Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Cómo ser feliz trabajando por tu cuenta IV

6. Multiplica por 100 el número de clientes

Si puedes contar a tus clientes con los dedos de las manos, o incluso si te sabes de memoria el nombre de todos tus clientes, tienes un problema. Si uno de ellos se cae, tus cuentas sufren. Así que cuando uno de ellos empieza a hacer peticiones poco razonables, agachas la cabeza y aceptas lo que sea con tal de no perderlo. Entonces ellos huelen el miedo y siguen apretando, a ver hasta dónde pueden llegar.

No hagas esto. Crea un producto que puedas vender masivamente. Mira por ejemplo lo que hizo Jarrod Drysdale: escribir un libro electrónico sobre diseño de aplicaciones web para emprendedores técnicos con poco presupuesto. Es un ejemplo perfecto de lo que decía hace unos días. No escribió un libro sobre diseño en general, creó una solución para un cliente con un problema concreto: un programador que crea una aplicación en su tiempo libre y necesita un diseño atractivo, pero no puede permitirse pagar miles de dólares a un profesional.

Jarrod consiguió más de 8.000$ en las primeras 24 horas desde que lanzó su libro, y más de 25.000$ en el primer mes. Normalmente para ganar ese dinero tendrías que conseguir 4, 5 o hasta 10 clientes individuales, con sus visitas de ventas, negociación de contratos, revisiones, aceptaciones, gestión de facturas… Es cierto que inviertes en crear el producto, pero si conoces bien a tu cliente, y sabes que tiene un problema concreto que le apremia y por el que está dispuesto a pagar, tienes muchas posibilidades de conseguir esos cientos de pequeñas ventas que compensen con creces tu inversión.

Una vez que tienes creado el producto puedes seguir haciendo ventas sin mucho esfuerzo adicional: basta con tener un enlace bien visible en tu blog, o publicarlo en Amazon, o conseguir que otra gente lo venda a cambio de una comisión. Y son ventas que, si lo montas bien, funcionan sin que tengas que hacer absolutamente nada más que ver cómo los ingresos en tu cuenta de Paypal crecen mientras tú estás en una playa del caribe… bueno, vale, esto último no suele ser cierto diga lo que diga Tim Ferriss. Ni que puedas estar tumbado sin hacer nada, ni que los ingresos te vayan a hacer millonario. Pero sí es perfectamente factible conseguir unos cientos de euros al mes con un producto. O unos miles, si lo haces muy bien y tienes una audiencia numerosa y fiel y en lugar de un producto creas cuatro o cinco.

Crear un producto proporciona otro beneficio adicional: muchos clientes no pueden o no quieren dedicar tiempo a resolver problemas en los que no son expertos. Así que alguno de ellos, después de comprar el ebook en el que explicas con detalle cómo crear una campaña de publicidad en AdWords, acabará llamándote para que le ayudes con la suya. Y será un cliente que no va a regatearte en el precio, porque tiene perfectamente claro lo que puedes hacer por él y quiere que seas tú, el que ha escrito el libro, quien lo haga.

7. Despide a tus clientes indeseables

En el momento en el que tienes decenas o centenares de pequeños clientes que te pagan un puñado de euros cada uno, te has liberado de la tiranía del cliente. Puedes devolver el dinero a cualquiera de ellos sin pestañear. Hace unas semanas recibí este email de alguien que había comprado mi curso sobre como crear una empresa en UK (dejo el texto tal cual, el suyo y el mío):

Hola, te he hecho el pago por papal y aún José nada de tus servicios espero que esto no sea un fase y la información que contenga sea válida, porque la voy a comprobar.
Me parecía una web sería, pero de momento…..

Lo comprobé y le había enviado el enlace para descargar el curso unos días antes, pero aún así me disculpé y se lo volví a reenviar. Esta fue su respuesta:

Y esta es todo?
Dame un link donde darme de alta la empresa. Como abro una cuenta desde aquí?

En fin 19€ por un resumen de lo que podría ser….. Me parece caro!

Más de 100 personas han comprado el curso, y esta fue la primera que me decía algo parecido, así que hice lo que tenía que hacer:

Hola

Acabo de hacerte una devolución del importe pagado.

Este es el enlace para crear darte de alta la empresa: Companies Made Simple

Un saludo,

Borja Prieto

No hay necesidad de discutir, ni de justificar el precio, ni nada parecido por solo 19€. Eso sí, se le recomienda que contrate con la competencia. Pasa a la “lista negra” de personas con las que no quieres trabajar. Si esa es su reacción por un curso en el que ha invertido 19€, no quiero pensar lo que sería ayudarle a crear su empresa en Inglaterra.

Otra ventaja de vender productos y cobrar cantidades pequeñas es que es fácil ofrecer una garantía absoluta de devolución. A veces no es que el cliente sea “indeseable”, simplemente sucede que tu producto no es lo que él esperaba. Yo en esos casos no tengo problema en devolver el dinero. Creo que en una venta tiene que haber dos beneficiados, si no es así, a mi no me interesa participar. Así que cuando haces una devolución de este tipo en realidad estás favoreciendo que en el futuro pueda haber otra transacción que sí sea ventajosa para ambos, porque estás creando confianza con este cliente potencial.

Despedir a un cliente que te paga unos cuantos miles de euros al año es un poco más duro, pero aún así te conviene hacerlo. Tú serás más feliz, estarás más relajado, harás mejor tu trabajo y, sobre todo, podrás dedicarte a atender a otros clientes con los que trabajar sea un placer. Que existen, y a los que no te estás dedicando porque no te atreves a despedir al indeseable.

Si no quieres enviar a tu cliente a freír espárragos o a alguna otra actividad más escatológica, prueba a subir los precios hasta un nivel que se le haga insoportable. Quién sabe, a lo mejor asume la subida y a ti cobrar el doble te compensa.

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Crear tu primer producto en poco tiempo, con poco dinero y mucho esfuerzo

Este es un post invitado. No está escrito por mi, de modo que no tiene por qué coincidir con mis puntos de vista o mis opiniones, pero me ha parecido interesante compartirlo en Desencadenado.

Quienes estén pensando en crear una empresa y a partir de ella desarrollar un negocio rentable a largo plazo, ya sabrán que no hay atajos, no existen autopistas y siempre tendrán que hacer alguna inversión, por poca que sea. En mi opinión en lo primero que debes invertir es en el producto.

Aunque no tengas dinero, si logras ser eficiente y tener a mano las herramientas adecuadas, en poco tiempo puedes tener un producto apto para su comercialización.

Si piensas que crear un producto no es necesario(¿tienes un “empleo estable”?), solo dejo para la reflexión individual una frase que lancé en Twitter hace unos días como continuación de un post en mi blog:
Lo más inestable que existe para un profesional es el “empleo estable”. Y lo dice alguien que lleva 17 años trabajando en la misma empresa, en donde está haciendo carrera, con un clima laboral satisfactorio y que es tomado en cuenta en los planes de futuro de la compañía. Está claro que si llegó a esta conclusión no es de modo reactivo, sino proactivo.

