Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Market intelligence vs. Lean Startup (Parte I)

Este es un post invitado. No está escrito por mi, de modo que no tiene por qué coincidir con mis puntos de vista o mis opiniones, pero me ha parecido interesante compartirlo en Desencadenado.

Por norma general, al innovar no sabemos si nuestra idea tendrá éxito. Esto es así aunque estemos copiando un modelo de negocio que funcione perfectamente en otro mercado. Como me dijo en una ocasión Jordi Brunat, uno de los mejores profesores de Esade, “los Factores Clave de Éxito de un negocio viajan mal”. Replicar modelos de negocios en otras culturas es todo un desafío.

Por lo tanto, el mundo de la innovación está irremediablemente unido a un estado continuo de incertidumbre. El emprendedor debe forzosamente aprender a trabajar ágilmente en este contexto y en la medida de lo posible reducirlo.

Una de las teorías que han surgido recientemente para ayudar a los emprendedores a reducir esa incertidumbre y testar el potencial de Mercado de sus innovaciones es la teoría del Lean Startup y el Mínimo Producto Viable de Eric Ries.

¿En qué consiste el Lean Startup? Pues consiste en testar las ideas empíricamente en el mercado, desarrollando un prototipo que se considere mínimo y viable para medir el potencial de la idea. Es lo que en Investigación de Mercados se conoce como Test de Mercado. Los defensores de esta teoría se basan principalmente en que ahorras tiempo y dinero, la panacea de los emprendedores, ya que el prototipo se produce en un corto espacio de tiempo y con las prestaciones o funcionalidades mínimas para llevar a cabo el test. En adelante, si el prototipo no funciona, se irán haciendo las modificaciones que se consideren oportunas hasta que el producto funcione. Este test, según su opinión, sustituiría al típico estudio de mercado con una encuesta a potenciales clientes, conocido como Test de Concepto, lo cual suponía miles de euros de inversión y meses de retraso en el lanzamiento del producto. ¿Por qué preguntarles a los potenciales clientes que les parece mi idea si puedo ver directamente si compran mi prototipo?

¿Tiene sentido? Bueno para mí tiene el mismo sentido que si quieres aprender a esquiar lanzándote una y otra vez por una pista, sin ninguna clase. Imagínatelo. Coges tus esquís, te subes al telesilla que te lleva a lo más alto de la pista. Miras la pista impresionado por la pendiente, resoplas, pero pones una mirada desafiante y decides lanzarte. Te caes y te haces daño en una mano, pero no abandonas. Intuyes lo que ha fallado. No has inclinado bien el trasero. La próxima vez no te pasará. Repites nuevamente y te subes al telesilla. ¡Ahora sí lo conseguiré! –te dices a ti mismo – y te vuelves a lanzar. Este proceso de prueba y error puede finalizar con éxito, por lo que tendremos un nuevo esquiador, o en fracaso, porque el pobre aprendiz de esquiador se ha fracturado todos los huesos y ya no puede seguir intentándolo. La experiencia nos dice que el 95% de los proyectos emprendedores se rompen todos los huesos en menos de 5 años.

Los defensores del Test de Mercado (Test del Mínimo Producto Viable) al compararlo con el Test de Concepto (encuesta a potenciales clientes), al que dicen sustituye, consideran al primero más rápido, más barato y con mejores resultados. Ante semejantes argumentos poco se puede rebatir. Ahora bien, ¿y si el Test de Concepto fuese más rápido, más barato o aportase más por el mismo precio que el Test de Mercado? Y también me pregunto ¿son realmente métodos sustitutivos?

En un siguiente post me gustaría argumentar porqué el Test de Concepto es más rápido, más barato y aporta más que el Test de Mercado, y además las razones por las que considero que ambos Test no son sustitutivos sino complementarios. El escenario ideal para un emprendedor es poder combinar ambos tests ya que así se reduce enormemente la incertidumbre. Por el momento sólo quiero avanzar una reflexión. El valor del Test de Mercado radica en el hecho de que ves la conducta del consumidor en un escenario prácticamente real pero es limitado en entender los drivers que generan esa conducta, que son claves para poder influir en modificarla. Ves el “qué” por no sabes el “porqué”. Combinar ambas respuestas es clave.

