Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

3,7 horas al día viendo la tele

Ayer se publicó un estudio que afirma que los españoles dedicamos de media 3 horas y 47 minutos al día a ver televisión.

Pensadlo bien. Prácticamente la mitad del tiempo que dedicamos a trabajar, o algo más si tenemos en cuenta que la semana tiene 7 días para ver la tele, y 5 para trabajar.

Ahora, piensa qué tiempo dedicas tú a ver televisión cada día. Y piensa en qué podrías conseguir en un año simplemente reduciendo tu consumo de televisión a la mitad.

¿Qué pasaría si dedicas dos horas al día a crear tu empresa mientras mantienes tu trabajo de 8 horas? ¿si durante dos horas al día estudiaras ese idioma que se te resiste, o esa capacidad técnica que te haría progresar en tu carrera profesional? ¿si escribieras un blog sobre el campo en el que quieres ser experto?

“Me gustaría crear una empresa, pero no tengo tiempo”.

Falso. Tienes dos horas al día ¿qué vas a hacer con ellas?

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Vacaciones sin límite

Imagina que cuando empiezas a trabajar para una empresa preguntas por las vacaciones y te dicen que puedes coger todas las que quieras, cuando quieras. No 22 días laborables, ni un mes fijo, ni “al menos cinco días seguidos”, ni “solo entre junio y agosto”. Cuatro, cinco, seis semanas… lo que quieras. Y cuando quieras, no solo en verano.

¿Imposible? Pues es la política de Netflix. Mientras que en Estados Unidos lo habitual es tomarse 10 días de vacaciones al año, en Netflix hay quien se toma tres, cuatro y hasta cinco semanas seguidas. Y la empresa ni siquiera registra quién se ha ausentado ni por cuánto tiempo.

Para Reed Hastings, Director General, los límites a las vacaciones y los requerimientos de tiempo presencial son “una reliquia de la era industrial”. En Netflix, obviamente, tampoco hay horarios de entrada o salida.

Dice Hastings: “Lo peor para un directivo es que venga y me diga: ‘Vamos a darle a Susie un gran aumento de sueldo porque siempre está en la oficina’. ¿Y qué me importa? Quiero directivos que vengan y me digan: ‘Vamos a darle un gran aumento a Susie porque consigue hacer un montón’, no porque esté encadenada a su mesa.”

En Netflix eso que en España está tan extendido de quedarse por la tarde hasta las 7 o las 8, no porque haya trabajo, sino porque demuestra “compromiso con la empresa” está hasta mal visto. Si John se va a las cinco y obtiene los mismos resultados que Paul que se queda hasta las ocho, el profesional más valorado es John.

¿Puede aplicarse este tipo de política en cualquier empresa?

Probablemente no. De hecho, la propia Netflix no la aplica para los empleados que contrata por horas en el centro de soporte (obviamente, hay que gestionar turnos y la presencia físico es un requisito). Pero no cabe duda que, donde sea posible, será mejor para todos, tanto para la empresa que tiene los mismos o mejores resultados como para los empleados que tienen mejores condiciones de trabajo.

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Tu peor enemigo puedes ser tú mismo

Un beneficio de ser emprendedor y no tener jefe es que nadie te dice lo que tienes que hacer. Pero esto tiene un reverso tenebroso: que nadie te dice lo que tienes que hacer. Y entonces aparece la tentación de procrastinar. Es decir, de posponer determinadas tareas para hacer otras menos importantes.

No es exactamente pereza, porque no se trata de “no hacer nada”. El problema es dejar de hacer cosas que tenemos que hacer, y dedicarnos a otras. Sin un jefe que nos recuerde nuestras obligaciones, es fácil encontrar algo mejor que contabilizar unas facturas, llamar a un cliente desagradable o cualquier otra tarea que no nos apetezca en el momento.

El problema es que el día a día del emprendedor no consiste sólo en desarrollar nuevas ideas, crear campañas de marketing glamourosas, diseñar una web moderna a la par que sencilla o animar a tus colaboradores a terminar la versión 0.2. Hay mucho papeleo, hay que tratar con gente desagradable, hay que controlar las finanzas, hay que estar al día con Hacienda y la Seguridad Social…

Y todo esto es fundamental para que la empresa funcione. Una idea genial, un equipo de desarrollo motivado, una ejecución impecable, un marketing perfectamente diseñado para llegar al mercado objetivo… de nada sirven si la empresa se queda sin recursos porque nadie prestó atención a la tesorería, o hay que pagar multas y recargos por no atender las obligaciones fiscales o nadie se encarga de la desagradable tarea de recordar a los clientes que tienen que pagar.

