Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Qué implica abrir una empresa en Londres?

Vamos a intentar aclarar algunas dudas que han surgido a raíz de mi post de ayer explicando cómo crear una empresa en Inglaterra.

Una advertencia importante antes de empezar. No te fíes de lo primero que leas en Internet. No soy tu asesor, de hecho no soy asesor de nadie. No me hago responsable de ningún resultado, bueno o malo, si actúas en función de algo que hayas leído aquí. Yo cuento mi experiencia y doy mi opinión. Y lo hago gratis. A partir de ahí, lo que cuenta es tu sentido común. Estás avisado.

Dejo para mejor ocasión comentar la diferencia de trato al emprendedor en UK y en España. Si estás interesado en promover alguna iniciativa en este sentido, dame un toque por email o por twitter, que algo estoy pensando.

De momento se trata de ver las posibilidades reales aquí y ahora. Así que vamos a ver las dudas y objeciones.

Unas aclaraciones previas:

  • Tu empresa y tú no sois lo mismo, aunque seas el único propietario. Si tu empresa es inglesa, paga impuestos según las leyes inglesas, y tú como español residente en España pagas impuestos según las leyes españolas, también de los ingresos que recibas como propietario de una empresa inglesa. Insisto: es perfectamente posible que tu empresa sea inglesa, con sede en UK, y tú seas español residente en España. No hay nada ilegal ni extraño en esto.
  • Un vuelo a Londres de ida y vuelta en el día desde Madrid cuesta entre 30 y 60 euros según el día de la semana elegido y lo previsor que seas. El vuelo son dos horas. Con los doscientos y pico euros de autónomos te da para unos cuantos viajes al mes, y además puedes volver con té y galletas de Harrods para la familia.
  • El coste de una oficina virtual en Londres es de unos 50-100€ al mes. Con esto tienes una sede perfectamente legal y legítima, una oficina desde la que operas, incluso una sala de reuniones o una mesa desde la que trabajar y tomar decisiones sobre la estrategia de la empresa y dirigirla.
  • El tipo de empresa que yo quiero crear y para el que creo que es adecuada esta solución tiene ciertos condicionantes: yo no voy a tener empleados, voy a trabajar todo lo posible desde Internet, trabajo con proveedores de todo el mundo y quiero tener clientes en todo el mundo.

Si vendes en España debes cumplir las leyes españolas y pagar los impuestos españoles

Falso. ¿O es que nadie ha comprado un iPod a Apple desde su web? De ser así sabría que la empresa que te lo vende es una subsidiaria de Apple radicada en Irlanda. Otro caso más cercano ¿no os suena eso de que Zara había creado una empresa radicada en Irlanda para sus ventas en Internet?

Por supuesto que una empresa británica puede vender en España, y eso no implica abrir una sucursal en absoluto. Para los despistados, hay una cosa que se llama Unión Europea, y que entre sus pocas cosas buenas permite hacer estas operaciones. Y si la empresa opera desde un servidor de Internet radicado fuera del territorio español no tiene que cumplir la LSSI ni la LOPD, sino en todo caso sus equivalentes británicas. El gobierno español es poderoso, pero no tanto como para imponer sus leyes más allá de nuestras fronteras.

Si vendes solo en España debes cumplir las leyes españolas aunque la empresa sea inglesa

Si tu plan es vender solo en España lo mejor que puedes hacer es cerrar la empresa ya antes de que te hagas daño. Levanta la cabeza, mira a tu alrededor y ya con más tiempo hazte el favor de plantearte un negocio en el que puedas vender fuera de aquí. Por si no te has enterado: España es un desastre. Ahí fuera hay gente que tiene dinero, que valora el talento, que está dispuesta a pagar por él, que además paga cuando recibe un servicio y no a 90 días… ¿de verdad quieres empeñarte en vender solo en España?

Si aún así insistes en que en tu caso tiene sentido dedicarte solo al mercado español, en ese caso efectivamente olvídate de empresas londinenses. Es más que probable que tus problemas superen a las ventajas.

Si diriges la empresa desde España debe cumplir las leyes españolas aunque resida en Londres

Fijaos que aquí el matiz no es “operar” sino “dirigir”. Vamos a ver… ¿has conducido alguna vez por una autopista a más de 120 km/h? Si no lo has hecho nunca, no te metas en esto. Vas a vivir aterrado ante la posibilidad de que llamen a tu puerta a las 5 de la mañana y no sea el lechero sino el inspector de hacienda.

Si no te importa asumir un poco de riesgo, pues basta con tener en cuenta lo que he escrito antes. Uno o dos vuelos a Londres al mes, y con eso yo dormiría tranquilo. Tu empresa tiene una sede en Londres y está dirigida desde allí. Si tiene clientes en todo el mundo, y proveedores en todo el mundo, dudo mucho que el hecho de que tú como su director seas residente en España pueda ser suficiente como para considerar a la empresa española.

Por supuesto, siempre te queda la alternativa de nombrar a un Director británico (que esta posibilidad existe y es absolutamente legal), con lo que tu relación de “dirección” con la empresa deja de existir en la práctica. Hay un Director inglés, nombrado oficialmente, y ni la AEAT ni ninguna institución española tienen nada que decir. Tiene un coste, obviamente, pero sigue siendo mucho más barato y menos engorroso que darte de alta como autónomo en España.

¿Tengo que darme de alta en el registro de IVA británico?

Insisto porque parece que no quedó claro en el post anterior: NO. No tienes que darte de alta hasta que no factures o preveas que vas a facturar a corto plazo más de 68.000 libras. Eso significa que no tienes NIF, que operas con el nombre de tu empresa y un número de registro, y que no tienes que cobrar el IVA a una empresa española, ni italiana, ni ecuatoriana. Tu factura sin IVA a una empresa española es perfectamente legal. Ojo, esto no significa que no pagues IVA, que por supuesto que tienes que hacerlo si compras un producto o servicio que esté gravado con este impuesto.

Si quieres, puedes darte de alta voluntariamente, cobrar el IVA y declararlo. Esto te puede interesar por dos razones: porque tener un NIF te permite aparentar que eres más grande de lo que eres en realidad, o porque tienes costes con IVA asociado que quieres compensar.

