Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

30 días para cerrar la financiación del libro

Un apunte rápido para poneros la día respecto al proyecto de libro que publiqué en Injoinet. A fecha de hoy hay 510€ comprometidos, lo que significa que estamos muy lejos del objetivo. Es cierto que hace tiempo que no hablo por aquí de él, pero lo cierto es que el apoyo está estancado.

Por respeto hacia los que han hecho su aportación (recordad que no se paga hasta que el proyecto no se consigue, pero de alguna manera tienes unos euros “comprometidos” en tu cuenta PayPal) creo que no es bueno alargar indefinidamente el proceso.

Por tanto, he decidido que si el proyecto no ha salido dentro de 30 días, el 10 de julio, lo retiraré y los “mecenas” dejarán de tener el dinero comprometido. Voy a hacer un último esfuerzo para impulsar el proyecto, y si alguien puede ayudarme a darlo a conocer y que finalmente salga adelante, se lo agradeceré mucho. Creo sinceramente que puedo aportar mucho valor, pero como siempre hay que encontrar el mercado que lo perciba y esté dispuesto a pagar por este valor.

Aprovecho para daros las gracias públicamente a los que ya habéis comprometido vuestra aportación y a los que habéis contribuido hasta ahora a difundir la iniciativa.

No estoy tonto


El otro día un visitante de desencadenado me envió un mensaje en el que decía esto:

Poner el libro en papel a 25€ me parece bien aunque un poco caro. Pero qué es eso de cobrar 1000 euracos por un libro??? esto no va de la crisis? o es que ahora quieres escribir para ricos? crees que alguien va a pagarte eso? estás tonto o que?

Obviamente, se refería a las distintas modalidades de colaboración que he establecido en Injoinet para mi nuevo libro. No estoy tonto, ni lo estaba cuando las definí. Y no sé si alguien va a pagar eso, pero creo que hay gente que debería hacerlo. Aunque también creo que merece la pena explicar un poco de qué van esas opciones.

Un libro de negocios al uso suele consistir en una idea brillante, expuesta de una manera brillante, usando ciento y pico páginas cuando el “peso neto” podría caber en un folio. Pensad en Quién se ha llevado mi queso, por poner un ejemplo clásico. Por eso tienen tanto éxito los resúmenes ejecutivos de estos libros, porque es relativamente fácil convertir esas ciento y pico páginas en diez o doce sin perder nada relevante. Lo cual no quiere decir que estén mal, a veces nos viene bien que nos recuerden cosas obvias y que las remachen 20 veces con metáforas, ejemplos, casos…

Mi primer libro no es así, en cada capítulo hay información útil que puede ahorrarte mucho dinero y muchos disgustos a la hora de crear una empresa. En lugar de casos basados en megaempresas estadounidenses inaplicables para ti, ejemplos de emprendedores cercanos, que han hecho lo que deberías (o no deberías) hacer. Nada de teorías abstrusas o de estudios estadísticos… solo contenido práctico, que te ayuda en tu caso concreto.

Y este nuevo libro pretendo que siga en esa línea, pero ahora busco dar un paso más. Si pones en práctica lo que voy a contar en el libro, te van a surgir dudas. Vas a tener que adaptar lo que es necesariamente general a tu circunstancia particular. Estoy hablando de decisiones que pueden suponer un gran impacto en tu vida. Decisiones sobre qué hacer con tu dinero, cómo enfocar tu carrera profesional o qué tipo de negocio puedes crear teniendo en cuenta tus circunstancias.

Por supuesto que puedes leer el libro y al terminar simplemente pensar “algún día debería hacer esto que propone Borja”. La mayor parte de la gente va a hacer esto. Leerá el libro, pensará que está bien, que hay ideas innovadoras y provocadoras, incluso las comentará por ahí… y no cambiará nada en su vida.

Porque cambiar tu vida es MUY difícil. Tienes que empezar por renunciar a creencias que tienes arraigadas. Tienes que aceptar que tu destino está en tus manos, que las excusas son como la droga, que te hace sentirte mejor un ratito, pero a la larga te hunden más en tu situación. Tienes que asumir que puedes fracasar, que te van a criticar. Tienes que hacer algo, que siempre es más costoso que no hacer nada.