Si queremos tener éxito como emprendedores debemos ser capaces de trabajar a pleno rendimiento incluso en las tareas menos atractivas, sin distracciones ni aplazamientos indefinidos. Tal vez alguno de estos consejos te pueda venir bien. No pretenden ser un manual completo de cómo gestionar tu tiempo, sino más bien una serie de pistas para evitar los errores más obvios.

1. No juegues. Si tu herramienta de trabajo es un ordenador, instala sólo el software que necesitas para trabajar. Elimina los juegos de Windows o Ubuntu, no instales otros juegos, ni clientes de mensajería instantánea, ni mulas o torrentes, ni siquiera las aplicaciones para aprender mecanografía o el curso de inglés. Si necesitas estas cosas y ya las tienes instaladas, cómprate otro ordenador para trabajar. Salvo que te dediques al diseño gráfico, con un portátil de 600 euros tienes más que suficiente, y recuperarás rápidamente esa inversión en horas de trabajo ganadas.

2. Desconéctate. Un ordenador conectado a Internet es una tentación permanente: comprobar el correo electrónico, ver los comentarios en tu blog, leer tus feeds RSS, responder a los comentarios en una red social, volver a comprobar el correo… Si no quieres verte así, y no puedes resistir la tentación, apaga el router. Fija unos momentos al día para hacer estas cosas (con un tiempo límite prefijado), y desconecta el resto del tiempo.

3. Aíslate. Pon el móvil en silencio, establece el intervalo de chequeo del correo electrónico en una hora y no en cinco minutos, apaga cualquier aviso automático de cualquier aparatejo. Y deja claro a los que te rodean que durante un tiempo no se te puede molestar. Un par de interrupciones a lo largo de una mañana pueden ser suficientes para arruinarla por completo si realmente necesitabas estar concentrado en resolver una cuestión difícil.

Cuando de verdad necesitas concentrarte, el mundo exterior puede esperar.

4. Llama tú primero. Si estás en un proceso que requiere concentración, una llamada telefónica puede hacerte perder horas de trabajo efectivo. Además de apagar el móvil, una estrategia que funciona en muchos casos es hacer todas las llamadas que tengas pendientes antes de ponerte a la tarea. De este modo evitas que sea la otra persona la que llame cuando a ella le conviene.

5. Separa trabajo y familia. No compruebes el saldo del banco a mitad de la mañana, ni dejes la facturación para buscar un billete de avión barato para las vacaciones. Y por supuesto no te dediques a hacer de recadero o gestoría en horas de trabajo “porque no tienes que darle explicaciones a nadie”. Dedica tiempos específicos a estas cosas, y asegúrate de que trabajas al menos ocho horas al día. Si has perdido dos horas en la mañana por un papeleo familiar, debes recuperarlas ese mismo día.

6. Haz una lista. No necesitas herramientas complicadas, un simple fichero de texto (o una hoja de una libreta) sirve. De lo que se trata es de tener visibles qué cosas tienes por hacer, de manera que no lleguen las ocho de la tarde y descubras de repente que tenías que haber llamado a un cliente, haber hecho una transferencia, haber enviado una oferta…

7. Ponte límites. A esas tareas que no quieres hacer, y que siempre retrasas, ponles una fecha límite. Si son muy complejas, divídelas en subtareas que no te lleven más de media hora, para evitar pensar eso de “ahora no tengo tiempo, cuando encuentre una mañana libre me pongo a ello…”. Una variante es ponerte citas contigo mismo, de manera que en tu agenda te aparezcan cosas como “miércoles 11:00-11:30 llamar a clientes morosos”.

8. Empieza. Si a pesar de todo hay tareas que no eres capaz de abordar, márcate como objetivo dedicar solo cinco minutos a ellas. Si luego no puedes seguir, al menos habrás hecho un poquito. Pero lo más probable es que una vez en faena descubras que no es para tanto, y puedas seguir hasta terminar.

9. Planifica. Márcate un objetivo para el día: “tengo que haber hecho esto, lo otro y lo de más allá”. Al final del día, revisa lo que te habías propuesto y lo que has hecho, y si hay grandes discrepancias piensa en qué deberías cambiar.

10. Registra. Sobre todo al principio, anota a qué dedicas el tiempo y cuánto te lleva cada tarea. Aunque pueda parecer una carga adicional de trabajo, será fundamental tanto para establecer expectativas realistas con respecto a lo que puedes conseguir como para averiguar cuánto debes cobrar por tu trabajo.

