Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Por qué no estás vendiendo?

El mayor error que puedes cometer al crear una empresa es no empezar a vender cuanto antes. Para una persona creativa, hay muchas tareas en el proceso de crear una empresa que son muy gratificantes. Diseñar el producto, crear un logo, pensar en un nombre, hacer una página web, desarrollar el producto (si eres programador). Todo esto está muy bien, al acabar el día tienes la sensación de que has progresado, que tu proyecto marcha.

Pero a veces un emprendedor cae en la tentación de revisar una y otra vez el logo, de cambiar una vez más el texto de la web, de añadir una funcionalidad más a su producto. Porque trabajar en estas cosas evita enfrentarse a la prueba definitiva: presentarse delante de un cliente potencial e intentar venderle lo que hemos creado. Esto es aterrador, porque supone enfrentarse a la posibilidad de que rechace nuestra oferta. Que diga que lo que tanto esfuerzo nos ha costado crear, que esa idea que nos ha parecido tan buena y a la que hemos dedicado tanto esfuerzo, tantas noches trabajando hasta las tantas, tal vez tanto dinero, no vale. Que nadie lo quiere. Que hemos perdido el tiempo. Que en lugar de una empresa tenemos un fracaso.

Hace tiempo conté por aquí la historia de Autocad y de cómo antes empezar a desarrollar el software que les hizo millonarios a sus fundadores lo primero que hicieron fue ir a una feria con unos folletos y descubrir en qué aplicaciones estaban más interesados sus clientes.

¿Quieres un ejemplo local? Diego Mariño contó en su charla en Iniciador Madrid cómo lo primero que hizo al lanzar few ducks, su segundo proyecto, fue buscar clientes. No empezar a desarrollar el producto, mucho menos perfeccionarlo. Simplemente salir y encontrar a unos cuantos clientes que le dijeran “si haces esto que me cuentas en un par de meses, te lo compro”.

Por eso, por muy gratificante que sea ponerte delante de la pantalla del ordenador, hazte un favor a ti mismo. Deja lo que estés haciendo y busca un cliente. Alguien a quien no solo le guste lo que haces, sino que esté dispuesto a pagar por ello. Si te dice “pagaría, pero le falta la característica X”, pregunta a otros 10 o 12, y si la mayoría coinciden en que le falta X, pues ya sabes a qué tienes que dedicarte: le pones X a tu producto y vuelves a salir a vender.

Que sí, que ya sé que no tienes tarjetas de visita, que la empresa no está constituida, que en solo un par de días o una semana como mucho vas a tener la web lista… Pero todo esto no importa. Sal y vende. Es lo mejor que puedes hacer para mejorar tus probabilidades de conseguir que tu proyecto se convierta en una empresa.

Por qué las webs de restaurantes son una mierda (y un regalo para ti)

Supongo que habrá excepciones, pero por lo general las webs de restaurantes son pura basura. Una intro con Flash que garantiza que no puedes ver nada si se te ocurre acceder desde un smartphone porque estás en la calle y justo en ese momento estás buscando un sitio donde comer. Música activada por efecto, para que todos tus colegas se enteren de que no estás trabajando si se te ocurre dedicar cinco minutos a buscar un sitio donde llevar a cenar a tu pareja. Flash por todas partes, para que si has conseguido entrar te sea imposible navegar. Para conocer la carta debes descargarte un PDF de 10 megas, que luego resulta que no tiene precios. Averiguar algo tan sencillo como la dirección supone pinchar en varios enlaces. Y no se te ocurra preguntarte si hay un menú del día, porque ningún restaurante que se precie se rebaja a dar una información tan pedestre. Es raro, raro, raro que puedas reservar desde la web. Eso sí, todos te informan de que hacen cocina de mercado con excelentes materias primas y respeto a la tradición pero con un toque vanguardista, porque el chef ha trabajado en el Bulli, o ha trabajado con alguien que ha trabajado el el Bulli o algo así.

Hay un motivo para todo esto: el que encarga la web no se pone en la piel del cliente, sino que busca crear un “entorno que evoque la experiencia de comer en el restaurante”. Aunque el cliente solo quiere saber a qué hora abren, si es un lugar adecuado para ir con los niños o con la chica a la que quiere impresionar y por cuánto le va a salir la broma. Claro que una web sencillita con el menú del día actualizado, por supuesto con precios, y un enlace a Google Maps no mola tanto, y el dueño del restaurante, ya que se deja un dinero en la web quiere asegurarse de que navegar por ella es una experiencia que deja huella.