Pero me consta que habrá personas que leerán el libro y dirán: “voy a hacer algo” y lo harán. Porque hay personas que han leído De parado a empresario, se han remangado y se han lanzado a crear su empresa.

Es para esas personas para las que he creado las opciones “caras”. Para el que está dispuesto a jugarse su posición, su dinero o su tiempo para cambiar su vida. Porque si vas a arriesgar, es posible que necesites ayuda para conseguirlo, y en ese caso quiero poder echarte una mano. Si tu planteamiento es este, el precio no es caro en absoluto, y menos teniendo en cuenta el tiempo que me comprometo a dedicarte.

Y mantengo la promesa que hago en el vídeo de presentación de devolver el dinero a quien no quede satisfecho. Es más, voy a incluir una garantía adicional: si en seis meses de aplicar el contenido del libro y del seguimiento personal no has conseguido al menos 10 veces más de lo que te ha costado, te devuelvo el dinero.

Pues eso, que si eres del 5% capaz de cambiar su vida, piensa si te puede venir bien alguna de las opciones que incluyen atención personal.

Novedades sobre el libro


Ya tengo un plan para el libro, aunque todavía no tiene título. Todavía en fase muy de borrador, será algo así:

Intro – Te han engañado en todo

1. Entendiendo la crisis: es la tecnología, estúpidos
1.1 Las dos crisis: la burbuja financiera-inmobiliaria y el impacto de las TIC.

2. Educación financiera: todo lo que tus padres no te enseñaron sobre el dinero
2.1. ¿Cómo se crea la riqueza? ¿podemos repartirla?
2.2 ¿Qué es el dinero? Dinero fiduciario
2.3. El dinero y el tiempo: ahorro y deuda
2.4. Cómo manejar tu dinero.

3. Funcionarios o mercenarios: no hay más
3.1. Porqué tantos universitarios acaban repartiendo pizzas y qué puedes hacer tú para evitarlo
3.2. Esclavos, siervos, empleados y otras historias
3.3. Agentes libres

4. Tu jubilación depende de ti. Solo de ti
4.1. Invertir para el futuro

5. La empresa del siglo XXI
5.1. Todos podemos ser empresarios
5.2. Estrategia:
5.2.1. Un cliente, un problema, una solución
5.2.2. Paisajes competitivos
5.2.3. Autofinanciada, rentable y orgullosa
5.2.4. La empresa es el mensaje
5.3. Táctica:
5.3.1. Una empresa no es una oficina: el cargo cult
5.3.2. La globalización es tu amiga.
5.3.3. ¿Empleados? no, gracias
5.3.4. Redes y colaboración
5.3.5.Tecnología para una empresa eficiente
5.3.6.Conversación y confianza: cómo conseguir que te compren sin vender

La idea es que sean entre 150 y 200 páginas, ya sabéis que me gusta ir al grano y que en el otro libro el ratio de información útil por página era muy alto. De momento, admito sugerencias por aquí si creéis que me he dejado algo o hay algún tema en el que queréis que haga más énfasis. Cuanto todo esté en marcha en Injoinet (espero que esta misma semana) ya solo podrán opinar los que apoyen el proyecto con su cartera (que para eso pagan).

Ahora, os pido un favor. Sería estupendo, para generar confianza en posibles interesados en el libro que no conozcan este blog, que quien crea que algo de lo que he escrito le ha sido útil escriba una o dos frases que expresen eso. Solo tenéis que enviarme un correo electrónico a borja.blog en gmail, con vuestro nombre y apellido, una dirección en internet como vuestro blog o vuestro twitter para que se vea que sois personas reales, y vuestro mensaje. De verdad que me ayudaría mucho.

¿Quieres editar mi nuevo libro?


Sí, estoy pensando en escribir otro libro. Pero ahora quiero probar otro modelo de negocio, el crowdfunding. Para los que no hayáis oído hablar de esto, se trata de conseguir financiación por parte de muchos particulares, que ponen cada uno una cantidad pequeña, normalmente a cambio de una recompensa.