¿Pero puede mi empresa hacer un trabajo presencial, por ejemplo de consultoría, a una empresa española?

Claro que puede. Yo he contratado a un técnico alemán para hacer un desarrollo, vino por aquí unos días, hizo una web para una empresa española y facturó sin problemas con su NIF alemán. Cualquier empresa europea puede hacer negocios en cualquier país de la unión sin ninguna traba. Y no por eso pasa a ser una empresa española, ni tiene que abrir sucursal, ni nada.

Como mucho podría tener problemas si toda su facturación estuviera en España. Pero recuerda que tu empresa declara a la hacienda británica, no a la española, y a la hacienda británica probablemente le importe poco que todos tus clientes sean extranjeros.

Una observación: si el que hace el trabajo eres tú, probablemente te interesa tener una relación de algún tipo con tu empresa inglesa que te permita presentarte delante del cliente y decir “hola, soy Pepe y vengo de la empresa Enterprise Ltd para hacerle un trabajo”. Esa relación puede ser simplemente un contrato por el que tú prestas un servicio a Enterprise Ltd, que luego se lo factura al cliente español. Pero esa relación y el dinero que consigas de ella puedes tener que declararlo a Hacienda y la Seguridad Social (en España). Pero vuelvo a lo que ponía al principio: una cosa eres tú y otra la empresa. Si tú haces un trabajo en España tendrás que pagar los impuestos que te correspondan en España. Si es una empresa inglesa la que hace un trabajo en España, sin embargo, paga los impuestos que le correspondan en el Reino Unido.

¿Puedo abrir una cuenta en un banco británico?

Yo no lo he hecho porque todavía no estoy en fase de necesitarlo. Mi idea al crear la empresa es de momento tener un primer soporte para hacer algunas cosillas que necesito antes de empezar a facturar. Por si le sirve a alguien, este es mi plan (insisto, el mío, no quiere decir que lo recomiende a nadie):

  • En una primera fase trabajar con Paypal. Crear una cuenta de PayPal a nombre de la empresa, y pasar el dinero de ahí a mi cuenta de PayPal. Se pierde una parte en comisiones, pero no vas a tener ningún problema mientras las cantidades sean de centenares de euros. PayPal te permite cobrar fácilmente vía web, y es gratis darte de alta en el servicio.
  • Si los números empiezan a tener 4 cifras, abriré una cuenta bancaria en UK a nombre de la empresa. PayPal va a declarar los ingresos a la hacienda británica, que se puede preguntar qué pasa con ese dinero, que no aparece en Inglaterra. Para abrir la cuenta basta con que la empresa tenga una oficina en UK, (sirve el servicio virtual del que hablaba antes), aunque por lo que tengo entendido tendré que hacer alguna gestión presencial. Mientras no necesite el dinero, estará bien ahí.

    Si veo que me conviene empezar a recibir cantidades significativas, una posibilidad es darme de alta en autónomos aquí, y facturar a mi empresa británica. ¿Y para este viaje hacían falta alforjas? te preguntarás. Pues sí, porque hay una diferencia radical en darte de alta (y empezar a pagar) cuando no cobras un céntimo y cuando estás cobrando miles de euros al mes. Otra posibilidad es retirar beneficios de la empresa inglesa, que tributan como rentas de capital y no de trabajo.

  • Si el negocio prospera realmente, lo que tendré que hacer es buscar a un buen asesor fiscal que conozca tanto la ley británica como la española para hacer lo que sea más conveniente. Ignoro absolutamente qué será. Pero lo que sí sé es que el problema que se produce por ganar mucho dinero siempre tiene mejor solución que el problema que se produce por no ganar lo suficiente.

¿Puede una empresa británica abrir una cuenta en España?

Sí, puede. Otra cosa es que encuentres un banco que quiera abrirla, porque no tienen obligación de hacerlo y lo normal es que tengas que demostrarles que tu empresa inglesa es fiable. Lo que puede suponer que tengas que darte de alta voluntariamente en el registro de IVA, por ejemplo.

Espero que todo esto que planteo resuelva las dudas de la mayoría. De todas maneras, insisto en que mi objetivo no es tanto dar una receta que sirva en todos los casos, sino animaros a buscar alternativas. Habrá a quien le venga mejor crear la empresa en Irlanda, quien prefiera probar suerte con las economías emergentes del este y tal vez a otros les venga bien hacerlo en Estados Unidos. Buscad en Google “company formation” + Delaware e informaros un poco, que también da envidia. Y quien sabe, tal vez te ocurra como a Diego Mariño, que creó una empresa en Delaware un poco por la pijada de tener una empresa americana y luego se encontró con que tener esa empresa americana le facilitó la compleja venta de Abiquo a unos inversores norteamericanos.

El impuesto para los ricos

Volvemos a tener impuesto de patrimonio. Que es, básicamente, un impuesto para los ricos. Quiero decir, no es un impuesto para que los ricos paguen más, sino un impuesto para beneficiar a los ricos.

Me explico.

El impuesto de patrimonio lo paga quien posee bienes, simplemente por poseerlos. Estos bienes puedes haberlos conseguido a base de trabajar y ahorrar, o pueden proceder de una herencia o donación (habitualmente, de un familiar directo).

Normalmente, son una inversión que se realiza para prosperar. Es muy habitual comprar una vivienda, o un local, para alquilarlo y complementar los ingresos del sueldo fijo. O incluso, para los más aventurados, abrir una franquicia. Si consigues, a base de esfuerzo, ir acumulando patrimonio, y consigues que sea rentable, puedes llegar a una posición que te permita retirarte cómodamente o dar más oportunidades a tus hijos cuando empiecen a moverse en la vida adulta.

El impuesto de patrimonio lastra esta capacidad de progresar. Si el simple hecho de tener un bien te supone más impuestos (además de IBI y otros impuestos que ya pagan los inmuebles, y además de los impuestos sobre los beneficios que te reporta el alquiler o el impuesto de sociedades si has optado por crear una empresa), esto disminuye la capacidad de ahorrar y acumular más riqueza.

¿A quién beneficia esto? Precisamente, a los ricos. Digan lo que digan los demagogos, los ricos no pagan impuesto sobre el patrimonio, del mismo modo que no pagan impuesto sobre la renta. El patrimonio de los ricos está en SICAVs y otros instrumentos similares.

