Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

El portátil rojo

Me encanta la anécdota que cuenta Sergio Montoro sobre la usuaria que, tras consultar características técnicas de varios portátiles, se decide por uno de color rojo porque es el más bonito.

Me parece un excelente criterio para elegir portátil. Sergio apunta, en un tono que creo interpretar como crítico, que cada vez importan menos las características técnicas y más la apariencia. Yo creo que es inevitable que sea así. Hace 20 años, un megaloquesea más o menos suponía una gran diferencia. Ahora cualquier ordenador nuevo tiene prestaciones suficientes para cualquiera de esos clientes que no saben si su ordenador lleva microprocesador o funciona con chips de silicio. Y si ya no tienes que preocuparte por saber si 37MHz serán suficientes o necesitas 73MHz para que Windows vaya rápido ¿por qué no elegir el portátil de color rojo que hace juego con tu bolso? ¿o el que tenga un diseño más futurista? ¿o el que parezca más resistente?

Aún hay más: ¿estamos seguros de que los clientes nos compran nuestros productos por las ventajas que nosotros vemos en ellos? ¿o tienen criterios propios? ¿tal vez el motivo de que compren a la competencia cuando nuestro producto es “objetivamente” mejor es que hay valores subjetivos que son más importantes para los clientes?

Dicho de otra manera, ¿qué será más rentable para una empresa de hardware, contratar a un excelente ingeniero o contratar a un excelente diseñador?

El Bulli como loss leader

Ferrán Adriá ha declarado que su restaurante El Bulli no gana dinero. Creo recordar que no es la primera vez que lo dice, pero ¿por qué es así? Si es el mejor restaurante del mundo, ¿no podría subir los precios hasta hacerlo rentable? ¿no podría disminuir los costes? ¿abrir 8 meses en lugar de 6?

Lo cierto es que para Adriá El Bulli es un loss leader. Es decir, que Adriá mantiene abierto El Bulli, a pesar de que como negocio pierda dinero, porque gracias a él gana dinero por otras vías.

El Bulli tiene que abrir solo 6 meses, mantener una lista de espera de años, admitir solo 50 comensales en una sola comida por día, ofrecer menús de degustación de 50 platos… porque eso le permite ser el mejor restaurante del mundo, año tras año. Gracias a que es el mejor, Adriá puede poner su nombre en otros productos, desde hoteles hasta cadenas de fast-food, con los que sí puede ganar dinero.

El concepto de loss leader lo aplican otros negocios, como las grandes superficies, que ofertan productos muy rebajados vendiéndolos incluso por debajo de coste, porque una vez que el consumidor está en del comercio es muy probable que compre otros productos en los que sí hay un margen suficiente.

En Internet muchos servicios tienen una versión gratuita (que a la empresa le cuesta dinero) que “engancha” al usuario, y que hace que un porcentaje de esos usuarios gratuitos acabe siendo de pago cuando necesita el servicio completo.

Ahora, piensa en cómo puedes tú aplicar el concepto a tu empresa. ¿Puedes ofrecer algo gratis? ¿puedes hacer algo para ganar prestigio aunque pierdas dinero con ello?

MBA acelerado para artistas

Si eres un artista y pretendes que tus creaciones sean a la vez tu medio de vida, tienes que conseguir que alguien te pague dinero. Parte de la gracia de las discográficas, editoriales y productoras cinematográficas consistía en aislar al artista de los sórdidos detalles de ingresos y gastos, de manera que este podía limitarse a crear y recibir el dinero. Ya no es así, de modo que si quieres seguir viviendo de tu arte tienes que espabilar.

Lo de exigir al Estado que te compense por las pérdidas de la piratería, o que multe a los piratas, o que obligue a las operadoras o a los fabricantes de discos duros a compensarte tiene un recorrido corto, se acabará antes o después, de manera que más vale que busques alguna alternativa. Y gritar a tu cliente potencial “¡ladrón, pirata, PÁGAME!” no es una alternativa.

Podrás vivir, y muy bien, siendo músico, escritor o cineasta en las próximas décadas. Solo tienes que entender cómo funciona el libre mercado, en qué consiste vender y como puedes utilizar ese conocimiento en tu favor. Como he prometido un MBA acelerado, vamos a ahorrarnos la teoría y pasaremos directamente al proceso que tienes que utilizar para convertir tu arte en dinero.

1. Deja de llamar piratería a la publicidad

Que tus obras se distribuyan en la red es bueno, aunque tú no cobres ni un céntimo en esas transacciones. No solo es bueno, es imprescindible si quieres ganar dinero con ellas. Cuanto más se distribuyan, más gente las conocerá, y cuanta más gente las conozca más posibilidades de que alguien esté dispuesto a entregarte su dinero a cambio de algo.

