Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Sigo aquí

A pesar de que en junio no he escrito nada y en mayo más bien poco, no me he ido de vacaciones. Al revés, el motivo de no escribir es que he estado dedicado a algunos proyectos más o menos paralelos. Os cuento:

- He creado Despilfarra.com, un sitio para denunciar cómo los políticos se gastan el dinero que nos quitan de los impuestos. Para pensiones no habrá, pero pa tontás…

- Estoy escribiendo un eBook sobre gestión financiera para emprendedores y autónomos. Esta vez voy a probar a lanzarlo sin licencia libre, de pago. Estoy dedicándole bastante tiempo, porque quiero que sea algo más concreto que lo que explico en el libro, y sobre todo que sea verdaderamente útil para ganar más dinero (o desperdiciar menos). Ya os daré más detalles según vaya tomando forma.

- Participo en la creación de una red social para arquitectos, todavía en estado embrionario. Estará un tiempo en beta privada, de manera que solo podrán darse de alta los invitados expresamente por los fundadores. Que, además de vuestro seguro servidor, son tres arquitectos que saben lo que hacen.

Además estoy ayudando a mi hermana, que tiene una idea (buena, pero ya sabéis lo que opino del valor de las ideas), a crear su empresa. Y esta tarde he quedado con Lucas (@lucascervera) para ver si colaboramos en otro proyecto.

Así que no paro. Pero, aprovechando que los pequeños se fueron ayer de campamento, prometo volver a escribir con mi frecuencia habitual.

La empresa rebelde (Mavericks at work)

Hace ya 4 años Bill Taylor y Polly Labarre escribieron el libro Mavericks at Work: Why the Most Original Minds in Business Win. Para propocionarlo escribieron un manifiesto, en la línea de los de Seth Godin, que resume las ideas principales del libro.

En su momento lo traduje al español, porque me resultó muy interesante, y por azares del ciberespacio la traducción se perdió. Un amable lector me lo ha pedido, así que aprovecho para colgarlo en esta vuestra casa y que quien no lo leyera en su día pueda hacerlo ahora:

Es mi naturaleza

Supongo que conoceréis la fábula de la rana y el escorpión. Cuando tu naturaleza es de emprendedor, no puedes evitar actuar como tal, como le pasó al escorpión. Y me temo que tengo el gen del emprendedor, así que es mi naturaleza emprender.

De modo que, siendo coherente con lo que escribí ayer, voy a emprender un proyecto. Mi intención es aplicar los principios que recomiendo en mi libro. Ya sabéis, eat my own dog food y tal.

Ya os iré contando cosas por aquí, concretando detalles para que puedan ser útiles a otros, en la línea del gran Jaime Estévez. Adelanto también que tendré una socia, aunque ella todavía no lo sabe :-) .

A la vez, estoy animando a dos personas cercanas a emprender proyectos que creo que pueden ser muy importantes para ellas, y si se deciden espero que me dejen echarles una mano.

¡Casi se me olvida! Algunos en Iniciador me preguntaron por el libro: la semana que viene va a imprenta. Haré caso a las sugerencias que me hicisteis para aportar valor a los que lo compren, y habrá una sección “privada” en Desencadenado, solo para ellos. Será una extensión del libro a lo digital, pero también mucho más, que os contaré en cuanto termine de pulir los detalles que aún quedan.

Como veis, el que haya escrito poco durante las fiestas no quiere decir que me haya dedicado solo a comer turrón y cantar villancicos…

Los malos jefes son un estímulo para emprender

Scott Adams defiende esto en su último post:

Imagina un mundo en el que los directivos reconocieran y recompensaran siempre a su gente más capaz. Sería difícil para un empleado racional dejar un buen trabajo por una posibilidad de un 10% de crear algo mejor. Pero dejar a un jefe que es el hermanito tonto de Satanás es relativamente fácil. Y si la economía en general no ofrece oportunidades en otras empresas (gracias en parte a los malos jefes) ya ves por qué la gente tiende a crear sus propias compañías.

