Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Por qué no estás vendiendo?

El mayor error que puedes cometer al crear una empresa es no empezar a vender cuanto antes. Para una persona creativa, hay muchas tareas en el proceso de crear una empresa que son muy gratificantes. Diseñar el producto, crear un logo, pensar en un nombre, hacer una página web, desarrollar el producto (si eres programador). Todo esto está muy bien, al acabar el día tienes la sensación de que has progresado, que tu proyecto marcha.

Pero a veces un emprendedor cae en la tentación de revisar una y otra vez el logo, de cambiar una vez más el texto de la web, de añadir una funcionalidad más a su producto. Porque trabajar en estas cosas evita enfrentarse a la prueba definitiva: presentarse delante de un cliente potencial e intentar venderle lo que hemos creado. Esto es aterrador, porque supone enfrentarse a la posibilidad de que rechace nuestra oferta. Que diga que lo que tanto esfuerzo nos ha costado crear, que esa idea que nos ha parecido tan buena y a la que hemos dedicado tanto esfuerzo, tantas noches trabajando hasta las tantas, tal vez tanto dinero, no vale. Que nadie lo quiere. Que hemos perdido el tiempo. Que en lugar de una empresa tenemos un fracaso.

Hace tiempo conté por aquí la historia de Autocad y de cómo antes empezar a desarrollar el software que les hizo millonarios a sus fundadores lo primero que hicieron fue ir a una feria con unos folletos y descubrir en qué aplicaciones estaban más interesados sus clientes.

¿Quieres un ejemplo local? Diego Mariño contó en su charla en Iniciador Madrid cómo lo primero que hizo al lanzar few ducks, su segundo proyecto, fue buscar clientes. No empezar a desarrollar el producto, mucho menos perfeccionarlo. Simplemente salir y encontrar a unos cuantos clientes que le dijeran “si haces esto que me cuentas en un par de meses, te lo compro”.

Por eso, por muy gratificante que sea ponerte delante de la pantalla del ordenador, hazte un favor a ti mismo. Deja lo que estés haciendo y busca un cliente. Alguien a quien no solo le guste lo que haces, sino que esté dispuesto a pagar por ello. Si te dice “pagaría, pero le falta la característica X”, pregunta a otros 10 o 12, y si la mayoría coinciden en que le falta X, pues ya sabes a qué tienes que dedicarte: le pones X a tu producto y vuelves a salir a vender.

Que sí, que ya sé que no tienes tarjetas de visita, que la empresa no está constituida, que en solo un par de días o una semana como mucho vas a tener la web lista… Pero todo esto no importa. Sal y vende. Es lo mejor que puedes hacer para mejorar tus probabilidades de conseguir que tu proyecto se convierta en una empresa.

La clave para conseguir nuevos clientes


Si hay algo determinante para conseguir nuevos clientes, es la confianza. Para un cliente, es arriesgado comprarte por primera vez: desconoce la calidad de lo que ofreces, no sabe cómo respondes ante los problemas, no sabe si el precio es proporcionado…

La publicidad intenta superar esto con un mensaje del tipo “has visto nuestra marca en todas partes, somos grandes, muchos nos compran, tú también puedes hacerlo”. Pero una empresa pequeña, o recién creada, no puede pagar una campaña promocional que llegue a millones de clientes potenciales, así que esta solución está descartada.

Otra solución es usar un canal de venta que ya tenga entrada en el cliente. Si ves un producto en El Corte Inglés, por ejemplo, supones que tiene un mínimo de calidad. Si tu asesor fiscal te recomienda una nueva inversión, supones que ha verificado que es rentable. El vendedor se queda con una parte de los ingresos, pero a cambio llegas a muchos más clientes.

Si tienes suerte y lo haces bien, con el tiempo tus clientes irán recomendado tu empresa a sus conocidos. Aunque puedes forzar esto con programas de recomendación, es un proceso lento, y que controlas muy poco (puedes pedir recomendaciones, pero poco más).

También puedes usar medidas paliativas que reduzcan el riesgo, como establecer garantías de devolución o permitir periodos de prueba gratuitos. Estas medidas son eficaces, pero tienen un coste que hay que medir muy bien, porque te arriesgas a perder dinero.