Cuando crees tu obra, haz copias digitales y difúndelas por todos los medios que conozcas y que sean apropiados: redes P2P, YouTube, Scribd… lo que sea. De momento, todo esto es gratis, así que aprovéchalo mientras sea así.

2. Crea un blog o una web en la que puedas empezar a dialogar con tus posibles clientes

De entre todos los que accedan a tus obras, algunos tendrán interés en conocer algo más y estarán dispuestos a darte permiso para iniciar una conversación con ellos. Que alguien te preste su tiempo y su atención es una gran oportunidad. Aprovéchala para conseguir que, de entre todos los visitantes, algunos se conviertan en asiduos y puedas establecer una relación con ellos. Una web es una forma barata de conseguirlo, pero aprovecha cualquier otro mecanismo a tu alcance: conciertos, columnas en periódicos, charlas, foros…

3. Vende recursos escasos a tus fans

De entre todos tus seguidores, algunos estarán dispuestos a darte dinero a cambio de algún recurso escaso. Puede ser un bien físico, como una camiseta, un CD o un libro. O puede ser tu tiempo, en forma de concierto o en forma de experiencia única. Puede ser la pertenencia a un club exclusivo de personas que comparten una pasión (tu arte). Algunos incluso pueden estar dispuestos a pagarte para que sigas creando el arte que les gusta. Así, pueden convertirse en productores o pueden incluso pagar por algo que ya tienen gratis (como una canción de iTunes o un eBook) solo para compensar tus esfuerzos.

Pero recuerda que a tus fans les ha costado ganar su dinero. Respeta el hecho de que estén dispuestos a darte una parte y ofréceles a cambio algo de gran valor.

4. Si tienes suficientes seguidores, puedes vivir de tu arte

Ya está. Si consigues ingresar suficiente dinero, puedes vivir de tu arte. Si no tienes suficientes seguidores dispuestos a pagar, en el mejor de los casos tienes una afición interesante que puede completar otros ingresos.

¿Cuantos seguidores necesitas? Hay quien ha calculado que un músico puede vivir bien con solo 1.000 fans, sin hacer nada especialmente original. Con esos 1.000 fans que estén dispuestos a ir a un par de conciertos al año (50 euros en total), a gastarse otros 10€ en música (10 canciones en iTunes o un CD descargado de tu web) y otros 20 euros en productos físicos (camisetas, chapas, fotografías firmadas, etc.) tienes asegurados 80.000 euros brutos, que con un margen del 30% suponen 24.000 euros al año. No es para tirar cohetes, pero es más que un sueldo de mileurista. Y si además de vender a tus 1.000 fans algún otro aficionado va a tus conciertos o compra tus canciones, los ingresos pueden ser mucho mayores.

¿Que quieres ganar 240.000 euros al año? Pues ya sabes, consigue 10.000 fans.

El proceso es similar a un embudo, en el que por el extremo ancho tienes a un montón de curiosos que alguna vez se descargan tu obra, van pasando por un filtro en el que la mayoría se van quedando por el camino y al final unos cuantos pasan por la parte estrecha y pagan. Es el mismo proceso por el que todos, incluidos los artistas, compramos cualquier cosa.

Cuanta más gente metas en la parte ancha del embudo, más clientes saldrán por la parte estrecha. Por eso te interesa que tus obras se copien y distribuyan. La inmensa mayoría de los que lo hagan nunca te comprará nada, pero eso no importa. No son unos aprovechados que disfrutan de tu trabajo sin pagar por él: son tus agentes de publicidad gratuitos. Trabajan para ti sin cobrarte nada, así que cuanto más les facilites su trabajo, mejor.

Como ves, la clave está en abandonar la concepción estrecha de “me tienen que pagar por mis obras” y pasar a pensar “¿qué puedo ofrecer a los que disfrutan con mis obras?”.

Lo malo del modelo es que no hay una respuesta única a esta pregunta. Pero se supone que tú eres un tipo creativo, así que puedes encontrar alguna que te funcione.

Lo bueno es que funciona para cualquier creador, incluidos los escritores que están viendo cómo los eBooks les van a convertir dentro de nada en las siguientes víctimas de la digitalización.

¿Qué pasaría si doblas el precio?

Imagínate que tienes que doblar el precio de tu producto o servicio. Es el experimento que proponen en Freelance Switch.

¿Qué tendrías que hacer para que eso funcionara? Y no vale decir “es que en mi negocio no puedo hacerlo, porque la competencia se me comería”. Seguro que en tu negocio hay gente que está cobrando la mitad que tú (aunque algunos de ellos estén al otro lado del mundo, eso cada día está más cerca), y también hay gente que consigue cobrar el doble o más.

