Uno de los peores tragos por los que pasa un empresario es tener que despedir gente para que la empresa sobreviva. Echad un vistazo a las noticias económicas y prácticamente todos los días una gran empresa anuncia un ERE, que es una forma elegante de llamar ala reducción de plantilla.
La lógica es inapelable: si el mercado se contrae y ya no ingresamos tanto dinero, tenemos que reducir costes. Y muchas veces los costes principales están en los sueldos de los empleados.
Esto, como todo, se puede hacer mal o bien. Si yo me volviera a ver en la tesitura (y la he sufrido en los dos lados, como empresario y como despedido), haría esto:
1. Analiza la situación de la empresa
Lo primero de todo es tener claro cuáles son tus ingresos, cuáles prevés que sean en los próximos meses, y qué cantidad de coste necesitas reducir para mantenerte a flote.
Debes ser conservador, y no creer a los que afirman que el próximo año todo va a ir mejor. Si es así, estupendo. Pero haz las cuentas pensando que todo irá igual o peor en los próximos dos o tres años.
Analiza qué líneas de negocio son más productivas, cuáles dan peores resultados, cuáles te permitirán ganar cuota de mercado y posicionarte mejor para cuando la crisis termine. Se trata de trazar un “plan de crisis” con el objetivo de enfocar tu negocio a las áreas en que es más competitivo. Por supuesto, identifica cualquier coste superfluo que puedas reducir, y sobre todo presta atención a los recurrentes. Cunado ya no te quedan más conceptos de los que ahorrar, el resto debes ahorrarlo de los gastos de personal
¿Debes despedir a un 10% de la plantilla, a un 20%, a un 50%? Analiza qué personas son más prescindibles y qué coste tienen, hasta alcanzar esa cifra.
2. Reduce la producción, no la venta
Salvo que tengas algún caso de comercial que vende muy por debajo de lo que se espera, no reduzcas el personal de ventas. La producción se puede subcontratar si llega un pico de trabajo, pero vender menos no se compensa. Reduce también todo lo que puedas el personal administrativo, y subcontrata estos servicios.
Hacer una reducción del 10% no significa que todos los departamentos deban reducir un 10% su plantilla. En algunos casos, es posible que la reducción llegue al 100%, si se trata de una línea de negocio que vas a abandonar, y en otros casos puede ser que te quedes con un equipo completo.
Toma la decisión sobre dónde reducir en función del plan que has elaborado, no en función de políticas internas.
3. Hazlo de una sola vez
Quedarte a medias puede ser letal. Debes pasar por el trago del despido varias veces, y los que se quedan sienten que en cualquier momento pueden verse en la calle. Eso significa que los mejores buscarán otra cosa y se irán en cuanto puedan, y que todos, TODOS, van a dedicar una gran parte de su tiempo a buscar salidas, a lamentarse de su situación y a criticar cómo se está gestionando la empresa.
Yo he visto alguna empresa entrar en esa “espiral de la muerte” en la que va reduciendo su tamaño a cada vuelta, y es imposible salir de ella, porque las personas cada vez están menos motivadas y llega un momento que casi desean que les llegue el turno de ser despedidos para quitarse de encima el stress y la incertidumbre.
Así que procura hacer los cálculos bien, y si tienes dudas, comete el error por exceso. No pasa nada por tener que volver a contratar a gente dentro de unos meses.
4. Hazlo tú
Debes ser tú el que explique la situación a los que se van a la calle (y a los que se quedan). No le eches el muerto al responsable de recursos humanos, y menos aún a los directivos intermedios. Tú eres el que toma la decisión, el que cree que es lo mejor para que la empresa sobreviva, y el que mejor puede explicarlo a los que se van y a los que se quedan.
5. Hazlo en grupo
Organiza una reunión con toda la empresa, explica sinceramente la situación y por qué la reducción de plantilla es la única salida, y a continuación quédate solo con los que van a salir. Habla con ellos, responde a sus preguntas lo mejor que puedas, y cuando termines déjales el resto del día libre.
Puedes pensar que es más personal hablar de tú a tú con cada uno, pero eso solo consigue prolongar la agonía, para tí y para los que están esperando sin saber si les toca a ellos o no.
6. Trata bien a los despedidos
Procura ayudarles en lo posible: escribe cartas de recomendación para quien la pida, intenta hablar con otros empresarios para ver si pueden contratar a alguien, y ofréceles trabajar como autónomos si su trabajo encaja en este formato y ellos lo ven interesante.
Al fin y al cabo, es gente que ha trabajado para la empresa, y se merecen el mejor trato que puedas darles.
7. No prestes atención a las situaciones personales
Puede parecer contradictorio con el punto anterior, y puede sonar muy duro, pero no lo es. Es muy posible que alguien intente “ablandarte” contándote alguna pena sobre la situación personal en la que queda. No puedes aceptar que ese criterio sirva para decidir si alguien sale o no de la empresa. Entre otras cosas, porque aunque la situación sea real, es seguro que habrá otros con dificultades iguales o peores pero con más orgullo, y sería injusto para ellos hacer excepciones.
Si quieres ayudar a título personal a alguien, hazlo. Si quieres hacer más esfuerzo por recolocar a alguien que crees que lo necesita más, adelante. Nada te obliga a ser ecuánime en esto, porque todo lo que hagas es generosidad por tu parte. Pero no readmitas a nadie por su situación personal.
8. No les obligues a permanecer ni un minuto de más en la empresa
En España, la ley te obliga a anunciar el “despido por causas objetivas” con un mes de antelación, y a dar unas horas a la semana al empleado para que pueda buscar otro trabajo. Prácticamente en todos los casos, ese mes no será productivo y creará una pésima moral entre los compañeros que se quedan. Es mejor para todos que los que tienen que irse lo hagan cuanto antes. No consideres que pagas un mes a cambio de nada, sino que es parte de la compensación por despido. Lo que sí puedes hacer es “dar las vacaciones” que correspondan a cada uno, de manera que no tengas que pagarlas con el finiquito.
9. Explica la estrategia a los que se quedan
Habla pronto con los que se quedan, y plantéales la situación con claridad. Si tienen que hacer un esfuerzo, trabajar más, cambiar de actividad, explícaselo. Procura explicar con claridad la estrategia de la empresa, en qué áreas debe hacer focos y qué líneas de negocio debe abandonar.
Es muy importante que las personas con las que cuentas tengan los mismos objetivos que tú, que se sientan seguros en su puesto y que crean en el proyecto. Es difícil, cuando acaban de ver marchar a los que hasta ese momento eran sus compañeros y puede que sigan siendo sus amigos, pero es fundamental para que se cumpla tu plan de crisis que todo el mundo rinda al 100%.
10. Ponte a trabajar
Tú y todos. Ya ha pasado el mal trago, todos tienen claro lo que tienen que hacer, de modo que hay que pasar página, remangarse y ponerse a la faena.
Si lo has hecho bien, tu empresa saldrá adelante y todo quedará en uno de los malos momentos de la vida de un empresario. Si lo haces mal… ya no tendrás empresa de la que preocuparte.
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