Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

¿Cómo sabes que estás trabajando en lo que debes?

Eric Ries cuenta en su libro The Lean Startup que empezó a plantearse el problema de las startups cuando era responsable técnico de una y se dio cuenta que la medida de productividad que se usaba en las empresas consolidadas no servía en la suya. En concreto, él era responsable de programación de una aplicación web, y en el mundo corporativo la productividad de un equipo de programación se mide por las líneas de código que ha sido capaz de producir al cabo de un día.

En un entorno corporativo se sabe con un grado importante de certidumbre qué es lo que hay que hacer: un informe de ventas por familias de producto, una aplicación para que los empleados puedan comprobar su nómina en la intranet, este tipo de cosas. Pero en una startup el equipo de desarrollo puede estar trabajando en una funcionalidad que el cliente no va a apreciar. Y ser extraordinariamente productivo en el desarrollo de esa funcionalidad según al métrica tradicional. Pero claramente el equipo está trabajando en lo que no debe, y dejando de lado otra funcionalidad que podía haber sido clave para conseguir más clientes.

De ahí vino la idea de producto mínimo viable, de experimentar, medir y pivotar lo más rápido y lo más barato que fuera posible. Si no sabes lo que tienes que hacer tu objetivo no debe ser hacer las cosas muy rápido, sino aprender lo antes posible qué cosas debes hacer.

Esto no pasa solo en el tema de desarrollo de una aplicación. Demasiadas veces el emprendedor trabaja horas y horas en temas que al final del día generan satisfacción personal por todo lo que se ha hecho, pero que si se analizan no está nada claro que hayan servido para hacer progresar a la empresa. Por ejemplo, todo lo relacionado con el local, o con la imagen corporativa, o con la constitución legal de la empresa.

Olvídate de todo eso. Tu misión principal como emprendedor no es buscar oficinas, ni amueblarlas, ni diseñar tarjetas de visita o páginas web. Tu misión es, cuanto antes y lo más barato posible, encontrar una solución a un problema. Una solución por la que tus clientes estén dispuestos a pagar, y que te cueste menos que lo que te van a pagar por ella.

Todo lo demás ya llegará, si es que tiene que llegar, cuando sepas que tienes un negocio.

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Crear tu primer producto en poco tiempo, con poco dinero y mucho esfuerzo

Este es un post invitado. No está escrito por mi, de modo que no tiene por qué coincidir con mis puntos de vista o mis opiniones, pero me ha parecido interesante compartirlo en Desencadenado.

Quienes estén pensando en crear una empresa y a partir de ella desarrollar un negocio rentable a largo plazo, ya sabrán que no hay atajos, no existen autopistas y siempre tendrán que hacer alguna inversión, por poca que sea. En mi opinión en lo primero que debes invertir es en el producto.

Aunque no tengas dinero, si logras ser eficiente y tener a mano las herramientas adecuadas, en poco tiempo puedes tener un producto apto para su comercialización.

Si piensas que crear un producto no es necesario(¿tienes un “empleo estable”?), solo dejo para la reflexión individual una frase que lancé en Twitter hace unos días como continuación de un post en mi blog:
Lo más inestable que existe para un profesional es el “empleo estable”. Y lo dice alguien que lleva 17 años trabajando en la misma empresa, en donde está haciendo carrera, con un clima laboral satisfactorio y que es tomado en cuenta en los planes de futuro de la compañía. Está claro que si llegó a esta conclusión no es de modo reactivo, sino proactivo.

Si alguien lo duda, cabe preguntarse si es normal que en un país de los que se denominan desarrollados es normal que una de cada cinco personas en capacidad de trabajar no encuentre un empleo. Afortunadamente, los profesionales que tengan un producto propio en su portafolio minimizarán mucho el riesgo derivado de su “empleo estable” porque bien tendrán otros ingresos o bien porque tendrán una ventaja en la percepción de su marca personal, cosa que mejora mucho la empleabilidad.

Tener un producto propio dice mucho de lo que eres capaz de hacer, a diferencia del CV y ya sabes lo que dicen y aplica para el CV, el papel lo aguanta todo.

¿Qué fue primero, el producto o la empresa?

Son muchos los que crean una empresa sin tener un producto, seguramente porque tienen muy claro que quieren tener una empresa y tienen una idea general de lo que van a ofrecer pero sin haber desarrollado una oferta concreta al respecto. Esto es un error que lo viví en carne propia con mi primera y mi segunda empresa. Cuando tenía 19 años establecí con mi hermano Gabriel una empresa de servicios tecnológicos, enfocada a la venta y mantenimiento de ordenadores y venta de equipos y suministros. Habíamos estudiado el mercado, existía demanda, conocíamos a la competencia y hasta teníamos un proveedor de equipos que nos garantizaba un margen adecuado.

No obstante, nuestra empresa tenía tres problemas iniciales: el primero es que no teníamos clientes ni referencias. El segundo, es que ofrecíamos un producto genérico que vendían muchísimas empresas similares a la nuestra; casi era como no tener un producto. El tercer problema y fue el más grave de todos, es que lo que sí teníamos eran costes fijos. Eran bajos, pero fijos. Habíamos alquilado una oficina, nos dimos de alta en todo lo que la ley exigía pero que se podía haber aplazado y por tanto comenzamos a pagar impuestos y tasas, hicimos tarjetas de presentación, papelería y un largo etcétera y todo esto antes de saber si íbamos a tener clientes.

Al final, fueron viniendo las ventas y en un momento dado pudimos firmar un contrato con una sucursal del Citibank que se encontraba fuera de la ciudad y necesitaba un servicio de mantenimiento para sus servidores.
Este contrato nos aportó una relativa estabilidad ya que cubría los gastos y nos dejaba algo de dinero pero luego de tres años funcionando, decidimos que no merecía la pena continuar y quedó como un proyecto formativo que me aportó tanto o más que el máster en dirección que hice años después.

Dicen que los seres humanos no chocamos dos veces con la misma piedra, pero no es verdad. A los 24 años me embarqué en una segunda empresa, algo distinta. Había finalizado la carrera de empresariales y decidí probar con una empresa de consultoría para pymes. No solo me volví a meter en gastos fijos antes de vender y tener clientes, sino que además ahora no había ningún producto, ya que era una empresa 100% de servicios. Tenía una socia que se incorporó más tarde, Liliana, que no solo es buena consultora, sino que además es una excelente comercial siendo esto último su principal aporte.

