Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Resultados de la encuesta sobre el marketing en tiempos de crisis

Cambio por fin la pregunta de la encuesta, que pasa a ser ésta: ¿Qué es lo mejor que pueden hacer las administraciones públicas para ayudar a los emprendedores?

Y comento los resultados de la actual. Recordad que la pregunta era “¿Qué debe hacer una empresa con el marketing cuando hay crisis?”.

Tal vez sea por el espíritu emprendedor de los lectores, pero lo cierto es que un 89% opta por gastar lo mismo o incluso más. Nada menos que un 13% apoya la opción de gastar más para ganar más cuota de mercado. Pero eso contrasta con lo que hacen las empresas. El gasto en publicidad ha descendido, y mucho. Lo que demuestra la diferencia entre la teoría y la práctica. En teoría hay que invertir en marketing, pero en la práctica tienes que pagar las nóminas y cada vez tienes menos ingresos, así que recortas de todas partes.

Y a aguantar un mes más, a ver si el siguiente es mejor.

Quién tiene la culpa de la crisis

Comento la última encuesta, que ya va siendo hora. A la pregunta de ¿Quién tiene la culpa de la crisis?, un 45% de los votantes ha respondido que “el afán desmedido de riqueza”, muy por delante de la segunda opción “El sistema neoliberal que no controla al mercado”, que ha tenido el apoyo del 20%.

Hay que apuntar que los resultados han cambiado después de que el post sobre qué hacer si te quedas en paro fuera portada de menéame. Antes, mi opción favorita (La intervención de los gobiernos en la economía) tenía más del 13% en que se ha quedado.

Pero vamos al grano, ¿puede ser el afán de riqueza el causante de la crisis? Eso implicaría que el afán de riqueza ha crecido en los últimos años. Y necesitaría una justificación ¿somos los seres humanos más avariciosos en el siglo XXI que en el XX? ¿Eran los seres humanos más avariciosos en 1929 que veinte años antes o veinte años después? ¿Y en la crisis de 1973?

La avaricia, o el afán de riqueza, o el deseo de prosperar siempre están ahí. Pretender que no existe, o que los seres humanos deberíamos cambiar y ser mejores, tal vez esté bien como idea para tu grupo religioso/ideológico, pero tiene poco sentido práctico no contar con ello. Si dentro de X años tu religión o tu ideología consiguen cambiar a los seres humanos y hacernos a todos seres altruistas dispuestos a compartir con el que menos tiene, estupendo. Mientras tanto, lo mejor es asumir que esa avaricia lleva algunos milenios acompañándonos, y que cualquier sistema económico debe partir de que existe.

El capitalismo es bueno porque canaliza esa avaricia hacia el servicio a los demás. Como decía Adam Smith: “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. El caso es que gracias al egoísmo y al afán de riqueza del panadero, tenemos pan. Él está contento ganando su dinero, y nosotros somos estamos contentos pagándole por tener pan.

Para que le paguemos, por supuesto, debe proporcionarnos un pan que nos parezca mejor que el dinero que pagamos por él. Si no lo hace así, compraremos en otra panadería, o simplemente dejaremos de comprar pan y acompañaremos la comida con arroz o con tortas de maíz.

Y lo que vale para el pan, vale para los pisos, las hipotecas o los coches. Claro que si te equivocas al comprar una barra de pan, el error que has cometido es muy leve, y no tiene más consecuencia que una comida peor. Si te equivocas al comprar una vivienda, o al contratar una hipoteca, toda tu vida puede verse afectada durante años. De modo que debes tener más cuidado e informarte mejor al comprar una vivienda que al comprar una barra de pan. Parece de Perogrullo, pero la cosa tiene miga.

Mucha gente cree que el Estado le protege de los avariciosos banqueros y empresarios que intentarían sacarle hasta el hígado de no mediar reglas, normas y vigilancia. De este modo, “cede” la responsabilidad de informarse antes de tomar una decisión que comprometerá toda su vida.

Pero lo cierto es que sucede más bien al contrario. Los Estados han contribuido más que nadie a la crisis, y desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, muchos piensan que la crisis de las subprime se debe a que la avaricia de los bancos les llevó a prestar dinero a quien no podía devolverlo, creando luego los famosos “paquetes” que endosaban a otros bancos.

Lo cierto es que fue el gobierno de Bill Clinton quien obligó a prestar a los indigentes, bajo la amenaza de denuncias por racismo. Leed este artículo del NYT, de 1.999, en el que se anunciaba que si se producían un cambio negativo en la economía, esas medidas obligarían a un rescate de las entidades financieras por parte del gobierno. Yo tengo muy poco respeto por los economistas que son prefectamente capaces de explicar a toro pasado cualquier situación económica, pero mucho por quien es capaz de predecir algo con casi diez años de antelación.

