Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

No creas a los profetas del apocalipsis

Si durante este verano se te ha ocurrido seguir las noticias, creerás que lo que nos espera a partir de septiembre va a ser catastrófico. Que aumentará el paro, vendrán los hombres de negro de Merkel a quitarnos la sanidad y la educación, bajarán los sueldos…

Francamente, no sé si todo esto será cierto. Lo que sé es que todo esto no importa. Lo único que importa es lo que tú hagas. Este puede ser un gran año para ti, si tú quieres. Basta con que dejes de pensar en quién te va a ayudar, porque a estas alturas ya deberías saber que ningún gobierno, ninguna empresa, ninguna organización se va a ocupar de ti.

Ni falta que te hace. Solo tú eres responsable de tu vida, y solo de ti depende que este año sea extraordinariamente bueno.

Si te han bajado el sueldo, si te has quedado en paro, si estás atrapado en un trabajo mal pagado y sin futuro, tengo buenas noticias para ti. Nunca ha sido tan fácil crear un negocio por tu cuenta y con una inversión mínima. El otro día Franck Scipion hablaba de cómo estaba creando una micro-multinacional. No es fácil, hay que trabajar duro, no vas a triunfar en dos días, pero ahora puedes crear un negocio que venda en todo el mundo aunque no tengas capital para invertir.

¿Quieres intentarlo o prefieres seguir lamentándote por lo que tenías antes de la crisis?

Empieza.

Esta es la palabra clave.

Empieza

Lo único que puede diferenciarte de los que van a pasar este año quejándose es que tú hagas algo. No importa que haya otros más listos, con más dinero o con más amigos. Sólo puedes salir adelante si te pones en marcha. Ahora, no mañana.

¿No se te ocurre ninguna idea para tu negocio? Haz esto: cada día, escribe 10 ideas. Aunque sean absurdas, aunque sean malas. Tú escribe 10 ideas. Si lo haces un día y otro día y otro, poco a poco las ideas irán siendo mejores, hasta que encuentres alguna que sientas que puedes llevar a la práctica.

¿Ni siquiera sabes cómo encontrar una idea de negocio? No busques una idea de negocio. Busca un problema que puedas resolver y que alguien esté dispuesto a pagar para que se lo resuelvan. Si tienes esto, y eres capaz de resolverlo por menos dinero que el que vas a cobrar, tienes un negocio. Los detalles ya los irás resolviendo más adelante.

¿No tienes ni idea de negocios ni de gestión empresarial? Lee mi libro De parado a empresario. Puedes comprarlo en papel o leerlo gratis, lo que te venga mejor. La edición en papel es mejor y más completa, pero si no tienes dinero bájate la versión gratuita y sácale partido.

Insisto en que son tiempos extraordinariamente buenos para emprender. ¿Sabes inglés? Entonces un profesor de Stanford y Berkeley puede darte clases gratis. Sólo tienes que apuntarte aquí: http://www.udacity.com/overview/Course/ep245/CourseRev/1

Si no sabes inglés, permanezca atento a su pantalla, porque estoy preparando algo que anunciaré la semana que viene y que te va a interesar seguro. Por cierto, si aún no te has suscrito al blog, este es un excelente momento para hacerlo, así te aseguras de que no te pierdes nada de lo que pasa por aquí.

Si necesitas cualquier cosa… ahora tienes recursos. Puedes montar una web con WordPress de altísima calidad por muy poco dinero, puedes tener una tienda electrónica para vender lo que quieras por muy poco dinero y sin tener ni idea de tecnología. La información para hacerlo, los recursos, están en Internet. No necesitas una gran inversión, solo una gran determinación.