Por tanto vinieron clientes y comenzamos a facturar y en el camino nos centramos tanto en la consultoría como en la formación. Así estuvimos tres años pero al igual que la primera experiencia, la ausencia de una base de clientes permanente producía una descompensación en la cuenta de resultados, a pesar de que se cubrían los costes y es que una empresa crea valor para sus propietarios cuando la inversión (y eso incluye el tiempo que has dedicado a crear la empresa) no solo produce rentabilidad, sino que además la rentabilidad es mayor a la que produce el dinero ocioso en el banco. Dicho de otro modo, una rentabilidad del 3% sobre la inversión está bien, pero tu empresa no crea valor a los accionistas si el banco te paga el 5% en un depósito a plazo fijo. En aquel entonces estaba en Panamá y se pagan estos tipos de interés por los depósitos bancarios.

Para mí esos dos fracasos me aportaron dos importantes lecciones que no me las enseñaron en la facultad de empresariales y que quiero compartir contigo ahora:

1. Una empresa no es más que el medio que facilita que la solución de un problema llegue a las personas

2. Un producto no es más que el medio en el cual se entrega la solución de un problema a las personas, sea un bien o sea un servicio. Un servicio se puede empaquetar.

Muchas veces los emprendedores crean la empresa antes del producto y esto trae como consecuencia que el punto de equilibrio (cuando tus ingresos son mayores a los gastos) se alargue en el tiempo porque estás financiando cosas que no tocan al inicio. Por tanto, mi consejo es que o bien la empresa sea el primer producto (ejemplo Google.com o
Toprural.com) o que el producto, sea el que sea, lo diseñes y promociones incluso antes de crear la empresa. Es lo que Borja ha comentado muchas veces aquí: antes de emitir la primera factura, y por tanto constituir legalmente tu empresa, hay muchas cosas a hacer relacionadas a buscar clientes.

Hoy en día Google en una empresa con una amplia variedad de productos pero todos vinculados a la misión de Google: “organizar la información mundial y hacerla accesible y útil de manera universal” y esto es así desde el primer producto de la empresa, el buscador, que fue creado antes de la empresa. Google, Inc. existe porque antes se creó Google, el buscador.

Soy consciente de que el ejemplo de una empresa de la magnitud de Google puede resultar intimidante para un profesional individual que tenga alguna idea de pequeño negocio en su cabeza. Pues bien, en España todo el mundo sabe que hace poco HomeAway compró Toprural, una empresa que se fundó alrededor de un producto (un buscador de alojamientos rurales), sin financiación externa, sin experiencia en el negocio, tres personas en sus inicios y sin oficinas (una habitación y el comedor de los fundadores).
Si había algo que tenían muy claro en Toprural desde el principio era que no podían apartarse del objetivo de la empresa: ayudar a las personas a encontrar el alojamiento rural que están buscando. ¡Nunca olvides cuál es el problema que quieres resolver! Si pierdes esto de vista te alejarás de tus clientes y por tanto de las ventas. Todo se centra en eso: solucionar un problema.

¿Qué problema puedo solucionar hoy?

Muchas personas piensan que se requiere de una gran idea para crear un gran producto. ¡Falso! Más que grandes ideas se necesitan buenas soluciones. Recuerda que un producto es la forma en la que entregas la solución de un problema.

Otro mito que existe es el relacionado a la innovación. Hay quien supone que para innovar hace falta hacer algo “rompedor”. ¡Falso! Innovar conlleva básicamente dos cosas:

1. Aportar valor a tu cliente, es decir solucionar su problema superando sus expectativas. No basta con resolver un problema de cualquier manera.

2. Conseguir que tu aporte sea adoptado, es decir que sea utilizado de
Forma recurrente.

Así que olvídate de encontrar una “gran idea” y deja de darle vueltas a la cabeza. Empieza a ver y a escuchar lo que sucede a tu alrededor y descubrirás un montón de problemas que no están resueltos o que están mal resueltos. Lo mejor, que alguno de esos problemas tú los puedes resolver.

Una década después de mi segunda empresa, decidí fundar la tercera (¿la tercera es la vencida? espero que no, confío en que exista una cuarta y una quinta) pero he decidido llevar el proceso desde otra perspectiva y he trabajado ahora muchas cosas de forma distinta.

Estoy absolutamente seguro que sin los dos fracasos anteriores (me ha encantado fracasar dos veces) no hubiera llegado a esta conclusión y a una reflexión que deseo compartir contigo sobre el proceso para resolver un problema. Este proceso para mí tiene tres pasos y son los siguientes:

1. Mirar hacia dentro: tiene que ver con tus deseos, habilidades, lo que te gusta hacer para ti, lo que puedes ofrecer a los demás.

2. Mirar hacia fuera: tiene que ver con los participantes del mercado, qué productos (soluciones de problemas) existen, quienes lo comercializan, de qué manera y cómo se relaciona con tu idea.

3. Resolver un problema: recuerdas lo que decía antes, “un producto no es más que el medio en el cual se entrega la solución de un problema a las personas, sea un bien o sea un servicio”. Pues bien, este paso tiene que ver con el desarrollo de tu propio producto para tu negocio basado en lo que has encontrado al mirar hacia dentro y mirar hacia fuera.

¿Miramos hacia dentro?

No suelo dar consejos que no haya puesto en práctica personalmente.
Luego de mirarme hacía dentro, conseguí concretar una frase de presentación para explicar lo que hago y por qué. Es la frase que utilizó en la mayoría de mis perfiles y dice: “Escribiendo por Afición | Formador por Vocación | Emprendiendo con Convicción”. ¿Quieres mirarte hacia dentro? Hacerlo te puede ayudar contestar las siguientes preguntas.

1. ¿Cuáles son tus aficiones? Una forma fácil de identificar las aficiones es detectar las cosas que te gusta hacer para ti mismo. En mi caso, me gusta escribir, lo hago por afición, aunque luego me sirva además para propósitos profesionales. Es por eso que uno de mis primeros productos ha sido un libro.