Todas estas soluciones, como veis, son medidas paliativas. Lo ideal sería ir a la raíz del problema y ser capaz de generar confianza en el cliente. Que para él comprarnos sea la solución natural a su problema, que sea él mismo el que esté decida que podemos ayudarle.

Esto se puede conseguir, pero tiene un precio. No sólo económico, sino sobre todo en tiempo y esfuerzo. Tradicionalmente la clave era publicar artículos en un medio escrito o ser ponente en congresos y eventos. Lo cual tiene el problema de que hay un “guardián” que decide quién publica y quién habla, y eso es otro obstáculo que hay que saltar.

Pero ahora Internet ha cambiado todo esto. Ahora puedes tener un blog en el que demuestres que sabes de qué va tu negocio. Ahora puedes darte a conocer en redes sociales, responder a las preguntas de tus clientes potenciales, hablar con ellos, descubrir qué les preocupa, analizar qué buscan cuando piensan en contratarte, crear nuevas formas de ayudarles.

Ya no necesitas permiso de nadie para demostrar que eres un experto. Solo tienes que creer que tienes algo que aportar, y dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para hacerlo. No es inmediato, pero si realmente eres bueno en lo tuyo y consigues demostrarlo, la recompensa llegará con toda certeza.

En esta línea, Alanta (la empresa que fundé hace tiempo y a la que echo una mano cuando puedo) ha creado un servicio de creación y soporte de páginas web para profesionales liberales (médicos, abogados, psicólogos, arquitectos, asesores…), que les sirvan como plataforma para demostrar sus conocimientos y experiencia, y puedan así conseguir más clientes.

Está claro que la página es solo el vehículo, y que si quieres hacer el viaje tienes que poner combustible y conducir, pero reducir la complejidad técnica supone salvar la primera barrera. Si tu problema es el tiempo, compensa que otro te ayude con lo que puede ser más complicado.

Si te lo quieres hacer tú mismo y tienes más tiempo que dinero, una buena opción es seguir el curso de Franck Scipion, que ha llamado la Dieta Casanova, y en el que explica paso por paso cómo crear tu página web y usarla como plataforma para generar confianza y conseguir nuevos clientes.

Tu empresa, Cristiano Ronaldo y el capital riesgo

No es que sea muy aficionado al fútbol (más bien nada), pero es imposible estar en el mundo y no enterarse siquiera someramente de las vicisitudes del Real Madrid y el Barcelona. Así que quien más quien menos sabe que el Real Madrid hizo unos cuantos fichajes millonarios para esta temporada, de los cuales uno ha salido extraordinariamente bien (CR), algún otro estrepitosamente mal (Kaká) y en el resto el resultado ha sido discreto.

Lo cual se parece mucho a lo que sucede con las sociedades de capital riesgo que invierten en los estadios iniciales de una empresa: pierden hasta la camisa en algunas inversiones, en otras apenas consiguen recuperar lo invertido y en unas pocas ganan tanto como para compensar con creces lo anterior.

Lo que tienen en común ambos procesos es que el factor riesgo (o azar) es muy fuerte. Nadie sabe si a un jugador la va a dar una pubalgia o va a volverse loco por la noche madrileña. Nadie sabe si Google va a lanzar un producto que haga competencia a una empresa arrasando con cualquier posibilidad de éxito, o si los prometedores emprendedores van a resultar ser unos mantas incapaces de conseguir sus objetivos.

Así que la estrategia, en ambos casos, es diversificar el riesgo y esperar que los éxitos compensen a los fracasos, que llegarán con absoluta certeza.

Esa estrategia no está solo al alcance de los clubes de fútbol más selectos y los inversores más experimentados. Si estás en proceso de crear tu empresa, probablemente te conviene hacer algo parecido (a escala) y probar distintas alternativas, medir su eficacia, y seleccionar la que veas que puede funcionar mejor. Dedicar mucho tiempo a hacer análisis cuando los factores desconocidos son tantos y tan importantes es simplemente absurdo. No puedes predecir el futuro, ni siquiera tienes datos suficientes como para comprender de verdad el presente, así que es mejor asumir que el fracaso estará ahí y actuar en consecuencia.