De modo que el gobierno estadounidense sí tuvo que ver con la crisis de las subprimes, pero no por vigilar poco, sino por obligar a prestar a insolventes solo porque tenían el color de piel adecuado. Y por enviar además un mensaje envenenado: “si el gobierno me obliga a prestar a un individuo que ni siquiera tiene un trabajo decente, no ve a a dejar luego en la estacada si el susodicho no paga el crédito”. Por supuesto que el afán de riqueza hizo que los bancos americanos, además de conceder préstamos basura los “empaquetaran” y se los colocaran a otros, pero ese mismo afán de riqueza les habría hecho ser mucho más prudentes si el Estado no hubiera intervenido.

Por nuestra parte, la burbuja inmobiliaria ha tenido mucho que ver con la financiación de los Ayuntamientos. ¿Que hay mucho chorizo en la construcción? Pues claro. Más o menos la misma cantidad que concejales de urbanismo corruptos. Cuando de la decisión de un cargo público depende que tu terreno valga 5 o 100, hay una gran ventana de oportunidad para que la avaricia se dirija no a satisfacer las necesidades de tus clientes, sino a conseguir el favor del cargo público.

Hay más: el Estado tiene el monopolio del dinero, y maneja los tipos de interés. Durante muchos años, los bancos centrales han estado manteniendo unos tipos de interés tan bajos que era casi irracional no entramparse. El mensaje que se nos daba desde el Gobierno era: “gasta, gasta, que tienes dinero para lo que quieras”.

El problema de gastar a crédito es que lo haces hoy con el dinero que crees que tendrás mañana. Si en tus cálculos está que tu vivienda valdrá un 20% más cada año, y que la economía siempre va a ir a mejor (al menos en lo que respecta a tus ingresos), lo más probable es que te equivoques. Y nuevamente el Gobierno, con sus mensajes de “somos la leche, la economía va a tope, y quien diga lo contrario miente”, ha contribuido a que muchas personas tardaran demasiado en darse cuenta de que sus cálculos estaban fatalmente equivocados.

Por si sirve de consuelo, hay que tener en cuenta que también los “expertos” de los bancos se equivocaron. Demasiados créditos se concedieron con criterios irresponsables, y demasiadas inversiones se hicieron sin mirar la solvencia real de los activos en que se basaban. Nuevamente el afán de riqueza, pero en un entorno en el que las relaciones no son transparentes, sino que están envenenadas por la intervención del gobierno.

La puntilla la ponen los planes de rescate. Los de Obama, los de Zapatero y los de sus colegas. En una economía sana y libre, las empresas que han cometido errores (como los bancos) y las que nos son competitivas (como la industria del automóvil) se ven obligadas a reconocer sus pérdidas, reconvertirse si están a tiempo, y cerrar o ser vendidas si ya no lo están. El dinero (por avaricia, por afán de riqueza) fluye a empresas más competitivas y más rentables, y aunque hay un periodo en el que los implicados en las empresas fracasadas (propietarios y trabajadores) sufren, al cabo la economía se sanea y la gente encuentra nuevos trabajos.

Nuevamente, el afán de riqueza es el que hace que esas otras empresas prueben suerte, intenten atender necesidades insatisfechas de los consumidores, y ganen dinero con ello.

Pero los planes de rescate retiran el dinero de las empresas solventes y de los ciudadanos que pagan sus impuestos, y se lo entregan a las empresas insolventes. Con esto, además de apuntalar empresas que deberían reconvertirse o cerrar, envían un mensaje a los avariciosos: “no arriesgues tu dinero en empresas innovadoras. Yo, que para eso soy el Estado, te garantizo que nunca perderás si lo colocas en las empresas que yo elija”.

Y envían también un mensaje a los avariciosos directivos de los bancos y empresas insolventes pero grandes: “no importa lo mal que gestiones tu empresa, yo siempre estaré aquí para apoyarte. No importa que arriesgues irresponsablemente, o que no innoves, sabes que siempre puedes contar conmigo.”

El Estado acaba siempre comportándose como el protagonista de una comedia de enredo, que para disimular que tiene una amante debe aportar cada vez explicaciones y justificaciones más alambicadas, y cada solución a un problemilla desencadena otro mayor, hasta que la situación se hace insostenible.

El problema es que mucha gente aún no ha llegado al punto en el que descubre que el gobierno le ha estado engañando con otra mientras le juraba amor eterno.

Los directivos rechazan acciones de sus compañías

Acabo de leer esta noticia:

Los directivos de EEUU rechazan las acciones de sus propias compañías

Según Reuters, las ventas de acciones por parte de los directivos son cuatro veces mayores que las compras. La recesión, la incertidumbre y tal.

Pero yo me pregunto ¿puedes confiar una empresa a alguien que no está dispuesto a invertir en ella? Creo que ese debería ser un criterio fundamental para seleccionar a los directivos que un emprendedor necesite incorporar a su empresa: si no están dispuestos a invertir (o a recibir una parte de la paga en forma de participación en la compañía), solo puede ser por dos razones:

- No creen en el proyecto, y solo estarán ahí mientras cobren su sueldo. Esto puede ser aceptable para un trabajador de base (y aun así lo dudo), pero nunca para alguien que tiene responsabilidad sobre la marcha del proyecto.