2. ¿Cuáles son tus vocaciones? Si lo decimos de otro modo, la pregunta puede ser ¿qué te gusta hacer para los demás? En mi caso me gusta enseñar, siempre me ha gustado la docencia, con lo cual he acabado atando la afición de escribir con la vocación de enseñar para transmitir algunos conocimientos prácticos a través de un libro que ayude a otras personas a solucionar un problema concreto. Al final, este libro se ha convertido en un producto.

3. ¿Cuáles son tus convicciones? Hacer algo para ti qué puedas compartir con lo demás está muy bien pero, si adicionalmente lo haces con un total y absoluto convencimiento pues mucho mejor. En mi caso, estoy absolutamente convencido de que emprender en buena parte es una cuestión de actitud y menos de genética. Es por ello que los productos y servicios que estoy creando implican documentos (afición de escribir) destinados a la formación profesional (vocación de enseñar) acerca de unos temas sobre los cuales tengo un convencimiento absoluto: convicción de emprender.

Fíjate que no hablo para nada de lo que sabes hacer. Doy por supuesto que tus habilidades, conocimientos y experiencias formarán parte de la creación de tu primer producto y todo ello (habilidades, conocimientos y experiencia) son muy importantes pero no son el punto de partida ya que estas cuestiones bien las puedes aprender o bien te puedes complementar
(¿Con un socio quizás?) No obstante, lo que es realmente imposible es obtener pasión de dónde no lo hay. ¡Mira hacia dentro y te sorprenderás de lo que puedes llegar a encontrar!

Para mi este es el punto de partida y aquí he puesto el ejemplo de un libro siendo un producto que requiere mucho esfuerzo, sobre todo en tiempo dedicado, pero pocos recursos económicos. No obstante, estos tres elementos son aplicables a muchos otros productos. ¿Eres un aficionado a las motocicletas con vocación por divertir a las personas? ¿Tienes afición por el turismo, vocación ecológica y la convicción de que un mundo sostenible es posible? Da igual lo que encuentres al “mirar hacia dentro”, lo importante es que seas capaz de unir todo lo que encuentres para descubrir lo que te apasiona, porque crear un producto, sea cual sea, requiere mucho esfuerzo y la pasión ayuda a mantener la constancia y acabar las cosas y uno de las mayoras causas de muchos fracasos es justamente no acabar lo que se empieza.

¿Cómo crear un producto en poco tiempo?

Ahora que sabes lo que te apasiona, te dejo mi lista de puntos clave para conseguirlo en poco tiempo.

1. Concéntrate: debes tener presente que moverte no significa avanzar.
Debes huir de todo lo que implique hacer cosas sin conseguir resultados y de las actividades improductivas. Ya te dije que todo esto va a requerir mucho esfuerzo pero el esfuerzo por sí mismo no produce nada y por tanto debes valorar que tu esfuerzo produce avances.

Te será muy útil desde el inicio del proyecto de creación de tu producto un cronograma de actividades que puedas revisar periódicamente para evaluar tus avances.

2. Empieza con un “Kick-Off”: esta palabra que viene del inglés significa lanzamiento y se utiliza mucho en los partidos de futbol americano para expresar el momento de la patada inicial. Pues bien, permítete empezar la creación de tu primer producto con un “Kick-Off” procurando que el lanzamiento, ese momento inicial, recorra toda la cancha y si es posible saque la pelota del estadio. Dicho de otro modo, permítete el tiempo suficiente, desde un ocaso hasta el amanecer, toda una tarde, un fin de semana completo, pero el tiempo que te puedas permitir y el suficiente para tener un cronograma completo que te permita organizar las siguientes sesiones de avance en tu proyecto y una buena parte del mismo bien dibujada.

3. Tu objetivo es una primera versión ÚTIL, no una primera versión completa: esto es válido para cualquier tipo de producto, sea digital o sea físico. No alargues el lanzamiento hasta tener un súper producto con mil funcionalidades. Para eso existen las versiones, las actualizaciones y las extensiones de línea. Tu objetivo es salir pronto, acabar rápido y solucionar un problema de alguien allí fuera pronto. Esto no significa entregar un mal producto, NO. Fíjate que he puesto ÚTIL en mayúsculas.
Debes procurar innovar (aportar valor con tu producto y que el mismo sea utilizado) y sin clientes pronto no hay innovación ya que la innovación implica que tu producto sea utilizado una vez y luego adoptado.

4. Encuentra un nicho: ¿Qué es un nicho? No es un mercado. El mercado es donde se encuentran compradores y vendedores. Tampoco es un segmento. El segmento del mercado es una parte del mismo que comparte para un grupo más o menos uniforme de consumidores, características y necesidades semejantes. La segmentación puede ser geográfica, demográfica, psicográfica o conductual.

¿Entonces qué es el nicho? Un nicho es una porción de un segmento de mercado, en donde los consumidores con unas características homogéneas tienen necesidades que no han sido atendidas por la oferta general del mercado.

Uno de los problemas que alargan el proceso de creación de un producto es la adecuación del mismo al consumidor objetivo. Por tanto, en la medida que tengas muy claro cuál es tu nicho podrás reducir el tiempo de desarrollo de tu producto.

5. Empieza con un infoproducto: el proceso de creación de producto que describo aquí es válido para cualquier tipo de producto pero si eres lo que denomino un Profesional Empresario, o sea un profesional que está creando una empresa mientras ocupa ocho horas diarias en otra, te vendría bien que tu primer producto sea algo en donde tanto los recursos para desarrollarlo como para posteriormente promocionarlo y distribuirlo sean muy pero muy bajos. Un infoproducto cumple con este requisito, además de ser reutilizable en todo o en parte, sirviendo también como herramienta promocional de otros productos que puedas crear eventualmente. Un infoproducto es conocimiento que soluciona un problema y que está empaquetado (cosa que no hice en mis dos primeras empresas).

Por otro lado, el infoproducto es una buena opción para los Profesionales
Empresarios que inician, porque la experiencia y el conocimiento lo tenemos todos. Si haces una exhaustiva investigación de mercado podrás determinar qué información es la que debes empaquetar para convertirla en un producto. Para ello te vendría bien tener un blog y en eso te puede ayudar Franck de Ingresos al Cuadrado.

¿Cómo crear un producto con poco dinero?