La buena noticia es que crear una web o hacer una pequeña campaña en Adwords son tareas sencillas, fáciles y baratas. Con poco esfuerzo y poco dinero puedes tener una idea de lo que puede o no puede funcionar. Y puedes continuar haciendo esto en todo el desarrollo de tu empresa: prueba, mide, compara y decide qué camino seguir.

Lo que ganas y lo que vales

En uno de los últimos posts de Rodolfo Carpintier se plantea el tema del outsourcing y el bodyshopping y si es justo que tu empresa facture grandes cantidades mientras a ti te paga un sueldo miserable.

Vamos a hacer unos números, por aclarar. Supongamos que tienes un sueldo normalito, de 20.000 €. Un poco más que mileurista, pero nada para tirar cohetes. Recordemos que de ese sueldo a ti te llegan 16.600, el resto se lo llevan Hacienda y la Seguridad Social.

Para tu empresa, tú no cuestas 20.000€, sino bastante más. Tiene que pagar la cuota patronal de la seguridad social, lo que supone algo más de un 30% de tu sueldo bruto, es decir, 6.700 €. Y probablemente tiene que provisionar la indemnización por despido, un 12%: otros 2.400. Además, hay gastos de estructura asociados en los que la empresa incurre solo por tenerte allí: parte proporcional de edificio, limpieza, equipamiento, gestión… Esto varía mucho en función de cada empresa, pero una cantidad razonable es un 20% de tu sueldo bruto. Lo que quiere decir, sumando todos los conceptos, que si la empresa te paga 20.000€ brutos, en realidad le cuestas 33.100 €.

Ahora la pregunta es ¿qué valor le generas a tu empresa a cambio de esos 33.100 €? Si no sabes responder a esto, piénsalo bien, porque tienes un problema.Y si la respuesta es menos de esos 33.100 ya puedes espabilar, porque en cuanto alguien haga números irás a la calle.

Si estás en ventas o en producción es relativamente sencillo averiguar qué valor le proporcionas a tu empresa. Calculas lo que facturan por ti al año, o el margen que producen tus ventas, le restas tu coste, y eso es lo que la empresa gana por tenerte contratado. Si estás en backoffice el cálculo es más complicado, pero tal vez puedas calcular cuánto dinero se ahorra la empresa contigo: tal vez consigas ajustar los márgenes de los proveedores (y ampliar los de tu empresa), o haces un trabajo que de externalizarlo costaría mucho más.

Si haces estas cuentas probablemente descubrirás que, efectivamente, vales mucho más de lo que ganas. Que tu empresa factura 50.000 o 100.000€ a cambio de esos 31.000€ que les cuestas, con lo cual hay un beneficio para ella de 20.000 o 70.000 o más euros. ¿Quién se los lleva? El comercial que ha hecho la venta, el jefe de tu departamento, el resto de directivos, y al final los accionistas de la empresa, que si todo va bien se llevarán entre un 10% y un 30% del valor bruto que generas.

Ahora viene la pregunta: ¿es justo este reparto? ¿Es justo que tu trabajo suponga unos ingresos de 100.000€ al año y a ti te lleguen 16.600? Yo creo que más que justo, es inevitable.

Es inevitable que Hacienda y la Seguridad Social se lleven una parte, porque tu sueldo está controlado hasta el último céntimo, y tu empresa está obligada a recaudar para ellos.

Es inevitable que tu empresa, además de cubrir tus costes, aspire a pagar parte de sus gastos de funcionamiento, incluyendo sueldos de directivos, personal administrativo, etc. Si no lo hiciera tendría simplemente que cerrar.

Y es inevitable que los accionistas se lleven una parte del dinero, porque para eso arriesgaron ellos el suyo cuando no estaba claro que la empresa fuera a ganar ni un céntimo.

Así que si trabajas como empleado debes hacerte a la idea de que la mayor parte del valor que genera tu trabajo se lo van a repartir otros.

Claro que también puedes intentar cambiar las cosas. Puedes salir de la empresa y ser independiente. Así eres tú el que tiene el poder de capturar la mayor parte del valor que generas. Al fin y al cabo, ya sabes que hay un mercado que está dispuesto a pagar por tus servicios.

