Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

¿Cómo diantres vamos a levantar el país?

Me escribe esto un lector:

Acabo de ver esto:

http://desencadenado.com/2012/01/crear-una-empresa-en-3-horas-por-71-euros.html

http://desencadenado.com/2012/02/que-implica-abrir-una-empresa-en-londres.html

Ya te vale…

Luego son empresas que no van a volver a España ni van a aportar impuestos en España… Es justamente lo contrario de lo que hay que fomentar…

Si fomentamos que se creen empresas pero en otro país cómo diantres vamos a levantar el país?¿

Pues como diría Rhett Butler francamente, querido, me importa un bledo.

Vivimos en un país en el que a los emprendedores se les machaca sistemáticamente desde el principio. Tenemos un entramado legal tan profuso y enmarañado que hace prácticamente imposible no incumplir alguna norma en cuanto das un paso. La administración te abliga a pagar 250€ de autónomos, y a trabajar para ella de recaudador de impuestos haciéndote pagar el IVA incluso de facturas que no has cobrado. Como se te ocurra contratar a un empleado, será más difícil y mucho más costoso deshacerte de él que divorciarte, incluso aunque sea un perfecto inútil, un vago o simplemente las cosas no vayan bien y ya no tengas dinero para pagarle.

Si te va mal y tienes que cerrar la empresa, eres sospechoso de fraude (y es posible que tengas que pagar con tu patrimonio aunque lo tuyo fuera una Sociedad de Responsabilidad Limitada), tienes que hacer declaraciones, volver a pagar impuestos y a un asesor que te ayude a navegar en este proceso administrativo, y si te han quedado deudas personales, por ejemplo porque hipotecaste tu casa o pediste un crédito para invertirlo en la empresa, son tuyas para siempre.

Si te va bien, serás despreciado porque si has triunfado ha sido a costa de explotar a tus trabajadores. Cuando un hombre humilde que ha empezado desde abajo como Amancio Ortega dona 20 millones a una ONG, la reacción mayoritaria es criticarle ferozmente por explotador, millonario, hipócrita y defraudador.

Y esto no son posturas minoritarias. El reciente informe del BBVA demostraba que una abrumadora mayoría de españoles prefiere pagar más impuestos. Por supuesto, nadie piensa que uno mismo es el que va a pagar más impuestos, sino que los impuestos los pagarán “los ricos”. Esos que como Ortega han tenido la suerte o la habilidad de crear una empresa con éxito, que da trabajo a miles de personas y que hace la vida mejor o más fácil a cientos de miles de clientes que voluntariamente deciden hacer tratos con ella.

No es extraño que sea así, cuando desde pequeños a los niños se les adoctrina en lo malo que es el capitalismo y lo imprescindible que es el Gobierno que pone freno a los desmanes y la avaricia de los malvados empresarios capitalistas. Idea que es remachada, una y otra vez, por medios de comunicación y guionistas de películas y series en las que ver a un empresario con éxito y que sea honrado y buena persona es más raro que ver a un cerdo volando.

Al emprendedor se le machaca cuando empieza, cuando fracasa, cuando triunfa y se le fríe a impuestos en todo el proceso. Se le desprecia y se le insulta. Tres o cuatro niveles de administración le imponen regulaciones prolijas, absurdas y en ocasiones contradictorias.

Pero resulta que queremos que se creen empresas “para que paguen impuestos aquí”. Supongo que habrá personas con espíritu de mártir y pulsiones masoquistas que estén dispuestas a ser maltratadas y disfrutar con la experiencia. Pero las personas normales, que simplemente quieren salir adelante, harán bien en establecer sus empresas allí donde sean respetados como emprendedores, allí donde las leyes estén pensadas para ayudar y no para extorsionar y, sobre todo, allí donde tengan más probabilidad de tener éxito.

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Por qué me empeño en cambiar el meme sobre los empresarios

¿Tiene sentido que yo escriba un artículo como este del otro día, que provoca que un puñado de lectores se marche indignado? ¿No sería mejor mantener un “perfil bajo”, no meterme en líos y agradar a cuanta más gente mejor?

Yo creo que no. Si alguien se ofende por un artículo con el que no está de acuerdo, después de leer decenas que aportan algo útil, pues lo sentiré por él y por su intolerancia, pero no puedo hacer nada por evitarlo. Desde luego, lo que no voy a hacer es autocensurarme, y menos en algo que considero esencial, que está en la raíz misma de la existencia de este blog.

Las ideas son importantes

El problema de mi artículo es que es radicalmente opuesto al meme dominante sobre las empresas y la riqueza. Tenemos tan interiorizado el concepto de riqueza-estanque que si alguien nos muestra otra cosa nos indignamos y anunciamos públicamente que dejamos de leerle.