Crear un producto requiere recursos y el dinero es solo uno de esos tantos recursos. Es muy probable que no tengas suficiente dinero ni tiempo, pero estoy convencido que es más fácil conseguir tiempo que dinero en el corto plazo. Partiendo de esta idea, te dejo algunos de mis consejos y que he puesto en la práctica en mi propio caso en menor o mayor medida y con un buen resultado.

1. Organízate: todo lo que sea un “ladrón de tiempo” déjalo de lado. Te sobra tanto el programa tele-basura de la noche como el telediario. La navegación por internet que no tenga que ver con tu producto y que no se ajuste a lo que has estipulado en el cronograma que has hecho en el
“Kick-Off” está de más. Yo escribo para profesionales que al mismo tiempo que están desarrollando su proyecto mantienen un empleo por cuenta ajena. Cómo el día en el planeta Tierra dura 24 horas para todos, bien merece la pena que encuentres un hueco para que cada día a la misma hora te dediques única y exclusivamente a la creación de tu producto. Si no, tienes garantizada la prolongación en el tiempo hasta que llegué el hastío y la desmotivación.

2. Un socio podría ser una buena idea: no tienes por qué hacerlo todo tú, no seas egoísta. Siempre es preferible el 50% de algo que el 100% de nada. Un socio es útil tanto cuando no tienes las habilidades o conocimientos suficientes como cuando no tienes el tiempo o recursos necesarios. Tu socio puede ser de muchos tipos y te puede aportar muchas cosas, desde su trabajo hasta su dinero. Todo depende del producto que estés creando.

De todos modos, lo de incorporar un socio es algo a meditar a profundidad, y en especial lo del reparto de las ganancias, muchas buenas amistades se han perdido así.

3. Un infoproducto requiere principalmente el recurso tiempo: antes ya he hablado que los infoproductos permiten crear un producto en poco tiempo.
Tienen además otras ventajas, como que refuerzan tu marca personal pero además tienen otra: los puedes crear con muy poco (o ningún) dinero. Eso sí, fácil de crear no es, requiere mucho tiempo y el proceso es complejo, pero es una buena alternativa si el dinero escasea. No es broma, te va a tomar mucho tiempo si haces algo de calidad.

4. Un producto basado en web requiere poco dinero: un dominio te costará
10 Euros el primer año y un buen hosting para empezar no más de 80 Euros.
Seguramente necesitarás algunas imágenes profesionales que tendrás que comprar (1 Euro cada una quizás). Puede que con poco más de 100 Euros tengas una plataforma. Pero claro, un dominio vació es eso, un dominio vacío. Lo que hace que un sitio web tenga valor es la solución que ofrece a un problema (nunca olvides esto, el ABC es RESOLVER UN PROBLEMA). Por tanto, sucederá lo mismo que el infoproducto, prepárate a dedicar muchas horas. La ventaja de un producto basado en web es que puedes salir al mercado con una primera versión aceptable que te permita probar si en el mercado hay interés en tu producto antes de seguir dedicando más recursos (tiempo y dinero) y mejorarla sobre la marcha.

El problema, es que no seas programador web pero, hasta eso tiene solución. O inicialmente buscas un socio que sea desarrollador web o trabajas por tu cuenta una versión sin código, la lanzas y solo si la misma es aceptada te apuras a buscar un buen programador como socio para que complete el producto, pero en este caso la incorporación se produce con un producto que ya tiene demanda y clientes y eso lo cambia todo. Yo me estoy decantando por esta opción y el desarrollo de mi último producto que es un producto web, lo he hecho basado en esta idea: un sitio que soluciona un problema pero hecho sin código en su primera versión. Esto me ha permitido lanzarlo en poco tiempo. Me ha tomado seis meses pero ha sido porque he dedicado unas 15 horas a la semana a ello. Si hubiera estado desempleado cobrando el paro me hubiera tomado dos meses. Si la idea sale bien, ya mejoraremos el producto, incorporamos como socio a un programador, vendrá la codificación y las funcionalidades.

5. Crea una marca y consigue la licencia de un producto ya existente: esta es otra opción en la cual no tengo experiencia directa pero es una opción totalmente factible y que no descarto explorar a fondo en el futuro. Contactas con alguien que tiene un producto desarrollado en otro mercado y consigues que lo adapte a una marca que tú vas a explotar en tu mercado. Tu margen será mucho más bajo que si el producto fuera propio pero también es cierto que la inversión inicial tanto en tiempo y dinero será mucho más baja.

Con todo lo que he explicado aquí, está claro que crear un producto requiere mucho esfuerzo, pero también está claro que no solo es posible hacerlo en poco tiempo y con poco dinero, sino que además es necesario.
El mercado de trabajo está cambiando y aquí estamos hoy por hoy hablando de mini-jobs o de head-sharing, además de las tendencias a la externalización y deslocalización del trabajo. Así las cosas, quizás ha llegado el momento que los profesionales asalariados nos comencemos a preguntar si un solo cliente (tu empleador) es una buena idea o bien merece la pena apostar por la diversificación de tu portafolio de clientes a través de un portafolio de productos.

Yo lo tengo claro, he comenzado a crear mis productos propios y este es un camino sin retorno. Y tú ¿te apuntas?

Acerca del autor

Giancarlo Reyna Zorrilla

Consultor y formador online enfocado a los profesionales en activo que están interesados en la creación de una empresa y por tanto del primer producto o servicio de la misma. Emprendedor por convicción, se autodefine como Profesional Empresario ya que compagina su actividad de emprendedor con un empleo por cuenta ajena como Director de finanzas y tesorería en una empresa farmacéutica.

MÁS información sobre crear tu primer producto:
http://www.facebook.com/innselder/app_208195102528120

Blog: http://innselder.com/

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¿Qué hay que hacer para empezar a crear una empresa?

Retomamos las preguntas de los lectores con esta que me plantea María:

Tengo mi tienda virtual montada desde hace meses pero aún no he podido abir las puertas de la misma. Estoy en la parálisis del análisis.

Tengo tantas dudas y veo la idea tan innovadora y a la vez descabellada, que francamente, me he leído los artículos varias veces pero aún no he podido digerirlos.
Para empezar necesitaría más información, a ser posible contrastada y matizada.

Con Google podría encontar info, pero la que yo busco es la antes indicada.

