Desencadenado

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    Desencadenado en los medios: 

Favores sexuales y relaciones laborales

En uno de los últimos capítulos de Shameless (en su versión USA) la protagonista entra a trabajar de cajera en un supermercado y descubre que el encargado (el único varón) tiene montado una especie de harén en el que las cajeras tienen establecidos turnos para pasar a la trastienda y practicarle sexo oral. Ella está librada de esta parte de su trabajo porque tiene una grabación con la que pudo negociar su contrato y las condiciones (que excluyen el paso por la trastienda).

Indignada por lo que considera una explotación intolerable, reúne a sus compañeras y les propone denunciar al encargado. Si lo hacen entre todas, no puede haber represalias individuales y los responsables de la cadena se verán obligados a despedir al jefe libidinoso.

Ahora viene lo interesante. Resulta que algunas de sus compañeras afirman que no es para tanto, que el susodicho se ducha, que son solo unos minutos y que, además, a cambio de estos favores sexuales el encargado les permite llegar tarde o salir pronto, faltar algún día, llevarse a casa comida a punto de caducar… y que nadie sabe si el encargado que sustituya al actual será peor.

Hacen una votación secreta para ver quién quiere denunciar al encargado, y una abrumadora mayoría opta por no hacerlo. Esto es importante para lo que voy a plantearos: las cajeras realizan estos actos voluntariamente. Tienen la opción de cambiar la situación, y no lo hacen porque están satisfechas con este arreglo: sexo oral a cambio de las ventajas que el encargado les ofrece. De hecho, incluso se indignan con la protagonista y le hacen la vida imposible por no asumir su parte del “trabajo”.

Hasta aquí el planteamiento.

Ahora, vuestro turno:

1. ¿Es lícito que un gobierno prohiba este tipo de relaciones laborales si se da (como es el caso) entre adultos que libre y voluntariamente deciden que el arreglo satisface a ambas partes?

2. Suponiendo que los resultados del supermercado no sean diferentes a los del resto de establecimientos de la cadena ¿deben sus directivos despedir al encargado y/o a las cajeras si se enteran de esta situación?

3. Si eres accionista o cliente del supermercado y te enteras de la situación, ¿es lícito dejar de consumir allí o influir como accionista en la medida de tus posibilidades para cambiarla?

4. Si no eres ni cliente ni accionista ni directivo ni empleado del supermercado ¿es lícito que actúes para cambiar el arreglo entre el encargado y las cajeras con manifestaciones, denuncias públicas, campañas de boicot, etc.?

Insisto, partimos de la base de que no hay explotación, ahí estamos todos de acuerdo en que se debe intervenir radicalmente y con urgencia. Las cajeras tienen una opción clara para conservar su trabajo y dejar de “pasar a la trastienda” y prefieren seguir como están. Aunque no están entusiasmadas con este aspecto de sus condiciones laborales, lo asumen igual que llevar uniforme o llegar a una hora determinada, porque el conjunto de las compensaciones (sueldo, días o ratos libres, comida “distraída”) les parece satisfactorio.

Este es el debate que os propongo, que deis vuestra opinión razonando si alguno de estos actores (gobiernos, directivos, clientes/accionistas o ciudadanos) tiene derecho a intervenir. Os agradecería que a pesar del tema mantuviéramos el blog libre de zafiedades y razonáramos las respuestas más allá de “todos los hombres son unos machistas” o ” todas las mujeres son unas z..”. Si leéis bien el post, veréis que el tema no es una serie de televisión, sino hasta qué punto eres libre para hacer en tu empresa lo que quieras (insisto, sin explotar a nadie que no acepte un acuerdo voluntariamente)

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¿Cómo es tu manual del empleado?

A través de Hacker News he llegado al manual del empleado de Zaarly. Ya sabéis que esto de los manuales del empleado son esos documentos que usan las empresas para que ningún empleado recién llegado pueda justificar un error con la excusa de “nadie me lo dijo”. De paso, también sirven para orientarle, decirle lo que se espera de él, cómo tiene que vestir, cómo y para qué puede usar el odenador o el móvil, cuándo se puede coger vacaciones…

El manual de Zaarly es muy simple, tiene solo 7 apartados de un par de páginas como mucho. Os traduzco uno de ellos, y después lo comento:

Reglas de trabajo

No tenemos de eso.

