Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Selecciona la mejor idea antes de lanzarte

Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Pues resulta que así funciona también el mercado. Muchas empresas se crean continuamente. Algunas prosperan, otras mueren al poco de nacer y otras más desaparecen después de unos años de éxito porque no son capaces de adaptarse a unas condiciones externas que han cambiado.

Pero tú también puedes aprovechar ese método para conseguir una empresa rentable. Solo que en lugar de esperar a ver si tu empresa fracasa cuando ya has invertido un montón de tiempo y dinero, puedes aprovecharlo para probar ideas en las que inviertas muy poco.

Veamos un caso práctico. Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD.

Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

De modo que la primera lección que debemos sacar es que hay que tantear al mercado antes incluso de tener un producto. Y tantear al mercado no significa preguntar a nuestros conocidos. La mayoría, por temor a decepcionarte, te van a decir que tu idea es buena.

Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

El motivo es que si a toda esa gente que te dice que tu idea “está bien” le pides que se rasque el bolsillo y pague por ella, la respuesta probablemente sea otra. Es muy difícil convencer a alguien de que pague por algo que se limita a “estar bien”. Es mucho más fácil que alguien pague por algo que realmente le entusiasma.

¿Y cómo consigo tantear al mercado?

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Mostrar el producto a grupos de usuarios seleccionados según sus características, hacer encuestas, probar variantes de un prototipo en localidades pequeñas, ese tipo de cosas. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web o escribir un libro electrónico son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Incluso aunque tu idea tenga que ver con vender productos y no servicios, también puedes utilizar este método.

Se trata de crear una página web sencilla en la que ofrezcas un documento electrónico con información relacionada con lo que en realidad quieres vender. Supongamos que se trata de alimentos ecológicos para mascotas. Escribes un documento electrónico de 25-50 páginas con información relevante sobre el tema (si realmente piensas crear una empresa, más te vale que seas capaz de escribir al menos eso sobre el producto o servicio que vas a vender). Explicas por qué las mascotas crecen más sanas con alimentos ecológicos, dónde se pueden comprar, qué tipo de dietas son más adecuadas para las distintas razas, etc. Me estoy inventado todo, pero espero que os sirva para haceros una idea. Al final se trata de tener un documento verdaderamente útil, que alguien interesado en el tema esté dispuesto a comprar.

Una vez creado, lo vendes en esa página sencilla por 15 o 20 euros. En realidad no importa tanto la cantidad, se trata de comprobar si alguien está dispuesto a pagar por esta información (porque entonces es probable que esté también dispuesto a pagar por el producto o servicio relacionado). Si no quieres complicarte la vida montando una tienda electrónica y tu mercado es de lengua española, puedes subirlo a Bubok y que ellos se ocupen de todo lo relacionado con la venta. En la página simplemente pones el enlace al libro en Bubok, y ya está.

Ahora el problema es que si no lo publicitas no puedes saber si realmente alguien está interesado. Pero puedes crear una campaña en Google AdWords (es gratis darse de alta, tú controlas cuánto vas a gastar cada día como máximo, cuando empieza y termina la campaña e incluso si lo necesitas puedes seleccionar geográficamente a quién se van a mostrar tus anuncios. Así, una campaña te puede costar entre 100 y 500 euros. Que a algunos puede parecerles mucho dinero, pero realmente es una ganga comparado con lo que cuesta un estudio de mercado “tradicional”. Y quién sabe, si se vende bien a lo mejor amortizas la inversión en publicidad o incluso descubres una fuente de ingresos recurrentes.

Si usas Google Analytics o un servicio similar puedes saber qué porcentaje de los que hacen click en el anuncio pasan en la página el tiempo suficiente como para leerla, y cuántos de ellos acceden al enlace en el que se compra el documento (que no son los mismos que terminan la transacción y pagan). Así puedes empezar a tener estimaciones acerca de qué porcentaje de clientes potenciales interesados en tu oferta están dispuestos a dejarse dinero en ella, y al menos tienes un dato real en el que basar tus presupuestos de marketing.