Como me interesan mucho los nuevos modelos de negocio relacionados con la “cultura”, es un experimento que me apetece mucho hacer. Internet no está matando la música, ni el cine, ni la literatura ni nada. Está matando un modelo de negocio basado en que unos pocos son editores y deciden quién publica y quién no, unos pocos tienen medios de comunicación que hacen famosos a algunos de los que publican, y unos pocos de los que publican se hacen ricos.

Por las cuentas que estoy haciendo, necesito entre 150 y 200 personas que quieran leer mi libro para que me compense escribirlo. No me haré rico ni famoso con él, pero puedo ganar un dinerillo que me compense y esas decenas de personas (si existen) podrán leer algo que les interesa.

Aún estoy perfilando el plan del libro, pero os adelanto que tiene que ver con algo de lo que vengo escribiendo últimamente: Te han engañado en todo, La estrategia del Coyote, El zarpazo del tigre moribundo, El pensamiento mágico, Hackeando la educación universitaria, La empresa del siglo XXI

Lo que quiero es por un lado profundizar en el diagnóstico de lo que está pasando, y por otro ofrecer soluciones. En muchos de esas entradas me limito a dar un toque de atención, a sacudir a los lectores para que despierten, pero creo que dar pautas para responder a la nueva realidad puede ayudar a mucha gente que ahora está perdida. Sin chorradas de “crisis significa oportunidad en chino” ni vaguedades similares, simplemente pautas útiles que la gente pueda usar realmente para salir adelante.

Mi idea es usar Injoinet, una plataforma de crowdsourcing que acaba de lanzarse en España, y que tiene un planteamiento que después de hablar con ellos me ha resultado muy atractivo, y que tiene ventajas sobre hacerlo directamente desde el blog.

Os mantendré informados.

La estrategia del Coyote


Los más viejos del lugar recordarán como en la serie de dibujos animados del Correcaminos el pobre coyote resultaba víctima de las trampas que él mismo había tendido al ave veloz. Una de las consecuencias más comunes era caer por un terrible abismo. Lo curioso es que a menudo el coyote corría por el aire, sostenido por nada, y no caía hasta que miraba para abajo y se daba cuenta de que no había suelo bajo sus pies.

¿Ridículo, verdad? ¿Motivo de mofa y risa? Pues esa estrategia es la que está siguiendo la mayoría de la gente ante la crisis. Ya no tenemos suelo debajo de los pies, pero seguimos corriendo como si con tal de no mirar abajo pudiéramos seguir suspendidos del aire.

El primero que lo hace, el gobierno que lleva viendo suelo (brotes verdes) desde que no le quedó más remedio que reconocer que la crisis no era solo cosa de antipatriotas. Sigue cobrando impuestos y gastando como si no hubiera mañana.

Con ser grave lo del gobierno, lo más que va a pasar como consecuencia de su carrera aérea es que nos cobrarán más impuestos, nos freirán a multas y reducirán las prestaciones para la gente menos movilizada y organizada. Como siempre, pero más. De momento, tiene aire para correr por él durante mucho tiempo, porque hay muchos interesados en que no se caiga.

El problema lo tenemos los demás. Los que seguimos corriendo igual porque preferimos no mirar para abajo y descubrir que no hay suelo, que no va a haber pensiones para nosotros, que lo del trabajo fijo se ha acabado, que estudiar una carrera ya no vale para nada, que tus hijos no van a vivir mejor que tú.

No es fácil reconocer que el estado del bienestar se ha terminado. Que ya no da más de sí. Que, como decía Thatcher, al Estado ya se le ha acabado todo el dinero de otras personas. Que eso del derecho a la vivienda, a la salud y a la educación están muy bien, pero tienen el problema de que alguien tiene que pagar la fiesta. Que la edad de jubilación la estableció Bismark en 65 años cuando la expectativa de vida era apenas de 50, y ahora los jubilados se empeñan en cobrar sus pensiones 20 años, y además usando una medicina carísima en lugar de morirse en su casa sin gastar, como se hacía hace un siglo. Que no tiene sentido gastar una millonada en formar universitarios para que acaben trabajando de mozos de almacén o cajeras de supermercado.