Estamos intentando averiguar exactamente qué son desde que empezamos.. pero no tenemos nada.

Dicho esto, una de las cosas que hemos aprendido es que, en el vacío, políticas, dogmas y reglas parece que se inventan a sí mismos de vez en cuando. Para combatir este “nacimiento de políticas imaginarias” hemos encontrado que es útil articulas algunas áreas de Zaarly en las que explícitamente nos protegemos de la erupción espontánea de reglas.

Unos pocos ejemplos:

  • No tenemos política de vacaciones.
  • No importa a qué hora llegas a trabajar ni a qué hora te vas.
  • Puedes trabajar desde cualquier sitio en el que creas que puedes ser más productivo.
  • Puedes hablar, llamar, escribir un correo o reunirte con cualquiera. Incluso si es tu primer día. Incluso si no sabes cómo se llaman. Incluso si tienen bigote.
  • Nunca implementaremos ningún tipo de expectativa sobre lo que vistes, pero mantenemos el derecho a burlarnos del gusto de tu futura suegra eligiendo ropa si llevas esa ropa a la oficina.

Para alguna gente esto significa que tienen que estar en medio de las conversaciones, delante de una pizarra, o apiñados delante de una pantalla con otra persona. Para otros, esto significa enchufarse a su ordenador con sus auriculares a tope con Skrillex o, en el caso de unos pocos, con los encantos melódicos de Celine Dion. A veces significa que una cafetería bulliciosa o un día de trabajo desde casa en pijama es donde la magia sucede.

Lo que sea, está bien.

Además, este es un sitio en el que los tíos usan a menudo el baño de las mujeres.

La consecuencia de esta no-política es que tu trabajo debe hablar por sí mismo. No se trata de figurar, de una carrera para llegar a la oficina por la mañana, o una competición para ver quién puede estar ahí el último. El resultado es lo que importa. Zaarly no es un sitio para esconderse. Es un sitio para producir.

Si quieres dejarte llevar, te recomendamos que busques otro trabajo en Craigslist.

¿Podrías aplicar una política similar en tu empresa?

Si vives en España, seguro que no. Una de las condiciones no escritas en las reglas de Zaarly es que puedas echar a quien no encaje, simplemente porque no encaja. Con unas reglas así, como ellos mismos dicen, no puedes tener un empleado que simplemente vaya a hacer lo que le manden. El entorno de trabajo de Zaarly, en el que puedes ir cuando quieres, hablar con quien quieres y trabajar en lo que quieres supone, como ellos mismos dicen, que tienes que ser responsable. Que tu trabajo tiene que ser brillante.

No todo el mundo quiere esto. Mucha gente, según mi experiencia una inmensa mayoría, prefiere tener reglas, saber cómo debe ir vestido, tener un horario al que atenerse, saber si tiene 22 días laborables o un mes de vacaciones. Y sobre todo, prefiere tener un jefe que le diga lo que tiene que hacer y al que poder culpar de los errores.

La libertad asusta, sobre todo cuando lleva aparejada la responsabilidad.

Pero decía que en España una empresa, aunque quiera, no puede tener estas no-reglas, porque en España no puedes despedir a nadie simplemente por ser mediocre y limitarse a cumplir órdenes. Así que, gracias a la protección de las leyes con las que el Estado nos garantiza que no seremos explotados y tendremos seguridad en el empleo (dejamos para otro día la discusión sobre lo bien que consigue estos objetivos) impedimos que los brillantes, los motivados, los responsables puedan trabajar en un entorno como el de Zaarly.

Sabiendo esto, y suponiendo que una empresa tipo Zaarly te motive más que la seguridad de un monstruo burocrático con infinidad de reglas, piensa: ¿qué puedes hacer para trabajar en o crear una empresa así?

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Blanco o negro


La postura fácil suele ser el compromiso, la medianía, lo suficiente, las medias tintas. Muchas veces, además de fácil es lo más práctico y rentable. Pero hay casos en los que la peor solución es la de compromiso. Por ejemplo, con la política de uso de Internet en tu empresa.

