Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

La idea de negocio

Muchos emprendedores primerizos piensan que necesitan una idea de negocio original para triunfar. Nada más lejos de la realidad.

¿Quieres una idea de negocio? En esta página tienes nada menos que 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. En otras palabras, la ejecución. Empresas como Apple, Google o Microsoft rara vez hacen cosas realmente revolucionarias. En lo que son excelentes es en ejecutar sus ideas mejor que sus competidores.

Cómo descubrir una idea de negocio

Un procedimiento para decidir a qué se va a dedicar tu empresa puede ser elegir una de las 999 ideas que proponen en la página anterior. Otro puede ser copiar a alguna empresa a la que admires. Puedes simplemente ofrecer tus servicios basándote en tu experiencia y conocimientos. Todo esto puede funcionar o no, pero deja demasiado al azar.

Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta. Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente potencial por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días o más).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En sucesivas entradas iremos desarrollando todos estos puntos con más profundidad.

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Ligero de equipaje

¿Listo para zarpar? ¿Preparado para empezar al gran aventura de crear tu propia empresa y salir del paro para siempre? Lo primero que necesitas es, como decía Machado, salir ligero de equipaje, casi desnudo.

Veamos qué significa esto.

Ahorra

El dinero que tienes, poco o mucho, va a ser escaso para poner en marcha la empresa. Esto es un principio universal, como la ley de la gravedad. De modo que más te vale eliminar desde ya cualquier gasto superfluo.

Si tienes familia, habla con ellos, explícales la situación y deja bien claro que durante un tiempo, al menos unos meses, vais a vivir frugalmente, con austeridad. Se acabó pedir pizzas por teléfono, salir a cenar, ir al cine. Si es necesario irse de vacaciones, hazlo a la casa de tus parientes en el pueblo.

No se trata de no divertirse, se trata de hacerlo gastando poco o nada. Busca maneras de divertirte que sean gratis como ir al parque o a la playa (si tienes una cerca), hazte socio de una biblioteca en lugar de comprar libros, haz deporte (que no requiera pagar por pertenecer a un club o un gimnasio), queda con tus amigos en casa en lugar de salir por ahí, desempolva los juegos de mesa…

Si tienes hijos, estarán encantados de que sus padres dediquen tiempo a ir al parque con ellos, o que pasen una tarde jugando al Monopoly. Serás el mejor padre (o madre) del mundo aunque su regalo de cumpleaños no sea tan espléndido como otros años.

Con respecto a tus amigos, lo mejor es explicarles la situación con sinceridad. Que vas a crear una empresa y que necesitas todos los recursos que tienes para que tenga éxito, así que durante un tiempo no vas a poder salir a cenar o a tomar copas por ahí. En lugar de eso, invítales a tu casa. Si son realmente tus amigos, no solo no les importará sino que estarán dispuestos a echarte una mano en lo que puedan.

Revisa todos los pagos que haces periódicamente, y procura eliminar todos los que no sean imprescindibles. Por supuesto, fuera la televisión de pago. Fuera las suscripciones a revistas o periódicos, fuera los pagos a clubes o asociaciones… Si todavía compras un periódico de papel, deja de hacerlo ya.

Con respecto a Internet, salvo que en tu planteamiento de empresa Internet sea imprescindible (por ejemplo, si vas a montar una empresa de diseño web), también es recomendable eliminar este gasto.

Comprueba que en la biblioteca más cercana tengan acceso gratuito (muchas lo ofrecen) y conéctate ahí. En casi todos los municipios hay centros públicos de acceso a Internet en los que puedes conectarte gratuitamente. Así además de ahorrar, como tienes un tiempo limitado de conexión, evitas perder horas navegando por sitios que nada tienen que ver con tu proyecto.

Si hay alguien que os ayuda con la limpieza de la casa, piensa bien cómo reducir ese gasto. No asumas que como ahora estás en paro y tienes tiempo puedes hacerlo tú. Desde hoy no estás en paro, sino creando una empresa, y eso requiere todo tu esfuerzo y dedicación. Si llegas a un acuerdo con tu pareja y veis posible renunciar a la ayuda, adelante. Pero no aceptes cargar con las tareas domésticas porque eres tú quien se ha quedado en paro.