E incluso el que es capaz de ver un poco más allá y reconoce que la riqueza se crea, y que la crean los emprendedores, afirma a renglón seguido que de todas maneras hay que “repartir bien el estanque”. Sin reparar en que “gestionar bien el estanque” es imposible. Al menos mientras los seres humanos seamos como somos siempre habrá favoritismos, nepotismo, ventajistas, sobornos, ineficacias, aprovechados. En cuanto una persona tiene poder para decidir quién obtendrá mayor parte de la riqueza del estanque, no puede haber nada más que injusticia.

El problema es que si uno no está dispuesto a replantearse sus ideas, si se aferra a ellas como un bebé a su mantita de dormir y se enoja cuando alguien le muestra una idea diferente, nunca podrá cambiar su meme por otro mejor. Y las ideas importan, y mucho.

Por ejemplo, que Rosa Regás llame monstruos a personas con una deficiencia mental es necesario para distinguirlos de los seres humanos y asignarles derechos diferentes. En cuanto un ser humano pasa a ser un monstruo, puede ser asesinado sin remordimientos. De momento, la diferencia es antes de nacer, pero una vez establecido el principio de que un nasciturus con sínrome de Down tiene derechos diferentes a un nasciturus “normal”, ¿qué nos impide decidir que también puede ser asesinado después de nacer? Deshumanizar a un grupo de personas es lo mismo que hicieron los nazis con los judíos, a los que llamaban ratas, o los americanos con los esclavos negros, a los que consideraban bestias. Y si al leer esto crees que estoy diciendo que Rosa Regás es exactamente igual de perversa que Goebbles, tienes razón.

Las ideas, los memes, las narrativas importan. La mayor parte de la gente simplemente acepta la narrativa dominante, la integra en su esquema del mundo, y la usa sin plantearse otras cosas.

Y lógicamente, el meme sobre los emprendedores y la creación de riqueza importa. Fijaros que digo “creación de riqueza”, porque ya el hablar de “reparto de riqueza” implica un posicionamiento ideológico.

La narrativa dominante sobre los emprendedores está terriblemente equivocada

John MacKey, el dueño de Whole Foods, lo explica en este vídeo:

Por si no sabes inglés, la frase central es esta:

Tienes que entender que la narrativa que la gente tiene sobre los negocios y el capitalismo es que son fundamentalmente egoistas, avariciosos y explotadores.

Y si en EEUU tienen ese problema, aquí lo tenemos corregido y aumentado. Aquí, si eres rico, o te ha tocado la lotería, o eres famoso (deportista o cantante), o eres culpable. Los políticos tienen planes para emprendedores, porque solo a un político suicida se le ocurriría decir que va a hacer un plan de apoyo a empresarios. ¿Cómo van a apoyar a gente egoísta, avariciosa y explotadora?

Nadie puede hacerse rico honradamente con un negocio. Y si no, desafío a alguno de mis lectores indignados a que me digan el nombre de un solo español que se haya hecho rico con sus empresas y que no sea culpable como Amancio Ortega.

La estrechez de miras eurocéntrica

Me hacen gracia los que critican a Amancio Ortega porque paga una miseria a sus trabajadores marroquíes. Cuando yo recordaba el otro día que España era un país pobre hace no mucho tiempo, me refería a cosas como que mi abuela materna empezara a trabajar de criada en una casa a los 9 años. Una explotación infantil intolerable, pensarán algunos, si no fuera porque en aquélla época, quitar una boca de casa era una bendición y asegurarse el techo y la comida a tan temprana edad una suerte. Y la cosa no había cambiado mucho en los años 50, cuando mis padres empezaron a trabajar con 14 años. Podemos permitirnos el lujo de pensar en explotación infantil porque somos ricos, no porque seamos mejores que los países del tercer mundo en los que los niños de 9 años trabajan.

Esto es una escuela en Fez:

escuela en Fez

Y estos son los niños afortunados, los que pueden ir a la escuela. Muchos están en la calle pidiendo unas monedas, una botella de agua o un lápiz. Si no fuera por el estúpido eurocentrismo de los que creen que todo el mundo es como su barrio, sería obvio que una empresa como Zara crea riqueza en Marruecos, allí donde se necesita, porque la alternativa de trabajar 10 horas por 200€ (o lo que sea que paga Zara) es mucho mejor que trabajar 12 horas en el campo por 100€. Si Zara se fuera de Marruecos, esas persona no encontraría mejores condiciones laborales, sino más miseria. En los años 60 los fabricantes de automóviles se instalaban en España no porque les gustase la paella, sino porque podían pagar sueldos de miseria comparados con los que pagaban en Francia o Alemania. Y gracias, entre otras cosas, a los explotadores de la Citroen o la Opel, es como hemos llegado a nuestra riqueza actual.

Así que claro que hay que poner a Amancio Ortega como ejemplo, porque lo es. En los últimos años, cuatro de cada cinco euros que se ha gastado Sánchez Gordillo en Marinaleda han salido de mis impuestos. Y de otros españoles, pero a juzgar por los comentarios muchos parecen estar contentísimos de pagar más de un 50% de impuestos para que en Marinaleda tengan casas por 15€ al mes. Yo no lo estoy, pero la policía me obliga a pagar los impuestos de Marinaleda y todas las decisiones “solidarias” de los que deciden arreglar el mundo metiendo la mano en mi bolsillo y no en el suyo.