Si tienes empleados, puedes hacer dos cosas. Una es dejar acceso a Internet solo a los que realmente lo necesiten, y a estos ponerles un proxy que registre sus movimientos por la red, y por si acaso bloquearles los sitios inadecuados, e incluir en los sitios inadecuados las redes sociales, y cualquier servicio que permita almacenar documentos, y todos los sitios con flash que solo sirve para jugar, o mejor aún permitir solo el acceso a unos cuantos sitios y bloquear todo lo demás…

La otra solución es confiar en tus empleados y pedirles que usen Internet con responsabilidad, como usan el teléfono. Si alguien tiene un comportamiento excepcional, tratarlo como excepcional y no aplicar políticas comunes a todos “por si acaso”. Confiar en que usarán las redes sociales para sus cosas, pero también para ser los primeros embajadores de tu empresa. Saber que perderán algo de tiempo en Internet, como ahora lo pierden charlando entre ellos o saliendo a fumar, pero confiar en que serán sensatos.

El compromiso es dar acceso a todos, pero poniendo filtros que son fáciles de saltar. No establecer políticas que definan qué pasa si alguien se excede en su uso de Internet. No saber (y no explicar) si bloqueas determinados sitios porque el ancho de banda es un recurso limitado o porque suponen una pérdida de tiempo. Poner un filtro con las opciones por defecto y no preocuparte si limita mucho, poco o nada. Hacer esto simplemente porque es lo que hacen todos.

La primera opción funciona. Y hay empleados que la prefieren, porque prefieren reglas claras, saber qué se puede y qué no se puede hacer. Tal vez te pierdas algo, tu personal esté menos formado o menos motivado, pero sabes que están haciendo lo que se les dice.

La segunda opción también funciona. El requisito es que tus empleados sean responsables, y saber tratar rápidamente con los que no lo sean, pero la recompensa es retener a los empleados que prefieren ser tratados como adultos, y evitar el coste de gestionar la barrera de Internet.

Lo que no funciona es la tercera opción. Por un lado emites el mensaje de que no te fías de los empleados, pero por otro lado dejas claro que tampoco te importa lo suficiente como para tomar medidas drásticas. Tienes el coste de gestionar las barreras, pero tus empleados seguirán leyendo la prensa deportiva o perdiendo el tiempo en cualquier foro. El vago sigue haciendo el vago, y el responsable tropieza a cada instante con un obstáculo.

Elige blanco o negro, porque aquí no funcionan las medias tintas.

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La empresa del siglo XXI

Llevo un tiempo dando vueltas a cómo debe ser una empresa para estar bien adaptada al mundo en el que vivimos ahora. Muchas de las prácticas de las empresas actuales proceden de modelos de gestión definidos hace 75-100 años, cuando empezó a tomar forma eso que se llama “ciencias empresariales” o “management”. Y dan por hecho cosas como que es preciso tener un edificio al que acuden los empleados y controlar su horario, sin tener en cuenta que los medios de producción (en muchos casos) se han convertido en portátiles y conectados.

Hay empresas que están cambiando la forma de trabajar, hay quien formula conceptos como el de Lean startup o consultoría artesana, pero no encuentro a nadie que exprese todas las ideas que tengo al respecto. De momento son ideas sueltas, así que lo que me propongo es ir escribiendo entradas por aquí para ir articulándolas. Yo soy el primero que aprendo al escribir sobre algún tema, así que espero que eso me ayude a clarificar mis ideas y a organizarlas de forma coherente.

Por dar una pincelada, estoy hablando de cosas como:

    Empresas que no tienen puestos de trabajo fijos asignados a sus empleados. De hecho, tienen menos puestos de trabajo que empleados.

    Teletrabajo extremo. No solo trabajar desde casa en ocasiones, sino tener empleados en otras ciudades o incluso en otros continentes.

    Un tamaño pequeño (menos de 150 personas), elegido voluntariamente.

    Empresas unipersonales, la reputación profesional como el mayor activo.

    Uso de herramientas y recursos gratuitos o baratos. Elegir lo simple y práctico antes que lo perfecto y complejo.

    Meritocracia frente a autoridad impuesta. Estructuras planas frente a jerarquías complejas.