Algo parecido pasa con las webs de casas rurales. A estas alturas es increíble que no tengan al menos 100 fotos de cada habitación, desde todos los ángulos y con todos los detalles posibles. ¿No es tu casa única? ¿no son gratis las fotos? ¿qué te impide enseñar cada detalle y que el cliente potencial sepa qué va a encontrar si decide hospedarse en tu casa? ¿por qué no dejas que tus huéspedes suban sus propias fotos, para que otros visitantes sepan que son verdaderas?

En realidad, esto de hacer las páginas web pensando en la empresa y no en el cliente es así desde que el mundo es mundo, o al menos desde que la web es Internet. Cualquier página web de un organismo oficial dedica muchos más pixeles de su homepage a cantar las loas y alabanzas del político que se sienta en la poltrona que a facilitar los trámites del ciudadano.

Todo lo cual es una buena noticia, porque en este estado de cosas es fácil diferenciarse y hacer una página verdaderamente útil. Es más, paradójicamente es más fácil y barato crear una página web sencilla y útil que un engendro en Flash. Todo ventajas, con la única condición de que trabajes pensando en tu cliente y no creyendo que tu ombligo es el centro del universo.

Ya he explicado alguna vez que con una instalación un poco cuidada de WordPress puedes tener una página web mejor que el 90% de tu competencia por muy poco dinero. Hoy os planteo otra alternativa, que no he usado pero tiene buena pinta: BaseKit

BaseKit es una herramienta para crear páginas web de manera visual, sin necesidad de conocimientos técnicos. No es una opción tan potente como WordPress (por no hablar de alternativas como Joomla! o Drupal), pero es sin duda preferible a esa web horrible hecha por el sobrino “que sabe de informática” o el horror creado un Flash por un creativo desbocado. Y si no tienes ni tiempo ni ganas de administrar dominios o servidores o actualizaciones, no importa.

En el título os prometía un regalo, y aquí va: si me explicas en un comentario por qué te mereces una cuenta de BaseKit para la web de tu empresa, y le das difusión al comentario en twitter, puedes ganar una cuenta gratis durante un año. Decidirá el ganador un jurado compuesto por yo mismo, en función de dos criterios: los argumentos aportados y la difusión que consiga el comentario en twitter. La decisión, por supuesto, será inapelable.

Así que si quieres una cuenta gratis de BaseKit ya estás tardando, porque el plazo acaba el día 3 de octubre. Y si no lo consigues, puedes probarlo de todas maneras, que el precio no es excesivo.

Nota: no llevo ninguna comisión ni gano ningún dinero ni tengo ninguna otra ventaja o incentivo para recomendar BaseKit. Simplemente creo que puede ser útil si estás en el perfil que he descrito: no tienes ningún conocimiento técnico y pocas ganas de adquirirlos, pero necesitas crear y mantener tu web. Y ya que me han ofrecido un regalo, pues eso que ganas por ser lector de Desencadenado.

Las ventajas de una Sociedad Limitada

Hace muchos, muchos años, escribí sobre si era más ventajoso para un grupo de profesionales que deciden trabajar juntos crear una Sociedad Limitada o simplemente darse de alta como autónomos cada uno de ellos, a raíz de una consulta concreta.

Ahora una de las socias quiere dejar parte de las obligaciones que le supone la empresa, y para ello va a vender la mayor parte de sus participaciones a las otras socias. Aunque todavía no está claro cómo van a valorar la sociedad (y por tanto su parte), lo que sí es seguro es que ganará unos cuantos miles de euros en la operación.

Si hubieran decidido constituir una comunidad de bienes, o actuar como autónomas pagando cada una una parte de los gastos, como les aconsejó el abogado del colegio de psicólogos, esta persona tendría que dejar la empresa a cambio de nada. Se llevaría conocimiento y experiencia, pero ni un céntimo.

Moraleja: si tienes socios, constituye una sociedad limitada y tal vez en unos años puedas llevarte el fruto de tu esfuerzo.

Historia de dos empresas (o por qué no seguir las reglas)

Hace 9 años creé una empresa dedicada a dar soporte al software libre. Leí lo que había disponible en Internet, consulté a asesores e incluso hice un curso para emprendedores de la Comunidad de Madrid, en el que validaron mi modelo de negocio. Armado con estos conocimientos hice lo que había que hacer:

  • Constituí una SL, imprescindible para actuar legalmente.
  • Alquilé una oficina en un edificio representativo.
  • Contraté a un comercial y a un técnico.
  • Compré portátiles para los tres.
  • Contraté un servicio de asesoría fiscal y laboral.
  • Encargué tarjetas de visita y carpetas e hice una página web con información corporativa.
  • Cuando ya tenía todo armado, salimos a vender.