Y si poca gente sigue el enlace de AdWords, y menos todavía paga por tu información, ya sabes que tienes una idea difícil de vender. No quiere decir que sea imposible montar un negocio sobre ella, pero sabes que te va a costar convencer a tus clientes potenciales. Tú sabrás si sigues empeñado en sacarla adelante o es mejor darle algunas vueltas, pensar en otro enfoque o sencillamente descartarla y pensar en otra cosa.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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La idea de negocio

Muchos emprendedores primerizos piensan que necesitan una idea de negocio original para triunfar. Nada más lejos de la realidad.

¿Quieres una idea de negocio? En esta página tienes nada menos que 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. En otras palabras, la ejecución. Empresas como Apple, Google o Microsoft rara vez hacen cosas realmente revolucionarias. En lo que son excelentes es en ejecutar sus ideas mejor que sus competidores.

Cómo descubrir una idea de negocio

Un procedimiento para decidir a qué se va a dedicar tu empresa puede ser elegir una de las 999 ideas que proponen en la página anterior. Otro puede ser copiar a alguna empresa a la que admires. Puedes simplemente ofrecer tus servicios basándote en tu experiencia y conocimientos. Todo esto puede funcionar o no, pero deja demasiado al azar.

Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta. Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente potencial por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días o más).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En sucesivas entradas iremos desarrollando todos estos puntos con más profundidad.

Creative Commons License photo credit: apesara

Teleflora gasta millones en perder clientes

Teleflora pagó uno de esos anuncios en la SuperBowl, que cuestan a razón de 3 millones de dólares los 30 segundos. Esos anuncios, en Estados Unidos, son como lo que antes, cuando solo había una cadena, eran los últimos anuncios antes de las campanadas de Nochevieja: los ve todo el mundo.

A los publicistas pagados por Teleflora no se les ocurrió nada mejor que hacer humor con un anuncio en el que unas flores insultan a la mujer que las recibe:

El tema no ha hecho mucha gracia a muchas mujeres, como podréis ver en los comentarios y en la encuesta que ponen en este blog.

De modo que Teleflora se ha gastado más de tres millones de dólares en conseguir que muchas mujeres digan a sus parejas: “no se te ocurra enviarme flores por Teleflora en San Valentín”.

El problema con la publicidad masiva e indiscriminada es que no es fácil atraer a tu público objetivo, porque tienes que cuidar al resto de los que están viendo el anuncio. Probablemente los publicistas pensaron en un anuncio para hombres, en el intermedio de un programa “para hombres”, pensando que son los hombres los que envían flores.

Y se equivocaron, porque el hombre que regala flores no tiene ningún interés en ellas. A él le da igual que vengan en un jarrón, en una caja de cartón o en una bolsa de basura. Le da igual que sean rosas o gladiolos. Lo que quiere es que su mujer se ponga contenta, que vea todo lo que su pareja le ama. La que tiene interés en las flores es la mujer. Y ella es la que se encarga de dejar claro al hombre qué flores van a conseguir el efecto deseado.

¿Qué podemos aprender de esta historia? Lo primero, a distinguir a tu cliente real, que a veces no es el que paga. Y lo segundo, a tener cuidado con nuestros mensajes, porque si están muy dirigidos a un público concreto puede que no sean entendidos por otros. Si los que no lo entienden no son tus clientes, estupendo. Puede servir incluso para diferenciar y atraer aún más a los que sí lo hacen (véase Apple o Harley Davidson). Pero cuidadito con los clientes “no identificados”.

Creative Commons License photo credit: Swami Stream

Vindicación del marketing

Steve Pavlina explica lo que hay que hacer para ganar dinero de manera sostenida: crear y difundir valor. Las dos cosas, CREAR y DIFUNDIR.

Si no creas valor, te limitas a distribuir el valor que crean otros, y tienes menos margen. Pero si te limitas a crear valor y no eres capaz de hacer llegar ese valor a toda la gente que está dispuesta a pagar por él, tampoco puedes tener éxito. El marketing tiene precisamente esa función: hacer que el máximo número de interesados en una propuesta de valor pueda conocerla y disfrutar de ella.

