Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

BBVA Open Talent, otra oportunidad para emprendedores

¿Eres de los que está siempre quejándose de que no puede poner en marcha su genial idea de negocio porque no tiene la financiación necesaria? ¿Qué te parecería contar con 100.000 euros del BBVA?

Si te animas, tienes un mes para presentarlo en BBVA Open Talent, una iniciativa de BBVA para promover el espíritu emprendedor.

Lo que me gusta de la idea es que es abierta y participativa. Si presentas tu idea, no vas a depender de explicársela a inversores que no distinguen una página web de un ladrillo, o de que conozcas a fulanito o a menganito. Tu proyecto estará en la web y podrá ser votado por los visitantes de la misma. Lo más votados pasarán a la selección final.

La iniciativa, de alguna manera, es similar a la de Marc Cuban que comentábamos el otro día, en cuanto a que para participar debes exponer tu proyecto a la vista de todos. Lo cual está bien, porque aunque no ganes es probable que el feedback de los visitantes te ayude a descartar, redefinir o avanzar en tu idea.

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La oportunidad de que Mark Cuban invierta en tu empresa

¿Tienes una idea de negocio pero necesitas dinero? Marc Cuban está dispuesto a invertir en tu idea. Puedes pedir tanto dinero como quieras (él tiene más de lo que puedas soñar) pero tienes que cumplir ciertas reglas.

Entre ellas, que el negocio no esté basado en la publicidad, que alcance el break-even en dos meses y sea rentable en tres, o que el primer mes que no cumplas con tus números se corte el grifo de la financiación. Leedlas. Alguno dirá, claro, con esas reglas yo también invierto. Es interesant pensar sobre ellas, pero es más interesante el requisito principal: poner el plan de negocio como un comentario en su blog (o un enlace a slideshare, o Google Docs en el que pueda verse el plan de negocio completo).

Todo el mundo puede ver lo que pones ahí. Cualquiera puede robar tu idea. ¿Por qué arriesgarse entonces? Porque tu idea no vale nada. Lo que vale es la ejecución. Ideas hay muchas, algunas buenas, otras malas y la mayoría regulares, como todo. Lo que vale es la ejecución.

De hecho, Cuban dice:

Espero que otra gente lea y comente tu idea. También espero que otra gente robará la idea y la usará en otro sitio. Esa es la idea. Llámalo “entorno de financiación open source”.

No pasa nada porque alguien robe tu idea. Si es buena, el que haya más competencia creará más mercado para ella. Lo que sí es letal para tu idea es guardarla en tu disco duro para que nadie te la robe. Las ideas son como las plantas: mueren en la oscuridad y prosperan en la luz.

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Xavier Sala i Martín, la crisis, los bancos y el ladrillo

El economista Xavier Sala i Martín escribe sobre la crisis. Y dice cosas tan sensatas como esta:

La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!

Y dice también que el riesgo mayor es que, además de no evitar crisis futuras, lo que sí consigan es suprimir cosas positivas como la inversión con riesgo:

La razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.

[...]

La extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada.

Mi amigo Sergio Montoro, que no es Catedràtic de Columbia University i Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra como Sala i Martín pero no tiene un pelo de tonto, me decía hace un par de años: “mientras el ladrillo siga dando el dinero que da ahora, nadie va a invertir en empresas de tecnología”.

Es decir, que no es solo que el “sólido sistema financiero español” estimulase la financiación de empresas “solventes” como Martinsa, sino que los inversores particulares, que en Estados Unidos son la fuente alternativa de financiación para empresas innovadoras, aquí se dedicaban a invertir también en suelo y ladrillos.

Ahora todo el mundo está asustado, y con el dinero guardado en un calcetín debajo del colchón. Pero cuando empiece a escampar, y los del calcetín saquen a pasear sus euros, es probable que se haya relativizado el mito de que el ladrillo siempre da dinero sin riesgo. Y algunos de esos inversores al menos se plantearán invertir en empresas innovadoras.