Y la globalización es tu amiga. Puedes montar tu empresa en Inglaterra por muy poco dinero (120€ si quieres que te ayude yo), y con muchos menos costes que lo que supone crear una empresa en España. Los mismos chinos que han provocado la ruina de muchas fábricas están encantados de venderte lo que quieras para que tú lo puedas ofrecer aquí. Mira en Aliexpress. O haz lo contrario, busca algo que se fabrique en España y véndelo en otros países en los que no hay crisis y la gente está dispuesta a pagar por lo que ofrezcas. Crea tu propia multinacional unipersonal, compra en todo el mundo y vende en todo el mundo y hazlo desde tu casa.

Emprender es esto. Pensar un proyecto y llevarlo a cabo como sea. Si no tienes recursos económicos, empezando poco a poco, y supliendo tus carencias con esfuerzo. Buscar la manera de sortear los problemas, de buscar soluciones diferentes,

Si has leído hasta aquí ¿qué vas a hacer? Si has decidido que mañana vas a empezar a pensar en algo, ya te estás equivocando. Empieza ahora. No veas hoy las noticias. La noticia de hoy no es la prima de riesgo ni nada por el estilo. La noticia es que hoy tú empiezas a salir de la crisis.

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De la idea al lanzamiento en 10 horas

El otro día tuiteé este post en el que Sacha Greif explica cómo pasó de tener una idea a lanzarla (y ganar dinero con ella) en 10 horas. La idea en sí misma no es nada del otro mundo, simplemente una página que compila recursos útiles para diseñadores y programadores. Y los ingresos que conseguirá con esas 10 horas tampoco son para retirarse (probablemente 100-150 dólares al mes de publicidad).

Pero me ha parecido que merece la pena destacar algunos lecciones que podemos aprender.

Sacha se puso a trabajar en el proyecto porque leyó a alguien que decía que “le gustaría” hacer una lista de sitios útiles. Sacha no pensó que “le gustaría”, pensó “voy a hacerlo”. Esa es la diferencia fundamental. En palabras del propio Sacha:

Por una vez, quería tener una idea y hacerla, en lugar de escribirla en mi “lista maldita” (ya sabes, esa lista de todas las grandes ideas que has tenido y que nunca verán la luz).

Dedicó una hora a pensar el nombre. No se preocupó de que el dominio .com y la cuenta de twitter estuvieran libres, dando por hecho que cualquier nombre bueno iba a estar pillado, encontró un nombre que pensó que funcionaría y siguió adelante. Del mismo modo, no empezó con un desarrollo a medida, ni hizo un diseño especial para el sitio. Usó WordPress, que es conocido y fácil de usar, dedicó otra hora a buscar una plantilla que le sirviera, eligió unas fuentes para personalizar el aspecto del blog, y listo. Con todo esto, el tiempo de desarrollo en sí mismo fue de apenas 3 horas.

Mi conclusión es que crear algo que aporte valor es ahora más fácil que nunca. Ayuda saber inglés, tener cierta experiencia en diseño web o manejo de WordPress y herramientas similares, pero todo esto se puede aprender gratis, simplemente dedicando un poco de esfuerzo cada día. Insisto, The Toolbox no se va a vender por 1.000 millones de dólares, no va a hacer rico a su dueño, pero probablemente le hará ganar 1.000 o 1.500 euros en un año. Que si divides por el número de horas que ha dedicado al proyecto son 100-150€ a la hora. Simplemente con que se quede ahí, y no gane nada más, no está nada mal.

Si no encuentras tu megaproyecto que te va a hacer rico cuando se lo vendas a Google, a lo mejor te merece la pena empezar a crear miniproyectos rápidos y baratos que te empiecen a generar unos ingresos modestos. Y quién sabe, a lo mejor uno de esos proyectos acaba teniendo más potencial del esperado…

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Los recreativos de Caine, Linus Torvalds y el mito de la idea

Esto dijo Linus Torvalds, el creador de Linux, en una entrevista reciente:

A la gente le gusta idolatrar las “ideas” y la “inspiración”, pero al final casi todo el mundo puede tener una idea. Hacer las cosas de verdad es donde la gente se atasca.