Si alguien lo duda, cabe preguntarse si es normal que en un país de los que se denominan desarrollados es normal que una de cada cinco personas en capacidad de trabajar no encuentre un empleo. Afortunadamente, los profesionales que tengan un producto propio en su portafolio minimizarán mucho el riesgo derivado de su “empleo estable” porque bien tendrán otros ingresos o bien porque tendrán una ventaja en la percepción de su marca personal, cosa que mejora mucho la empleabilidad.

Tener un producto propio dice mucho de lo que eres capaz de hacer, a diferencia del CV y ya sabes lo que dicen y aplica para el CV, el papel lo aguanta todo.

¿Qué fue primero, el producto o la empresa?

Son muchos los que crean una empresa sin tener un producto, seguramente porque tienen muy claro que quieren tener una empresa y tienen una idea general de lo que van a ofrecer pero sin haber desarrollado una oferta concreta al respecto. Esto es un error que lo viví en carne propia con mi primera y mi segunda empresa. Cuando tenía 19 años establecí con mi hermano Gabriel una empresa de servicios tecnológicos, enfocada a la venta y mantenimiento de ordenadores y venta de equipos y suministros. Habíamos estudiado el mercado, existía demanda, conocíamos a la competencia y hasta teníamos un proveedor de equipos que nos garantizaba un margen adecuado.

No obstante, nuestra empresa tenía tres problemas iniciales: el primero es que no teníamos clientes ni referencias. El segundo, es que ofrecíamos un producto genérico que vendían muchísimas empresas similares a la nuestra; casi era como no tener un producto. El tercer problema y fue el más grave de todos, es que lo que sí teníamos eran costes fijos. Eran bajos, pero fijos. Habíamos alquilado una oficina, nos dimos de alta en todo lo que la ley exigía pero que se podía haber aplazado y por tanto comenzamos a pagar impuestos y tasas, hicimos tarjetas de presentación, papelería y un largo etcétera y todo esto antes de saber si íbamos a tener clientes.

Al final, fueron viniendo las ventas y en un momento dado pudimos firmar un contrato con una sucursal del Citibank que se encontraba fuera de la ciudad y necesitaba un servicio de mantenimiento para sus servidores.
Este contrato nos aportó una relativa estabilidad ya que cubría los gastos y nos dejaba algo de dinero pero luego de tres años funcionando, decidimos que no merecía la pena continuar y quedó como un proyecto formativo que me aportó tanto o más que el máster en dirección que hice años después.

Dicen que los seres humanos no chocamos dos veces con la misma piedra, pero no es verdad. A los 24 años me embarqué en una segunda empresa, algo distinta. Había finalizado la carrera de empresariales y decidí probar con una empresa de consultoría para pymes. No solo me volví a meter en gastos fijos antes de vender y tener clientes, sino que además ahora no había ningún producto, ya que era una empresa 100% de servicios. Tenía una socia que se incorporó más tarde, Liliana, que no solo es buena consultora, sino que además es una excelente comercial siendo esto último su principal aporte.

Por tanto vinieron clientes y comenzamos a facturar y en el camino nos centramos tanto en la consultoría como en la formación. Así estuvimos tres años pero al igual que la primera experiencia, la ausencia de una base de clientes permanente producía una descompensación en la cuenta de resultados, a pesar de que se cubrían los costes y es que una empresa crea valor para sus propietarios cuando la inversión (y eso incluye el tiempo que has dedicado a crear la empresa) no solo produce rentabilidad, sino que además la rentabilidad es mayor a la que produce el dinero ocioso en el banco. Dicho de otro modo, una rentabilidad del 3% sobre la inversión está bien, pero tu empresa no crea valor a los accionistas si el banco te paga el 5% en un depósito a plazo fijo. En aquel entonces estaba en Panamá y se pagan estos tipos de interés por los depósitos bancarios.

Para mí esos dos fracasos me aportaron dos importantes lecciones que no me las enseñaron en la facultad de empresariales y que quiero compartir contigo ahora:

1. Una empresa no es más que el medio que facilita que la solución de un problema llegue a las personas

2. Un producto no es más que el medio en el cual se entrega la solución de un problema a las personas, sea un bien o sea un servicio. Un servicio se puede empaquetar.

Muchas veces los emprendedores crean la empresa antes del producto y esto trae como consecuencia que el punto de equilibrio (cuando tus ingresos son mayores a los gastos) se alargue en el tiempo porque estás financiando cosas que no tocan al inicio. Por tanto, mi consejo es que o bien la empresa sea el primer producto (ejemplo Google.com o
Toprural.com) o que el producto, sea el que sea, lo diseñes y promociones incluso antes de crear la empresa. Es lo que Borja ha comentado muchas veces aquí: antes de emitir la primera factura, y por tanto constituir legalmente tu empresa, hay muchas cosas a hacer relacionadas a buscar clientes.

Hoy en día Google en una empresa con una amplia variedad de productos pero todos vinculados a la misión de Google: “organizar la información mundial y hacerla accesible y útil de manera universal” y esto es así desde el primer producto de la empresa, el buscador, que fue creado antes de la empresa. Google, Inc. existe porque antes se creó Google, el buscador.

Soy consciente de que el ejemplo de una empresa de la magnitud de Google puede resultar intimidante para un profesional individual que tenga alguna idea de pequeño negocio en su cabeza. Pues bien, en España todo el mundo sabe que hace poco HomeAway compró Toprural, una empresa que se fundó alrededor de un producto (un buscador de alojamientos rurales), sin financiación externa, sin experiencia en el negocio, tres personas en sus inicios y sin oficinas (una habitación y el comedor de los fundadores).
Si había algo que tenían muy claro en Toprural desde el principio era que no podían apartarse del objetivo de la empresa: ayudar a las personas a encontrar el alojamiento rural que están buscando. ¡Nunca olvides cuál es el problema que quieres resolver! Si pierdes esto de vista te alejarás de tus clientes y por tanto de las ventas. Todo se centra en eso: solucionar un problema.

¿Qué problema puedo solucionar hoy?

Muchas personas piensan que se requiere de una gran idea para crear un gran producto. ¡Falso! Más que grandes ideas se necesitan buenas soluciones. Recuerda que un producto es la forma en la que entregas la solución de un problema.

Otro mito que existe es el relacionado a la innovación. Hay quien supone que para innovar hace falta hacer algo “rompedor”. ¡Falso! Innovar conlleva básicamente dos cosas:

1. Aportar valor a tu cliente, es decir solucionar su problema superando sus expectativas. No basta con resolver un problema de cualquier manera.

2. Conseguir que tu aporte sea adoptado, es decir que sea utilizado de
Forma recurrente.

Así que olvídate de encontrar una “gran idea” y deja de darle vueltas a la cabeza. Empieza a ver y a escuchar lo que sucede a tu alrededor y descubrirás un montón de problemas que no están resueltos o que están mal resueltos. Lo mejor, que alguno de esos problemas tú los puedes resolver.