En todo caso, soy de la opinión de que uno de los principales motivos por los que fracasan muchos proyectos emprendedores es por basar demasiado las decisiones en la intuición del equipo emprendedor y poco en la opinión del cliente potencial. ¿Cuántos de vosotros habéis preguntado, de un modo científico y robusto, a vuestro mercado potencial que les parece vuestra idea? El “ABC” del Marketing es escuchar al cliente para entender a la perfección sus necesidades y de esta manera alinear lo más posible la oferta a esas necesidades. ¿Cómo vas a satisfacer al cliente si no entiendes bien lo que quiere? Es lo que se conoce como “Orientación al Cliente”. Tanto el Lean Startup como el Market Intelligence comparten esta filosofía o enfoque.

Acerca del autor

Carlos Oliveras

Consultor de Market Intelligence. Apasionado por la Innovación, la Emprendeduría y los negocios en el entorno digital. En los últimos años ha participado como fundador en proyectos emprendedores y también liderado multitud de investigaciones para testar el éxito de nuevos conceptos en los sectores más diversos.

Twitter:@colivesa

Website: www.diario2emprendedores.blogspot.com

¿Por qué no estás vendiendo?

El mayor error que puedes cometer al crear una empresa es no empezar a vender cuanto antes. Para una persona creativa, hay muchas tareas en el proceso de crear una empresa que son muy gratificantes. Diseñar el producto, crear un logo, pensar en un nombre, hacer una página web, desarrollar el producto (si eres programador). Todo esto está muy bien, al acabar el día tienes la sensación de que has progresado, que tu proyecto marcha.

Pero a veces un emprendedor cae en la tentación de revisar una y otra vez el logo, de cambiar una vez más el texto de la web, de añadir una funcionalidad más a su producto. Porque trabajar en estas cosas evita enfrentarse a la prueba definitiva: presentarse delante de un cliente potencial e intentar venderle lo que hemos creado. Esto es aterrador, porque supone enfrentarse a la posibilidad de que rechace nuestra oferta. Que diga que lo que tanto esfuerzo nos ha costado crear, que esa idea que nos ha parecido tan buena y a la que hemos dedicado tanto esfuerzo, tantas noches trabajando hasta las tantas, tal vez tanto dinero, no vale. Que nadie lo quiere. Que hemos perdido el tiempo. Que en lugar de una empresa tenemos un fracaso.

Hace tiempo conté por aquí la historia de Autocad y de cómo antes empezar a desarrollar el software que les hizo millonarios a sus fundadores lo primero que hicieron fue ir a una feria con unos folletos y descubrir en qué aplicaciones estaban más interesados sus clientes.

¿Quieres un ejemplo local? Diego Mariño contó en su charla en Iniciador Madrid cómo lo primero que hizo al lanzar few ducks, su segundo proyecto, fue buscar clientes. No empezar a desarrollar el producto, mucho menos perfeccionarlo. Simplemente salir y encontrar a unos cuantos clientes que le dijeran “si haces esto que me cuentas en un par de meses, te lo compro”.

Por eso, por muy gratificante que sea ponerte delante de la pantalla del ordenador, hazte un favor a ti mismo. Deja lo que estés haciendo y busca un cliente. Alguien a quien no solo le guste lo que haces, sino que esté dispuesto a pagar por ello. Si te dice “pagaría, pero le falta la característica X”, pregunta a otros 10 o 12, y si la mayoría coinciden en que le falta X, pues ya sabes a qué tienes que dedicarte: le pones X a tu producto y vuelves a salir a vender.

Que sí, que ya sé que no tienes tarjetas de visita, que la empresa no está constituida, que en solo un par de días o una semana como mucho vas a tener la web lista… Pero todo esto no importa. Sal y vende. Es lo mejor que puedes hacer para mejorar tus probabilidades de conseguir que tu proyecto se convierta en una empresa.