Lo he tuiteado un par de veces, pero si no lo habéis visto, mirad este vídeo. Si no entendéis inglés, leed primero la explicación que pongo debajo, pero merece la pena hacer el esfuerzo de intentar entender de qué va:

Caine es un niño de nueve años al que le gustan las máquinas recreativas. Así que decidió hacer su propio salón de máquinas recreativas en la tienda de su padre. Cogió las cajas de cartón en las que vienen los repuestos que venden en la tienda para fabricar sus “máquinas”, con mucha imaginación y piezas sacadas de algunos juguetes. El tío incluso inventó un algoritmo, usando unas calculadoras viejas y calculando raíces cuadradas, para validar si sus fun pass eran auténticos. Porque no solo hizo las máquinas para sí mismo. Lo que él quería era tener un salón de máquinas recreativas, y que la gente jugara con ellas, y por supuesto que pagara. Y pensó una estrategia de precios: un dólar por dos tiradas, dos dólares por quinientas. ¿Es o no es un genio?

Lo malo es que ahora los pedidos de repuestos se hacen por Internet, y no pasa mucha gente por la tienda de su padre. A Caine no le importó. Él hizo sus máquinas lo mejor que pudo, incluso hizo una ranura y se cuela por dentro de la máquina para sacar una tira de tickets de premio si el cliente gana el juego, como en una máquina recreativa de verdad. Por hacer, se hizo hasta una camiseta en la que pone “staff”. Y se sentó a esperar. Hasta que un día llegó un cliente. Nirvan Mullick alucinó con el ingenio de Caine, jugó con las máquinas y le ofreció al padre de Caine grabar un vídeo y hacer una acción para que Caine tuviera algún cliente.

Mullick movió la historia en Facebook y otras redes sociales y convocó un flash mob para dar una sorpresa a Caine. La cara del niño cuando ve que su salón recreativo está lleno de gente esperando jugar es impagable. Si eres emprendedor y no se te salta una lagrimita al ver esto, es que no tienes corazón. A raíz del vídeo, se ha creado un fondo para pagarle los estudios universitarios, que ya ha recaudado más de 175.000$. Puedes comprar una de las camisetas de Caine, o descargarte la canción del vídeo en iTunes y contribuir a que Caine tenga la mejor educación universitaria.

Ahora, piensa. La diferencia entre Caine y otros miles de niños (y no tan niños) es que Caine fue capaz de ir más allá de su “idea” y hacer algo. Eso que dice Torvalds que tan poca gente hace. Con cajas de cartón, con calculadoras viejas, con lo que tenía a mano. Es muy cómodo y reconfortante tener una idea y pensar “lo haría si tuviera financiación, o si encontrara un socio que supiera de tecnología, o si las leyes fueran más fáciles, o si…”.

Si de verdad tienes una idea, hazla realidad. Si no tienes dinero para alquilar un local y comprar máquinas recreativas, hazlas de cartón. Busca a tu primer cliente, y conviértelo en evangelizador de tu empresa. Haz lo que tengas que hacer, con todos los medios a tu alcance. Pero no seas una de esas personas que tiene ideas e inspiración y no es capaz de dar el paso de convertirlas en algo real.

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Si tu idea de negocio no es original, mejor

El otro día mi hermana pequeña me habló de un par de ideas de negocio que se le habían ocurrido. Una de ellas me resultó interesante, así que hice unas cuentas rápidas, vi que podía ser rentable y busqué en Internet si alguien estaba haciendo ya algo parecido.

Descubrí que, efectivamente, hay una empresa que comenzó sus operaciones hace unos meses y ya tiene (según sus declaraciones) treinta clientes. Le pasé a mi hermana el enlace en un correo electrónico, y no hemos vuelto a hablar hasta hoy.

Resulta que a mi hermana descubrir que había competencia, le hizo pensar que ya no tenía sentido montar su empresa. Yo le pasé el enlace precisamente por todo lo contrario: que alguien esté intentando un negocio similar, e incluso que ya tenga clientes, es señal de que tu idea es buena y puedes apostar por ella.

