Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Lo primero es lo primero


¿Qué es lo primero que tenemos que decidir si queremos crear una empresa?

¿El producto o servicio? ¿El nombre? ¿El logo? ¿Quiénes serán los socios? ¿De donde sacaremos el dinero?

Nada de eso. Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta.

Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto un cliente potencial a pagar por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En el próximo post, hablaremos de un caso concreto de empresa exitosa que ha aplicado esto.
No, no es Microsoft, aunque algo tiene que ver con esto su estrategia de versiones inmaduras + service packs y parches que corrigen los errores que han detectado los primeros usuarios.

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Una historia de amor


No, no me he vuelto loco, ni voy a cambiar la temática del blog para conseguir más visitas. Simplemente, quiero hablar de uno de los problemas que afecta a la viabilidad de las empresas incipientes: la dispersión.

Aquellos de mis lectores que tengan pareja entenderán de qué hablo. Cuando decides que compartes tu vida con una persona concreta renuncias, aproximadamente, a otros tres mil millones de personas de ese sexo. Una elección difícil, si no fuera porque el amor suele andar por medio. El enamoramiento es lo que hace que elegir a una persona de entre miles o millones sea algo natural y no un sacrificio. Luego uno puede ver, por ejemplo, a Carla Bruni y pensar “qué guapa es esta chica, fue top-model y además canta y compone y lo hace todo bien…” para concluir con “qué suerte tiene su marido” y no con “a ver cómo la conquisto”. Porque uno ya tiene claro cual es su proyecto vital, y conquistar otras mujeres es incompatible con él.

Con las empresas pasa lo mismo. Hay una tentación fortísima, sobre todo cuando somos empresarios novatos, de no renunciar a nada. De querer serlo todo para todos. De pensar que nuestro mercado potencial es el mundo entero. Y hay dos momentos en que esto nos trae consecuencias funestas.

El primero es cuando realizamos el plan de negocio. En esta fase del emprendimiento debemos tener muy claro cuál es nuestro producto o servicio, qué problema resuelve y a quién se lo resuelve. Y aquí aparece el miedo a quedarnos cortos, a desarrollar algo con un mercado potencial tan pequeño que no nos permita crecer. Es el miedo al noviazgo, a comprometernos solo con una chica (o un chico) cuando hay tanta gente atractiva por ahí.

Un ejemplo: supongamos que queremos emprender una agencia de marketing on-line. A priori, la tentación es pensar “todo el mundo necesita marketing on-line, desde las grandes empresas a las más pequeñas. Por tanto, nuestro mercado objetivo son todas las empresas”. Error. Gran error.

Para vender a una gran cuenta necesitas una infraestructura, una sede representativa, comerciales con experiencia y contactos (sobre todo contactos), y necesitas demostrar solvencia. Es incluso posible que si tu empresa es una SL y no una SA alguien piense que no eres digno de trabajar para ellos (yo lo he visto). Por tanto, si quieres vender marketing on-line a los grandes, debes procurarte todos estos medios. Si no vas a poder presentarte con un equipo de tres o cuatro personas en un gran cliente, si no le puedes invitar a comer en un restaurante caro “para ir perfilando los temas”, si no puedes poner en tu tarjeta de visita una dirección representativa y no puedes organizar una reunión en tu oficina de diseño, olvídate de las grandes empresas.

Por el contrario, las pymes buscan eficacia a corto plazo y son muy sensibles al precio, pero no les importa que tú seas un freelance que trabajas desde un rincón de tu casa. Si ese es tu caso, probablemente es mucho más sensato pensar que te dedicarás a proyectos pequeños que puedes vender baratos y cobrar a corto plazo.

Es más, probablemente ni siquiera sea buena idea pensar que te diriges “a las pequeñas empresas”. En un tema sensible al negocio como el marketing es preferible, al menos en una primera fase, buscar tu mercado en un sector concreto. Una empresa de hostelería, por ejemplo, tiene necesidades muy diferentes (y habla un lenguaje diferente) a una empresa industrial. Investiga, analiza qué sectores están más necesitados de los productos o servicios que vas a ofrecer y adecua tu oferta a esas necesidades. Eso te ayudará también a la hora de plantear tu marketing, porque será mucho más eficaz si va dirigido a un tipo de empresa concreto.