Una década después de mi segunda empresa, decidí fundar la tercera (¿la tercera es la vencida? espero que no, confío en que exista una cuarta y una quinta) pero he decidido llevar el proceso desde otra perspectiva y he trabajado ahora muchas cosas de forma distinta.

Estoy absolutamente seguro que sin los dos fracasos anteriores (me ha encantado fracasar dos veces) no hubiera llegado a esta conclusión y a una reflexión que deseo compartir contigo sobre el proceso para resolver un problema. Este proceso para mí tiene tres pasos y son los siguientes:

1. Mirar hacia dentro: tiene que ver con tus deseos, habilidades, lo que te gusta hacer para ti, lo que puedes ofrecer a los demás.

2. Mirar hacia fuera: tiene que ver con los participantes del mercado, qué productos (soluciones de problemas) existen, quienes lo comercializan, de qué manera y cómo se relaciona con tu idea.

3. Resolver un problema: recuerdas lo que decía antes, “un producto no es más que el medio en el cual se entrega la solución de un problema a las personas, sea un bien o sea un servicio”. Pues bien, este paso tiene que ver con el desarrollo de tu propio producto para tu negocio basado en lo que has encontrado al mirar hacia dentro y mirar hacia fuera.

¿Miramos hacia dentro?

No suelo dar consejos que no haya puesto en práctica personalmente.
Luego de mirarme hacía dentro, conseguí concretar una frase de presentación para explicar lo que hago y por qué. Es la frase que utilizó en la mayoría de mis perfiles y dice: “Escribiendo por Afición | Formador por Vocación | Emprendiendo con Convicción”. ¿Quieres mirarte hacia dentro? Hacerlo te puede ayudar contestar las siguientes preguntas.

1. ¿Cuáles son tus aficiones? Una forma fácil de identificar las aficiones es detectar las cosas que te gusta hacer para ti mismo. En mi caso, me gusta escribir, lo hago por afición, aunque luego me sirva además para propósitos profesionales. Es por eso que uno de mis primeros productos ha sido un libro.

2. ¿Cuáles son tus vocaciones? Si lo decimos de otro modo, la pregunta puede ser ¿qué te gusta hacer para los demás? En mi caso me gusta enseñar, siempre me ha gustado la docencia, con lo cual he acabado atando la afición de escribir con la vocación de enseñar para transmitir algunos conocimientos prácticos a través de un libro que ayude a otras personas a solucionar un problema concreto. Al final, este libro se ha convertido en un producto.

3. ¿Cuáles son tus convicciones? Hacer algo para ti qué puedas compartir con lo demás está muy bien pero, si adicionalmente lo haces con un total y absoluto convencimiento pues mucho mejor. En mi caso, estoy absolutamente convencido de que emprender en buena parte es una cuestión de actitud y menos de genética. Es por ello que los productos y servicios que estoy creando implican documentos (afición de escribir) destinados a la formación profesional (vocación de enseñar) acerca de unos temas sobre los cuales tengo un convencimiento absoluto: convicción de emprender.

Fíjate que no hablo para nada de lo que sabes hacer. Doy por supuesto que tus habilidades, conocimientos y experiencias formarán parte de la creación de tu primer producto y todo ello (habilidades, conocimientos y experiencia) son muy importantes pero no son el punto de partida ya que estas cuestiones bien las puedes aprender o bien te puedes complementar
(¿Con un socio quizás?) No obstante, lo que es realmente imposible es obtener pasión de dónde no lo hay. ¡Mira hacia dentro y te sorprenderás de lo que puedes llegar a encontrar!

Para mi este es el punto de partida y aquí he puesto el ejemplo de un libro siendo un producto que requiere mucho esfuerzo, sobre todo en tiempo dedicado, pero pocos recursos económicos. No obstante, estos tres elementos son aplicables a muchos otros productos. ¿Eres un aficionado a las motocicletas con vocación por divertir a las personas? ¿Tienes afición por el turismo, vocación ecológica y la convicción de que un mundo sostenible es posible? Da igual lo que encuentres al “mirar hacia dentro”, lo importante es que seas capaz de unir todo lo que encuentres para descubrir lo que te apasiona, porque crear un producto, sea cual sea, requiere mucho esfuerzo y la pasión ayuda a mantener la constancia y acabar las cosas y uno de las mayoras causas de muchos fracasos es justamente no acabar lo que se empieza.

¿Cómo crear un producto en poco tiempo?

Ahora que sabes lo que te apasiona, te dejo mi lista de puntos clave para conseguirlo en poco tiempo.

1. Concéntrate: debes tener presente que moverte no significa avanzar.
Debes huir de todo lo que implique hacer cosas sin conseguir resultados y de las actividades improductivas. Ya te dije que todo esto va a requerir mucho esfuerzo pero el esfuerzo por sí mismo no produce nada y por tanto debes valorar que tu esfuerzo produce avances.

Te será muy útil desde el inicio del proyecto de creación de tu producto un cronograma de actividades que puedas revisar periódicamente para evaluar tus avances.

2. Empieza con un “Kick-Off”: esta palabra que viene del inglés significa lanzamiento y se utiliza mucho en los partidos de futbol americano para expresar el momento de la patada inicial. Pues bien, permítete empezar la creación de tu primer producto con un “Kick-Off” procurando que el lanzamiento, ese momento inicial, recorra toda la cancha y si es posible saque la pelota del estadio. Dicho de otro modo, permítete el tiempo suficiente, desde un ocaso hasta el amanecer, toda una tarde, un fin de semana completo, pero el tiempo que te puedas permitir y el suficiente para tener un cronograma completo que te permita organizar las siguientes sesiones de avance en tu proyecto y una buena parte del mismo bien dibujada.

3. Tu objetivo es una primera versión ÚTIL, no una primera versión completa: esto es válido para cualquier tipo de producto, sea digital o sea físico. No alargues el lanzamiento hasta tener un súper producto con mil funcionalidades. Para eso existen las versiones, las actualizaciones y las extensiones de línea. Tu objetivo es salir pronto, acabar rápido y solucionar un problema de alguien allí fuera pronto. Esto no significa entregar un mal producto, NO. Fíjate que he puesto ÚTIL en mayúsculas.
Debes procurar innovar (aportar valor con tu producto y que el mismo sea utilizado) y sin clientes pronto no hay innovación ya que la innovación implica que tu producto sea utilizado una vez y luego adoptado.

4. Encuentra un nicho: ¿Qué es un nicho? No es un mercado. El mercado es donde se encuentran compradores y vendedores. Tampoco es un segmento. El segmento del mercado es una parte del mismo que comparte para un grupo más o menos uniforme de consumidores, características y necesidades semejantes. La segmentación puede ser geográfica, demográfica, psicográfica o conductual.

¿Entonces qué es el nicho? Un nicho es una porción de un segmento de mercado, en donde los consumidores con unas características homogéneas tienen necesidades que no han sido atendidas por la oferta general del mercado.

Uno de los problemas que alargan el proceso de creación de un producto es la adecuación del mismo al consumidor objetivo. Por tanto, en la medida que tengas muy claro cuál es tu nicho podrás reducir el tiempo de desarrollo de tu producto.

