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Crear una empresa es como apostar en la ruleta

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  2. Por qué tres es mejor que una

Crear una empresa es apostar. Apostar porque un producto tendrá éxito, porque el momento para lanzar una idea es el oportuno, porque el emprendedor conseguirá los recursos necesarios para poner el negocio en velocidad de crucero…

Como en el casino, algunos aciertan y la bola se para en el color por el que apostaron. Muchos otros fracasan porque sus predicciones resultan equivocadas: no hay mercado para su propuesta, no consiguen los recursos necesarios, la rentabilidad no es la esperada…

Pero a diferencia de la ruleta, en la que en principio todos los números y los colores tienen la misma probabilidad, en el juego de emprender hay muchas más variables, que hacen que el éxito de cada aventura empresarial no tenga la misma probabilidad.

Están la capacidad y experiencia del equipo emprendedor, el sector en el que pretende competir, el entorno económico, la capacidad de financiación… Algunas de estas variables, a priori, las podemos controlar. Podemos elegir un sector en auge, podemos completar el equipo con los talentos que completan al emprendedor, podemos buscar financiación, etc.

Pero incluso así estamos apostando: el sector en auge puede desplomarse de repente, el talento fichado resultar un zoquete con MBA, el socio financiero convertirse en una garrapata que no te deja moverte, y así todo.

Empezar prácticamente sin dinero, como proponemos en esta serie de posts, limita las posibilidades de elección, pero también minimiza el riesgo. Al fin y al cabo, solo puedes perder unos pocos euros.

Y tiempo, eso sí. El que no tiene dinero tiene que dedicar tiempo.

No crees una empresa. Crea tres

Conclusión de lo anterior: con el dinero que tienes en el bolsillo, en lugar de crear una empresa, empieza por crear tres. Esto puede parecer contraintuitivo, pero tiene su lógica: tener una idea es gratis, y probarla en Internet cuesta muy poco. En esas circunstancias, la mejor apuesta es hacer varias apuestas a la vez, analizar cómo se desarrollan y descartar un poco más adelante las dos peores.

La clave, claro está, está en “probarla en Internet”. Como veremos, hay muchas herramientas para hacer esto de manera eficiente. Hace 10 años, probar una idea requería estudios de mercado, desarrollo de prototipos, publicidad, inversiones… En los próximos posts explicaremos cómo puede hacerse esto de manera eficaz, usando herramientas muy baratas o gratuitas.

De momento, tienes tarea: piensa en qué tres empresas te gustaría crear.

Para elegir, no pienses en el modelo de negocio. Simplemente piensa en tres cosas que te gusten y de las que sepas mucho o estés dispuesto a aprender mucho. Vas a echarles muchas horas, así que es mejor que sea algo que te divierta, o mejor aún, que te apasione. No te preocupes por cómo ganarás dinero con ello. Si a tí te apasiona, a otros también lo hará. Y seguro que al menos alguno de los aficionados estará dispuesto a pagar dinero por algo relacionado con su pasión.

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¿Es buen momento para crear una empresa?

Veamos el dato: la creación de empresas ha disminuido en el primer semestre de 2008 un 24,53%. Parte de la explicación puede ser que es ahora más difícil acceder a la financiación necesaria para poner en marcha una empresa. Pero sin duda hay mucha gente que cree que ahora, con la crisis encima, es suicida arriesgarse a emprender.

Y sin embargo… Google creció en medio de la explosión de la burbuja de las puntocom. Consiguió la ronda de financiación más importante en 1999, cuando todo el mundo invertía en cualquier cosa que tuviera que ver con Internet, pero se dio a conocer masivamente en el 2.000, cuando competidores como Lycos (¿Alguien se acuerda de la compra millonaria de Telefónica?) estaban noqueados por los puñetazos de la realidad. Mientras a su alrededor todas la empresas importantes de su sector se retorcían entre espasmos agónicos y veían como el valor de sus acciones descendía por minutos, ellos seguían perfeccionando su producto, consiguiendo los primeros clientes corporativos y aventurándose en un nuevo modelo de negocio: la publicidad relevante.

De modo que, aunque es cierto que con un modelo de negocio mediocre y una ejecución mediocre una empresa que podrían sobrevivir en tiempos de bonanza morirá en tiempos de crisis, también es cierto que una ejecución brillante y un producto sólido pueden triunfar allí donde todo el mundo está fracasando.

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El mejor consejo para que tu empresa tenga éxito


No os perdáis este post de François Derbaix.

…tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Además de motivador, creo que expone una verdad fundamental: muchas veces son nuestros propios miedos y nuestros prejuicios los que nos impiden triunfar. Seguro que ayuda tener 25 años y (esto lo supongo yo) probablemente pocas cargas familiares para lanzarse a la aventura sin tanto miedo al fracaso.

Pero si en los últimos meses te has visto varias veces a la semana quejándote de tu sueldo, de tus jefes, de tus condiciones de trabajo y soñando con ser tú el que se ponga sus propios límites… ¿qué puedes perder por dar el salto y lanzarte a emprender?