Es duro, porque nos han dicho que teníamos derecho a todo eso. Vacaciones pagadas, bajas por maternidad, más días por paternidad, liberados sindicales, subsidios de desempleo de meses, cine subvencionado, teatro subvencionado, artistas de fama mundial en las fiestas del pueblo, una universidad en cada barrio, todos licenciados. Regiones con más de un 30% de funcionarios, con más de un 30% de parados. Cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más jubilados.

Es duro aceptar que todo era un espejismo, que esto solo se sostenía porque cada vez más gente trabajaba y producía más. Pero la ley de la gravedad es inexorable y el coyote se cae cuando se da cuenta de que ya no hay más gente ni más productividad. Hasta aquí hemos llegado, y ahora solo te quedan dos opciones.

Puedes seguir corriendo y confiar en que si no miras para abajo todo seguirá igual.

O puedes reconocer el problema, y aprender a volar rápidamente. O al menos fabricarte un paracaídas, o caer en el río para que duela menos. Reconocer que tu pensión dentro de 20 años dependerá de lo que hayas sido capaz de ahorrar, no de la limosna que en el mejor de los casos podrá darte el estado. Buscar tu independencia económica al margen del trabajo fijo de 8 a 5, ese del que te van a despedir cuando menos te lo esperes. Vender en todo el mundo, y buscar proveedores en todo el mundo, porque ya no puedes vivir de la ineficacia en el transporte y las comunicaciones. Buscar la manera de minimizar el robo creciente (en impuestos y en multas) de un Estado que no va a renunciar a su poder fácilmente. Pensar en lo que gastas, y en por qué lo gastas, y no volver a invertir fiándote de unos bancos que son los primeros interesados en sostener la carrera imposible del coyote.

Cuanto antes te plantees todo esto, antes podrás cambiar, y más posibilidades tendrás de amortiguar la caída. Porque lo único seguro en toda esta historia es el enorme boquete que va a dejar en el suelo la caída del coyote.

Sobre la subida del IVA


Fosterwit publicó la semana pasada un post en el que justificaba la subida del IVA. Expresa tan bien todo lo contrario a lo que yo pienso que no he podido resistirme a comentarlo.

Discrepancias aparte sobre la conveniencia o no de la subida del IVA, es indudable que se hacía necesaria una reforma fiscal dado la situación deficitaria del presupuesto del Estado. El incremento del gasto social, principalmente por las prestaciones de desempleo, ha supuesto una losa difícil de soslayar en la carga presupuestaria y antes o después había que tomar cartas en el asunto.

No. Si hay incremento del “gasto social” (que tiene delito llamar así a pagar el paro), lo que hay que pensar es que eso se produce porque hay una crisis, y hay que poner cuanto antes los medios para que deje de haberla y deje de ser necesario tanto “gasto social”. Es decir, en lugar de buscar más ingresos por la vía de exprimir más a los que todavía trabajan, reducir los gastos.

En las últimas semanas es una cuestión a la que le estoy dando vueltas, entre otras cosas, porque últimamente he estado en China donde el IVA como impuesto no existe, no se paga ni por ningún bien que se compre ni por servicio que se consuma. Y ahora, que por otras razones estoy en Australia, se dá casi la misma situación, la imposición indirecta es casi nula. Pero no nos vamos a engañar, la situación macroeconómica de China no es la España y la de Australia, un país inmenso con una población ridícula, tampoco.

Y seguro que el que haya poco o ningún impuesto al consumo no tiene nada que ver con que la situación macroeconómica de China no sea la de España. Tampoco tiene nada que ver que cuando España crecía al 10% anual no hubiera impuestos al consumo (y pocos impuestos para todo lo demás). Son simples casualidades, coincidencias.

Cuando se hizo pública la información de que los tipos del IVA se iban a modificar, como buen español fue inevitable discutir la cuestión con mis amistades, también economistas. Personalmente, la actitud del gobierno me parece la mejor de las opciones, en un período de contracción de la demanda y con unas tasas de inflación, que alcanzarían la deflación si no fuese por la manipulación de los precios públicos, desde mi punto de vista, la subida del IVA es lo más oportuno en una situación como la actual de imperiosa necesidad de incrementar la recaudación fiscal.