Dicho de otro modo, la pregunta es ¿cómo puedes añadir valor a tu propuesta para conseguir que te paguen el doble de lo que te pagan ahora? O tal vez ¿cómo puedes encontrar y convencer a los clientes que están dispuestos a pagar el doble de lo que pagan tus clientes actuales?

Equivocarse en el precio

No vi el programa “El Aprendiz” que se estrenó la semana pasada, pero por lo que me han comentado el primer candidato descartado lo fue por haberse equivocado al poner un precio. Tanto se equivocó que estableció el precio de venta por debajo del coste.

Este error puede parecer absurdo, aunque yo lo he visto en empresas reales. Cierto que vendían servicios y productos más complejos que unas aceitunas y con márgenes muy estrechos, pero establecer mal un precio es más frecuente de lo que uno puede pensar. Una vez me contaron el caso de una señora mayor, viuda, que puso una papelería y asignaba los precios a los artículos con el único criterio de “lo que le parecía a ella que debían costar las cosas”. Así que algunos artículos los ponía a la venta con un margen del 300% y otros muy por debajo de su coste. Cerró al poco tiempo, claro.

Poner el precio sin tener en cuenta el coste es un error grave, pero también es peligroso hacerlo teniendo en cuenta sólo el coste. El precio es uno de los elementos de marketing más importantes. Y es que el precio es clave a la hora de convencer a un cliente potencial, entre otras cosas, porque es uno de los pocos elementos objetivos que tenemos para comparar con la competencia.

Cualquiera de nosotros compra decenas de cosas al cabo del mes, y no puede ser experto en todas. Más bien sucede al contrario: casi todas las decisiones de compra las tomamos con información parcial. Primero, porque no tenemos tiempo para analizar todos y cada uno de los ingredientes de un producto, todas las características de un servicio y compararlo con absolutamente todas las alternativas. Después, porque nos falta formación para entender la diferencia entre las características técnicas de dos productos. ¿Este tejido es mejor que este otro? ¿Una web hecha con Flash es mejor que una que cumpla con XHTML estricto?

De modo que nos basamos en impresiones subjetivas: el envoltorio, el comercio, el vendedor, los anuncios que hemos visto… Pero además de esas sensaciones y percepciones irracionales, agradecemos alguna información que satisfaga al lado izquierdo de nuestro cerebro. Y para esto el precio es una información excelente. El problema es interpretarlo correctamente.

Por ejemplo, tendemos a pensar que un precio barato es sinónimo de mala calidad, y un precio alto de lo contrario. De modo que, al contrario de lo que creen muchos emprendedores, a veces la estrategia correcta no es empezar con un precio muy bajo para conseguir robar clientes a la competencia. El cliente suma el desconocimiento de nuestra marca con un precio barato y le da como resultado desconfianza. Por el contrario, un precio alto, si conseguimos asociarle una idea de exclusividad o personalización (y a esto sí puede aspirar una empresa pequeña), es percibido como señal de calidad.

Por todas estas razones, es importante pensar en el precio desde el mismo momento en que empezamos a diseñar un producto o servicio, y utilizarlo como un instrumento más para ganar clientes.

Marcas en público

Squidoo, la empresa fundada por Seth Godin, ha lanzado una iniciativa muy interesante: Brands in Public. Godin parte de un hecho: ahora se habla de las marcas en Internet, y no se puede detener ese proceso. Pero se puede controlar: si no puedes evitar que alguien hable mal de tu marca, al menos explica tu punto de vista, o reconoce que el cliente tiene razón y explica qué vas a hacer para cambiarlo. Y si alguien está hablando bien, o aportando ideas para que mejores, reconoce y valora esas aportaciones. Anima a tus fans, que es mejor manera de hacer publicidad que interrumpiéndoles mientras ven la tele.

Brands in Public ha creado una página para cada una de las marcas más relevantes, en la que agregan los comentarios en la blogosfera, twiteos, noticias, etc. Se trata de tener en un solo lugar lo que se está diciendo de una marca. La gracias es que está abierto, y cualquier empresa puede crear su propia página.

Si yo fuera responsable de marketing de una empresa, empezaría a usar esta herramienta desde ya.

Resultados de la encuesta sobre el marketing en tiempos de crisis

Cambio por fin la pregunta de la encuesta, que pasa a ser ésta: ¿Qué es lo mejor que pueden hacer las administraciones públicas para ayudar a los emprendedores?

Y comento los resultados de la actual. Recordad que la pregunta era “¿Qué debe hacer una empresa con el marketing cuando hay crisis?”.