    El método de probar-medir-corregir frente a la planificación y el control de la ejecución.

    El respeto al sentido común de los empleados frente a la imposición de procedimientos.

    El cliente es más importante que el producto. Crear experiencias duraderas, no momentos de venta.

    Hipercomunicación entre empleados, con clientes, con socios… usando múltiples tecnologías y en tiempo casi real.

    Empresas abiertas, que comparten información y crean entornos en los que generan oportunidades de negocio para otros.

    Hiperespecialización, empresas que hacen muy pocas cosas pero son excelentes haciéndolas.

    Redes de cooperación entre empresas que se complementan o incluso pueden competir en un momento y cooperar en otro.

    Micromultinacionales, empresas con empleados en varios países, con subcontratistas en varios continentes y con clientes en todo el mundo, formadas por un puñado de personas y con pocos recursos económicos.

    Empresas flash, que se crean rápidamente y mueren rápidamente para aprovechar una oportunidad puntual.

    Artesanía, ofertas personalizadas, creadas a medida de un cliente con preferencias muy particulares. Explotación de la long tail.

    Empresas con sentido, ONGs con ánimo de lucro. La “responsabilidad social” no es una excrecencia añadida, sino que la propia empresa tiene clara su aportación a la sociedad en la propia manera de hacer negocio.

Como veis, un batiburrilo de cosas, pero son cosas que ya están pasando y que están transformando, o deberían estar transformando nuestra manera de entender lo que es una empresa. Porque si tenemos una visión de empresa que integre estos conceptos, cambia todo: nuestra manera de buscar trabajo, de pensar incluso en lo que es un “trabajo”, de lo que podemos o no podemos hacer, de a quién tenemos que pedir permiso para hacer algo…

Y por supuesto deberían cambiar las políticas públicas de promoción de empleo, de ayudas y subvenciones, las leyes laborales, etc. Pero eso ya es otra historia.

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Contra la perseverancia

He hablado alguna vez de que uno de los requisitos para ser un emprendedor de éxito es la perseverancia. Ser un cabezota, vaya. Empeñarte en sacar algo adelante, esforzarte, y seguir haciéndolo sin dejarte derribar por los problemas.

Pero como pasa con todo, también hay un problema en el exceso de perseverancia. A veces la perseverancia es lo que nos impide progresar.

Por ejemplo, cuando seguimos día tras día en un trabajo que no nos satisface, soñando que alguna vez lo dejaremos para siempre y sin llegar a dar el paso.

Cuando seguimos haciendo las mismas cosas, pretendiendo no reconocer que todo a nuestro alrededor ha cambiado y lo que hace años nos daba resultado ahora ya no funciona.

Cuando seguimos contando con los mismos empleados o colaboradores, a pesar de que sabemos que no son los mejores que podríamos tener, pensando que alguna vez cambiarán y todo irá mejor.

Cuando seguimos atendiendo a clientes que dan más disgustos y trabajo que beneficios, en lugar de salir a buscar nuevos clientes.

Cuando actuamos de una manera determinada porque es lo que se ha hecho siempre, o es lo que hace todo el mundo, en lugar de estar siempre atentos a las oportunidades de innovación y mejora que surgen en cada una de nuestras actividades.

La perseverancia es cómoda, pero puede llegar a asfixiarte. Por eso, ¿qué vas a cambiar hoy?

Creative Commons License photo credit: Daniele Butera

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Vacaciones sin límite

Imagina que cuando empiezas a trabajar para una empresa preguntas por las vacaciones y te dicen que puedes coger todas las que quieras, cuando quieras. No 22 días laborables, ni un mes fijo, ni “al menos cinco días seguidos”, ni “solo entre junio y agosto”. Cuatro, cinco, seis semanas… lo que quieras. Y cuando quieras, no solo en verano.

¿Imposible? Pues es la política de Netflix. Mientras que en Estados Unidos lo habitual es tomarse 10 días de vacaciones al año, en Netflix hay quien se toma tres, cuatro y hasta cinco semanas seguidas. Y la empresa ni siquiera registra quién se ha ausentado ni por cuánto tiempo.