El segundo momento de tentación es cuando ya estamos felizmente casados y se nos cruza una jovencita atractiva: ¿Vamos a renunciar a ella? Pues si queremos que nuestro matrimonio sobreviva lo mejor es, sí, renunciar. Lo mismo sucede cuando tenemos la empresa lanzada y empiezan a aparecer oportunidades delante de nuestras narices. Sobre todo cuando todavía no hemos alcanzado el break even, que cada día nos parece más lejos.

Siguiendo nuestro ejemplo, es ese momento en el que en plena frustración por no conseguir los ambiciosos resultados que esperábamos alguien nos comenta que “en BiGCorp SA están buscando alguien que les rediseñe su web”. Un contrato con BigCorp resolvería de un plumazo todos nuestros problemas económicos, y sería una referencia para otros grandes clientes. Así que nos lanzamos a pelear por ese contrato con BigCorp, conseguimos reuniones, analizamos datos, presentamos ofertas irresistibles en precio y prestaciones y… lo perdemos porque se lo dan a BigWebCorp. Y es que BigCorp, como mucho, nos quiere para utilizarnos como herramienta en la negociación con BigWebCorp. Mientras, hemos perdido no sólo energías y dinero, sino que hemos perdido tiempo que deberíamos haber dedicado a nuestro mercado natural. Tenemos clientes descontentos porque sus proyectos están retrasados, nuestro pipeline está escuchimizado porque todo nuestro esfuerzo comercial se dirigió a BigCorp…

Y ese es el mejor escenario. Puede ser peor que nos den el proyecto, porque entonces sí corremos un riesgo muy importante de hundir la empresa. El cliente nos fagocita y requiere más del 90% del tiempo de la dirección de nuestra empresa solo para atenderle a él, aparecen costes financieros insoportables, hay habilidades que no son exactamente las nuestras y que tenemos que subcontratar, nuestro enorme cliente tiene poder para cambiar las especificaciones o los plazos según su conveniencia…

Es importante conocernos a nosotros mismos, y evitar clientes o proyectos de riesgo que nos obliguen a apartarnos de nuestro foco. Incluso muchas veces es preferible decirle a un cliente potencial “mira, esta no es mi especialidad, pero conozco a una gente que lo hará muy bien” y dar una referencia. No perdemos nada, ganamos credibilidad para cuando le digamos a ese cliente “esto sí lo voy a hacer bien” y ganamos además dos personas que nos deben un favor.

Por supuesto, puedes no hacer ni caso de estos consejos. Hay muchas empresas que empiezan sin plan de negocios ni una idea definida de cuál es su propuesta de valor o cual es su mercado. Son simplemente “otra tienda de ropa” u “otra gestoría”. Muchas empresas de software se han creado a partir de un programador que hizo una aplicación para gestionar un taller o una zapatería, y de ahí se han hecho “expertos en software de gestión de talleres”. Y hay empresas de servicios que han sabido aprovechar la oportunidad de un contrato con una gran corporación para redefinir su oferta y vender a otros grandes. Evidentemente, también es cierto que hay que tener los ojos abiertos para ver oportunidades que no habíamos previsto, y la flexibilidad necesaria para variar nuestro enfoque si la experiencia nos dice que es mejor hacerlo así.

Muchos salen cada sábado con la esperanza de “pillar”, así en general, y algunos lo consiguen. Incluso hay afortunados que la mañana siguiente, ya sobrios, encuentran que lo que hay metido en su cama no está tan mal. Pero si realmente estás enamorado, si tienes verdadera pasión por tu empresa, lo mejor es que le cojas de la mano, le mires a los ojos y le digas: “siempre te seré fiel”. Es la única manera de tener una historia de amor, o una historia empresarial, que merezca la pena contar.

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Ideas de negocio y mercado


¿Envidias a los héroes de las puntocom? ¿Querrías tú también hablar de cómo tuviste una idea de negocio genial, pero el mercado no estaba preparado para aceptarla? ¿Te gusta la idea de tener tarjetas en las que ponga “Presidente” o “Socio Director” junto a un logo de diseño, pero odias tratar con contables aburridos, con técnicos sabihondos o con clientes impertinentes?

Entonces necesitas tener una idea brillante, pero sin mercado. Así tu empresa cerrará en pocas semanas, o meses en el peor de los casos, y podrás presumir de emprendedor sin los inconvenientes de la rutinaria gestión empresarial.

Es fácil. Sólo tienes que seguir estos cinco consejos:

1. Piensa en algo radicalmente nuevo, algo que no exista en el mercado

¿Necesita el mundo otra tintorería? ¿Otro restaurante? Tú estás por encima de eso, a otro nivel. Tú eres un genio, un visionario, y tu meta es ser como Bill Gates, Steve Jobs o Sergey Brin, no como el tendero de la esquina.