Tal vez sea por el espíritu emprendedor de los lectores, pero lo cierto es que un 89% opta por gastar lo mismo o incluso más. Nada menos que un 13% apoya la opción de gastar más para ganar más cuota de mercado. Pero eso contrasta con lo que hacen las empresas. El gasto en publicidad ha descendido, y mucho. Lo que demuestra la diferencia entre la teoría y la práctica. En teoría hay que invertir en marketing, pero en la práctica tienes que pagar las nóminas y cada vez tienes menos ingresos, así que recortas de todas partes.

Y a aguantar un mes más, a ver si el siguiente es mejor.

El secreto del éxito está en ser diferente

“Vosotros sed fríos o calientes, porque a los tibios les escupiré de mi boca”. Eso dice la Biblia, y algo parecido dice Seth Godin, que algo sabe de marketing.

A la hora de llevar al mercado nuestros productos, incluso a la hora de definirlos, existe la tentación de ser cobarde, de hacer lo que hace la mayoría. El ser humano es gregario, y busca la aprobación de su entorno social. Por eso es más fácil dejarse llevar y crear ofertas que sigan la “moda”.

Seguir la corriente mayoritaria es cómodo. No tienes que remar, el mercado entiende fácilmente tu propuesta porque es como la de tus competidores, en lugar de desarrollar una estrategia para el futuro puedes limitarte a reaccionar según lo haga el resto de la bandada…

El problema, claro, es que las grandes recompensas las consigue el que va contra corriente. El que se sale de la norma. Casi siempre ser radical o extremista en tus propuestas te lleva derecho al desastre, claro. Pero si ganas, ganas de verdad.

En un mundo en el que las barreras de entrada son cada vez menores en todos los sectores, diferenciarse es casi una necesidad, la única manera de mantener alejados a los competidores al menos durante un tiempo. Y al fin y al cabo, para ser mediocres también podríamos buscar un trabajo normal en lugar de meternos en el lío de crear una empresa ¿no?

Sin ánimo de ser exhaustivo, estas son formas de diferenciarse que distintas empresas han usado con éxito:

Ser más caro

Apple disputa el puesto de primer fabricante de hardware a HP y Dell, y supera en valor al otrora número uno IBM. Durante años, mientras todos los fabricantes hacían ordenadores personales indistinguibles entre sí, optó por ser diferente. Estuvo a punto de hundirse, pero al final esa estrategia de ser diferente le ha hecho ser más rentable que las otras compañías de hardware. Y ha visto como competidores de renombre cerraban o abandonaban el negocio.

Ser barato es más difícil que ser caro. Tienes que ser muy, muy eficiente para vender por debajo de tus competidores y ganar dinero. Además, necesitas conseguir volumen. Cuando estás en un negocio que apenas maneja un margen bruto del 5%, como el de los ordenadores personales, cualquier fallo hace que una operación te cueste dinero en lugar de darte beneficio.

Por el contrario, si eres caro, puedes contar con márgenes mucho mayores, que te aseguran mayor tolerancia frente a pequeñas ineficiencias. Y no necesitas un volumen grande para ganar dinero.

No es fácil conseguir, como lo consiguió Apple, que tus clientes paguen el doble o el triple por tu producto que por el de la competencia. Pero merece la pena intentarlo.

Ser mucho más barato

Si eliges ser más barato, tienes que conseguir ser mucho más barato. Escandalosamente más barato. Es el camino al éxito de IKEA o Ryanair, por ejemplo. Aunque parezca un contrasentido, ser muy barato cuesta mucho dinero. La única manera de compensar un beneficio bajo por cada cliente es tener muchos clientes, y eso requiere hacer grandes inversiones en marketing. Tienes que tener además unas operaciones preparadas para atender a una gran cantidad de clientes. Y esas operaciones tienen que funcionar como la seda, porque cualquier error supone una pérdida. Y todo esto también cuesta dinero.

Una alternativa es que descubras una manera de hacer las cosas con mucho mayor margen que los competidores instalados. Si es así, enhorabuena y adelante. De lo contrario, piensa en otra cosa.

Ser exclusivo

A veces la mejor manera de conseguir que un determinado perfil de cliente te elija es rechazar a otros, incluso a muchos. Decir “no eres bienvenido” a la inmensa mayoría de los clientes es una estrategia que les funciona muy bien a muchas empresas. ¿Ejemplos?

