Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

El impuesto sobre la venta de esclavos y el IVA


Anoche estaba leyendo los Anales de Tácito y me encontré esto:

Se suprimió el impuesto de la vigésima quinta parte sobre la venta de esclavos, algo que era más apariencia que realidad, pues al obligarse a pagar al vendedor, a los compradores se les incrementaba el precio en otro tanto.

Esto sucedía siendo emperador Nerón, tipo cruel y sanguinario como pocos, pero al parecer con más sentido común que nuestros políticos. Y es que si hace 2.000 años el efecto de incrementar un impuesto a la empresa era aumentar el precio del bien final al consumidor, ahora pasa lo mismo.

Para los políticos las empresas tienen forma de vacas lecheras con unas enormes ubres a las que siempre se les puede sacar un poco más de leche. Pero lo cierto es que en mercados maduros los márgenes están muy ajustados. Si el mercado lo aguanta, como pasaba con el mercado de esclavos en Roma, el sobrecoste se traslada al cliente. Si no, como sucede ahora que hay crisis y los clientes no asumen el incremento de precio, solo queda cerrar la empresa o funcionar en negro.

Nuestros políticos, más dañinos e infinitamente más incultos que Nerón (que al fin y al cabo tuvo por maestro a Séneca), están planteando otra subida del IVA, después del éxito de la anterior. ¿Alguien está dispuesto a apostar por el resultado?

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La estrategia del Coyote


Los más viejos del lugar recordarán como en la serie de dibujos animados del Correcaminos el pobre coyote resultaba víctima de las trampas que él mismo había tendido al ave veloz. Una de las consecuencias más comunes era caer por un terrible abismo. Lo curioso es que a menudo el coyote corría por el aire, sostenido por nada, y no caía hasta que miraba para abajo y se daba cuenta de que no había suelo bajo sus pies.

¿Ridículo, verdad? ¿Motivo de mofa y risa? Pues esa estrategia es la que está siguiendo la mayoría de la gente ante la crisis. Ya no tenemos suelo debajo de los pies, pero seguimos corriendo como si con tal de no mirar abajo pudiéramos seguir suspendidos del aire.

El primero que lo hace, el gobierno que lleva viendo suelo (brotes verdes) desde que no le quedó más remedio que reconocer que la crisis no era solo cosa de antipatriotas. Sigue cobrando impuestos y gastando como si no hubiera mañana.

Con ser grave lo del gobierno, lo más que va a pasar como consecuencia de su carrera aérea es que nos cobrarán más impuestos, nos freirán a multas y reducirán las prestaciones para la gente menos movilizada y organizada. Como siempre, pero más. De momento, tiene aire para correr por él durante mucho tiempo, porque hay muchos interesados en que no se caiga.

El problema lo tenemos los demás. Los que seguimos corriendo igual porque preferimos no mirar para abajo y descubrir que no hay suelo, que no va a haber pensiones para nosotros, que lo del trabajo fijo se ha acabado, que estudiar una carrera ya no vale para nada, que tus hijos no van a vivir mejor que tú.

No es fácil reconocer que el estado del bienestar se ha terminado. Que ya no da más de sí. Que, como decía Thatcher, al Estado ya se le ha acabado todo el dinero de otras personas. Que eso del derecho a la vivienda, a la salud y a la educación están muy bien, pero tienen el problema de que alguien tiene que pagar la fiesta. Que la edad de jubilación la estableció Bismark en 65 años cuando la expectativa de vida era apenas de 50, y ahora los jubilados se empeñan en cobrar sus pensiones 20 años, y además usando una medicina carísima en lugar de morirse en su casa sin gastar, como se hacía hace un siglo. Que no tiene sentido gastar una millonada en formar universitarios para que acaben trabajando de mozos de almacén o cajeras de supermercado.

Es duro, porque nos han dicho que teníamos derecho a todo eso. Vacaciones pagadas, bajas por maternidad, más días por paternidad, liberados sindicales, subsidios de desempleo de meses, cine subvencionado, teatro subvencionado, artistas de fama mundial en las fiestas del pueblo, una universidad en cada barrio, todos licenciados. Regiones con más de un 30% de funcionarios, con más de un 30% de parados. Cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más jubilados.

Es duro aceptar que todo era un espejismo, que esto solo se sostenía porque cada vez más gente trabajaba y producía más. Pero la ley de la gravedad es inexorable y el coyote se cae cuando se da cuenta de que ya no hay más gente ni más productividad. Hasta aquí hemos llegado, y ahora solo te quedan dos opciones.

Puedes seguir corriendo y confiar en que si no miras para abajo todo seguirá igual.

O puedes reconocer el problema, y aprender a volar rápidamente. O al menos fabricarte un paracaídas, o caer en el río para que duela menos. Reconocer que tu pensión dentro de 20 años dependerá de lo que hayas sido capaz de ahorrar, no de la limosna que en el mejor de los casos podrá darte el estado. Buscar tu independencia económica al margen del trabajo fijo de 8 a 5, ese del que te van a despedir cuando menos te lo esperes. Vender en todo el mundo, y buscar proveedores en todo el mundo, porque ya no puedes vivir de la ineficacia en el transporte y las comunicaciones. Buscar la manera de minimizar el robo creciente (en impuestos y en multas) de un Estado que no va a renunciar a su poder fácilmente. Pensar en lo que gastas, y en por qué lo gastas, y no volver a invertir fiándote de unos bancos que son los primeros interesados en sostener la carrera imposible del coyote.

