Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Gana dinero rápidamente con tu blog

Darren Rowse escribe en Problogger un artículo muy sensato sobre las ofertas de sistemas para ganar dinero rápidamente con los blogs. Básicamente, viene a decir que si quieres ganar dinero con tu blog, la forma más segura es dedicando mucho tiempo y esfuerzo. Leedlo si os interesa el tema.

A mí eso de “gana dinero rápidamente” me ha hecho pensar que las dos estrategias de las que habla Rowse pueden aplicarse a cualquier empresa. Puedes crear una empresa “estrella fugaz” en la que apuestes por ganar dinero a corto plazo pero que sabes que tendrá una vida limitada, o puedes crear una empresa cuyo objetivo sea perdurar siglos.

Curiosamente, la opción más segura es la segunda. Las empresas flash son arriesgadas, porque si tu apuesta fracasa no hay manera de recuperar la inversión. La empresa que crece poco a poco va creando sus propias defensas, y puede permitirse fracasos porque son parciales y no afectan a su supervivencia.
No es que una estrategia sea mejor que otra. Simplemente, tienes que saber a qué estás jugando, porque de eso depende a qué debes dedicar tus recursos.

Como en España en ninguna parte

Y que esto lo diga un argentino…

Para ser exactos, lo que dice Martín Varsavsky es “como en Europa en ninguna parte“, pero aún así no puedo estar de acuerdo, así que vamos a criticarlo. Vaya por delante que él ha creado empresas a ambos lados del charco y no le ha ido mal del todo, y yo solo tengo una mínima experiencia por aquí, pero hay datos que son objetivos.

Varsavsky defiende que para él, en el caso de Fon, los beneficios de estar en España superan a las desventajas de no estar en Silicon Valley por tres motivos, que comento uno a uno:

  • Coste legal. En Estados Unidos el coste de abogados y pleitos que debe soportar una empresa es un orden de magnitud superior a España.

    Aquí no tengo nada que decir. Seguramente es cierto, aunque habría que tener en cuenta en España los costes de juicios que tardan años o que ni siquiera llegan a plantearse porque el emprendedor no espera nada de la justicia. ¿Cuántos se quedan sin cobrar un trabajo realizado, o tienen problemas con empleados, y acaban por asumir las pérdidas y mirar para adelante?

  • Costes sanitarios. En Estados Unidos el 60% de las empresas paga un plan de salud privado a sus empleados, con un coste medio de 10.000$. En realidad, el coste medio por empleado es de 13.000$, porque los empleados pagan una parte. En España, el coste medio que se paga a la Seguridad Social es de 6.300 € (en 2007, último dato que publica el INE).

    La diferencia, claro, es que con ese coste de 10.000$ el empleado tiene un plan de salud privado, en el que no hay listas de espera ni masificación en urgencias. Aquí la sanidad privada o te la paga la empresa, o se la paga cada uno, lo que añade 100 o 200 euros al mes, como poco. No hay tanta diferencia en el coste, como vemos.

  • Más gasto militar. Varsavsky explica que el gasto militar en EEUU es muy superior al de España, EEUU dedica el 21% del presupuesto nacional y España un 7%. Por tanto, al Estado le quedan menos recursos para dedicar a educación, sanidad o transporte público, y el empleado tiene que dedicar una parte importante de su sueldo a estos fines.

    Pero la realidad es que en España una parte significativa del presupuesto no se dedica a educación y sanidad, sino a subvenciones varias o a mantener miniparlamentos y minigobiernos, cada uno con una su población de presupuestívoros. Lo cierto es que en España, la presión fiscal es del 33% (y eso en el 2008, que cayó el IVA, porque en el 2007 llegó a ser del 37%), mientras que en EEUU el año pasado fue del 26,9%, y el anterior el 28,3%.

    En EEUU, la educación es gratuita Y DE CALIDAD. La inmensa mayoría de los estadounidenses lleva a sus hijos al High School, mientras que aquí son excepción los que prefieren el instituto pudiendo pagar un colegio concertado o privado. Varsavsky debería sumar los costes de la educación de los niños a los gastos de un empleado medio.

Pero hay otro punto sobre el que pasa de puntillas, y es el sueldo medio. En España, el sueldo medio es de 20.000 € (de nuevo, datos del 2007). En EEUU es de 65.000$, es decir 43.000€. Dicho de otra manera, por si no queda claro: en España se paga la mitad por el mismo trabajo.