El resultado es que, 4 meses más tarde, tenía 0€ de ingresos y más de 15.000€ en gastos.

Y cada mes, 4.000€ más se sumaban a esa cuenta, tanto si ingresaba algo como si no.

El ciclo de venta, en este sector, es largo. Y también es largo el tiempo que pasa entre el momento en que empiezas un trabajo y el momento en que lo cobras. No ayudó tampoco que nuestro primer cliente no pagara un proyecto de 11.000€. O descubrir con horror que hay que pagar el IVA de esos 11.000€ no cobrados, porque Hacienda no le importa que cobres, solo que factures. Estas y otras historias de horror que os podría contar respecto a los empleados me obligaron a dejar la empresa.

Este año he empezado con CoralBand, una empresa dedicada a facilitar el desarrollo de contactos profesionales. ¿Y qué he hecho hasta ahora?

  • Pensar en el modelo de negocio.
  • Desarrollar un prototipo.
  • Buscar los primeros usuarios y empezar a validar la idea.
  • Refinar el prototipo.

Resultado dos meses más tarde: 10€ de gastos. 0€ de ingresos.

Ni notarios, ni SL, ni cuenta en el banco, ni oficina, ni personal… Todo eso, si llega, llegará cuando esté claro que CoralBand es capaz de ganar el dinero suficiente como para justificarlo.

Emprendenotas, donde promocionar tu proyecto está bien visto

¿Quieres dar a conocer tu empresa o tu blog y en menéame te acusan de spam? ¿No te hacen ni caso los bloggers más prestigiosos? ¿Quieres compartir algo que todo emprendedor debería conocer?

Ahora puedes. Te presento Emprendenotas.

En su forma actual es bien sencilla, pero solo con darte de alta ya puedes enviar las notas que quieras o comentar en las de otros. Y para votar no necesitas siquiera registrarte. Puedes ver las últimas notas enviadas, las mejor valoradas o un archivo mensual. Y no hay nofollow en los enlaces ni nada raro, todo el pagerank que corresponda va para el enlace destino.

Por supuesto, hay muchas funcionalidades por incluir: un sistema de “reconocimiento” de usuarios (karma o prestigio o como se quiera llamar), twiteo automático de las notas enviadas (o de las más valoradas), más formas de ver las notas, más información de los usuarios… pero como yo me creo eso del mínimo producto viable, he decidido que ya está bien, y que iremos incorporando cosas poco a poco, si es que hay demanda y son útiles.

Escribiré en Alanta desde un punto de vista técnico sobre el desarrollo de Emprendenotas (hasta el momento, 8-10 horas de trabajo), y sobre si Drupal es o no un framework PHP, pero esto ya es solo para los que les gusten estas cosas técnicas.

Los demás, ya sabéis: a enviar notas y a votar/comentar los envíos ajenos, que en algún momento se os recompensará y agradeceréis haber sido de los primeros anotadores.

Blanco o negro


La postura fácil suele ser el compromiso, la medianía, lo suficiente, las medias tintas. Muchas veces, además de fácil es lo más práctico y rentable. Pero hay casos en los que la peor solución es la de compromiso. Por ejemplo, con la política de uso de Internet en tu empresa.

Si tienes empleados, puedes hacer dos cosas. Una es dejar acceso a Internet solo a los que realmente lo necesiten, y a estos ponerles un proxy que registre sus movimientos por la red, y por si acaso bloquearles los sitios inadecuados, e incluir en los sitios inadecuados las redes sociales, y cualquier servicio que permita almacenar documentos, y todos los sitios con flash que solo sirve para jugar, o mejor aún permitir solo el acceso a unos cuantos sitios y bloquear todo lo demás…

La otra solución es confiar en tus empleados y pedirles que usen Internet con responsabilidad, como usan el teléfono. Si alguien tiene un comportamiento excepcional, tratarlo como excepcional y no aplicar políticas comunes a todos “por si acaso”. Confiar en que usarán las redes sociales para sus cosas, pero también para ser los primeros embajadores de tu empresa. Saber que perderán algo de tiempo en Internet, como ahora lo pierden charlando entre ellos o saliendo a fumar, pero confiar en que serán sensatos.