Cuanto antes te plantees todo esto, antes podrás cambiar, y más posibilidades tendrás de amortiguar la caída. Porque lo único seguro en toda esta historia es el enorme boquete que va a dejar en el suelo la caída del coyote.

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El zarpazo del tigre moribundo


La ley Sinde será molesta, pero no desastrosa. Tal vez cierren algunas webs, las de los más torpes. Tal vez durante un tiempo sea algo más difícil encontrar contenidos, como pasó cuando cerraron Napster. Pero pronto webmasters y usuarios encontrarán la manera de saltarse las vallas que están intentando ponerle al campo. De entrada, Remo nos explica cómo puede un webmaster dejar de estar bajo la jurisdicción española, aunque con un cierto sobrecoste (asumible para quien haya conseguido hacer de su web un negocio).

Pero la ley Sinde, con ser mala, es solo una más de las chinitas que sufren los que intentan emprender un negocio en Internet en España. La LOPD obliga a registrar un fichero de usuarios y a dedicar recursos a satisfacer las demandas de acceso y rectificación de los usuarios (en el Reino Unido, por ejemplo, puedes cobrar los gastos de gestión que supone atender estas peticiones). La LSSI obliga a publicar nombre y apellidos, NIF y domicilio del responsable de la página, aunque se trate de un proyecto personal que se ha creado como hobby y apenas da dinero para pagar el alojamiento. Cosa que incumple la inmensa mayoría sin consecuencias, pero que en cualquier momento puede venirle bien a alguien si el webmaster toca las narices a quien no debe.

Si ganamos dinero, aunque sean unos eurillos con AdSense, hay que retratarse en la Agencia Tributaria, y si esos eurillos se cuentan por cientos al mes, tendremos que darnos de alta como autónomos y pagar doblemente a la Seguridad Social, aunque la empresa que nos paga el sueldo esté entregándole ya un tercio de nuestro sueldo bruto y no vayamos a recibir ninguna prestación adicional. Y más vale que a los impuestos sumemos el coste de un asesor fiscal, porque si metes la pata al hacer tus declaraciones Hacienda no perdona.

Afortunadamente, estos son los últimos zarpazos de un tigre moribundo. La globalización no solo consiste en que a las fábricas les salen pies y se van a Asia.

Cualquiera puede, desde su ordenador, crear una empresa en Estados Unidos o en el Reino Unido por menos de 500€ (según y cómo lo hagas, por bastante menos). Una empresa del Reino Unido, por esas cosas de la Unión Europea, puede operar en España sin ningún requerimiento adicional. Los requisitos para trabajar en Internet de una empresa inglesa son mucho más laxos (su LOPD no te obliga a un registro y como he dicho puedes cobrar las gestiones que te pidan los usuarios), no tienes que pagar impuestos hasta facturar cifras significativas (más de 75.000€, si no recuerdo mal) y puedes hacer una declaración de IVA simplificada que no te obliga a guardar facturas y facturitas y a contabilizarlas cada trimestre. Una empresa fundada en Delaware no paga impuestos (los pagan los accionistas, como por cualquier otro ingreso) y el coste de cumplir con las leyes locales puede ser de menos de 100€ al año, no los más de 100€ al mes que cuesta un asesor aquí. Por supuesto, en un caso y en otro, nada de declaraciones trimestrales, pago a notarios cada vez que quieres cambiar cualquier cosa y otras molestias similares que te hacen perder el tiempo (y a veces el sueño) en lugar de dedicarte a hacer crecer tu negocio.

Mientras nuestro gobierno se empeña en imponer sus criterios de paridad y otorgar “derechos” laborales (como las bajas por paternidad) que pagan los empresarios, mientras nuestros jueces sentencian que un empleado que insulta o agrede a su superior no merece ser despedido, mientras patronal y sindicatos discuten si las indemnizaciones por despido son altas o bajas, puedes contratar tu servicio de atención al cliente en Argentina, a tus desarrolladores en Rumanía, a tu diseñador gráfico en Australia y fabricar tus productos en China. Por supuesto, pagando a todos por lo que trabajan y sólo por lo que trabajan. Gente que habla inglés, o español, y cuyo nivel de profesionalidad no tiene nada que envidiar al de aquí (más bien al revés). Con lo cual cualquiera con dos dedos de frente contratará en España solo al personal estrictamente imprescindible, que probablemente será uno o ninguno.

Antes, cuando no existía Internet, los vuelos estaban solo al alcance de los ricos y el mundo era mucho más grande, podías elegir entre olvidar tus proyectos o pasar por el aro. Ahora tienes alternativa, puedes seguir viviendo en un pueblo de Teruel y vender en todo el mundo facturando millones de euros. Ahora tu empresa no está atada físicamente al lugar en el que vives. Puedes tener socios, y clientes, en cualquier parte del mundo. Los politiquillos cortos de vista que se empeñan en poner puertas al campo, lo único que van a conseguir es hacerte mirar más allá, animarte a buscar soluciones y seguir adelante. Y esto vale para la ley Sinde, para las subidas de impuestos o para las normas feministas de paridad. Cuando la presión excede lo tolerable, el emprendedor buscará alternativas.

Y ahora las hay.

[ACTUALIZACIÓN] Por si alguien tiene interés, el gobierno británico tiene una web con información completísima y fácil de entender para cualquiera que se plantee abrir una empresa allí: http://www.businesslink.gov.uk/bdotg/action/layer?topicId=1073858805

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Por qué no merece la pena ganar 50.000€


Cuando expliqué la fórmula para ganar un sueldo de 50.000€, acabé diciendo que no merece la pena esforzarte en esto. Para verlo vamos a comparar qué tienes con un sueldo de 50.000€ y qué tienes con un sueldo de 20.000€.