Valora la posibilidad de reunificar pagos de préstamos y créditos. Esto es todo un mundo, y yo no soy el más cualificado para orientarte, pero si llevas unos cuantos años pagando la hipoteca es posible que puedas ahorrarte un buen dinero cada mes eliminando otros préstamos e incluyéndolos en el de la hipoteca. Es importante hacerlo antes de que tengas problemas y hayas dejado de pagar alguno, y es un proceso que puede llevar tiempo, así que si vas a hacerlo empieza ya.

Libérate de otras cargas

Dado que el dinero es escaso, y es difícil conseguir más, tienes que optimizar tu otro recurso: el tiempo.
Si tienes compromisos periódicos que te quitan tiempo, cancélalos como has hecho con los compromisos que te quitan dinero. No se trata de que dejes de visitar a tu anciana madre gravemente enferma, pero a lo mejor puedes prescindir de la partida semanal de pádel.

Cancela los cursos a los que estés apuntados tan pronto como puedas. No necesitas ahora más clases de golf, o de literatura armenia. La única excepción son los cursos de inglés, si es que realmente los necesitas.

Deja de ver televisión. Si puede ser, por completo. Y si no puedes evitar ver tu serie favorita, grábala para saltarte la publicidad. Una hora de televisión queda reducida a 40 minutos, que además empiezan y acaban cuando a tí te interesa, y no cuando deciden los erráticos responsables de programación. En cualquier caso nunca, pase lo que pase, veas la televisión antes de las 9 de la noche.

Olvídate de las noticias. No pasa nada porque durante un tiempo no seas la persona más informada del mundo. Esa media hora al día (al menos) que dedicas a estar enterado no te aporta nada para conseguir el éxito en tu empresa, y ese es ahora tu único objetivo. Abandona foros, chats, y cualquier actividad en Internet que no esté directamente relacionada con tu empresa.

Limita también tu consumo de libros de autoayuda, de negocios, incluso libros de tu sector. Y limita el consumo de blogs y otras páginas web. Ponte un tiempo límite si es preciso. Una sobreabundancia de información no te ayuda a tomar mejores decisiones. Leer demasiado y buscar demasiada información solo es una excusa para evitarte actuar.

Procura tener un ocio activo: lee (libros de ficción, o de historia, o de cualquier cosa que enriquezca tu mente pero no tenga que ver directamente con el trabajo), haz deporte, toca un instrumento. Aprender a tocar un instrumento musical es extraordinariamente relajante (tal vez no lo sea para tus vecinos, pero es un mal menor) y no necesitas ser un gran virtuoso para disfrutar.

Todas estas cosas no requieren dinero y son más eficaces para relajarte y descansar que la televisión o Internet.

Hablaremos más adelante de cómo ser más productivo cuando trabajas desde casa, y cuando no tienes jefes que te impongan ritmos y tareas. Ahora se trata de quitar de en medio todo lo te puede impedir rendir al máximo cuando estés trabajando en poner en marcha tu empresa.

Como puedes ver, esto no se trata de sentirte ocupado mientras esperas que te llegue el trabajo deseado. Si realmente quieres tener éxito creando tu empresa, debes tomártelo en serio desde el principio, y asumir que durante un tiempo vas a tener que renunciar a muchas cosas. Si no estás dispuesto a afrontar el reto, más te vale dejarlo ahora mismo.

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¿Tengo lo que hay que tener?

Supongamos que estás medio convencido de que, en las actuales circustancias, puede tener sertido arriesgar para crear una empresa y así salir del paro. Otros lo han conseguido. Pero la pregunta es ¿eso de emprender es para mí? ¿puedo conseguirlo? ¿tengo lo que hay que tener? Más aún: ¿qué es lo que hay que tener?