Está claro que si coges a un tipo brillante y le haces trabajar a las órdenes de un lerdo, le cortas la carrera profesional, le pagas la formación que quiera y le dejas tiempo libre y acceso a Internet, lo único que va a impedirle crear su propia empresa es que encuentre un trabajo fijo en otra compañía.

10 cosas que no necesitas para crear una empresa

Chris Guillebeau ha escrito una lista de cosas que no necesitas para emprender:

* Capital riesgo
* Otros inversores externos (no necesitas pedir dinero a tu familia)
* Empleados o personal subcontratado
* Un plan de negocio de 50 páginas (o ningún otro plan de negocios)
* Un MBA (ni otra formación académica)
* Deuda en tu tarjeta de crédito
* Tarjetas de visita o material de oficina
* Una estructura legal complicada
* Membresías costosas en asociaciones empresariales o grupos de networking
* Una oficina física

Como él mismo advierte, no es que tener algunas de estas cosas no te pueda venir bien, pero no las necesitas para emprender. Estoy de acuerdo con él. Muchas veces nos autojustificamos diciéndonos a nosotros mismos que emprenderemos ese proyecto un poco más adelante, cuando tengamos algo más de dinero ahorrado, cuando hayamos terminado la carrera o el máster, cuando hayamos elaborado un poco más el plan de negocio…

No se trata de emprender a tontas y a locas y meterte en una aventura que no puede salir bien, pero cuaquiera, en cualquier circunstancia, tiene a su alcance la posibilidad de crear una empresa. Si no tienes dinero, ni tiempo, ni formación, ni contactos… no puedes ser tan ambicioso, pero siempre hay algo a tu alcance.

Si de verdad quieres emprender, no esperes a que todo a tu alrededor sea perfecto: simplemente analiza tus circunstancias y piensa qué puedes hacer con ellas.

Emprender por obligación

¿Es recomendable emprender cuando te has quedado sin trabajo? Javier Martín escribió ayer un post en el que sostiene que no:

Emprender es como coger un tren, es un símil en el que se me viene a la cabeza la imagen de una película del oeste donde un vaquero corre para subirse a un tren y así salvarse de la persecución de sus enemigos. El tren es una oportunidad de negocio que vemos pasar, que se cruza en nuestro camino y muchas veces no es fácil dar el salto para subirse a uno de los vagones. Emprender no es una obligación, cuando te despiden de tu empresa no te dan un billete para el tren, las oportunidades hay que encontrarlas y la idea de negocio ha de estar clara porque “el paro” o subsidio de desempleo se acaba y nadie puede vivir del aire. Te has quedado en el paro y estás pensando en emprender? no lo hagas por obligación, busca una oportunidad de negocio y si no la encuentras vuelve a buscar trabajo.

Lo cierto es que mucha gente emprende por necesidad. En 2007, antes de la crisis, ya había un 15% de emprendedores que lo eran por necesidad, y en 2005 el porcentaje entre las mujeres era del 19%.

Mi opinión es que probablemente no haya una causa, sino una conjunción de circunstancias para emprender. Tienes que estar atento a las oportunidades: si ni siquiera vas a la estación, difícilmente verás un tren que puedas coger (por seguir el símil de Javier). Tienes que tener unas circuntancias personales en las que cambiar tu situación laboral actual sea algo deseable. Tienes que tener una situación económica en la que el beneficio que vas a obtener emprendiendo compense el riesgo de que salga mal.

Por eso tres perfiles de emprededores muy frecuentes son los jóvenes sin cargas familiares, los cincuentones con experiencia pero pocas posibilidades de conseguir otro empleo fijo, y las mujeres cuyos ingresos no son esenciales para mantener a la familia.