Creative Commons License photo credit: Leonski

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Ron Conway aconseja no dejar el trabajo ahora para crear una startup

Ron Conway es un inversor ángel conocido por haber entrado muy pronto en Google y PayPal, y haber obtenido un buen beneficio por ello. Ha invertido en más de 130 empresas desde 2005, entre ellas Digg, Twitter, Mint, o seesmic, así que debe saber de lo que habla.

Le han hecho una entrevista en Sillicon Alley Insider (que podéis leer aquí y aquí) y entre otras cosas dice esto:

Les diría (a los emprendedores) que no dejen su trabajo hasta que consigan un año de financiación, y si no pueden conseguirlo, entonces no deben empezar la empresa ahora mismo… Mi consejo (para las stat ups que no tienen el dinero de un año en el banco) sería levantar dinero reduciendo tus propios gastos. Si no puedes levantar más dinero, tienes que reducir costes. Y les estoy insistiendo en esto a mis empresas.

Hay que tener en cuenta que está hablando sobre startups estadounidenses, que tienen una forma de empezar diferente a la que se estila en España. Entre otras cosas, es normal que funcionen uno o dos años sin ingresar dinero, simplemente desarrollando un producto. Y que en ese proceso gasten cientos de miles o incluso millones de dólares.

Esto, que puede producir envidia para el que está empezando y luchando por facturar y cobrar lo antes posible, es una arma de doble filo: si se te acaba la financiación a mitad de desarrollo, te quedas sin empresa.

En cualquier caso, el consejo es generalizable y no solo se aplica a las startups en tiempos de crisis. Tener en el banco un colchón importante ayuda a no dar pasos precipitados empujado por la necesidad imperiosa de ingresar dinero como sea.

Si no tienes un buen montón de dinero en el banco, haz lo que dice Ron: reducir todo lo posible los costes.

Creative Commons LicensePhoto: Joi Ito

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El problema del IVA en las pequeñas empresas


Apuntaba Carlos en un comentario un problema que es muy real para muchas pequeñas empresas: la obligación de pagar el IVA en el momento en el trimestre en que se emite la factura, y no en el que se cobra.

Juan Martín lo explica de forma muy divertida en este vídeo:

Aunque estoy de acuerdo en que es un abuso por parte del Gobierno obligar a los empresarios a hacer de recaudadores, y un abuso todavía mayor obligarles a asumir los retrasos en los pagos e incluso los impagos, hay alguna alternativa a la quiebra.

Pide un aplazamiento a la Agencia Tirbutaria

Lo primero es pedir un aplazamiento a Hacienda. Aquí tenéis el modelo para deudas inferiores a 6.000 euros. Si el IVA que tienes que pagar es menos que esta cantidad, basta con explicar que tienes unas facturas pendientes de cobro y proponer un plan de pagos razonable. Lo más probable es que te concedan el aplazamiento (ignoro los intereses que aplican).

Si tienes que pagar más de 6.000 euros, el modelo es este. El problema es que en estos casos Hacienda exige una prueba de que podrás pagar, habitualmente un aval. Y si no puedes pagar ni el IVA, a ver qué banco te va a conceder un aval.

Intenta financiar la factura

Si tu cliente es solvente, tu banco puede estar dispuesto a entregarte ahora el importe de tu factura. A cambio de un porcentaje, claro, que de eso viven. Cliente solvente aquí significa una gran administración pública o una empresa que cotice en el IBEX 35. Si tu cliente no es de esos, tu factura no es maś que un papelito.

No pagues

Si esperas cobrar en 90 días, puedes simplemente no pagar en su momento, y hacerlo cuando cobres. El problema es que Hacienda aplica unos recargos que creo recordar que son de un 5% por retraso inferior a 3 meses, un 10% por retraso inferior a 6 meses, y un 15% por retraso inferior a 9 meses.

Como financiación de deuda es un método ruinoso, pero si no te queda más remedio, al menos es una salida mejor que la quiebra de tu empresa por éxito.