1. El dinero neto

Si ganas 50.000€, después de pagar impuestos te quedan limpios alrededor de 35.000, es decir, 2.500€ al mes si cobras 14 pagas. Si ganas 20.000€ lo que recibes al mes son 1.140. Ya hemos recortado casi un 6% de diferencia por la progresividad de los impuestos.

2. Ayudas

El estado, la comunidad autónoma y los ayuntamientos ofrecen ayudas para estudios, vivienda, etc. Uno de los criterios para acceder a estas ayudas es el nivel de ingresos, y se usa a menudo el IPREM. Como ejemplo, en este enlace podéis hacer la prueba de las ayudas que obtiene para comprar una vivienda una familia de 3 miembros según los ingresos familiares sean de 20.000 o 50.000€. Si tenemos un crédito de 300.000€, ya tenemos 3.000€ más al año de recorte entre los dos sueldos, solo en esta ayuda.

Con lo cual, esos 1.350€ de diferencia al mes puede que se nos queden en poco más de 1.000.

3. Más trabajo supone más gasto

Como ya explicamos, para ganar un sueldo de 50.000€ hay que asumir responsabilidades. A menudo eso supone trabajar más horas y viajar. Lo que significa que comes fuera de casa (y normalmente pagas tú esa comida), que vas a trabajar en tu coche para mejorar tu movilidad y sobre todo que tienes menos tiempo para estar en casa, por lo que tienes que pagar a alguien para que colabore en las tareas domésticas y cuide a tus hijos.

Por otro lado, como ya explicamos en un puesto de más responsabilidad no puedes ir vestido de cualquier manera, de modo que también hay un mayor gasto en ropa: trajes, corbatas, etc.

Por tanto, otra parte de esos 1.000€ de diferencia se va en mantener la situación, no en mejoras sustanciales en tu nivel de vida.

4. La diferencia en gastos

La cuestión es ¿realmente esos 1000€ al mes suponen una diferencia en tu nivel de vida? Tienes un coche mejor, puedes comprar mejor ropa, puedes salir a cenar a sitios más caros, puedes comprar comida de más calidad o ir de vacaciones más lejos o a un hotel con una estrella más.

Pero tu vida con 50.000€ es esencialmente igual a la del que gana 20.000. Sigues mirando las ofertas del supermercado. Sigues comprando la ropa en rebajas. No puedes ir de vacaciones cuando quieres, ni a donde quieres. Sales los mismos días del fin de semana, y sigues mirando la columna derecha de la carta en el restaurante antes de elegir un plato.

Así que si pudieras comparar tu vida con un sueldo de 50.000€ con la de un hipotético hermano gemelo que gana 20.000€ probablemente te preguntarías ¿y para esto me he esforzado tanto?

La triste realidad es que siendo asalariado es muy difícil salir de la vida de clase media. Todo empuja a la uniformidad, a esforzarte cada vez más para mantener un ritmo de vida muy parecido al de tus vecinos.

Por eso, más que esforzarte en subir peldaños en la escalera corporativa, lo que debes hacer es buscar la manera de salir de ella.

Una vía es el ahorro y la inversión de lo ahorrado. El informe del Instituto Juan de Mariana sobre la Sociedad de Propietarios lo explica con detalle. Cualquier persona puede ahorrar una parte de su sueldo, basta con hacer como Hacienda y la Seguridad Social, que obligan a la empresa a quitarnos el dinero antes de que llegue a nuestras manos para así asegurarse el cobro. Si haces lo mismo y retiras una parte del dinero nada más cobrar, no te acostumbrarás a gastarlo. Y por mal que inviertas, si diversificas lo normal es tener un rendimiento neto (descontada la inflación) de un 5-7% anual, que por la magia del interés compuesto puede convertir tu inversión en una cantidad importante al cabo de unos años.

La otra alternativa, más arriesgada y no apta para todos los públicos, es ser emprendedor. La probabilidad de fracasar es alta, pero precisamente por eso si consigues crear una empresa con éxito la recompensa es también alta.

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Sobre la subida del IVA


Fosterwit publicó la semana pasada un post en el que justificaba la subida del IVA. Expresa tan bien todo lo contrario a lo que yo pienso que no he podido resistirme a comentarlo.

Discrepancias aparte sobre la conveniencia o no de la subida del IVA, es indudable que se hacía necesaria una reforma fiscal dado la situación deficitaria del presupuesto del Estado. El incremento del gasto social, principalmente por las prestaciones de desempleo, ha supuesto una losa difícil de soslayar en la carga presupuestaria y antes o después había que tomar cartas en el asunto.

No. Si hay incremento del “gasto social” (que tiene delito llamar así a pagar el paro), lo que hay que pensar es que eso se produce porque hay una crisis, y hay que poner cuanto antes los medios para que deje de haberla y deje de ser necesario tanto “gasto social”. Es decir, en lugar de buscar más ingresos por la vía de exprimir más a los que todavía trabajan, reducir los gastos.

En las últimas semanas es una cuestión a la que le estoy dando vueltas, entre otras cosas, porque últimamente he estado en China donde el IVA como impuesto no existe, no se paga ni por ningún bien que se compre ni por servicio que se consuma. Y ahora, que por otras razones estoy en Australia, se dá casi la misma situación, la imposición indirecta es casi nula. Pero no nos vamos a engañar, la situación macroeconómica de China no es la España y la de Australia, un país inmenso con una población ridícula, tampoco.