Así que cuando alguien dice “emprendí porque ví una oportunidad de negocio clara”, no está contando todo. Igual que no lo hace quien dice “emprendí porque me quedé en paro”. El que ve una oportunidad de negocio lo hace porque lee cosas, habla con gente, husmea por ahí… si estás tranquilo en un trabajo que te satisface y por el que te pagan una millonada, no reconoces una oportunidad de negocio ni aunque te dé una patada en el culo. Si te quedas en paro pero tienes claro que encontrarás trabajo pronto y no tienes problemas para mantener el nivel de vida durante un tiempo, lo mismo. Pero si tienes un trabajo asqueroso, o no tienes muchas probabilidades de que te contraten, empiezas a pensar que eso de establecerte por tu cuenta a lo mejor no está tan mal.

Dicho de otro modo: las oportunidades son como las parejas potenciales en una noche de juerga. Se hacen más atractivas cuanto más desesperado estás por pillar una.

Llegando a Ítaca


Cuando a empecé a escribir esta serie, cité de pasada el conocido poema de Kavafis Viaje a Ítaca. No fue casualidad. Kavafis utiliza la historia de Ulises como metáfora de la vida, pero crear una empresa también es un viaje lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A lo largo de los anteriores posts, hemos advertido del peligro de los temibles cíclopes y las irresistibles sirenas, del colérico Poseidón que levanta olas que amenazan a nuestro frágil barco. Pero también hemos descubierto la felicidad de arribar a una playa nueva, de ser libre para elegir cada día el rumbo que vas a tomar, de comerciar con los fenicios y aprender de los sabios egipcios.
Si hemos sorteado los peligros y hemos conseguido convertir una situación de paro en una empresa rentable, que aporta valor a sus clientes y que crea trabajo para nosotros e incluso para otros, ha llegado el momento de saber qué hacer con ella.
¿Queremos limitar su crecimiento y quedarnos satisfechos con una empresa que nos permite vivir con libertad? ¿Queremos que crezca y que podamos decir a nuestros hijos eso de “algún día todo esto será tuyo”? ¿Nos quedaremos en nuestra ciudad o abriremos delegaciones en Londres y Los Ángeles? ¿Queremos vendérsela a Google o a Telefónica por unos cuantos millones?
No es absurdo preguntarse esto. Es muy posible que al principio toda nuestra ambición fuera generar los ingresos suficientes como para mantenernos a nosotros mismos decentemente. Pero si la empresa va bien, tendremos que tomar decisiones muy concretas en función de como queremos que esté dentro de cinco o diez años: trabajar más o menos tiempo, contratar directivos, reinvertir los beneficios, rechazar oportunidades, buscar financiación…
Sea lo que sea lo que decidas, estará bien. No hay una respuesta correcta a la pregunta de qué hacer con tu empresa. Si tienes el gusanillo del emprendedor te aburrirá gestionar una empresa madura y preferirás venderla y crear otra nueva. Si te apasiona lo que haces procurarás seguir en lo mismo toda la vida.
Crear una empresa con éxito te permite tomar estas y otras muchas decisiones. Y sobre todo, te permite ser dueño de tu vida. No volver a depender nunca más de que la empresa para la que trabajas pase una mala racha, o de tener problemas con el jefe. No volver a hacer un día y otro día y otro día algo que no te apetece hacer.
Steve Jobs, en su famosos discurso en Stanford, decía esto:

[...]durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Dicho queda. El premio por arriesgarse a emprender es la libertad, el conocimiento, la experiencia. Mirarte al espejo por la mañana y sentir que si fuera el último día de tu vida harías lo mismo que vas a hacer.
Termino con el poema de Kavafis. Léelo, piensa en ello, prepara el barco, contrata a la tripulación y parte cuanto antes.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

La traducción es de Pedro Bádenas de la Peña

Creative Commons License photo credit: Amir K.

¿Se puede emprender y tener pareja?

El post de Jaime Estévez en el que contaba el efecto que había tenido su año de emprendedor en su relación de pareja, me ha animado a compartir algunas reflexiones sobre la compatibilidad de emprender y mantener a la vez una relación afectiva.