Si eres capaz de facturar 50.000€ al año y te haces autónomo, tendrás que pagar una cuota a la Seguridad Social de 3.000€ al año, y tendrás que hacer de recaudador de IVA para Hacienda. Tendrás que poner tú las herramientas de trabajo, pero podrás deducirte el IVA que pagas por ellas. Tendrás otros gastos: coche, gasolina, ordenador, ADSL, teléfono, etc. Tendrás que pagar además a un asesor fiscal para evitar líos con Hacienda. Supongamos (y ya es mucho suponer) que dedicas 1.000 € al mes a este tipo de costes asociados a tu actividad. Con esto y la Seguridad Social, aún te quedan 35.000€ netos al año.

¿Por qué prefieres seguir cobrando menos de la mitad de lo que podrías cobrar? Ah, sí. Que para facturar esos 50.000 € tendrías que salir por ahí a vender tus servicios, y eso no lo sabes hacer. Bien, siempre puedes contratar a alguien para que lo haga por ti. Eso supone un coste adicional, muy variable en función de si solo te das de alta en un portal de freelance o debes contratar servicios de marketing, pero aun así sigues ganando más dinero que en tu puesto actual. ¿Algún otro motivo?

Está claro: tu sueldo actual es seguro, cobras todos los meses, y trabajando por tu cuenta no se sabe cuánto ni cuándo vas a cobrar. Que para arriesgarte a no poder pagar la hipoteca, mejor te quedas como estás e intentas cambiar a otro puesto mejor cuando tengas una oportunidad.

De acuerdo. Es lo que piensa la mayoría de la gente. Pero no te quejes entonces de que tu empresa te paga poco y factura mucho. Eso solo sucede porque sus dueños tomaron un día la decisión contraria a la que has tomado tú. Ellos asumieron el riesgo, y como premio se llevan la mayor parte del valor. Tú has elegido la seguridad, y tienes a cambio la mayor parte del trabajo.

Pero ¿y el riesgo?

Quien haya leído el primer post de la serie se estará preguntando si no es una locura dedicar sus escasos recursos a la improbable aventura de crear una empresa de éxito. ¿No es más sensato hacer como todo el mundo, ser prudente y buscar un trabajo como Dios manda?

Es lógico pensar eso, pero ¿no es esa línea de pensamiento la que te ha conducido al paro? ¿no es esa línea de pensamiento la que te tiene en casa, enviando currículums por decenas y sin conseguir ningún resultado?

Larry Elder, en un artículo de Libertad Digital, decía esto:

Estos hombres me hablaron de las oportunidades que no habían aprovechado, no porque ofrecieran unas perspectivas pobres, sino porque temían estar corriendo demasiados riesgos. Sí, es cierto que muchos de estos empresarios comenzaron negocios y fracasaron. Pero consideraron los “fracasos” experiencias de aprendizaje que los endurecieron y les hicieron más sabios de cara a futuras oportunidades. Lamentaban, sin embargo, no haber corrido aún más riesgos. “Larry, no tengas miedo de fracasar”, me decían todos más o menos con las mismas palabras.

Los padres de unos compañeros de colegio de mis hijos tienen tres McDonalds extraordinariamente prósperos en Madrid. Ella le contó a mi mujer que cuando abrieron el primero estaban con el alma en vilo: se habían hipotecado hasta las cejas para montar aquello. Tuvieron suerte, alrededor de su McDonalds surgieron un montón de pisos habitados por familias con niños, muchas empresas abrieron sedes con miles de empleados cerca, y han ganado dinero como para abrir otros dos restaurantes. Pero si hubieran sido un poco más sensatos y no hubieran cometido la locura de arriesgar todo para abrir el primero, ahora no tendrían nada de eso.

Otro ejemplo, contado por el protagonista:

Recuerdo una conversación de aquella época con mi “manager” en BCG, Yvan Jansen, que me decía que tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Ahora François Derbaix es socio del portal líder en turismo rural de España.

Emprender es arriesgado, cierto. Vas a tener muchos momentos malos, indudablemente. Te van a llover las críticas si fracasas, y tendrás que soportar a innumerables envidiosos si triunfas. Pero ¿realmente tienes tanto que perder?