El compromiso es dar acceso a todos, pero poniendo filtros que son fáciles de saltar. No establecer políticas que definan qué pasa si alguien se excede en su uso de Internet. No saber (y no explicar) si bloqueas determinados sitios porque el ancho de banda es un recurso limitado o porque suponen una pérdida de tiempo. Poner un filtro con las opciones por defecto y no preocuparte si limita mucho, poco o nada. Hacer esto simplemente porque es lo que hacen todos.

La primera opción funciona. Y hay empleados que la prefieren, porque prefieren reglas claras, saber qué se puede y qué no se puede hacer. Tal vez te pierdas algo, tu personal esté menos formado o menos motivado, pero sabes que están haciendo lo que se les dice.

La segunda opción también funciona. El requisito es que tus empleados sean responsables, y saber tratar rápidamente con los que no lo sean, pero la recompensa es retener a los empleados que prefieren ser tratados como adultos, y evitar el coste de gestionar la barrera de Internet.

Lo que no funciona es la tercera opción. Por un lado emites el mensaje de que no te fías de los empleados, pero por otro lado dejas claro que tampoco te importa lo suficiente como para tomar medidas drásticas. Tienes el coste de gestionar las barreras, pero tus empleados seguirán leyendo la prensa deportiva o perdiendo el tiempo en cualquier foro. El vago sigue haciendo el vago, y el responsable tropieza a cada instante con un obstáculo.

Elige blanco o negro, porque aquí no funcionan las medias tintas.

6 cosas que puedes aprender de la industria del porno


El sexo vende, dicen los clásicos del marketing. Y también escribió el Arcipreste de Hita que

Aristóteles lo dijo, y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas se mueve: la primera,
por el sustentamiento, que la segunda era
por haber juntamiento con hembra placentera.

Aristóteles, el Arcipreste de Hita y Don Draper tienen razón. Así que, aunque por motivos que no se escaparán a mis lectores los CEO de las empresas que se dedican al porno no suelen estar en las portadas de las revistas de negocios, podemos aprender mucho de ellos.

1 Aprovecha la tecnología

Se dice que fue el porno el que extendió el VHS, y que fue el porno el primer uso masivo de Internet. No sé hasta qué punto es verdad, porque tener películas de Disney con las que tener a los críos quietos durante una hora a las 8 de la mañana de un sábado era también un uso muy extendido del vídeo.

Pero lo cierto es que mientras la industria del cine tradicional se quejó del vídeo (porque vaciaría los cines) como ahora se queja de Internet (porque arruina las ventas de DVDs), el porno supo aprovechar las ventajas que las nuevas plataformas ofrecían. Está claro que la privacidad que supone ver porno en tu casa y no en un cine (con el VHS) y verlo en un ordenador sin tener que dejar el carnet para alquilar una peli guarra tiene ventajas evidentes.

Pero también es cierto que el VHS no vació los cines, y que con el tiempo se convirtió en una fuente de ingresos tan sustanciosa que ahora Internet es un problema para la venta de DVDs (el formato que sustituyó al VHS). De modo que la terrible amenaza del VHS no era tal, y dentro de unos años veremos que la terrible amenaza de Internet tampoco es tal para quien sabe aprovecharla.

El caso es que del mismo modo que la industria del porno sabe adoptar las nuevas tecnologías para vender más, tu empresa debería hacer lo mismo. Combatir la tecnología con leyes es como apelar al código de honor de los caballeros medievales para impedir el uso de las armas de fuego. Mira más bien cómo aprovechar la pólvora para tener mejores armas que tu enemigo.

2. Vende una historia

A un nivel básico, lo que vende el porno son pixels en una pantalla, o imágenes en una revista. Pero en realidad vende mucho más. No es extraño que se hayan hecho películas mainstream sobre el fundador de Hustler o actores porno famosos.

El porno vende un estilo de vida, una historia, una fantasía. Hugh Heffner tiene que vivir en una mansión rodeado de jovencitas en un estado de fiesta perpetua, y casarse a los ochenta y tantos con una mozuela de veinte, porque es el estilo de vida que querrían tener los lectores de Playboy. El porno vende que es posible vivir en un mundo en el que las mujeres más bellas siempre están dispuestas a satisfacer todos los caprichos de un hombre.

Claro que es una fantasía absurda, pero no es más absurda que las películas románticas en las que la protagonista acaba, tras mucho sufrimiento, casada para siempre con el hombre perfecto. Todas las mujeres saben que los hombres dejan los calcetines tirados por cualquier parte y que olvidan los aniversarios, pero eso no les impide fantasear con el compañero perfecto que les lleva el desayuno a la cama y nunca tiene ropa sucia. Con el porno sucede lo mismo.