El hecho de que alguien que consigue ahorrar, comprar un piso, alquilarlo, ganar un dinero, comprar otro, aumentar el patrimonio, y así durante años y años de esfuerzos y sacrificios vea mermada esta progresión por el impuesto de patrimonio es un alivio para los verdaderamente ricos, que tienen así menos competencia. El impuesto de patrimonio les asegura que la clase media está donde le corresponde, pagando impuestos y sin poder mirarles de igual a igual.

¿Queréis una muestra? Seguro que habéis leído que Warren Buffet se queja de los pocos impuestos que paga. A renglón seguido millonarios europeos han clamado también por una subida de impuestos “a los ricos”, a pesar de que nada les impide hacer una donación personal al estado si creen que eso es lo justo. Lo cierto es que, mientras Buffet sostiene públicamente que le gustaría pagar más impuestos su empresa, Berkshire Hathaway, debe impuestos desde 2002 que suponen más de 1.000 millones de dólares. Según las propias cuentas oficiales de la compañía. El mismo Buffet que afirma públicamente que le gustaría pagar más impuestos, lucha con uñas y dientes para no pagar los que ya debe. Porque en realidad, Buffet no quiere pagar más impuestos. Lo que él quiere es que paguen más impuestos, muchos más, los que tienen uno o dos millones de dólares. Así les costará más llegar a tener diez, si es que llegan.

Eso es el impuesto sobre el patrimonio. Un impuesto para asegurar que las clases medias nunca dejen de serlo.

Prefiero ser un siervo feudal

Interesantes los comentarios a mi último post. Entre los argumentos en contra hay dos que comparto: que es simplificador y demagógico hablar de “pobres” y “ricos” y que los ricos no pagan impuestos. Pero precisamente estos argumentos sirven también para negar la posibilidad de “aumentar los impuestos a los ricos y bajarlos a los pobres”.

Hay algún otro que implícita o explícitamente alude al “contrato social”. Es decir, tenemos que pagar impuestos porque vivimos en sociedad y el Estado simplemente organiza unos servicios cuyo gasto y beneficio repartimos entre todos. Esto tiene más miga, porque se podría analizar si ese contrato social es un contrato válido, pero esto es otro tema.

Ahora lo que quería proponer es otra idea. Algún comentarista proponía (supongo que irónicamente) pasar al esclavismo. No me parece disparatado, de hecho a quien no la haya visto le recomiendo ver Stico, una película en la que el protagonista (Fernando Fernán Gómez) es un catedrático de derecho que se ofrece como esclavo a un ex-alumno que ha triunfado.

Pero yo prefiero el feudalismo al esclavismo. Y al “Estado del Bienestar” que tenemos ahora. Sí, preferiría ser un siervo feudal que un ciudadano en la España actual.

De entrada, el contrato entre el siervo y el señor era mucho más simple: tú pagas un 10% de impuestos y a cambio cultivas los campos de tu señor y tienes su protección (militar y policial). En todo lo demás, básicamente te deja que vivas tu vida. No te garantiza ingresos, pero tampoco te los limita.

Ahora trabajas en la propiedad de otros (los dueños de tu empresa) para aumentar su riqueza, y a cambio te entregan una cantidad fija cada mes. Pero hay otro señor (el Estado) al que tienes que pagar casi un 50% del dinero que recibes. A cambio, además de protección, te da servicios como sanidad, educación, pensiones…

El problema es que con esos extras van otros que no están tan claros que nos beneficien: subvenciones para los señores dueños de la empresa, festejos populares con artistas invitados casualmente afectos al régimen, actividades de interés cultural que interesan a muy pocos, aportaciones a asociaciones con evidente ánimo de lucro…

Peor aún: como el que paga manda, y el Estado paga nuestra sanidad o nuestra educación, es inevitable que limite nuestra libertad. Así, ya nadie puede elegir qué curriculum educativo es el mejor para su hijo: unos funcionarios del ministerio han decidido cuántos años hay que estudiar, qué asignaturas cada año e incluso qué temas en cada asignatura. Y hay infinidad de leyes cuyo fin es protegernos de nosotros mismos, y que solo se explican porque el Estado es quien se hace cargo si hay problemas. Por ejemplo, la obligación de usar el cinturón de seguridad.

Antes de que alguien diga “sí, pero en la Edad Media te morías de hambre si había una sequía, no había sanidad, los niños no estaban escolarizados…” por favor tened en cuenta el nivel de desarrollo y riqueza relativo en la España de hace 1.000 años y en la actual. Si con el desarrollo actual tuviéramos un sistema feudal, tendríamos garantizada la seguridad, y podríamos dedicar ese 40% de nuestros ingresos que ahora nos quita el Estado a pagar cada uno la sanidad, la educación o la pensión que quisiera.

Y las fiestas de los pueblos no tendrían actuaciones de Victor Manuel y Ana Belén o Miguel Bosé. Todo ventajas.

Subir los impuestos a los pobres y bajarlos a los ricos

Ahora los gobiernos, desde Estados Unidos hasta el sur de Europa, se encuentran sin recursos para atender a las obligaciones que impone el estado del bienestar. Y buscando de dónde sacar ese dinero que falta, la idea más popular es “subir los impuestos a los ricos”.

Yo propongo lo contrario: bajar los impuestos a los ricos y subirlos a los pobres. Al menos, a los mayores de 40 años.

Me explico: una de las principales justificaciones para los impuestos es que el Estado es mejor que los individuos a la hora de gestionar cosas como la sanidad, la educación, las pensiones, el desempleo… Así oímos cosas como que la sanidad es un desastre en Estados Unidos porque cada cual tiene que pagar un seguro privado y muchos no lo hacen, mientras que en España todos disfrutamos de sanidad “gratuita” porque nos quitan el dinero de la nómina antes de cobrarlo.