Desde el romanticismo se ha cultivado el mito de artista encerrado en su estudio, creando arte, y enfrentado a los mercantilistas que mercadean por el vil metal. Y se critica, por ejemplo, a gente como Madonna porque son “puro marketing”, cuando hay artistas “auténticos” y geniales que no salen de circuitos minoritarios.

La realidad es que si eres genial y has creado algo que proporciona auténtico valor pero solo disfrutan cuatro gatos, no te mereces ganar mucho dinero. El que ha creado algo de menos valor, o menos calidad, pero es capaz de hacerlo llegar a millones de personas sí merece una recompensa.

En nuestra cultura, todavía muy impregnada de catolicismo, mal que les pese a muchos, se sigue valorando extraordinariamente la humildad. Se mira mal al que presume, y se nos enseña desde niños a ser discretos mientras hacemos las cosas bien, porque el reconocimiento ya llegará. Hay refranes como “el buen paño en el arca se vende”, que refuerzan esta idea.

Pero la realidad es que casi todo el mundo toma decisiones precipitadas, en base a la información que tiene disponible. Poca gente hace un análisis comparativo exhaustivo antes de tomar una decisión de compra, e incluso antes de contratar a un empleado. Entre otras cosas, porque sería antieconómico proceder de otra manera: es preferible equivocarse en cierta medida mientras avanzas que quedar paralizado en espera del análisis perfecto.

Por eso, el que ese decisor apresurado que puede apreciar tu valor conozca que existes y conozca lo que le ofreces es fundamental. Tu rival no es el que lo hace mejor que tú (que siempre habrá unos cuantos, por bueno que tú seas) sino el que es capaz de convencer a tu cliente potencial de que lo hace mejor que tú.

De modo que, querido lector, olvídate de ingenierías perfectas, de vídeos en HD, de productos hipertestados, de servicios proporcionados por ingenieros doctorados en el MIT. Si no tienes un procedimiento para DIFUNDIR valor, poco importa que tengas el mejor procedimiento para CREAR valor.

Balancear adecuadamente ambas cosas es la clave del éxito para tu empresa.

Creative Commons License photo credit: James Nash (aka Cirrus)

Sobre el diseño web

Hoy publica Smashing Magazine un excelente artículo sobre diseño web. Además de reflexiones muy interesantes, entre ellas que el diseño web se parece más a la arquitectura que a otras artes, porque debe aunar belleza y función, hace un repaso de unas cuantas webs que han marcado un estilo, y pone un ejemplo de imitación de cada una de ellas.

¿Que por qué debería importarle esto del diseño web a un emprendedor? Pues porque la página web de tu empresa es un aspecto fundamental de tu marketing. Probablemente también de las ventas, aunque no tengas una aplicación de comercio electrónico.

Desgraciadamente, muchas páginas de pequeñas (y no tan pequeñas) empresas tienen la pinta de haber sido diseñadas por una pandilla de monos daltónicos que han consumido demasiadas drogas.

Aunque seas un zote para la estética, y no seas tú quien diseñe la página, necesitas saber al menos lo suficiente como para saber si tu página que refuerza la imagen que tu empresa quiere transmitir.

La estafa viral de Mobuzz

Aunque alguno lo anunciaba en los comentarios del blog de Enrique Dans, no me lo podía creer. Pero resulta que es cierto: lo de los donativos para salvar a Mobuzz era una campaña de marketing viral. Se supone que tenían que conseguir 120.000 euros en una semana para seguir funcionando, porque gastan 50.000 al mes.

Una semana más tarde, habiendo recaudado solo 40.000 euros, la empresa no solo cierra, sino que está salvada, o eso afirma Dans:

La semana pasada, la compañía no tenía dinero para pagar las nóminas y otros gastos inmediatos, no tenía acceso a financiación, y veía los acuerdos con socios potenciales distanciados alrededor de unos tres meses. Necesitaba desesperadamente comprar tiempo de reacción y poder cubrir los gastos hasta que esos acuerdos se produjesen. Hoy, esos acuerdos están mucho más próximos en el tiempo, permiten opciones que antes no existían, y ha habido una reacción super-positiva de la comunidad en términos de donaciones de todo tipo (no solo directamente económicas, sino también de hosting y de otros elementos que permiten reducir temporalmente los costes y mantener la actividad). La situación, gracias al esfuerzo de la comunidad, es hoy completamente diferente, e infinitamente más positiva.