Por eso también era relevante hablar de Kiva. Porque los emprendedores de Kiva mejoran su entorno con nuestra ayuda, y porque la donación a Kiva es perfectamente voluntaria. Yo puedo animaros a donar, pero no puedo sacaros la cartera y obligaros a pagar algo que yo creo que es bueno. Y está bien que sea así, lo que es perverso es obligar a otros a pagar por tus convicciones morales.

Solo podemos salir de la crisis si cambiamos el meme sobre los empresarios

Tal vez debería retomar la serie que inicié hace años sobre emprendedores, a la que llamé vidas ejemplares. En cualquier caso, creo que es fundamental intentar cambiar, en la medida de mis posibilidades, la idea de que cualquiera que triunfe con un negocio es egoísta, avaricioso y explotador, que las empresas solo son tolerables como mal menor, pero que deben ser estrechamente vigiladas y reguladas por políticos para evitar que exploten a sus empleados y estafen a sus clientes (que según el meme dominante son las aspiraciones de todo empresario).

Porque esta idea es la que justifica que en España sea tan difícil y tan caro crear una empresa. Esta idea es la que hace que la mayoría de la gente ni se plantee crear una empresa aunque no tenga trabajo ni perspectivas de tenerlo (¿Quién quiere ser egoísta, avaricioso y explotador?). Esta idea es la que hace tan difícil para el que se decide salir adelante cuando hay dificultades, porque en lugar de encontrar apoyo lo que encuentra es la hostilidad hacia el explotador en potencia en que quiere convertirse.

Así que, aunque pierda algunos lectores que se ofenden cuando se cuestionan sus ideas, seguiré escribiendo sobre la moralidad de las empresas y la creación de riqueza.

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¿Que pasa si no cotizo a la Seguridad Social?

Esta semana ha habido dos personas que me han hecho esta pregunta: si creo mi empresa en UK y esta empresa no me contrata como empleado ni me doy de alta como autónomo, no pago Seguridad Social. Entonces ¿no tengo esas coberturas?

Obviamente, las respuesta es que si no pagas a la Seguridad Social, no tienes las prestaciones que van aparejadas a esa cotización.

Estamos tan acostumbrados a una forma concreta de vivir que nos cuesta ver que hay otras vías. Lo normal es trabajar para otro, que el Estado retenga una gran parte de ese sueldo (entre IRPF y Seguridad Social, entre un 40 y un 60 por ciento) y que a cambio nos de una serie de prestaciones “gratuitas”. La sanidad es gratis, sigues cobrando si te pones enfermo y no puedes trabajar, las pensiones son gratis hasta que te mueras, tienes derecho a cobrar “el paro” si te despiden.

Ya el ser autónomo supone romper con alguno de estos hechos asumidos. Pero dar el salto a crear una empresa en otro país supone descartar muchas de estas verdades inmutables y aprender a vivir en otra realidad.

Una cosa que tal vez os sorprenda: puedes ser multimillonario y cobrar el paro. Supongamos que eres un mileurista que típicamente se ha quedado sin trabajo. Y supongamos que tu tío que emigró a América fallece y te deja sus acciones de Apple que compró en el 79 con su amigo Forrest Gump. Y que esas acciones valen ahora 100 millones de dólares. Sigues teniendo derecho a cobrar el paro. Declararás en el IRPF los beneficios que te reporten las acciones y pagarás por ello, pero ser accionista de una empresa, aunque suponga que puedes empapelar tu casa con billetes de 500 euros, no impide que puedas cobrar el paro.

Del mismo modo, crear una empresa en UK no interrumpe a priori tu derecho a cobrar el paro. Otra cosa es que, como preguntaban los lectores, ser accionista de una empresa no te proporciona cobertura de la seguridad social. Si no tienes una vía de cotización aquí, te quedas sin esas prestaciones.

¿Qué puedes hacer entonces si quieres ir al médico cuando te pongas enfermo y quieres poder dejar de trabajar cuando seas un anciano?

Una alternativa es que tu empresa británica te contrate. La ventaja con respecto a ser un asalariado “al uso” es que como tú eres el dueño de la empresa decides el sueldo de tus empleados, y puedes elegir lo que sea más beneficioso para ti, es decir, qué parte de los beneficios cobras como sueldo y qué parte cobras como dividendos.

Otra posibilidad es cotizar voluntariamente a la Seguridad Social. Si quieres, no te van a poner pegas. Lo hacían antes algunos autónomos para mejorar la pensión de jubilación, por ejemplo. No trabajas, eres simplemente accionista y vives de las rentas, pero tienes esta cobertura que pagas religiosamente.

Y la tercera alternativa es construirte tu propia “seguridad social particular”. Ahorra tú mismo lo que quieras para tu jubilación y contrata el seguro médico que quieras. No va a ser más caro que la Seguridad Social, y tienes muchas, muchas más probabilidades de que lo que ahorres ahora se convierta en una pensión decente en el futuro.