Para Reed Hastings, Director General, los límites a las vacaciones y los requerimientos de tiempo presencial son “una reliquia de la era industrial”. En Netflix, obviamente, tampoco hay horarios de entrada o salida.

Dice Hastings: “Lo peor para un directivo es que venga y me diga: ‘Vamos a darle a Susie un gran aumento de sueldo porque siempre está en la oficina’. ¿Y qué me importa? Quiero directivos que vengan y me digan: ‘Vamos a darle un gran aumento a Susie porque consigue hacer un montón’, no porque esté encadenada a su mesa.”

En Netflix eso que en España está tan extendido de quedarse por la tarde hasta las 7 o las 8, no porque haya trabajo, sino porque demuestra “compromiso con la empresa” está hasta mal visto. Si John se va a las cinco y obtiene los mismos resultados que Paul que se queda hasta las ocho, el profesional más valorado es John.

¿Puede aplicarse este tipo de política en cualquier empresa?

Probablemente no. De hecho, la propia Netflix no la aplica para los empleados que contrata por horas en el centro de soporte (obviamente, hay que gestionar turnos y la presencia físico es un requisito). Pero no cabe duda que, donde sea posible, será mejor para todos, tanto para la empresa que tiene los mismos o mejores resultados como para los empleados que tienen mejores condiciones de trabajo.

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Empleados

El obrero

La idea de pagar una cantidad de dinero fija periódicamente a cambio de que una persona dedique un número de horas fijas a trabajar para nosotros es algo extraño, aunque nos hayamos acostumbrado a ello.

¿A alguien se le ocurre que sería bueno pagar una cantidad fija al mes a la cafetería donde nos tomamos el café de la mañana? Si nos lo propusieran, probablemente lo rechazaríamos: nos obliga a no poder cambiar de cafetería si nos apetece, a tomar siempre lo mismo aunque un día nos apetezca un bollo con el café, a perder dinero si no tomamos café todos los días… Sin embargo, exactamente eso hacen las empresas cuando contratan trabajadores para que les dediquen 40 horas a la semana.

¿Por qué funciona? Pues porque en entornos de trabajo sistematizado, en los que tratas con un número elevado de personas, puedes promediar las incidencias y saber de antemano la productividad del empleado medio. Tener los recursos controlados, saber que cuentas con el personal necesario y reducir las gestiones de contratación y pago compensa las ineficacias debidas al absentismo o a las variaciones en la necesidad de personal.

El problema es que tu recién creada microempresa no tiene cientos de empleados. Si contratas a cinco o seis, cada uno de ellos es crítico, y una incidencia seria con cualquiera puede suponer un disgusto. Además, es muy difícil calibrar si realmente necesitas a cada uno de ellos ocho horas al día. Es posible que si un empleado es productivo cuatro o cinco horas diarias reales te salga más barato contratarle que subcontratar a una empresa o un freelance, aun teniendo en cuenta pagas extra, vacaciones, bajas, costes sociales, etc., pero tienes que sostener ese ritmo durante varios meses.

Por eso recomendé antes evitar tener empleados fijos. Después del dinero, son la mayor fuente de problemas.

Pero si a pesar de todo necestas contratar empleados para tu empresa, ten en cuenta lo siguiente:

Busca un excelente asesoramiento

Y subrayo lo de excelente. Gente capaz de calcular una nómina y enviar los datos a la Seguridad Social hay mucha. Profesionales que te asesoren sobre las opciones que tienes para contratar, que te redactar un contrato sólido y que te eviten consecuencias desagradables si hay problemas con un empleado, ya son más difíciles de encontrar.

No des un solo paso sin asegurarte de que tienes detrás una asesoría laboral absolutamente fiable.

No contrates empleados fijos

Un empleado fijo es una espada de Damocles que pende sobre tu empresa. En el momento en que decida no trabajar, te verás obligado a pagarle una indemnización millonaria para librarte de él. E incluso si no hay mala voluntad, pero tiene la desgracia de contraer una enfermedad larga, tendrás que seguir pagando meses y meses sin obtener nada a cambio.

