Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Por qué te pagan tan poco

Es habitual oír en los mentideros del sector cómo los programadores se quejan de lo mal pagados que están y cómo les explotan las cárnicas. Queja que entiendo en parte, porque yo también fui una vez un programador contratado en precario por la subcontrata de la subcontrata de la megaconsultora (la difunta Andersen Consulting). Pero ahora sé que es inevitable que los programadores estén mal pagados, sean o no sean buenos.

Para entenderlo, basta con que te des una vuelta por la zona turística de tu ciudad y veas la oferta de los restaurantes. Con toda seguridad, la inmensa mayoría ofrecen un menú con un precio muy similar y basado en platos “típicos”. Tú sabes que apenas unos centenares de metros más lejos hay restaurantes más baratos, mejores y más auténticos, y te preguntas por qué los turistas insisten en ir a los malos restaurantes.

Lo que sucede, y os habrá pasado cuando habéis sido vosotros los turistas, es que tienes muy poca información acerca de la oferta gastronómica del lugar. Cada vez más hay quien busca en Internet, pero una buena crítica online no garantiza nada. Y por otro lado, tampoco tienes incentivos para dedicar muchas horas a analizar la oferta, porque ese tiempo prefieres dedicarlo a conocer el lugar. Así que miras tres o cuatro sitios, compruebas que el precio no es muy diferente y te metes en el que te convence un poco más que el resto. Tu comportamiento, y el de otros miles de turistas poco selectivos, presiona a los restaurantes para ofrecer comida de calidad justita a un precio casi estandarizado.

Con la oferta de “desarrolladores por horas” sucede exactamente lo mismo. El cliente no tiene ninguna manera de saber a priori si el producto (es decir, tú) será bueno o malo. No sirve la reputación de la empresa, porque no hay diferencia apreciable entre los programadores que provee Consulting Megacorp SA y los programadores que provee Desarrollos Paco SL. De hecho, es normal que los programadores de Desarrollos Paco aparezcan subcontratados en proyectos de Consulting Megacorp. Tampoco el precio sirve como referencia, porque el abanico de precios es muy corto. Consulting Megacorp tiene una sede fastuosa, comerciales perfectamente trajeados y directivos con sueldos estratosféricos, pero eso lo paga con proyectos de cientos de programadores, no cobrando tres veces más.

Y no cobra tres veces más porque no quiera hacerlo, sino porque ningún cliente se lo va a pagar. Entre otras cosas, porque el cliente no es tonto y sabe que de cada tres programadores que le vienen de Consulting Megacorp uno es un principiante, otro un torpe y el tercero un subcontratado de Desarrollos Paco, y no está dispuesto a pagar una fortuna por ese elenco de estrellas.

¿Podría entonces una empresa hacerse un hueco en el mercado ofreciendo programadores de calidad, al precio al que hay que cobrarlos? Es decir, puede una empresa pagar sueldos de 50.000€ e ir a los clientes diciendo, “te ofrezco programadores realmente competentes, con 5 años de experiencia, pero tienes que pagarme 15.000€ al mes en lugar de 6.000. Recuerda que según todos los estudios un buen programador es 5-10 veces más productivo que uno malo.”

Pues no, no podría. Porque también por el lado del cliente actúa el efecto “restaurante turístico”. Cuando el cliente subcontrata programadores “al peso”, es porque los proyectos a los que los destina no son críticos. Normalmente los tiene un tiempo prolongado, con lo que se van formando sobre la marcha, y acaban con una productividad decente para lo que cuestan. No le compensa asumir el riesgo de pagar mucho más por un beneficio que no sabe si realmente va a obtener.

Para los proyectos realmente críticos, o bien cuentan con personal propio, experto en su campo, o bien contratan el proyecto, no horas de programador. Es decir, si realmente necesitan expertos, lo que hacen es trasladar el riesgo del proyecto al proveedor: “necesito un sistema que haga X para dentro de N meses. Si no hace X para dentro de N meses, no cobras”. Como hay riesgo, hay beneficio. Y entonces el proveedor sí contrata programadores a los que paga bien para que hagan un buen trabajo a tiempo.

Por tanto, para salir de la rueda de las cárnicas, lo único que puedes hacer es:

- Dejar pasar el tiempo. De esta manera, o bien te echan de la empresa o bien te consideran un senior y pueden facturar algo más por ti (y pagarte un poco más). En cualquiera de los dos casos, ya no eres el último mono.