- No quieren implicarse, y no tienen aspiraciones a largo plazo en el puesto en el que están. Esto puede suceder, por ejemplo, con directivos que una estartup “pille” en un momento de crisis como el actual, y que se incorporen a la misma solo mientras encuentran “algo mejor”.

No se me ocurren más razones. En cualquier caso, yo no incorporaría a una función directiva a quien no esté dispuesto a apostar por el proyecto.

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Los parados fantasma

En tiempos de crisis se multiplican las situaciones de personas que oficialmente no han sido despedidas, que incluso siguen acudiendo a su puesto de trabajo pero que han dejado de cobrar. ¿Por qué se produce esto?

Porque el empresario está pendiente de cobrar pagos pendientes, porque no tiene dinero para pagar la indemnización que corresponde, porque irracionalmente espera “que la cosa mejore”… Y porque el empleado piensa que es mejor aguantar, que tiene ahí un dinero pendiente de cobrar y que si se va ahora no va a encontrar otro trabajo.

Un consejo: no caigas en la situación. Tanto si eres empresario como empleado, solo puede ir a peor y los problemas serán cada vez más graves.

Si eres empresario tendrás que pagar la seguridad social, y el IRPF que se supone que has retenido, con lo que cada mes que tienes empleados sin cobrar aumenta además tu deuda con la administración. Aumenta la deuda con los empleados, y la indemnización que les corresponde. La productividad de tus empleados caerá en picado, y será prácticamente imposible que vuelvan a tener confianza y lealtad en la empresa, aun en el improbable caso de que consigas remontar y pagarles.

Si eres empleado, debes tener en cuenta que aunque puedas vivir unos meses de tus ahorros, cuando llegue el momento del despido pasará un tiempo hasta que puedas cobrar el paro. Depende de como haya ido la cosa, pueden ser tres o cuatro meses. Si la empresa no ha tenido dinero para pagar los sueldos este mes, es muy probable que tampoco lo tenga para pagarlos el siguiente. Y que además otras deudas se vayan sumando a la tuya, con lo que cada vez será más difícil que un pago pendiente o un nuevo pedido resuelvan la situación.

Yo viví una situación así en la crisis del 93, en la que la empresa dejó de pagarnos, y acabó muy mal. Tan mal que uno de los empleados pasó un fin de semana en la cárcel, acusado de robar información confidencial. Nunca cobramos, y costó mucho obtener una parte de la compensación del Fondo de Garantía Salarial. Lo de la cárcel puede ser extremo e inusual, pero no lo es el ambiente de sospecha y desconfianza que se genera en una situación así.

Cuando tuve una empresa y me enfrenté a una crisis que supuso un retraso en el pago de una nómina, busqué el dinero donde pude, pagué las indemnizaciones y despedí a los trabajadores, ofreciéndoles la posibilidad de trabajar como freelance. Tal vez por mi experiencia, para mí siempre fue prioritario pagar a los trabajadores, antes que a la administración o a los proveedores.

¿Qué puede hacer un empresario que no puede pagar una nómina pero cree que su empresa tiene futuro? Plantear la situación, permitir que se quede quien quiera apostar por la empresa y establecer, por escrito, la recompensa. En forma de acciones, bonus o lo que sea. Pagar al que prefiera irse sin juzgar su actitud (puede tener más necesidad de cobrar todos los meses que el que se queda), dejarle las puertas abiertas y exigir a los que se quedan que trabajen como si estuvieran cobrando, porque se supone que lo harán algún día.

¿Y si el problema es que no hay dinero ni para pagar las indemnizaciones? Lo mejor es también anunciarlo abiertamente y negociar con los empleados el pago parcial o aplazado de su indemnización, de manera que puedan regularizar su situación y cobrar el paro cuanto antes. Ojo, si el empleado insiste en cobrar todo, y la empresa no es capaz de hacer frente a ese pago, puede verse obligada a presentar un concurso de acreedores, lo que probablemente signifique el fin de la empresa.

Lo que no debes hacer en ningún caso es prometer que se cobrará pronto, y eso un mes y otro, y prolongar una situación agónica en la que todos saldréis perjudicados. Si tu empresa tiene que hibernar hasta que consigas cobrar unas deudas o hasta que pase al crisis, siempre será preferible eso a tener que cerrar por haberte metido en una situación insostenible.

Si eres empleado y has dejado de cobrar una nómina, vete. No te obceques por cobrar la indemnización. Es posible que aunque te quedes hasta que se produzca el despido nunca llegues a cobrarla, o que solo cobres una parte si la empresa se ve obligada a cerrar y sus activos tienen que ser liquidados entre todos los accionistas. Si puedes negociar con la empresa que te pague una parte, coge lo que puedas y sal corriendo. Encontrar trabajo puede ser difícil, pero al menos empezarás a cobrar el paro antes y antes tendrás todo el día para buscar otras cosas. Y procura quedar bien con el empresario: déjale bien claro que tú te quedarías, pero que pasar al paro es lo mejor para los dos, que así él no tiene gastos y que si la situación cambia estás dispuesto a volver a trabajar para él.