La ley en España no está pensada para las empresas pequeñas. Lo que puede ser perfectamente asumible para una gran empresa con miles de trabajadores, puede hundir a una PYME con cuatro empleados. Aun así, existen alternativas: hay contratos por obra, periodos de prueba, contratos de prácticas… consulta a tu asesor y no te comprometas más de lo estrictamente necesario.

Calcula y ahorra los costes de despido

Si a pesar de todo contratas a un trabajador fijo, lo mejor que puedes hacer es calcular el coste del despido e ingresarlo cada mes en una cuenta de ahorro. Si no puedes permitirte ese “gasto”, entonces no puedes permitirte contratar a ese trabajador. Si has ahorrado ese dinero y llega la crisis, al menos tendrás asegurado que puedes pagar la indemnización. Y si se va voluntariamente, tienes de repente unos ingresos extra (su indemnización ahorrada) que seguro que vienen bien.

No gastes dinero en formación

Hay alternativas gratuitas, y la Seguridad Social te permite dedicar una parte del dinero que te quita a formación. Fuera de esto, todo lo demás es tirar el dinero.

La formación para tu empresa es un gasto, no una inversión. Contablemente es así, pero es que en la realidad también: el conocimiento es de quien ha hecho el curso, no de la empresa. Esa persona a la que le certificas en una tecnología puntera te pedirá un aumento de sueldo en unos meses, o se irá a la competencia gracias entre otras cosas al certificado que tú le has pagado.

Otra cosa es que negocies con algún empleado que parte de su retribución sea en formación. Este tipo de acuerdos puede ser ventajoso para las dos partes: para tí es un gasto que aunque no compense IVA, al menos no se incrementa en un tercio con los costes de seguridad social, como el sueldo; y para el empleado es una manera de conseguir una formación que le resulta interesante sin reducir sus ingresos.

No Pagues de más

Procura pagar lo menos posible. Alguno comentará lo de los cacahuetes y eso, pero lo cierto es que pagar más no garantiza tener mejores profesionales, ni que sean más fieles. Además, hay que tener en cuenta que cada euro que comprometes en un sueldo fijo son treinta y tantos céntimos más que van directamente a la Seguridad Social. Y cada cien euros de más que pagas en un año a un empleado son doce euros más que tendrás que pagar cuando le despidas. Por si no ha quedado claro: por cada 100 euros de más que pagas en un sueldo al año, estás pagando otros 50.

Si después de un tiempo algún empleado te pide un aumento, ya podrás decidir si su productividad lo justifica. A la hora de contratar, y si otras variables son similares, opta por el candidato que pida menos sueldo.

No contrates gente mejor de la que necesitas

¿Cómo no contratar a los mejores? ¿No debe una empresa buscar la excelencia?

Pues no. Una empresa no debe buscar la excelencia. Una empresa debe buscar el beneficio. La excelencia es un medio, no es el fin. Así que eso de “contratar a los mejores”, solo cuando “los mejores” sean los que pueden hacer ganar más dinero a tu empresa.

Un ingeniero del MIT con 150 de CI puede ser un candidato idóneo para Google, pero no ser el empleado más adecuado para el servicio técnico de una tienda de PCs clónicos.

¿No te has preguntado por qué en las cadenas de restaurantes han cambiado de camareros cada vez que vas? Para ser competitivos, necesitan unos procesos en los que cualquier persona con un mínimo de facultades pueda integrarse y ser rentable. ¿Que la rotación del personal es altísima? Pues de acuerdo, pero si te diriges a clientes que prefieren un sitio más barato con camareros menos “profesionales”, no tiene sentido que contrates a camareros capaces de servir correctamente un arroz con bogavantes.

Precipitarte

¿Seguro que necesitas contratar ya a esa persona? ¿No puedes aguantar ni un mes más, ni una semana sin él?

A veces lo que parece un crecimiento en la actividad es solo un pico temporal. Convertir una necesidad puntual en un coste de estructura permanente puede costarte muy caro. Trabaja más, alarga tus plazos de entrega, apóyate en otras empresas… lo que sea, pero asegúrate de que cuando contratas a alguien es porque va a hacerte ganar dinero el mes siguiente, y el siguiente, y el siguiente…

Contrata lento, despide rápido

Si con algún empleado la situación llega a deteriorarse tanto como para pensar en el despido, hazlo cuanto antes. Rara vez ese tipo de situación se endereza. Cada mes que pasa aumenta la indemnización, pagas por algo que no recibes, puede crear mal ambiente entre sus compañeros… Aunque pases un mal rato anunciando un despido, hazlo cuanto antes y pasa a otra cosa.