La cadena de tiendas de regalos Musgo es (o era, hace tiempo que no piso una) conocida por la bordería de sus dependientas, que antes de dignarse a atenderte te miraban displicentes con aires de duquesa, para después decirte con un gruñido que no tenían lo que buscabas y dedicarse a otra clienta más pija y más guay. ¿Por qué la dirección mantiene a unas dependientas más pijas que los hijos de Isabel Preysler y que maltratan a la mayoría de los clientes potenciales? Pues porque los clientes de verdad, los que se gastan una pasta, quieren saber que ellos sí son bien tratados, que esa tienda está a su nivel, que no están comprando en Ikea o en una tienda de barrio.

Las discotecas de moda fabrican colas de gente a su puerta. En parte, por mantener una proporción de “gente guapa” en el interior, que es parte del atractivo del local. Pero también porque una cola produce sensación de escasez, y aumenta el deseo de conseguir acceder al sancta sanctorum, al lugar reservado a los elegidos.

Todos los centros educativos privados (desde guarderías a universidades o escuelas de negocios) entrevistan a padres y alumnos, y rechazan sin contemplaciones a decenas o centenares de alumnos que no cumplen los criterios de admisión (dinero, recomendaciones, familia, educación, nivel social…). Aunque puedan pagar el importe de los estudios, y por tanto ser clientes rentables.

Otras empresas son más sutiles: no dicen expresamente “tú no puedes entrar”, pero mantienen una política de precios que excluye a la mayoría de los clientes. Determinados lugares de vacaciones son caros no solo porque los servicios de lujo cuesten dinero, sino porque elevando los precios se aseguran un determinado nivel de cliente, al que le gusta verse rodeado de otros que sean de la misma condición.

Es decir, rechazar al 90% de los clientes potenciales, incluso de malos modos, es una vía excelente para conseguir que el 10% restante contrate tus servicios y pague por ellos cantidades absurdamente altas. Solo porque has conseguido convertirles en diferentes a la masa de los rechazados.

Tener sentido

The Body Shop revolucionó el sector de los cosméticos introduciendo un mensaje ético en un sector basado en el lujo y el capricho. Cométicos naturales, comercio justo, no a la experimentación con animales… son mensajes que un sector importante de clientes estaba dispuesto a escuchar.

Algo parecido sucede con el software libre, que para muchos es algo más que una opción tecnológica. O con las energías renovables y la sostenibilidad, que es el mensaje actual de las eléctricas de toda la vida.

Para muchas personas, es importante sentirse parte de algo más grande, tener una causa, estar a gusto consigo mismo. Si tu propuesta tiene una base ética y eres capaz de transmitir un mensaje de este tipo, puedes encontrar un mercado deseoso de encontrar sentido y diferenciarte de los que se limitan a ofrecer un producto.

Vender experiencias

Cuando un producto es escaso, poseerlo es en sí mismo apetecible. Cuando en España empezaron a venderse los Seiscientos, todo el mundo quería uno. Cuando IBM fabricó su Personal Computer, tener un ordenador era un signo de modernidad.

En ese estadio, el que fabrica el producto puede venderlo con un margen importante, porque los clientes quieren comprarlo. En los años 80 era normal vender ordenadores personales con un margen superior al 30%.
Pero ese margen abultado atrae a la competencia como la sangre a los tiburones. Y surgen las imitaciones con más o menos calidad. El fabricante original tiene que ajustar sus precios, y el mercado se va optimizando. Un día te despiertas y tu margen está por debajo del 5%.

Una estrategia para evitar caer en la guerra de precios es vender servicios. Lo han hecho las principales empresas del sector TI: IBM, HP, Sun… uno puede diferenciarse más en sus servicios que en unos bienes “comoditizados” como los ordenadores, lo cual significa que vuelves a trabajar con márgenes decentes.

Pero sucede que la competencia, con el tiempo, hace madurar también el mercado de los servicios. Comienza la guerra de precios y te encuentras con unos márgenes que menguan a ojos vista.

¿Qué haces entonces? Una solución difícil pero extraordinariamente rentable es vender “Experiencias”. Pensad en BMW o Nike.

La publicidad de BMW no muestra un coche. Muestra una carretera y la pregunta “¿Te gusta conducir?” BMW no vende coches: vende experiencias en conducción.

Nike tampoco muestra zapatillas en sus anuncios. En algunos de ellos, ni siquiera muestra la marca. Solo el “swosh”, el archifamoso logo. No vende zapatillas, vende una forma de vivir el deporte, incluso una forma de estar en el mundo.

¿Puede hacer algo parecido un pequeño negocio que está empezando? En mi opinión, lo que no puede es hacer otra cosa. ¿Necesita el mundo otra empresa de diseño gráfico? ¿Otra consultora que instala redes de ordenadores y da soporte a Windows? ¿Otra tintorería?