Y ese sí es un motivo para crear una empresa en España y no en EEUU, especialmente si es una empresa en la que los costes laborales son un porcentaje importante del total. Desconozco si es el caso de Fon, pero creo que Varsavsky debería haberlo tenido en cuenta a la hora de sopesar pros y contras.

Dicho esto, es su empresa, y yo no voy a dar lecciones a un tipo como él acerca de cómo y dónde llevarla. Pero no dejan de resultarme chocantes estos argumentos, en los que creo que pesa más su ideología que la objetividad.

Babelic: traducciones low-cost


Mi último post, el de las 8 mejores preguntas que los inversores le hicieron a Redfin, no lo he escrito yo. Eso ya lo sabíais, porque puse el enlace a Techcrunch en el que aparecía en Inglés. Pero tampoco he hecho yo la traducción, como en otras ocasionesn: esta vez la ha hecho Babelic.

Óscar Calvo me ha invitado a probar su servicio, y he aprovechado para ver qué tal funciona. Tienen dos calidades de traducción, una “profesional” y otra “junior”, que es por la que he optado esta vez. Podéis opinar vosotros mismos sobre la calidad de la traducción, porque no he tocado apenas nada. Únicamente he “destraducido” startup, que el traductor había cambiado por lanzamiento.

Mi conclusión es que para un texto interno, o poco relevante, esta opción económica puede estar bien. El precio para esta traducción ha sido poco más de 58 €, es decir, 0,04 € por palabra. Teniendo en cuenta que traducir esto puede llevar fácilmente un par de horas, me parece una buena opción incluso teniendo en la empresa gente capaz de traducir a este nivel.

En otra ocasión probaré el servicio “profesional”, que tiene un precio de 0,065 € / palabra, porque sospecho que por la diferencia de precio puede merecer más la pena.

Nota por si las suspicacias: no estoy “afiliado” con Babelic, ni gano dinero por hablar del servicio, ni nada por el estilo. Conozco a Óscar de algún Iniciador, y nada más. Que conste.

10 reglas para manejar el dinero

Tim Berry ha publicado en Entrepreneur.com un artículo con 10 reglas esenciales para manejar el flujo de caja.

Lo traduzco, porque creo que merece la pena:

Los beneficios no son dinero; son contabilidad. Y la contabilidad es mucho más creativa de lo que crees. No puedes pagar las facturas con los beneficios. Incluso los beneficios pueden hacer que te duermas. Si tú pagas tus facturas y tus clientes no, te encontrarás en el infierno de los negocios.

El flujo de caja no es intuitivo. No intentes hacerlo de cabeza. Hacer una venta no significa necesariamente que tengas el dinero. Incurrir en el gasto no significa necesariamente que hayas pagado ya por él. El inventario normalmente se compra y se paga y después se almacena hasta que se convierte en coste de ventas.

El crecimiento chupa dinero. Es paradójico. El mejor de los tiempos puede estar escondiendo el peor de los tiempos. Uno de los años más duros que tuvo mi empresa fue cuando doblamos las ventas y casi quebramos. Estábamos construyendo cosas con dos meses de adelanto y consiguiendo el dinero de las ventas seis meses tarde. Añade el crecimiento a eso y puede ser como un caballo de Troya, escondiendo un problema dentro de una solución. Sí, claro que quieres crecer; todos queremos que nuestro negocio crezca. Pero ten cuidado porque el crecimiento cuesta dinero. Es una cuestión de fondo de maniobra. Cuanto más rápido creces, más financiación necesitas.

Las ventas a empresas chupan tu dinero. La visión simple es que ventas significan dinero, pero cuando eres una empresa vendiendo a otra empresa, rara vez es tan simple. Tú entregas los bienes o servicios junto a una factura, y ellos pagan la factura más tarde. Normalmente meses más tarde. Y las empresas son buenos clientes, así que no puedes exigirles el pago porque no volverán a comprarte. Así que esperas. Cuando vendes algo a un distribuidor que lo vende a un minorista, consigues el dinero cuatro o cinco meses más tarde si tienes suerte.