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La empresa desencadenada


El otro día esbozaba por aquí alguna idea sobre la empresa del siglo XXI, y creo que merece la pena ir identificando rasgos y tendencias que están haciendo que las empresas se “desencadenen”. Sí, ya sé que con el nombre del blog la metáfora es obvia, pero realmente creo que refleja bien el cambio.

La empresa del siglo XX era una empresa encadenada. Las empresas industriales estaban encadenadas, primero a la máquina de vapor que porporcionaba la energía, y después a las líneas de producción en serie que mejoraban la eficiencia. Alrededor de la fábrica crecían las oficinas, en las que se procesaban datos de pedidos, ventas, ingresos…

Tanto en la fábrica como en la oficina, decenas de empleados encadenados a su puesto. Apartarse un minuto de él suponía una pieza no colocada, una cuenta no hecha.

Todos los empleados sujetos a la cadena de mando. La única manera de que las cosas funcionen cuando decenas de personas tienen que trabajar coordinadamente y no hay comunicaciones ágiles es una férrea jerarquía y unas órdenes que se cumplen sin pensar.

Para que todo funcione, los empleados deben estar sujetos a un horario. No puede ser que un tornero llegue a las 8, y el fresador que debe continuar con el siguiente paso de la elaboración de la pieza no aparezca hasta las 10. Todos encadenados de 9 a 5.

La empresa del siglo XXI no tiene que seguir encadenada a una línea de fabricación, a una cadena de mando, a un sistema de control de fichajes. La empresa del siglo XXI ni siquiera tiene que estar encadenada a una sede física, ni a unos empleados fijos, ni siquiera a un país.

La empresa desencadenada es flexible, elástica y ágil. Crece cuando hay oportunidades y pliega las velas cuando soplan malos vientos. Es auténticamente multinacional: fabrica en cualquier parte del mundo y vende en todo el mundo. Está en todas partes y en ninguna a la vez. Sus empleados no están encadenados a un puesto y un horario, sino que trabajan para conseguir resultados. En lugar de jerarquía, órdendes y normas hay flexibilidad, responsabilidad y capacidad de respuesta.

Todo lo cual es una buena noticia para cualquiera que decida emprender. El emprendedor ya no está atado a unos inversores que tienen los enormes recursos financieros que se necesitan para poner en marcha una gran empresa. No está encadenado a una gran inversión en el desarrollo y fabricación de un producto. Es libre para probar ideas, equivocarse, insistir en lo que funciona. No está encadenado a largos periodos de desarrollo, puede empezar y vender en cuestión de días.

La mayoría de las grandes (y no tan grandes) empresas están encadenadas a su forma de hacer las cosas, a sus inversiones, a lo que hasta ahora les ha funcionado, y seguirá funcionando un tiempo. Pero en este momento cualquiera puede crear una empresa desencadenada, partiendo de nada o casi nada, una empresa que vaya creciendo según va consiguiendo ingresos y por tanto recursos. ?

¿Cómo vas a aprovechar tú esta oportunidad histórica?

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Empresarios, millonarios y filántropos

Este mes hemos sabido que Bill Gates y Warren Buffet han conseguido ya más de 40 firmantes para su Giving Pledge, según el cual se comprometen a donar al menos la mitad de su fortuna, en vida o cuando fallezcan. Entre los firmantes, alguno que os sonará del mundo tecnológico, como Paul Allen, Larry Ellison o Pierre Omidyar, famosos como George Lucas o Ted Turner y multimillonarios de los de toda la vida como Barron Hilton o David Rockefeller.

Algún cínico dirá que todo es un invento para mejorar su imagen, o para pagar menos impuestos, o que infinito dividido por dos sigue siendo infinito… pero el caso es que miles de millones de dólares irán a obras de caridad.

Y supongo que casi todo el mundo piensa que esto es bueno.

Yo no.

Me explico: creo en la caridad privada de quien se priva de una parte de sus recursos para dársela a otro que los necesita, más que en la falsa “solidaridad” del estado que da a quien quiere lo que nos quita a todos. En ese sentido me parece bien que Gates, Buffet y compañía hagan con su dinero lo que les parezca mejor.

Pero en el proyecto Giving Pledge hay una idea de “estamos devolviendo a la sociedad parte de lo que nos ha dado”. Bill y Melinda Gates lo afirman así, casi literalmente, en su carta de compromiso. Y aquí está el problema: en que la mayoría de los firmantes, empezando por Gates y Buffet, no han heredado sus fortunas, sino que las han conseguido por sí mismos.

¿Y eso qué significa? pues que si han conseguido ese dinero ha sido, en todos los casos que conozco de la lista, porque han sido capaces de ofrecer a la sociedad algo suficientemente valioso como para que la sociedad (en forma de personas o de empresas, que es lo que existe realmente) les pagara por ello las fortunas que tienen ahora. Por tanto Gates, en contra de lo que él mismo afirma, no tiene que devolver nada a la sociedad.