Antes de embarcarte en la creación de tu empresa, piensa cómo vas a conseguir que tus clientes tengan una experiencia de su trato contigo que les haga identificarte, recordarte, desear que esa experiencia se repita e incluso recomendarla a otros.

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Marketing para pobres

Si has seguido todos los pasos anteriores, ya tienes más o menos claro qué es lo que ofreces al mercado, sabes a qué tipo de clientes te diriges, tienes todas las herramientas que necesitas, tus colaboradores, el dinero… ya solo te falta salir y vender.

Que es lo más difícil.

Para vender, necesitas que se produzca esta secuencia de eventos:

1. El cliente tiene que ser consciente de que tiene una necesidad.

2. El cliente tiene que conocer que tú puedes ayudarle a satisfacer esa necesidad.

3. Debes proponer una solución que sea aceptable para el cliente.

4. Debes ofrecerla a un precio que sea asumible por el cliente en el momento en el que decide comprar.

5. Tienes que facilitar un procedimiento para que al final el cliente consiga tu solución y tú consigas su dinero.

Si cualquiera de estos pasos falla, no vendes. ¿Y cuál es la solución para asegurarte de que tu empresa es capaz de seguirlos en un número de casos suficiente?

El marketing.

Se trata de otra palabra de esas malditas, que evoca a la manipulación de los indefensos consumidores por las malvadas multinacionales. Pero en realidad, el marketing no es más que un conjunto de técnicas y procedimientos para facilitar que se realice un intercambio. Si realmente crees que tu empresa aporta valor a tu cliente, usar el marketing para llegar a él no es manipularlo, sino hacerle un favor.

Muchos emprendedores se esfuerzan por perfeccionar sus productos, su servicio, incluso el soporte técnico o la gestión administrativa, pero se sienten incómodos con lo relacionado con el marketing y las ventas. Se sienten un poco “vendedores de motos”. Es posible que, al menos en lo que a España se refiere, tenga que ver con una religión que ensalza la humildad (y por tanto ve con muy malos ojos que alguien se alabe a sí mismo), y con una sabiduría popular que ha creado refranes como “el buen paño en el arca se vende”.

Craso error. Tan malo es tener un buen producto y no darlo a conocer como tener un producto basura y colocarlo a base de gastar montones de dinero en publicidad. Claro que “darlo a conocer” no significa siempre anunciarlo en televisión en prime time. Si tus clientes potenciales son criadores de caracoles, ése es el universo en el que tienes que conseguir que “todo el mundo” conozca tu oferta. Debes ser reconocido entre los criadores de caracoles, aunque nadie fuera de ese círculo sea capaz de reconocerte.

El problema es el embudo

Si analizas los pasos que he mostrado antes, y dado que son secuenciales, verás que cada uno de ellos va reduciendo el número de los que llegarán al final. Primero no todo el mercado potencial sabe que puede mejorar cubriendo una necesidad, de esos no todos conocerán tu oferta, (al menos hasta que llegues a ser Coca-Cola), de los que la conozcan solo un porcentaje creerá que es adecuada, de ellos otro porcentaje tendrá dinero para pagarla, e incluso de los que la quieren y tienen el dinero, solo unos cuantos llegarán a comprar.

Conclusión: si para ganar dinero necesitas tener X clientes al mes, eso supone que necesitas una cantidad varias veces superior a X en la parte ancha del embudo para que esos clientes lleguen hasta el final.

Al principio, no es probable que tengas datos acerca de cuántos clientes potenciales pierdes en cada paso. Pero es imprescindible que midas los esfuerzos en marketing, para ir teniendo estos números lo antes posible. Si has trabajado en el mismo sector anteriormente, tal vez tengas alguna intuición basada en esa experiencia, pero no hay dos empresas iguales. Tienes que medir tus propios datos.

En cualquier caso, ser consciente del problema del embudo te obliga a plantearte la cantidad de gente con la que tienes que contactar para conseguir una venta. Por ejemplo, es posible que solo un 1% de los contactos muestre interés por tu oferta, y que de ese 1% solo un 10% llegue a comprar. Si es así, necesitas contactar con 1.000 clientes potenciales para realizar una venta.

Uno de tus objetivos permanentes debe ser reducir estos ratios. Si en lugar de un 1% de interesados afinas la población a la que te diriges y un 5% de los contactados se interesa, ya solo tienes que contactar con 200 clientes potenciales para conseguir una venta. Ese es uno de los motivos por los que te interesa, sobre todo al principio, dirigirte a un mercado muy concreto, aunque te pueda parecer demasiado pequeño o demasiado especializado.