- Formarte y especializarte. Si la empresa solo te da cursos de Java, serás como otros miles de programadores iguales a ti, de modo que procura especializarte en algo, a ser posible algo con demanda. Bien formándote por tu cuenta, bien buscando que te coloquen en proyectos punteros.

- Hacer lo anterior y establecerte como freelance. Si realmente eres bueno, y tienes poca competencia, no tienes por qué dejar que otros se lleven todo el beneficio. Puedes eliminar un nivel de subcontrata, y ganar bastante más por hora.

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Cómo elegir una aplicación

Elegir una aplicación para resolver un problema de gestión de la empresa es un problema difícil para muchos emprendedores y pequeños empresarios. Sin conocimientos técnicos, ¿cómo saber cuál es la decisión correcta?

Hoy en Alanta publico una breve guía con recomendaciones para elegir una aplicación, explicando cuándo optar por un desarrollo a medida, software pirateado, software libre, SAAS, etc.

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225 dólares prestados en Kiva

Acabo de prestar otros 25 dólares a un emprededor del tercer mundo. A una emprendedora, para ser precisos, la chica de la foto que es de Samoa, hace ropa para niños y necesita un pequeño préstamo para comprar más telas.

Con esto ya llevo 225 dólares, en un total de 9 préstamos. En realidad, solo puse 100 en su momento, pero como Kiva no va de donar, sino de prestar, según un emprendedor te va devolviendo dinero y lo vuelves a tener en tu cuenta puedes prestárselo a otros. O recuperarlo, si es que por cualquier motivo lo necesitas.

De entre los nueve emprendedores solo hay uno que de momento se ha retrasado en un par de pagos. El resto ha sido puntual como un reloj.

En conjunto, el equipo Desencadenado ya ha prestado 2.900 dólares. Somos 25, y hemos hecho entre todos 93 préstamos.

¿Por qué no te unes y ayudas, de verdad, a alguien a salir de la pobreza creando bienestar para él, para su familia y para su comunidad? 25 dólares, el mínimo para prestar, no son nada para ti, y los recuperas al cabo de un tiempo con el mejor interés: saber que estás contribuyendo a hacer un mundo mejor.

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¿Cuándo está listo tu producto?

Cuando el emprendedor primerizo e ilusionado se lanza a definir el producto que va a poner en el mercado, normalmente tiene claro lo que quiere: “lo mejor de lo mejor”. Calidad de la buena, nada de fabricado en China. Algo que “le van a quitar de las manos”. Y si es un servicio, no lo prestarán técnicos de medio pelo, sino profesionales experimentados con años de curriculum a sus espaldas.

El problema, claro, es que como dice el refrán “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Y hacer el producto perfecto, además de caro, muchas veces es imposible. Entre otras cosas, porque supone dedicar mucho tiempo y esfuerzo a limar aristas, a hacer retoques, a cambiar una pequeña cosita que resulta que tiene impacto en otras “pequeñas cositas…” Y al final después de meses uno se encuentra con que el producto no se ha terminado, pero el dinero sí.

Leed este mensaje de la lista de desarrolladores de Django. Después de años estaban dispuestos por fin a lanzar la versión 1.0, y su planteamiento puede ser muy útil para tomar ejemplo.

  1. Pusieron una fecha límite para el lanzamiento. Sin ese límite, los días se convierten en semanas, las semanas en meses, y al final el tiempo ha pasado y nunca has alcanzado tu objetivo.
  2. Como la fecha límite marca un tope para las cosas que puedes hacer, priorizaron la funcionalidad que tendría esa versión del producto según 3 criterios:
  • Cosas que deben estar obligatoriamente en la versión 1, y que pueden retrasar el lanzamiento si no están listas.
  • Cosas que sería bueno que estuvieran, pero si no da tiempo se quedarán para más adelante.
  • Cosas que ya saben que quedarán fuera, aunque sea una pena. Ya habrá una versión 1.1, o 2.0.

Como veis, el software libre no solo es útil en si mismo, sino que además el proceso abierto y público de desarrollo nos permite descubrir prácticas que podemos incorporar en nuestras empresas.

