Desencadenado

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La Oficina

¿Has pensado en dónde vas a montar tu empresa? Mientras estás empezando, probablemente solo, puedes hacerlo desde casa, pero cuando ya te lanzas necesitas una oficina.

¿O no?

Evidentemente, hay actividades que requieren un local. Si montas un taller, un comercio, un restaurante, necesitas un local con ciertas condiciones. Pero otras muchas empresas son de las que requieren una “oficina”. Ya sabes, un sitio con mesas, despachos y salas de reuniones al que llegas a primera hora de la mañana y del que te vas a última hora de a tarde, de lunes a viernes.

Aunque vayas a contratar personas, aunque te asocies con otros para trabajar juntos, debes meditar mucho antes de decidir que necesitas una oficina.

Primero, por lo que ya hemos hablado de los costes fijos. Una oficina supone que tienes unos cientos de euros inmovilizados en una fianza, y que te has comprometido a pagar cada mes una cantidad fija. Pero además asumes gastos fijos de limpieza y de suministros, si no están incluidos en el alquiler. Todo esto, vendas o no vendas, ganes o no ganes.

Después, porque poner en marcha una oficina e va a llevar mucho tiempo y esfuerzo: viajes a IKEA o a tiendas de muebles de segunda mano, contratación de suministros, instalaciones, decoración… Aunque ahorres en todo y el dinero que eso suponga no sea mucho, sí son muchas horas dedicadas a tareas que no hacen avanzar ni un milímetro a tu empresa. Y al principio necesitas cada gota de energía para impulsar y proteger a tu frágil embrión de empresa.

Por último, la oficina te ata a una forma determinada de hacer las cosas. Empiezas a controlar el horario de tus empleados porque es más fácil que controlar su productividad, por ejemplo. Tienes reuniones que no son productivas, a las que asiste gente que no aporta nada, simplemente porque todos los asistentes están ya en la oficina y tienen que estar allí unas cuantas horas más. Te acostumbras a trabajar desde la oficina, lo que supone no tener recursos cuando estás viajando o estás en un cliente. Te acostumbras a permanecer ahí al menos ocho horas, aunque no estés haciendo nada productivo y aunque eso no evite quedarte hasta las tantas cuando hay un pico de trabajo…

En resumen, trabajas casi exactamente igual a como lo hacían nuestros bisabuelos a principios del siglo XX. Tal vez con un poco de email que sustituye a algunas comunicaciones por carta o telefónicas. Pero pocas diferencias sustantivas. Esto no tiene sentido en un mundo hiperconectado.

Piensa si puedes trabajar de una manera más imaginativa. Si cada uno puede trabajar desde casa, y reunirte periódicamente con tus colaboradores en una sala de reuniones de un centro de negocios (10-20 €/ hora, según el sitio y el número de personas). Es posible que incluso te resulte mejor hacerlo en una cafetería. Greg Olsen, fundador de CogHead, batizó como “Beduinos” a las startups que funcionan como nómadas, normalmente desde Starbuks o similares:

Una empresa podría operar como una especie de clan neo-beduino; con trabajadores como una tribu nómada errante que lleva portátiles y móviles y que puede establecerse allí donde haya una conexión a Internet, sillas, mesas y una fuente de cafeína.

Si de todas maneras crees que tu empresa requiere que trabajen en ella un grupo de personas que tienen que actuar como equipo frecuentemente, y por tanto necesitan un cuartel general, plantea así tu oficina. No asignes sitios fijos a nadie (ni siquiera a ti mismo). Prepara espacios en los que se favorezca la colaboración, el trabajo en equipo y el intercambio de información. Deja algún espacio cerrado para trabajar concentrado, o para tener reuniones privadas. Así necesitas mucho menos espacio que si cada persona tiene una mesa fija, y aprovechas mucho mejor los recursos.