Y es que un error frecuente entre los emprendedores primerizos es creer que si no tienes una idea original no puedes crear una empresa. Más bien sucede lo contrario: las ideas originales son muy peligrosas.

Primero, porque no está demostrado que haya un mercado. Tú puedes creer que tu idea es muy atractiva, pero hasta que no consigues que alguien saque la cartera y entregue su dinero la idea es una entelequia.

Segundo, y más importante, porque si eres el primero en probar la idea es fácil que cometas muchos errores. Rara vez son los pioneros en el mercado los que triunfan: Apple no fue el primer fabricante de reproductores MP3, Google no creó el primer buscador, Microsoft no creó las primeras aplicaciones ofimáticas, Facebook no fue la primera red social. Todos ellos mejoraron las ideas de negocio de otros.

De modo que, si tienes una idea de negocio y descubres que tienes competencia ¡enhorabuena! Eso quiere decir que estás en el buen camino. Ahora debes esforzarte es en ser más eficiente, en dar un mejor servicio, en cometer menos errores. Ese es la clave del éxito.

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Segway, invención e innovación

Michael Masnick apunta en Techdirt las razones por las que el Segway ha fracasado. La fundamental es que su creador, Dean Kamen, se centró en la invención y no en la innovación. Dicho de otro modo: dio demasiada importancia a su idea, y se olvidó de probarla con usuarios reales.

Recordemos que en 2001, cuando se anunció el Segway, se suponía que iba a revolucionar el transporte. Se trataba de un medio de transporte ecológico (eléctrico), ágil, ideal para la ciudad. Tenía las bendiciones de gente como Steve Jobs, Jeff Bezos o John Doerr. Pero cuando por fin salió al mercado, fue un fracaso. No solo era caro, sino que nadie lo quería.

Entre otras cosas, como apunta Paul Graham, porque la postura en la que se conduce hace pensar que no te esfuerzas, que simplemente estás quieto, y eso no le gusta ni al que conduce ni al que lo ve. Ir con un Segway por la calle es como llevar un gran cartel luminoso en la cabeza que dice “soy pijo y rico y demasiado vago como para andar como la chusma y puedo permitirme un patinete que cuesta 6.000 euros”. Según Graham, si el diseño implicara una postura más parecida a la que se lleva en un monopatín, probablemente hubiera tenido mejor acogida.

Para Masnick el problema es que Segway (la empresa) lo tuvo todo demasiado fácil desde el principio. Financiación generosa, elogios y tiempo para desarrollar el producto perfecto, en secreto, antes de darlo a conocer. Con esa receta, a veces puede sonar la flauta, aunque ahora no se me ocurre ningún caso.

Pero lo habitual es que un producto no sea perfecto en su primera versión. Ni en la segunda, o en la tercera. Y no me pongáis los ejemplos del iPod o el PC de IBM. Había reproductores de MP3 y ordenadores personales antes de que Apple o IBM lanzaran sus productos, ellos simplemente los rediseñaron y mejoraron.

Ya hemos hablado por aquí de esto, pero nunca viene mal recordarlo: lanzar al mercado rápidamente lo primero que tengamos y después irlo perfeccionando en función de la respuesta del mercado suele funcionar mucho mejor que dedicar años y millones a desarrollar el producto perfecto.

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Selecciona la mejor idea antes de lanzarte

Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Pues resulta que así funciona también el mercado. Muchas empresas se crean continuamente. Algunas prosperan, otras mueren al poco de nacer y otras más desaparecen después de unos años de éxito porque no son capaces de adaptarse a unas condiciones externas que han cambiado.

Pero tú también puedes aprovechar ese método para conseguir una empresa rentable. Solo que en lugar de esperar a ver si tu empresa fracasa cuando ya has invertido un montón de tiempo y dinero, puedes aprovecharlo para probar ideas en las que inviertas muy poco.