¿Queréis otro ejemplo? Cuando Apple lanzó la primera versión del iPhone, se criticó que no tuviera GPS y que no fuera 3G. Ahora estas funciones están ahí, y por la mitad de precio que antes. Pero lanzando una primera versión que ya era rompedora, aunque todavía no hubieran conseguido embutirle también el 3G y el GPS, Apple consiguió varias cosas. Primero, vender una cantidad disparatada de teléfonos, que no es poco. Pero además, posicionarse como el líder en teléfonos “pijos”, mirando por encima del hombro a competidores establecidos como Nokia o HTC. Y todavía más: aprender lo suficiente del negocio y de la tecnología como para sacar un dispositivo mejor, más barato y que les reportará muchos más beneficios.

Ya hemos hablado de Autodesk, que primero acudió a una feria con poco más que unos folletos y después desarrolló el producto (AutoCad) basándose en la información que obtuvieron de los visitantes interesados. Es interesante leer esto que escribió su fundador, John Walker:

De lo que estoy hablando es del “Culto del Diseño” – la idea completamente absurda de que con una investigación adecuada, nuestro poderoso intelecto, junto a procesos de gestión innovadores y, ah sí, herramientas de diseño, modelado y simulación rompedoras, podemos crear, ab initio, productos que pueden ser fabricados en masa desde cero exactamente con los costes y niveles de calidad previstos, que sean aceptados inmediatamente por los consumidores identificados y retornen el beneficio esperado a sus desarrolladores.

Que montón de gilipolleces. [...]

Rotundamente la única manera que conozco de tener éxito con un producto innovador es juntar algo rápidamente, sacarlo por la puerta, persuadir a algunos early-adopters pirados de que empiecen a usarlo, y después evolucionarlo rápidamente en un ciclo de mejora basado en la aceptación del mercado y dirigido por una lista de deseos de usuarios reales.

Otro caso paradigmático es el de Vignette. Para los que no lo conozcan, Vignette es una herramienta de gestión de contenidos (como pueden ser WordPress, Joomla o Drupal) de clase empresarial. Es decir, que sirve para hacer webs todo lo grandes y complejas que necesitemos, en las que pueden intervenir equipos de centenares de personas distribuidas por todo el mundo. Es el software que está detrás de las webs de grandes empresas como el Grupo Santander y organizaciones como el Ayuntamiento de Madrid.

No es un software nada barato. Sólo en licencias una instalación de Vignette puede costar cientos de miles de euros, y si agregas los servicios, lo habitual es que el proyecto salga por unos cuantos millones. Hasta ahí, lo normal en entornos de software corporativo.

Lo que no es tan habitual es lo que recibías hasta hace poco a cambio de esos cientos miles de euros. No una caja troquelada con unos CD estampados, un manual de usuario y unos hologramas que certifican la autenticidad, como cualquier producto de Microsoft. Ni siquiera unos bits, algo virtual pero que tiene un procedimiento de instalación y a partir de ahí es usable, como las aplicaciones que descargas de Internet. Vignette consistía en código, funciones y librerías más o menos coherentes entre sí pero que requerían unos servicios de implantación especializados, porque instalarlos no era cuestión de arrancar un programa, responder a unas preguntas y pulsar el botón “siguiente” unas cuantas veces.

Dicho de otro modo: Vignette, un producto que se vendía por cientos de miles de euros, no era un producto “terminado”. La empresa no había perdido el tiempo creando instaladores, puliendo la interfaz de usuario, editando manuales o fabricando CDs. Tenían algo tan valioso como para que grandes empresas estuvieran dispuestas a pagar mucho por el “producto”, y al fin y al cabo quien tenía que acceder directamente al producto no era el cliente final, sino el especialista que lo instalaba y configuraba. Así que tenía todo el sentido no perder el tiempo en “adornos” ni en facilitar la vida a usuarios casuales, y centrarse en ofrecer más funcionalidad a los expertos.

No es que fuera muy elegante, pero ganaron mucho dinero siendo de los primeros en tener algo que ofrecer cuando a finales de los noventa las puntocom y las grandes empresas demandaban soluciones de gestión de contenidos. Si hubieran esperado a tener un producto “redondo” y perfecto para salir al mercado, probablemente no hubieran sido capaces de sobrevivir al desastre de las puntocom.