De entrada conviene recordar que ningún momento es el ideal para emprender. Si eres joven te falta experiencia, si tienes experiencia te sobran cargas, si hay crisis nadie compra, si no hay crisis todo es caro… Con respecto a la pareja sucede lo mismo, no se trata de analizar si es mejor emprender soltero y sin compromiso o con mujer, hijos y hasta una suegra. Cada uno tiene la circunstacia que tiene, y con eso hay que contar desde el principio.

El problema es que el emprendedor es, casi por definición, cabezota y visionario. Quiero decir que un emprendedor ve una oportunidad de negocio donde otros solo ven riesgo y está dispuesto a dejarse la piel en el pellejo, como decían Gomaespuma, para conseguir hacer realidad esa visión. Pero quien está al lado sólo ve a un terco empeñado en llamar gigantes a lo que evidentemente son solo molinos de viento. Con lo que los sacrificios que el primero asume naturalmente la pareja los sufre sin entenderlos.

Eso va haciendo mella, y más cuando los resultados tardan en aparecer. Uno puede aceptar cosas como “no tengo mucho tiempo para disfrutar de mi pareja, pero al menos está ganando una pasta que hará que dentro de un año nos vayamos un mes de vacaciones al Caribe”, pero es más difícil aceptar que además de no ver a tu pareja tengas que aceptar que despilfarre los ahorros en una empresa que no parece ir a ningún lado.

Creedme: sé de lo que hablo. Hoy es mi decimonoveno aniversario de boda, y seguramente la mayor amenaza que hemos tenido durante todos estos años ha sido mi aventura de emprender. Mi mujer tiene aversión al riesgo y prefería un marido funcionario con un sueldo simplemente decentillo a un emprendedor que no supiera cuánto dinero ingresaría el mes siguiente. Una persona de confianza le dijo que fuera prudente, porque podía encontrarse con un ex-marido funcionario, y yo tuve que reconocer que llegó un momento en que no podía seguir con la empresa y a la vez atender a mi familia. Entre que ella tuvo paciencia y yo dejé la empresa al cabo de un tiempo, conseguimos salvar la relación.

Para resolver el dilema creo que es esencial ordenar tu escala de valores cuanto antes: ¿es más importante para ti la empresa o la pareja? Si es la empresa, lo único que puedes hacer es dedicar todo tu esfuerzo a ella y esperar que las turbulencias en la relación de pareja no lleguen a provocar el naufragio, pero estar dispuesto a afrontar las consecuencias si llega el caso.

Si decides que tu pareja es más importante, entonces necesitas poner límites al dinero y al tiempo que vas a invertir en la empresa. Negocia cuanto antes qué tiempo vas a dedicar a estar juntos, a cuidar de la casa, de los niños, y qué recursos vas a invertir en el negocio. Si mantienes estos compromisos puede que llegue un momento en el que tengas que abandonar tu proyecto, pero habrás salvado tu pareja.

Y ya de paso, un consejo: si estás casado en gananciales, como la mayoría de los españoles, puede ser buena idea hacer una separación de bienes al empezar a emprender. Más que nada, por prevenir.

Creative Commons License photo credit: TheAlieness GiselaGiardino²³

Solo o en compañía de otros

Una de las primeras cuestiones que tienes que resolver es si la tuya es una aventura solitaria o te asociarás a otros para emprenderla.

No hay una respuesta válida para todas las personas, ni para todas las situaciones. Tener socios presenta ventajas y problemas.

Ventajas

La fundamental es evitar la soledad del emprendedor. Hay momentos duros, en los que parece que nada sale bien, que lo poco que has conseguido construir se te está deshaciendo como un castillo de arena. Momentos en los que tienes la tentación de tirar la toalla.

Tener un socio puede ayudarte a ver las cosas con un poco más de perspectiva y seguir adelante.

Los socios pueden, además, complementar tus habilidades o conocimientos. Si tú eres un excelente técnico pero no tienes ni idea de vender, un socio que lleve la parte comercial puede aportar mucho. Podrías contratar a un comercial, pero el socio (casi por definición) estará dispuesto a trabajar por mucho menos dinero al principio, que para eso recibirá beneficios cuando la empresa pueda darlos. Entregar una parte de tu empresa puede ser la única manera de conseguir gente de talento, especialmente al principio, cuando tienes muy poco que ofrecer.