Superpositivo, o sea. Yo seré torpe, pero no me queda claro si el acuerdo que está “mucho más próximo en el tiempo” es con un anunciante o con un pardillo que va a invertir. Tampoco es que me importe, porque ahora resulta que va todo tan infinitamente positivo que hasta pueden devolver la pasta a los que se la prestaron.

Pues yo, por más superpositivo que me ponga, no puedo creerme las dos situaciones. Que la semana pasada la dirección de la empresa decidiese cerrar pero los trabajadores hicieran un llamamiento desesperado y que esta semana la empresa no necesite el dinero donado porque todo va dabuten guai. Una de las dos es falsa, y yo apuesto por la primera.

Toda la historia de la semana pasada era muy rara: ¿la dirección decide cerrar sin intentar primero reducir costes? ¿los inversores (alguno de ellos, como Varsavsky, con muchos recursos) no aportan el capital necesario para aguantar tres meses? ¿los trabajadores piden donativos porque creen en el proyecto pero no negocian con los accionistas trabajar sin cobrar tres meses a cambio de una parte de la empresa?

Ahora ya sabemos por qué todo era tan extraño: porque era mentira. Era una estrategia para conseguir publicidad gratis para Mobuzz. Ni siquiera creo que hayan conseguido un nuevo inversor, porque nadie decide, en menos de una semana, invertir en una empresa moribunda.

Y escribo este post no porque el tema en sí me resulte atractivo, ni porque crea que Mobuzz merece todavía más publicidad. Lo escribo porque me parece una estafa, una tomadura de pelo y una falta de respeto, no solo para los pardillos que se lo creyeron y donaron, sino sobre todo para las miles de empresas que están cerrando en España, empresas reales de gente que invirtió sus ahorros en montar una tienda o abrir un restaurante, y que se ven sin negocio y sin el dinero invertido. Personas reales, con problemas reales, no pijilistillos que se gastan el dinero de inversores estúpidos en empresas 2.0 superguais de la muerte.

El problema de emprender en España no es que empresas como Mobuzz no consigan salir adelante. El problema es precisamente que sobrevivan cuatro años empresas como Mobuzz, cuyo modelo de negocio es vender humo a imbéciles con dinero para invertir.

[ACTUALIZACIÓN] Para los que sean más tímidos a la hora de comentar, peor queiran dejar su opinión, he abierto una encuesta sobre el tema. Si me lees usando el feed, pásate por el desencadenado.com a votar.

Se acabó el SIMO

Acabo de leerlo en Libertad Digital: no habrá SIMO en 2008.

Según la organización, “hasta que no se configure el marco comercial y promocional adecuado para las empresas participantes”. Dicho en cristiano: “se acabó lo que se daba”.

Creo que la primera vez que fui al SIMO fue en el 84, en la Casa de Campo. Yo entonces era un pipiolo, un estudiantillo que recorría los stands de informática (todavía eran mayoría los de muebles y equipos de oficina) con los ojos como platos, recogiendo folletos de ordenadores. Después fui años y años, incluso alguno me tocó estar en algún stand. Eran tiempos en los que todo el mundo iba, siempre encontrabas a algún conocido.

Hasta que a finales de los 90 hubo un año en el que ya no mereció la pena ir. En Internet ya empezaba a estar toda la información, y los comerciales de cualquier empresa se pegaban por llevarte a tu mesa sus novedades para explicártelas cómodamente, sin agobios ni muchedumbres, y con un técnico especialista si era preciso. En los Stands del SIMO por regla general había azafatas monas, pero nadie que conociera en profundidad los productos.

Así que dejé de ir. Y no fui solo yo, claro. Un año, Dell decidió que no le compensaba gastar una millonada en un mega-stand, que le iba muy bien vendiendo en la web. Y este año la desbandada ha sido general. La puntilla, probablemente, ha sido Telefónica.