Olvídate de los horarios: da libertad a tus empleados para que vayan a la oficina cuando necesiten trabajar con otros, y que se queden en casa cuando sea más conveniente. Eso supone, evidentemente, saber exactamente qué pides de cada uno de ellos y que ellos sepan lo que se espera de cada uno. Supone también invertir en tecnología para que estén conectados, pero actualmente portátiles, móviles y comunicaciones son mucho más baratos que metros cuadrados de oficina.

Supone también que no puedes contratar a cualquiera. Muchas personas necesitan tener a un jefe echándoles el aliento en el cogote para ser productivos. Simplemente, no pueden asumir la responsabilidad de sacar adelante su trabajo sin una supervisión estrecha. No puedes contar con este tipo de gente, porque se tomará la libertad como permiso para no hacer nada. Pero a cambio, puedes tener la oportunidad de contratar a gente realmente motivada y responsable que agradezca que se le trate como a un adulto.

No se trata de ciencia ficción. Hay empresas que ya lo están haciendo. E incluso es cada vez más frecuente que empresas tecnológicas tengan desarrolladores contratados en cualquier lugar del mundo. Miguel de Icaza comentaba en un congreso de Hispalinux cómo localizó por Internet a un tipo brillante, con el que le interesaba colaborar, pero que le llamó la atención que se comportara como un adolescente… ¡hasta que descubrió que tenía 16 años!

En cualquier caso, antes de empezar a buscar alquileres de oficinas por ahí, puedes valorar otras alternativas. Es posible que tengas algún vivero de empresas cerca. Si creas una SL, es posible que consigas una oficina, no muy grande, pero sí muy barata. Aunque tengas que esperar meses, puede merecer la pena. Y ahora, con la crisis, a muchas empresas les sobra espacio. Puedes intentar subarrendar una parte (es algo habitual en profesiones liberales como abogados o arquitectos, que comparten espacio y gastos). Si estás en Madrid, en Garage 30 pueden ayudarte.

Insisto, cualquier cosa con tal de reducir los costes fijos que supone una oficina.

Creative Commons License photo credit: timsamoff

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La oficina del futuro existe ¡y funciona!

Gracias al blog de Tim Ferris, descubro que una compañía de seguros holandesa ha creado la oficina que debería tener una empresa del siglo XXI. Tim entrevista a Gijs Nooteboom, de la consultora Veldhoen + Company, que es el responsable del cambio, y cuenta cosas realmente interesantes.

La premisa del cambio es pasar de una organización centrada en la presencia a una organización orientada a resultados. En Interpolis, nadie te dice donde ni cuando debes trabajar. ¿Que no te gusta madrugar y prefieres empezar a trabajar a las 10? Estupendo. ¿Que por la tarde vas a buscar a los niños al colegio, y dedicas unas horas a darles la merienda, llevarles al parque, hacer los deberes…? No hay problema. ¿Que hoy tienes que ir al médico, o hacer gestiones personales? No hace falta que pidas permiso.

Eso sí, tus jefes saben cuales son tus objetivos, qué trabajo debes sacar adelante, y te miden por eso. Si rindes lo que se espera de ti, estupendo. Si no, tienes un problema. Vayas o no vayas a la oficina.

De hecho, nadie espera que vayas todos los días, y mucho menos ocho horas. La oficina solo tiene sitio para el 50% de la gente, y nadie tiene una mesa fija. Lo recomendable es ir dos o tres días a la semana, por el tema de la cohesión social. Normalmente vas allí para hablar con otras personas, para asuntos que requieren un trato directo. Puedes llevar tu portátil y sentarte en una mesa si necesitas trabajar un rato con él, pero no hay un cubículo en el que debas estar encerrado ocho horas. Toda la documentación es electrónica, y accedes a ella desde cualquier sitio: desde casa, desde un hotel o una cafetería con Wifi, desde la oficina de un cliente…

En la oficina hay butacas con enormes orejeras diseñadas para facilitar las conversaciones a dos, salas de reuniones de todas la formas y tamaños y una gran zona central que llaman “The Plaza” donde puedes tomar un café, comer y charlar en grupos más o menos reducidos.