La discriminación invisible

Ser físicamente atractivo aumenta tus posibilidades de éxito profesional. Leed este artículo del Economist, que cita varias fuentes:

The economics of good looks: The line of beauty

No solo sucede en trabajos en los que el atractivo físico tiene importancia como la atención al público, el espectáculo o la prostitución. Sucede a todos los niveles. Incluso hay estudios que afirman que, en la globalidad del mercado laboral, el atractivo de una persona es más definitorio para su nivel de ingreso que su educación.

Entonces, además de crear una asociación de feos contra la discriminación y exigir una cuota de feos en las empresas y en las listas electorales ¿qué otra cosa puedes hacer?

Lo primer es ser consciente de ello y mejorar tu aspecto en la medida de tus posibilidades. Habrá quien se escandalice por esto, pero probablemente para una mujer es más rentable profesionalmente una operación de cirugía estética que un MBA. Y una hora al día en el gimnasio es mejor que una hora estudiando una carrera. En cualquier caso, gastar dinero en ropa o en peluquería resulta ser una buena inversión.

Segundo, tener en cuenta que esto no solo vale para el trabajo, sino para cualquier relación profesional. Si tienes que hablar con un inversor, con un socio potencial o con un cliente, cuanto mejor aspecto tengas más favorecido saldrás del intercambio.

Y respecto a tus empleados, tal vez puedas aprovechar esto que sabes para pagar menos si contratas a alguien poco favorecido. O, por el mismo dinero, contratar a alguien mejor aunque menos agraciado. Claro que tampoco puedes pasarte, porque si tu plantilla parece un ejército de Mordor es probable que te cueste encontrar a alguien que quiera unirse a ellos.

¿Y si Facebook copia mi idea?

Pues no pasa nada. Y para muestra dos botones:

Facebook creó Places en agosto de 2010 para competir con FourSquare. Ahora ha anunciado que lo cierra.

En noviembre de 2010 creó Deals, para competir con Groupon. Ahora también lo cierra.

Y es que no basta ser un gigante con una piscina de billetes más grande que la del Tío Gilito. Ni siquiera ser una compañía con una excelente capacidad de ejecución que ha desbancado a otras tan potentes y tan bien financiadas como MySpace o Orkut. Nada garantiza el éxito.

Cuando lancé la idea de CoralBand hubo quien me preguntó ¿qué haríais si LinkedIn te hace la competencia?. La respuesta, no puede ser otra, es dar gracias por la validación de la idea que supone esto, abrocharte el cinturón de seguridad y pisar a fondo el acelerador. Nadie, por grande y poderoso que sea, tiene por qué ganarte si tienes claro tu objetivo y vas siempre por delante.

Por cierto, el lunes explicaré algunas novedades en CoralBand. Stay tuned, que decía el clásico.

Rodolfo Carpintier y la estrategia r

Muy interesante el post de Rodolfo Carpintier, en el que recomienda seguir la estrategia de los pájaros para innovar.

En Wikipedia explican muy bien las dos estrategias que siguen los seres vivos para adaptarse al medio ambiente. La estrategia K se basa, como explica Rodolfo en el caso de los elefantes, en tener poca descencencia pero cuidarla muy bien, invertir mucho en ella y que tenga una vida longeva y una tasa de mortalidad alta. La estrategia r se basa en tener muchas crías, invertir en ellas lo menos posible, dar por sentado que la mayoría fallecerá y confiar en que unas pocas lograrán reproducirse. Es la que siguen, por ejemplo, casi todos los peces.

Lo interesante es que la estrategia K funciona bien en ambientes estables: en ese caso ocupas prácticamente todo el nicho ecológico, y como hay poco cambio estás bien adaptado al medio y aumentan tus posibilidades de reproducción. La estrategia r funciona bien en ambientes que sufren cambios: tu descendencia es más variada, con lo que puede que alguna de las características nuevas (o alguna de las combinaciones de características) de alguna ventaja a quien la disfrute, y mejore sus probabilidades de supervivencia y adaptación ante los cambios.