11. Adelántate. Intenta ir por delante de tus obligaciones. Esperar al último día para presentar una declaración a Hacienda, o para entregar un trabajo a un cliente, conduce casi inevitablemente a obtener peores resultados. Además, si estás en el límite cualquier imprevisto puede impedirte cumplir con tus compromisos, y eso puede ser fatal para tu prestigio frente al cliente.

12. Delega. Si hay tareas que te resultan muy difíciles de abordar, paga a alguien para que las haga por tí. Aunque te cueste un dinero, a la larga acaba compensando tener más salud mental, no quemarte en tareas odiosas, y dedicar más tiempo a lo que verdaderamente hacer crecer y prosperar a tu empresa.

Creative Commons License photo credit: Dan4th

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Ligero de equipaje

¿Listo para zarpar? ¿Preparado para empezar al gran aventura de crear tu propia empresa y salir del paro para siempre? Lo primero que necesitas es, como decía Machado, salir ligero de equipaje, casi desnudo.

Veamos qué significa esto.

Ahorra

El dinero que tienes, poco o mucho, va a ser escaso para poner en marcha la empresa. Esto es un principio universal, como la ley de la gravedad. De modo que más te vale eliminar desde ya cualquier gasto superfluo.

Si tienes familia, habla con ellos, explícales la situación y deja bien claro que durante un tiempo, al menos unos meses, vais a vivir frugalmente, con austeridad. Se acabó pedir pizzas por teléfono, salir a cenar, ir al cine. Si es necesario irse de vacaciones, hazlo a la casa de tus parientes en el pueblo.

No se trata de no divertirse, se trata de hacerlo gastando poco o nada. Busca maneras de divertirte que sean gratis como ir al parque o a la playa (si tienes una cerca), hazte socio de una biblioteca en lugar de comprar libros, haz deporte (que no requiera pagar por pertenecer a un club o un gimnasio), queda con tus amigos en casa en lugar de salir por ahí, desempolva los juegos de mesa…

Si tienes hijos, estarán encantados de que sus padres dediquen tiempo a ir al parque con ellos, o que pasen una tarde jugando al Monopoly. Serás el mejor padre (o madre) del mundo aunque su regalo de cumpleaños no sea tan espléndido como otros años.

Con respecto a tus amigos, lo mejor es explicarles la situación con sinceridad. Que vas a crear una empresa y que necesitas todos los recursos que tienes para que tenga éxito, así que durante un tiempo no vas a poder salir a cenar o a tomar copas por ahí. En lugar de eso, invítales a tu casa. Si son realmente tus amigos, no solo no les importará sino que estarán dispuestos a echarte una mano en lo que puedan.

Revisa todos los pagos que haces periódicamente, y procura eliminar todos los que no sean imprescindibles. Por supuesto, fuera la televisión de pago. Fuera las suscripciones a revistas o periódicos, fuera los pagos a clubes o asociaciones… Si todavía compras un periódico de papel, deja de hacerlo ya.

Con respecto a Internet, salvo que en tu planteamiento de empresa Internet sea imprescindible (por ejemplo, si vas a montar una empresa de diseño web), también es recomendable eliminar este gasto.

Comprueba que en la biblioteca más cercana tengan acceso gratuito (muchas lo ofrecen) y conéctate ahí. En casi todos los municipios hay centros públicos de acceso a Internet en los que puedes conectarte gratuitamente. Así además de ahorrar, como tienes un tiempo limitado de conexión, evitas perder horas navegando por sitios que nada tienen que ver con tu proyecto.

Si hay alguien que os ayuda con la limpieza de la casa, piensa bien cómo reducir ese gasto. No asumas que como ahora estás en paro y tienes tiempo puedes hacerlo tú. Desde hoy no estás en paro, sino creando una empresa, y eso requiere todo tu esfuerzo y dedicación. Si llegas a un acuerdo con tu pareja y veis posible renunciar a la ayuda, adelante. Pero no aceptes cargar con las tareas domésticas porque eres tú quien se ha quedado en paro.

Valora la posibilidad de reunificar pagos de préstamos y créditos. Esto es todo un mundo, y yo no soy el más cualificado para orientarte, pero si llevas unos cuantos años pagando la hipoteca es posible que puedas ahorrarte un buen dinero cada mes eliminando otros préstamos e incluyéndolos en el de la hipoteca. Es importante hacerlo antes de que tengas problemas y hayas dejado de pagar alguno, y es un proceso que puede llevar tiempo, así que si vas a hacerlo empieza ya.

Libérate de otras cargas

Dado que el dinero es escaso, y es difícil conseguir más, tienes que optimizar tu otro recurso: el tiempo.
Si tienes compromisos periódicos que te quitan tiempo, cancélalos como has hecho con los compromisos que te quitan dinero. No se trata de que dejes de visitar a tu anciana madre gravemente enferma, pero a lo mejor puedes prescindir de la partida semanal de pádel.