Esto, evidentemente, supone un gran cambio cultural. Entre otras cosas, los directivos tienen un trabajo más complejo. Ya no se trata de verificar si Fulanito o Menganita están o no sentados en su silla, sino de comprobar que hacen el trabajo que deben hacer.

Pero una vez conseguido, hay muchas ventajas: necesitan un 50% menos de oficina, con lo que todos los gastos asociados se reducen en la misma proporción. La productividad ha aumentado un 20%, y el absentismo por enfermedad ha descendido de un 9% a un 2,5%. La oficina se ha convertido en un sitio al que apetece ir: es un sitio abierto y transparente, que anima a la conversación y el intercambio, no una sucesión de pasillos y cubículos cerrados.

Según Noteboom, en 10 o 20 años la mayor parte de los espacios de trabajo estarán diseñados de manera diferente a como lo están ahora. Hay fuerzas externas que empujan al cambio, además: cada vez es más frecuente hablar con gente que está en otros continentes, y debes hacerlo fuera de las horas habituales de trabajo. Y hay beneficios sociales: menos atascos, menos contaminación, uso más eficiente de los recursos…

¿Os apetecería trabajar en una empresa así?

Si queréis echar un vistazo, en Flicker hay un álbum de fotos de la sede de Interpolis:

http://flickr.com/photos/onansan/sets/72157605340105764/

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Oferta irresistible de Garage30


Llevo tiempo (desde el primer Iniciador, aunque no tuvimos ocasión de charlar) siguiendo la iniciativa de Raúl Andrés, y cada vez me gusta más.

En su primera fase, los precios no terminaban de convencerme: estaban demasiado próximos a un centro de negocios tradicional. Y en ese nivel de precios, cualquier emprendedor tenía que hacer sus cuentas antes de lanzarse a contratar el servicio.

El coworking mola, sin duda, pero existe la opción de empezar en el dormitorio de uno de los emprendedores, como Sergei y Larry, “coworkear” solo con el compañero y no pagar más alquiler, muebles, agua o Internet que lo que pagabas antes. No es que sea muy atractiva la idea de dormir rodeado de servidores, pero cuando no tienes un duro haces lo que sea.

El caso es que ahora Garage30 ha lanzado una oferta que me parece absolutamente recomendable para cualquier emprendedor que trabaje desde casa, y más aún si lo hace solo: dos días a la semana de Garage30 por solo 49 euros / mes.

No es mucho dinero ni siquiera para quien esté empezando, pero sí es mucho lo que puedes ganar. De entrada, salir dos veces a la semana de casa te hace ser más productivo. Evita el síndrome del trabajador en pijama, con horarios desfasados, leyendo blogs o viendo vídeos en YouTube en lugar de trabajar. Si un par de veces a la semana te sincronizas con el resto del mundo, es más difícil que tus hábitos de trabajo degeneren.

Y tienes las ventajas del coworking: contar lo que estás haciendo a otros, tener opiniones desinteresadas de otra gente que entiende lo que haces, conocer personas que pueden ayudarte en un momento dado…

Así que si estás en fase de trabajador solitario recluido en su cueva (y vives en Madrid), hazte un favor a ti mismo y contrata la oferta de Garage30.

La otra idea que puede salirles muy bien es el alquiler de espacios excedentes en empresas. Es una idea de esas que prosperan en tiempos de crisis: si tu empresa ha reducido personal y la oficina se te ha quedado grande, y otra empresa también ha reducido personal y busca un local más pequeño, os conviene a las dos compartir el espacio.

Este tipo de acuerdos es habitual en despachos de abogados o estudios de arquitectura, pero (que yo sepa) no hay una oferta organizada de “subalquiler de oficinas”. Aparecen a veces en los portales inmobiliarios, en la sección de empresas, pero confundidos con el alquiler tradicional.

Sin duda hay un nicho de negocio muy interesante. Y Garage30 tiene un mensaje capaz de transformar algo que puede sonar cutre (una empresa que no es capaz ni de pagar un alquiler por sí misma) en algo atractivo, moderno y fresco.

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