La organización habla de un “SIMO 2009 renovado”, pero yo apuesto a que SIMO no volverá. Ya no tiene sentido una feria para mostrar productos, y hace mucho tiempo que dejó de ser un evento para hacer negocios. Así que se acabó.

Ahora, premio para el que encuentre qué cosa puede hoy hacer la función que hizo SIMO el siglo pasado.

Creative Commons License photo credit: Rafa de Castro

¿Dónde encuentro a mis clientes?

El principal problema de cualquier empresa es vender. Es decir, encontrar clientes. Si vendes, todo lo demás se puede solucionar: tendrás problemas con el personal, problemas de tesorería, dificultades con proyectos o con proveedores… mientras tengas clientes que te paguen, todos esos problemas tienen solución.

El problema, para muchas empresas pequeñas, es dónde encontrar a los clientes. Un comercio, al menos, tiene un escaparate y por delante de él pasa más o menos gente. Pero si tu empresa está encerrada en una oficina ¿quién la va a encontrar?

La respuesta tradicional es el marketing y la publicidad. Haces anuncios, imprimes folletos, compras bases de datos de empresas a visitar… todo esto puede estar bien, pero tiene el problema de que es como cazar con escopeta de perdigones. Desperdicias mucho plomo para conseguir pocas piezas.

A cualquier empresa que empieza no le sobra el dinero, y en los tiempos que corren menos. Por eso es interesante buscar alternativas que sean más eficientes: que consigan mejores resultados con menos coste.

¿Hay alguna forma de encontrar a esos clientes sin gastar mucho dinero? Y, ya puestos, ¿sin gastar nada de dinero?

Pues sí. Los clientes que necesitas están más cerca de lo que puedes creer.

El secreto está en tus clientes actuales. Vender por primera vez es muy difícil, porque alguien debe confiar en tu empresa lo suficiente como para entregarte su dinero. Una vez que alguien te ha comprado algo, es más fácil volver a venderle: cada nueva compra le reafirma en su decisión de confiar en ti.

Volver a vender al mismo cliente requiere, claro está, que la primera vez tenga una experiencia positiva. Debes ser extraordinariamente escrupuloso en asegurar que esa primera relación resulta para tu cliente aún mejor de lo que podría esperar, de manera que vuelva a confiar en ti.

Muchos negocios utilizan con éxito la estrategia de cerrar una primera venta de bajo coste, fácil para el cliente, aunque no produzca un beneficio que compense el esfuerzo. Saben que después de esa primera venta el “cliente potencial” pasa a ser “una cuenta de la empresa”, y tendrán oportunidad de venderle más cosas y de más volumen.

Pero lo más importante es que tus clientes actuales no son solo una fuente de nuevos negocios en si mismos, sino que pueden ser el mejor mecanismo para generar nuevos clientes. Una referencia de un conocido es mucho más valorada por la inmensa mayoría de los clientes potenciales que la mejor publicidad.

Por eso, es importante que pidas a tus clientes actuales que hablen de tu empresa a quienes crean que pueden beneficiarse también de lo que ofreces. Incluso puedes pedirles que te indiquen ellos mismos el nombre de otros tres o cuatro clientes potenciales a los que les sería útil conocer lo que puedes hacer por ellos. Llamar a esos clientes diciendo “me ha dado tu nombre Fulanito…” hace mucho más probable que consigas una primera reunión.

A veces, tememos que este tipo de peticiones sean malinterpretadas por nuestros clientes actuales y tengan consecuencias negativas. Lo habitual, sin embargo, es que si tus clientes actuales están satisfechos de la relación con tu empresa no tengan problemas en recomendarte, o en permitirte que uses su nombre para acceder a sus conocidos.

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Todo necio confunde valor y precio

Qué cierto es el dicho. Y el peor tipo de necio es el que, confundiendo valor y precio, se lanza a crear una empresa: cuando llega el momento de decidir lo que va a cobrar por sus productos o servicios, inevitablemente se equivoca.