Cancela los cursos a los que estés apuntados tan pronto como puedas. No necesitas ahora más clases de golf, o de literatura armenia. La única excepción son los cursos de inglés, si es que realmente los necesitas.

Deja de ver televisión. Si puede ser, por completo. Y si no puedes evitar ver tu serie favorita, grábala para saltarte la publicidad. Una hora de televisión queda reducida a 40 minutos, que además empiezan y acaban cuando a tí te interesa, y no cuando deciden los erráticos responsables de programación. En cualquier caso nunca, pase lo que pase, veas la televisión antes de las 9 de la noche.

Olvídate de las noticias. No pasa nada porque durante un tiempo no seas la persona más informada del mundo. Esa media hora al día (al menos) que dedicas a estar enterado no te aporta nada para conseguir el éxito en tu empresa, y ese es ahora tu único objetivo. Abandona foros, chats, y cualquier actividad en Internet que no esté directamente relacionada con tu empresa.

Limita también tu consumo de libros de autoayuda, de negocios, incluso libros de tu sector. Y limita el consumo de blogs y otras páginas web. Ponte un tiempo límite si es preciso. Una sobreabundancia de información no te ayuda a tomar mejores decisiones. Leer demasiado y buscar demasiada información solo es una excusa para evitarte actuar.

Procura tener un ocio activo: lee (libros de ficción, o de historia, o de cualquier cosa que enriquezca tu mente pero no tenga que ver directamente con el trabajo), haz deporte, toca un instrumento. Aprender a tocar un instrumento musical es extraordinariamente relajante (tal vez no lo sea para tus vecinos, pero es un mal menor) y no necesitas ser un gran virtuoso para disfrutar.

Todas estas cosas no requieren dinero y son más eficaces para relajarte y descansar que la televisión o Internet.

Hablaremos más adelante de cómo ser más productivo cuando trabajas desde casa, y cuando no tienes jefes que te impongan ritmos y tareas. Ahora se trata de quitar de en medio todo lo te puede impedir rendir al máximo cuando estés trabajando en poner en marcha tu empresa.

Como puedes ver, esto no se trata de sentirte ocupado mientras esperas que te llegue el trabajo deseado. Si realmente quieres tener éxito creando tu empresa, debes tomártelo en serio desde el principio, y asumir que durante un tiempo vas a tener que renunciar a muchas cosas. Si no estás dispuesto a afrontar el reto, más te vale dejarlo ahora mismo.

Creative Commons License photo credit: bachmont

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A dieta

En lugar de esperar al 1 de Enero para los buenos propósitos, he decidido ponerme a dieta este fin de semana. Original que es uno.

Cuando hablo de ponerme a dieta no me refiero solo a comer menos dulces y grasas y hacer algo de ejercicio (que también). Sobre todo voy a hacer dieta de información.

Hace tiempo que prácticamente dejé de ver televisión, con resultados excelentes para mi tiempo libre. Cuando quiero ver algo, lo grabo o me lo bajo de la red. Simplemente, estaba harto de que los programas que debían empezar a las 10 empezaran a las 10:20, y más harto de que se interrumpieran a cada rato y tuviera que perder el tiempo viendo publicidad que no me interesa. La dieta de televisión es muy aconsejable para cualquiera que haya dicho recientemente “es que no tengo tiempo”.

Lo que voy a hacer ahora es limitar mi consumo de información a través de Internet. La información en Internet es como el vino: un poquito es muy saludable, pero consumida en exceso te nubla la vista, te vuelve torpe y te impide reaccionar.

Algo así me estaba pasando: leer muchos blogs, muchas noticias, muchas webs llega un momento que en lugar de aportar, estorba. La información se convierte en un fin en si mismo, no en una herramienta para alcanzar un objetivo.

¿Y qué voy a hacer con el tiempo libre? Primero, pensar, que nunca está de más. Luego, abordar proyectos que voy retrasando porque nunca encuentro el momento adecuado para ponerme con ellos. Y dedicar más tiempo al mundo offline.