Si crees que la empresa puede tener futuro, y prefieres apostar por ella, asegúrate de que puedes sobrevivir sin tener ingresos durante unos meses (por lo menos seis). Si vives con tus padres y no tienes que pagar una hipoteca, cuando vuelvan las vacas gordas el empresario te estará agradecido. Eso sí, deja bien claro, y por escrito, cuál será la compensación por haber apostado por la empresa. Lo más justo es tener una participación en la misma (al fin y al cabo, has sido socio capitalista durante un tiempo).

Otra alternativa, que es lo que yo hice cuando me ví en la situación, es pasar a hacer una jornada reducida. Yo iba a trabajar tres días, y dedicaba dos a generar ingresos por mi cuenta. Traduje un libro, desarrollé aplicaciones y sobre todo conseguí unos clientes que me vinieron muy bien para tener ingresos continuados cuando al final la empresa se vino abajo. Si al final la empresa sale adelante tú estarás ahí y podrás retomar tu actividad normal.

O decidir que de freelance se vive mejor, que también es posible…

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No quiero que mi vecino tenga beneficios

Certero el comentario de Raúl al meme de “los excesivos beneficios empresariales”. Yo iría aún más lejos que él: no es solo que las empresas con grandes beneficios aporten mucho dinero en Impuesto de Sociedades, o creen mucha riqueza a su alrededor. Es que si tienen muchos beneficios, es porque han aportado mucho valor a unos clientes que les han dado su dinero a cambio.

Yo, a estas alturas de la vida, no creo en la solidaridad. Creo en el egoísmo. Y creo en la avaricia, ese vicio que según algunos está en la raíz de nuestra crisis actual. El egoísmo y el afán por tener más mueve a la gente a aportar valor a los demás.

Lo dijo Adam Smith, hace algo más de 200 años:

No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.

El caso es que cuando unos cuantos buscan ser ricos vendiendo cerveza, o carne o pan, yo consigo cenar bien por poco dinero. Ellos se dedican a su negocio, sin pensar en mi hambre, y me cobran por satisfacer una necesidad elemental como es la comida.

Todos los empresarios hacen lo mismo, salvo los que buscan medrar en oligopolios regulados por el Estado. Yo no tengo respeto por las televisiones, ni por los bancos, pero sí por los constructores de viviendas, esos malditos especuladores que se han hecho de oro con la necesidad elemental de vivienda de la gente.

Todos los que se quejan de haber comprado casas a precios estratosféricos, lo han hecho voluntariamente, sin que nadie les coaccionara. ¿Que se equivocaron? Pues mala suerte, a apechugar con las consecuencias y a aprender. Los que no lo hicieron, ahora tienen la oportunidad de comprar un 30% más barato, si se deciden. Lo que no es justo es que los prudentes saquen las castañas del fuego a quienes tomaron una decisión equivocada.

¿Tuvieron beneficios excesivos los constructores? No, porque atendían a un mercado que estaba dispuesto a pagar los precios que ofrecían. Pero tampoco pueden quejarse ahora si ya no existe ese mercado, y tienen que vender mucho más barato o cerrar la empresa.

En todo esto de los beneficios exagerados de las empresas hay mucho de envidia. Es como el cuento del hombre a quien Alá le deja pedir un deseo, advirtiendo que su vecino obtendrá el doble de lo que pida, y el hombre pide quedarse tuerto.

Pues eso, que muchos prefieren quedarse tuertos con tal de que su vecino quede ciego. Quedarse en paro, con tal de que ninguna empresa tenga beneficios excesivos.

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Y a los fabricantes de bolis ¿quién les ayuda?

Yo ya no entiendo nada. Resulta que el gobierno cree que para reactivar la economía nada mejor que regalar millones a los ayuntamientos (y a las comunidades autónomas el año que viene), para que se lo gasten en lo que sea. Pistas de scalextric o monopatín o hierba artificial para 30 campos de fútbol, por ejemplo. El gobierno es socialista, y cree que cuando la economía flojea, su obligación es intervenir gastando, para que la cosa no decaiga.

Lo que ya no entiendo es que a la vez el gobierno promueva que los funcionarios ahorren en bolis o fotocopias. Vamos a ver: si gastar es bueno ¿no será también bueno gastar en fotocopias y bolis? ¿tiene menos derecho los fabricantes de productos ofimáticos a superar la crisis que los fabricantes de hierba artificial?

Mi opinión, por supuesto, es que si el gobierno interviene, el resultado siempre es malo. Como no sigue la lógica del mercado, acaba premiando a empresas ineficaces en detrimento de otras que merecerían más ganar ese dinero que el gobierno nos quita para despilfarrarlo a su antojo.