Y seguro que el que haya poco o ningún impuesto al consumo no tiene nada que ver con que la situación macroeconómica de China no sea la de España. Tampoco tiene nada que ver que cuando España crecía al 10% anual no hubiera impuestos al consumo (y pocos impuestos para todo lo demás). Son simples casualidades, coincidencias.

Cuando se hizo pública la información de que los tipos del IVA se iban a modificar, como buen español fue inevitable discutir la cuestión con mis amistades, también economistas. Personalmente, la actitud del gobierno me parece la mejor de las opciones, en un período de contracción de la demanda y con unas tasas de inflación, que alcanzarían la deflación si no fuese por la manipulación de los precios públicos, desde mi punto de vista, la subida del IVA es lo más oportuno en una situación como la actual de imperiosa necesidad de incrementar la recaudación fiscal.

Será porque no soy economista, pero no alcanzo a ver cómo subir el IVA va a ayudar a otra cosa que no sea contraer más la demanda. Pero enseguida vamos con lo del incremento de la recaudación fiscal, que hay que leer el siguiente párrafo.

Si se hubiese variado la imposición directa, mediante los tipos de IRPF de las nóminas de los trabajadores, hubiera repercutido de una manera muy negativa en el consumo, ya de por sí contraído, por lo que no puede contemplarse como opción. Si se hace mediante la imposición indirecta, es decir el IVA, se controla mucho mejor los efectos adversos.

¿Mande? Vamos a ver si lo entiendo: si me quitan 50 o 100 euros de la nómina todos los meses, gastaré menos. Hasta ahí de acuerdo. Pero veamos cómo justifica Fosterwit que los efectos adversos del IVA se controlan mucho mejor.

Los empresarios tienen difícil repercutir la subida porque afectaría a su demanda, ya de por sí debilitada, por lo que exigirá absorber la subida, esta actitud es la que se han comprometido a adoptar grandes empresas como Mercadona o Zara, por poner dos ejemplos de relevancia en la economía nacional.

Obvio, todas las empresas están en una situación tan boyante que disminuir un 2% sus ingresos no tiene ninguna repercusión. Y si la tiene, que se jodan, que para eso son empresarios y no les queda más remedio que absorber la subida. En lo que no cae Fosterwit es en que el empresario sí tiene otras opciones. Una es mandarlo todo a la mierda, cerrar la empresa y buscar otra manera de ganarse la vida (o vivir de las rentas sin más líos). Otra es la economía sumergida (hablaremos luego).

Y otra, por supuesto, es incrementar el precio, y ya puestos redondeando hacia arriba. Al menos Fosterwit reconoce que en algún caso sí habrá impacto para el consumidor:

El contrapunto lo representan los oligopolios, a mi como consumidor, me encantaría que Telefónica (o cualquier otra operadora), Gas Natural, Endesa y, en resumidas cuentas, los grandes oligopolios aplicasen la misma disciplina que Mercadona, pero lamentablemente, no será así. En el caso de los pequeños empresarios la capacidad de absorción del impacto impositivo no es la misma que la de estas grandes empresas, pero es evidente que el afán de mantener su maltrecha competitividad les exigirá no repercutir la subida del IVA y asumir esos dos puntos como reducción de su margen comercial.

Como he dicho, su maltrecha competitividad les puede suponer el cierre a las pequeñas empresas que lo están pasando realmente mal. Pero es que hay todavía más alternativas a asumir los dos puntos como reducción del margen comercial. Por ejemplo, apretar a los proveedores y trasladarles a ellos el problema. O hacer una reducción de plantilla y trasladar el problema a los empleados. O cancelar algún servicio que le presta un tercero (y trasladar el problema, corregido y aumentado, a los que prestan servicios a empresas).

Y ojo, no entro en si es justo o injusto que se pretenda, como hace Fosterwit, que sean los pequeños empresarios los que paguen las consecuencias de la manía despilfarradora del Gobierno. Ni siquiera me preocupa saber lo que es justo. Simplemente digo que no va a ser así.

Si aumentara un 2% el tipo del IRPF, no quedaría más remedio que asumirlo (puedes protestar, pero ese dinero está controlado y ni la empresa ni el trabajador tienen mucho margen de maniobra para escapar de Hacienda). Sin embargo, como acabamos de ver, un empresario tiene muchas más opciones que tragarse una subida de impuestos sin masticar, y es seguro que algo hará.

En un país como España con unos índices de economía sumergida y un fraude fiscal inadmisibles, estas reformas son inevitables mal que nos pese. Si cada uno de nosotros fuésemos más solidarios y estuviésemos más comprometidos con el significado social que tiene la recaudación fiscal, y en esto los pequeños empresarios y autónomos tienen mucho que aprender, seguramente no nos veríamos con estas situaciones como la actual. Para eso también es necesario tener confianza en que la recaudación fiscal que se aplica para sufragar el gasto público, actúa como elemento de distribución de la riqueza, y en esto, la corrupción política generalizada en los distintos ámbitos no ayudan a promocionar esta idea.

Vamos a ver. Los índices de economía sumergida y fraude fiscal no son la causa del aumento de impuesto, sino su consecuencia. La economía sumergida, el fraude, los sobornos, las comisiones… son resultados inevitables de una economía socialista. Decir que esto es injusto, o insolidario, es como decir que la ley de la gravedad es insolidaria porque no nos deja volar. Puedes organizar manifestaciones si quieres, o publicar normas y decretos, que la ley de la gravedad seguirá funcionando inexorablemente.