Pues bien, a los 40 años uno lleva entre 15 y 20 manejando su propio dinero. Y si alguien es rico a esa edad, es porque ha sabido administrarlo. Incluso en el caso de que lo haya heredado, al menos no lo ha dilapidado en fiestas con mujeres de moral distraída. Por tanto, se ha ganado el derecho a disponer de él. Y es lo mejor para la sociedad, ya que aunque solo sea por interés y egoísmo invertirá ese dinero en crear empresas, hacer más grandes a las que ya son suyas o invertir en las de otros. Es decir, creará riqueza y generará puestos de trabajo que beneficiarán a todos.

Por el contrario, el que sea pobre pasados los 40 tiene muchas papeletas para serlo siempre. En este caso sí es más adecuado que el Estado le retire dinero para asegurar su sanidad, su pensión o la educación de los hijos. Incluso un torpe funcionario será mejor que él asegurando estas prestaciones.

Si no estás de acuerdo ¿podrías explicar por qué? a ser posible, razonando y sin insultos ni demagogias.

El impuesto sobre la venta de esclavos y el IVA


Anoche estaba leyendo los Anales de Tácito y me encontré esto:

Se suprimió el impuesto de la vigésima quinta parte sobre la venta de esclavos, algo que era más apariencia que realidad, pues al obligarse a pagar al vendedor, a los compradores se les incrementaba el precio en otro tanto.

Esto sucedía siendo emperador Nerón, tipo cruel y sanguinario como pocos, pero al parecer con más sentido común que nuestros políticos. Y es que si hace 2.000 años el efecto de incrementar un impuesto a la empresa era aumentar el precio del bien final al consumidor, ahora pasa lo mismo.

Para los políticos las empresas tienen forma de vacas lecheras con unas enormes ubres a las que siempre se les puede sacar un poco más de leche. Pero lo cierto es que en mercados maduros los márgenes están muy ajustados. Si el mercado lo aguanta, como pasaba con el mercado de esclavos en Roma, el sobrecoste se traslada al cliente. Si no, como sucede ahora que hay crisis y los clientes no asumen el incremento de precio, solo queda cerrar la empresa o funcionar en negro.

Nuestros políticos, más dañinos e infinitamente más incultos que Nerón (que al fin y al cabo tuvo por maestro a Séneca), están planteando otra subida del IVA, después del éxito de la anterior. ¿Alguien está dispuesto a apostar por el resultado?

La estrategia del Coyote


Los más viejos del lugar recordarán como en la serie de dibujos animados del Correcaminos el pobre coyote resultaba víctima de las trampas que él mismo había tendido al ave veloz. Una de las consecuencias más comunes era caer por un terrible abismo. Lo curioso es que a menudo el coyote corría por el aire, sostenido por nada, y no caía hasta que miraba para abajo y se daba cuenta de que no había suelo bajo sus pies.

¿Ridículo, verdad? ¿Motivo de mofa y risa? Pues esa estrategia es la que está siguiendo la mayoría de la gente ante la crisis. Ya no tenemos suelo debajo de los pies, pero seguimos corriendo como si con tal de no mirar abajo pudiéramos seguir suspendidos del aire.

El primero que lo hace, el gobierno que lleva viendo suelo (brotes verdes) desde que no le quedó más remedio que reconocer que la crisis no era solo cosa de antipatriotas. Sigue cobrando impuestos y gastando como si no hubiera mañana.

Con ser grave lo del gobierno, lo más que va a pasar como consecuencia de su carrera aérea es que nos cobrarán más impuestos, nos freirán a multas y reducirán las prestaciones para la gente menos movilizada y organizada. Como siempre, pero más. De momento, tiene aire para correr por él durante mucho tiempo, porque hay muchos interesados en que no se caiga.

El problema lo tenemos los demás. Los que seguimos corriendo igual porque preferimos no mirar para abajo y descubrir que no hay suelo, que no va a haber pensiones para nosotros, que lo del trabajo fijo se ha acabado, que estudiar una carrera ya no vale para nada, que tus hijos no van a vivir mejor que tú.

No es fácil reconocer que el estado del bienestar se ha terminado. Que ya no da más de sí. Que, como decía Thatcher, al Estado ya se le ha acabado todo el dinero de otras personas. Que eso del derecho a la vivienda, a la salud y a la educación están muy bien, pero tienen el problema de que alguien tiene que pagar la fiesta. Que la edad de jubilación la estableció Bismark en 65 años cuando la expectativa de vida era apenas de 50, y ahora los jubilados se empeñan en cobrar sus pensiones 20 años, y además usando una medicina carísima en lugar de morirse en su casa sin gastar, como se hacía hace un siglo. Que no tiene sentido gastar una millonada en formar universitarios para que acaben trabajando de mozos de almacén o cajeras de supermercado.

Es duro, porque nos han dicho que teníamos derecho a todo eso. Vacaciones pagadas, bajas por maternidad, más días por paternidad, liberados sindicales, subsidios de desempleo de meses, cine subvencionado, teatro subvencionado, artistas de fama mundial en las fiestas del pueblo, una universidad en cada barrio, todos licenciados. Regiones con más de un 30% de funcionarios, con más de un 30% de parados. Cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más jubilados.

Es duro aceptar que todo era un espejismo, que esto solo se sostenía porque cada vez más gente trabajaba y producía más. Pero la ley de la gravedad es inexorable y el coyote se cae cuando se da cuenta de que ya no hay más gente ni más productividad. Hasta aquí hemos llegado, y ahora solo te quedan dos opciones.

Puedes seguir corriendo y confiar en que si no miras para abajo todo seguirá igual.

O puedes reconocer el problema, y aprender a volar rápidamente. O al menos fabricarte un paracaídas, o caer en el río para que duela menos. Reconocer que tu pensión dentro de 20 años dependerá de lo que hayas sido capaz de ahorrar, no de la limosna que en el mejor de los casos podrá darte el estado. Buscar tu independencia económica al margen del trabajo fijo de 8 a 5, ese del que te van a despedir cuando menos te lo esperes. Vender en todo el mundo, y buscar proveedores en todo el mundo, porque ya no puedes vivir de la ineficacia en el transporte y las comunicaciones. Buscar la manera de minimizar el robo creciente (en impuestos y en multas) de un Estado que no va a renunciar a su poder fácilmente. Pensar en lo que gastas, y en por qué lo gastas, y no volver a invertir fiándote de unos bancos que son los primeros interesados en sostener la carrera imposible del coyote.