Así que ya sabes: ponte una fecha, valora con realismo qué puedes hacer para tener un producto “terminado” ese día, y deja la perfección para más adelante.

Creative Commons License photo credit: ‘J’

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El mercado funciona mejor que los mejores expertos

Supongo que conoceréis la iniciativa OLPC (One Lapton Per Child) que creó hace ya algún tiempo Nicholas Negroponte, supremo gurú de nuevas tecnologías en el MIT. La idea era crear un ordenador barato y robusto que pudieran usar los niños de países subdesarrollados para tener acceso a las tecnologías de la información y mejorar así sus perspectivas de futuro.

El proyecto tuvo un desarrollo muy lento, y el objetivo de que el coste de los portátiles no superara los 100 dólares todavía no se ha conseguido. Han vendido unos cuantos miles en algunos países en vías de desarrollo, y otros en occidente, en base a una campaña de “compra uno y regálale otro a un niño del tercer mundo”.

Ahora la empresa que se creó para comercializar y desarrollar el portátil ha anunciado que despedirá a la mitad de sus trabajadores y reducirá los sueldos del resto. Según Negroponte, por la crisis económica.

Pero lo cierto es que el mercado ha identificado un nicho para portátiles pequeños, simples y baratos, que se han dado en llamar netbooks, y se venden extraordinariamente bien. Cuestan algo más de 100 dólares, pero también el OLPC cuesta 200. Y es probable que pronto haya un mercado de segunda mano que haga llegar a los países subdesarrollados modelos antiguos por menos de 100 dólares, de manera similar a lo que sucede con los teléfonos móviles.

Una lección de todo esto, claro, es que es más fácil tener una idea que implementarla. Puedes tener la visión de un portátil barato y sencillo, pero conseguir fabricarlo y que llegue a su público objetivo requiere otras cualidades además de visión.

Pero la otra lección es que el mercado es más eficaz que un experto, por muy gurú de las nuevas tecnologías que sea, a la hora de hacer viable cualquier idea. O de descartarla rápidamente si no lo es.

Creative Commons License photo credit: One Laptop per Child

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¿Cuál es el CMS libre más usado?


Si os estáis planteando un proyecto web nuevo, y queréis usar un CMS (un sistema de gestión de contenidos, en cristiano), os vendrá bien echar un vistazo a este estudio elaborado por Water & Stone.

En él analizan la cuota de mercado (si es que se puede llamar así) de los CMS libres más populares, y llegan a la conclusión de que los números uno, con diferencia sobre el resto, son WordPress, Joomla! y Drupal.

¿Por qué es importante saberlo? Sencillamente: el problema de cualquier herramienta de software en la que bases tu trabajo es que puede morir si no tiene suficiente apoyo. Pasa también con el software propietario, y al menos con el software libre no te has gastado una pasta en licencias, pero aún así el esfuerzo que haces para desarrollar un sitio con una herramienta concreta puede acabar en la basura (y el esfuerzo es dinero). Y tienes además el coste de migrar todo a otra herramienta.

Además, una herramienta popular te facilita encontrar plantillas, módulos, técnicos que la conocen, ayuda en la web…

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Desarrollando el producto perfecto


Cuando el emprendedor primerizo e ilusionado se lanza a definir el producto que va a poner en el mercado, normalmente tiene claro lo que quiere: “lo mejor de lo mejor”. Calidad de la buena, nada de fabricado en China. Algo que “le van a quitar de las manos”.

El problema, claro, es que como dice el refrán “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Y hacer el producto perfecto, además de caro, muchas veces es imposible. Entre otras cosas, porque supone dedicar mucho tiempo y esfuerzo a limar aristas, a hacer retoques, a cambiar una pequeña cosita que resulta que tiene impacto en otras “pequeñas cositas…” Y al final después de meses uno se encuentra con que el producto no se ha terminado, pero el dinero sí.

Leed este mensaje de la lista de desarrolladores de Django. Por fin van a lanzar la versión 1.0, y su planteamiento puede ser muy útil para tomar ejemplo.

