Uno de los errores que cometí con Alanta, mi empresa de software libre, fue creer que a los clientes les importaba algo que yo usara Linux o cualquier otro producto en los proyectos que les ofertaba. Yo me empeñaba en explicarles las ventajas, que era gratis, seguro, que tecnológicamente era superior en muchos aspectos al software propietario… y en la inmensa mayoría de ocasiones ni siquiera me escuchaban.
Resulta que a mis clientes, salvo excepciones que puedo contar con los dedos de una mano, no les importaba si usábamos software libre o magia negra. Lo que querían era que alguien les resolviera un problema que tenían planteado, como conectar una sucursal con la matriz de manera segura, y que lo hiciera por un precio razonable.
Así que mi principal argumento caía en saco roto, porque no me había preocupado de entender a mi cliente. Claro que, por otro lado, era imposible que entendiera a mi cliente porque creía firmemente que mi cliente era cualquier empresa. Porque cualquier empresa que tenga más de tres ordenadores puede usar software libre, ¿verdad?
Así que un día hacíamos un proyecto de detección de intrusiones para una multinacional, y otro día poníamos unos firewalls en una clínica, y otro instalábamos un Oracle sobre Linux en el cliente de una empresa de desarrollo, y otro un servidor de correo electrónico en un ministerio y otro un sistema de backup en una constructora… ¿ves? cualquier empresa necesita software libre.
Pero el problema es que con tal dispersión de proyectos y clientes era imposible rentabilizar nada. Poco de lo que se aprendía en un proyecto se podía aplicar a otro. Era muy difícil aprovechar una referencia de un cliente en otro que está en otro sector muy diferente, y como no conocíamos los problemas del cliente nuestro argumentario se veía reducido a cuestiones técnicas.
¿Qué te interesa del carpintero que va a hacer un armario en tu casa?
Supongo que ves el problema del planteamiento que yo tenía entonces. Si yo contrato a un carpintero para que me haga un armario, no me preocupa saber si el martillo que va a usar es de una aleación de cromo-vanadio o si tiene un mango de madera de roble. Lo que quiero saber es qué espacio voy a ganar con el armario, si voy a poder guardar todas las cosas que me están estorbando por ahí, si me va a dejar la casa hecha una pocilga, si es un buen profesional que va a hacer el armario con un buen acabado…
Esto nos parece evidente cuando contratamos al carpintero, y sin embargo es el pan de cada día con los servicios profesionales. Cuántos desarrolladores web cometen el error de decir “WordPress” cuando están haciendo una oferta, y así se autoposicionan como otro implantador de WordPress más al que podemos comparar con los indios o los búlgaros de oDesk. Si en lugar de mirar a tu ombligo y a tus herramientas y tus habilidades y tus conocimientos levantaras la vista y te preocuparas de la persona que tienes delante, las cosas te irían mucho mejor.
¿Quieres cambiar tu situación?
Bien, está claro lo que no tienes que hacer. Es más difícil saber lo que tienes que hacer. Cómo salir del pozo que tú mismo te has cavado, o cómo evitar caer en él si estás empezando. En estas cosas he estado pensando desde que escribí Éstos son mis principios y por la reacción que suscitó vi que muchos profesionales independientes tenían una necesidad imperiosa de ayuda.
Para ayudarte en esto he escrito una serie de entradas que se han convertido en el librito Cómo ser feliz trabajando por tu cuenta.
Y en paralelo, he ido pensando en cómo aplicar la metodología Lean Startup a este tipo de negocios que buscan más un lifestyle business que un crecimiento exponencial. Negocios menos ambiciosos, si quieres, menos espectaculares, pero que también necesitan ayuda para cambiar una manera de operar que tenía sentido en el siglo pasado que que cada día funciona peor.
Como resultado de todo esto, os presento el curso “Lean Startup para profesionales”. Si leiste el post sobre mis principios y pensaste “ojalá yo pudiera hacer algo así”, el curso está hecho para ti. Como siempre, es un curso práctico, explicado en un lenguaje sencillo y fácil de entender, que te impusa a la acción.
Te va a requerir un esfuerzo adicional importante, porque serán seis semanas en las que además de seguir intentando ganar dinero con tu sistema actual tienes que crear uno nuevo. Pero estoy seguro de que serán seis semanas que pueden cambiar tu vida.
No te engaño: después del curso tendrás que seguir trabajando, y no verás los frutos de este trabajo en unos pocos días. No hay recetas mágicas para pasar de ser una commodity, un peón intercambiable por otros peones, a ser un experto reconocido al que sus clientes contratan sin discutir el precio. Pero se puede hacer, hay un método y hay herramientas para hacerlo. Y lo mejor es que el éxito en este empeño depende solo de tu esfuerzo y tu constancia, y no del dinero que tengas en el banco ni de a quién conozcas.
Para facilitar tu participación en el curso, he procurado poner unos precios que sean asequibles, y además tienes un 20% de descuento si estás dado de alta en mi lista de correo (si no lo estás, puedes hacerlo ahora mismo escribiendo tu correo electrónico un poco más abajo). El curso es online, y ni siquiera es preciso que estés presente a la hora a la que hacemos las sesiones, así que si quieres hacerlo, puedes.
El curso empezará el lunes 6 de mayo. Tienes toda la información aquí: Curso Lean Startup para Profesionales.
Yo voy a poner todo de mi parte para ayudarte a tener éxito como profesional independiente. Si tú pones tu esfuerzo y dedicación, estoy seguro de que lo conseguirás.
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