Y puede ser aún peor. Como sucede también en Estados Unidos, el gobierno está más dispuesto a sostener al sector del automóvil, que son pocas empresas y con trabajadores organizados, que a las decenas de miles de comercios que están cerrando en toda España, pero que caen sin hacer ruido, como las hojas del otoño.

El caso es que mientras el gobierno sigue quitándonos el dinero para evitar el colapso de la banca, de la construcción o de la industria del automóvil, el país se nos va llenando de pequeñas empresas muertas. Y a ver quién es el que viene después a recoger tanto desastre.

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El cierre de Mobuzz

Como tal vez sepais, finalmente Mobuzz ha cerrado. Debo, por tanto, reconocer que me equivoqué cuando escribí que la petición de donaciones era una campaña de marketing viral.

Resulta que (según explica Enrique Dans), realmente se quedaron sin dinero de repente porque un inversor decidió salir bruscamente.

Lo cual es todavía peor para el prestigio de los implicados. No me extraña que Varsavsky, que no tiene un pelo de tonto, se distanciara del asunto desde el principio. Los que han estado más implicados en el plan de salvamento, o lo que haya sido esto, han dado toda una lección de cómo no hacer las cosas.

Ya que Enrique Dans insiste en que Mobuzz era una empresa estupenda, que el modelo de negocio era impecable, que él ha visto las cifras y que las cifras salen, y que todo se debe a una conjunción de factores externos, vamos a aprovechar la desgracia para escarmentar en cabeza ajena y aprender unas cuantas cosas que ninguna empresa debería hacer:

1. Hacer el producto que te gusta

“Mobuzz tenía un producto de calidad, en HD, y eso cuesta”. Vale. Admitamos que los shows de Mobuzz estaban bien producidos, en HD, con guión, producción y de todo. Los chicos de Mobuzz estaban orgullosos de su producto. Todo perfecto… excepto un detalle: el mercado no estaba dispuesto a pagar lo que cuesta un producto tan bueno.

Este es un error muy común en los emprendedores primerizos, pensar “vaya mierda lo que hay en el mercado, yo lo podría hacer mucho mejor”. Y tal vez sea verdad, pero lo primero que hay que preguntarse es por qué es una mierda lo que hay en el mercado. Si hay empresas que ganan dinero vendiendo productos basura es porque ganan dinero vendiendo basura. Y eso es porque el cliente está satisfecho con esa basura.

Haz el producto que quiere el mercado, no el que quieres tú.

2. No obsesionarse con el flujo de caja.

La contabilidad es una cosa, y el dinero en el banco es otra. En el papel una empresa puede ir bien, y no tener ni un céntimo para pagar un café. Y al revés, puede estar en quiebra y tener una pasta en el banco (por ejemplo, porque un socio se la ha prestado).

Lo de la contabilidad está bien para enseñar a las visitas (y a Hacienda) y a los inversores potenciales, pero lo que determina la supervivencia de la empresa es su capacidad real para hacer frente a los gastos.

Mobuzz, después de tres o cuatro años de funcionamiento, todavía dependía de los ingresos extraordinarios de socios para funcionar. Eso, sencillamente, es inaceptable. Pero lo peor es que sus directivos seguían trabajando como si fuera lo más normal del mundo dar pérdidas de cientos de miles de euros al año. Como si siempre fueran a contar con inversores dispuestos a poner esos cientos de miles por una empresa con un futuro prometedor.

Obsesiónate por ganar dinero cuanto antes, por que mes a mes tus ingresos superen a tus gastos.

3. No vender

Lo único que reconoce Dans es que tal vez no se esforzaran lo suficiente por vender. Pues claro: la función más importante en una empresa es la venta. Si no vendes, todo lo demás sobra. Si Mobuzz se hubiera esforzado por vender tanto como se esforzó por hacer un producto “de lujo”, no hubiera tenido problemas.

4. No tener un plan

No sé si Mobuzz tenía un plan de negocio. Lo que sí sé es que, de existir, ese plan no se había modificado en el último año para tener en cuenta la crisis. Y al final Mobuzz ha cerrado por la crisis. Quiero decir que en tiempo de bonanza un inversor puede estar perdiendo dinero en una empresa con un futuro prometedor, pero si llegan las vacas flacas es lógico que tenga la prudencia de guardar el dinero debajo del colchón.

El plan de Mobuz debía haber tenido en cuenta la posibilidad de esa retirada, y haber contemplado una salida.

5. No tener flexibilidad

Mobuzz no se planteó nunca hacer shows más baratos, con menos resolución, reducir el número de idiomas. No se planteó reducir plantilla. Para ellos ha sido todo o nada, y eso suele acabar en “nada”. No despedir a siete trabajadores a tiempo te obliga a despedir a catorce.