  1. Han puesto una fecha límite para el lanzamiento. Sin ese límite, los días se convierten en semanas, las semanas en meses, y al final el tiempo ha pasado y nunca has alcanzado tu objetivo.
  2. Como la fecha límite marca un tope para las cosas que puedes hacer, han priorizado la funcionalidad que tendrá el producto según 3 criterios:
  • Cosas que deben estar obligatoriamente en la versión 1, y que pueden retrasar el lanzamiento si no están listas.
  • Cosas que sería bueno que estuvieran, pero si no da tiempo se quedarán para más adelante.
  • Cosas que ya saben que quedarán fuera, aunque sea una pena. Ya habrá una versión 1.1, o 2.0.

Como veis, el software libre no solo es útil en si mismo, sino que además el proceso abierto y público de desarrollo nos permite descubrir prácticas que podemos incorporar en nuestras empresas.

¿Queréis otro ejemplo? Cuando Apple lanzó la primera versión del iPhone, se criticó que no tuviera GPS y que no fuera 3G. Ahora estas funciones están ahí, y por la mitad de precio que antes. Pero lanzando una primera versión que ya era rompedora, aunque todavía no hubieran conseguido embutirle también el 3G y el GPS, Apple consiguió varias cosas. Primero, vender una cantidad disparatada de teléfonos, que no es poco. Pero además, posicionarse como el líder en teléfonos “pijos”, mirando por encima del hombro a competidores establecidos como Nokia o HTC. Y todavía más: aprender lo suficiente del negocio y de la tecnología como para sacar un dispositivo mejor, más barato y que les reportará muchos más beneficios.

Así que ya sabes: si tienes una idea ponte una fecha, valora con realismo qué puedes hacer para tener un producto “terminado” ese día, y deja la perfección para más adelante.

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Matt Wullembeg y las empresas del futuro


Escribe Enrique Dans sobre la conferencia que dio Matt Wullembeg, el creador de WordPress, en el EBE06, el evento de bloggers de Sevilla. Me interesa sobre todo lo que cuenta sobre la idea de empresa que tiene Matt:

Su compañía, Automattic, es una perfecta traslación de sus ideas. Completamente virtual, formada por personas que trabajan desde sus casas, es una compañía pequeña con vocación de pasárselo bien, de no ser comprada por ningún grande que estropee su forma de hacer las cosas:

“My idea of success is not to work for a big company. My goal is to keep it fun.”

Las “pequeñas ideas que funcionan” de Matt, como WordPress, generan además productos que se independizan del posible éxito o fracaso de su compañía:

“Even if Automattic went bankrupt tomorrow, WordPress would outlive that.”

Para Matt, la clave del éxito es disponer de un sitio con abundante banda ancha y con costes de vivienda bajos. Ni más, ni menos. Para él, sitios como Silicon Valley o las grandes iniciativas para construir entornos tecnológicos en Europa están completamente anticuadas en un momento en el que resulta mucho más sencillo y más agradable trabajar desde casa y permanecer en el ambiente que uno escoge, sea urbano y vibrante o tranquilo y sosegado. [...]

En las grandes compañías, se juzga a la gente basándose en la forma en que trabajan, no en el resultado de su trabajo, y eso destruye la ilusión de las personas, su libertad para trabajar como buenamente quieran en aquello que les gusta.

Las habilidades que se requieren para crear software se parecen más a la artesanía (o incluso al arte) que a la ingeniería. Y, sin embargo, lo habitual es tratar a los desarrolladores de software como obreros de una cadena de producción: controlar las horas de entrada y salida, limitar el acceso a Internet, estandarizar los ordenadores y el software… Yo trabajé en una consultora que ¡tenía tornos en los que se fichaba para acceder a la máquina de café!

Sospecho que sucede lo mismo con otros trabajos intelectuales. Cada vez es más importante contar con gente con talento, pero la única variable que se maneja para atraerlos es la retribución. Matt plantea una empresa que puede contratar personal en cualquier parte del mundo, a la que permite vivir donde más le apetezca y no le obliga a soportar atascos dos veces al día, ni a comer bazofia en una cantina, ni a trabajar bajo unos tubos fluorescentes en una pradera llena de ruido y gente molesta. Una empresa en la que se valora el resultado de tu trabajo, y no la cercanía al jefe del departamento ni el quedarse trabajando después de las seis.

Gestionar una decena de personas repartidas por todo el mundo tiene su aquél, probablemente, pero seguramente será más divertido que pastorear, estabular y pretender ordeñar a unos elementos que serían más felices (y más productivos) triscando libres por el campo.

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