¿Cómo hay que hacer para empezar?

El caso de María es muy frecuente. Hay muchas personas a las que les gusta hacer las cosas bien, y cuando se enfrentan a algo desconocido, como es crear una empresa por primera vez, se sienten abrumados ante todo lo que tienen por delante y todas las posibilidades de cometer errores.

Lo primero que debería saber María (y todos los que estén en su situación), es que hagan lo que hagan van a cometer errores. Cuando emprendes, el error no es una posibilidad, es una certeza. Si tienes suerte, muchos errores ni siquiera sabrás que los has cometido. Nunca sabrás que cambiando el diseño de tu página hubieras conseguido un 15% más de ventas, o que seleccionando un proveedor diferente hubieras conseguido un 10% más de margen, o que poniendo un precio un 25% más alto hubieran aumentado un 30% tus beneficios. Si consigues ventas y ganas dinero, pensarás que has hecho bien las cosas y seguirás así.

Pero los errores están ahí, aunque no los descubras nunca. Y si eres un poco perspicaz, te habrás dado cuenta de la causa de la mayoría de los errores que he puesto como ejemplo: no probar las cosas. Si no haces dos o tres versiones de la página, ¿cómo vas a saber cuál es la más eficaz para convertir a visitantes en clientes? Si no pruebas con varios precios ¿cómo puedes saber cuál de ellos es el ideal para tu producto?

El problema de María no es que le falte información. Es que la está buscando donde no puede encontrarla. Uno puede ir a Google, por ejemplo, y buscar el tema de colores y tasas de conversión. Y tal vez hasta lea cosas como que “el azul vende más”. Y hasta es posible que esa información esté basada en datos reales, y en análisis de cientos de páginas web. Pero no son los datos de tu página web. Después de leer esto (y de colorear de azul tu página), sigues sin saber si en tu caso, con los productos que vendes, para tus clientes, hubiera sido mejor el rosa.

De modo que lo que tiene que hacer cualquier emprendedor que de verdad quiera triunfar no es evitar cometer errores, sino procurar cometerlos rápido, barato y de manera que le sirvan para aprender. Hacer varias versiones de la página web, medir el comportamiento de 1.000 visitantes en cada versión de la página, y tomar decisiones basadas en esos resultados, no en análisis teóricos. Probar distintas estrategias de precios, descuentos, bundles, etc. Probar a hacer publicidad en AdWords, directamente en otras webs especializadas que visiten sus clientes, en Twitter o Facebook.

Probar, medir, aprender y cambiar en función de lo aprendido. Una y otra vez, lo más rápidamente posible, hasta que vayamos dando con lo que nos funciona a nosotros. Dicho de otra manera: lo que hay que hacer para empezar es empezar. Despacito, si quieres, sabiendo que vas a equivocarte, pero empezar. Es la única manera de aprender, ir mejorando y algún día tener éxito.

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¿Qué vas a hacer en los próximos 10 días?

Les he preguntado a los participantes del programa SHERPA si querían que hubiese webinar la semana que viene, o por ser Semana Santa mejor lo dejábamos para la siguiente. La respuesta abrumadoramente mayoritaria es que quieren webinar, of course. Lo cual quiere decir que nuestra sesión semanal les aporta valor (por cierto, quedan horas antes de que el precio mensual por pertenecer al programa se duplique, así que si estás interesado date prisa y pulsa aquí). Pero también quiere decir que son gente activa, dispuesta a invertir su tiempo en ser mejores emprendedores y tener más probabilidades de éxito es su proyecto empresarial.

Tenemos 10 días más o menos festivos por delante. Como mínimo vas a tener dos días festivos, de los de quedarte en casa. ¿Qué vas a hacer con ellos? Si no vas a asistir a un webinar como el del programa SHERPA, ¿qué vas a hacer para que después de estos 10 días seas más sabio, para que tu empresa haya progresado, para que conozcas mejor a tus clientes y sus problemas?

Te doy algunas ideas:

- Asiste a una clase virtual. Por ejemplo, a esta que dio David Heinemeier Hanson en Stanford. Ya que estás en el Entrepreneur’s corner de Stanford, ¿por qué no aprovechas para asistir a 10 horas de clase, una cada día? Cuestan lo mismo que una, es decir 0,00€.

- Leer un libro: El Método Lean acaba de ser traducido, y Generación de Modelos de Negocio lleva ya un tiempo en español. En 10 días puedes leer cualquiera de los dos, o los dos.

- Vender algo en Amazon, o en eBay. Cualquier cosa: un libro usado, un trasto que ya no usas. O mejor vende 10 cosas. Aprende cómo es el proceso de venta en uno de los gigantes del comercio electrónico, descubre qué pasa con las ventas según suba o baje el precio, cuánto influye una buena fotografía o una buena descripción del producto…

- Empezar un blog. Escribí hace poco tiempo unas entradas que pueden darte pistas para empezar con el pie derecho: esta, esta, esta y esta. En 10 días puedes tener el blog montado y al menos 10 entradas escritas.

- Hablar con 10 clientes potenciales. Haz caso a Steve Blank y sal de tu guarida. Si tienes una idea de negocio, no te la guardes como si fueras un hobbit trastornado por el Anillo. Pregunta, escucha y aprende. Si después de las 10 entrevistas la idea de negocio que tenías no ha cambiado te devuelvo tu dinero.

- Hacer algo nuevo. Practica un nuevo deporte, escucha música de un género que no hayas oído antes, ve a un sitio en el que no hayas estado nunca, habla con un desconocido. Si tienes una afición, haz algo que no hayas hecho antes: un nuevo tipo de fotografía, una técnica nueva de pintura, escribe un género que no hayas tocado. Aprende y haz algo interesante.

¿Qué te parece? El día 10 de abril, cuando te levantes y mires lo que has hecho en los últimos 10 días, ¿qué vas a decir?

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¿Que pasa si no cotizo a la Seguridad Social?

Esta semana ha habido dos personas que me han hecho esta pregunta: si creo mi empresa en UK y esta empresa no me contrata como empleado ni me doy de alta como autónomo, no pago Seguridad Social. Entonces ¿no tengo esas coberturas?

Obviamente, las respuesta es que si no pagas a la Seguridad Social, no tienes las prestaciones que van aparejadas a esa cotización.