Ten el dinero preparado

La mejor opción es tener una buena previsión de tesorería, y dinero suficiente para hacer frente a los pagos a Hacienda. Si te acercas a tu banco cuando las cosas van bien y les dices: “esto marcha viento en popa, los clientes me quitan de las manos mis productos / servicios”, les das pruebas de lo bien que te va (facturas, pedidos, contratos…), les muestras unas cuentas claras y les pides un crédito para financiar la tesorería, es muy posible que te lo concedan. Así estarás preparado para cuando llegue el pago trimestral del IVA (y del IRPF, que es primo hermano de este).

Si en lugar de hacer tus previsiones te encuentras un buen día sin un euro y una carta de Hacienda reclamándote su parte del negocio, entonces es mucho más difícil negociar con tu banco. Un banco nunca presta dinero a quien tiene problemas.

En resumen: si creías que por haber cerrado una venta, e incluso por haber emitido una factura ya tenías todo a favor piénsalo de nuevo, analiza los tiempos de cobros y pagos, calcula tus opciones y actúa antes de que sea demasiado tarde y te veas como el pobre Juan Martín.

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El sueldo del emprendedor


Ángel discrepa de algo que comenté en mi post anterior. La otra vez que escribí algo en este sentido, también hubo comentarios con opiniones distintas, así que creo que merece la pena aclarar un poco lo relativo al sueldo del emprendedor. Es un tema muy importante sobre todo para las empresas pequeñas que empiezan haciendo bootstrapping. (Si no lo habéis hecho todavía, leed el PDF de Seth Godin que os enlazo). Un error en esto y te juegas el futuro de la empresa, el pan de tus niños y hasta el matrimonio.

Primer hecho: no vas a tener dinero para todo. Eso implica decidir dónde ahorrar y dónde gastar. Y tu prioridad debería ser aquello que te permite conseguir cuanto antes clientes que paguen.

Segundo hecho: Hacienda quiere parte de cada euro que pasa por tus manos. Si se trata de relaciones laborales, la S. Social también quiere su parte. Cada céntimo que se llevan ellos es un céntimo que no destinas a tu objetivo.

Tercer Hecho: si no haces bien las cuentas, te engañas a ti mismo. Como bien señala Ángel, si no tienes en cuenta tu sueldo puedes creer que tu empresa va bien, cuando en realidad es una ruina.

Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es la mejor estrategia para un emprendedor que comienza con recursos escasos?

1. Procura minimizar lo que se lleva el Estado.

Si te pones un sueldo, la S. Social se lleva un 38% (parte empresarial y parte del trabajador). Y Hacienda un porcentaje que depende de la cantidad, pero que para un sueldo de dirección (el que deberías cobrar) supera el 12%. Es decir, más de la mitad del dinero desaparece. Si eres administrador de la empresa cotizas como autónomo, con lo que la parte de la S. Social no es un porcentaje sino un coste fijo. Pero la situación es la misma.

Conclusión: no te pongas sueldo, o si lo haces ponte el menor sueldo posible. Si no te queda más remedio que cotizar como autónomo, hazlo y paga lo que sea menester. Pero no cometas el error de regalar además tu dinero a Hacienda.

2. Vive de tus ahorros

En lugar de meter dinero en la empresa para sacarlo a final de mes en forma de nómina, utiliza una cuenta de ahorro y saca de ella a final de mes lo que ibas a cobrar. Así, en lugar de pagar a Hacienda y la SS, le sacas unos eurillos de intereses a tus ahorros. Es fundamental que conozcas tus gastos personales, para evitar un optimismo excesivo que haga que el dinero previsto no sea suficiente.

3. Contabiliza el dinero que dejas de cobrar

Tanto si tienes socios como si no, no dejes de registrar el dinero que deberías haber cobrado de la empresa. Puedes aflorarlo contablemente como préstamo de socio, puedes considerarlo aportación de capital que te da derecho a más participaciones, o puedes simplemente cobrarlo cuando la empresa pueda pagarte el sueldo (con o sin intereses, que esa es otra cuestión).

4. Ponte límites

En esta estrategia, sobre todo si tienes responsabilidades familiares, es fundamental conocer de antemano hasta cuándo puedes vivir sin cobrar o cobrando por debajo de tu sueldo objetivo. Así no hay malos entendidos ni con tus socios ni (lo que es más importante) con tu familia. Si se aproxima la fecha límite y la empresa todavía no es capaz de pagarte lo suficiente como para cubrir tus gastos, es el momento de replantear o su refinanciación o su cierre.