La mayor parte de la gente es razonablemente honesta, quiere ganarse la vida sin preocupaciones y sin meterse en líos. Si estableces una fiscalidad moderada, con unas normas fáciles de entender y de cumplir, la mayoría de la gente será honrada aunque solo sea por no tener inspecciones y problemas. Pero cuando los impuestos suben tanto que ponen en riesgo tu negocio, es difícil resistir la tentación de mandar a paseo las normas y hacer lo que tengas que hacer para que tu empresa salga adelante.

Lo de la solidaridad es de chiste. No tiene nada de solidario que alguien (por mucho que sea el Gobierno) me quite el dinero, bajo amenaza de cárcel, para gastarlo como a él mejor le parezca. Que pagar impuestos sea una consecuencia inevitable de vivir en la sociedad actual, pase. Pero al menos llamemos a las cosas por su nombre: los “impuestos” se llaman así porque no son “voluntarios”, y la solidaridad requiere voluntariedad.

Y prefiero no entrar a fondo en lo de la “redistribución de la riqueza”, que para Fosterwit parece ser un objetivo en sí mismo. Lo que no entiendo es que se extrañe de que un empresario que ha arriesgado su dinero y trabaja 12 horas al día 6 días a la semana (como hacen la mayoría de los empresarios en España, que tienen microempresas en los que ellos y sus familias son la principal fuerza laboral) no quiera “redistribuir” su riqueza con los cineastas subvencionados, los del PER, los que llevan más de dos años en paro pero no pueden ir a Huelva a recoger el fresón, las decenas de miles de liberados sindicales, los politiquillos de todo pelaje que abrevan en los presupuestos de los ayuntamientos, los amigos de los políticos que consiguen contratos falsos (o con presupuestos inflados), los bancos y cajas rescatados de extranjis, las ONGs absolutamente dependientes de los dineros gubernamentales…

Lo más grave de todo el artículo es que el propio fondo del mismo está equivocado. Ni siquiera va a suceder que se aumento del 2% sirva para sanear las cuentas del Estado. Sin ser economista, me atrevo a hacer una predicción: en el primer semestre después de que entre en vigor el nuevo IVA, la recaudación por este impuesto habrá descendido respecto a los mismos meses del año anterior.

Y es que no hace falta ser economista para conocer la curva de Laffer, que es una manera elegante de explicar lo que he escrito más arriba acerca de la economía sumergida.

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Lo que ganas y lo que vales

En uno de los últimos posts de Rodolfo Carpintier se plantea el tema del outsourcing y el bodyshopping y si es justo que tu empresa facture grandes cantidades mientras a ti te paga un sueldo miserable.

Vamos a hacer unos números, por aclarar. Supongamos que tienes un sueldo normalito, de 20.000 €. Un poco más que mileurista, pero nada para tirar cohetes. Recordemos que de ese sueldo a ti te llegan 16.600, el resto se lo llevan Hacienda y la Seguridad Social.

Para tu empresa, tú no cuestas 20.000€, sino bastante más. Tiene que pagar la cuota patronal de la seguridad social, lo que supone algo más de un 30% de tu sueldo bruto, es decir, 6.700 €. Y probablemente tiene que provisionar la indemnización por despido, un 12%: otros 2.400. Además, hay gastos de estructura asociados en los que la empresa incurre solo por tenerte allí: parte proporcional de edificio, limpieza, equipamiento, gestión… Esto varía mucho en función de cada empresa, pero una cantidad razonable es un 20% de tu sueldo bruto. Lo que quiere decir, sumando todos los conceptos, que si la empresa te paga 20.000€ brutos, en realidad le cuestas 33.100 €.

Ahora la pregunta es ¿qué valor le generas a tu empresa a cambio de esos 33.100 €? Si no sabes responder a esto, piénsalo bien, porque tienes un problema.Y si la respuesta es menos de esos 33.100 ya puedes espabilar, porque en cuanto alguien haga números irás a la calle.

Si estás en ventas o en producción es relativamente sencillo averiguar qué valor le proporcionas a tu empresa. Calculas lo que facturan por ti al año, o el margen que producen tus ventas, le restas tu coste, y eso es lo que la empresa gana por tenerte contratado. Si estás en backoffice el cálculo es más complicado, pero tal vez puedas calcular cuánto dinero se ahorra la empresa contigo: tal vez consigas ajustar los márgenes de los proveedores (y ampliar los de tu empresa), o haces un trabajo que de externalizarlo costaría mucho más.

Si haces estas cuentas probablemente descubrirás que, efectivamente, vales mucho más de lo que ganas. Que tu empresa factura 50.000 o 100.000€ a cambio de esos 31.000€ que les cuestas, con lo cual hay un beneficio para ella de 20.000 o 70.000 o más euros. ¿Quién se los lleva? El comercial que ha hecho la venta, el jefe de tu departamento, el resto de directivos, y al final los accionistas de la empresa, que si todo va bien se llevarán entre un 10% y un 30% del valor bruto que generas.

Ahora viene la pregunta: ¿es justo este reparto? ¿Es justo que tu trabajo suponga unos ingresos de 100.000€ al año y a ti te lleguen 16.600? Yo creo que más que justo, es inevitable.

Es inevitable que Hacienda y la Seguridad Social se lleven una parte, porque tu sueldo está controlado hasta el último céntimo, y tu empresa está obligada a recaudar para ellos.