El inventario chupa dinero. Tienes que comprar tu producto o fabricarlo antes de que puedas venderlo. Incluso si pones el producto en tus estanterías y esperas a venderlo, tus suministradores esperan que les pagues. Una regla simple: cada euro que tienes en el inventario es un euro que no tienes en dinero.

El capital circulante es tu mejor herramienta de supervivencia. Técnicamente, el capital circulante es un término de contabilidad que se aplica a lo que queda cuando restas las obligaciones actuales a los bienes actuales. En la práctica, es el dinero en el banco que usas para pagar tus costes de operación y gastos y comprar inventario mientras esperas que te paguen tus clientes.

“A cobrar” es una palabrota (ver la regla 4). El dinero que tus clientes te deben se llama “cuentas a cobrar”. Un atajo para la planificación financiera: cada euro en “cuentas a cobrar” es un euro menos en dinero.

Los bancos odian las sorpresas. Planifica. No tienes puntos extra por tu espontaneidad cuando tratas con bancos. Si ves que se acerca un acelerón en tu crecimiento, una nueva oportunidad o un problema con el pago de clientes, cuanto antes vayas al banco armado con tablas, gráficos y un plan realista, mejor te irá.

Vigila estas tres métricas vitales: “días de cobro” es una medida de cuánto tardarás en cobrar. “Rotación de inventario” es una medida de cuánto tiempo se sienta tu inventario sobre tu fondo de maniobra y estrangula tu flujo de caja. “Días de pago” es cuánto esperas para pagar a tus proveedores. Monitoriza siempre estos tres signos vitales del flujo de caja. Proyéctalos a doce meses y compara tu plan con lo que de verdad sucede.

Si eres la excepción más que la regla, bien por ti. Si todos tus clientes te pagan inmediatamente cuando compran, y no compras cosas antes de venderlas, relájate. Pero si vendes a empresas, ten en mente que no suelen pagar inmediatamente.

¿Vas a quedarte embarazado?

La Comunidad de Madrid ha lanzado una campaña publicitaria para fomentar la igualdad laboral entre hombres y mujeres que no puedo dejar de comentar. El spot se basa en una entrevista de trabajo en la que el entrevistador, tras repasar los méritos del candidato (varón), le pregunta: ¿No trendrá previsto quedarse embarazado?

Una voz en off dice que si eso nos parece absurdo para un hombre, también debería serlo para una mujer.

Pero no es igual de absurdo plantear esa pregunta según el sexo del candidato: hasta la fecha ningún hombre se ha quedado embarazado. Son las mujeres las que lo hacen y las que habitualmente amamantan al bebé.

El caso es que para favorecer la conciliación de la vida familiar, o la incorporación de la mujer al trabajo, o lo que sea, se han creado una serie de normas que permiten a la mujer dejar el trabajo cuatro meses pero conservando el puesto para su reincorporación. Y después, hasta que los hijos alcanzan cierta edad, pueden decidir una reducción de jornada (con su proporcional merma de sueldo).

En teoría, también los hombres pueden coger la baja maternal y la reducción de jornada, pero el porcentaje de los que lo hacen es despreciable. Siempre lo será, porque por mucho que nos empeñemos, no somos tan distintos de los cazadores-recolectores que fuimos durante milenios.

El caso es que cuando tiene que contratar a un candidato, un empresario debe plantearse, entre los factores a considerar, la probabilidad de que el individuo (o la individua) deje su puesto durante unos meses, tenga que pagar a un sustituto (con los costes añadidos de buscarlo, seleccionarlo, formarlo), seguir pagando la seguridad social (un tercio del sueldo bruto) esos meses y que después tal vez decida trabajar solo 5 o 6 horas, con el perjuicio que le puede suponer a la empresa si no es capaz de cubrir las 2 o 3 horas restantes.

Ya sé que las mujeres tienen derecho, que eso dicen las normas, que no se puede ser un troglodita, que estamos en el siglo XXI… pero yo os propongo que hagáis el siguiente ejercicio. Supongamos que vais a comprar un coche y dudáis entre los modelos A y B, que tienen características y precios muy similares. Ahora resulta que el vendendor os dice que en un momento dado, cuando a él le venga bien, os puede quitar el modelo B durante unos meses. Os tranquiliza explicando que esos meses os hace un descuento del 75% en las cuotas del préstamo del coche, pero a continuación advierte de que existe la posibilidad de que necesite el coche un par de horas al día, con lo que esas horas no podréis contar con él. Pero que si se da el caso, también os hará un descuento del 25% del préstamo en los meses en los que suceda.