Creative Commons License photo credit: gadl

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Consejos para evitar la procrastinación


Transcribo unos consejos para evitar la procrastinación que he encontrado brujuleando por aquí:

  1. Recuerda que es la motivación lo que te hace empezar y los hábitos los que te mantienen. Decide empezar.
  2. Pon tus objetivos profesionales y personales por escrito. Priorízalos.
  3. Escribe un plan para ti mismo con una planificación realista.
  4. Lo que se retrasa a menudo se olvida.
  5. Retrasa las cosas hasta que tengas suficiente información, pero no toda la información. Ten el coraje de tomar decisiones con menos del 80% de los datos.
  6. Divide tus proyectos en pequeñas piezas y evita pensar en “todo o nada”.
  7. La procrastinación a menudo proviene del perfeccionismo. A menudo procrastinamos porque pretendemos hacer todo perfectamente. “La perfección es el peor enemigo de lo suficientemente bueno”.
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El método para ser más productivo


Ayer, aprovechando que estuve un rato con Lucas, le pregunté por el método GTD de David Allen, ya que en su blog había contado que lo usaba con éxito.

Yo he sido desorganizado desde pequeñito. Olvidaba pedir a mis padres que firmaran las notas, y luego olvidaba llevarlas al colegio. Y eso que por lo general eran muy buenas. En la Universidad perdí un examen por equivocarme de día (luego lo hice en el despacho de la profesora). Pierdo papeles, entrego a última hora la declaración de la renta… con deciros que una vez olvidé dejar a uno de mis hijos en la guardería y me lo llevé en el coche unos cuantos kilómetros de camino al trabajo está dicho todo.

Creo que uno de mis problemas es que tengo buena memoria. Y eso es nefasto, porque por muy buena que sea, no es perfecta: tiene la mala costumbre de archivar lo que quiere y perder o traspapelar lo que le parece.

Y hay otro problema: me interesan muchas cosas y me meto en muchos líos. Eso está muy bien, porque uno disfruta de muchas más experiencias y conocimiento. pero también supone que siempre tengo mil cosas por hacer, que se añaden a las obligaciones habituales.

Hace años, en séptimo de EGB, uno de mis profesores (jesuita) nos hizo dos preguntas. La primera fue fácil de contestar: “¿quien se porta mejor en clase, un niño que escucha al profesor o uno que está jugando?”. Todos respondimos, evidentemente, que el primero. Pero después preguntó: “¿quién se porta mejor en el recreo, un niño que está jugando al fútbol o uno que está aprovechando para estudiar?”. Seguramente pensando que era lo que quería oír, muchos dijimos que el segundo. Respuesta equivocada. Un niño que en el recreo estudia, no hace lo que debe en ese momento.

El problema de ser desorganizado y tener un montón de cosas en la cabeza, es que siempre tienes la sensación de que tal vez habría algo más importante que lo que estás haciendo ahora. Y muchas veces, por desgracia, es cierto. El secreto para ser más productivo (descontando el efecto de contar con herramientas adecuadas) es hacer en cada momento lo más rentable. No ir dos veces a comprar porque has olvidado algo la primera. No encontrarte en una sala de espera sin nada que hacer. No hacer algo que te apetece en el momento, y posponer otra cosa más importante.

Mi método, hasta ahora, era confiar en la memoria (problema), utilizar herramientas solo parcialmente adecuadas (correo electrónico, móvil) y utilizar un asistente para los asuntos privados (mi mujer). Ineficacia y problemas por todas partes.

Pues bien, voy a intentar poner en práctica GTD. Ya os iré contando como va la cosa, si se queda en resolución de año nuevo o si en enero de 2009 he conseguido tener bajo control las miles de cosas que debo hacer cada día.

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Apaga el movil


Una de las peores muestras de mala educación en el ámbito profesional es dar prioridad a las llamadas de teléfono antes que a la persona con la que estás en ese momento.

Tanto si esa persona ha ido a verte como si eres tú el que le estás visitando, te ha dedicado un tiempo en exclusiva. Ha pospuesto otras tareas, se ha desplazado, ha preparado la reunión… Si le interrumpes para atender una llamada, le estás diciendo: “no eres importante para mí”.

El que te llama, por el contrario, no tiene que tener asegurada tu disponibilidad absoluta las 24 horas del día. No pasa nada por atenderle media hora más tarde. Puede volver a llamar, o puede dejar un mensaje.

Y no solo por educación, sino por eficacia. Yo recuerdo haber sufrido a un jefe que cada vez que intentabas hablar con él no solo cogía todas las llamadas que le pasaban por el fijo y las del móvil, sino que al hacer amago de salir del despacho te hacía gestos para que te quedaras. Al final, una cuestión que se podía haber resuelto en 10 minutos me llevaba más de una hora. ¿Realmente el mejor uso que se podía hacer de mi tiempo era permanecer en el despacho del jefe hojeando revistas?

Incluso si la persona con la que estás no es de tu organización, respeta y valora su tiempo, y no se lo hagas perder interrumpiendo la reunión y obligándola a escuchar tus conversaciones.

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