. Si eres un gilipollas con los compañeros te vas a la calle.
  8. Haz cualquier cosa que parezca sensata y justa para hacer felices a los clientes.
  9. Observa atentamente a la competencia y copia sus mejores ideas.

¿Qué tal? ¿Basta con estos principios o lo mejor que ha hecho Adams por su negocio es apartarse de la dirección?

Calidad y popularidad

Scott Adams ha escrito un post interesante sobre la calidad y la popularidad. Normalmente creemos que un producto de calidad consigue popularidad. Adams sostiene lo contrario: si consigues la popularidad, ganas el tiempo suficiente como para perfeccionar tu producto.

Adams pone el ejemplo de series como Los Simpson o su propio comic Dilbert, que al principio estaban realmente mal hechos, pero eran lo suficientemente diferentes y atractivos como para conseguir una popularidad que permitió a sus autores trabajar más en ellos y conseguir la calidad.

No estoy muy seguro de que sea aplicable siempre, pero desde luego es un punto de vista interesante.

Memento mori

Recuerda que vas a morir. En los triunfos romanos, cuando el general victorioso desfilaba en Roma con sus legionarios, sus prisioneros y sus trofeos, un esclavo le repetía al oído esta frase.

No está de más recordar de vez en cuando que somos mortales. Leo Babauta plantea en su último post una pregunta interesante: ¿qué harías si te quedara poco tiempo de vida? Si solo tuvieras 6 meses, ¿harías lo mismo que vas a hacer hoy? O preferirías hacer algo diferente, aprovechar esos meses al máximo.

Nadie sabe si le quedan seis meses de vida, o seis años, o sesenta. Pero el hecho es que somos mortales, como los generales romanos, y si vivimos haciendo cosas muy diferentes de las que haríamos si tuviéramos la certeza de una muerte próxima estamos desperdiciando tu vida.

Steve Jobs lo explica en su famoso discurso de Stanford: Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida.

Además de recordar que tú vas a morir, debes recordar que los que te rodean también van a morir. Algún día no estarán contigo. Scott Adams escribió ayer un post muy emotivo sobre su gata Sarah, que murió después de haberle acompañado durante 19 años. Dice Scott:

Pero hoy soy feliz, incluso más de lo habitual. Pienos en todo lo que Sarah enriqueció mi vida y estoy agradecido. Pienso en cuánto aprendí de mi relación con ella, e incluso de su muerte, y estoy agradecido por todo. Hoy todo en mi vida parece más precioso. Siempre llevaré a Sarah conmigo, y sé que soy mejor por ello.

Si meditamos un poco, seguro que todos tenemos ese sentimiento de gratitud hacia lo que hemos vivido con nuestros seres queridos. Seguro que agradecemos todo lo que hemos compartido con ellos, lo que nos han enseñado, lo que nos ha hecho crecer, ser mejores y más felices.

Pero, en el día a día, olvidamos que eso es lo importante y que debemos dar gracias cada día por poder disfrutar de ellos, y nos recriminamos pequeños detalles, discutimos por trivialidades, o simplemente damos por hecho que están ahí y actuamos como si no tuviera importancia.

Recuerda: algún día ya no tendrás a tus padres, a tu pareja, a tus amigos, a tus hijos. ¿No es ahora un buen momento para expresarles tu agradecimiento? ¿Tienes algo mejor que hacer, algo más importante, que dedicar un rato a las personas que quieres? Habla con ellos, da un paseo, cuenta un cuento a tus hijos, sal a cenar con tu pareja, disfruta de la vida con ellos.

Recuerda que eres mortal.

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La diferencia está en la recomendación

Scott Adams plantea un tema interesante: cada vez las barreras de entrada para crear una empresa, cualquier empresa, son más bajas. Ahora cualquier puede tener una fábrica “virtual” en China.

Pero si cualquiera puede convertirse en empresario, la competencia será cada vez más feroz, y eso obligará a reducir los márgenes, y por tanto el incentivo para emprender.

La única salida para Adams es confundir al consumidor, para hacerle creer que tu producto es distinto.

Estoy muy de acuerdo con él. Puede ser el diseño, puede ser la imagen de marca, puede ser la historia asociada al producto… pero la mejor forma de hacer que algo sea diferente es que te lo recomiende alguien en quien confías.

Hoy escribe Raúl sobre Malviviendo, un corto que anda circulando por Internet (en realidad, el episodio piloto de una serie que está por rodar).

Hace apenas diez años, la única alternativa para quien quisiera dedicarse a crear una serie de televisión era conseguir el favor de una de las pocas televisiones que podían emitirla. Las barreras de entrada eran altísimas, y pasaban por convencer a alguien de que tu producto iba a conseguir una determinada cuota de pantalla (con sus ingresos publicitarios asociados). Si lo conseguías, y triunfabas, te forrabas. Si no, podías decir que eras director o actor, pero te ganabas la vida de camarero.

Ahora cualquier con talento puede hacer una serie sin apenas coste. ¿Que triunfas? No tendrás unos beneficios tan disparatados como si hubieras hecho CSI, pero podrás ganarte la vida dignamente. ¿Que fracasas? Habrás perdido algo de dinero, algo de tiempo, y habrás aprendido mucho.

Pero el factor clave no es tener medios de producción baratos. El factor clave es que ahora puedes tener una plataforma de difusión prácticamente gratuita. La recomendación hace que los lectores de Raúl, o los míos (sí, a mí también me ha gustado) vean el piloto, y que muchos de ellos lo recomienden a su vez.

Ya no va a hacer falta convencer a uno de entre un puñado de directivos clave para fabricar un producto. Ahora va a ser necesario convencer a miles de pequeños influenciadores. Sean estos bloggers como su seguro servidor, individuos que envían un correo electrónico a un puñado de amigos o miembros de una red social que enlazan y comentan.

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Dilbert en el blog

Desde hoy podéis leer la tira diaria de Dilbert en Desencadenado. Esta ahí, a la derecha. Y no solo tenéis la tira de hoy, sino también las anteriores. Y en color. Y podéis votar en cada una de ella si os ha gustado. ¿Se puede pedir más?

Ideas condenadas al fracaso


Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió hace poco en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

Probablemente, si lo que buscamos es tener un negocio mediocre, podamos conformarnos con un producto mediocre que no asuste a nadie, aunque tampoco apasione a nadie. Pero si queremos triunfar de verdad, haremos bien en hacer caso a Adams y centrarnos en conseguir el amor incondicional de al menos una parte del mercado.