Estamos tan acostumbrados a una forma concreta de vivir que nos cuesta ver que hay otras vías. Lo normal es trabajar para otro, que el Estado retenga una gran parte de ese sueldo (entre IRPF y Seguridad Social, entre un 40 y un 60 por ciento) y que a cambio nos de una serie de prestaciones “gratuitas”. La sanidad es gratis, sigues cobrando si te pones enfermo y no puedes trabajar, las pensiones son gratis hasta que te mueras, tienes derecho a cobrar “el paro” si te despiden.

Ya el ser autónomo supone romper con alguno de estos hechos asumidos. Pero dar el salto a crear una empresa en otro país supone descartar muchas de estas verdades inmutables y aprender a vivir en otra realidad.

Una cosa que tal vez os sorprenda: puedes ser multimillonario y cobrar el paro. Supongamos que eres un mileurista que típicamente se ha quedado sin trabajo. Y supongamos que tu tío que emigró a América fallece y te deja sus acciones de Apple que compró en el 79 con su amigo Forrest Gump. Y que esas acciones valen ahora 100 millones de dólares. Sigues teniendo derecho a cobrar el paro. Declararás en el IRPF los beneficios que te reporten las acciones y pagarás por ello, pero ser accionista de una empresa, aunque suponga que puedes empapelar tu casa con billetes de 500 euros, no impide que puedas cobrar el paro.

Del mismo modo, crear una empresa en UK no interrumpe a priori tu derecho a cobrar el paro. Otra cosa es que, como preguntaban los lectores, ser accionista de una empresa no te proporciona cobertura de la seguridad social. Si no tienes una vía de cotización aquí, te quedas sin esas prestaciones.

¿Qué puedes hacer entonces si quieres ir al médico cuando te pongas enfermo y quieres poder dejar de trabajar cuando seas un anciano?

Una alternativa es que tu empresa británica te contrate. La ventaja con respecto a ser un asalariado “al uso” es que como tú eres el dueño de la empresa decides el sueldo de tus empleados, y puedes elegir lo que sea más beneficioso para ti, es decir, qué parte de los beneficios cobras como sueldo y qué parte cobras como dividendos.

Otra posibilidad es cotizar voluntariamente a la Seguridad Social. Si quieres, no te van a poner pegas. Lo hacían antes algunos autónomos para mejorar la pensión de jubilación, por ejemplo. No trabajas, eres simplemente accionista y vives de las rentas, pero tienes esta cobertura que pagas religiosamente.

Y la tercera alternativa es construirte tu propia “seguridad social particular”. Ahorra tú mismo lo que quieras para tu jubilación y contrata el seguro médico que quieras. No va a ser más caro que la Seguridad Social, y tienes muchas, muchas más probabilidades de que lo que ahorres ahora se convierta en una pensión decente en el futuro.

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¿Te han despedido? Consuélate, a tu empresa tampoco le queda mucho tiempo

Las víctimas de la crisis financiera han sido, como no podía ser de otra manera, los más débiles. Los empleados más fáciles de despedir, las empresas con menos capacidad para aguantar. Esta crisis acabará como han acabado otras cuando llegue algo de sensatez a los gobiernos y dejen de intentar apagar el fuego con gasolina (más créditos y más dinero barato).

Pero la otra crisis, la que están causando las tecnologías de la información y las comunicaciones, no solo va a acabar con los empleados y las pequeñas empresas débiles. Acabará con las multinacionales y las grandes corporaciones. Y no es que lo diga yo, que como todos los bloggers hablo por hablar sin tener ni idea. Lo dijo Ronald Coase, que es premio Nobel de economía. Y lo dijo ya en 1937.

Al bueno de Coase se le ocurrió preguntarse por qué existen las grandes corporaciones. Para la mayoría de la gente, nacida en un mundo en el que basta salir a la calle para ver logotipos de empresas con decenas o cientos de miles de trabajadores, las grandes compañías son una obviedad. Pero estas grandes compañías apenas existían hace 150 años. ¿Por qué surgieron y dominaron el mundo económico del siglo XX como los dinosaurios dominaron el Mesozoico?

La respuesta de Coase es que una gran corporación reduce los costes de transacción. Al forzar la colaboración entre sus empleados, puede utilizar esa ventaja para reducir estos costes de transacción y ser más eficiente. Si os fijáis, esto explica también la existencia de conglomerados empresariales como Ford, que llegó a ser propietaria de las ovejas de las que se obtenía la lana para hacer la tapicería de sus coches.

Lo habitual en el siglo XX eran grandes corporaciones con unos ingresos por empleado relativamente bajos. Telefónica, por ejemplo, era el año pasado la teleco más productiva, con 447.000€ por empleado. Esto después de deshacerse de Atento, que dejaba las cifras para el total del grupo en poco más de 200.000€. Empresa tecnológica, elimina la “grasa” del soporte técnico (con gran carga de personal), y no llega ni a medio millón de euros por empleado. Comparad con Dropbox, cuyos 70 empleados consiguieron acabar 2011 facturando 240 millones de dólares. 3 millones de euros por empleado. Dropbox es eficiente, pero no es la empresa de Internet más eficiente: Plenty of Fish, la empresa de Markus Frind, factura 10 milones de dólares y tiene un solo empleado: el propio Markus.

¿Que ha pasado para que la explicación de Coase para la existencia de grandes compañías deje de ser válida? Sencillamente, que los costes de transacción se reducen más eficazmente usando las ventajas de las nuevas tecnologías que las ventajas de una gran corporación. Dropbox no necesita comerciales para vender, ni gasta dinero en marketing para crear “presencia en la mente del consumidor”. Internet se encarga de hacer todo esto a coste prácticamente cero.

Todo esto tiene, como adelantaba en el titular, consecuencias para las empresas que siguen el modelo del siglo XX. O adelgazan y cambian la reducción de costes de transacción que conseguían con su tamaño por otras reducciones que aprovechen las tecnologías de la información y las comunicaciones, o desaparecerán.