Ahora, ¿cuál de los dos coches compraríais, el A o el B?

En una gran empresa con mucho personal, o en una en la que los costes principales no sean salarios, el impacto de una baja maternal o una reducción de jornada puede no ser tan importante, pero en una pequeña empresa de servicios con cuatro empleados puede suponer una crisis grave.

Por tanto, es perfectamente lógico que un empresario tenga en cuenta, entre otros factores, si una candidata puede quedarse embarazada. Es probable que no lo exprese en la entrevista de forma tan descarada como en el anuncio, pero lo tendrá en cuenta. Y hará una de estas dos cosas: elegir a un candidato peor, pero con menos probabilidades de quedarse embarazado, o pagar menos sueldo para compensar el coste añadido del embarazo.

De modo que las leyes que garantizan el derecho a la baja maternal o a la reducción de jornada, inevitablemente, están perjudicando la capacidad para ser contratadas (o para tener igualdad en el sueldo) de las mujeres jóvenes.

Y el problema es irresoluble: no se puede obligar por ley a elegir a un candidato determinado, o a pagar un sueldo determinado. Por muchas campañas que se hagan, si el motivo para contratar menos mujeres o hacerlo con peores sueldos no es el “machismo” de los empresarios sino una decisión económicamente racional, esto no va a cambiar. No funcionarán las “cuotas femeninas”, porque si se impusieran se utilizaría el sueldo como mecanismo para equilibrar los costes relativos de hombres y mujeres. Y tampoco sirve el “palo”, la multa por discriminación, porque a no ser que el empresario sea muy torpe nunca quedará explícito que se ha producido una discriminación por motivo de sexo cuando en un proceso de selección se elige a un hombre y no a una mujer.

Ya sé que no es políticamente correcto decir todo esto, pero es lo que hay.

¿Queremos ser o parecer?

En la tira de ayer, Dilbert pregunta a su jefe por la política de cambiar los vasos de café de styrofoam por vasos de papel:

Dilbert.com

Evidentemente, el ecologismo está de moda, y muchas empresas se preocupan de parecer comprometidas con el medio ambiente. El caso extremo son las empresas de energía. Si uno mira las imágenes con las que se publicitan, sin fijarse demasiado en el texto, parece que se dedican a plantar árboles o a organizar excursiones campestres. Y cuando te pones a leer, la propuesta de valor no es que el suministro sea fiable o barato, sino que proviene de fuentes sostenibles y están trabajando para que sea todavía más sostenible.

Otras modas actuales son las de ser abierto, dar igualdad de oportunidades a todos los empleados, la responsabilidad social corporativa, etc. No hay nada malo en ello si uno cree en la sostenibilidad, la igualdad o lo que sea. Pero tanta empresa concienciada al mismo tiempo suena a lo de Dilbert: no es importante que lo que hago sirva para algo, sino que parezca que somos el tipo de empresa que se preocupa de esas cosas.

Pero eso de buscar más el ‘parecer’ que el ‘ser’, se acaba notando. Y al final el efecto que se consigue es nulo o incluso negativo, porque el consumidor piensa que igual que le engañas en tu mensaje de buen rollito, le engañarás en otras cosas. Y a nadie le gusta que le engañen.

Cuando tu empresa se ataca a sí misma

¿Cómo saber si una empresa se ha hecho demasiado grande?

Un señal inequívoca es cuando se demanda a sí misma, y contrata a abogados diferentes para demandarse y defenderse. No es broma. Es lo que ha hecho Wells Fargo.

El banco tiene dos hipotecas en un bloque de apartamentos en Sarasota, Florida, que pertenecen todos al mismo dueño. En un caso de ejecución hipotecaria respecto a la primera de las hipotecas, ha demandado a los tenedores de las hipotecas del resto de apartamentos, lo que incluye al propio banco. Así que para defenderse de si mismo, ha contratado a una firma de abogados diferente, que por supuesto ya ha escrito para defender a Wells Fargo (el demandado) de Wells Fargo (el demandante).