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Elogio del riesgo


No os perdáis este artículo de Larry Elder en Libertad Digital. Os copio solo un párrafo:

Estos hombres me hablaron de las oportunidades que no habían aprovechado, no porque ofrecieran unas perspectivas pobres, sino porque temían estar corriendo demasiados riesgos. Sí, es cierto que muchos de estos empresarios comenzaron negocios y fracasaron. Pero consideraron los “fracasos” experiencias de aprendizaje que los endurecieron y les hicieron más sabios de cara a futuras oportunidades. Lamentaban, sin embargo, no haber corrido aún más riesgos. “Larry, no tengas miedo de fracasar”, me decían todos más o menos con las mismas palabras.

Los padres de unos compañeros de colegio de mis hijos tienen tres McDonalds extraordinariamente prósperos en Madrid. Ella le contó a mi mujer que cuando abrieron el primero estaban con el alma en vilo: se habían hipotecado hasta las cejas para montar aquello. Tuvieron suerte, alrededor de su McDonalds surgieron un montón de pisos habitados por familias con niños, muchas empresas abrieron sedes con miles de empleados cerca, y han ganado dinero como para abrir otros dos restaurantes. Pero si hubieran sido un poco más sensatos y no hubieran cometido la locura de arriesgar todo para abrir el primero, ahora no tendrían nada de eso.

Mi madre solía decir “el que algo quiere, algo le cuesta”, y tenía razón, como en tantas otras cosas.

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Empresario a tiempo parcial


Una de las ventajas de escribir por afición es que uno puede tomarse unas vacaciones de navidad que duren casi dos meses. Sí, ya sé: esto va contra todas las reglas del buen blogger. Pero como este blog nunca ha perseguido la actualidad, sino la reflexión, tampoco me impongo mucha disciplina con respecto a la frecuencia de los posts.

El caso es que dándole vueltas a esto me acordé de un post de Jesús Encinar, allá por octubre, que pensé que sería interesante comentar: Montar una Empresa no es un Hobby.

Os adelanto que estoy de acuerdo con él, porque lo he vivido en mi propia carne. Os cuento:

1990. Mi primer “proyecto empresarial” surgió de esta reflexión: se cobra una pasta por una aplicación de informática, y a mí me pagan muy poco a la hora. En aquella época todavía se trabajaba con márgenes decentes en informática. Así que, junto a un amigo, creamos una comunidad de bienes para hacer desarrollos de software. Llegamos a tener tres clientes, alguno de los cuales incluso nos pagó bastante bien.

Pero no dejamos el trabajo, no invertimos en marketing ni en actividad comercial, y además pronto empezaron los problemas y comprobamos porqué las empresas de informática cobraban tanto al cliente y pagaban tan poco a los programadores. Al cabo de unos meses, dejamos la actividad.

1995. Descubrí Internet, aprendí un poco de HTML, y pensé que algunas empresas querrían, como ya hacían las norteamericanas, tener una página web, y que necesitarían ayuda para hacerla. En ese momento me surgió un encargo de un desarrollo de software (en Visual Basic) y pensé: ya me meteré en el lío este más adelante. Pero ya nunca lo hice.

1999. Todo el mundo estaba loco con los portales de Internet. Yo empecé a pensar en un portal con unos servicios concretos. Después de unos meses, a principios de 2000, decidí ponerlo en marcha junto con dos compañeros de trabajo (por supuesto, sin dejar nuestro trabajo fijo).

Con la idea definida, hablé con un amigo (un alto cargo de Banesto) y me puso en contacto con Nicolás Merigó, que en ese momento era responsable de inversiones en empresas tecnológicas del Banco de Santander. Nicolás me dijo: “la idea está bien, pero ya estamos metidos en un proyecto muy parecido, que está más avanzado. Habla con ellos, para ver si podéis colaborar.” Así que le hice caso, y estuve un rato charlando con… Jesús Encinar, que estaba a punto de lanzar idealista.com. Sí, mi idea genial era también un portal inmobiliario. Pero nuevamente, los meses perdidos por no dedicar el 100% de mi tiempo al proyecto lo abortaron antes de que pudiera nacer.

2002. Con un poco de dinero mío y otro poco de algunos familiares y amigos lancé Alanta, una empresa especializada en servicios en torno al software libre. Esta vez sí a tiempo completo. De hecho, tan completo que muchos días le dedicaba casi 16 horas. Aquello fue agotador, y la escasez de recursos económicos casi nos ahoga. Pero el hecho es que, aunque yo tuve que dejar la dirección de la empresa por motivos que no vienen al caso, Alanta ha sobrevivido hasta hoy.

Conclusión: yo podría haber tenido una empresa de desarrollo de software en el 90, una consultora de Internet en el 95 o una puntocom en el 99. Pero no fui capaz de arriesgar lo suficiente como para que esos proyectos llegaran a hacerse realidad. Ojo, no me engaño: es muy posible que hubieran fracasado por falta de financiación o de experiencia por mi parte. Pero el caso es que, por mantener mi sueldo fijo, no llegué a intentarlo.

De modo que, querido lector, si tienes una idea, crees en ella, y alguien con experiencia y conocimientos la ve viable, empréndela. Total, lo único que puedes perder es dinero. Y tienes muchísimo que ganar.

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