Tienes un dinero ahorrado que debería servirte para aguantar hasta que llegue otro “trabajo fijo” pero ¿y si ese trabajo tarda en llegar y el dinero se agota? ¿tienes un plan B si eso sucede? ¿realmente es tan sensato esperar a que la crisis acabe en unos meses, al menos en lo que a ti respecta?

Por otro lado, saber que tu futuro depende del éxito de tu empresa es lo que puede ayudarte a apretar los dientes, remangarte y pasar por todas las dificultades con las que vas a encontrarte en los próximos meses.

En el año 1993 yo me encontraba en paro, pagando una hipoteca y ya con un hijo. Un amigo me habló de unas oposiciones al cuerpo superior de Informática y yo, que nunca me había planteado ser funcionario, vi una salida a mi situación. Unos meses después fui una de las 20 personas, de entre más de 700 aspirantes, que aprobamos la oposición. Entre los que quedaron fuera había muchos ingenieros informáticos y de telecomunicaciones, gente acostumbrada por su carrera a encerrarse y estudiar horas y horas.

Tuve que estudiar mientras intentaba ganar dinero, trabajando en lo que salía. Durante un mes viajaba todas las semanas a Gran Canaria, donde era el último eslabón de una cadena de subcontratas en un proyecto de las ya extintas Andersen Consulting y Digital. Cada día, después de una jornada de trabajo “al estilo Andersen”, me iba a la habitación del hotel y dedicaba al menos otras tres o cuatro horas a preparar la oposición. Tras volver a Madrid el viernes, dedicaba el sábado por la mañana a acudir a las sesiones de preparación, y el resto del fin de semana a ensayar exámenes y ejercicios.

Algunos conocidos con más experiencia y no menos capacidades lo intentaron también y todos fracasaron. Todos ellos tenían en común un trabajo estable. Para ellos la oposición era simplemente una manera de conseguir un trabajo más cómodo. Para mí significaba la salida a mi situación de precariedad. Tenía mucho más que ganar si aprobaba, y eso me ayudó a mantenerme en la carrera de fondo que supone una oposición.

De modo que sí, el riesgo existe. Puedes perder todo el dinero que tienes ahorrado y encontrarte sin nada antes de lo que sucedería si simplemente dejaras pasar el tiempo. Pero precisamente esa presión es lo que puede hacer que te superes, que rindas más de lo que nunca habías creído que podrías rendir.

Piensa en la recompensa, piensa que cada paso que des te acerca más a un futuro en el que nunca más tendrás que depender de que otros quieran darte trabajo, mira hacia el horizonte, arriésgate y gana.

Creative Commons License photo credit: Daquella manera

De abogados, fracaso y riesgo

A raíz de la polémica surgida en torno al artículo de Javier Maestre, Raúl escribió un post interesante, en el que apuntaba que desde el punto de vista de un abogado tiene sentido esa hiperprudencia que desaconsejaría usar Google Apps (y casi cualquier otra cosa).

Vivimos en una sociedad en la que tenemos sobreabundancia de leyes. Lo ideal sería que cualquier ciudadano pudiera conocerlas (y cumplirlas) sin necesidad de técnicos expertos. Pero lo cierto es que ni siquiera los abogados conocen todas las leyes, en el mejor de los casos conocen la normativa que afecta a su especialidad. Así que no hay seguridad total acerca de las consecuencias legales de cualquier movimiento.

Por esta complejidad, entre otras cosas, el abogado es conservador. Ante cualquier decisión que le consultes, considerará todos los problemas posibles y te recomendará la opción con menos riesgo. Ejemplo: ante un empleado problemático, al que crees justificado despedir, siempre te recomendará pagar la indemnización y no ir a juicio. Porque pagando ya no tienes más problemas, y perder en un juicio será mucho más costoso. Y si él te ha recomendado la opción arriesgada, él será el culpable si sale mal.

Así que en el caso de la LOPD, o de cualquier otra ley que tenga que ver con la tecnología, el abogado actuará igual: recomendando no la opción óptima en cuanto a riesgo/beneficio, sino la que minimice el riesgo aunque sea con un mayor coste.