Ahora en casi todos los sectores se están produciendo cambios masivos, no solo por la crisis, sino por las nuevas posibilidades que abren las tecnologías de la información y las comunicaciones. Seguir una estrategia K de invertir mucho en una sola alternativa y confiar en que tu nicho ecológico (o de mercado) no va a cambiar y que vas a seguir perfectamente adaptado a él es simplemente suicida.

Mucho mejor, como apunta Rodolfo, diversificar tus proyectos, invertir poco en cada uno y asumir que la mayor parte de ellos fracasará. Solo así conseguirás que alguno de ellos, por suerte o porque sus características le hacen más apto, sobreviva.

Cómo ser un escritor de éxito


Kevin J. Anderson lo explica en su blog. permitidme que traduzca unos párrafos:

Alguien en una firma de libros: “Siempre he querido ser escritor. Podría escribir una novela.”
Yo: “¿Sí? ¿Y por qué n olo hace?”
Persona: “Porque no tengo tiempo.”
Yo: “Mmm. Nadie me da a mí el tiempo. Tengo que conseguirlo yo, establecer prioridades, disciplinarme para conseguir escribir cada día, sin importar lo cansado que esté. Trabajaba a horario completo cuando escribí mis primeras novelas, arañando una hora aquí y allí por las tardes y los fines de semana. Así es como me he convertido en un autor de éxito.”
Persona: “Bueno, vale. Creo que usted ha tenido suerte.”

Anderson dice que pretender ser escritor sin esfuerzo es como querer ganar una medalla en las olimpiadas con algún atajo.

He querido ser escritor desde que tenía cinco años. Me sentaba en el despacho de mi padre y tecleaba mi primera “novela” en su máquina de escribir cuando tenía ocho. Tuve mi primer rechazo cuando tenía 13, publiqué mi primera historia a los 16 (después de reunir 80 rechazos) y conseguí vender mi primera novela a los 25.
Mis archivos tienen ahora más de 800 rechazos. Pero por otro lado, también tengo 100 libros publicados, 46 de ellos han sido bestsellers, tengo una estantería llena de trofeos, y mi trabajo ha sido traducido a 30 idiomas. He escrito más de 12 milllones de palabras, hasta ahora.

Y, una vez más, el secreto del éxito está en el trabajo. No hay atajos para ser medallista en las olimpiadas. Solo hay que entrenar, entrenar y entrenar, pase lo que pase. No hay secretos para ser un novelista de éxito. Solo tienes que seguir escribiendo después de tener decenas o cientos de relatos o novelas rechazadas.

Y no hay secretos para conseguir el éxito en lo que te propongas. Simplemente tiens que trabajar duro, día tras día, año tras año.

Tu empresa, Cristiano Ronaldo y el capital riesgo

No es que sea muy aficionado al fútbol (más bien nada), pero es imposible estar en el mundo y no enterarse siquiera someramente de las vicisitudes del Real Madrid y el Barcelona. Así que quien más quien menos sabe que el Real Madrid hizo unos cuantos fichajes millonarios para esta temporada, de los cuales uno ha salido extraordinariamente bien (CR), algún otro estrepitosamente mal (Kaká) y en el resto el resultado ha sido discreto.

Lo cual se parece mucho a lo que sucede con las sociedades de capital riesgo que invierten en los estadios iniciales de una empresa: pierden hasta la camisa en algunas inversiones, en otras apenas consiguen recuperar lo invertido y en unas pocas ganan tanto como para compensar con creces lo anterior.

Lo que tienen en común ambos procesos es que el factor riesgo (o azar) es muy fuerte. Nadie sabe si a un jugador la va a dar una pubalgia o va a volverse loco por la noche madrileña. Nadie sabe si Google va a lanzar un producto que haga competencia a una empresa arrasando con cualquier posibilidad de éxito, o si los prometedores emprendedores van a resultar ser unos mantas incapaces de conseguir sus objetivos.