Hay otra cuestión además. El capitalismo es muy eficiente resolviendo problemas, y prácticamente todos los de la lista han creado con sus empresas algo que ha hecho vivir mejor a la inmensa mayoría de la sociedad. Al menos, de la que vive en países con una economía aproximadamente de libre mercado. Estos señores, para conseguir sus fortunas, han tenido que competir continuamente con otros emprendedores que ofrecían soluciones peores, o soluciones mejores peor llevadas al mercado, que para el caso es lo mismo.

Me parece estupendo que entre sus proyectos esté conseguir más vacunas para los niños del tercer mundo, o mejor educación para los más desfavorecidos. La pregunta es ¿por qué en lugar de donar el dinero a una ONG no piensan en la manera de hacer negocio con esto?

Ya sé que a estas alturas alguno se estará revolviendo en su asiento al leer esto “¡¡Hacer negocio con las vacunas!! ¡¡Explotar aún más a los niños pobres cobrándoles por la educación!! ¡¡¡Horror, espanto y pavor!!!”. Pues sí, eso es lo que estoy diciendo. O más bien, estoy diciendo que para que un proyecto humano sea eficiente y eficaz, tiene que competir con otros y alguien tiene que ganar dinero con él.

¿Por qué esta gente que ha demostrado que es capaz de ser eficiente y eficaz llevando a las masas sistemas operativos, noticias o comercio electrónico no cree en la misma solución para proporcionar vacunas o educación?

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Sobre la subida del IVA


Fosterwit publicó la semana pasada un post en el que justificaba la subida del IVA. Expresa tan bien todo lo contrario a lo que yo pienso que no he podido resistirme a comentarlo.

Discrepancias aparte sobre la conveniencia o no de la subida del IVA, es indudable que se hacía necesaria una reforma fiscal dado la situación deficitaria del presupuesto del Estado. El incremento del gasto social, principalmente por las prestaciones de desempleo, ha supuesto una losa difícil de soslayar en la carga presupuestaria y antes o después había que tomar cartas en el asunto.

No. Si hay incremento del “gasto social” (que tiene delito llamar así a pagar el paro), lo que hay que pensar es que eso se produce porque hay una crisis, y hay que poner cuanto antes los medios para que deje de haberla y deje de ser necesario tanto “gasto social”. Es decir, en lugar de buscar más ingresos por la vía de exprimir más a los que todavía trabajan, reducir los gastos.

En las últimas semanas es una cuestión a la que le estoy dando vueltas, entre otras cosas, porque últimamente he estado en China donde el IVA como impuesto no existe, no se paga ni por ningún bien que se compre ni por servicio que se consuma. Y ahora, que por otras razones estoy en Australia, se dá casi la misma situación, la imposición indirecta es casi nula. Pero no nos vamos a engañar, la situación macroeconómica de China no es la España y la de Australia, un país inmenso con una población ridícula, tampoco.

Y seguro que el que haya poco o ningún impuesto al consumo no tiene nada que ver con que la situación macroeconómica de China no sea la de España. Tampoco tiene nada que ver que cuando España crecía al 10% anual no hubiera impuestos al consumo (y pocos impuestos para todo lo demás). Son simples casualidades, coincidencias.

Cuando se hizo pública la información de que los tipos del IVA se iban a modificar, como buen español fue inevitable discutir la cuestión con mis amistades, también economistas. Personalmente, la actitud del gobierno me parece la mejor de las opciones, en un período de contracción de la demanda y con unas tasas de inflación, que alcanzarían la deflación si no fuese por la manipulación de los precios públicos, desde mi punto de vista, la subida del IVA es lo más oportuno en una situación como la actual de imperiosa necesidad de incrementar la recaudación fiscal.

Será porque no soy economista, pero no alcanzo a ver cómo subir el IVA va a ayudar a otra cosa que no sea contraer más la demanda. Pero enseguida vamos con lo del incremento de la recaudación fiscal, que hay que leer el siguiente párrafo.

Si se hubiese variado la imposición directa, mediante los tipos de IRPF de las nóminas de los trabajadores, hubiera repercutido de una manera muy negativa en el consumo, ya de por sí contraído, por lo que no puede contemplarse como opción. Si se hace mediante la imposición indirecta, es decir el IVA, se controla mucho mejor los efectos adversos.

¿Mande? Vamos a ver si lo entiendo: si me quitan 50 o 100 euros de la nómina todos los meses, gastaré menos. Hasta ahí de acuerdo. Pero veamos cómo justifica Fosterwit que los efectos adversos del IVA se controlan mucho mejor.

Los empresarios tienen difícil repercutir la subida porque afectaría a su demanda, ya de por sí debilitada, por lo que exigirá absorber la subida, esta actitud es la que se han comprometido a adoptar grandes empresas como Mercadona o Zara, por poner dos ejemplos de relevancia en la economía nacional.