Será porque no soy economista, pero no alcanzo a ver cómo subir el IVA va a ayudar a otra cosa que no sea contraer más la demanda. Pero enseguida vamos con lo del incremento de la recaudación fiscal, que hay que leer el siguiente párrafo.

Si se hubiese variado la imposición directa, mediante los tipos de IRPF de las nóminas de los trabajadores, hubiera repercutido de una manera muy negativa en el consumo, ya de por sí contraído, por lo que no puede contemplarse como opción. Si se hace mediante la imposición indirecta, es decir el IVA, se controla mucho mejor los efectos adversos.

¿Mande? Vamos a ver si lo entiendo: si me quitan 50 o 100 euros de la nómina todos los meses, gastaré menos. Hasta ahí de acuerdo. Pero veamos cómo justifica Fosterwit que los efectos adversos del IVA se controlan mucho mejor.

Los empresarios tienen difícil repercutir la subida porque afectaría a su demanda, ya de por sí debilitada, por lo que exigirá absorber la subida, esta actitud es la que se han comprometido a adoptar grandes empresas como Mercadona o Zara, por poner dos ejemplos de relevancia en la economía nacional.

Obvio, todas las empresas están en una situación tan boyante que disminuir un 2% sus ingresos no tiene ninguna repercusión. Y si la tiene, que se jodan, que para eso son empresarios y no les queda más remedio que absorber la subida. En lo que no cae Fosterwit es en que el empresario sí tiene otras opciones. Una es mandarlo todo a la mierda, cerrar la empresa y buscar otra manera de ganarse la vida (o vivir de las rentas sin más líos). Otra es la economía sumergida (hablaremos luego).

Y otra, por supuesto, es incrementar el precio, y ya puestos redondeando hacia arriba. Al menos Fosterwit reconoce que en algún caso sí habrá impacto para el consumidor:

El contrapunto lo representan los oligopolios, a mi como consumidor, me encantaría que Telefónica (o cualquier otra operadora), Gas Natural, Endesa y, en resumidas cuentas, los grandes oligopolios aplicasen la misma disciplina que Mercadona, pero lamentablemente, no será así. En el caso de los pequeños empresarios la capacidad de absorción del impacto impositivo no es la misma que la de estas grandes empresas, pero es evidente que el afán de mantener su maltrecha competitividad les exigirá no repercutir la subida del IVA y asumir esos dos puntos como reducción de su margen comercial.

Como he dicho, su maltrecha competitividad les puede suponer el cierre a las pequeñas empresas que lo están pasando realmente mal. Pero es que hay todavía más alternativas a asumir los dos puntos como reducción del margen comercial. Por ejemplo, apretar a los proveedores y trasladarles a ellos el problema. O hacer una reducción de plantilla y trasladar el problema a los empleados. O cancelar algún servicio que le presta un tercero (y trasladar el problema, corregido y aumentado, a los que prestan servicios a empresas).

Y ojo, no entro en si es justo o injusto que se pretenda, como hace Fosterwit, que sean los pequeños empresarios los que paguen las consecuencias de la manía despilfarradora del Gobierno. Ni siquiera me preocupa saber lo que es justo. Simplemente digo que no va a ser así.

Si aumentara un 2% el tipo del IRPF, no quedaría más remedio que asumirlo (puedes protestar, pero ese dinero está controlado y ni la empresa ni el trabajador tienen mucho margen de maniobra para escapar de Hacienda). Sin embargo, como acabamos de ver, un empresario tiene muchas más opciones que tragarse una subida de impuestos sin masticar, y es seguro que algo hará.