5. Empieza con un infoproducto: el proceso de creación de producto que describo aquí es válido para cualquier tipo de producto pero si eres lo que denomino un Profesional Empresario, o sea un profesional que está creando una empresa mientras ocupa ocho horas diarias en otra, te vendría bien que tu primer producto sea algo en donde tanto los recursos para desarrollarlo como para posteriormente promocionarlo y distribuirlo sean muy pero muy bajos. Un infoproducto cumple con este requisito, además de ser reutilizable en todo o en parte, sirviendo también como herramienta promocional de otros productos que puedas crear eventualmente. Un infoproducto es conocimiento que soluciona un problema y que está empaquetado (cosa que no hice en mis dos primeras empresas).

Por otro lado, el infoproducto es una buena opción para los Profesionales
Empresarios que inician, porque la experiencia y el conocimiento lo tenemos todos. Si haces una exhaustiva investigación de mercado podrás determinar qué información es la que debes empaquetar para convertirla en un producto. Para ello te vendría bien tener un blog y en eso te puede ayudar Franck de Ingresos al Cuadrado.

¿Cómo crear un producto con poco dinero?

Crear un producto requiere recursos y el dinero es solo uno de esos tantos recursos. Es muy probable que no tengas suficiente dinero ni tiempo, pero estoy convencido que es más fácil conseguir tiempo que dinero en el corto plazo. Partiendo de esta idea, te dejo algunos de mis consejos y que he puesto en la práctica en mi propio caso en menor o mayor medida y con un buen resultado.

1. Organízate: todo lo que sea un “ladrón de tiempo” déjalo de lado. Te sobra tanto el programa tele-basura de la noche como el telediario. La navegación por internet que no tenga que ver con tu producto y que no se ajuste a lo que has estipulado en el cronograma que has hecho en el
“Kick-Off” está de más. Yo escribo para profesionales que al mismo tiempo que están desarrollando su proyecto mantienen un empleo por cuenta ajena. Cómo el día en el planeta Tierra dura 24 horas para todos, bien merece la pena que encuentres un hueco para que cada día a la misma hora te dediques única y exclusivamente a la creación de tu producto. Si no, tienes garantizada la prolongación en el tiempo hasta que llegué el hastío y la desmotivación.

2. Un socio podría ser una buena idea: no tienes por qué hacerlo todo tú, no seas egoísta. Siempre es preferible el 50% de algo que el 100% de nada. Un socio es útil tanto cuando no tienes las habilidades o conocimientos suficientes como cuando no tienes el tiempo o recursos necesarios. Tu socio puede ser de muchos tipos y te puede aportar muchas cosas, desde su trabajo hasta su dinero. Todo depende del producto que estés creando.

De todos modos, lo de incorporar un socio es algo a meditar a profundidad, y en especial lo del reparto de las ganancias, muchas buenas amistades se han perdido así.

3. Un infoproducto requiere principalmente el recurso tiempo: antes ya he hablado que los infoproductos permiten crear un producto en poco tiempo.
Tienen además otras ventajas, como que refuerzan tu marca personal pero además tienen otra: los puedes crear con muy poco (o ningún) dinero. Eso sí, fácil de crear no es, requiere mucho tiempo y el proceso es complejo, pero es una buena alternativa si el dinero escasea. No es broma, te va a tomar mucho tiempo si haces algo de calidad.

4. Un producto basado en web requiere poco dinero: un dominio te costará
10 Euros el primer año y un buen hosting para empezar no más de 80 Euros.
Seguramente necesitarás algunas imágenes profesionales que tendrás que comprar (1 Euro cada una quizás). Puede que con poco más de 100 Euros tengas una plataforma. Pero claro, un dominio vació es eso, un dominio vacío. Lo que hace que un sitio web tenga valor es la solución que ofrece a un problema (nunca olvides esto, el ABC es RESOLVER UN PROBLEMA). Por tanto, sucederá lo mismo que el infoproducto, prepárate a dedicar muchas horas. La ventaja de un producto basado en web es que puedes salir al mercado con una primera versión aceptable que te permita probar si en el mercado hay interés en tu producto antes de seguir dedicando más recursos (tiempo y dinero) y mejorarla sobre la marcha.

El problema, es que no seas programador web pero, hasta eso tiene solución. O inicialmente buscas un socio que sea desarrollador web o trabajas por tu cuenta una versión sin código, la lanzas y solo si la misma es aceptada te apuras a buscar un buen programador como socio para que complete el producto, pero en este caso la incorporación se produce con un producto que ya tiene demanda y clientes y eso lo cambia todo. Yo me estoy decantando por esta opción y el desarrollo de mi último producto que es un producto web, lo he hecho basado en esta idea: un sitio que soluciona un problema pero hecho sin código en su primera versión. Esto me ha permitido lanzarlo en poco tiempo. Me ha tomado seis meses pero ha sido porque he dedicado unas 15 horas a la semana a ello. Si hubiera estado desempleado cobrando el paro me hubiera tomado dos meses. Si la idea sale bien, ya mejoraremos el producto, incorporamos como socio a un programador, vendrá la codificación y las funcionalidades.

5. Crea una marca y consigue la licencia de un producto ya existente: esta es otra opción en la cual no tengo experiencia directa pero es una opción totalmente factible y que no descarto explorar a fondo en el futuro. Contactas con alguien que tiene un producto desarrollado en otro mercado y consigues que lo adapte a una marca que tú vas a explotar en tu mercado. Tu margen será mucho más bajo que si el producto fuera propio pero también es cierto que la inversión inicial tanto en tiempo y dinero será mucho más baja.

Con todo lo que he explicado aquí, está claro que crear un producto requiere mucho esfuerzo, pero también está claro que no solo es posible hacerlo en poco tiempo y con poco dinero, sino que además es necesario.
El mercado de trabajo está cambiando y aquí estamos hoy por hoy hablando de mini-jobs o de head-sharing, además de las tendencias a la externalización y deslocalización del trabajo. Así las cosas, quizás ha llegado el momento que los profesionales asalariados nos comencemos a preguntar si un solo cliente (tu empleador) es una buena idea o bien merece la pena apostar por la diversificación de tu portafolio de clientes a través de un portafolio de productos.

Yo lo tengo claro, he comenzado a crear mis productos propios y este es un camino sin retorno. Y tú ¿te apuntas?

Acerca del autor

Giancarlo Reyna Zorrilla

Consultor y formador online enfocado a los profesionales en activo que están interesados en la creación de una empresa y por tanto del primer producto o servicio de la misma. Emprendedor por convicción, se autodefine como Profesional Empresario ya que compagina su actividad de emprendedor con un empleo por cuenta ajena como Director de finanzas y tesorería en una empresa farmacéutica.

MÁS información sobre crear tu primer producto:
http://www.facebook.com/innselder/app_208195102528120

Blog: http://innselder.com/

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Vence el miedo a emprender

Este es un post invitado. No está escrito por mi, de modo que no tiene por qué coincidir con mis puntos de vista o mis opiniones, pero me ha parecido interesante compartirlo en Desencadenado.