Es inevitable que tu empresa, además de cubrir tus costes, aspire a pagar parte de sus gastos de funcionamiento, incluyendo sueldos de directivos, personal administrativo, etc. Si no lo hiciera tendría simplemente que cerrar.

Y es inevitable que los accionistas se lleven una parte del dinero, porque para eso arriesgaron ellos el suyo cuando no estaba claro que la empresa fuera a ganar ni un céntimo.

Así que si trabajas como empleado debes hacerte a la idea de que la mayor parte del valor que genera tu trabajo se lo van a repartir otros.

Claro que también puedes intentar cambiar las cosas. Puedes salir de la empresa y ser independiente. Así eres tú el que tiene el poder de capturar la mayor parte del valor que generas. Al fin y al cabo, ya sabes que hay un mercado que está dispuesto a pagar por tus servicios.

Si eres capaz de facturar 50.000€ al año y te haces autónomo, tendrás que pagar una cuota a la Seguridad Social de 3.000€ al año, y tendrás que hacer de recaudador de IVA para Hacienda. Tendrás que poner tú las herramientas de trabajo, pero podrás deducirte el IVA que pagas por ellas. Tendrás otros gastos: coche, gasolina, ordenador, ADSL, teléfono, etc. Tendrás que pagar además a un asesor fiscal para evitar líos con Hacienda. Supongamos (y ya es mucho suponer) que dedicas 1.000 € al mes a este tipo de costes asociados a tu actividad. Con esto y la Seguridad Social, aún te quedan 35.000€ netos al año.

¿Por qué prefieres seguir cobrando menos de la mitad de lo que podrías cobrar? Ah, sí. Que para facturar esos 50.000 € tendrías que salir por ahí a vender tus servicios, y eso no lo sabes hacer. Bien, siempre puedes contratar a alguien para que lo haga por ti. Eso supone un coste adicional, muy variable en función de si solo te das de alta en un portal de freelance o debes contratar servicios de marketing, pero aun así sigues ganando más dinero que en tu puesto actual. ¿Algún otro motivo?

Está claro: tu sueldo actual es seguro, cobras todos los meses, y trabajando por tu cuenta no se sabe cuánto ni cuándo vas a cobrar. Que para arriesgarte a no poder pagar la hipoteca, mejor te quedas como estás e intentas cambiar a otro puesto mejor cuando tengas una oportunidad.

De acuerdo. Es lo que piensa la mayoría de la gente. Pero no te quejes entonces de que tu empresa te paga poco y factura mucho. Eso solo sucede porque sus dueños tomaron un día la decisión contraria a la que has tomado tú. Ellos asumieron el riesgo, y como premio se llevan la mayor parte del valor. Tú has elegido la seguridad, y tienes a cambio la mayor parte del trabajo.

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Como en España en ninguna parte

Y que esto lo diga un argentino…

Para ser exactos, lo que dice Martín Varsavsky es “como en Europa en ninguna parte“, pero aún así no puedo estar de acuerdo, así que vamos a criticarlo. Vaya por delante que él ha creado empresas a ambos lados del charco y no le ha ido mal del todo, y yo solo tengo una mínima experiencia por aquí, pero hay datos que son objetivos.

Varsavsky defiende que para él, en el caso de Fon, los beneficios de estar en España superan a las desventajas de no estar en Silicon Valley por tres motivos, que comento uno a uno:

  • Coste legal. En Estados Unidos el coste de abogados y pleitos que debe soportar una empresa es un orden de magnitud superior a España.

    Aquí no tengo nada que decir. Seguramente es cierto, aunque habría que tener en cuenta en España los costes de juicios que tardan años o que ni siquiera llegan a plantearse porque el emprendedor no espera nada de la justicia. ¿Cuántos se quedan sin cobrar un trabajo realizado, o tienen problemas con empleados, y acaban por asumir las pérdidas y mirar para adelante?

  • Costes sanitarios. En Estados Unidos el 60% de las empresas paga un plan de salud privado a sus empleados, con un coste medio de 10.000$. En realidad, el coste medio por empleado es de 13.000$, porque los empleados pagan una parte. En España, el coste medio que se paga a la Seguridad Social es de 6.300 € (en 2007, último dato que publica el INE).

    La diferencia, claro, es que con ese coste de 10.000$ el empleado tiene un plan de salud privado, en el que no hay listas de espera ni masificación en urgencias. Aquí la sanidad privada o te la paga la empresa, o se la paga cada uno, lo que añade 100 o 200 euros al mes, como poco. No hay tanta diferencia en el coste, como vemos.

  • Más gasto militar. Varsavsky explica que el gasto militar en EEUU es muy superior al de España, EEUU dedica el 21% del presupuesto nacional y España un 7%. Por tanto, al Estado le quedan menos recursos para dedicar a educación, sanidad o transporte público, y el empleado tiene que dedicar una parte importante de su sueldo a estos fines.

    Pero la realidad es que en España una parte significativa del presupuesto no se dedica a educación y sanidad, sino a subvenciones varias o a mantener miniparlamentos y minigobiernos, cada uno con una su población de presupuestívoros. Lo cierto es que en España, la presión fiscal es del 33% (y eso en el 2008, que cayó el IVA, porque en el 2007 llegó a ser del 37%), mientras que en EEUU el año pasado fue del 26,9%, y el anterior el 28,3%.

    En EEUU, la educación es gratuita Y DE CALIDAD. La inmensa mayoría de los estadounidenses lleva a sus hijos al High School, mientras que aquí son excepción los que prefieren el instituto pudiendo pagar un colegio concertado o privado. Varsavsky debería sumar los costes de la educación de los niños a los gastos de un empleado medio.