Acción

Si tuviera que decir una sola cosa que puede hacer que triunfes, sería acción. No importan tanto tus características, si eres guapa o feo, listo o tonta, culta o analfabeto, si tienes años de experiencia o eres un pajarillo recién salido del cascarón. Puedes encontrar empresarios de éxito con cualquiera de esas características. Lo que les caracteriza a todos es que han hecho cosas. Algunas salen bien, otras salen mal. Pero lo que nunca puede ir bien es lo que no llegas a hacer.

Brian Clark, el autor de Copyblogger, escribió acerca de un concierto que dieron en junio de 1976 un grupo por entonces desconocido que se hacían llamar Sex Pistols. Solo consiguieron atraer a 42 personas, pero entre ese reducido público estaban los siguientes:

Tony Wilson, que creó el influyente sello Factory Records y el club The Haçienda (donde nació la cultura rave), el legendario productor Martin Hannett, y el periodista musical del NME Paul Morley. También entre los asistentes estaban los que más adelante serían miembros de bandas como los Buzzcocks, Mark E. Smith de The Fall, Mick Hucknall (el cantante de Simply Red), Morrissey de The Smiths, y los fundadores de Joy Division que tras la muerte de su cantante pasaron a ser New Order.

¿Había algo en ese público para que tantos de ellos se hicieran famosos en el mundo de la música? Probablemente, lo que sucedió es que delante de ellos estaban tocando los Sex Pistols. Que no tenían ni idea de tocar, de cantar ni de componer, pero lo hacían igualmente.

Para los más jóvenes, recordad que en esos años quien triunfaba en el rock eran las grandes bandas de “rock sinfónico”, los del “rock progresivo” y los del “hard rock”. Gente como Pink Floyd, Genesis, Led Zeppelin, Deep Purple, Yes… Tipos que podían tirarse 10 o 15 minutos haciendo un solo de batería o de guitarra para demostrar su virtuosismo. Grupos que hacían música compleja que pocos chavales podían intentar imitar.

Y en ese contexto aparecen los Sex Pistols y demuestran que para hacer música lo único que necesitas son ganas. Y de ahí la explosión del punk, y de la new wave, y toda la música de finales de los 70 y principios de los 80 que en España tuvo su eco en la “movida”.

El público de ese concierto no era especial. Simplemente, descubrieron que ellos también podían “hacer”, “actuar”. Y lo hicieron.

Tendemos a endiosar a los ganadores. Pensamos que Steve Jobs, J. K. Rowling o Amancio Ortega están tocados por el hado del triunfo. Que nosotros somos pobres mortales con multitud de defectos. Pero la única diferencia entre los que tienen éxito y los que llevan vidas mediocres es que los primeros actúan. Trabajan. Lo intentan. Si tropiezan, se levantan y siguen intentándolo.

Haz como ellos. Piensa que tú también puedes. Levántate del sillón y actúa. Ya tienes ventaja sobre la inmensa mayoría que se limita a esperar que su suerte cambie por algún mecanismo mágico.

Ambición

Tiene mala prensa esta palabra. Y sin embargo la ambición es imprescindible si quieres triunfar. Aunque tal vez haya que aclarar que ambición no tiene que significar lo mismo para todas las personas. Según el Diccionario de la Real Academia ambición es “Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama”. Para tí el significado debe ser “deseo ardiente de conseguir tus objetivos”.

Para algunos riqueza puede significar un Ferrari, mansiones atendidas por ejércitos de sirvientes, semanas de vacaciones en playas paradisíacas… pero tal vez para tí riqueza es simplemente no volver a preocuparte del dinero, tener un coche y una casa decentes y tener tiempo libre para tu familia y tus amigos. O tener una casita en la montaña en la que pasar largas temporadas. O jugar al golf todos los días durante un par de horas.

El caso es que ese deseo ardiente de conseguir tu sueño es importante para sobrellevar los malos momentos, que llegarán, y en los que la tentación de arrojar la toalla puede ser muy fuerte. Decía Cela que “en España, el que resiste, gana”. En la empresa también: usa la ambición para resistir. Y ganar.