Veamos un caso práctico. Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD.

Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

De modo que la primera lección que debemos sacar es que hay que tantear al mercado antes incluso de tener un producto. Y tantear al mercado no significa preguntar a nuestros conocidos. La mayoría, por temor a decepcionarte, te van a decir que tu idea es buena.

Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

El motivo es que si a toda esa gente que te dice que tu idea “está bien” le pides que se rasque el bolsillo y pague por ella, la respuesta probablemente sea otra. Es muy difícil convencer a alguien de que pague por algo que se limita a “estar bien”. Es mucho más fácil que alguien pague por algo que realmente le entusiasma.

¿Y cómo consigo tantear al mercado?

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Mostrar el producto a grupos de usuarios seleccionados según sus características, hacer encuestas, probar variantes de un prototipo en localidades pequeñas, ese tipo de cosas. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web o escribir un libro electrónico son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Incluso aunque tu idea tenga que ver con vender productos y no servicios, también puedes utilizar este método.

Se trata de crear una página web sencilla en la que ofrezcas un documento electrónico con información relacionada con lo que en realidad quieres vender. Supongamos que se trata de alimentos ecológicos para mascotas. Escribes un documento electrónico de 25-50 páginas con información relevante sobre el tema (si realmente piensas crear una empresa, más te vale que seas capaz de escribir al menos eso sobre el producto o servicio que vas a vender). Explicas por qué las mascotas crecen más sanas con alimentos ecológicos, dónde se pueden comprar, qué tipo de dietas son más adecuadas para las distintas razas, etc. Me estoy inventado todo, pero espero que os sirva para haceros una idea. Al final se trata de tener un documento verdaderamente útil, que alguien interesado en el tema esté dispuesto a comprar.

Una vez creado, lo vendes en esa página sencilla por 15 o 20 euros. En realidad no importa tanto la cantidad, se trata de comprobar si alguien está dispuesto a pagar por esta información (porque entonces es probable que esté también dispuesto a pagar por el producto o servicio relacionado). Si no quieres complicarte la vida montando una tienda electrónica y tu mercado es de lengua española, puedes subirlo a Bubok y que ellos se ocupen de todo lo relacionado con la venta. En la página simplemente pones el enlace al libro en Bubok, y ya está.

Ahora el problema es que si no lo publicitas no puedes saber si realmente alguien está interesado. Pero puedes crear una campaña en Google AdWords (es gratis darse de alta, tú controlas cuánto vas a gastar cada día como máximo, cuando empieza y termina la campaña e incluso si lo necesitas puedes seleccionar geográficamente a quién se van a mostrar tus anuncios. Así, una campaña te puede costar entre 100 y 500 euros. Que a algunos puede parecerles mucho dinero, pero realmente es una ganga comparado con lo que cuesta un estudio de mercado “tradicional”. Y quién sabe, si se vende bien a lo mejor amortizas la inversión en publicidad o incluso descubres una fuente de ingresos recurrentes.

Si usas Google Analytics o un servicio similar puedes saber qué porcentaje de los que hacen click en el anuncio pasan en la página el tiempo suficiente como para leerla, y cuántos de ellos acceden al enlace en el que se compra el documento (que no son los mismos que terminan la transacción y pagan). Así puedes empezar a tener estimaciones acerca de qué porcentaje de clientes potenciales interesados en tu oferta están dispuestos a dejarse dinero en ella, y al menos tienes un dato real en el que basar tus presupuestos de marketing.

Y si poca gente sigue el enlace de AdWords, y menos todavía paga por tu información, ya sabes que tienes una idea difícil de vender. No quiere decir que sea imposible montar un negocio sobre ella, pero sabes que te va a costar convencer a tus clientes potenciales. Tú sabrás si sigues empeñado en sacarla adelante o es mejor darle algunas vueltas, pensar en otro enfoque o sencillamente descartarla y pensar en otra cosa.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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La idea de negocio

Muchos emprendedores primerizos piensan que necesitan una idea de negocio original para triunfar. Nada más lejos de la realidad.