Así que la estrategia, en ambos casos, es diversificar el riesgo y esperar que los éxitos compensen a los fracasos, que llegarán con absoluta certeza.

Esa estrategia no está solo al alcance de los clubes de fútbol más selectos y los inversores más experimentados. Si estás en proceso de crear tu empresa, probablemente te conviene hacer algo parecido (a escala) y probar distintas alternativas, medir su eficacia, y seleccionar la que veas que puede funcionar mejor. Dedicar mucho tiempo a hacer análisis cuando los factores desconocidos son tantos y tan importantes es simplemente absurdo. No puedes predecir el futuro, ni siquiera tienes datos suficientes como para comprender de verdad el presente, así que es mejor asumir que el fracaso estará ahí y actuar en consecuencia.

La buena noticia es que crear una web o hacer una pequeña campaña en Adwords son tareas sencillas, fáciles y baratas. Con poco esfuerzo y poco dinero puedes tener una idea de lo que puede o no puede funcionar. Y puedes continuar haciendo esto en todo el desarrollo de tu empresa: prueba, mide, compara y decide qué camino seguir.

El pensamiento positivo

Uno de las mayores estafas intelectuales de los últimos años es la idea de que “si crees en algo con todas tus fuerzas puedes conseguirlo”. Una idea que puede estar bien para motivar a los niños que ven las películas de Disney, pero que descubres que es falsa en cuanto tienes 14 años o un poco de sentido común. No basta con creer en algo para que se convierta en realidad.

Y sin embargo, sí es cierto que en tus creencias está parte de la clave para triunfar. Por ejemplo, quien cree en la suerte es muy probable que dedique cierta cantidad de recursos a juegos de azar. Y la inmensa mayoría solo consigue con ello ser un poco más pobre.

Hay quien cree que los empresarios son ricos, explotadores, y que forman una casta en la que no se puede entrar. Si crees en esto, lo lógico es trabajar lo menos posible (porque ya te explotan ellos con sueldos bajos) y no intentar cambiarse de empresa (todos los empresarios son explotadores por igual) ni intentar autoemplearte o crear una empresa (solo los ricos pueden hacerlo).

Por el contrario, si crees que tu futuro depende solo de ti y que los empresarios son egoístas (como tú mismo) pero no irracionales, procurarás trabajar lo mejor posible para que te valoren. Aprovecharás todas la oportunidades que te da la empresa para aprender, aunque eso te suponga más responsabilidad, más esfuerzo o más incomodidad. Te irás a otra empresa en cuanto creas que no te compensan por tu verdadero valor. Y estarás atento a descubrir oportunidades para emprender, porque sabes que tú también puedes hacerlo.

¿Cual es el resultado de cada una de estas formas de actuar?

Con la primera tienes trabajos precarios, mal pagados, que alternas con periodos de paro. Por contra, no te agobias mucho, no tienes responsabilidades, no haces horas extraordinarias, no pasas noches en vela pensando cómo conseguirás pagar las nóminas…

Con la segunda consigues mejores trabajos, progresas, consigues mejores puestos al moverte a otra empresa y, si te decides y te arriesgas, ganas mucho creando tu propia empresa. Por otro lado, es posible que se aprovechen de ti en algún caso, que aportes mucho más de lo que te pagan, que te pegues un batacazo en tu primera empresa, o en la segunda, o en la tercera…

A la larga, los que eligen la segunda forma de pensar acaban triunfando. Son directivos o empresarios, pueden permitirse un buen nivel de vida, y son los que contratan al resto. Claro que si vienen de familia rica lo consiguen antes y esforzándose menos. Pero la mayor fortuna de este país, Amancio Ortega, es prueba de que incluso en España cualquiera puede hacerlo, aunque no tenga estudios ni financiación.

Los primeros, para no confrontarse con ellos mismos, prefieren pensar en los explotadores, las injusticias, los aprovechados, los beneficios escandalosos, el BMW que tiene cualquier empresario… así pueden seguir viviendo, autojustificados, sin obligarse a cambiar.