Si piensas un poco en todo esto, te darás cuenta de que tienes un problema. Necesitas dar a conocer a mucha gente que tienes una solución (y eso suponiendo que ya son conscientes de que tienen una necesidad y puedes saltarte el paso 1), y eso cuesta dinero. Hay empresas que gastan cientos de millones de euros en esto. Y tú no tienes ni para pagar el sueldo de un mes de uno de esos ejecutivos de marketing, no digamos para la campaña.

Los pobres también pueden hacer marketing

Evidentemente, no puedes anunciarte en televisión. Ni publicar un anuncio a todo color en la prensa durante un mes. Ni siquiera contratar una campaña de banners en los sitios más visitados de la red.
Pero puedes aprovechar tu tamaño y tu especialización para hacer acciones de marketing mucho más enfocadas y precisas, en las que el retorno sea más fácil de medir y por tanto sea más fácil aumentar la eficacia.

Escribe un blog. Es una acción a largo plazo, pero un blog en el que hables de tu sector, aportes soluciones, demuestres que tienes conocimientos valiosos, etc. puede ser una excelente herramienta para conseguir que un cliente dubitativo te perciba como alguien solvente, capaz de resolver su problema. Esto vale lo mismo para las personas que para las empresas. Buenos ejemplos son Presentation Zen, el blog de Garr Reynolds, como slide:ology, el blog de Duarte Design, que sirven perfectamente para establecer la autoridad de una persona y una empresa, respectivamente, en el campo de las presentaciones.

Da charlas. Si realmente eres un experto en el área a la que se dedica tu empresa, no te costará mucho hablar sobre ella. Preparar un seminario o una charla no es tan complicado, y también da excelentes resultados para que un cliente potencial te identifique como experto.

Escribe en medios tradicionales. Seguro que el sector al que te diriges tiene al menos una revista profesional con información de interés para el colectivo. No suele ser difícil que publiquen un artículo, siempre que sea relevante y no un sales pitch mal disimulado. Como en el caso de la charla, aquí no se trata de cerrar una venta en poco tiempo, sino de que en la mente de muchos clientes potenciales tu empresa sea la experta en resolver un determinado tipo de problema.

Usa tus contactos. Empéñate en que todo el mundo a tu alrededor, familiares y amigos, sepa a qué se dedica tu empresa. En muchas ocasiones tus primeros clientes pueden ser conocidos con los que ya tienes de antemano un plus de credibilidad.

Organiza desayunos de trabajo. Si tienes un grupo de clientes con alto potencial, puedes intentar organizar un desayuno de trabajo con ellos. Si no les robas mucho tiempo (menos de dos horas en total) y les ofreces una sesión interesante y exclusiva, puedes conseguir que asistan unos cuantos. Lo de exclusiva es importante, tienen que percibir que no les estás invitando a un evento masivo, sino a algo reservado a unos pocos elegidos.

Usa AdWords. Hay montañas de literatura sobre esto en Internet, así que no voy a entrar en profundidad. Pero sí es importante saber que AdWords te permite afinar muy bien en qué búsquedas aparecerá tu publicidad, e incluso limitar geográficamente esta aparición (interesante si tu empresa tiene un ámbito de actuación local). Puedes controlar cuánto gastas cada mes y puedes tener además toda la información que quieras sobre los resultados de tus campañas, con lo que puedes ir mejorándolas y consiguiendo cada vez mejores ratios de conversión.

Vende por Internet. Hay negocios en los que no es posible realizar los cinco pasos en la web, pero aun así cuanto más te aproximes, mejor. Al menos, que cualquiera que acceda a tu web descubra fácilmente qué hace tu empresa y a qué tipo de clientes puede ayudar.

Usa las redes sociales. Se ha mitificado mucho lo del marketing viral, pero lo cierto es que hay empresas dándose a conocer con éxito en LinkedIn, Facebook, Twitter e incluso Youtube. Eso sí, requiere tiempo y probablemente suerte.

Haz networking. Ahora que Iniciador está extendiéndose como las malas hierbas, es probable que tengas un evento cerca de tu casa. No es probable que vayas a vender directamente a ninguno de los asistentes, pero es otra oportunidad de explicar lo que haces y, quién sabe, a lo mejor alguien conoce a alguien que sí está interesado…

Trabaja gratis para quien lo necesite. Aunque pueda parecer interesado, es posible que trabajar gratis (o a precio de coste) para alguna organización sin ánimo de lucro pueda proporcionarte contactos y oportunidades de negocio. Como mínimo te proporciona experiencia, y si al principio no tienes mucha actividad es mejor dedicarse a ayudar a otros que quedarse sentado sin hacer nada.