Pero lo más importante son las consecuencias que tiene para ti. Cada vez va a haber menos empleos en grandes empresas. No es por una crisis financiera que pasará en unos años. Este cambio es para siempre (o para toda tu vida, que a efectos prácticos viene a ser lo mismo). Repito, por si no queda claro: cada vez habrá menos grandes empresas con decenas de miles de empleados. Tu trabajo fijo de mando intermedio en una sucursal de Megacorp, Inc. no va a volver. Puedes acurrucarte en un rincón y llorar por lo que fue y ya no es, pero eso no va a cambiar las cosas.

Esa es la mala noticia. La buena noticia es que esas mismas tecnologías que están destruyendo a las grandes corporaciones están habilitando otro modelo de transacciones económicas, y por tanto otro modelo de empresa. Un modelo de empresas pequeñas, con empleados ubicados en cualquier parte del mundo, hipersepecializadas en hacer una cosa y hacerla muy bien. Empresas que aprovechan la reducción de costes de transacción para ser extraordinariamente eficientes. Empresas que trabajan en red, construyendo una pieza de un engranaje que funciona mejor cuando se le unen otras piezas creadas por otras empresas hiperespecializadas y excelentes en lo suyo.

Y lo mejor de todo. En la mayoría de los casos, no necesitas un gran capital como el que se necesitaba hace 50 años para construir una fábrica, comprar costosos bienes de equipo y pagar centenares o miles de nóminas. Con una conexión a Internet tienes todo lo que necesitas para empezar a crear una de estas nuevas empresas.

Ahora que sabes todo esto, tú decides. ¿Sigues lamentándote porque te han echado de una casa en ruinas o coges la mochila y te lanzas a explorar territorios nuevos?

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Nombre propio o nombre de empresa

Cuando hablamos de crear un blog para demostrar que eres un experto, os recomendé buscar una o dos palabras que definieran tu oferta y usarlas como título del blog y nombre de dominio. El caso es que ha habido quien me ha preguntado si para mejorar tu marca personal no es preferible usar tu nombre y apellido. Es lo que hacen por ejemplo, Javier Megías o Lucas Cervera.

Hay también quien, como hice yo con desencadenado, simplemente busca una palabra o una referencia metafórica o evocativa. Pensad en ThinkWasabi o Loogic. Así a bote pronto, sin tener ninguna referencia más, ¿sabríais decir quién se dedica a la productividad personal y quién a las startups? Y si estos dos blogs pueden tener éxito con estos nombres tan poco pertinentes, ¿no puedes tenerlo tú también?

En realidad, las tres alternativas: palabras clave, nombre simbólico o nombre propio, tienen ventajas e inconvenientes. Elegir una u otra depende de tu proyecto.

Si tu objetivo es vender tus servicios más que crear una empresa, te interesa desarrollar una marca personal potente. En este caso, tu blog y tu dominio sí pueden ser nombre+apellidos.com. Con esto conseguirás que quien te busque en Internet encuentre tu blog y descubra qué puedes hacer por él. A cambio, deberás trabajar más para conseguir resultados buenos para las palabras clave que definen lo que haces.

Si tienes muy claro cuál es tu nicho de negocio, usar una o dos palabras clave como nombre del blog y como nombre de dominio te ayudarán a posicionarte mejor en ese nicho de negocio. No solo ayudas a Google a ofrecer tu blog como resultado en las búsquedas, sino que das al lector una pista importante acerca de tu foco. El problema es que te quedas “encerrado” en ese nicho. Si el día de mañana quieres reenfocar tu negocio, te va a resultar más difícil salir.

Por último, usar un nombre evocador o metafórico te deja más libertad para dedicarte a lo que quieras e incluso evolucionar tu negocio, pero esto es a costa de invertir más tiempo y esfuerzo en posicionamiento, tanto en buscadores como en la mente de tus posibles clientes.

Una cosa importante: tanto usar palabras relevantes como usar términos metafóricos te facilita crecer más allá de tu propia persona. Aunque en el inicio te plantees vender solo tus servicios, deberías tener claro si en el horizonte está el crecer contando con más personas. Si este es el caso, entonces el nombre propio es peligroso. Hay sectores en los que está aceptado que acudir a “Garrigues”, “Bassat” o “Barraquer” no significa que te atienda nadie con ese apellido, pero no deja de ser confuso para tus clientes potenciales.

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¿Por qué no estás vendiendo?

El mayor error que puedes cometer al crear una empresa es no empezar a vender cuanto antes. Para una persona creativa, hay muchas tareas en el proceso de crear una empresa que son muy gratificantes. Diseñar el producto, crear un logo, pensar en un nombre, hacer una página web, desarrollar el producto (si eres programador). Todo esto está muy bien, al acabar el día tienes la sensación de que has progresado, que tu proyecto marcha.

Pero a veces un emprendedor cae en la tentación de revisar una y otra vez el logo, de cambiar una vez más el texto de la web, de añadir una funcionalidad más a su producto. Porque trabajar en estas cosas evita enfrentarse a la prueba definitiva: presentarse delante de un cliente potencial e intentar venderle lo que hemos creado. Esto es aterrador, porque supone enfrentarse a la posibilidad de que rechace nuestra oferta. Que diga que lo que tanto esfuerzo nos ha costado crear, que esa idea que nos ha parecido tan buena y a la que hemos dedicado tanto esfuerzo, tantas noches trabajando hasta las tantas, tal vez tanto dinero, no vale. Que nadie lo quiere. Que hemos perdido el tiempo. Que en lugar de una empresa tenemos un fracaso.

Hace tiempo conté por aquí la historia de Autocad y de cómo antes empezar a desarrollar el software que les hizo millonarios a sus fundadores lo primero que hicieron fue ir a una feria con unos folletos y descubrir en qué aplicaciones estaban más interesados sus clientes.

¿Quieres un ejemplo local? Diego Mariño contó en su charla en Iniciador Madrid cómo lo primero que hizo al lanzar few ducks, su segundo proyecto, fue buscar clientes. No empezar a desarrollar el producto, mucho menos perfeccionarlo. Simplemente salir y encontrar a unos cuantos clientes que le dijeran “si haces esto que me cuentas en un par de meses, te lo compro”.

Por eso, por muy gratificante que sea ponerte delante de la pantalla del ordenador, hazte un favor a ti mismo. Deja lo que estés haciendo y busca un cliente. Alguien a quien no solo le guste lo que haces, sino que esté dispuesto a pagar por ello. Si te dice “pagaría, pero le falta la característica X”, pregunta a otros 10 o 12, y si la mayoría coinciden en que le falta X, pues ya sabes a qué tienes que dedicarte: le pones X a tu producto y vuelves a salir a vender.