En un país como España con unos índices de economía sumergida y un fraude fiscal inadmisibles, estas reformas son inevitables mal que nos pese. Si cada uno de nosotros fuésemos más solidarios y estuviésemos más comprometidos con el significado social que tiene la recaudación fiscal, y en esto los pequeños empresarios y autónomos tienen mucho que aprender, seguramente no nos veríamos con estas situaciones como la actual. Para eso también es necesario tener confianza en que la recaudación fiscal que se aplica para sufragar el gasto público, actúa como elemento de distribución de la riqueza, y en esto, la corrupción política generalizada en los distintos ámbitos no ayudan a promocionar esta idea.

Vamos a ver. Los índices de economía sumergida y fraude fiscal no son la causa del aumento de impuesto, sino su consecuencia. La economía sumergida, el fraude, los sobornos, las comisiones… son resultados inevitables de una economía socialista. Decir que esto es injusto, o insolidario, es como decir que la ley de la gravedad es insolidaria porque no nos deja volar. Puedes organizar manifestaciones si quieres, o publicar normas y decretos, que la ley de la gravedad seguirá funcionando inexorablemente.

La mayor parte de la gente es razonablemente honesta, quiere ganarse la vida sin preocupaciones y sin meterse en líos. Si estableces una fiscalidad moderada, con unas normas fáciles de entender y de cumplir, la mayoría de la gente será honrada aunque solo sea por no tener inspecciones y problemas. Pero cuando los impuestos suben tanto que ponen en riesgo tu negocio, es difícil resistir la tentación de mandar a paseo las normas y hacer lo que tengas que hacer para que tu empresa salga adelante.

Lo de la solidaridad es de chiste. No tiene nada de solidario que alguien (por mucho que sea el Gobierno) me quite el dinero, bajo amenaza de cárcel, para gastarlo como a él mejor le parezca. Que pagar impuestos sea una consecuencia inevitable de vivir en la sociedad actual, pase. Pero al menos llamemos a las cosas por su nombre: los “impuestos” se llaman así porque no son “voluntarios”, y la solidaridad requiere voluntariedad.

Y prefiero no entrar a fondo en lo de la “redistribución de la riqueza”, que para Fosterwit parece ser un objetivo en sí mismo. Lo que no entiendo es que se extrañe de que un empresario que ha arriesgado su dinero y trabaja 12 horas al día 6 días a la semana (como hacen la mayoría de los empresarios en España, que tienen microempresas en los que ellos y sus familias son la principal fuerza laboral) no quiera “redistribuir” su riqueza con los cineastas subvencionados, los del PER, los que llevan más de dos años en paro pero no pueden ir a Huelva a recoger el fresón, las decenas de miles de liberados sindicales, los politiquillos de todo pelaje que abrevan en los presupuestos de los ayuntamientos, los amigos de los políticos que consiguen contratos falsos (o con presupuestos inflados), los bancos y cajas rescatados de extranjis, las ONGs absolutamente dependientes de los dineros gubernamentales…

Lo más grave de todo el artículo es que el propio fondo del mismo está equivocado. Ni siquiera va a suceder que se aumento del 2% sirva para sanear las cuentas del Estado. Sin ser economista, me atrevo a hacer una predicción: en el primer semestre después de que entre en vigor el nuevo IVA, la recaudación por este impuesto habrá descendido respecto a los mismos meses del año anterior.

Y es que no hace falta ser economista para conocer la curva de Laffer, que es una manera elegante de explicar lo que he escrito más arriba acerca de la economía sumergida.

¿Y si los empleos no vuelven?

Me hacen gracia los economistas que aseguran que “España debe crecer al 3% para crear empleo”. Solo se basan para eso en que antes, creciendo al 3% (o al 2,7% o a la cifra que cada uno estime) se creaba empleo. Como si el mundo no estuviera cambiando desde 2007. Después de tres años de crisis (y lo que nos queda) ¿alguien puede afirmar con certeza que si volvemos a crecer al 3% se volverán a crear empleos?

Yo creo que no. Creo que muchos empleos no van a volver. Y no me baso en un razonamiento inductivo como el de los economistas futurólogos, sino en la experiencia de los pequeños empresarios a los que conozco.