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Mis problemas con los gastos fijos


En los comentarios a su entrada sobre la crisis de crecimiento que está experimentando, Ángel me invita a que cuente mis experiencias con los gastos fijos. He pensado que podría ser ilustrativo para otros, así que le haré caso.

Cuando creé Alanta tenía un dinero para ello, y tuve además financiación no solicitada por vía F&F (familia y amigos, ya sabéis). Os confesaré que tenía mis dudas sobre si una empresa de servicios en torno al software libre era viable, y mi razonamiento entonces fue: “voy a poner en marcha la empresa con todo lo necesario. Si en unos meses no tiene resultado, cerramos y se acabó”.

Así que busqué una oficina en una ubicación presentable, contraté a dos personas con experiencia (y sueldos acordes a esa experiencia) y me fijé un sueldo inferior al que ganaba antes pero suficiente como para pagar mis facturas. Contraté además una gestoría para que llevara las cuentas y las cuestiones laborales.

Teniendo en cuenta estos costes, la empresa tenía capacidad para aguantar seis meses sin generar ingresos, lo cual en principio parecía suficiente para comprobar su viabilidad.

Y ocurrió lo normal en estos casos: el ciclo de ventas era más largo de lo que había previsto, y también se alargaban los proyectos, el momento de la facturación y el cobro. Los gastos aumentaron, porque decidimos lanzar una campaña de telemarketing para buscar clientes, que no estaba prevista en un principio. El primer cliente no nos pagó. Eso supuso no solo dejar de cobrar más de 13.000 euros, sino pagar el IVA correspondiente.

Al cabo de cuatro o cinco meses, el dinero se iba agotando. Podría haber decidido que la empresa no era viable, pero la realidad es que sí había clientes dispuestos a implantar software libre. La respuesta a la campaña de telemarketing era buena, y empezábamos a tener clientes que sí pagaban. Abandonar en esas circunstancias parecía absurdo.

Así que opté por reducir los gastos. Cambié la oficina por un servicio de oficina virtual en un centro de negocios, donde hay salas de reuniones cada vez que se necesita trabajar en equipo. Decidí que pagar una comida era más barato que pagar un alquiler, así que las reuniones se hacen muchas veces en VIPS o similares, y se contrata una sala cuando se necesita más tranquilidad y medios como pizarras y similares.

Reduje también los gastos de personal, incluyendo los míos. Prescindí del comercial, y asumí yo esa función. Eso supuso una disminución en las ventas, pero también una mucho mayor en los gastos. Al final del proceso, los gastos fijos no eran ni un 15% de los que habían sido.

Y eso significó, al final, la supervivencia de la empresa. Yo acabé muy cansado, y tuve que volver a la administración porque la empresa seguía sin ser capaz de pagarme el sueldo. Pero hoy, cinco años después de su creación, Alanta es una empresa viva, que da de comer a varias familias y que está consiguiendo clientes nuevos. Dentro de un par de años, cuando pueda volver a coger una excedencia voluntaria, espero que sea capaz de acogerme de nuevo y (esta vez sí) pagarme el sueldo sin problemas.

Moraleja:

- Haz bien las cuentas. Los gastos siempre son más de los que esperas y llegan antes. Los clientes tardan en llegar y pagan tarde.

- No gastes ni un céntimo que no sea imprescindible. Y compromete el mínimo para gastar todos los meses.

- Procura obtener ingresos recurrentes. Un contrato de mantenimiento vale más que un proyecto. Saber que el mes siguiente ya tienes previstos unos ingresos que cubren tus costes fijos es alcanzar el nirvana empresarial.

- Si tienes dinero al principio, dedícalo al marketing. Cuanto antes consigas alcanzar la masa crítica de clientes, más probabilidades de supervivencia.