Otras habilidades

Ahora te estarás preguntando, “vale, tengo que actuar y tengo que tener ambición. Pero ¿no hay nada especial que deba saber o alguna cualidad que deba tener para conseguir el éxito?”

Pues sí hay unas cuantas habilidades que, sin ser imprescindibles, pueden venirte muy bien. Si no partes con ellas, no te preocupes. Simplemente, dedica un tiempo cada día, o al menos cada semana, a conseguirlas.

1. Hablar en público

Si quieres tener éxito en casi cualquier cosa que emprendas, tendrás que ser capaz de comunicar tu visión a socios, empleados, inversores o clientes. Eso es algo que no puedes delegar. Si te aterra la idea de enfrentarte a un auditorio, o si eres incapaz de hablar sin aburrir a las ovejas, no podrás contagiarles el entusiasmo que tú sientes por tu empresa.

2. Contabilidad

Tú no vas a llevar las cuentas de tu empresa, pero tampoco puedes confiar por entero algo tan importante a una gestoría. Aplicar según qué criterios contables puede marcar la diferencia entre tener una empresa con un balance saneado o una situación de quiebra, así que te interesa seguir de cerca lo que hace tu asesoría, conocer las alternativas y establecer tú los criterios.

3. Marketing

Igual que en el caso anterior, no se trata de que diseñes tú la publicidad de tu producto. Pero el marketing en sentido amplio (esto es, analizar qué necesita el mercado, como vas a responder a esa necesidad y cómo vas a comunicar que tienes la respuesta) es inseparable de todo el proceso de creación de tu empresa. Necesitas conocer al menos los conceptos más básicos de cómo funcionan los mercados, de cómo segmentarlos, de cuál es el proceso de adopción de un producto y de qué vías tienes para comunicar con tus clientes potenciales.

4. Relaciones personales

Alguien pensará que saber tratar bien a las personas es algo innato. Hay quien nace con la habilidad de “caer bien” y sabe qué decir a cada persona en cada momento, y hay quien es por naturaleza huraño o tímido. Sin embargo, también se puede aprender a tratar a las personas, y hasta los más antipáticos pueden mejorar. Y salvo que tu modelo de negocio sea muy parecido al de los profesionales de la venta por eBay, tendrás que tratar con otras personas.

5. Protocolo

Podríamos llamarlo “educación”, o “buenas maneras”. Aunque parezca un concepto anticuado, sigue siendo (y será) imprescindible seguir unas normas de cortesía y buen trato, aunque esas normas se apliquen ahora al uso del correo electrónico y no a las cartas manuscritas. Demostrar que eres un zafio patán es la mejor manera de que nadie confíe en tu capacidad para manejar algo tan delicado como una empresa.

6. Tendencias

Esta es la más difícil. No se trata de llevar el último gadget, o el último corte de pelo, o de abrir un blog porque está de moda. Se trata de estar enterado de lo que se cuece en tu ámbito de negocio e incluso fuera de él. Se trata de saber no solo qué comportamiento tienen tus clientes, sino cómo está cambiando este comportamiento (y siempre está cambiando). Se trata de saber qué pasa en otros sectores, porque mañana puede afectar al tuyo. Se trata de identificar oportunidades antes que tu competencia, porque tú tienes más datos de cómo se mueve el mercado.

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Salir del paro creando una empresa

Cuando era pequeño me contaron la historia de San Francisco de Borja (por algo llevo su nombre). Borja, Duque de Gandía, pertenecía a una de las principales familias valencianas, y cuando murió la emperatriz Isabel de Portugal el emperador Carlos V le encargó que trasladara sus restos a Granada para que fuera enterrada allí. Después del largo viaje, al abrir el féretro, Borja vio el horror en que se había convertido la que una vez fue joven y bella emperatriz y exclamó: “¡Nunca más serviré a señor que se me pueda morir!”