Y al revés, piensa bien con cada uno de los empleados si realmente es una persona que va a aportar a tu empresa. No te precipites contratando al primero que esté dispuesto a trabajar, ni siquiera al mejor de cuatro o cinco que se han interesado por tu oferta de empleo. Antes de comprometerte a contratar a alguien asegúrate que entiende lo que se espera de él, que encajará en la empresa y que será productivo como para compensar el dinero que te va a costar.

Creative Commons License photo credit: Libertinus

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2.000$ si te vas de la empresa nada más empezar

Zappos tiene la política de hacer una oferta sorprendente a sus nuevos empleados: cuando llevan solo una semana les ofrece 2.000$, además del sueldo correspondiente a esa semana, si dejan la empresa. Un 2-3% aceptan la oferta.

¿Por qué hace eso Zappos? Fundamentalmente, porque compensa. Zappos es una empresa que se precia de tener el mejor servicio al cliente. Eso supone empleados entusiastas, que compartan los valores de la empresa y realmente quieran trabajar en ella. Cualquiera que haya tenido que lidiar con empleados sabe que 2.000 $ por librarse de los que van a generar más problemas que beneficios es una ganga.

En la legislación laboral española están previstos los periodos de prueba, pero la realidad es que no es lo más frecuente que puedas medir la voluntad y dedicación de una persona en ese periodo. La ventaja del test de los 2.000$ es que es el propio empleado el que se decanta y muestra su preferencia (dinero a corto plazo frente a un puesto de trabajo en Zappos).

Y aún hay otra cosa: los empleados que rechazan la oferta de alguna manera “han pagado” 2.000$ por estar allí. Eso hace que, aún sin ser conscientes de ello, tengan que demostrarse a sí mismos que no se equivocaron al rechazar el dinero, y por tanto tengan más motivación para que todo vaya bien.

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Productos o servicios

Otra de las decisiones que debes tomar es si tu empresa se dedicará a vender productos o servicios.

En principio, parece que vender servicios es más fácil: no necesitas apenas inversión, tú tienes una experiencia y unos conocimientos por los que alguien te ha pagado dinero cada mes, el riesgo parece pequeño…

Como decía ayer, si lo que quieres es trabajar como freelance, vendiendo tus habilidades, no hay más problema que tus propias limitaciones. Mucha gente lo hace, y algunos consiguen vivir muy bien. El problema es cuando quieres, o necesitas, contratar a otras personas que presten los servicios. Es decir, cuando quieres crear una empresa de servicios.

Yo en Alanta sufrí de todo con los técnicos: hubo quien casi se pega con un cliente, quien siempre llegaba tarde (o no llegaba) a las reuniones con clientes, uno que desapareció a los dos días de estar contratado porque era soldado profesional y le llamaron para que se incorporara a no se qué destino, el que de repente dejaba de trabajar, el que solo veía problemas en cada proyecto… y en general hay que estar persiguiendo a la gente simplemente para que haga lo que tiene que hacer.

A lo que se suma, al menos en España, una legislación laboral que impone tales cargas que rompen el espinazo de cualquier empresa pequeña que tenga como modelo de negocio la venta de horas de personal especializado. Eso de cogerse bajas por enfermedad o por maternidad está muy bien cuando eres empleado. Pero si tienes que pagar a alguien que no está generando ingresos, más te vale tener una empresa lo suficientemente sólida como para que aguante. Y no, esas bajas no las paga “la seguridad social”. Hay algún descuento cuando el tema se prolonga semanas o meses, pero la parte del león la sigue pagando el empresario.

Está el problema de los despidos. Si algún trabajador no cumple con lo que se espera de él, o simplemente tienes que prescindir de alguien porque los ingresos no dan para soportar la plantilla actual, tienes que pagar 45 días por año trabajado. Es muy, muy difícil demostrar una conducta merecedora de despido en un trabajador, así que en casi todos los casos el empresario acaba pagando el máximo. Lo cual, en una empresa pequeña, puede suponer que un despido se come todos los beneficios del año. Si son varios despidos los necesarios, como está sucediendo ahora, la empresa puede verse obligada a cerrar.