En DESENCADENADO aprenderás como crear tu empresa, obtendrás información “real como la vida misma”.

Pero… ¿Y qué pasa con el miedo a emprender esta aventura?

Para mi es un asunto clave, porque si no somos capaces de gestionarlo, no importa la información de la que dispongamos ni lo bien que nos orienten.

Este es uno de los problemas a la hora de afrontar una decisión de este tipo.

El miedo nos lleva a querer Seguridad, a través de un trabajo estable unos ingresos recurrentes y una vida tranquila, confortable y… “segura”.

Desde pequeño me han dicho que tenía que estudiar mucho, sacar una carrera, conseguir un empleo fijo en una gran empresa o, mejor aún, trabajar para el gobierno. Esto ha funcionado durante muchos años, pero las cosas han cambiado.

En el contexto actual la Seguridad es más sensación que realidad.

Aún así hay gente que tiene empleos “indefinidos” el problema para ellos está en que a muchos no les gusta su trabajo, se aburren y están desmotivados, les gustaría hacer algo que aportara valor a la sociedad, ser útiles y tener más control sobre su forma de ganarse la vida.

Aquí la “seguridad” es un obstáculo para vivir tu vida plenamente porque te ata a algo estable y te impide dar el salto y probar.

Es por eso que la mejor forma de superar la barrera del miedo es actuando, no es necesario que montes el nuevo “Facetwitter” y factures 1000 millones de Euros.

Se trata de empezar una actividad en tu tiempo libre, un proyecto personal.

En primera instancia la mejor opción sería esta: Aventura.

Hacer lo que te gusta, buscar formas de ganarte la vida con lo que te apasiona, dejar tu empleo y “tirarte a la piscina”… entre otras cosas.

Puedes vender tu casa, invertir el dinero en tu negocio y tener fe… es muy bonito y valiente, como argumento para una película no está mal, pero no es la mejor forma de actuar para gestionar el miedo…

Existe otro plan, no es tan drástico como el anterior, pero esa es su mejor virtud…

Una “Aventura controlada”.

  • Continúas trabajando.
  • Buscas algo que te apasione.
  • Trabajas en ello, en tu tiempo libre.

Esto me lo ha enseñado mi hija de 13 meses, aún no anda muy bien… pero domina la técnica de agarrarse a una silla con una mano, mientras con la otra se centra en intentar coger la mía… antes de soltar la primera.

Cada vez estira más el intervalo de tiempo en el que está sin agarrarse a ningún punto, su confianza aumenta cada día al mismo tiempo que los metros que es capaz de andar sola.

Lo que te propongo es eso, no soltar tu empleo hasta que tengas donde agarrarte. Para eso es necesario compatibilizar las dos actividades, eso requiere tomar decisiones.

Dispones de las mismas 24h al día que Bill Gates, solo tienes que ver donde lo inviertes, analizar lo que no te aporta… y quitarle tiempo a eso.

No te pido que no veas un Madrid- Barsa, si te gusta el fútbol, pero si otros de menor interés…

Yo sigo alguna serie de televisión, pero para escribir este post he decidido dejar de ver un capítulo…

Si tienes que llegar a casa a las 7 de la tarde, estar un poco con tu familia y ponerte a la noche con lo tuyo… ¡hazlo! (como jefe no tengo precio…)

Estarás más feliz haciendo algo que te apasione, aunque tengas que esforzarte un poco.

La idea es sacar 5 horas a la semana para “tu otro yo”.

Espero que tras leerte esto, te pares un momento, y decidas empezar a pensar en ideas y alternativas para hacer en tu tiempo libre.

Te doy alguna pista:

1. Algo que te guste, que te apasione hacer.
2. Algo en lo que seas bueno, aunque tendrás que aprender.
3. Algo que aporte a los demás, que sea útil.

Acerca del autor

Me llamo Jorge Méndez Abonjo y escribo el blog de finanzas personales y crecimiento:
http://ganamasyliberate.com

Escribo semanalmente sobre ahorro, inversión y crecimiento personal con una filosofía minimalista basada en principios como la sencillez, la creación de hábitos positivos, la automatización financiera… para disfrutar la vida, con libertad.

Podrás aprender, inspirarte, animarte y motivarte. También sabrás por donde empezar para mejorar tu economía. Invito a la reflexión y, especialmente, a la acción.

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¿Por qué no estás vendiendo?

El mayor error que puedes cometer al crear una empresa es no empezar a vender cuanto antes. Para una persona creativa, hay muchas tareas en el proceso de crear una empresa que son muy gratificantes. Diseñar el producto, crear un logo, pensar en un nombre, hacer una página web, desarrollar el producto (si eres programador). Todo esto está muy bien, al acabar el día tienes la sensación de que has progresado, que tu proyecto marcha.

Pero a veces un emprendedor cae en la tentación de revisar una y otra vez el logo, de cambiar una vez más el texto de la web, de añadir una funcionalidad más a su producto. Porque trabajar en estas cosas evita enfrentarse a la prueba definitiva: presentarse delante de un cliente potencial e intentar venderle lo que hemos creado. Esto es aterrador, porque supone enfrentarse a la posibilidad de que rechace nuestra oferta. Que diga que lo que tanto esfuerzo nos ha costado crear, que esa idea que nos ha parecido tan buena y a la que hemos dedicado tanto esfuerzo, tantas noches trabajando hasta las tantas, tal vez tanto dinero, no vale. Que nadie lo quiere. Que hemos perdido el tiempo. Que en lugar de una empresa tenemos un fracaso.

Hace tiempo conté por aquí la historia de Autocad y de cómo antes empezar a desarrollar el software que les hizo millonarios a sus fundadores lo primero que hicieron fue ir a una feria con unos folletos y descubrir en qué aplicaciones estaban más interesados sus clientes.

¿Quieres un ejemplo local? Diego Mariño contó en su charla en Iniciador Madrid cómo lo primero que hizo al lanzar few ducks, su segundo proyecto, fue buscar clientes. No empezar a desarrollar el producto, mucho menos perfeccionarlo. Simplemente salir y encontrar a unos cuantos clientes que le dijeran “si haces esto que me cuentas en un par de meses, te lo compro”.

Por eso, por muy gratificante que sea ponerte delante de la pantalla del ordenador, hazte un favor a ti mismo. Deja lo que estés haciendo y busca un cliente. Alguien a quien no solo le guste lo que haces, sino que esté dispuesto a pagar por ello. Si te dice “pagaría, pero le falta la característica X”, pregunta a otros 10 o 12, y si la mayoría coinciden en que le falta X, pues ya sabes a qué tienes que dedicarte: le pones X a tu producto y vuelves a salir a vender.

Que sí, que ya sé que no tienes tarjetas de visita, que la empresa no está constituida, que en solo un par de días o una semana como mucho vas a tener la web lista… Pero todo esto no importa. Sal y vende. Es lo mejor que puedes hacer para mejorar tus probabilidades de conseguir que tu proyecto se convierta en una empresa.