¿Quieres una idea de negocio? En esta página tienes nada menos que 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. En otras palabras, la ejecución. Empresas como Apple, Google o Microsoft rara vez hacen cosas realmente revolucionarias. En lo que son excelentes es en ejecutar sus ideas mejor que sus competidores.

Cómo descubrir una idea de negocio

Un procedimiento para decidir a qué se va a dedicar tu empresa puede ser elegir una de las 999 ideas que proponen en la página anterior. Otro puede ser copiar a alguna empresa a la que admires. Puedes simplemente ofrecer tus servicios basándote en tu experiencia y conocimientos. Todo esto puede funcionar o no, pero deja demasiado al azar.

Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta. Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente potencial por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días o más).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En sucesivas entradas iremos desarrollando todos estos puntos con más profundidad.

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999 ideas de negocio

Seth Godin se hacía eco ayer de la iniciativa de Marc Cuban, e incluía un enlace a una página con 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. Por ejemplo, en el último Iniciador Jesús Alonso Gallo explicaba su proyecto de hacer una web de reservas para restaurantes. La idea no es novedosa, pero está por ver si alguien es capaz de llevarla adelante con éxito.

No es trivial: tienes que desarrollar la página (esa es la parte fácil), publicitarla, convencer a los usuarios de que es cómodo y práctico reservar a traves de la web, y sobre todo tienes que convencer a los restaurantes de que usen tu sistema de reservas en lugar de una libreta. Todo eso lleva mucho trabajo, y hay muchas oportunidades para meter la pata.

Si alguna vez ganas dinero con tu empresa, no será por haber tenido una idea genial. Será por haber trabajado bien, haber cometido pocos errores y haber sido capaz de recuperarte de ellos.

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La oportunidad de que Mark Cuban invierta en tu empresa

¿Tienes una idea de negocio pero necesitas dinero? Marc Cuban está dispuesto a invertir en tu idea. Puedes pedir tanto dinero como quieras (él tiene más de lo que puedas soñar) pero tienes que cumplir ciertas reglas.

Entre ellas, que el negocio no esté basado en la publicidad, que alcance el break-even en dos meses y sea rentable en tres, o que el primer mes que no cumplas con tus números se corte el grifo de la financiación. Leedlas. Alguno dirá, claro, con esas reglas yo también invierto. Es interesant pensar sobre ellas, pero es más interesante el requisito principal: poner el plan de negocio como un comentario en su blog (o un enlace a slideshare, o Google Docs en el que pueda verse el plan de negocio completo).

Todo el mundo puede ver lo que pones ahí. Cualquiera puede robar tu idea. ¿Por qué arriesgarse entonces? Porque tu idea no vale nada. Lo que vale es la ejecución. Ideas hay muchas, algunas buenas, otras malas y la mayoría regulares, como todo. Lo que vale es la ejecución.

De hecho, Cuban dice:

Espero que otra gente lea y comente tu idea. También espero que otra gente robará la idea y la usará en otro sitio. Esa es la idea. Llámalo “entorno de financiación open source”.

No pasa nada porque alguien robe tu idea. Si es buena, el que haya más competencia creará más mercado para ella. Lo que sí es letal para tu idea es guardarla en tu disco duro para que nadie te la robe. Las ideas son como las plantas: mueren en la oscuridad y prosperan en la luz.

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Algoritmos genéticos para emprendedores


Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Veréis. Resulta que además de para hacer tigres o diseñar antenas, el método de lanzar muchas soluciones y quedarte con las que mejor funcionan puede ser el mejor para conseguir una empresa rentable.

Un ejemplo: Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD. Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web, escribir un libro electrónico o abrir un blog son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Y si tu idea tiene que ver con vender cosas y no solo ideas o servicios, tienes eBay para probar.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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