Pero hay otro punto sobre el que pasa de puntillas, y es el sueldo medio. En España, el sueldo medio es de 20.000 € (de nuevo, datos del 2007). En EEUU es de 65.000$, es decir 43.000€. Dicho de otra manera, por si no queda claro: en España se paga la mitad por el mismo trabajo.

Y ese sí es un motivo para crear una empresa en España y no en EEUU, especialmente si es una empresa en la que los costes laborales son un porcentaje importante del total. Desconozco si es el caso de Fon, pero creo que Varsavsky debería haberlo tenido en cuenta a la hora de sopesar pros y contras.

Dicho esto, es su empresa, y yo no voy a dar lecciones a un tipo como él acerca de cómo y dónde llevarla. Pero no dejan de resultarme chocantes estos argumentos, en los que creo que pesa más su ideología que la objetividad.

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Cuando el Estado te hace la competencia

El lunes se anunció una iniciativa conjunta del Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento para promocionar el teatro. Se trata de una web, madridestrena.com, en la que se informa de los estrenos teatrales.

Por lo que he podido ver, la cosa ya ha costado 25.000 euros. A eso hay que sumarle el evento de presentación, que una cosa de estas entre micrófonos, traseras, canapés y vinito no suele salir por menos de 2.000. Y los 25.000 euros han sido para crear la web, que ahora hay que mantenerla, así que nuestras administraciones se gastarán otros miles de euros más en seguir adelante con la iniciativa.

Obviemos que “la web” es un blog en WordPress con unos cuantos plugins, y supongamos que configurar el asunto, meter el contenido inicial y crear un tema cuesta 25.000 euros. Al menos se los ha llevado un freelance, y no una empresa de consultoría al uso.

El problema grave es el de fondo: ¿qué necesidad tiene el Estado de hacer la competencia a Lanetro o la Guía del Ocio? ¿No se supone que esto del Estado es para llegar allí donde la iniciativa privada no llega? Pues ahora resulta que hay al menos un par de empresas que intentan ganar dinero ofreciendo esta información, y el Estado se considera legitimado para competir con ellas. Utilizando para ello el dinero que previamente les ha quitado en forma de impuestos.

Probablemente el 90% de los usuarios seguirá consultando las webs de las empresas privadas para buscar información sobre teatro, pero eso no quita para que el asunto tenga muy poca gracia. Hace unos años, en España había dos empresas que desarrollaban (y vendían) sus propias distribuciones de Linux: Esware e HispaFuentes. Pero a la Comunidad de Extremadura se le ocurrió que podía desarrollar su propia distribución y regalarla, luego le siguieron otras… y hoy Esware ha cerrado e HispaFuentes sobrevivió gracias a que consiguió cambiar su modelo de negocio para convertirse en prestador de servicios.

Por si no es suficientemente difícil ser emprendedor en un país como el nuestro, con tanta regulación y tanta traba, encima llega el Estado y se convierte en tu peor competidor: uno que tiene recursos infinitos, ofrece lo mismo a coste cero y no tiene ninguna presión para obtener beneficios.

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SICAV, demagogia, regulaciones y capital riesgo

Dado que el gobierno no está dispuesto a gastar menos (más bien todo lo contrario), es obvio que necesita aumentar los ingresos. De modo que era previsible una subida de impuestos. Ahora bien, como a nadie le gusta pagar más impuestos, ha comenzado la propaganda demagógica: se van a subir “a los ricos”.

Enseguida aparecen otras ideas demagógicas: los ricos no pagan impuestos porque tiene SICAV. ¡Subamos los impuestos a las SICAV!

Para desgracia de todos, que los ricos no pagan impuestos es una ley tan inexorable como la de la gravedad. Para eso son ricos y pueden permitirse pagar legiones de abogados y asesores fiscales que se aseguren de encontrar la manera de minimizar la parte de sus beneficios que se lleva el estado. Si es preciso, se llevan el dinero a otros países donde los traten mejor. Y siempre habrá países que los traten mejor. Si esto lo hace hasta el solidario Bono, ¿qué no harán los malvados capitalistas que fuman puros y llevan chistera? No sé si es injusto o no, pero es la realidad, y no sirve de nada empeñarse en negarla.

De modo que no, por mucho que nos empeñemos, el coste de las medidas sociales del gobierno no lo van a pagar los ricos, sino los que tienen una nómina controlada por Hacienda y ninguna capacidad de hacer filigranas fiscales. Como siempre.

Más demagogia: ¡Debe existir más regulación para evitar otra crisis como ésta! Pues no hace falta regulación para evitar una crisis como ésta, porque gato escaldado del agua fría huye. Ya estamos todos escarmentados. La siguiente crisis vendrá por otras vías, que se habrán escapado al regulador, como todas las anteriores. Creer que el gobierno puede evitar las crisis mediante la regulación de los mercados es un espejismo, como se demuestra una y otra vez. Los gobiernos siempre van a la zaga de la realidad.

Lo que sí harán las regulaciones, y las subidas de impuestos, es dificultar la salida de la crisis. Lo que necesitamos, aparte de esperar a que nos salve la divina providencia en forma de consumo alemán y francés, es invertir en empresas que creen riqueza. Que necesiten emplear trabajadores y que compren a otras empresas productos y servicios.

En Estados Unidos, llevados por el empeño vano de evitar nuevas crisis financieras, están intentando regular el capital riesgo. Lo que significará menos capacidad de maniobra y por tanto menos capacidad para financiar empresas incipientes, de alto riesgo por su propia naturaleza.