Cuanto antes te plantees todo esto, antes podrás cambiar, y más posibilidades tendrás de amortiguar la caída. Porque lo único seguro en toda esta historia es el enorme boquete que va a dejar en el suelo la caída del coyote.

El zarpazo del tigre moribundo


La ley Sinde será molesta, pero no desastrosa. Tal vez cierren algunas webs, las de los más torpes. Tal vez durante un tiempo sea algo más difícil encontrar contenidos, como pasó cuando cerraron Napster. Pero pronto webmasters y usuarios encontrarán la manera de saltarse las vallas que están intentando ponerle al campo. De entrada, Remo nos explica cómo puede un webmaster dejar de estar bajo la jurisdicción española, aunque con un cierto sobrecoste (asumible para quien haya conseguido hacer de su web un negocio).

Pero la ley Sinde, con ser mala, es solo una más de las chinitas que sufren los que intentan emprender un negocio en Internet en España. La LOPD obliga a registrar un fichero de usuarios y a dedicar recursos a satisfacer las demandas de acceso y rectificación de los usuarios (en el Reino Unido, por ejemplo, puedes cobrar los gastos de gestión que supone atender estas peticiones). La LSSI obliga a publicar nombre y apellidos, NIF y domicilio del responsable de la página, aunque se trate de un proyecto personal que se ha creado como hobby y apenas da dinero para pagar el alojamiento. Cosa que incumple la inmensa mayoría sin consecuencias, pero que en cualquier momento puede venirle bien a alguien si el webmaster toca las narices a quien no debe.

Si ganamos dinero, aunque sean unos eurillos con AdSense, hay que retratarse en la Agencia Tributaria, y si esos eurillos se cuentan por cientos al mes, tendremos que darnos de alta como autónomos y pagar doblemente a la Seguridad Social, aunque la empresa que nos paga el sueldo esté entregándole ya un tercio de nuestro sueldo bruto y no vayamos a recibir ninguna prestación adicional. Y más vale que a los impuestos sumemos el coste de un asesor fiscal, porque si metes la pata al hacer tus declaraciones Hacienda no perdona.

Afortunadamente, estos son los últimos zarpazos de un tigre moribundo. La globalización no solo consiste en que a las fábricas les salen pies y se van a Asia.

Cualquiera puede, desde su ordenador, crear una empresa en Estados Unidos o en el Reino Unido por menos de 500€ (según y cómo lo hagas, por bastante menos). Una empresa del Reino Unido, por esas cosas de la Unión Europea, puede operar en España sin ningún requerimiento adicional. Los requisitos para trabajar en Internet de una empresa inglesa son mucho más laxos (su LOPD no te obliga a un registro y como he dicho puedes cobrar las gestiones que te pidan los usuarios), no tienes que pagar impuestos hasta facturar cifras significativas (más de 75.000€, si no recuerdo mal) y puedes hacer una declaración de IVA simplificada que no te obliga a guardar facturas y facturitas y a contabilizarlas cada trimestre. Una empresa fundada en Delaware no paga impuestos (los pagan los accionistas, como por cualquier otro ingreso) y el coste de cumplir con las leyes locales puede ser de menos de 100€ al año, no los más de 100€ al mes que cuesta un asesor aquí. Por supuesto, en un caso y en otro, nada de declaraciones trimestrales, pago a notarios cada vez que quieres cambiar cualquier cosa y otras molestias similares que te hacen perder el tiempo (y a veces el sueño) en lugar de dedicarte a hacer crecer tu negocio.

Mientras nuestro gobierno se empeña en imponer sus criterios de paridad y otorgar “derechos” laborales (como las bajas por paternidad) que pagan los empresarios, mientras nuestros jueces sentencian que un empleado que insulta o agrede a su superior no merece ser despedido, mientras patronal y sindicatos discuten si las indemnizaciones por despido son altas o bajas, puedes contratar tu servicio de atención al cliente en Argentina, a tus desarrolladores en Rumanía, a tu diseñador gráfico en Australia y fabricar tus productos en China. Por supuesto, pagando a todos por lo que trabajan y sólo por lo que trabajan. Gente que habla inglés, o español, y cuyo nivel de profesionalidad no tiene nada que envidiar al de aquí (más bien al revés). Con lo cual cualquiera con dos dedos de frente contratará en España solo al personal estrictamente imprescindible, que probablemente será uno o ninguno.

Antes, cuando no existía Internet, los vuelos estaban solo al alcance de los ricos y el mundo era mucho más grande, podías elegir entre olvidar tus proyectos o pasar por el aro. Ahora tienes alternativa, puedes seguir viviendo en un pueblo de Teruel y vender en todo el mundo facturando millones de euros. Ahora tu empresa no está atada físicamente al lugar en el que vives. Puedes tener socios, y clientes, en cualquier parte del mundo. Los politiquillos cortos de vista que se empeñan en poner puertas al campo, lo único que van a conseguir es hacerte mirar más allá, animarte a buscar soluciones y seguir adelante. Y esto vale para la ley Sinde, para las subidas de impuestos o para las normas feministas de paridad. Cuando la presión excede lo tolerable, el emprendedor buscará alternativas.

Y ahora las hay.

[ACTUALIZACIÓN] Por si alguien tiene interés, el gobierno británico tiene una web con información completísima y fácil de entender para cualquiera que se plantee abrir una empresa allí: http://www.businesslink.gov.uk/bdotg/action/layer?topicId=1073858805

Por qué no merece la pena ganar 50.000€


Cuando expliqué la fórmula para ganar un sueldo de 50.000€, acabé diciendo que no merece la pena esforzarte en esto. Para verlo vamos a comparar qué tienes con un sueldo de 50.000€ y qué tienes con un sueldo de 20.000€.

1. El dinero neto

Si ganas 50.000€, después de pagar impuestos te quedan limpios alrededor de 35.000, es decir, 2.500€ al mes si cobras 14 pagas. Si ganas 20.000€ lo que recibes al mes son 1.140. Ya hemos recortado casi un 6% de diferencia por la progresividad de los impuestos.