Los números que determinan el éxito

Os voy a revelar el secreto: hay 10 números que determinan el éxito. Si los tienes en cuenta, podrás triunfar en lo que te propongas. Si los desconoces, tienes muchas más posibilidades de fracasar.

No, no se trata del conocimiento oculto de los sabios egipcios, ni de la tradición milenaria de la sabiduría china, ni ningún otro esoterismo. Es pura realidad. Ahora, te advierto: conocer los números que determinan el éxito no significa que no haya que esforzarse para conseguirlo.

140.000

Son las empresas que han cerrado hasta ahora por la crisis. Aunque sea triste para los implicados, es una buena noticia para ti que estás empezando con la tuya. El cierre de empresas es para el libre mercado como la extinción de una especie para la naturaleza: la manera de dejar espacio y liberar recursos para otros más eficientes. Así que el que cierren decenas de miles de empresas no significa que la tuya no vaya a ir bien. Hay menos cientes, pero también los costes son menores, hay menos competencia y tú partes con menos lastre que otros por lo que te es más fácil adaptarte a las condiciones del entorno.

Pero la cifra también es una llamada de atención: es como el fantasma de las navidades futuras del cuento de Dickens. El cierre puede ser tu futuro si no tienes cuidado en cada paso que de tu empresa.

30.000

Según el informe GEM 2009 del IE, 30.000 € fue la inversión media para poner en marcha una empresa en España en 2.009. Muchas veces, cuando se habla de los motivos para no emprender se cita la falta de capital. Pero si realmente tienes una idea, crees en ella y estás dispuesto a ponerla en marcha ¿pueden frenarte esos 30.000 €?

30.000 € los puedes conseguir renegociando la hipoteca de tu casa. Es lo que puede recibir como compensación por el despido alguien que haya pasado 4 o 5 años en una empresa con un sueldo medio decente. Es una cantidad que algún familiar con una situación económica desahogada, sin necesidad de ser rico, puede prestarte.

El precio medio de un vehículo en España en 2009 fue de algo más de 22.000 €. ¿Por qué crees que puedes comprar un coche y no puedes crear una empresa, si te cuesta prácticamente el mismo dinero?

Y por supuesto, puedes crear tu empresa con mucho menos dinero. Incluso con menos de 100 €.

10.000

Son las horas que necesitas para ser excelente en tu campo. Lo siento, pero ya he dicho al principio que conocer los número no significa evitarte el esfuerzo.

Puedes discutir si necesitas 10.000 o 5.000 o 20.000 horas, pero el hecho es que para ser un maestro tienes que dedicar varias horas al día, casi todos los días, durante años. ¿Puedes triunfar sin ser excelente, solo por suerte o por tus contactos? Obviamente sí. Pero la suerte no la controlas, y no siempre tenemos los contactos adecuados, así que la apuesta segura, aunque lenta, es dedicar esfuerzo.

La buena noticia es que cualquiera puede esforzarse. El éxito no está determinado por el talento natural, o por una inteligencia extraordinaria. Con tener un mínimo de esto, es el tiempo que dedicas a tu talento el que marca la diferencia. Y esto es así para los deportistas, los artistas, los informáticos o para cualquier otra profesión.

1.000

1.000 fans auténticos es todo lo que necesitas para vivir de tu arte, tal y como lo explica Kevin Kelly. Un fan auténtico es el que compra todo lo que produces. El que va a tus conciertos, compra tus camisetas, te pide que le firmes sus copias, tiene una alerta de Google con tu nombre…

Con tiempo y dedicación, cuidando a tus seguidores, puedes convertir a 1.000 de ellos en fans auténticos. No necesitas a una discográfica, a una editorial, a una cadena de televisión o un periódico para vivir de lo que escribes, lo que cantas, lo que diseñas. Puede que no te hagas rico con esos 1.000 fans, pero puedes ganarte la vida bastante bien. Y es una apuesta más segura que aspirar al estrellato, al que por definición solo pueden llegar unos pocos.