Hay además otro problema insalvable: las horas facturables no se acumulan. Si vendes tornillos y tienes stock en el almacén, lo que no vendes un mes puedes venderlo el siguiente. Pero si lo que tienes son técnicos ociosos, lo que no factures este mes ya no lo facturarás el siguiente. Por eso es endiabladamente difícil gestionar empresas de “consultoría”, y por eso muchas tienen que cerrar en momentos de crisis.

Es posible que haya que distinguir dos tipos de empresas de servicio: aquellas en los que se pueden estandarizar los procesos, en las que se consigue que personas con poca formación y coste bajo sean productivas en poco tiempo, y aquellas otras en los que se requiere tener profesionales con experiencia, con responsabilidad y con iniciativa, que exigen sueldos muy altos y cuyas horas por tanto hay que facturar muy caras para que sean rentables.

Pero para que funcione una empresa de servicios estandarizados se requiere una masa crítica. Necesitas muchos clientes y muchos trabajadores, de tal manera que ese pequeño beneficio que obtienes con cada cliente, al multiplicarse por el número de clientes, genere un beneficio suficiente. Y eso supone infraestructura, gastos de publicidad, etc. Con lo cual, la ventaja de no necesitar financiación para crear una empresa de servicios se desvanece.

Además hay mucho más público para un restaurante tipo VIPS, en el que los camareros cambian cada pocas semanas (y que son relativamente económicos) que para restaurantes de lujo en el que un camarero sabe servir correctamente un arroz con bogavantes. Por tanto, si de verdad quieres emprender un negocio que se base en vender horas de técnico especializado, asegúrate antes de que tienes clientes y de que están dispuestos a pagar por el servicio de lujo.

En cuanto a los productos, en los últimos años se está haciendo cada vez más fácil crear una empresa de productos con muy poco capital. Hace unas décadas era necesario construir una fábrica, comprar materias primas, contratar obreros… ahora puedes simplemente encargar lo que quieras vque te fabriquen en China o en cualquier país del sudeste asiático. Puedes crear una tienda online por muy poco dinero, o recurrir a eBay para vender sin pagar a intermediarios. La globalización es tu aliada.

Otra alternativa es vender productos electrónicos. No necesitas inventario, se pueden vender en Internet, una vez descontado el tiempo que te lleva crearlos el margen es muy elevado… Un diseñador puede crear, por ejemplo, temas para personalizar WordPress y así obtener ingresos recurrentes. Un fotógrafo vender sus imágenes en dreamstime o iStockphoto. Hablaremos más en profundidad de este tipo de empresa, o de cómo utilizar los productos electrónicos para complementar los ingresos por servicios.

Por último, existe la posibilidad de tener una empresa mixta, al menos durante algún tiempo.

Algunas empresas comienzan siendo de servicios y acaban generando productos. Es muy frecuente, por ejemplo, en empresas de desarrollo de software, que empiezan creando una aplicación para el fontanero de la esquina y después la comercializan como “FontaPlus 3.1″.

En otros casos está claro que el objetivo es desarrollar y vender un producto, pero los servicios son la vía para conseguir ingresos con los que sobrevivir hasta que se consigue tener un producto terminado que colocar en el mercado.

Lo difícil, en estos casos en los que se mezclan productos y servicios, es tener la cabeza fría y mantener la estrategia, evitando que los resultados a corto plazo impidan conseguir los verdaderos objetivos de la empresa.

Creative Commons License photo credit: ruurmo

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Dentro de cien años

No todos calvos, sino todos autónomos. No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Raúl sobre el contrato fijo. Lo mismo hablé con Gonzalo Aller el otro día en Tibi: en unos años, a poca gente se le contratará para estar de 9 a 5 en una oficina. Lo habitual será trabajar para varias empresas a la vez, o sucesivamente, y contratar tú a otros que complementen tu oferta o te presten servicios.

Dentro de 100 años tener un “contrato fijo” sonará tan extraño como ser un siervo de la gleba.

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