Las empresas que tienen más éxito son las que consiguen identificar sus productos con una fantasía. Si puedes tener como lema ¿Te gusta conducir? y no tienes ni que mostrar un coche en el anuncio, si puedes convencer a tus clientes de que no puedes ser un auténtico diseñador si no tienes un Mac, si puedes unir tu marca a la experiencia de hacer deporte, o incluso de pensar que puedes hacer deporte simplemente con un logo, Just do it.

Claro que es difícil, pero precisamente por eso la recompensa es tan alta. Y tampoco es imprescindible ser tan bueno como Apple, Nike, BMW o el porno en esto. Basta con que seas capaz de crear una historia, una fantasía en torno a tu producto.

3. Segmenta a tus clientes y atiende a cada grupo

Una de las características del porno es que hay para todos los gustos. Literalmente. Por raras que sean tus aficiones, seguro que hay alguna película o alguna web que procura atenderlas. Por muy específicos que sean tus gustos con las mujeres, encontrarás especialistas en rubias o morenas, jóvenes o viejas, delgadas o gordas.

Visto así, es sencillo: analizas lo que buscan tus clientes, y les das exactamente eso. Pero muchas veces tenemos la tentación de hacer algo que nos gusta a nosotros, y pensamos que nuestros clientes deben apreciarlo. Tú haz caso de la industria del porno, y por raras que te parezcan las preferencias de tus clientes, sé humilde y busca la mejor manera de atenderlas.

4. Crea un ecosistema

En su momento, el porno hizo ganar mucho dinero a los videoclubs. Ahora el marketing del porno por Internet se basa en afiliados que pregonan en sus páginas las virtudes de una actriz o una producción y cobran un porcentaje de las ventas. A decir verdad, tal vez no pregonan las virtudes de nadie, sino otra cosa, pero el efecto es ese: que tanto el alabador como el productor ganan dinero.

Ayudar a otros a ganar dinero es la mejor manera de que ellos te ayuden a ti a ganarlo. Ser el único participante de la cadena de valor suena más atractivo, porque te quedas con todos los beneficios, pero en la práctica es mucho más difícil hacer crecer el negocio si eres el único interesado en que crezca.

5. Lanza, mide, reforma. Repite

Ahora que están de moda las Lean Startups, no está de más recordar que esto es algo practicado desde siempre por la industria del porno. Se prueban superproducciones costosas con guiones elaborados, se prueban grabaciones cutres de una escena sin argumento, se prueban mecanismos de pago…

Sea porque no hay un canal de distribución tan cerrado como los de las salas de cine o la televisión, sea porque hay muchos más productores, sea porque la barrera de entrada es mucho más baja (solo necesitas una cámara normalilla y un par de personas) y más gente puede probar cosas nuevas… el hecho es que el porno es mucho más innovador en sus modelos de negocio que la industria del cine tradicional.

Tú haz lo mismo: en lugar de planificar demasiado, lanza cuanto antes algo al mercado, comprueba la respuesta y modifica tu oferta para adecuarla a lo que quieren comprar tus clientes.

6. Copia lo que funciona

Es posible que sea desconocimiento por mi parte, pero no me consta que haya grandes demandas por copyright entre los productores de porno. Y eso que es obvio que es práctica habitual en el sector copiar lo que da buenos resultados. Tal vez sea difícil conseguir el copyright de algo como “meter tal cosa en tal sitio”, pero no es menos absurdo pretender que alguien te pague porque has tenido la idea de hacer una película sobre niños que estudian en una escuela de magia o de vampiros adolescentes enamorados, y hay mucha gente que lo intenta.

El caso es que el porno copia sin remordimiento todo lo que funciona, lo que de entrada supone que más clientes consiguen tener un producto que les satisface. Pero además, como la copia no es idéntica, se introducen innovaciones que a su vez son copiadas por el resto si tienen éxito, con lo que al final toda la industria se beneficia de estas mejoras. Es lo del punto anterior (probar, modificar, repetir) pero a escala de todo el sector y no de una sola empresa.

Otra lección de humildad. No creas que o tienes La Idea Original o no serás un verdadero emprendedor digno de mirar a los ojos a Larry Page y Sergey Brin. La estrategia más segura para triunfar es copiar algo que ya funciona y mejorarlo. Menos romántico que ser un auténtico genio creador, pero más alimenticio, que es de lo que se trata.