Y tampoco se planteó buscar ingresos por una vía que no fuera la extraordinaria de las donaciones. Y esa es una táctica que al menos hay que intentar en situaciones de crisis: buscar trabajos “alimenticios”, que aunque no sean glamurosos y 2.0 te permitan comer un mes más. ¿Esas cámaras de alta definición y esos profesionales estupendos, no podrían haberse dedicado a producir contenidos para otros, al menos durante un tiempo?

6. Dejarse dominar por el orgullo

La reacción de Enrique Dans cuando alguien comentaba los fallos que veía en el planteamiento de Mobuzz era insultar al criticón (de hijo de puta para abajo, nos llamó casi de todo), acusarles de ignorantes, denunciar la envidia que en España impide triunfar a los emprendedores, censurar comentarios y trackbacks. Afirmar que él había visto las cuentas, y que las cuentas salían, y que Mobuzz no tenía ningún problema interno, nada que mejorar.

Cualquier cosa menos reconocer que en algo debían haberse equivocado si después de tres o cuatro años todavía no eran capaces ni de cubrir los gastos. Seguro que casi todo lo que dijimos los críticos era infundado. Que casi todos los que criticamos somos unos ignorantes envidiosos que nunca hemos fundado una empresa. ¿Pero de verdad Mobuzz no tenía nada que cambiar? ¿Cerrar se debe exclusivamente a causas externas? Un poco de humildad y capacidad de escuchar a quien te está dando consejos sin pedir nada a cambio ¿hubiera sido bueno o malo?

En resumen, que aunque para la salud financiera de los implicados el cierre de Mobuzz haya sido malo, y para el prestigio de Dans haya sido peor, aprovechemos al menos para aprender y no cometer los mismos errores. Vaya, como analizar un caso de escuela de negocios, pero en vivo y en gratis.

NOTA:

A punto de cerrar esto veo que Alfredo de Hoces ha explicado muy bien lo sucedido con Mobuzz. Suscribo un 90% de lo que dice, que no es poco.

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Xavier Sala i Martín, la crisis, los bancos y el ladrillo

El economista Xavier Sala i Martín escribe sobre la crisis. Y dice cosas tan sensatas como esta:

La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!

Y dice también que el riesgo mayor es que, además de no evitar crisis futuras, lo que sí consigan es suprimir cosas positivas como la inversión con riesgo:

La razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.

[...]

La extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada.

Mi amigo Sergio Montoro, que no es Catedràtic de Columbia University i Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra como Sala i Martín pero no tiene un pelo de tonto, me decía hace un par de años: “mientras el ladrillo siga dando el dinero que da ahora, nadie va a invertir en empresas de tecnología”.

Es decir, que no es solo que el “sólido sistema financiero español” estimulase la financiación de empresas “solventes” como Martinsa, sino que los inversores particulares, que en Estados Unidos son la fuente alternativa de financiación para empresas innovadoras, aquí se dedicaban a invertir también en suelo y ladrillos.

Ahora todo el mundo está asustado, y con el dinero guardado en un calcetín debajo del colchón. Pero cuando empiece a escampar, y los del calcetín saquen a pasear sus euros, es probable que se haya relativizado el mito de que el ladrillo siempre da dinero sin riesgo. Y algunos de esos inversores al menos se plantearán invertir en empresas innovadoras.

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Sobre los donativos a Mobuzz

No puedo dejar de escribir sobre el tema del momento: la campaña de Mobuzz para solicitar donativos que les permitan continuar funcionando tres meses.

Creo que hay una “suspensión del sentido común” entre los top bloggers hispanos, gente que leo habitualmente e incluso algunos que son amigos: como muestra Enrique Dans o Alfredo Romeo. En el caso de Dans lo entiendo (es consejero de Mobuzz) pero no en el de Alfredo y otros “románticos”.

Empecemos por el principio: una empresa existe para ganar dinero. Gana dinero ofreciendo al mercado algo que está dispuesto a pagar, y que la empresa produce por un coste inferior al beneficio que obtiene. Si no hay suficientes clientes dispuestos a pagar, o no es capaz de producir por menos que el dinero que ingresa, la empresa muere.

Y eso es todo lo que necesita saber un empresario sobre economía.

Todo lo demás que pueden enseñar en una facultad de económica o en un MBA son detalles. Lo fundamental es lo que he puesto en negrita. Más resumido si queréis:

Ingresos – Gastos > 0

El problema de Mobuzz es que está en un negocio un poco retorcido. Si preguntas a cualquiera a qué se dedica un medio de comunicación, te dirá que a “fabricar” programas para sus espectadores/lectores/oyentes. Pero en realidad, los medios de comunicación “fabrican” espectadores/lectores/oyentes para sus clientes, que son los anunciantes. Las noticias, los programas, son las materias primas que ellos convierten en visionadores de publicidad.

Hay otro modelo de negocio muy parecido en torno a los medios de comunicación que es generar información tan útil como para que alguien esté dispuesto a pagar por ella. Eso supone suscripciones o pago por uso, y olvidarte de cualquier publicidad que pueda ser mínimamente molesta para el espectador, que es tu cliente principal.