Para determinar el precio, lo primero que debes tener claro es el valor que ofreces a tus clientes. Y esto vale tanto para productos como para servicios. Partir de lo que nos cuesta a nosotros producir ese bien o ese servicio nos lleva a cometer errores como fijar precios muy por debajo de lo que el mercado está dispuesto a pagar o precios elevados que el mercado no está dispuesto a asumir.

César Pérez Carballada explica muy bien por qué es importante partir del valor percibido por el usuario para determinar el precio, incluso antes de crear el producto.

Y John Jantsch explica por qué pensar en términos de horas facturables es una receta para el desastre, si lo que ofreces son servicios:

“No te voy a pagar 5.000$ por eso, solo te ha llevado tres horas hacerlo”. El tema es que puede haberte llevado solo tres horas producir este resultado, pero te ha llevado 10 años de tu vida ser tan bueno como para hacerlo. No pienses en horas, no vendas horas, no devalúes tu experiencia y conocimiento y capacidad para lograr enormes resultados para tus clientes vendiéndote barato.

Y es que, al final, la esencia del libre mercado es esa: tu cliente valora lo que le ofreces más de lo que a ti te cuesta producirlo. Te paga por ello, y los dos salís ganando. Si a ti te cuesta 10, y lo vendes por 1.000, será porque para tu cliente eso que le ofreces vale más de 1.000.

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Siete cosas que puede hacer tu empresa para salir de la crisis

Marchando una de optimismo para acabar la semana:

Dice Seth Godin que si no estuviera ya llevando su propia empresa, hoy es el día en el que crearía una. Su tesis es que este es un momento en el que muchos aprovechan para justificarse y no hacer nada, pero una crisis supone nuevas oportunidades: menos competencia, más talento disponible y una sensación de urgencia que es la que hace que el cambio suceda.

¿Estás dispuesto a sacar adelante tu empresa?

Entonces, haz una de las siete cosas que pueden hacer las empresas para salir de la crisis:

1. Asóciate con otras empresas

Crear asociaciones estratégicas es una manera estupenda de generar nuevas oportunidades. El truco es hacerlo de manera que las dos empresas ganen y que sea sencillo para ambas. La regla número uno: asóciate solo con empresas a las que puedas dirigir a tus mejores clientes.

1. Reactiva a los clientes del pasado

A veces no nos preocupamos de comunicarnos con nuestros clientes, a menos que nos hagan un pedido. Para cuando han decidido que otro valora más su negocio, ya es tarde.

3. Sal de detrás del ordenador

Construir relaciones personales siempre está de moda. Es tentador sentarse y bloguear o participar en redes sociales, y no está mal, pero a veces necesitas salir y dar algunos apretones de manos. Asiste a conferencias de tu sector, o a las de una industria en la que te interese vender, o visita a tus clientes para pedirles referencias.

4. Habla en eventos, celebra seminarios

El marketing es esencialmente un juego de construir confianza. Y pocas cosas construyen confianza más eficazmente que ponerse delante de un grupo de clientes potenciales y compartir tu conocimiento y experiencia.

5. Arregla tu seguimiento

Automatizando todos tus seguimientos, estableciendo toques de marketing rutinarios y enviando de vez en cuando una nota de agradecimiento escrita a mano puedes ser la primera opción cuando se toman decisiones de compra o referencia. Cuanto más largo sea el ciclo de venta en tu sector mejor tiene que ser tu seguimiento.

6. Reorganiza tus productos y servicios con ofertas por actuar

Encuentra maneras simples de relanzarte a ti mismo, tu gente, tus productos, tus servicios, tu envoltorio, de darte un nuevo comienzo en tu mercado. Hazles una oferta que no puedan rechazar, algo tan llamativo que tengan que volver a oírte.

7. Arregla los fallos de marketing

Con cada manera, forma o figura con la que tu empresa contacta con tus clientes está realizando una función de marketing, buena o mala. Busca todos los puntos de contacto con tus clientes y conviértelos en oportunidades de creación de marca.

Sin duda son buenos consejos las que da John Jantsch en Duct Tape Marketing, pero como él mismo dice, esto no solo vale para tiempos de crisis. Lo que sucede es que a veces viene bien que nos recuerden estas cosas.