Sin llegar a estos extremos, es frecuente que en empresas grandes la coordinación deje mucho que desear. Departamentos que compiten entre sí e incluso entran en guerras de precios, mensajes incoherentes al mercado, personas o equipos enteros que actúan contra el bien de la compañía…

Pero incluso en las empresas pequeñas podemos estar “disparándonos en nuestro propio pie” sin ser conscientes de ello. Después de reírte de Wells Fargo, piensa: ¿seguro que en todo lo que hace mi empresa no hay nada que no vaya contra los intereses de la misma?

Creative Commons License photo credit: Steve Punter

Llegando a Ítaca


Cuando a empecé a escribir esta serie, cité de pasada el conocido poema de Kavafis Viaje a Ítaca. No fue casualidad. Kavafis utiliza la historia de Ulises como metáfora de la vida, pero crear una empresa también es un viaje lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A lo largo de los anteriores posts, hemos advertido del peligro de los temibles cíclopes y las irresistibles sirenas, del colérico Poseidón que levanta olas que amenazan a nuestro frágil barco. Pero también hemos descubierto la felicidad de arribar a una playa nueva, de ser libre para elegir cada día el rumbo que vas a tomar, de comerciar con los fenicios y aprender de los sabios egipcios.
Si hemos sorteado los peligros y hemos conseguido convertir una situación de paro en una empresa rentable, que aporta valor a sus clientes y que crea trabajo para nosotros e incluso para otros, ha llegado el momento de saber qué hacer con ella.
¿Queremos limitar su crecimiento y quedarnos satisfechos con una empresa que nos permite vivir con libertad? ¿Queremos que crezca y que podamos decir a nuestros hijos eso de “algún día todo esto será tuyo”? ¿Nos quedaremos en nuestra ciudad o abriremos delegaciones en Londres y Los Ángeles? ¿Queremos vendérsela a Google o a Telefónica por unos cuantos millones?
No es absurdo preguntarse esto. Es muy posible que al principio toda nuestra ambición fuera generar los ingresos suficientes como para mantenernos a nosotros mismos decentemente. Pero si la empresa va bien, tendremos que tomar decisiones muy concretas en función de como queremos que esté dentro de cinco o diez años: trabajar más o menos tiempo, contratar directivos, reinvertir los beneficios, rechazar oportunidades, buscar financiación…
Sea lo que sea lo que decidas, estará bien. No hay una respuesta correcta a la pregunta de qué hacer con tu empresa. Si tienes el gusanillo del emprendedor te aburrirá gestionar una empresa madura y preferirás venderla y crear otra nueva. Si te apasiona lo que haces procurarás seguir en lo mismo toda la vida.
Crear una empresa con éxito te permite tomar estas y otras muchas decisiones. Y sobre todo, te permite ser dueño de tu vida. No volver a depender nunca más de que la empresa para la que trabajas pase una mala racha, o de tener problemas con el jefe. No volver a hacer un día y otro día y otro día algo que no te apetece hacer.
Steve Jobs, en su famosos discurso en Stanford, decía esto:

[...]durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Dicho queda. El premio por arriesgarse a emprender es la libertad, el conocimiento, la experiencia. Mirarte al espejo por la mañana y sentir que si fuera el último día de tu vida harías lo mismo que vas a hacer.
Termino con el poema de Kavafis. Léelo, piensa en ello, prepara el barco, contrata a la tripulación y parte cuanto antes.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

La traducción es de Pedro Bádenas de la Peña

Creative Commons License photo credit: Amir K.

Foco

Ahora tu empresa ya está lanzada: está formalmente constituida, tienes las operaciones en marcha, estás desarrollando un plan de marketing, vendes, controlas las finanzas… ¿Qué debes hacer ahora?
Hacer caso de este párrafo del Bootstrap Manifesto de Seth Godin:

Soy un rayo láser. Las oportunidades intentarán nublar mi foco, pero no abandonaré mi objetivo ni mi plan; hasta que lo cambie. Y sé que los planes están hechos para ser cambiados.

El riesgo de aceptar cualquier cosa que se ponga a tiro

El proceso de poner en marcha una idea empresarial es ilusionante, pero el día a día puede ser muy duro. Más al principio, cuando sobran los problemas y faltan los recursos. Cuando los clientes tardan en llegar, los pagos se multiplican y el dinero con el que contabas desaparece entre tus dedos sin saber cómo.