Como puedes ver, no necesitas gastarte mucho dinero para dar a conocer a tu empresa. Aprovéchate de tus fortalezas, de que tienes tiempo libre, que no tienes que pedir permiso a nadie y comienza ya mismo a difundir tu mensaje.

Selecciona la mejor idea antes de lanzarte

Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Pues resulta que así funciona también el mercado. Muchas empresas se crean continuamente. Algunas prosperan, otras mueren al poco de nacer y otras más desaparecen después de unos años de éxito porque no son capaces de adaptarse a unas condiciones externas que han cambiado.

Pero tú también puedes aprovechar ese método para conseguir una empresa rentable. Solo que en lugar de esperar a ver si tu empresa fracasa cuando ya has invertido un montón de tiempo y dinero, puedes aprovecharlo para probar ideas en las que inviertas muy poco.

Veamos un caso práctico. Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD.

Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

De modo que la primera lección que debemos sacar es que hay que tantear al mercado antes incluso de tener un producto. Y tantear al mercado no significa preguntar a nuestros conocidos. La mayoría, por temor a decepcionarte, te van a decir que tu idea es buena.

Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

El motivo es que si a toda esa gente que te dice que tu idea “está bien” le pides que se rasque el bolsillo y pague por ella, la respuesta probablemente sea otra. Es muy difícil convencer a alguien de que pague por algo que se limita a “estar bien”. Es mucho más fácil que alguien pague por algo que realmente le entusiasma.

¿Y cómo consigo tantear al mercado?

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Mostrar el producto a grupos de usuarios seleccionados según sus características, hacer encuestas, probar variantes de un prototipo en localidades pequeñas, ese tipo de cosas. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web o escribir un libro electrónico son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Incluso aunque tu idea tenga que ver con vender productos y no servicios, también puedes utilizar este método.

Se trata de crear una página web sencilla en la que ofrezcas un documento electrónico con información relacionada con lo que en realidad quieres vender. Supongamos que se trata de alimentos ecológicos para mascotas. Escribes un documento electrónico de 25-50 páginas con información relevante sobre el tema (si realmente piensas crear una empresa, más te vale que seas capaz de escribir al menos eso sobre el producto o servicio que vas a vender). Explicas por qué las mascotas crecen más sanas con alimentos ecológicos, dónde se pueden comprar, qué tipo de dietas son más adecuadas para las distintas razas, etc. Me estoy inventado todo, pero espero que os sirva para haceros una idea. Al final se trata de tener un documento verdaderamente útil, que alguien interesado en el tema esté dispuesto a comprar.

Una vez creado, lo vendes en esa página sencilla por 15 o 20 euros. En realidad no importa tanto la cantidad, se trata de comprobar si alguien está dispuesto a pagar por esta información (porque entonces es probable que esté también dispuesto a pagar por el producto o servicio relacionado). Si no quieres complicarte la vida montando una tienda electrónica y tu mercado es de lengua española, puedes subirlo a Bubok y que ellos se ocupen de todo lo relacionado con la venta. En la página simplemente pones el enlace al libro en Bubok, y ya está.

Ahora el problema es que si no lo publicitas no puedes saber si realmente alguien está interesado. Pero puedes crear una campaña en Google AdWords (es gratis darse de alta, tú controlas cuánto vas a gastar cada día como máximo, cuando empieza y termina la campaña e incluso si lo necesitas puedes seleccionar geográficamente a quién se van a mostrar tus anuncios. Así, una campaña te puede costar entre 100 y 500 euros. Que a algunos puede parecerles mucho dinero, pero realmente es una ganga comparado con lo que cuesta un estudio de mercado “tradicional”. Y quién sabe, si se vende bien a lo mejor amortizas la inversión en publicidad o incluso descubres una fuente de ingresos recurrentes.

Si usas Google Analytics o un servicio similar puedes saber qué porcentaje de los que hacen click en el anuncio pasan en la página el tiempo suficiente como para leerla, y cuántos de ellos acceden al enlace en el que se compra el documento (que no son los mismos que terminan la transacción y pagan). Así puedes empezar a tener estimaciones acerca de qué porcentaje de clientes potenciales interesados en tu oferta están dispuestos a dejarse dinero en ella, y al menos tienes un dato real en el que basar tus presupuestos de marketing.

Y si poca gente sigue el enlace de AdWords, y menos todavía paga por tu información, ya sabes que tienes una idea difícil de vender. No quiere decir que sea imposible montar un negocio sobre ella, pero sabes que te va a costar convencer a tus clientes potenciales. Tú sabrás si sigues empeñado en sacarla adelante o es mejor darle algunas vueltas, pensar en otro enfoque o sencillamente descartarla y pensar en otra cosa.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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