Obvio, todas las empresas están en una situación tan boyante que disminuir un 2% sus ingresos no tiene ninguna repercusión. Y si la tiene, que se jodan, que para eso son empresarios y no les queda más remedio que absorber la subida. En lo que no cae Fosterwit es en que el empresario sí tiene otras opciones. Una es mandarlo todo a la mierda, cerrar la empresa y buscar otra manera de ganarse la vida (o vivir de las rentas sin más líos). Otra es la economía sumergida (hablaremos luego).

Y otra, por supuesto, es incrementar el precio, y ya puestos redondeando hacia arriba. Al menos Fosterwit reconoce que en algún caso sí habrá impacto para el consumidor:

El contrapunto lo representan los oligopolios, a mi como consumidor, me encantaría que Telefónica (o cualquier otra operadora), Gas Natural, Endesa y, en resumidas cuentas, los grandes oligopolios aplicasen la misma disciplina que Mercadona, pero lamentablemente, no será así. En el caso de los pequeños empresarios la capacidad de absorción del impacto impositivo no es la misma que la de estas grandes empresas, pero es evidente que el afán de mantener su maltrecha competitividad les exigirá no repercutir la subida del IVA y asumir esos dos puntos como reducción de su margen comercial.

Como he dicho, su maltrecha competitividad les puede suponer el cierre a las pequeñas empresas que lo están pasando realmente mal. Pero es que hay todavía más alternativas a asumir los dos puntos como reducción del margen comercial. Por ejemplo, apretar a los proveedores y trasladarles a ellos el problema. O hacer una reducción de plantilla y trasladar el problema a los empleados. O cancelar algún servicio que le presta un tercero (y trasladar el problema, corregido y aumentado, a los que prestan servicios a empresas).

Y ojo, no entro en si es justo o injusto que se pretenda, como hace Fosterwit, que sean los pequeños empresarios los que paguen las consecuencias de la manía despilfarradora del Gobierno. Ni siquiera me preocupa saber lo que es justo. Simplemente digo que no va a ser así.

Si aumentara un 2% el tipo del IRPF, no quedaría más remedio que asumirlo (puedes protestar, pero ese dinero está controlado y ni la empresa ni el trabajador tienen mucho margen de maniobra para escapar de Hacienda). Sin embargo, como acabamos de ver, un empresario tiene muchas más opciones que tragarse una subida de impuestos sin masticar, y es seguro que algo hará.

En un país como España con unos índices de economía sumergida y un fraude fiscal inadmisibles, estas reformas son inevitables mal que nos pese. Si cada uno de nosotros fuésemos más solidarios y estuviésemos más comprometidos con el significado social que tiene la recaudación fiscal, y en esto los pequeños empresarios y autónomos tienen mucho que aprender, seguramente no nos veríamos con estas situaciones como la actual. Para eso también es necesario tener confianza en que la recaudación fiscal que se aplica para sufragar el gasto público, actúa como elemento de distribución de la riqueza, y en esto, la corrupción política generalizada en los distintos ámbitos no ayudan a promocionar esta idea.

Vamos a ver. Los índices de economía sumergida y fraude fiscal no son la causa del aumento de impuesto, sino su consecuencia. La economía sumergida, el fraude, los sobornos, las comisiones… son resultados inevitables de una economía socialista. Decir que esto es injusto, o insolidario, es como decir que la ley de la gravedad es insolidaria porque no nos deja volar. Puedes organizar manifestaciones si quieres, o publicar normas y decretos, que la ley de la gravedad seguirá funcionando inexorablemente.

La mayor parte de la gente es razonablemente honesta, quiere ganarse la vida sin preocupaciones y sin meterse en líos. Si estableces una fiscalidad moderada, con unas normas fáciles de entender y de cumplir, la mayoría de la gente será honrada aunque solo sea por no tener inspecciones y problemas. Pero cuando los impuestos suben tanto que ponen en riesgo tu negocio, es difícil resistir la tentación de mandar a paseo las normas y hacer lo que tengas que hacer para que tu empresa salga adelante.

Lo de la solidaridad es de chiste. No tiene nada de solidario que alguien (por mucho que sea el Gobierno) me quite el dinero, bajo amenaza de cárcel, para gastarlo como a él mejor le parezca. Que pagar impuestos sea una consecuencia inevitable de vivir en la sociedad actual, pase. Pero al menos llamemos a las cosas por su nombre: los “impuestos” se llaman así porque no son “voluntarios”, y la solidaridad requiere voluntariedad.

Y prefiero no entrar a fondo en lo de la “redistribución de la riqueza”, que para Fosterwit parece ser un objetivo en sí mismo. Lo que no entiendo es que se extrañe de que un empresario que ha arriesgado su dinero y trabaja 12 horas al día 6 días a la semana (como hacen la mayoría de los empresarios en España, que tienen microempresas en los que ellos y sus familias son la principal fuerza laboral) no quiera “redistribuir” su riqueza con los cineastas subvencionados, los del PER, los que llevan más de dos años en paro pero no pueden ir a Huelva a recoger el fresón, las decenas de miles de liberados sindicales, los politiquillos de todo pelaje que abrevan en los presupuestos de los ayuntamientos, los amigos de los políticos que consiguen contratos falsos (o con presupuestos inflados), los bancos y cajas rescatados de extranjis, las ONGs absolutamente dependientes de los dineros gubernamentales…

Lo más grave de todo el artículo es que el propio fondo del mismo está equivocado. Ni siquiera va a suceder que se aumento del 2% sirva para sanear las cuentas del Estado. Sin ser economista, me atrevo a hacer una predicción: en el primer semestre después de que entre en vigor el nuevo IVA, la recaudación por este impuesto habrá descendido respecto a los mismos meses del año anterior.