Algo así estarán pensando muchas personas que se han quedado en el paro, víctimas de la crisis: “¡Nunca más serviré a empresa que me pueda despedir!”.

Uno se pasa años trabajando para una empresa, esforzándose y procurando dar mejores resultados cada día, y de repente llega un momento en el que te entregan el finiquito porque han cerrado un departamento entero, porque tu despido es más barato que el de otros o porque no has estado suficientemente cerca del jefe en el momento en el que se decidía quién iba a la calle.

Después del momento de shock, te encuentras en casa con un horizonte de unos meses de paro, un dinero de la indemnización y una probabilidad más bien escasa de encontrar un trabajo como el que tenías hace solo unos días.

Y te planteas si no sería una buena salida montar algo por tu cuenta. Durante años has pensado en cómo podrías hacer mejor las cosas si fueras tú el que dirigieras la empresa. O has fantaseado con crear un negocio relacionado con tu verdadera afición: la escalada, la jardinería, el macramé… Tal vez llevas tiempo soñando con retirarte a un pueblecito de la costa a escribir o a componer música.

Podría haber llegado ese momento. Podrías liarte la manta a la cabeza y crear tu empresa. Al menos intentar vivir de lo que te gusta. Cuando ser ingeniero o arquitecto no garantiza un puesto de trabajo decente ¿por qué no probar a ser profesor de yoga o decorador experto en feng shui? ¿o algo más prosaico como fontanero o propietario de un restaurante de comida rápida?

El problema es que adentrarse en un territorio desconocido siempre da miedo. Uno no sabe por dónde empezar, descubre que tres de cada cuatro empresas fracasan en los primeros años, no está seguro de ser capaz de salir a vender, de pelearse con la administración, de conseguir el dinero necesario…. Está el miedo de perder el poco dinero que tienes, y encontrarse al cabo de unos meses sin dinero y sin trabajo.

Si estás en esta situación, leer este blog puede ayudarte. Durante un mes voy a ir escribiendo, paso por paso, todo lo que necesitas saber y hacer para que esa aventura de crear una empresa tenga las mayores probabilidades de éxito. Procuraré que evites cometer los errores que yo y otros hemos cometido al crear nuestras empresas. El éxito no está garantizado, nunca lo puede estar cuando empieza una aventura. Pero lo que sí está garantizado es que si te decides a caminar por el estrecho sendero que conduce a la libertad y la prosperidad, el viaje merecerá la pena. Incluso aunque no llegues a Ítaca, estarás lleno de aventura, lleno de experiencias, rico de todo lo que habrás ganado en el camino.

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Calidad y popularidad

Scott Adams ha escrito un post interesante sobre la calidad y la popularidad. Normalmente creemos que un producto de calidad consigue popularidad. Adams sostiene lo contrario: si consigues la popularidad, ganas el tiempo suficiente como para perfeccionar tu producto.

Adams pone el ejemplo de series como Los Simpson o su propio comic Dilbert, que al principio estaban realmente mal hechos, pero eran lo suficientemente diferentes y atractivos como para conseguir una popularidad que permitió a sus autores trabajar más en ellos y conseguir la calidad.

No estoy muy seguro de que sea aplicable siempre, pero desde luego es un punto de vista interesante.

999 ideas de negocio

Seth Godin se hacía eco ayer de la iniciativa de Marc Cuban, e incluía un enlace a una página con 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. Por ejemplo, en el último Iniciador Jesús Alonso Gallo explicaba su proyecto de hacer una web de reservas para restaurantes. La idea no es novedosa, pero está por ver si alguien es capaz de llevarla adelante con éxito.

No es trivial: tienes que desarrollar la página (esa es la parte fácil), publicitarla, convencer a los usuarios de que es cómodo y práctico reservar a traves de la web, y sobre todo tienes que convencer a los restaurantes de que usen tu sistema de reservas en lugar de una libreta. Todo eso lleva mucho trabajo, y hay muchas oportunidades para meter la pata.