Si tu imaginación no da para mucho, prueba a combinar conceptos. Por ejemplo, restaurante+tintorería= restaurante en el que dejas tu ropa al llegar para que te la laven mientras comes desnudo. Practica un poco, y seguro que das con un concepto realmente innovador del que puedas estar orgulloso.

Ni se te ocurra limitarte a investigar las posibilidades de una franquicia, o a mejorar algún proceso del área de negocio en la que trabajas. Eso déjaselo a los mediocres.

2. Copia la idea que viste en tu último viaje

Si no tienes imaginación, y no quieres aplicar el consejo anterior, siempre puedes imitar aquella idea que viste en tu viaje a Los Angeles. Copiar está perdonado si se trata de algo que has visto en California, Nueva York o Japón. Al fin y al cabo ellos crean las tendencias que seguiremos dentro de unos años, así que copiarles mantiene tu estatus de innovador.

Eso sí, no se te ocurra preguntarte, por ejemplo, si ubicar tu sushi bar chill-out vegetariano en Villatripas de Arriba tiene sentido. Hay que ser abierto y multiculturalista, y no fijarse en lo que nos diferencia sino en lo que nos une. ¿Por qué no van a poder los rudos agricultores de Villatripas relajarse con el chill-out mientras degustan un sushi de ruibarbo en lugar de ir a la tasca a tomar un tinto y echar un tute?

3. Si te gusta a tí, ya vale

Al fin y al cabo, lo importante es poner toda tu pasión en la empresa. Y eso solo puedes hacerlo si te apasiona lo que vendes. Si tú estás dispuesto a comprar tu producto, es prueba suficiente de que tiene mercado.

En todo caso, y si no te supone mucha pérdida de tiempo, puedes pedir opinión a tu familia y/o amigos. No te preocupes si todos comparten un entorno socioeconómico y una educación similares. Si preguntas a cinco personas y cuatro te dicen que comprarían tu producto, eso significa que tendrá una cuota de mercado del 100%, porque tu cuñado siempre ha sido un envidioso.

Nunca hagas una investigación de mercado. Es tirar el dinero, y necesitas mucho dinero para el diseño de tu web, el diseño de interiores del local, el diseño del logo, la publicidad y la fiesta de lanzamiento.

4. No dediques mucho tiempo a la ubicación de tu negocio

Si tu negocio requiere instalaciones físicas, búscalas en función del precio y de lo cercanas que están a tu domicilio. No te preocupes de si el entorno es el más adecuado. Es más importante no perder mucho tiempo cada día en ir a trabajar o aprovechar un local que se alquila por un precio de risa que analizar el entorno, averiguar cuál es el perfil demográfico de los vecinos, qué negocios hay en los alrededores que pueden ser competencia o complementarios, qué facilidades existen para el transporte y otras cuestiones igualmente aburridas.

Al fin y al cabo, si ya has comprobado que los tatuajes y piercings son un negocio en auge, es evidente que tu Tatoo-Saloon va a tener éxito. Aunque esté situado en una pequeña ciudad de provincias, plagada de iglesias y conventos y cuya población tiene una media de edad de 75 años. No vas a ir a Madrid o Barcelona, que son mercados ya saturados…

5. No dejes que nadie pruebe tu producto antes de lanzarlo

Ya sabes que cualquiera te puede robar una buena idea, así que cuanta menos gente conozca la tuya, mejor. Y en estos tiempos de cambio constante, el time-to market es clave: si pierdes la ocasión, pierdes el negocio. Así que en cuanto tengas la idea, lánzate sin perder ni un minuto en pruebas con usuarios.

La gente que fabrica cosas tangibles es muy dada a asegurarse que el producto tendrá éxito antes de lanzar a China una orden de fabricación de 100.000 unidades. Son taaaaan antiguos…. Como lo tuyo es una neocomunidad de otakus conectados apoyada en tags compartidos mediante un sistema de recomendación colectivo vía móvil, puedes prescindir de pruebas y lanzar tu servicio Web 2.0 en cuanto tengas un logo chulo y un nombre impronunciable. Ya irás puliendo los detalles más adelante, cuando tengas usuarios.

Si es que tienes alguno.

Porque si has seguido estos cinco sencillos consejos, tendrás casi garantizada una idea sin mercado, de la que podrás presumir durante años mientras lamentas el atraso de la sociedad en la que vives.

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