En España, sin haber llegado a tener una infraestructura de inversión en emprendimientos y con unas regulaciones que hacen que crear y financiar una empresa sea una proeza, ya estamos dispuestos a gravar más las rentas del capital y a poner en la picota a “los ricos”. Esos que podrían invertir en empresas españolas, pero que se llevarán su capital a países donde sea mejor recibido si aquí se les hace todo más difícil.

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La diferencia entre vender y cobrar

En los consejos para emprendedores que dan los americanos, pocas veces se insiste en la importancia de cobrar. No sé si será porque allí se da por hecho que si vendes (y entregas el producto o servicio) cobras.

Desgraciadamente, en España no es así. El primer cliente de Alanta fue una empresa del sector IT. Estábamos encantados: era un proyecto de 11.000 euros, que podía servir como modelo para otros clientes, interesante desde el punto de vista técnico… todo ventajas.

Acordamos que emitiríamos dos facturas, a 30 y 60 días de la finalización del trabajo. Cuando el cliente dio el OK a la instalación, emitimos la primera. Pero llegó el momento de emitir la segunda, y todavía no habían pagado. Empezó ahí una serie de llamadas, respondidas al principio con amabilidad y promesas de pagos inminentes que nunca se materializaban.

Por resumir, al cabo de un par de meses, la empresa se declaró en suspensión de pagos. Nunca conseguimos cobrar aquel primer proyecto. Para una empresa pequeñita, que estaba empezando, 11.000 euros era un montón de dinero, y no cobrarlos hizo mucho daño.

Sin llegar a estos extremos, conseguir cobrar es un problema real para muchas empresas. La ley 3/2004 no ha servido para mejorar la situación, al menos en el entorno que yo conozco.

Cuando firmes un contrato, define de manera muy concreta los términos de pago, y procura que se establezcan penalizaciones por retrasos en el pago. O si quieres plantearlo de forma positiva, establece descuentos que sólo serán de aplicación se se paga en menos de 30 días.

Y procura sincronizar lo mejor posible tus pagos a proveedores y tus cobros a clientes. Si estás empezando y no tienes mucho pulmón financiero, puedes morir por culpa de un proyecto exitoso en el que no seas capaz de cumplir con tus compromisos de pago. El mejor momento para negociar estas cosas es cuando estás a punto de firmar el contrato, no cuando ya tienes problemas para pagar o cobrar.

El problema del IVA

Algo que puede sorprender a los emprendedores primerizos es que tienes que pagar el IVA correspondiente a las facturas emitidas en el trimestre aunque no las hayas cobrado todavía. Es un efecto todavía más perverso de los pagos a 90 días: no solo tardas en cobrar, no solo tienes que pagar a tus proveedores, sino que también tienes que pagar la parte de IVA que todavía no has ingresado.

¿Qué pasa si llega el momento y por falta de previsión no tienes dinero? Aunque ninguna alternativa es buena, algo puedes hacer.

Pide un aplazamiento a la Agencia Tributaria

Lo primero es pedir un aplazamiento a Hacienda. Para deudas inferiores a 6.000 euros, basta con explicar que tienes unas facturas pendientes de cobro y proponer un plan de pagos razonable. Lo más probable es que te concedan el aplazamiento (ignoro los intereses que aplican).

Si tienes que pagar más de 6.000 euros, el problema es que en estos casos Hacienda exige una prueba de que podrás pagar, habitualmente un aval. Y si no puedes pagar ni el IVA, a ver qué banco te va a conceder un aval.

Intenta financiar la factura

Si tu cliente es solvente, tu banco puede estar dispuesto a entregarte ahora el importe de tu factura. A cambio de un porcentaje, claro, que de eso viven. Cliente solvente aquí significa una gran administración pública o una empresa que cotice en el IBEX 35. Si tu cliente no es de esos, tu factura no es más que un papelito.

No pagues

Si esperas cobrar en 90 días, puedes simplemente no pagar en su momento, y hacerlo cuando cobres. El problema es que Hacienda aplica unos recargos que creo recordar que son de un 5% por retraso inferior a 3 meses, un 10% por retraso inferior a 6 meses, y un 15% por retraso inferior a 9 meses.

Como financiación de deuda es un método ruinoso, pero si no te queda más remedio al menos es una salida mejor que la quiebra de tu empresa por éxito.

Ten el dinero preparado

La mejor opción es tener una buena previsión de tesorería, y dinero suficiente para hacer frente a los pagos a Hacienda. Si te acercas a tu banco cuando las cosas van bien y les dices: “esto marcha viento en popa, los clientes me quitan de las manos mis productos / servicios”, les das pruebas de lo bien que te va (facturas, pedidos, contratos o resúmenes contables de la situación), les muestras unas cuentas claras y les pides una línea de crédito para financiar la tesorería, es posible que te la concedan. Así estarás preparado para cuando llegue el pago trimestral del IVA (y del IRPF, que es primo hermano de este).

Si en lugar de hacer tus previsiones te encuentras un buen día sin un euro y una carta de Hacienda reclamándote su parte del negocio, entonces es mucho más difícil negociar con tu banco. Un banco nunca presta dinero a quien tiene problemas.

Moraleja: no saques el champán de la nevera cuando firmes la venta. Espera a tener el dinero en el banco.
Si creías que por haber cerrado una venta, e incluso por haber emitido una factura ya tenías todo a favor piénsalo de nuevo, analiza los tiempos de cobros y pagos, calcula tus opciones y actúa antes de que sea demasiado tarde.

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