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La clave para conseguir nuevos clientes


Si hay algo determinante para conseguir nuevos clientes, es la confianza. Para un cliente, es arriesgado comprarte por primera vez: desconoce la calidad de lo que ofreces, no sabe cómo respondes ante los problemas, no sabe si el precio es proporcionado…

La publicidad intenta superar esto con un mensaje del tipo “has visto nuestra marca en todas partes, somos grandes, muchos nos compran, tú también puedes hacerlo”. Pero una empresa pequeña, o recién creada, no puede pagar una campaña promocional que llegue a millones de clientes potenciales, así que esta solución está descartada.

Otra solución es usar un canal de venta que ya tenga entrada en el cliente. Si ves un producto en El Corte Inglés, por ejemplo, supones que tiene un mínimo de calidad. Si tu asesor fiscal te recomienda una nueva inversión, supones que ha verificado que es rentable. El vendedor se queda con una parte de los ingresos, pero a cambio llegas a muchos más clientes.

Si tienes suerte y lo haces bien, con el tiempo tus clientes irán recomendado tu empresa a sus conocidos. Aunque puedes forzar esto con programas de recomendación, es un proceso lento, y que controlas muy poco (puedes pedir recomendaciones, pero poco más).

También puedes usar medidas paliativas que reduzcan el riesgo, como establecer garantías de devolución o permitir periodos de prueba gratuitos. Estas medidas son eficaces, pero tienen un coste que hay que medir muy bien, porque te arriesgas a perder dinero.

Todas estas soluciones, como veis, son medidas paliativas. Lo ideal sería ir a la raíz del problema y ser capaz de generar confianza en el cliente. Que para él comprarnos sea la solución natural a su problema, que sea él mismo el que esté decida que podemos ayudarle.

Esto se puede conseguir, pero tiene un precio. No sólo económico, sino sobre todo en tiempo y esfuerzo. Tradicionalmente la clave era publicar artículos en un medio escrito o ser ponente en congresos y eventos. Lo cual tiene el problema de que hay un “guardián” que decide quién publica y quién habla, y eso es otro obstáculo que hay que saltar.

Pero ahora Internet ha cambiado todo esto. Ahora puedes tener un blog en el que demuestres que sabes de qué va tu negocio. Ahora puedes darte a conocer en redes sociales, responder a las preguntas de tus clientes potenciales, hablar con ellos, descubrir qué les preocupa, analizar qué buscan cuando piensan en contratarte, crear nuevas formas de ayudarles.

Ya no necesitas permiso de nadie para demostrar que eres un experto. Solo tienes que creer que tienes algo que aportar, y dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para hacerlo. No es inmediato, pero si realmente eres bueno en lo tuyo y consigues demostrarlo, la recompensa llegará con toda certeza.

En esta línea, Alanta (la empresa que fundé hace tiempo y a la que echo una mano cuando puedo) ha creado un servicio de creación y soporte de páginas web para profesionales liberales (médicos, abogados, psicólogos, arquitectos, asesores…), que les sirvan como plataforma para demostrar sus conocimientos y experiencia, y puedan así conseguir más clientes.

Está claro que la página es solo el vehículo, y que si quieres hacer el viaje tienes que poner combustible y conducir, pero reducir la complejidad técnica supone salvar la primera barrera. Si tu problema es el tiempo, compensa que otro te ayude con lo que puede ser más complicado.

Si te lo quieres hacer tú mismo y tienes más tiempo que dinero, una buena opción es seguir el curso de Franck Scipion, que ha llamado la Dieta Casanova, y en el que explica paso por paso cómo crear tu página web y usarla como plataforma para generar confianza y conseguir nuevos clientes.

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Tu empresa, Cristiano Ronaldo y el capital riesgo

No es que sea muy aficionado al fútbol (más bien nada), pero es imposible estar en el mundo y no enterarse siquiera someramente de las vicisitudes del Real Madrid y el Barcelona. Así que quien más quien menos sabe que el Real Madrid hizo unos cuantos fichajes millonarios para esta temporada, de los cuales uno ha salido extraordinariamente bien (CR), algún otro estrepitosamente mal (Kaká) y en el resto el resultado ha sido discreto.

Lo cual se parece mucho a lo que sucede con las sociedades de capital riesgo que invierten en los estadios iniciales de una empresa: pierden hasta la camisa en algunas inversiones, en otras apenas consiguen recuperar lo invertido y en unas pocas ganan tanto como para compensar con creces lo anterior.

Lo que tienen en común ambos procesos es que el factor riesgo (o azar) es muy fuerte. Nadie sabe si a un jugador la va a dar una pubalgia o va a volverse loco por la noche madrileña. Nadie sabe si Google va a lanzar un producto que haga competencia a una empresa arrasando con cualquier posibilidad de éxito, o si los prometedores emprendedores van a resultar ser unos mantas incapaces de conseguir sus objetivos.

Así que la estrategia, en ambos casos, es diversificar el riesgo y esperar que los éxitos compensen a los fracasos, que llegarán con absoluta certeza.

Esa estrategia no está solo al alcance de los clubes de fútbol más selectos y los inversores más experimentados. Si estás en proceso de crear tu empresa, probablemente te conviene hacer algo parecido (a escala) y probar distintas alternativas, medir su eficacia, y seleccionar la que veas que puede funcionar mejor. Dedicar mucho tiempo a hacer análisis cuando los factores desconocidos son tantos y tan importantes es simplemente absurdo. No puedes predecir el futuro, ni siquiera tienes datos suficientes como para comprender de verdad el presente, así que es mejor asumir que el fracaso estará ahí y actuar en consecuencia.

La buena noticia es que crear una web o hacer una pequeña campaña en Adwords son tareas sencillas, fáciles y baratas. Con poco esfuerzo y poco dinero puedes tener una idea de lo que puede o no puede funcionar. Y puedes continuar haciendo esto en todo el desarrollo de tu empresa: prueba, mide, compara y decide qué camino seguir.

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Lo que ganas y lo que vales

En uno de los últimos posts de Rodolfo Carpintier se plantea el tema del outsourcing y el bodyshopping y si es justo que tu empresa facture grandes cantidades mientras a ti te paga un sueldo miserable.

Vamos a hacer unos números, por aclarar. Supongamos que tienes un sueldo normalito, de 20.000 €. Un poco más que mileurista, pero nada para tirar cohetes. Recordemos que de ese sueldo a ti te llegan 16.600, el resto se lo llevan Hacienda y la Seguridad Social.

Para tu empresa, tú no cuestas 20.000€, sino bastante más. Tiene que pagar la cuota patronal de la seguridad social, lo que supone algo más de un 30% de tu sueldo bruto, es decir, 6.700 €. Y probablemente tiene que provisionar la indemnización por despido, un 12%: otros 2.400. Además, hay gastos de estructura asociados en los que la empresa incurre solo por tenerte allí: parte proporcional de edificio, limpieza, equipamiento, gestión… Esto varía mucho en función de cada empresa, pero una cantidad razonable es un 20% de tu sueldo bruto. Lo que quiere decir, sumando todos los conceptos, que si la empresa te paga 20.000€ brutos, en realidad le cuestas 33.100 €.