Crear una empresa y el cargo cult


El cargo cult es una religión que profileró hace 50 años en las islas del Pacífico. Durante la II Guerra Mundial, los americanos establecieron bases logísticas en esas islas para abastecer al ejército que luchaba contra los japoneses. Los indígenas vieron que de pronto llegaban del cielo unos seres poderosos que traían todo tipo de alimentos y objetos útiles. Pero un día se acabó la guerra y desaparecieron los aviones con sus cargas. ¿Qué hicieron los isleños para recuperar los bienes perdidos?

Construir pistas de aterrizaje, aviones y hangares de caña. Esperaban que recuperando las cosas que había cuando llegaban los paquetes, estos volvieran por arte de magia.

Absurdo ¿verdad? ¿una superstición propia de seres primitivos?

En realidad, es lo que hacen muchos emprendedores. Han visto que una empresa tiene una sede, y secretarias, y un teléfono fijo, y un logotipo, y tarjetas de visita y una estructura legal, y creen que construyendo todo eso tendrán una empresa.

Como ejemplo esclarecedor, ved el capítulo 20 de la cuarta temporada de Como conocí a vuestra madre. En ella Ted hace exactamente esto, con el resultado previsible: cero clientes.

Porque en realidad la sede, las tarjetas, el logotipo y todo lo demás no es necesario para crear una empresa. Son elementos que pueden ser necesarios (y no siempre) pero no son suficientes.

Lo único que necesitas para crear una empresa es ser capaz de hacer algo por lo que un cliente esté dispuesto a pagar el precio que pides. Todo lo demás está supeditado a conseguir ese cliente y a producir eso que el cliente quiere. Por eso, antes de hacer cualquier gasto, antes de crear cualquier estructura, piensa si es necesaria o estás cayendo en la superstición del cargo cult.

Scrum para proyecto de empresa: reuniones


El tercer elemento de Scrum son las reuniones. Como hemos dicho, Scrum se basa en la interacción entre personas, y para esto lo más eficaz sigue siendo hablar. Puede que tengas que hacerlo mediante artefactos tecnológicos, si tu equipo está distribuido, pero las reuniones son imprescindibles en esta metodología.

Algunos aspectos de las reuniones de Scrum pueden ser sorprendentes, pero tienen su lógica. Uno de ellos, fundamental, es el time boxing, es decir, una asignación previa de tiempos absolutamente inflexible. Por ningún motivo una reunión puede durar más que el tiempo que tiene asignado.

Planificación del Sprint

Un Sprint es un ciclo de desarrollo, en el que quieres terminar algunos elementos de la Pila de Producto. En la reunión de planificación del Sprint se hace precisamente eso, planificar qué tiempo se va a dedicar al Sprint y qué elementos de la pila de producto se van a obtener como resultado. Con todo ello compondremos la “pila de sprint”.

En esta reunión participan el dueño del producto, el scrum master y el equipo. El equipo es quien debe estimar qué esfuerzo va a llevar cada una de las tareas necesarias para terminar un elemento de la pila de producto, y qué miembro del equipo se va a encargar de que esté hecha.

Es importante que no haya tareas huérfanas, ni tareas que se hacen “entre todos”. Una tarea, un responsable. Aunque tenga que contar puntualmente con ayuda de otras personas, es fundamental saber quién tiene la responsabilidad de que esa tarea esté terminada a tiempo.

La estimación del esfuerzo que supone cada tarea es responsabilidad de todo el equipo, aunque en mi experiencia conviene dar más peso a la opinión de quien va a encargarse de ella.

Otro de los elementos que deben acordarse en esta reunión es la duración del sprint. En principio, los sprints deben durar entre dos y cuatro semanas. Lo recomendable es que cuanto menos experiencia tenga el equipo (en scrum y en el entorno de trabajo en general), más cortos sean los sprints, porque antes podrán detectarse y corregirse desviaciones.

Para esta reunión, como máximo, hay que dedicar ocho horas. Y eso solo si la pila de producto está definida a un nivel muy genérico y va a costar mucho descomponer un elemento en tareas. Lo ideal son 4 horas. Ojo, este tiempo tiene que estar definido antes de empezar la reunión, no vale decir “quedamos a las 10 y ya veremos cuando terminamos”.

Si estás emprendiendo en modo one-man-band, lo que debes hacer es reservar un tiempo en el que nadie te va a interrumpir (si es necesario, sal de tu sitio habitual de trabajo y apaga el móvil) y concéntrate en analizar qué tareas vas a abordar con el tiempo del que dispones.

Sprint diario

En la reunión de sprint diario, cada miembro del equipo expone tres cosas: qué hizo ayer, qué va a hacer hoy y qué obstáculos o impedimentos tiene o ha tenido. Solo pueden hablar los miembros del equipo y el scrum master, el dueño del producto puede asistir pero no tiene ni voz ni voto.