- Negocia con tu banco fórmulas de financiación que te permitan adelantar tus ingresos y diferir tus gastos. No te puede suceder que debas renunciar a un proyecto porque no tienes capacidad de soportar los gastos del mismo hasta que lleguen los ingresos.

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Dinero para arrancar la empresa


Después del asunto de la idea de negocio que tratamos hace un tiempo, el siguiente error que puede hacer fracasar tu empresa es equivocarte en la financiación. Para evitaros alguno de los disgustos que yo me he llevado en este asunto, aquí van estos 10 consejos:

1. Haz una planificación financiera

Deberías tener una previsión de ingresos y gastos con detalle de un mes durante el primer año, y trimestral para los dos o tres siguientes. Sí, ya se que la adivinación del futuro es una ciencia que no ha progresado mucho desde que a Julio César le pronosticaban el resultado de sus batallas mirando las tripas de un ganso. Pero esta planificación no se hace para ver cuánto vas a ganar, sino para saber cuánto vas a gastar.

Si haces una planificación tendrás que analizar tus costes de producción, los costes de personal, calcular cuáles serán tus gastos de marketing, los costes asociados a cada venta… y te entrarán sudores fríos al pensar de dónde vas a a sacar dinero para pagar tanto.

Eso es bueno, porque la otra opción es que te encuentres con esos costes con la empresa ya lanzada, y por tanto con mucha menos capacidad de maniobra.

2. Calcula cuánto dinero necesitas para arrancar

Una vez que conoces tus gastos mensuales, plantéate que no tendrás ingresos al principio. En función de la duración de tu ciclo de venta, ese tiempo puede ser unas semanas o unos meses. Aunque vayas a abrir un negocio en el centro comercial más visitado de tu ciudad, eso no significa que el primer día entrará la gente a quitarte de las manos todo lo que vendes. Ponte en la situación peor, y piensa que pasará si el primer mes vendes un 10% de lo necesario para cubrir costes. ¿puedes seguir el mes siguiente? ¿y el siguiente?

Analiza la época del año (y todas las empresas tienen una cierta estacionalidad). ¿Merece la pena abrir en Junio, sabiendo que tienes que pagar sueldos y alquileres en Agosto?

Piensa también que vender no significa cobrar. En determinados negocios, pueden pasar meses desde que vendes algo hasta que consigues cobrarlo. Y muchas veces vender significa incurrir en costes, que tardas un tiempo en recuperar. Sería muy triste tener que cerrar tu negocio porque no tienes pulmón financiero como para soportar el coste asociado a tus ventas.

3. Ahorra en la oficina

¿De verdad necesitas una oficina desde el primer día? Sí, es emocionante abrir la puerta de tu empresa recién estrenada y contemplar los puestos de trabajo perfectamente equipados con sus muebles nuevos. Pero piensa que a final de mes pagarás por ello.

En muchos negocios los clientes no quieren ir a tu oficina, sino que esperan que tú vayas a verlos. Si es tu caso, puede ser mucho más rentable contratar un servicio de oficina virtual en un centro de empresas y pagar una sala de reuniones solo cuando la necesites. Ventaja añadida: no pierdes el tiempo en decorarla ni amueblarla, y el tiempo también es un recurso escasísimo.

4. Ahorra en todo lo que no afecta directamente a las ventas

Tu prioridad, al principio, es conseguir clientes. Y eso supone gastar en marketing y en la propia venta. En eso es en lo único en lo que no puedes ser cicatero. Pero ahorra en todo lo demás.

No es necesitas el último modelo de móvil con PDA y GPS, puedes usar el que te regalará la operadora. Y probablemente puedes encontrar ordenadores de segunda mano perfectamente utilizables por la mitad de precio que uno nuevo.

Cuando empiezas tienes un capital inicial, que probablemente te parecerá más que suficiente para arrancar. Piensas: “seguro que ahorrar 500 euros en un ordenador no es tan importante”. Analiza tu margen, y calcula cuánto tienes que vender para ganar esos 500 euros. ¿Tu margen es de un 10%, por ejemplo? Entonces tendrías que vender 5.000 euros para ganar esos 500. ¿Merece la pena?