Y es que no hace falta ser economista para conocer la curva de Laffer, que es una manera elegante de explicar lo que he escrito más arriba acerca de la economía sumergida.

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Una ayudita, por favor

Te voy a pedir un pequeño favor. Si has leído mi libro De parado a empresario, te agradecería que visitaras su enlace en la web de la Casa del Libro y que dejaras tu opinión sobre él. No te pido que lo pongas por las nubes, ni siquiera que lo pongas bien. Solo que dejes tu opinión sincera.

En la web de la casa del libro tienes una opción para recomendarlo a un amigo y conseguir un pequeño descuento en tu próxima compra (y llevarte una pequeña comisión en su primera compra). Si crees que a algún conocido le puede venir bien, ya sabes.

Y si prefieres, también puedes comprarlo en otros sitios. En la red, que yo sepa, en:

http://www.libros.universia.es/libro-DE-PARADO-A-EMPRESARIO-GUIA-PARA-SALIR-DEL-PARO-CREANDO-TU-PROPIA-EMPRESA-PRIETO-URSUA-Borja/9788493766009/260495

http://www.agapea.com/libros/De-parado-a-empresario-guia-para-salir-del-paro-creando-tu-propia-empresa-isbn-8493766003-i.htm

http://www.libreriaproteo.com/libro-546853-DE-PARADO-A-EMPRESARIO-GUIA-PARA-SALIR-DEL-PARO-CREANDO-TU-PROPIA-EMPRESA.html

http://www.diegomarin.com/ficha_libro.cfm?id_articulo=540496&id_materia=10698&filainicio=1&seccion=MT

http://www.diazdesantos.es/libros/prieto-ursua-borja-de-parado-a-empresarioguia-para-salir-del-paro-creando-tu-propia-empresa-L0002295600003.html

Si tienes una librería, vendes el libro y no estás en la lista, házmelo saber y te incluiré en ella, aunque no tengas venta por web.

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El pensamiento positivo

Uno de las mayores estafas intelectuales de los últimos años es la idea de que “si crees en algo con todas tus fuerzas puedes conseguirlo”. Una idea que puede estar bien para motivar a los niños que ven las películas de Disney, pero que descubres que es falsa en cuanto tienes 14 años o un poco de sentido común. No basta con creer en algo para que se convierta en realidad.

Y sin embargo, sí es cierto que en tus creencias está parte de la clave para triunfar. Por ejemplo, quien cree en la suerte es muy probable que dedique cierta cantidad de recursos a juegos de azar. Y la inmensa mayoría solo consigue con ello ser un poco más pobre.

Hay quien cree que los empresarios son ricos, explotadores, y que forman una casta en la que no se puede entrar. Si crees en esto, lo lógico es trabajar lo menos posible (porque ya te explotan ellos con sueldos bajos) y no intentar cambiarse de empresa (todos los empresarios son explotadores por igual) ni intentar autoemplearte o crear una empresa (solo los ricos pueden hacerlo).

Por el contrario, si crees que tu futuro depende solo de ti y que los empresarios son egoístas (como tú mismo) pero no irracionales, procurarás trabajar lo mejor posible para que te valoren. Aprovecharás todas la oportunidades que te da la empresa para aprender, aunque eso te suponga más responsabilidad, más esfuerzo o más incomodidad. Te irás a otra empresa en cuanto creas que no te compensan por tu verdadero valor. Y estarás atento a descubrir oportunidades para emprender, porque sabes que tú también puedes hacerlo.

¿Cual es el resultado de cada una de estas formas de actuar?

Con la primera tienes trabajos precarios, mal pagados, que alternas con periodos de paro. Por contra, no te agobias mucho, no tienes responsabilidades, no haces horas extraordinarias, no pasas noches en vela pensando cómo conseguirás pagar las nóminas…

Con la segunda consigues mejores trabajos, progresas, consigues mejores puestos al moverte a otra empresa y, si te decides y te arriesgas, ganas mucho creando tu propia empresa. Por otro lado, es posible que se aprovechen de ti en algún caso, que aportes mucho más de lo que te pagan, que te pegues un batacazo en tu primera empresa, o en la segunda, o en la tercera…

A la larga, los que eligen la segunda forma de pensar acaban triunfando. Son directivos o empresarios, pueden permitirse un buen nivel de vida, y son los que contratan al resto. Claro que si vienen de familia rica lo consiguen antes y esforzándose menos. Pero la mayor fortuna de este país, Amancio Ortega, es prueba de que incluso en España cualquiera puede hacerlo, aunque no tenga estudios ni financiación.