El problema de Mobuzz es que ha hecho (al parecer, yo ni siquiera he entrado en su web) un producto interesante para generar espectadores, pero tienen problemas para vendérselos a los anunciantes. Tal vez ha estado más pendiente de buscar inversores que de buscar clientes.

En cualquier caso, la solución para una empresa como Mobuzz no puede ser mantener a sus 18 trabajadores en plantilla, mantener todos los costes, seguir generando unas pérdidas de 50.000 euros al mes y esperar que llegue un milagro en forma de patrocinador o inversor. La receta para Mobuzz es fácil de explicar (aunque difícil de implementar):

  • Despedir al 80% de los trabajadores. Como mínimo. La alternativa, si todos los trabajadores creen tanto en el negocio, es que dejen de cobrar hasta que vaya bien, a cambio de una participación en los beneficios de la empresa.
  • Reducir todos los costes recurrentes. Dejar el alquiler de la oficina, renegociar todos los contratos de suministros…
  • Vender todo lo que sobra, para generar algún ingreso extra. Los muebles y los ordenadores que ya no necesitan los despedidos, las cámaras de alta definición… todo lo que no sea estrictamente imprescindible.
  • Buscar clientes (anunciantes) hasta debajo de las piedras. Ofrecer descuentos, precios especiales para campañas prolongadas, lo que sea. Pero generar ingresos.
  • Si ya han reducido los gastos a un 10% de los que tenían al principio, y todavía los ingresos no superan a los gastos, si los accionistas de la empresa siguen creyendo en el proyecto deben poner más dinero. Si es preciso, rehipotecando sus casas. Si ellos no lo hacen ¿cómo van a convencer a otros de que lo hagan? ¿apostarías por una empresa cuyos emprendedores prefieren darte un 25% de la misma antes que arriesgar su propio dinero?

Como ejemplo concreto, podrían tomar nota de lo que ha hecho Jaime Estévez, que no se si tiene mucho dinero, pero le sobra sentido común para donar algo a Mobuzz.

Lo que no tiene sentido es pedir una ayudita al público en general. Cabe un modelo de negocio en el que se pague “la voluntad”, como hacen los artistas que actúan los domingos en el parque del Retiro. Pero eso debe ser una estrategia continuada, no un impulso del momento apelando a no se qué historias de buen rollito y del emprendimiento en la Internet hispana.

Sinceramente, si alguien quiere ayudar a un emprendedor, que se de de alta en Kiva.org y colabore con un emprendedor de verdad, que se va a gastar el dinero en algo que realmente necesita para cambiar la sociedad que le rodea y que además se lo va a devolver en unos meses. Si se une a nuestro grupo, en el que ya hemos recaudado 600 dólares para 18 emprendedores, mejor.

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10 Claves para reducir plantilla en tiempos de crisis

Uno de los peores tragos por los que pasa un empresario es tener que despedir gente para que la empresa sobreviva. Echad un vistazo a las noticias económicas y prácticamente todos los días una gran empresa anuncia un ERE, que es una forma elegante de llamar ala reducción de plantilla.

La lógica es inapelable: si el mercado se contrae y ya no ingresamos tanto dinero, tenemos que reducir costes. Y muchas veces los costes principales están en los sueldos de los empleados.

Esto, como todo, se puede hacer mal o bien. Si yo me volviera a ver en la tesitura (y la he sufrido en los dos lados, como empresario y como despedido), haría esto:

1. Analiza la situación de la empresa

Lo primero de todo es tener claro cuáles son tus ingresos, cuáles prevés que sean en los próximos meses, y qué cantidad de coste necesitas reducir para mantenerte a flote.

Debes ser conservador, y no creer a los que afirman que el próximo año todo va a ir mejor. Si es así, estupendo. Pero haz las cuentas pensando que todo irá igual o peor en los próximos dos o tres años.

Analiza qué líneas de negocio son más productivas, cuáles dan peores resultados, cuáles te permitirán ganar cuota de mercado y posicionarte mejor para cuando la crisis termine. Se trata de trazar un “plan de crisis” con el objetivo de enfocar tu negocio a las áreas en que es más competitivo. Por supuesto, identifica cualquier coste superfluo que puedas reducir, y sobre todo presta atención a los recurrentes. Cunado ya no te quedan más conceptos de los que ahorrar, el resto debes ahorrarlo de los gastos de personal

¿Debes despedir a un 10% de la plantilla, a un 20%, a un 50%? Analiza qué personas son más prescindibles y qué coste tienen, hasta alcanzar esa cifra.

2. Reduce la producción, no la venta

Salvo que tengas algún caso de comercial que vende muy por debajo de lo que se espera, no reduzcas el personal de ventas. La producción se puede subcontratar si llega un pico de trabajo, pero vender menos no se compensa. Reduce también todo lo que puedas el personal administrativo, y subcontrata estos servicios.