5. No te pongas sueldo

Al principio, no vas a tener beneficios, así que tendrás que aportar dinero en lugar de retirar beneficios. Si te pones un sueldo, estás sacando dinero de un bolsillo para meterlo en el otro. Pero además, te dejas una buena parte en el camino, que va a parar a Hacienda y la Seguridad Social. Si eres administrador de tu empresa, la ley te obliga a hacerte autónomo (y a pagar por ello a la Seguridad Social). No pagues otra vez a la Seguridad Social por el sueldo. Y no vuelvas a pagar IRPF otra vez por un dinero que ya era tuyo.

El problema puede aparecer cuando hay socios capitalistas (que solo ponen dinero) y otros que trabajan (pongan o no dinero). Incluso en ese caso, es preferible acordar unos sueldos “ficticios” durante un tiempo, y que ese dinero que no van a cobrar los socios trabajadores cuente a la hora de asignar participaciones en la empresa como si fuera capital aportado.

6. Protégete de los descubiertos

En muchos negocios hay un desfase entre los ingresos y los gastos. Y cada trimestre hay que pagar al Estado. Eso puede suponer que, en un momento dado, nos encontremos sin dinero en la cuenta y con gastos que afrontar. No pagar a Hacienda a tiempo supone “simplemente” un recargo, pero imagina el efecto que tendría en tu empresa no pagar una nómina, aun sabiendo que hay un dinero que entrará en unos días.

Si tu negocio es así, protégete de los descubiertos nada más empezar. Abre una cuenta de crédito con capacidad para aguantar al menos el pago de todos los gastos de un mes. Al principio, tu banco probablemente se limitará a pedirte un aval y te lo concederá sin mucho problema. Pero si intentas acercarte a pedirles el crédito cuando ya estás en números rojos, verás cómo el director de tu oficina deja de ser ese señor tan simpático para convertirse en un ogro feroz.

7. No cuentes con lo que vas a cobrar

En contabilidad, hay un principio que establece que los gastos se contabilizan cuando se contrae la obligación, pero los ingresos sólo cuando el dinero entra de verdad. Esto encierra una sabiduría milenaria.

Nunca, ni aunque tu cliente sea amigo de toda la vida, puedes contar con que un pago llegará a tiempo. En nuestro país es muy frecuente que todo el mundo procure pagar lo más tarde posible a los que son más débiles que él. Y, si acabas de abrir una empresita, ese eres tú.

En Alanta, nuestro primer cliente quebró (juro que no tuvimos nada que ver) sin pagarnos dos facturas que sumaban algo más de diez mil euros. Para una microempresa que estaba empezando, fue un agujero importante. Y más aún teniendo en cuenta que una vez que has emitido la factura tienes que pagar el IVA, aunque no la hayas cobrado.

Es preferible no contar con el dinero que te pagarán esos primeros clientes que tienes casi apalabrados antes de empezar. Cuando llegue, bienvenido será, pero asegúrate de que tienes recursos propios para aguantar unos meses, por si hay problemas con ellos.

8. No cuentes con subvenciones

Aun en el improbable supuesto de que te las concedan, el dinero llegará tarde y mal. Acceder a ellas te requerirá una enorme cantidad de papeleo y tiempo, y necesitas 25 horas cada día para arrancar la empresa. Tienes que priorizar tus tareas, y al principio (y puede que siempre) es más importante conseguir un nuevo cliente que buscar unos eurillos extra.

9. No aceptes dinero de cualquiera

Si tu fuente principal de financiación, como es frecuente en muchas microempresas, son amigos y familiares, piensa muy bien antes de aceptar dinero de cada uno de ellos. Antes que nada, debes dejar claro si el dinero es una participación en la empresa o un préstamo.

Si es una participación, debes especificar a qué porcentaje de las participaciones da derecho el dinero que han aportado, y debe quedar reflejado ante notario en la constitución de la empresa. Eso significa que asumen que si la empresa quiebra, pierden el dinero. No basta con que se lo digas: asegúrate de que lo entienden, y que no vas a tener en el futuro un problema personal porque le haya hecho perder a alguien unos miles de euros. En caso de duda, es mejor que no aceptes ese dinero.