Que sí, que ya sé que no tienes tarjetas de visita, que la empresa no está constituida, que en solo un par de días o una semana como mucho vas a tener la web lista… Pero todo esto no importa. Sal y vende. Es lo mejor que puedes hacer para mejorar tus probabilidades de conseguir que tu proyecto se convierta en una empresa.

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Por qué las webs de restaurantes son una mierda (y un regalo para ti)

Supongo que habrá excepciones, pero por lo general las webs de restaurantes son pura basura. Una intro con Flash que garantiza que no puedes ver nada si se te ocurre acceder desde un smartphone porque estás en la calle y justo en ese momento estás buscando un sitio donde comer. Música activada por efecto, para que todos tus colegas se enteren de que no estás trabajando si se te ocurre dedicar cinco minutos a buscar un sitio donde llevar a cenar a tu pareja. Flash por todas partes, para que si has conseguido entrar te sea imposible navegar. Para conocer la carta debes descargarte un PDF de 10 megas, que luego resulta que no tiene precios. Averiguar algo tan sencillo como la dirección supone pinchar en varios enlaces. Y no se te ocurra preguntarte si hay un menú del día, porque ningún restaurante que se precie se rebaja a dar una información tan pedestre. Es raro, raro, raro que puedas reservar desde la web. Eso sí, todos te informan de que hacen cocina de mercado con excelentes materias primas y respeto a la tradición pero con un toque vanguardista, porque el chef ha trabajado en el Bulli, o ha trabajado con alguien que ha trabajado el el Bulli o algo así.

Hay un motivo para todo esto: el que encarga la web no se pone en la piel del cliente, sino que busca crear un “entorno que evoque la experiencia de comer en el restaurante”. Aunque el cliente solo quiere saber a qué hora abren, si es un lugar adecuado para ir con los niños o con la chica a la que quiere impresionar y por cuánto le va a salir la broma. Claro que una web sencillita con el menú del día actualizado, por supuesto con precios, y un enlace a Google Maps no mola tanto, y el dueño del restaurante, ya que se deja un dinero en la web quiere asegurarse de que navegar por ella es una experiencia que deja huella.

Algo parecido pasa con las webs de casas rurales. A estas alturas es increíble que no tengan al menos 100 fotos de cada habitación, desde todos los ángulos y con todos los detalles posibles. ¿No es tu casa única? ¿no son gratis las fotos? ¿qué te impide enseñar cada detalle y que el cliente potencial sepa qué va a encontrar si decide hospedarse en tu casa? ¿por qué no dejas que tus huéspedes suban sus propias fotos, para que otros visitantes sepan que son verdaderas?

En realidad, esto de hacer las páginas web pensando en la empresa y no en el cliente es así desde que el mundo es mundo, o al menos desde que la web es Internet. Cualquier página web de un organismo oficial dedica muchos más pixeles de su homepage a cantar las loas y alabanzas del político que se sienta en la poltrona que a facilitar los trámites del ciudadano.

Todo lo cual es una buena noticia, porque en este estado de cosas es fácil diferenciarse y hacer una página verdaderamente útil. Es más, paradójicamente es más fácil y barato crear una página web sencilla y útil que un engendro en Flash. Todo ventajas, con la única condición de que trabajes pensando en tu cliente y no creyendo que tu ombligo es el centro del universo.

Ya he explicado alguna vez que con una instalación un poco cuidada de WordPress puedes tener una página web mejor que el 90% de tu competencia por muy poco dinero. Hoy os planteo otra alternativa, que no he usado pero tiene buena pinta: BaseKit

BaseKit es una herramienta para crear páginas web de manera visual, sin necesidad de conocimientos técnicos. No es una opción tan potente como WordPress (por no hablar de alternativas como Joomla! o Drupal), pero es sin duda preferible a esa web horrible hecha por el sobrino “que sabe de informática” o el horror creado un Flash por un creativo desbocado. Y si no tienes ni tiempo ni ganas de administrar dominios o servidores o actualizaciones, no importa.

En el título os prometía un regalo, y aquí va: si me explicas en un comentario por qué te mereces una cuenta de BaseKit para la web de tu empresa, y le das difusión al comentario en twitter, puedes ganar una cuenta gratis durante un año. Decidirá el ganador un jurado compuesto por yo mismo, en función de dos criterios: los argumentos aportados y la difusión que consiga el comentario en twitter. La decisión, por supuesto, será inapelable.

Así que si quieres una cuenta gratis de BaseKit ya estás tardando, porque el plazo acaba el día 3 de octubre. Y si no lo consigues, puedes probarlo de todas maneras, que el precio no es excesivo.

Nota: no llevo ninguna comisión ni gano ningún dinero ni tengo ninguna otra ventaja o incentivo para recomendar BaseKit. Simplemente creo que puede ser útil si estás en el perfil que he descrito: no tienes ningún conocimiento técnico y pocas ganas de adquirirlos, pero necesitas crear y mantener tu web. Y ya que me han ofrecido un regalo, pues eso que ganas por ser lector de Desencadenado.

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Las ventajas de una Sociedad Limitada

Hace muchos, muchos años, escribí sobre si era más ventajoso para un grupo de profesionales que deciden trabajar juntos crear una Sociedad Limitada o simplemente darse de alta como autónomos cada uno de ellos, a raíz de una consulta concreta.

Ahora una de las socias quiere dejar parte de las obligaciones que le supone la empresa, y para ello va a vender la mayor parte de sus participaciones a las otras socias. Aunque todavía no está claro cómo van a valorar la sociedad (y por tanto su parte), lo que sí es seguro es que ganará unos cuantos miles de euros en la operación.

Si hubieran decidido constituir una comunidad de bienes, o actuar como autónomas pagando cada una una parte de los gastos, como les aconsejó el abogado del colegio de psicólogos, esta persona tendría que dejar la empresa a cambio de nada. Se llevaría conocimiento y experiencia, pero ni un céntimo.

Moraleja: si tienes socios, constituye una sociedad limitada y tal vez en unos años puedas llevarte el fruto de tu esfuerzo.

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