Y surgen oportunidades que parecen atractivas. Proyectos que no son exactamente lo que tú quieres hacer, pero que te pueden hacer ingresar unos miles de euros. Clientes que no son exactamente el tipo de cliente para el que quieres trabajar, pero qué vas a hacer si otros tardan en aparecer.

En realidad, es un espejismo similar a lo que pasa con el atractivo sexual de las parejas potenciales según avanza la noche y el nivel de alcohol en sangre: lo que antes te parecía un orco de Mordor ahora podría ser portada de una revista de moda.

El problema de dejarse llevar por este espejismo es que normalmente tenías una buena razón para no embarcarse en este tipo de proyectos: dan más disgustos que dinero. Te consumen una gran cantidad de tiempo, te impiden dedicarte a tu objetivo, generan frustración y malos rollos en tu equipo…

También puede sucederte si te dedicas a los productos y no a los servicios: llevándolo al extremo, si tu idea de negocio era una tienda de productos ecológicos, no puedes poner una estantería con transgénicos, por mucho margen que dejen, porque acabas confundiendo a tus clientes, a tus colaboradores y a ti mismo.

Y también es un problema dejar el nicho de mercado que te habías propuesto conquistar. Solo puedes ser el mejor especialista en marketing de Internet para restaurantes si te dedicas por completo a los restaurantes y no aceptas trabajar para ferreterías o despachos de abogados.

Al final, cuando pierdes el foco, pierdes esa ilusión y esas ganas de dedicarte en cuerpo y alma a tu empresa que son tan necesarias para sobrevivir a los tiempos difíciles. Y acabas abandonando desmoralizado, suspirando por un trabajo normal en el que solo tengas que lidiar con un jefe y no con varios clientes irracionales.

Otra cosa, como dice Godin, es que descubras que tienes que cambiar tu plan original. Que haya una oportunidad de negocio que no hayas detectado al principio, pero que encaja en tu idea de empresa. Si es así, fenomenal: analízala, intégrala en tu oferta y asúmela como propia.

El riesgo de dispersarse

Un emprendedor es un ser inquieto por naturaleza. Tiene ideas constantemente, ve claramente oportunidades que a la mayoría se le ocultan… y esto es un grave peligro para la supervivencia de la empresa.

Poner en marcha una empresa es un proceso ilusionante que requiere creatividad, pero después el día a día puede ser agotador. En esos momentos, uno levanta la vista, descubre ideas atractivas que parecen más fáciles de llevar a cabo, conoce a emprendedores de éxito que están en negocios que parecen muy fáciles, y considera que está siendo un estúpido por empeñarse en sacar adelante una idea con tantos problemas.

Por seguir con los símiles erótico-relacionales, se trata del equivalente a la crisis que sufren muchos matrimonios después de unos años de casados. Ya conoces todos los defectos de tu pareja, y empiezas a ver por ahí gente divertida, atractiva, que aparenta no tener problemas y con los que la vida sería una continua fiesta de vino y rosas.

En realidad, esas parejas potenciales y esas ideas de negocio tienen sus propios problemas, solo que cuesta descubrirlos cuando solo les echas un vistazo superficial. Como ya hablamos en su momento, la idea de negocio no vale nada. Cuenta la ejecución. Y cuesta un gran esfuerzo sacar adelante cualquier empresa.

Por eso, procura ponerte orejeras como las de un burro, tápate las orejas como hizo Ulises para no escuchar a las sirenas, y sigue adelante con tu idea.

Y si hablas con un emprendedor exitoso, procura aprender de sus métodos, no de su idea.

Creative Commons License photo credit: lecates

Tecnología para tu empresa

Sea como sea tu negocio, necesitarás unas herramientas tecnológicas para dirigirlo y gestionarlo. Tu responsabilidad más importante es saber cómo están las cosas, y eso supone manejar información y compartirla con otros. Ahora bien, antes de lanzarte a por un ADSL, un ordenador y una impresora, debes saber qué necesitas, para qué lo necesitas, y como puedes conseguir que sea fiable y barato a la vez.