2. Ayudas

El estado, la comunidad autónoma y los ayuntamientos ofrecen ayudas para estudios, vivienda, etc. Uno de los criterios para acceder a estas ayudas es el nivel de ingresos, y se usa a menudo el IPREM. Como ejemplo, en este enlace podéis hacer la prueba de las ayudas que obtiene para comprar una vivienda una familia de 3 miembros según los ingresos familiares sean de 20.000 o 50.000€. Si tenemos un crédito de 300.000€, ya tenemos 3.000€ más al año de recorte entre los dos sueldos, solo en esta ayuda.

Con lo cual, esos 1.350€ de diferencia al mes puede que se nos queden en poco más de 1.000.

3. Más trabajo supone más gasto

Como ya explicamos, para ganar un sueldo de 50.000€ hay que asumir responsabilidades. A menudo eso supone trabajar más horas y viajar. Lo que significa que comes fuera de casa (y normalmente pagas tú esa comida), que vas a trabajar en tu coche para mejorar tu movilidad y sobre todo que tienes menos tiempo para estar en casa, por lo que tienes que pagar a alguien para que colabore en las tareas domésticas y cuide a tus hijos.

Por otro lado, como ya explicamos en un puesto de más responsabilidad no puedes ir vestido de cualquier manera, de modo que también hay un mayor gasto en ropa: trajes, corbatas, etc.

Por tanto, otra parte de esos 1.000€ de diferencia se va en mantener la situación, no en mejoras sustanciales en tu nivel de vida.

4. La diferencia en gastos

La cuestión es ¿realmente esos 1000€ al mes suponen una diferencia en tu nivel de vida? Tienes un coche mejor, puedes comprar mejor ropa, puedes salir a cenar a sitios más caros, puedes comprar comida de más calidad o ir de vacaciones más lejos o a un hotel con una estrella más.

Pero tu vida con 50.000€ es esencialmente igual a la del que gana 20.000. Sigues mirando las ofertas del supermercado. Sigues comprando la ropa en rebajas. No puedes ir de vacaciones cuando quieres, ni a donde quieres. Sales los mismos días del fin de semana, y sigues mirando la columna derecha de la carta en el restaurante antes de elegir un plato.

Así que si pudieras comparar tu vida con un sueldo de 50.000€ con la de un hipotético hermano gemelo que gana 20.000€ probablemente te preguntarías ¿y para esto me he esforzado tanto?

La triste realidad es que siendo asalariado es muy difícil salir de la vida de clase media. Todo empuja a la uniformidad, a esforzarte cada vez más para mantener un ritmo de vida muy parecido al de tus vecinos.

Por eso, más que esforzarte en subir peldaños en la escalera corporativa, lo que debes hacer es buscar la manera de salir de ella.

Una vía es el ahorro y la inversión de lo ahorrado. El informe del Instituto Juan de Mariana sobre la Sociedad de Propietarios lo explica con detalle. Cualquier persona puede ahorrar una parte de su sueldo, basta con hacer como Hacienda y la Seguridad Social, que obligan a la empresa a quitarnos el dinero antes de que llegue a nuestras manos para así asegurarse el cobro. Si haces lo mismo y retiras una parte del dinero nada más cobrar, no te acostumbrarás a gastarlo. Y por mal que inviertas, si diversificas lo normal es tener un rendimiento neto (descontada la inflación) de un 5-7% anual, que por la magia del interés compuesto puede convertir tu inversión en una cantidad importante al cabo de unos años.

La otra alternativa, más arriesgada y no apta para todos los públicos, es ser emprendedor. La probabilidad de fracasar es alta, pero precisamente por eso si consigues crear una empresa con éxito la recompensa es también alta.

Sobre la subida del IVA


Fosterwit publicó la semana pasada un post en el que justificaba la subida del IVA. Expresa tan bien todo lo contrario a lo que yo pienso que no he podido resistirme a comentarlo.

Discrepancias aparte sobre la conveniencia o no de la subida del IVA, es indudable que se hacía necesaria una reforma fiscal dado la situación deficitaria del presupuesto del Estado. El incremento del gasto social, principalmente por las prestaciones de desempleo, ha supuesto una losa difícil de soslayar en la carga presupuestaria y antes o después había que tomar cartas en el asunto.

No. Si hay incremento del “gasto social” (que tiene delito llamar así a pagar el paro), lo que hay que pensar es que eso se produce porque hay una crisis, y hay que poner cuanto antes los medios para que deje de haberla y deje de ser necesario tanto “gasto social”. Es decir, en lugar de buscar más ingresos por la vía de exprimir más a los que todavía trabajan, reducir los gastos.

En las últimas semanas es una cuestión a la que le estoy dando vueltas, entre otras cosas, porque últimamente he estado en China donde el IVA como impuesto no existe, no se paga ni por ningún bien que se compre ni por servicio que se consuma. Y ahora, que por otras razones estoy en Australia, se dá casi la misma situación, la imposición indirecta es casi nula. Pero no nos vamos a engañar, la situación macroeconómica de China no es la España y la de Australia, un país inmenso con una población ridícula, tampoco.

Y seguro que el que haya poco o ningún impuesto al consumo no tiene nada que ver con que la situación macroeconómica de China no sea la de España. Tampoco tiene nada que ver que cuando España crecía al 10% anual no hubiera impuestos al consumo (y pocos impuestos para todo lo demás). Son simples casualidades, coincidencias.

Cuando se hizo pública la información de que los tipos del IVA se iban a modificar, como buen español fue inevitable discutir la cuestión con mis amistades, también economistas. Personalmente, la actitud del gobierno me parece la mejor de las opciones, en un período de contracción de la demanda y con unas tasas de inflación, que alcanzarían la deflación si no fuese por la manipulación de los precios públicos, desde mi punto de vista, la subida del IVA es lo más oportuno en una situación como la actual de imperiosa necesidad de incrementar la recaudación fiscal.

Será porque no soy economista, pero no alcanzo a ver cómo subir el IVA va a ayudar a otra cosa que no sea contraer más la demanda. Pero enseguida vamos con lo del incremento de la recaudación fiscal, que hay que leer el siguiente párrafo.