Ahora la pregunta es ¿qué valor le generas a tu empresa a cambio de esos 33.100 €? Si no sabes responder a esto, piénsalo bien, porque tienes un problema.Y si la respuesta es menos de esos 33.100 ya puedes espabilar, porque en cuanto alguien haga números irás a la calle.

Si estás en ventas o en producción es relativamente sencillo averiguar qué valor le proporcionas a tu empresa. Calculas lo que facturan por ti al año, o el margen que producen tus ventas, le restas tu coste, y eso es lo que la empresa gana por tenerte contratado. Si estás en backoffice el cálculo es más complicado, pero tal vez puedas calcular cuánto dinero se ahorra la empresa contigo: tal vez consigas ajustar los márgenes de los proveedores (y ampliar los de tu empresa), o haces un trabajo que de externalizarlo costaría mucho más.

Si haces estas cuentas probablemente descubrirás que, efectivamente, vales mucho más de lo que ganas. Que tu empresa factura 50.000 o 100.000€ a cambio de esos 31.000€ que les cuestas, con lo cual hay un beneficio para ella de 20.000 o 70.000 o más euros. ¿Quién se los lleva? El comercial que ha hecho la venta, el jefe de tu departamento, el resto de directivos, y al final los accionistas de la empresa, que si todo va bien se llevarán entre un 10% y un 30% del valor bruto que generas.

Ahora viene la pregunta: ¿es justo este reparto? ¿Es justo que tu trabajo suponga unos ingresos de 100.000€ al año y a ti te lleguen 16.600? Yo creo que más que justo, es inevitable.

Es inevitable que Hacienda y la Seguridad Social se lleven una parte, porque tu sueldo está controlado hasta el último céntimo, y tu empresa está obligada a recaudar para ellos.

Es inevitable que tu empresa, además de cubrir tus costes, aspire a pagar parte de sus gastos de funcionamiento, incluyendo sueldos de directivos, personal administrativo, etc. Si no lo hiciera tendría simplemente que cerrar.

Y es inevitable que los accionistas se lleven una parte del dinero, porque para eso arriesgaron ellos el suyo cuando no estaba claro que la empresa fuera a ganar ni un céntimo.

Así que si trabajas como empleado debes hacerte a la idea de que la mayor parte del valor que genera tu trabajo se lo van a repartir otros.

Claro que también puedes intentar cambiar las cosas. Puedes salir de la empresa y ser independiente. Así eres tú el que tiene el poder de capturar la mayor parte del valor que generas. Al fin y al cabo, ya sabes que hay un mercado que está dispuesto a pagar por tus servicios.

Si eres capaz de facturar 50.000€ al año y te haces autónomo, tendrás que pagar una cuota a la Seguridad Social de 3.000€ al año, y tendrás que hacer de recaudador de IVA para Hacienda. Tendrás que poner tú las herramientas de trabajo, pero podrás deducirte el IVA que pagas por ellas. Tendrás otros gastos: coche, gasolina, ordenador, ADSL, teléfono, etc. Tendrás que pagar además a un asesor fiscal para evitar líos con Hacienda. Supongamos (y ya es mucho suponer) que dedicas 1.000 € al mes a este tipo de costes asociados a tu actividad. Con esto y la Seguridad Social, aún te quedan 35.000€ netos al año.

¿Por qué prefieres seguir cobrando menos de la mitad de lo que podrías cobrar? Ah, sí. Que para facturar esos 50.000 € tendrías que salir por ahí a vender tus servicios, y eso no lo sabes hacer. Bien, siempre puedes contratar a alguien para que lo haga por ti. Eso supone un coste adicional, muy variable en función de si solo te das de alta en un portal de freelance o debes contratar servicios de marketing, pero aun así sigues ganando más dinero que en tu puesto actual. ¿Algún otro motivo?

Está claro: tu sueldo actual es seguro, cobras todos los meses, y trabajando por tu cuenta no se sabe cuánto ni cuándo vas a cobrar. Que para arriesgarte a no poder pagar la hipoteca, mejor te quedas como estás e intentas cambiar a otro puesto mejor cuando tengas una oportunidad.

De acuerdo. Es lo que piensa la mayoría de la gente. Pero no te quejes entonces de que tu empresa te paga poco y factura mucho. Eso solo sucede porque sus dueños tomaron un día la decisión contraria a la que has tomado tú. Ellos asumieron el riesgo, y como premio se llevan la mayor parte del valor. Tú has elegido la seguridad, y tienes a cambio la mayor parte del trabajo.

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Pero ¿y el riesgo?

Quien haya leído el primer post de la serie se estará preguntando si no es una locura dedicar sus escasos recursos a la improbable aventura de crear una empresa de éxito. ¿No es más sensato hacer como todo el mundo, ser prudente y buscar un trabajo como Dios manda?

Es lógico pensar eso, pero ¿no es esa línea de pensamiento la que te ha conducido al paro? ¿no es esa línea de pensamiento la que te tiene en casa, enviando currículums por decenas y sin conseguir ningún resultado?

Larry Elder, en un artículo de Libertad Digital, decía esto:

Estos hombres me hablaron de las oportunidades que no habían aprovechado, no porque ofrecieran unas perspectivas pobres, sino porque temían estar corriendo demasiados riesgos. Sí, es cierto que muchos de estos empresarios comenzaron negocios y fracasaron. Pero consideraron los “fracasos” experiencias de aprendizaje que los endurecieron y les hicieron más sabios de cara a futuras oportunidades. Lamentaban, sin embargo, no haber corrido aún más riesgos. “Larry, no tengas miedo de fracasar”, me decían todos más o menos con las mismas palabras.

Los padres de unos compañeros de colegio de mis hijos tienen tres McDonalds extraordinariamente prósperos en Madrid. Ella le contó a mi mujer que cuando abrieron el primero estaban con el alma en vilo: se habían hipotecado hasta las cejas para montar aquello. Tuvieron suerte, alrededor de su McDonalds surgieron un montón de pisos habitados por familias con niños, muchas empresas abrieron sedes con miles de empleados cerca, y han ganado dinero como para abrir otros dos restaurantes. Pero si hubieran sido un poco más sensatos y no hubieran cometido la locura de arriesgar todo para abrir el primero, ahora no tendrían nada de eso.

Otro ejemplo, contado por el protagonista:

Recuerdo una conversación de aquella época con mi “manager” en BCG, Yvan Jansen, que me decía que tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Ahora François Derbaix es socio del portal líder en turismo rural de España.

Emprender es arriesgado, cierto. Vas a tener muchos momentos malos, indudablemente. Te van a llover las críticas si fracasas, y tendrás que soportar a innumerables envidiosos si triunfas. Pero ¿realmente tienes tanto que perder?

Tienes un dinero ahorrado que debería servirte para aguantar hasta que llegue otro “trabajo fijo” pero ¿y si ese trabajo tarda en llegar y el dinero se agota? ¿tienes un plan B si eso sucede? ¿realmente es tan sensato esperar a que la crisis acabe en unos meses, al menos en lo que a ti respecta?