Si es un préstamo, tienes que devolverlo, aunque la empresa haya fracasado. Incluso aunque el préstamo sea informal, si quieres evitar problemas personales debes hacerlo. Así que piensa también seriamente si estás dispuesto a asumir ese compromiso.

Y en cualquiera de los dos casos, asegúrate de que las personas que te aportan el dinero no van a suponer un problema para la marcha de la empresa. Si tienes problemas (y los tendrás) lo último que necesitas es un socio impertinente que te machaque con lo mal que estás gestionando su dinero.

10. Prepárate para lo peor

El dinero es para las empresas como la sangre para las personas: si deja de fluir, estás muerto. El problema es que no lo puedes controlar, porque dependes de lo que hagan otros, que tienen intereses distintos a los tuyos.

Así que es preferible que dediques tiempo suficiente, antes de arrancar, a pensar con calma en qué situaciones pueden afectar a esa fluidez. Prepara una estrategia para evitarlas si es posible, o para preparar recursos con los que puedas enfrentarte a ellas.

Ten en cuenta que, si tu idea no es descabellada, lo más probable es que fracase por problemas financieros. Imagínate la frustración que puede suponer tener una idea, crear una empresa para llevarla a cabo, comprobar que la idea funciona y tener que cerrar la empresa porque no tienes los recursos necesarios para aguantar el tiempo necesario hasta que eche raíces y crezca sana.

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Reglas para conseguir financiación


En la sección de PYMEs de BusinessWeek han comenzado una serie sobre la financiación y el crecimiento de pequeñas empresas. El primer artículo, “Reglas para conseguir financiación” es muy bueno, así que habrá que seguirla. De momento, y para que os animéis a leerlo, os traduzco las ideas clave:

Supongamos que tienes un plan de negocios genial y [...] tienes también un gran equipo. Ahora todo lo que necesitas es dinero. Para hablar con inversores (o incluso para determinar si quieres hacerlo) primero tienes que desarrollar una estrategia de adquisición de capital. Para eso, hazte las siguientes preguntas:

¿Cuanto necesitas?

Regla nº 1: Coge más de lo que crees que necesitas.
Regla nº 2: Sólo si es barato.

El dinero es barato, las participaciones en la empresa no. Si vendes un porcentaje de tu empresa, recuperarlo es muy, muy difícil y muy, muy caro.

Calcula cuanto dinero necesitas conseguir para alcanzar objetivos específicos y con marcos de tiempo definidos: lanzar tu producto, expandir tu fuerza de ventas, o implementar nuevos métodos de fabricación.

¿Cuándo lo necesitas?

Regla nº 1: Consíguelo antes de que lo necesites.
Regla nº 2: Siempre lo necesitas antes de lo que crees.

¿De quién lo quieres?

Regla nº 1: Coge dinero sólo de alguien que te guste y a quien respetes.
Regla nº 2: Va en serio. Estarás con tus inversores entre dos y siete años. Atravesaréis el paraíso y el infierno juntos. Asegúrate de que será una buena compañía en ambas situaciones.

¿Quieres dinero “activo” o “pasivo”? El dinero activo proviene de financieros que trabajarán contigo codo con codo. Añadirán valor aportando clientes potenciales, gente influyente y más cosas. El dinero pasivo es solo dinero; sin conexiones, sin valor adicional. Si tu empresa está en un estado muy incipiente, o si los financieros tienen contactos clave que puedes aprovechar, coge dinero activo. Si ya tienes bastantes conexiones y solo necesitas dinero, coge dinero pasivo.

¿Qué compromisos estás dispuesto a aceptar?

Regla nº 1: No seas avaricioso.
Regla nº 2: Pero no dejes que se aprovechen de tí.

La perdida de participación es un compromiso, la pérdida de control es otro. Los inversores deben tener de un 20 a un 40% del consejo de administración. Más es un problema.

Por último, merece la pena conformarse con una valoración menor para conseguir un grupo de inversores más fuerte. Unos inversores fuertes y activos pueden ser definitivos; no sólo para ayudar a construir la empresa, sino para participar en futuras rondas de financiación y ayudar a conseguir más dinero cuando lleguen las vacas flacas.