Si alguna vez ganas dinero con tu empresa, no será por haber tenido una idea genial. Será por haber trabajado bien, haber cometido pocos errores y haber sido capaz de recuperarte de ellos.

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¿Qué es más importante para triunfar?


Cierro la encuesta, y nuevamente discrepo de mis lectores. Un 52% cree que lo más importante para tirunfar es conocer a las personas adecuadas. Yo creo que este factor, con ser importante, es como el factor suerte. Existe, y si lo tienes todo es mucho más fácil.

El problema es que la suerte no la eliges, y conocer gente no solo depende de ti. Ojo, yo recomiendo hacer networking y conocer a cuanta más gente mejor. Primero, porque es divertido y te abre a otras formas de pensar y de hacer. Y segundo porque, efectivamente, algunas oportunidades surgen, o se facilitan, si conoces a la gente adecuada.

Lo que sí depende de tí es el trabajo. En su último libro Malcolm Gladwell sostiene que hacen falta 10.000 horas de trabajo para triunfar. Pensadlo. 10.000 horas.

Probablemente no sea exacto, pero es un buena medida de lo que necesitas hacer si no conoces a la gente adecuada y no has nacido con suerte.

Si dedicas 10.000 horas a triunfar, pueden pasar varias cosas: que tal vez la suerte llegue y te pille preparado para aprovecharla; que en ese tiempo conozcas a la persona que puede ayudarte a triunfar; que otros se retiren a las 500, a las 1.000 o a las 5.000 horas, y triunfes solo porque has aguantado más que ellos; que poquito a poquito y casi sin darte cuenta llegues en algún momento a ver que has triunfado.

Puede ser también que seas malo en lo que intentas, o que tu proyecto sea imposible y que hayas “desperdiciado” esas 10.000 horas. Pero al menos lo habrás intentado, y en el camino seguro que has aprendido muchas cosas que harán más fácil que tu próximo proyecto triunfe.

La nueva encuesta es ¿Quién tiene la culpa de la crisis?

De abogados, fracaso y riesgo

A raíz de la polémica surgida en torno al artículo de Javier Maestre, Raúl escribió un post interesante, en el que apuntaba que desde el punto de vista de un abogado tiene sentido esa hiperprudencia que desaconsejaría usar Google Apps (y casi cualquier otra cosa).

Vivimos en una sociedad en la que tenemos sobreabundancia de leyes. Lo ideal sería que cualquier ciudadano pudiera conocerlas (y cumplirlas) sin necesidad de técnicos expertos. Pero lo cierto es que ni siquiera los abogados conocen todas las leyes, en el mejor de los casos conocen la normativa que afecta a su especialidad. Así que no hay seguridad total acerca de las consecuencias legales de cualquier movimiento.

Por esta complejidad, entre otras cosas, el abogado es conservador. Ante cualquier decisión que le consultes, considerará todos los problemas posibles y te recomendará la opción con menos riesgo. Ejemplo: ante un empleado problemático, al que crees justificado despedir, siempre te recomendará pagar la indemnización y no ir a juicio. Porque pagando ya no tienes más problemas, y perder en un juicio será mucho más costoso. Y si él te ha recomendado la opción arriesgada, él será el culpable si sale mal.

Así que en el caso de la LOPD, o de cualquier otra ley que tenga que ver con la tecnología, el abogado actuará igual: recomendando no la opción óptima en cuanto a riesgo/beneficio, sino la que minimice el riesgo aunque sea con un mayor coste.

Precisamente hoy Seth Godin habla de objetivos que nadie confiesa: “no fracasar”, “no parecer un idiota”, “no cometer errores”… son objetivos muy comunes, y son el tipo de objetivos que, como estamos hablando, tienen los abogados.

Godin propone ponerse objetivos de fracaso: hacer tres preguntas estúpidas a la semana, arrancar varios proyectos que van a fracasar, escribir un post en tu blog con el que todo el mundo esté en desacuerdo. Y explica: “Si no tienes objetivos de este tipo, ¿exactamente cómo vas a tener suerte y destacar?”