La reunión de sprint diario debe hacerse todos los días a la misma hora y en el mismo sitio. Se hace de pie, si hay un tablón físico delante del tablón para que todos puedan ver como progresan las tareas, y si no en el espacio de trabajo. Lo normal es hacerlo a primera hora de la mañana, cuando estén disponibles todos los miembros del equipo. Pero si alguno se retrasa, la reunión empieza de todos modos. No se espera a nadie.

El tiempo máximo, y esto es muy importante, es de 15 minutos. En esta reunión no se trata de dilucidar aspectos técnicos, ni de cómo debe hacerse tal o cual cosa, ni de qué cosas deberían haberse hecho o no. Se trata de ir al grano, reportar cómo progresa el proyecto y que si hay algún obstáculo que impida el progreso, el scrum master tenga la información suficiente como para eliminarlo o paliarlo.

No hay más reuniones durante un sprint. Si es preciso que dos o más miembros del equipo discutan algún problema técnico, lo pueden hacer en cualquier momento. Pero no hay reuniones formales, el dueño del producto no puede interrumpir el desarrollo para plantear nuevas necesidades ni para reorientar los esfuerzos, el scrum master no puede reasignar tareas, etc.

Si estás solo, también es buena práctica “reunirte contigo mismo” al comenzar el día, analizar qué hiciste ayer, qué vas a hacer hoy, y qué obstáculos tienes para conseguirlo.

Demo del sprint

El sprint acaba en la fecha prevista con una reunión en la que el equipo muestra el resultado obtenido. A esta reunión de demostración del sprint sí acude el dueño del producto, que debe validar si el resultado obtenido es el que estaba especificado al inicio del sprint. Pueden incluso acudir personas ajenas al proyecto, aunque en este caso no tienen voz ni voto, simplemente “se enteran” de lo que se está haciendo. Hay quien plantea la demo como una reunión “festiva”, con café o refrescos, una manera de que el equipo pueda “presumir” del resultado de su esfuerzo en las últimas semanas.

El ciclo de un sprint no se puede alargar, haya pasado lo que haya pasado en el sprint. ¿Que alguien se ha puesto enfermo? ¿que un proveedor no ha entregado a tiempo algo? ¿que problemas externos han impedido a algún miembro del equipo dedicar las horas previstas? ¿que la estimación inicial de esfuerzo pecó de optimista? Se siente. Pero no se alarga el sprint. Se reconoce el fracaso (que es de todo el equipo, no de una persona) y ya está.

En esta reunión el scrum master debe tomar nota del resultado, de si las tareas están realmente terminadas y el elemento de la pila de producto puede darse por entregado. Si no fuera así, las tareas pendientes deberían abordarse en el siguiente sprint.

En principio, la reunión de demo debería tener una duración de entre 2 y 4 horas.

Retrospectiva

Ya dijimos que uno de los aspectos esenciales de scrum es embeber en el proceso la mejora continua. En la reunión de retrospectiva el equipo, junto con el scrum master, analiza lo que ha ido mal en el sprint, lo que se puede mejorar y qué se puede hacer para mejorarlo. Aquí no es conveniente que haya personas ajenas al equipo, para que los problemas puedan ser expuestos y tratados con sinceridad y transparencia.

Esta reunión es el motivo de que nunca se retrase el cierre de un sprint. En lugar de eso, se asume que hay problemas, se identifican y se hacen públicos lo antes posible, y se les busca solución. A veces es simplemente que se pecó de optimismo al estimar el esfuerzo que requerían las tareas. A veces han sido problemas que no es probable que se repitan (una huelga, una inundación). Pero otras veces hay problemas de fondo, que deben ser resueltos para que el equipo pueda ser más productivo (falta de formación, un proveedor o un miembro del equipo que no es capaz de hacer su parte).

Para esta reunión en principio debería bastar con dos horas, salvo que se hayan detectado numerosos problemas. Lo normal es hacer las dos reuniones, la demo y la retrospectiva, en el mismo día.

Por qué te pagan tan poco

Es habitual oír en los mentideros del sector cómo los programadores se quejan de lo mal pagados que están y cómo les explotan las cárnicas. Queja que entiendo en parte, porque yo también fui una vez un programador contratado en precario por la subcontrata de la subcontrata de la megaconsultora (la difunta Andersen Consulting). Pero ahora sé que es inevitable que los programadores estén mal pagados, sean o no sean buenos.