150

Es el número de Dunbar, que equivale al número de personas con las que uno puede tener relaciones sociales estables. ¿Qué significa esto? Por ejemplo, que para mantener la cohesión en un grupo mayor, necesitas una superestructura de reglas y normas que se hace más compleja cuanto más grande es el grupo. Conclusión: si quieres que tu empresa sea innovadora y eficiente, no puedes tener más de 150 empleados.

Esto significa también que tus miles de amigos en Facebook son más falsos que una moneda de 4 euros ¿Hacía falta decirlo? Y es también la explicación de que hayas perdido el contacto con esos amigos de la facultad, y que no vuelvas a quedar con ellos a pesar de que te haya hecho ilusión reencontrarlos en Facebook. Simplemente, necesitarías prescindir de algunas de tus 150 relaciones actuales.

Otra conclusión, derivada de la observación de que tendemos a parecernos a aquellos con los que nos relacionamos, es que si quieres tener éxito necesitas incluir en esas 150 personas al menos a unas cuantas que compartan los valores que tú quieres tener.

140

Son los caracteres que puedes escribir en un mensaje de Twitter. Usar Twitter es gratis, como la mayoría de redes sociales. Vamos hacia un mundo en el que la publicidad ya no puede ser intrusiva para ser efectiva. Ahora se trata de establecer relaciones con tus clientes potenciales, hasta generar la confianza suficiente como para que algunos de ellos se gasten el dinero en comprar lo que ofreces. Esas relaciones, además, te permitirán conocerles, saber qué esperan de ti, qué les gusta y qué puedes mejorar de tu oferta.

Por eso, usar Twitter, Facebook, LinkedIn, un blog, incluso Youtube o Flickr es parte esencial del marketing en el siglo XXI.

80/20

La regla de Pareto, una observación empírica que se cumple en muchos ámbitos diferentes. Por ejemplo, es frecuente que el 80% de la facturación de tu empresa provenga del 20% de los clientes. Si es así, no puedes tratar a ese 20% igual que al 80% que solo te proporciona el 20% de tus ingresos.

Otra observación: el 80% de los resultados se consigue con el 20% del esfuerzo. A veces el afán de perfección nos lleva a dedicar una cantidad de recursos desproporcionada para conseguir el 20% restante. Si lo que tienes es suficientemente bueno, lánzalo ya al mercado y no dediques el cuatro veces más esfuerzo a mejorarlo solo un 25%.

6

Son los grados máximos que te separan de cualquier persona del mundo. Es decir, si conoces a alguien estás a un grado de esa persona, a dos grados de sus conocidos, a tres grados de los conocidos de sus conocidos, etc. Solo seis grados te separan de cualquier persona, por remota que te parezca.

Además de ser una curiosidad matemática y social, tiene implicaciones. Muchas veces, a nuestros clientes, nuestros empleados o nuestros socios los encontramos en nuestra red social. Y hemos visto antes que las relaciones sociales que podemos manejar no son más de 150. Pero ampliar nuestra red a los contactos de segundo o tercer grado nos permite llegar, teóricamente, a cualquier persona.

LinkedIn, por ejemplo, nos permite hacer un uso muy eficaz de nuestra red social, incluyendo los contactos de segundo o tercer grado, para cosas como contactar con una persona de una empresa o encontrar a un profesional experto en algo que necesitamos.

De modo que saber esto, y explotarlo adecuadamente, nos abre muchas puertas que ni siquiera hubiéramos imaginado.

4

Es el número de elementos que podemos tener en la memoria de trabajo, esto es, la memoria a corto plazo con la que operamos. Solo usando trucos como agrupar objetos (o números, palabras, conceptos, etc.) podemos ser capaces de tareas más complejas.

¿Por qué es importante conocer esto? Porque si la inmensa mayoría de las personas solo pueden retener 4 cosas a la vez (y algunas solo 3), si queremos que usen nuestros productos debemos simplificarlos al máximo.
Los interfaces complejos provocan rechazo en la mayoría de los usuarios.