Si tienes que tratar con abogados, prueba a decirles: mira, a pesar de tus consejos, y agradeciéndote que me expliques el riesgo que corro, voy a hacer esto. Ahora lo que necesito es que me ayudes a hacerlo de manera que el riesgo sea menor y las consecuencias negativas se reduzcan.

Y si tienes cualquier proyecto, no seas como el niño que se queda en un rincón de la clase intentando pasar desapercibido y que no le pregunte el profesor. Procura ser el niño que levanta la mano y responde a las preguntas, aunque tu respuesta esté equivocada en ocasiones. El primero a lo mejor no suspende, pero el segundo es el que tiene la oportunidad de sacar un diez.

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Un próspero 2009

No, no es un deseo. Será la realidad para muchos emprendedores. Si algo bueno tiene crear tu propia empresa, es que no puedes culpar a nadie más de tus fracasos. La crisis, la falta de crédito, las escasas o nulas ayudas del gobierno, los clientes que no pagan, los proveedores que no proveen, los trabajadores que no trabajan… todo eso son las circunstancias, el entorno. Pero tú tienes que ser capaz de triunfar en ese entorno. No a pesar del entorno, sino siendo consciente de él y descubriendo como puedes aprovecharlo mejor de lo que lo hacen tus competidores.

Así que tienes un año por delante para triunfar. ¿Vas a empezar a hacerlo mañana mismo o vas a esperar a que el entorno te venza?

Client K lo tiene claro:

¿Sabías que se hicieron más millonarios durante la Gran Depresión que en cualquier otro momento de la historia de EE.UU.? Una depresión trae cambio y el cambio trae oportunidades para tipos ambiciosos como tú y como yo.
Pero no es por eso por lo que soy optimista. Soy optimista porque tengo un plan y porque ya estoy actuando según ese plan.
Mientras todos los demás miran atrás a 2008, yo no solo estoy mirando hacia adelante sino que estoy aproximándome a mis objetivos de 2009.
¡2009 va a ser magnífico!

Guy Kawasaki nos dice diez cositas que puedes hacer para que tu empresa vaya mejor en 2009. No te llevcarán más de un par de días, y realmente pueden hacer que tu empresa funcione mejor.

¿Que no tienes financiación para abordar tus proyectos? No es excusa. Cuenta con ello, y aborda proyectos que sean realizables con el mejor dinero: el que te dan tus clientes. Jaime Estévez lo explica muy bien.

¿Que no sabes qué deparará el futuro? Pues claro, nadie lo sabe. Por eso, como dice Seth Godin, la única estrategia racional es estar preparado para cualquier cosa.

Te desearía un próspero año 2009, pero que lo sea para ti no depende de mis deseos, sino de tus actos. ¿Qué vas a hacer para conseguirlo?

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La determinación del emprendedor


Este fin de semana cambiaré la encuesta, así que aprovecho para comentar la actual, que tenéis por ahí a vuestra derecha. Preguntaba en ella qué es más importante para un emprendedor, si la determinación, el talento, la experiencia o el dinero. Un 64% ha votado por la determinación.

Creo que eso dice mucho de la sabiduría de mis lectores, y no solo porque es también mi opción ;-) . A igualdad de todos los demás factores la determinación, la voluntad de seguir aunque parezca que has fracasado, aunque estés agotado, aunque oigas los cantos de sirena de los que tienen un sueldo fijo a final de mes es la clave del éxito.

El dinero lo puedes conseguir, el talento lo puedes comprar, incluso la experiencia la adquieres aceleradamente a base de darte golpes con la vida. Pero la determinación, la capacidad de sufrir y aguantar, de apretar los dientes y tirar para adelante la tienes o no la tienes.

Decía Edison que “muchos de los fracasos de la vida son de gente que no se dio cuenta de qué cerca estaban del éxito cuando abandonaron”. Y él debía saber de esto, porque hizo más de 1.000 pruebas hasta dar con un filamento adecuado para la bombilla eléctrica.