Hacer una reducción del 10% no significa que todos los departamentos deban reducir un 10% su plantilla. En algunos casos, es posible que la reducción llegue al 100%, si se trata de una línea de negocio que vas a abandonar, y en otros casos puede ser que te quedes con un equipo completo.

Toma la decisión sobre dónde reducir en función del plan que has elaborado, no en función de políticas internas.

3. Hazlo de una sola vez

Quedarte a medias puede ser letal. Debes pasar por el trago del despido varias veces, y los que se quedan sienten que en cualquier momento pueden verse en la calle. Eso significa que los mejores buscarán otra cosa y se irán en cuanto puedan, y que todos, TODOS, van a dedicar una gran parte de su tiempo a buscar salidas, a lamentarse de su situación y a criticar cómo se está gestionando la empresa.

Yo he visto alguna empresa entrar en esa “espiral de la muerte” en la que va reduciendo su tamaño a cada vuelta, y es imposible salir de ella, porque las personas cada vez están menos motivadas y llega un momento que casi desean que les llegue el turno de ser despedidos para quitarse de encima el stress y la incertidumbre.

Así que procura hacer los cálculos bien, y si tienes dudas, comete el error por exceso. No pasa nada por tener que volver a contratar a gente dentro de unos meses.

4. Hazlo tú

Debes ser tú el que explique la situación a los que se van a la calle (y a los que se quedan). No le eches el muerto al responsable de recursos humanos, y menos aún a los directivos intermedios. Tú eres el que toma la decisión, el que cree que es lo mejor para que la empresa sobreviva, y el que mejor puede explicarlo a los que se van y a los que se quedan.

5. Hazlo en grupo

Organiza una reunión con toda la empresa, explica sinceramente la situación y por qué la reducción de plantilla es la única salida, y a continuación quédate solo con los que van a salir. Habla con ellos, responde a sus preguntas lo mejor que puedas, y cuando termines déjales el resto del día libre.

Puedes pensar que es más personal hablar de tú a tú con cada uno, pero eso solo consigue prolongar la agonía, para tí y para los que están esperando sin saber si les toca a ellos o no.

6. Trata bien a los despedidos

Procura ayudarles en lo posible: escribe cartas de recomendación para quien la pida, intenta hablar con otros empresarios para ver si pueden contratar a alguien, y ofréceles trabajar como autónomos si su trabajo encaja en este formato y ellos lo ven interesante.

Al fin y al cabo, es gente que ha trabajado para la empresa, y se merecen el mejor trato que puedas darles.

7. No prestes atención a las situaciones personales

Puede parecer contradictorio con el punto anterior, y puede sonar muy duro, pero no lo es. Es muy posible que alguien intente “ablandarte” contándote alguna pena sobre la situación personal en la que queda. No puedes aceptar que ese criterio sirva para decidir si alguien sale o no de la empresa. Entre otras cosas, porque aunque la situación sea real, es seguro que habrá otros con dificultades iguales o peores pero con más orgullo, y sería injusto para ellos hacer excepciones.

Si quieres ayudar a título personal a alguien, hazlo. Si quieres hacer más esfuerzo por recolocar a alguien que crees que lo necesita más, adelante. Nada te obliga a ser ecuánime en esto, porque todo lo que hagas es generosidad por tu parte. Pero no readmitas a nadie por su situación personal.

8. No les obligues a permanecer ni un minuto de más en la empresa

En España, la ley te obliga a anunciar el “despido por causas objetivas” con un mes de antelación, y a dar unas horas a la semana al empleado para que pueda buscar otro trabajo. Prácticamente en todos los casos, ese mes no será productivo y creará una pésima moral entre los compañeros que se quedan. Es mejor para todos que los que tienen que irse lo hagan cuanto antes. No consideres que pagas un mes a cambio de nada, sino que es parte de la compensación por despido. Lo que sí puedes hacer es “dar las vacaciones” que correspondan a cada uno, de manera que no tengas que pagarlas con el finiquito.

9. Explica la estrategia a los que se quedan

Habla pronto con los que se quedan, y plantéales la situación con claridad. Si tienen que hacer un esfuerzo, trabajar más, cambiar de actividad, explícaselo. Procura explicar con claridad la estrategia de la empresa, en qué áreas debe hacer focos y qué líneas de negocio debe abandonar.

Es muy importante que las personas con las que cuentas tengan los mismos objetivos que tú, que se sientan seguros en su puesto y que crean en el proyecto. Es difícil, cuando acaban de ver marchar a los que hasta ese momento eran sus compañeros y puede que sigan siendo sus amigos, pero es fundamental para que se cumpla tu plan de crisis que todo el mundo rinda al 100%.

10. Ponte a trabajar

Tú y todos. Ya ha pasado el mal trago, todos tienen claro lo que tienen que hacer, de modo que hay que pasar página, remangarse y ponerse a la faena.

Si lo has hecho bien, tu empresa saldrá adelante y todo quedará en uno de los malos momentos de la vida de un empresario. Si lo haces mal… ya no tendrás empresa de la que preocuparte.

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