Hay una excepción: los interfaces que provocan a sus usuarios la sensación de ser expertos, de tener el control. Pero si tus usuarios no son analistas financieros, pilotos de avión o administradores de sistemas UNIX, lo más sensato es facilitarles el uso de tu producto todo lo posible.

0

El precio que realmente es diferente: 0€. Gratis. Free as in free beer. Sí, gratis es un modelo de negocio. O mejor dicho, es parte de un modelo de negocio. Si no tienes marca, ni prestigio, ni clientes, estás empezando con tu empresa y tienes todo por demostrar, la mejor estrategia es ofrecer algo gratis para, al menos, conseguir que tus clientes potenciales se enteren de que existes.

Qué es lo que ofrecer por 0€ y cómo conviertes a los usuarios gorrones en clientes de pago depende de cada empresa. Hay quien ofrece muestras gratuitas, periodos de prueba sin coste, versiones limitadas, productos diferentes… lo importante es tener un modelo de negocio basado en un gancho gratuito que permita atraer a los clientes que están dispuestos a pagar.

Asumir las consecuencias

Una de las características de nuestra sociedad es que nos cuesta mucho asumir las consecuencias de nuestros actos. Podría poner el ejemplo de Zapatero y la foto de sus hijas, pero en realidad lo que me ha animado a escribir esto es alguna respuesta a mi post anterior sobre introvertidos o extrovertidos.

Yo no sé si está bien o está mal que para progresar tengas que esforzarte por actuar como si fueras extrovertido aunque en realidad seas profundamente tímido. Pero el hecho es que es así. Y si decides quedarte pegado a la pantalla de tu ordenador mientras tus compañeros se toman un café con el jefe o van a comer juntos, no te quejes después cuando el que promocione sea uno de ellos. Así son las cosas.

Puedes consolarte pensando en lo buen profesional que eres y pensar que ellos promocionan porque son unos pelotas. Pero eso no va a cambiar la situación: ellos promocionan, y tú no. Y es un resultado de tu elección de quedarte delante de la pantalla y no hacer el esfuerzo de socializar con ellos. Todo lo que haces tiene consecuencias.

Como este ejemplo, hay muchos. Gastamos el dinero a espuertas, pidiendo créditos si hace falta, y después nos quejamos de los sueldos de miseria que pagan los empresarios. Compramos casas a precios estratosféricos, asumiendo hipotecas que terminarán de pagar nuestros nietos, y culpamos de ello a los malditos especuladores, como si nos hubieran llevado a firmarla a punta de pistola. Olvidamos que nuestros hijos pasan solos la mayor parte de la tarde, fomentamos que vivan encerrados en su cuarto, no les exigimos ni esfuerzo ni colaboración y luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos avisan de que están en un hospital con un coma etílico. No nos preocupamos por formarnos, ni estamos dispuestos a arriesgar y cambiar de empresa, pero achacamos a la mala suerte no haber conseguido un trabajo mejor.

La suerte, los demás, las circunstancias… claro que eso influye en nuestra vida. Hay quien nace con dinero, con contactos, con belleza física, con simpatía y lo tiene todo mucho más fácil. Pero cualquiera, por muy desafortunado que haya sido en sus comienzos, tiene en sus manos las riendas de su vida. Tal vez no sea así en el tercer mundo, pero en nuestro país, quien con treinta años y una mínima salud no tiene unos ingresos suficientes como para vivir con comodidad es porque ha tomado decisiones equivocadas.

Quejarse de lo superficial que es la sociedad, de que no se pueda “ser uno mismo”, de que siempre triunfen los mismos, de que “el que no nace con estrella nace estrellado”, puede consolarte a corto plazo pero no va a mejorar tu vida.

Y se puede mejorar. Tendrás que salir de tu zona de confort, hacer cosas que no te apetecen, dejar de hacer otras a las que estás acostumbrado, pero se trata de decidir si dentro de cinco años quieres estar mejor o seguir igual que ahora.