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Proverbios del Emprendedor: El Dinero


Con este post terminamos con la serie de Proverbios del Emprendedor. Como habréis visto, no todos son aplicables en todos los casos, pero al menos sí deberían hacer reflexionar.

En esta última entrega, el dinero:

  • Empieza con nada, y ten nada tanto tiempo como puedas. Los presupuestos pequeños proporcionan un amplitud de foco (probablemente otra frase que estoy copiando de Jason Fried: suena como algo que él haya dicho…).No salgas a levantar un montón de dinero directamente. Mejor, date a ti mismo lo justo para empezar, y usa los límites que eso impone para motivarte.
  • Los mejores mensajes para los inversores son directos y entretenido (no en ese orden). Piensa en lo que esto implica. Un mensaje directo es la superficie de un negocio muy sólido. Si tienes que mentir o trampear para que los inversores se interesen, ¿por qué? Si diriges un buen negocio, no es nada difícil engatusar a los inversores. Cuanto peor sea tu negocio, mayor (y más odiosa) es la tarea de buscar financiación. El entretenimiento implica una persona con la que sea divertido trabajar, y a los CRs les gusta trabajar con gente que les caiga bien tanto como al resto de nosotros. Si tu no llevas la diversión, lleva a la persona que lleve la diversión.
  • Nunca digas nada que quieras mantener secreto. Decirle a un inversor “no quiero hablar de eso” es terrible. Es lo contrario de ser directo. Es bueno ser consciente, sin embargo, que algunos inversores potenciales te escucharán y después compartirán tu información con tus competidores directos, y no siempre porque hayan invertido en esos competidores. Sabiendo eso, tienes que mantener algunos secretos. Pero sé tan diplomático con esto como puedas. Responde a la idea que hay detrás de la pregunta, sin revelar nada más que aquéllo con lo que te sientas cómodo discutiendo. Aprende a dirigir la conversación como tú quieres que vaya. Y después entrega más información según vayas estando más a gusto con el inversor en potencia.
  • No quiere decir quizá y sí quiere decir quizá. Nunca debes asumir un “no” de alguien con quien quieras trabajar. Acepta el no, pide razones, y después sigue enviando información actualizada sobre lo bien que te va en el mercado. En una compañía, tres de los cinco contratos que conseguí fueron de firmas de CR que me dijeron “no” al principio. Por el contrario, sin embargo, el único dinero en el banco es el dinero real que de verdad está en el banco. Todo lo demás es simplemente una posibilidad, y tienes que tratarla como tal. No pares la búsqueda de capital hasta que tengas un compromiso firme para los fondo que necesitas, y no aceptes promesas a medias como “te financiaremos si entra otra firma”. Sigue en ello hasta que la transferencia esté hecha.
  • Para los inversores, el producto no es nada. La presentación clásica de los ingenieros para los CR tiene diez transparencias sobre el producto y dos sobre los logros académicos de los fundadores. Esa es una presentación pésima. Una transperencia debería ser sobre el producto, mientras que el resto cubre el mercado, los competidores, las finanzas, la historia de financiación y la experiencia relevante del equipo. El producto importa mucho menos a la mayoría de los inversores que las reacciones de los clientes, las propiedades del mercado y la credibilidad del equipo. Obsesiónate con el producto en tu propio tiempo; presenta tu negocio con todas sus partes.
  • La mejor manera de conseguir financiación es no necesitarla. Si tienes un negocio en marcha con clientes auténticos y pagas todas tus facturas, es mucho más probable que consigas una ronda de financiación que si necesitas esa ronda para sobrevivir o tener éxito. El discurso que dice “podríamos acelerar nuestro crecimiento con más dinero” es mucho más motivador que “necesito tu dinero o nuestras puertas se cerrarán”.

Entregas anteriores:
Proverbios del Emprendedor: el producto
Proverbios del emprendedor: la gente
Proverbios del emprendedor: la idea
Los proverbios del emprendedor

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