Si se hubiese variado la imposición directa, mediante los tipos de IRPF de las nóminas de los trabajadores, hubiera repercutido de una manera muy negativa en el consumo, ya de por sí contraído, por lo que no puede contemplarse como opción. Si se hace mediante la imposición indirecta, es decir el IVA, se controla mucho mejor los efectos adversos.

¿Mande? Vamos a ver si lo entiendo: si me quitan 50 o 100 euros de la nómina todos los meses, gastaré menos. Hasta ahí de acuerdo. Pero veamos cómo justifica Fosterwit que los efectos adversos del IVA se controlan mucho mejor.

Los empresarios tienen difícil repercutir la subida porque afectaría a su demanda, ya de por sí debilitada, por lo que exigirá absorber la subida, esta actitud es la que se han comprometido a adoptar grandes empresas como Mercadona o Zara, por poner dos ejemplos de relevancia en la economía nacional.

Obvio, todas las empresas están en una situación tan boyante que disminuir un 2% sus ingresos no tiene ninguna repercusión. Y si la tiene, que se jodan, que para eso son empresarios y no les queda más remedio que absorber la subida. En lo que no cae Fosterwit es en que el empresario sí tiene otras opciones. Una es mandarlo todo a la mierda, cerrar la empresa y buscar otra manera de ganarse la vida (o vivir de las rentas sin más líos). Otra es la economía sumergida (hablaremos luego).

Y otra, por supuesto, es incrementar el precio, y ya puestos redondeando hacia arriba. Al menos Fosterwit reconoce que en algún caso sí habrá impacto para el consumidor:

El contrapunto lo representan los oligopolios, a mi como consumidor, me encantaría que Telefónica (o cualquier otra operadora), Gas Natural, Endesa y, en resumidas cuentas, los grandes oligopolios aplicasen la misma disciplina que Mercadona, pero lamentablemente, no será así. En el caso de los pequeños empresarios la capacidad de absorción del impacto impositivo no es la misma que la de estas grandes empresas, pero es evidente que el afán de mantener su maltrecha competitividad les exigirá no repercutir la subida del IVA y asumir esos dos puntos como reducción de su margen comercial.

Como he dicho, su maltrecha competitividad les puede suponer el cierre a las pequeñas empresas que lo están pasando realmente mal. Pero es que hay todavía más alternativas a asumir los dos puntos como reducción del margen comercial. Por ejemplo, apretar a los proveedores y trasladarles a ellos el problema. O hacer una reducción de plantilla y trasladar el problema a los empleados. O cancelar algún servicio que le presta un tercero (y trasladar el problema, corregido y aumentado, a los que prestan servicios a empresas).

Y ojo, no entro en si es justo o injusto que se pretenda, como hace Fosterwit, que sean los pequeños empresarios los que paguen las consecuencias de la manía despilfarradora del Gobierno. Ni siquiera me preocupa saber lo que es justo. Simplemente digo que no va a ser así.

Si aumentara un 2% el tipo del IRPF, no quedaría más remedio que asumirlo (puedes protestar, pero ese dinero está controlado y ni la empresa ni el trabajador tienen mucho margen de maniobra para escapar de Hacienda). Sin embargo, como acabamos de ver, un empresario tiene muchas más opciones que tragarse una subida de impuestos sin masticar, y es seguro que algo hará.

En un país como España con unos índices de economía sumergida y un fraude fiscal inadmisibles, estas reformas son inevitables mal que nos pese. Si cada uno de nosotros fuésemos más solidarios y estuviésemos más comprometidos con el significado social que tiene la recaudación fiscal, y en esto los pequeños empresarios y autónomos tienen mucho que aprender, seguramente no nos veríamos con estas situaciones como la actual. Para eso también es necesario tener confianza en que la recaudación fiscal que se aplica para sufragar el gasto público, actúa como elemento de distribución de la riqueza, y en esto, la corrupción política generalizada en los distintos ámbitos no ayudan a promocionar esta idea.

Vamos a ver. Los índices de economía sumergida y fraude fiscal no son la causa del aumento de impuesto, sino su consecuencia. La economía sumergida, el fraude, los sobornos, las comisiones… son resultados inevitables de una economía socialista. Decir que esto es injusto, o insolidario, es como decir que la ley de la gravedad es insolidaria porque no nos deja volar. Puedes organizar manifestaciones si quieres, o publicar normas y decretos, que la ley de la gravedad seguirá funcionando inexorablemente.

La mayor parte de la gente es razonablemente honesta, quiere ganarse la vida sin preocupaciones y sin meterse en líos. Si estableces una fiscalidad moderada, con unas normas fáciles de entender y de cumplir, la mayoría de la gente será honrada aunque solo sea por no tener inspecciones y problemas. Pero cuando los impuestos suben tanto que ponen en riesgo tu negocio, es difícil resistir la tentación de mandar a paseo las normas y hacer lo que tengas que hacer para que tu empresa salga adelante.

Lo de la solidaridad es de chiste. No tiene nada de solidario que alguien (por mucho que sea el Gobierno) me quite el dinero, bajo amenaza de cárcel, para gastarlo como a él mejor le parezca. Que pagar impuestos sea una consecuencia inevitable de vivir en la sociedad actual, pase. Pero al menos llamemos a las cosas por su nombre: los “impuestos” se llaman así porque no son “voluntarios”, y la solidaridad requiere voluntariedad.

Y prefiero no entrar a fondo en lo de la “redistribución de la riqueza”, que para Fosterwit parece ser un objetivo en sí mismo. Lo que no entiendo es que se extrañe de que un empresario que ha arriesgado su dinero y trabaja 12 horas al día 6 días a la semana (como hacen la mayoría de los empresarios en España, que tienen microempresas en los que ellos y sus familias son la principal fuerza laboral) no quiera “redistribuir” su riqueza con los cineastas subvencionados, los del PER, los que llevan más de dos años en paro pero no pueden ir a Huelva a recoger el fresón, las decenas de miles de liberados sindicales, los politiquillos de todo pelaje que abrevan en los presupuestos de los ayuntamientos, los amigos de los políticos que consiguen contratos falsos (o con presupuestos inflados), los bancos y cajas rescatados de extranjis, las ONGs absolutamente dependientes de los dineros gubernamentales…

Lo más grave de todo el artículo es que el propio fondo del mismo está equivocado. Ni siquiera va a suceder que se aumento del 2% sirva para sanear las cuentas del Estado. Sin ser economista, me atrevo a hacer una predicción: en el primer semestre después de que entre en vigor el nuevo IVA, la recaudación por este impuesto habrá descendido respecto a los mismos meses del año anterior.