Los primeros, para no confrontarse con ellos mismos, prefieren pensar en los explotadores, las injusticias, los aprovechados, los beneficios escandalosos, el BMW que tiene cualquier empresario… así pueden seguir viviendo, autojustificados, sin obligarse a cambiar.

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¿Y si los empleos no vuelven?

Me hacen gracia los economistas que aseguran que “España debe crecer al 3% para crear empleo”. Solo se basan para eso en que antes, creciendo al 3% (o al 2,7% o a la cifra que cada uno estime) se creaba empleo. Como si el mundo no estuviera cambiando desde 2007. Después de tres años de crisis (y lo que nos queda) ¿alguien puede afirmar con certeza que si volvemos a crecer al 3% se volverán a crear empleos?

Yo creo que no. Creo que muchos empleos no van a volver. Y no me baso en un razonamiento inductivo como el de los economistas futurólogos, sino en la experiencia de los pequeños empresarios a los que conozco.

Los despidos necesarios para conseguir que sus empresas sobrevivan les han obligado a soportar unos costes extraordinarios en el peor momento. Alguno ha tenido que endeudarse personalmente para poder pagar las indemnizaciones. Como han podido, despidiendo a veces al 80% de la plantilla, han conseguido reducir los costes y mal que bien salir adelante. Haciendo ellos trabajos que antes encargaban a otros, reduciendo gastos, buscando nuevas fuentes de ingresos…

Ahora situémonos dentro de un par de años. Pongámonos en la piel de uno de esos pequeños empresarios que ha sobrevivido a la travesía del desierto. Seamos optimistas y pensemos que salimos de la crisis, empezamos a crecer y sus productos o servicios vuelven a ser demandados. ¿Alguien cree que volverá a contratar empleados fijos? ¿O habrá salido tan escaldado de su experiencia que preferirá cualquier otra opción?

Por lo que hablo con la gente, la idea de muchos es no volver a tener empleados fijos. Si contratan temporalmente, si subcontratan a otras empresas, si hacen contratos con autónomos u optan por cualquier otra opción dependerá de cada uno y de su negocio. Pero lo que tengo claro es que los que han visto su empresa en peligro por tener empleados fijos, se lo pensarán mucho antes de contratar alegremente.

Si a esto le sumamos la realidad del cambio constante, que te obliga a tener recursos que cambien ágilmente según la demanda. Si le sumamos que la tecnología hace posible (aunque todavía no fácil) trabajar con una secretaria argentina, un programador búlgaro y un diseñador mexicano. Si le sumamos que para que una empresa prospere va a tener que ser global en sus operaciones, lo que puede significar atender a clientes en América y buscar proveedores en Asia. Si le sumamos que la tendencia en España es que el gobierno cada vez sea más asfixiante en sus regulaciones… el resultado es que se me ocurren muy pocos motivos para hacer un contrato fijo a un lugareño, solo porque puede presentarse en la oficina cada día.

Por eso, si tú eres uno de los que ha perdido el empleo en los últimos tiempos y estás esperando a que vuelva, piensa bien si esperar es lo único que puedes hacer. Piensa si no es mejor prepararte para un mundo en el que el trabajo fijo va a ser cada vez más raro. Si no es mejor ser empleable que ser empleado.

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Ya puedes comprar mi libro

Todavía tardará un poco en estar en las librerías, pero ya se puede comprar online en el portal universia: libros.universia.es, con un 5% de descuento.

Si os fijáis en el banner principal del portal, lo recomiendan junto a los últimos de Al Gore, Pérez Reverte y Luis Racionero. El mío es más entretenido que el de Racionero, más veraz que el de Al Gore y más útil que el de Pérez Reverte, sin duda, así que espero vender más que todos ellos juntos. Por lo menos.

Os recuerdo que esta es una versión corregida y aumentada respecto a la que puedes descargarte en el enlace de la derecha: está más pulida e incluye un apartado nuevo sobre imagen corporativa, logotipos y páginas web. Y recuerdo que los que lo compren tendrán un acceso exclusivo en la web (ya os daré los detalles, que estoy ultimando). Y que dedicaré un tercio de mis ingresos a préstamos a emprendedores del tercer mundo a través de Kiva.

El precio es realmente barato para la enorme cantidad de información útil que contiene, son solo 15 € (14,25 si lo compras a través de Universia) así que no se me ocurre ninguna razón para que no consigas tu ejemplar ahora mismo. Ya puestos, puedes comprar también otro para ese familiar que se acaba de quedar en paro. Y para el amigo que está pensando en montar un negocio a pesar de los tiempos que corren. Y otro para el sobrino que estudia empresariales, que no le vendrá mal un bañito de realidad.

Y si además de comprarlo, o en lugar de comprarlo, quieres hacerme el favor de recomendarlo en Facebook, Twitter, en tu blog o en el bar donde tomas el café por la mañana, también te lo agradeceré toda la vida.

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