La buena noticia es que ahora cualquier microempresa puede tener, por muy poco dinero e incluso gratis, herramientas tecnológicas que antes solo estaban reservadas a las grandes. Si creara una empresa ahora, esto es lo que yo haría:

1. Compra un portátil barato para cada trabajador. Los hay por 400 euros, ya no hay diferencia de precio respecto a los sobremesa, y un portátil te permite trabajar desde cualquier sitio. Podrías comprarlo de segunda mano, pero el problema es que las baterías van dando menos tiempo útil con el uso, y te puedes encontrar con que tu portátil no aguante más de 10 minutos sin estar enchufado. Procura que sea de una marca conocida: Acer, HP/Compaq, Dell, Lenovo. Así tendrás mejor soporte, más facilidad para repararlo, encontrar drivers, etc.

En cuanto a características, con que tenga unos cuantos puertos USB, ya vale. Lo demás (memoria, procesador, disco…) seguro que viene en cantidades de sobra para tus necesidades.

No se te ocurra usar el mismo equipo que tienes en casa para que los niños hagan los deberes o que usas tú para jugar. Primero por la tentación que supone echar una partidita a un juego que ya tienes instalado, luego por la mala imagen si lo llevas a un cliente y aparecen iconos de juegos (o imágenes guarras, que todo puede pasar), y por útlimo porque te juegas que en plena entrega de proyecto, cuando más lo necesitas, hagan su efecto los virus que has ido pillando por ahí.

2. Instala Ubuntu. Aprender a usarlo puede tener una pequeña curva de aprendizaje, pero te será rentable en el tiempo que ahorras a medio plazo. Tienes ya preinstalado la mayor parte del software que necesitas, y las actualizaciones no pueden ser más sencillas. Cuando hay que actualizar algo, Ubuntu te lo propone, das a aceptar y él se encarga de todo. Nunca tendrás un virus, ni tendrás que reinstalarlo entero porque el registro se ha ido corrompiendo al instalar y desinstalar software. Si necesitas ejecutar un software de Windows, puedes usar Wine (se ejecuta como si fuera una aplicación Linux) o VirtualBox (se instala muy fácilmente, y es una máquina virtual, lo que supone tener un Windows completo ejecutándose dentro de Ubuntu).

Ah, y con Ubuntu todas las aplicaciones son libres y gratis, con lo que no tienes que elegir entre pagar cientos de euros por una licencia o estar en una situación legalmente precaria.

3. Contrata un móvil para la empresa. Aunque la empresa seas tú solo y ya tengas tu móvil particular. Conviene distinguir entre uno y otro, que no te llame un amiguete en mitad de una reunión importante, o que el tono sea demasiado “festivo”, o que se te mezclen en la agenda contactos profesionales con familiares. Y sobre todo, que puedas tener una factura separada y conozcas los costes que supone la telefonía móvil para tu empresa.

4. Valora la conexión a Internet móvil. Si solo trabajas desde casa no te hace falta, pero si te mueves puedes ser mucho más productivo si eres capaz de conectarte en cualquier momento sin depender de wifis ajenos.

5. Registra tu dominio y abre una cuenta Google Apps para tu empresa. Registrar el dominio cuesta alrededor de 10 euros al año, y es un elemento fundamental para establecer tu marca. Google Apps es gratis para el nivel de prestaciones que requiere una pyme, y te ofrece correo electrónico con las prestaciones de Gmail pero con tu dominio propio, además de otras herramientas de colaboración.

6. Contrata un hosting para tu página web. Ahora cualquiera que se interese por tu empresa esperará encontrarla en la web, de modo que tienes que tener una. Hay hostings decentes por algo menos de 100 euros al año, de modo que tampoco es un gran gasto. Asegúrate de que tu proveedor de hosting ofrece una instalación fácil y automática para WordPress, Joomla o Drupal, que son gestores de contenidos libres que te facilitarán la creación de una web con aspecto profesional. Tienen además módulos con los que puedes hacer cosas como enviar emails a clientes que se suscriban a un servicio de noticias, hacer comercio electrónico y muchas cosas más.

7. Date de alta en LinkedIn, Facebook y Twitter. Para sacar partido a Facebook y Twitter tienes que dedicarle un tiempo (y pensar bastante tu estrategia), pero para muchas empresas incipientes son excelente herramientas de marketing. En LinkedIn puedes encontrar contactos profesionales que pueden serte de ayuda.