Y es que no hace falta ser economista para conocer la curva de Laffer, que es una manera elegante de explicar lo que he escrito más arriba acerca de la economía sumergida.

Lo que ganas y lo que vales

En uno de los últimos posts de Rodolfo Carpintier se plantea el tema del outsourcing y el bodyshopping y si es justo que tu empresa facture grandes cantidades mientras a ti te paga un sueldo miserable.

Vamos a hacer unos números, por aclarar. Supongamos que tienes un sueldo normalito, de 20.000 €. Un poco más que mileurista, pero nada para tirar cohetes. Recordemos que de ese sueldo a ti te llegan 16.600, el resto se lo llevan Hacienda y la Seguridad Social.

Para tu empresa, tú no cuestas 20.000€, sino bastante más. Tiene que pagar la cuota patronal de la seguridad social, lo que supone algo más de un 30% de tu sueldo bruto, es decir, 6.700 €. Y probablemente tiene que provisionar la indemnización por despido, un 12%: otros 2.400. Además, hay gastos de estructura asociados en los que la empresa incurre solo por tenerte allí: parte proporcional de edificio, limpieza, equipamiento, gestión… Esto varía mucho en función de cada empresa, pero una cantidad razonable es un 20% de tu sueldo bruto. Lo que quiere decir, sumando todos los conceptos, que si la empresa te paga 20.000€ brutos, en realidad le cuestas 33.100 €.

Ahora la pregunta es ¿qué valor le generas a tu empresa a cambio de esos 33.100 €? Si no sabes responder a esto, piénsalo bien, porque tienes un problema.Y si la respuesta es menos de esos 33.100 ya puedes espabilar, porque en cuanto alguien haga números irás a la calle.

Si estás en ventas o en producción es relativamente sencillo averiguar qué valor le proporcionas a tu empresa. Calculas lo que facturan por ti al año, o el margen que producen tus ventas, le restas tu coste, y eso es lo que la empresa gana por tenerte contratado. Si estás en backoffice el cálculo es más complicado, pero tal vez puedas calcular cuánto dinero se ahorra la empresa contigo: tal vez consigas ajustar los márgenes de los proveedores (y ampliar los de tu empresa), o haces un trabajo que de externalizarlo costaría mucho más.

Si haces estas cuentas probablemente descubrirás que, efectivamente, vales mucho más de lo que ganas. Que tu empresa factura 50.000 o 100.000€ a cambio de esos 31.000€ que les cuestas, con lo cual hay un beneficio para ella de 20.000 o 70.000 o más euros. ¿Quién se los lleva? El comercial que ha hecho la venta, el jefe de tu departamento, el resto de directivos, y al final los accionistas de la empresa, que si todo va bien se llevarán entre un 10% y un 30% del valor bruto que generas.

Ahora viene la pregunta: ¿es justo este reparto? ¿Es justo que tu trabajo suponga unos ingresos de 100.000€ al año y a ti te lleguen 16.600? Yo creo que más que justo, es inevitable.

Es inevitable que Hacienda y la Seguridad Social se lleven una parte, porque tu sueldo está controlado hasta el último céntimo, y tu empresa está obligada a recaudar para ellos.

Es inevitable que tu empresa, además de cubrir tus costes, aspire a pagar parte de sus gastos de funcionamiento, incluyendo sueldos de directivos, personal administrativo, etc. Si no lo hiciera tendría simplemente que cerrar.

Y es inevitable que los accionistas se lleven una parte del dinero, porque para eso arriesgaron ellos el suyo cuando no estaba claro que la empresa fuera a ganar ni un céntimo.

Así que si trabajas como empleado debes hacerte a la idea de que la mayor parte del valor que genera tu trabajo se lo van a repartir otros.

Claro que también puedes intentar cambiar las cosas. Puedes salir de la empresa y ser independiente. Así eres tú el que tiene el poder de capturar la mayor parte del valor que generas. Al fin y al cabo, ya sabes que hay un mercado que está dispuesto a pagar por tus servicios.

Si eres capaz de facturar 50.000€ al año y te haces autónomo, tendrás que pagar una cuota a la Seguridad Social de 3.000€ al año, y tendrás que hacer de recaudador de IVA para Hacienda. Tendrás que poner tú las herramientas de trabajo, pero podrás deducirte el IVA que pagas por ellas. Tendrás otros gastos: coche, gasolina, ordenador, ADSL, teléfono, etc. Tendrás que pagar además a un asesor fiscal para evitar líos con Hacienda. Supongamos (y ya es mucho suponer) que dedicas 1.000 € al mes a este tipo de costes asociados a tu actividad. Con esto y la Seguridad Social, aún te quedan 35.000€ netos al año.

¿Por qué prefieres seguir cobrando menos de la mitad de lo que podrías cobrar? Ah, sí. Que para facturar esos 50.000 € tendrías que salir por ahí a vender tus servicios, y eso no lo sabes hacer. Bien, siempre puedes contratar a alguien para que lo haga por ti. Eso supone un coste adicional, muy variable en función de si solo te das de alta en un portal de freelance o debes contratar servicios de marketing, pero aun así sigues ganando más dinero que en tu puesto actual. ¿Algún otro motivo?

Está claro: tu sueldo actual es seguro, cobras todos los meses, y trabajando por tu cuenta no se sabe cuánto ni cuándo vas a cobrar. Que para arriesgarte a no poder pagar la hipoteca, mejor te quedas como estás e intentas cambiar a otro puesto mejor cuando tengas una oportunidad.

De acuerdo. Es lo que piensa la mayoría de la gente. Pero no te quejes entonces de que tu empresa te paga poco y factura mucho. Eso solo sucede porque sus dueños tomaron un día la decisión contraria a la que has tomado tú. Ellos asumieron el riesgo, y como premio se llevan la mayor parte del valor. Tú has elegido la seguridad, y tienes a cambio la mayor parte del trabajo.