Por último, pueden aportar dinero. Trabajen o no en la empresa, puede haber socios que simplemente estén interesados en aportar capital, con el objeto de obtener beneficios cuando la empresa pueda soportarlos. Ese capital te ayuda a ponerla en marcha con más comodidad, lógicamente.

Y problemas

Es muy importante que cada socio tenga claro su papel y lo que se espera de él. Pongamos un ejemplo: dos amigas deciden abrir una tienda de ropa para niños. Una de ellas necesita que salga bien y que genere suficientes ingresos para mantener a su familia, pero para la otra, que no tiene problemas económicos, es poco más que una manera de estar entretenida. Es obvio que pronto la primera echará en cara a la segunda que no pone suficiente empeño ni dedica el tiempo suficiente al negocio, y la segunda se sentirá agobiada por la presión.

También es frecuente que cambien las circunstancias personales de alguno de los socios y que quiera abandonar la empresa. O que uno tenga menos capacidad para esperar beneficios que otros.

Otro problema es que el emprendedor tiene menos capacidad para tomar decisiones. Si un familiar ha puesto dinero en la empresa, no es tan fácil cerrarla cuando ves que las cosas van mal. O puedes verte obligado a incorporar como trabajador al hijo zascandil de uno de los socios, aunque no valga ni para barrer el suelo.

Pero el problema principal de incorporar socios es que cedes parte de la empresa. Si tienes éxito, todo va bien y consigues que tu empresa valga unos cuantos millones de euros, habrás entregado parte de ese dinero a tus socios. Asegúrate de que merece la pena.
Bill Gates lo hizo con los primeros empleados de Microsoft, a los que convirtió en multimillonarios. Pero el consiguió ser el hombre más rico del mundo, así que repartir esas participaciones de la empresa fue una buena decisión.

En tu caso, simplemente asegúrate de que lo que tus socios aportan merece la parte de la empresa que les vas a entregar a cambio.

Que todo quede por escrito

Para evitar todos estos problemas, lo mejor es dejar escrito desde el principio, incluso cuando no se haya formalizado ante notario la sociedad, cuál es la participación de cada socio y qué aportará a cambio.

Es fundamental dejar también por escrito qué sucederá si alguno de los socios deja la empresa. ¿Se quedará con su porcentaje? ¿debe devolverlo? ¿todo o solo una parte?

Si todas estas cosas quedan claras al principio, será más fácil llegar a un entendimiento cuando surjan los problemas.

Pero ¿y el riesgo?

Quien haya leído el primer post de la serie se estará preguntando si no es una locura dedicar sus escasos recursos a la improbable aventura de crear una empresa de éxito. ¿No es más sensato hacer como todo el mundo, ser prudente y buscar un trabajo como Dios manda?

Es lógico pensar eso, pero ¿no es esa línea de pensamiento la que te ha conducido al paro? ¿no es esa línea de pensamiento la que te tiene en casa, enviando currículums por decenas y sin conseguir ningún resultado?

Larry Elder, en un artículo de Libertad Digital, decía esto:

Estos hombres me hablaron de las oportunidades que no habían aprovechado, no porque ofrecieran unas perspectivas pobres, sino porque temían estar corriendo demasiados riesgos. Sí, es cierto que muchos de estos empresarios comenzaron negocios y fracasaron. Pero consideraron los “fracasos” experiencias de aprendizaje que los endurecieron y les hicieron más sabios de cara a futuras oportunidades. Lamentaban, sin embargo, no haber corrido aún más riesgos. “Larry, no tengas miedo de fracasar”, me decían todos más o menos con las mismas palabras.