Para entenderlo, basta con que te des una vuelta por la zona turística de tu ciudad y veas la oferta de los restaurantes. Con toda seguridad, la inmensa mayoría ofrecen un menú con un precio muy similar y basado en platos “típicos”. Tú sabes que apenas unos centenares de metros más lejos hay restaurantes más baratos, mejores y más auténticos, y te preguntas por qué los turistas insisten en ir a los malos restaurantes.

Lo que sucede, y os habrá pasado cuando habéis sido vosotros los turistas, es que tienes muy poca información acerca de la oferta gastronómica del lugar. Cada vez más hay quien busca en Internet, pero una buena crítica online no garantiza nada. Y por otro lado, tampoco tienes incentivos para dedicar muchas horas a analizar la oferta, porque ese tiempo prefieres dedicarlo a conocer el lugar. Así que miras tres o cuatro sitios, compruebas que el precio no es muy diferente y te metes en el que te convence un poco más que el resto. Tu comportamiento, y el de otros miles de turistas poco selectivos, presiona a los restaurantes para ofrecer comida de calidad justita a un precio casi estandarizado.

Con la oferta de “desarrolladores por horas” sucede exactamente lo mismo. El cliente no tiene ninguna manera de saber a priori si el producto (es decir, tú) será bueno o malo. No sirve la reputación de la empresa, porque no hay diferencia apreciable entre los programadores que provee Consulting Megacorp SA y los programadores que provee Desarrollos Paco SL. De hecho, es normal que los programadores de Desarrollos Paco aparezcan subcontratados en proyectos de Consulting Megacorp. Tampoco el precio sirve como referencia, porque el abanico de precios es muy corto. Consulting Megacorp tiene una sede fastuosa, comerciales perfectamente trajeados y directivos con sueldos estratosféricos, pero eso lo paga con proyectos de cientos de programadores, no cobrando tres veces más.

Y no cobra tres veces más porque no quiera hacerlo, sino porque ningún cliente se lo va a pagar. Entre otras cosas, porque el cliente no es tonto y sabe que de cada tres programadores que le vienen de Consulting Megacorp uno es un principiante, otro un torpe y el tercero un subcontratado de Desarrollos Paco, y no está dispuesto a pagar una fortuna por ese elenco de estrellas.

¿Podría entonces una empresa hacerse un hueco en el mercado ofreciendo programadores de calidad, al precio al que hay que cobrarlos? Es decir, puede una empresa pagar sueldos de 50.000€ e ir a los clientes diciendo, “te ofrezco programadores realmente competentes, con 5 años de experiencia, pero tienes que pagarme 15.000€ al mes en lugar de 6.000. Recuerda que según todos los estudios un buen programador es 5-10 veces más productivo que uno malo.”

Pues no, no podría. Porque también por el lado del cliente actúa el efecto “restaurante turístico”. Cuando el cliente subcontrata programadores “al peso”, es porque los proyectos a los que los destina no son críticos. Normalmente los tiene un tiempo prolongado, con lo que se van formando sobre la marcha, y acaban con una productividad decente para lo que cuestan. No le compensa asumir el riesgo de pagar mucho más por un beneficio que no sabe si realmente va a obtener.

Para los proyectos realmente críticos, o bien cuentan con personal propio, experto en su campo, o bien contratan el proyecto, no horas de programador. Es decir, si realmente necesitan expertos, lo que hacen es trasladar el riesgo del proyecto al proveedor: “necesito un sistema que haga X para dentro de N meses. Si no hace X para dentro de N meses, no cobras”. Como hay riesgo, hay beneficio. Y entonces el proveedor sí contrata programadores a los que paga bien para que hagan un buen trabajo a tiempo.

Por tanto, para salir de la rueda de las cárnicas, lo único que puedes hacer es:

- Dejar pasar el tiempo. De esta manera, o bien te echan de la empresa o bien te consideran un senior y pueden facturar algo más por ti (y pagarte un poco más). En cualquiera de los dos casos, ya no eres el último mono.

- Formarte y especializarte. Si la empresa solo te da cursos de Java, serás como otros miles de programadores iguales a ti, de modo que procura especializarte en algo, a ser posible algo con demanda. Bien formándote por tu cuenta, bien buscando que te coloquen en proyectos punteros.

- Hacer lo anterior y establecerte como freelance. Si realmente eres bueno, y tienes poca competencia, no tienes por qué dejar que otros se lleven todo el beneficio. Puedes eliminar un nivel de subcontrata, y ganar bastante más por hora.