Por otro lado, saber que tu futuro depende del éxito de tu empresa es lo que puede ayudarte a apretar los dientes, remangarte y pasar por todas las dificultades con las que vas a encontrarte en los próximos meses.

En el año 1993 yo me encontraba en paro, pagando una hipoteca y ya con un hijo. Un amigo me habló de unas oposiciones al cuerpo superior de Informática y yo, que nunca me había planteado ser funcionario, vi una salida a mi situación. Unos meses después fui una de las 20 personas, de entre más de 700 aspirantes, que aprobamos la oposición. Entre los que quedaron fuera había muchos ingenieros informáticos y de telecomunicaciones, gente acostumbrada por su carrera a encerrarse y estudiar horas y horas.

Tuve que estudiar mientras intentaba ganar dinero, trabajando en lo que salía. Durante un mes viajaba todas las semanas a Gran Canaria, donde era el último eslabón de una cadena de subcontratas en un proyecto de las ya extintas Andersen Consulting y Digital. Cada día, después de una jornada de trabajo “al estilo Andersen”, me iba a la habitación del hotel y dedicaba al menos otras tres o cuatro horas a preparar la oposición. Tras volver a Madrid el viernes, dedicaba el sábado por la mañana a acudir a las sesiones de preparación, y el resto del fin de semana a ensayar exámenes y ejercicios.

Algunos conocidos con más experiencia y no menos capacidades lo intentaron también y todos fracasaron. Todos ellos tenían en común un trabajo estable. Para ellos la oposición era simplemente una manera de conseguir un trabajo más cómodo. Para mí significaba la salida a mi situación de precariedad. Tenía mucho más que ganar si aprobaba, y eso me ayudó a mantenerme en la carrera de fondo que supone una oposición.

De modo que sí, el riesgo existe. Puedes perder todo el dinero que tienes ahorrado y encontrarte sin nada antes de lo que sucedería si simplemente dejaras pasar el tiempo. Pero precisamente esa presión es lo que puede hacer que te superes, que rindas más de lo que nunca habías creído que podrías rendir.

Piensa en la recompensa, piensa que cada paso que des te acerca más a un futuro en el que nunca más tendrás que depender de que otros quieran darte trabajo, mira hacia el horizonte, arriésgate y gana.

Creative Commons License photo credit: Daquella manera

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De abogados, fracaso y riesgo

A raíz de la polémica surgida en torno al artículo de Javier Maestre, Raúl escribió un post interesante, en el que apuntaba que desde el punto de vista de un abogado tiene sentido esa hiperprudencia que desaconsejaría usar Google Apps (y casi cualquier otra cosa).

Vivimos en una sociedad en la que tenemos sobreabundancia de leyes. Lo ideal sería que cualquier ciudadano pudiera conocerlas (y cumplirlas) sin necesidad de técnicos expertos. Pero lo cierto es que ni siquiera los abogados conocen todas las leyes, en el mejor de los casos conocen la normativa que afecta a su especialidad. Así que no hay seguridad total acerca de las consecuencias legales de cualquier movimiento.

Por esta complejidad, entre otras cosas, el abogado es conservador. Ante cualquier decisión que le consultes, considerará todos los problemas posibles y te recomendará la opción con menos riesgo. Ejemplo: ante un empleado problemático, al que crees justificado despedir, siempre te recomendará pagar la indemnización y no ir a juicio. Porque pagando ya no tienes más problemas, y perder en un juicio será mucho más costoso. Y si él te ha recomendado la opción arriesgada, él será el culpable si sale mal.

Así que en el caso de la LOPD, o de cualquier otra ley que tenga que ver con la tecnología, el abogado actuará igual: recomendando no la opción óptima en cuanto a riesgo/beneficio, sino la que minimice el riesgo aunque sea con un mayor coste.

Precisamente hoy Seth Godin habla de objetivos que nadie confiesa: “no fracasar”, “no parecer un idiota”, “no cometer errores”… son objetivos muy comunes, y son el tipo de objetivos que, como estamos hablando, tienen los abogados.

Godin propone ponerse objetivos de fracaso: hacer tres preguntas estúpidas a la semana, arrancar varios proyectos que van a fracasar, escribir un post en tu blog con el que todo el mundo esté en desacuerdo. Y explica: “Si no tienes objetivos de este tipo, ¿exactamente cómo vas a tener suerte y destacar?”

Si tienes que tratar con abogados, prueba a decirles: mira, a pesar de tus consejos, y agradeciéndote que me expliques el riesgo que corro, voy a hacer esto. Ahora lo que necesito es que me ayudes a hacerlo de manera que el riesgo sea menor y las consecuencias negativas se reduzcan.

Y si tienes cualquier proyecto, no seas como el niño que se queda en un rincón de la clase intentando pasar desapercibido y que no le pregunte el profesor. Procura ser el niño que levanta la mano y responde a las preguntas, aunque tu respuesta esté equivocada en ocasiones. El primero a lo mejor no suspende, pero el segundo es el que tiene la oportunidad de sacar un diez.

Creative Commons License photo credit: Arkangel

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Jeff Bezos

Hoy, en la serie “vidas ejemplares” traemos a Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Y el motivo fundamental no es solo haber creado LA empresa de comercio electrónico, sino el haber sido capaz de asumir el riesgo y dejarlo todo por un proyecto con grandes probabilidades de fracasar.

Bezos, que desde pequeñito tuvo dotes ingenieriles, ganaba un buen sueldo en Wall Street. Con treinta años, y recién casado, decidió que lo que mejor se podía vender por Internet eran libros, y que habría un mercado ahí.

Nueva York es un sitio muy caro para vivir, así que analizó el mejor sitio para instalar su nueva empresa, decidió que era Seattle (en el otro extremo del país) y allí se mudó con su mujer. En un coche de segunda mano, con todas sus pertenencias en el maletero y él escribiendo en un portátil el plan de negocio de Amazon mientras su mujer conducía.

Amazon comenzó, como en tantos otros casos, con tres personas trabajando en el garaje de la casa que Bezos alquiló en Seattle. Cuando en 1.995 Amazon empezó a funcionar, habían programado que sonara una campanita en el servidor cada vez que se produjera una venta. Pronto tuvieron que suprimirlo, porque el ruido era cada vez más molesto.

Bezos no solo supo arriesgarlo todo para crear las mejores condiciones de partida para su empresa. También ha sabido mantener la calma en los tiempos difíciles. Primero cuando el gigante Barnes & Noble decidió entrar en el negocio de la venta de libros por Internet, y todos los analistas dieron por muerta a Amazon. Y después en la explosión de la burbuja, cuando las acciones de Amazon pasaron de 100 dolares a 6.

¿Es una opción vender todas tus pertenencias, dejar un trabajo fijo e invertir todos tus ahorros en la creación de una empresa? Probablemente solo para gente con los nervios muy templados, y una visión de futuro muy clara. Y tal vez se requiera también una situación excepcional como el nacimiento de Internet. En cualquier caso, Bezos es la prueba de que, a veces, el que apuesta gana.

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