Precisamente hoy Seth Godin habla de objetivos que nadie confiesa: “no fracasar”, “no parecer un idiota”, “no cometer errores”… son objetivos muy comunes, y son el tipo de objetivos que, como estamos hablando, tienen los abogados.

Godin propone ponerse objetivos de fracaso: hacer tres preguntas estúpidas a la semana, arrancar varios proyectos que van a fracasar, escribir un post en tu blog con el que todo el mundo esté en desacuerdo. Y explica: “Si no tienes objetivos de este tipo, ¿exactamente cómo vas a tener suerte y destacar?”

Si tienes que tratar con abogados, prueba a decirles: mira, a pesar de tus consejos, y agradeciéndote que me expliques el riesgo que corro, voy a hacer esto. Ahora lo que necesito es que me ayudes a hacerlo de manera que el riesgo sea menor y las consecuencias negativas se reduzcan.

Y si tienes cualquier proyecto, no seas como el niño que se queda en un rincón de la clase intentando pasar desapercibido y que no le pregunte el profesor. Procura ser el niño que levanta la mano y responde a las preguntas, aunque tu respuesta esté equivocada en ocasiones. El primero a lo mejor no suspende, pero el segundo es el que tiene la oportunidad de sacar un diez.

Creative Commons License photo credit: Arkangel

Jeff Bezos

Hoy, en la serie “vidas ejemplares” traemos a Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Y el motivo fundamental no es solo haber creado LA empresa de comercio electrónico, sino el haber sido capaz de asumir el riesgo y dejarlo todo por un proyecto con grandes probabilidades de fracasar.

Bezos, que desde pequeñito tuvo dotes ingenieriles, ganaba un buen sueldo en Wall Street. Con treinta años, y recién casado, decidió que lo que mejor se podía vender por Internet eran libros, y que habría un mercado ahí.

Nueva York es un sitio muy caro para vivir, así que analizó el mejor sitio para instalar su nueva empresa, decidió que era Seattle (en el otro extremo del país) y allí se mudó con su mujer. En un coche de segunda mano, con todas sus pertenencias en el maletero y él escribiendo en un portátil el plan de negocio de Amazon mientras su mujer conducía.

Amazon comenzó, como en tantos otros casos, con tres personas trabajando en el garaje de la casa que Bezos alquiló en Seattle. Cuando en 1.995 Amazon empezó a funcionar, habían programado que sonara una campanita en el servidor cada vez que se produjera una venta. Pronto tuvieron que suprimirlo, porque el ruido era cada vez más molesto.

Bezos no solo supo arriesgarlo todo para crear las mejores condiciones de partida para su empresa. También ha sabido mantener la calma en los tiempos difíciles. Primero cuando el gigante Barnes & Noble decidió entrar en el negocio de la venta de libros por Internet, y todos los analistas dieron por muerta a Amazon. Y después en la explosión de la burbuja, cuando las acciones de Amazon pasaron de 100 dolares a 6.

¿Es una opción vender todas tus pertenencias, dejar un trabajo fijo e invertir todos tus ahorros en la creación de una empresa? Probablemente solo para gente con los nervios muy templados, y una visión de futuro muy clara. Y tal vez se requiera también una situación excepcional como el nacimiento de Internet. En cualquier caso, Bezos es la prueba de que, a veces, el que apuesta gana.

Crear una empresa es como apostar en la ruleta

Otras entradas de "Como crear una empresa con el dinero que tienes en el bolsillo"

  1. Crear una empresa es como apostar en la ruleta
  2. Por qué tres es mejor que una

Crear una empresa es apostar. Apostar porque un producto tendrá éxito, porque el momento para lanzar una idea es el oportuno, porque el emprendedor conseguirá los recursos necesarios para poner el negocio en velocidad de crucero…

Como en el casino, algunos aciertan y la bola se para en el color por el que apostaron. Muchos otros fracasan porque sus predicciones resultan equivocadas: no hay mercado para su propuesta, no consiguen los recursos necesarios, la rentabilidad no es la esperada…

Pero a diferencia de la ruleta, en la que en principio todos los números y los colores tienen la misma probabilidad, en el juego de emprender hay muchas más variables, que hacen que el éxito de cada aventura empresarial no tenga la misma probabilidad.