8. Usa aplicaciones on-line. Si vas a trabajar desde casa, colaboras con freelance o con otras empresas que no están en tu oficina, viajas, tienes que trabajar el fin de semana… necesitas tener acceso permanentemente a tus aplicaciones, estés donde estés. El portátil soluciona parte del problema, pero si tus aplicaciones están en Internet ni siquiera dependes de que tu ordenador funcione. Si ocurre un desastre puedes pillar cualquier ordenador, ir a cualquier sitio que tenga Internet y seguir trabajando con todos tus datos.

En ASPGems ofrecen desde hojas de gastos hasta aplicaciones de gestión de ventas, muy fáciles de usar y muy baratas o incluso gratuitas. Y 37Signals tiene también aplicaciones sencillas (baratas o gratis para uso básico) para gestión de proyectos o compartir ficheros.

9. Usa una aplicación de gestión de ventas. Tu tarea fundamental, lo que debes hacer todos los días sin excepción, es vender. Las ventas (y los consiguientes cobros) son el fluido vital de tu empresa. Sin ventas, no hay negocio y cierras. Así que te interesa tener muy controlado todo el proceso: con quién contactas, en qué momento del ciclo de ventas está cada oportunidad, qué acciones has hecho con cada cliente, a quién tienes que llamar o enviar una información…

Puede ser la de ASPGems, SalesForce (que es la reina en este campo, pero es posible que sea un poco compleja) o una aplicación software libre que instales en local o en tu hosting (vTiger o SugarCRM). Lo que sea, pero usa algo más que tu memoria, tu correo electrónico y tu móvil.

10. Aplicación de facturación y contabilidad. Al principio es posible que baste una hoja de cálculo, si una gestoría lleva tus papeles. Pero en cuanto las cosas se compliquen y tengas varios clientes y varias facturas al mes, necesitas un poco más de control. En softonic puedes encontrar aplicaciones gratuitas que pueden cumplir perfectamente este cometido.

11. Usa Google Docs. Aunque Ubuntu venga con OpenOffice (que también existe y es gratis para Windows), te interesa usar Google Docs. Para documentos sencillos es más que suficiente, te facilita enormemente colaborar con otros en el mismo documento, y Google se encarga de guardarlo y que siempre esté disponible en Internet, allí donde lo necesites.
Hay quien tiene problemas con la confidencialidad, pero seamos realistas: ni tu empresita ni sus documentos le importan a nadie. Si alguna vez llegas a desarrollar secretos industriales que a Google pueda tener tentaciones de robarte, a lo mejor tienes que plantearte alguna alternativa. Para el 99,9999% restante, Google Docs es perfecto.

12. Usa Firefox. No solo porque es mucho más seguro que Internet Explorer, sino porque has centenares de extensiones que pueden hacer que seas mucho más productivo en Internet.

13. Impresora multifunción. La oficina sin papeles es una utopía: lamentablemente, tendrás que imprimir alguna vez. Si ya tienes una impresora en casa puedes tirar con ella al principio, pero las máquinas no son caras (lo que es caro es la tinta) así que tener dos supone una cierta tranquilidad y no mucho más coste.

Si la impresora además tiene escáner, es conveniente que adoptes la costumbre de escanear cualquier documento según lo recibas. De este modo, y si lo ordenas bien, puedes tener fácilmente una copia siempre a mano sin necesidad de bucear en carpetas y archivadores. Y además funciona como fotocopiadora, que resulta muy cara para muchas copias, pero te evita desplazamientos si tienes que hacer pocas copias.

En cuanto al fax, no soy partidario. Aunque todavía hay quien te pide un fax de vez en cuando, en general suelen aceptar la alternativa de que envíes un correo electrónico. Y si es imprescindible enviar, siempre puedes ir a un locutorio o similar que tengan el servicio.

Aparte de esto, habrá necesidades específicas en función de tu negocio: aplicaciones de diseño, software de CAD, lo que corresponda en cada caso. Siempre es una buena práctica valorar varias alternativas y hacer un pequeño análisis de prestaciones / coste antes de elegir. Y uno de los criterios debe ser siempre la sencillez y facilidad de uso. No todo el mundo necesita PhotoShop para retocar fotos, por ejemplo. Para usos comunes (recortar o corregir luminosidad o colores), con Picasa que es gratis basta y sobra.

Lo que no es recomendable es usar software pirateado. Entre otras cosas, porque suelen ser una vía de entrada de virus. Menos aún si tienes empleados: supone una señal no verbal de que en tu empresa se aceptan comportamientos cuando menos poco elegantes.

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