Los padres de unos compañeros de colegio de mis hijos tienen tres McDonalds extraordinariamente prósperos en Madrid. Ella le contó a mi mujer que cuando abrieron el primero estaban con el alma en vilo: se habían hipotecado hasta las cejas para montar aquello. Tuvieron suerte, alrededor de su McDonalds surgieron un montón de pisos habitados por familias con niños, muchas empresas abrieron sedes con miles de empleados cerca, y han ganado dinero como para abrir otros dos restaurantes. Pero si hubieran sido un poco más sensatos y no hubieran cometido la locura de arriesgar todo para abrir el primero, ahora no tendrían nada de eso.

Otro ejemplo, contado por el protagonista:

Recuerdo una conversación de aquella época con mi “manager” en BCG, Yvan Jansen, que me decía que tantos cambios a la vez quizá era una decisión un tanto arriesgada: no tenía experiencia ni en turismo, ni en turismo rural (sólo había estado una vez en una casa rural, en Bélgica), ni en Internet, ni en España… Yvan tenía razón, eran muchos cambios, y tenía muy poco para “triunfar” en algo tan desconocido. Así que… igual seguimos adelante y con 25 años cada uno lanzamos TopRural.

Ahora François Derbaix es socio del portal líder en turismo rural de España.

Emprender es arriesgado, cierto. Vas a tener muchos momentos malos, indudablemente. Te van a llover las críticas si fracasas, y tendrás que soportar a innumerables envidiosos si triunfas. Pero ¿realmente tienes tanto que perder?

Tienes un dinero ahorrado que debería servirte para aguantar hasta que llegue otro “trabajo fijo” pero ¿y si ese trabajo tarda en llegar y el dinero se agota? ¿tienes un plan B si eso sucede? ¿realmente es tan sensato esperar a que la crisis acabe en unos meses, al menos en lo que a ti respecta?

Por otro lado, saber que tu futuro depende del éxito de tu empresa es lo que puede ayudarte a apretar los dientes, remangarte y pasar por todas las dificultades con las que vas a encontrarte en los próximos meses.

En el año 1993 yo me encontraba en paro, pagando una hipoteca y ya con un hijo. Un amigo me habló de unas oposiciones al cuerpo superior de Informática y yo, que nunca me había planteado ser funcionario, vi una salida a mi situación. Unos meses después fui una de las 20 personas, de entre más de 700 aspirantes, que aprobamos la oposición. Entre los que quedaron fuera había muchos ingenieros informáticos y de telecomunicaciones, gente acostumbrada por su carrera a encerrarse y estudiar horas y horas.

Tuve que estudiar mientras intentaba ganar dinero, trabajando en lo que salía. Durante un mes viajaba todas las semanas a Gran Canaria, donde era el último eslabón de una cadena de subcontratas en un proyecto de las ya extintas Andersen Consulting y Digital. Cada día, después de una jornada de trabajo “al estilo Andersen”, me iba a la habitación del hotel y dedicaba al menos otras tres o cuatro horas a preparar la oposición. Tras volver a Madrid el viernes, dedicaba el sábado por la mañana a acudir a las sesiones de preparación, y el resto del fin de semana a ensayar exámenes y ejercicios.

Algunos conocidos con más experiencia y no menos capacidades lo intentaron también y todos fracasaron. Todos ellos tenían en común un trabajo estable. Para ellos la oposición era simplemente una manera de conseguir un trabajo más cómodo. Para mí significaba la salida a mi situación de precariedad. Tenía mucho más que ganar si aprobaba, y eso me ayudó a mantenerme en la carrera de fondo que supone una oposición.

De modo que sí, el riesgo existe. Puedes perder todo el dinero que tienes ahorrado y encontrarte sin nada antes de lo que sucedería si simplemente dejaras pasar el tiempo. Pero precisamente esa presión es lo que puede hacer que te superes, que rindas más de lo que nunca habías creído que podrías rendir.

Piensa en la recompensa, piensa que cada paso que des te acerca más a un futuro en el que nunca más tendrás que depender de que otros quieran darte trabajo, mira hacia el horizonte, arriésgate y gana.

Creative Commons License photo credit: Daquella manera