Están la capacidad y experiencia del equipo emprendedor, el sector en el que pretende competir, el entorno económico, la capacidad de financiación… Algunas de estas variables, a priori, las podemos controlar. Podemos elegir un sector en auge, podemos completar el equipo con los talentos que completan al emprendedor, podemos buscar financiación, etc.

Pero incluso así estamos apostando: el sector en auge puede desplomarse de repente, el talento fichado resultar un zoquete con MBA, el socio financiero convertirse en una garrapata que no te deja moverte, y así todo.

Empezar prácticamente sin dinero, como proponemos en esta serie de posts, limita las posibilidades de elección, pero también minimiza el riesgo. Al fin y al cabo, solo puedes perder unos pocos euros.

Y tiempo, eso sí. El que no tiene dinero tiene que dedicar tiempo.

No crees una empresa. Crea tres

Conclusión de lo anterior: con el dinero que tienes en el bolsillo, en lugar de crear una empresa, empieza por crear tres. Esto puede parecer contraintuitivo, pero tiene su lógica: tener una idea es gratis, y probarla en Internet cuesta muy poco. En esas circunstancias, la mejor apuesta es hacer varias apuestas a la vez, analizar cómo se desarrollan y descartar un poco más adelante las dos peores.

La clave, claro está, está en “probarla en Internet”. Como veremos, hay muchas herramientas para hacer esto de manera eficiente. Hace 10 años, probar una idea requería estudios de mercado, desarrollo de prototipos, publicidad, inversiones… En los próximos posts explicaremos cómo puede hacerse esto de manera eficaz, usando herramientas muy baratas o gratuitas.

De momento, tienes tarea: piensa en qué tres empresas te gustaría crear.

Para elegir, no pienses en el modelo de negocio. Simplemente piensa en tres cosas que te gusten y de las que sepas mucho o estés dispuesto a aprender mucho. Vas a echarles muchas horas, así que es mejor que sea algo que te divierta, o mejor aún, que te apasione. No te preocupes por cómo ganarás dinero con ello. Si a tí te apasiona, a otros también lo hará. Y seguro que al menos alguno de los aficionados estará dispuesto a pagar dinero por algo relacionado con su pasión.

¿Es buen momento para crear una empresa?

Veamos el dato: la creación de empresas ha disminuido en el primer semestre de 2008 un 24,53%. Parte de la explicación puede ser que es ahora más difícil acceder a la financiación necesaria para poner en marcha una empresa. Pero sin duda hay mucha gente que cree que ahora, con la crisis encima, es suicida arriesgarse a emprender.

Y sin embargo… Google creció en medio de la explosión de la burbuja de las puntocom. Consiguió la ronda de financiación más importante en 1999, cuando todo el mundo invertía en cualquier cosa que tuviera que ver con Internet, pero se dio a conocer masivamente en el 2.000, cuando competidores como Lycos (¿Alguien se acuerda de la compra millonaria de Telefónica?) estaban noqueados por los puñetazos de la realidad. Mientras a su alrededor todas la empresas importantes de su sector se retorcían entre espasmos agónicos y veían como el valor de sus acciones descendía por minutos, ellos seguían perfeccionando su producto, consiguiendo los primeros clientes corporativos y aventurándose en un nuevo modelo de negocio: la publicidad relevante.

De modo que, aunque es cierto que con un modelo de negocio mediocre y una ejecución mediocre una empresa que podrían sobrevivir en tiempos de bonanza morirá en tiempos de crisis, también es cierto que una ejecución brillante y un producto sólido pueden triunfar allí donde todo el mundo está fracasando.

El mejor consejo para que tu empresa tenga éxito


No os perdáis este post de François Derbaix.

…tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Además de motivador, creo que expone una verdad fundamental: muchas veces son nuestros propios miedos y nuestros prejuicios los que nos impiden triunfar. Seguro que ayuda tener 25 años y (esto lo supongo yo) probablemente pocas cargas familiares para lanzarse a la aventura sin tanto miedo al fracaso.

Pero si en los últimos meses te has visto varias veces a la semana quejándote de tu sueldo, de tus jefes, de tus condiciones de trabajo y soñando con ser tú el que se ponga sus propios límites… ¿qué puedes perder por dar el salto y lanzarte a emprender?