Los despidos necesarios para conseguir que sus empresas sobrevivan les han obligado a soportar unos costes extraordinarios en el peor momento. Alguno ha tenido que endeudarse personalmente para poder pagar las indemnizaciones. Como han podido, despidiendo a veces al 80% de la plantilla, han conseguido reducir los costes y mal que bien salir adelante. Haciendo ellos trabajos que antes encargaban a otros, reduciendo gastos, buscando nuevas fuentes de ingresos…

Ahora situémonos dentro de un par de años. Pongámonos en la piel de uno de esos pequeños empresarios que ha sobrevivido a la travesía del desierto. Seamos optimistas y pensemos que salimos de la crisis, empezamos a crecer y sus productos o servicios vuelven a ser demandados. ¿Alguien cree que volverá a contratar empleados fijos? ¿O habrá salido tan escaldado de su experiencia que preferirá cualquier otra opción?

Por lo que hablo con la gente, la idea de muchos es no volver a tener empleados fijos. Si contratan temporalmente, si subcontratan a otras empresas, si hacen contratos con autónomos u optan por cualquier otra opción dependerá de cada uno y de su negocio. Pero lo que tengo claro es que los que han visto su empresa en peligro por tener empleados fijos, se lo pensarán mucho antes de contratar alegremente.

Si a esto le sumamos la realidad del cambio constante, que te obliga a tener recursos que cambien ágilmente según la demanda. Si le sumamos que la tecnología hace posible (aunque todavía no fácil) trabajar con una secretaria argentina, un programador búlgaro y un diseñador mexicano. Si le sumamos que para que una empresa prospere va a tener que ser global en sus operaciones, lo que puede significar atender a clientes en América y buscar proveedores en Asia. Si le sumamos que la tendencia en España es que el gobierno cada vez sea más asfixiante en sus regulaciones… el resultado es que se me ocurren muy pocos motivos para hacer un contrato fijo a un lugareño, solo porque puede presentarse en la oficina cada día.

Por eso, si tú eres uno de los que ha perdido el empleo en los últimos tiempos y estás esperando a que vuelva, piensa bien si esperar es lo único que puedes hacer. Piensa si no es mejor prepararte para un mundo en el que el trabajo fijo va a ser cada vez más raro. Si no es mejor ser empleable que ser empleado.

Te han engañado en todo

Te prometieron que si estudiabas una carrera tendrías un buen trabajo, y ahora encadenas contratos temporales de mil euros.

Te aseguraron que comprar una vivienda era la opción sensata, y ahora tienes una deuda para los próximos 30 años más cara que tu casa.

Te dijeron que si trabajabas para una gran empresa, y eras fiel y cumplidor, harías carrera, y esa empresa te ha dejado en paro.

Ahora que sabes que todo lo que te dijeron que tenías que hacer para tener una vida próspera y tranquila era mentira, ¿qué vas a hacer?

Puedes lamentarte de tu mala suerte.

Puedes culpar a los empresarios, al gobierno, a los especuladores, al capitalismo, a los sindicatos, al sistema…

Puedes insistir en hacer lo mismo, pero con más ahínco: estudiar un master además de la carrera, buscar un trabajo en una empresa más grande, jugar mejor al juego de las propiedades inmobiliarias.

O puedes tomar las riendas de tu vida y decidir que si las reglas antiguas no valen para los otros tampoco valen para ti.

No suplicar que te den un trabajo, sino crear tus propias fuentes de ingresos.

No estudiar una carrera, sino aprender y practicar tu pasión hasta conseguir que otros paguen por lo que realmente vales, sin obligarte a competir con miles de licenciados indistinguibles entre sí.

Aprender a manejar tu dinero, sin fiarte a ojos ciegos de los consejos de personas que han vivido en otro siglo en el que las reglas y las oportunidades eran otras.

Nadie te avisó de que las reglas habían cambiado, pero ahora ya lo sabes.

Ahora solo tú eres responsable de tu futuro.

2010 será un año excelente

2010 es el mejor año para lanzar tu empresa, o para hacer que crezca.

Habrá muchos que te digan que es una locura, que hay crisis, que no triunfarás. Pero eso solo significa que ellos y los que piensan como ellos no van a competir contigo.

El acceso a la financiación será difícil, y te costará conseguir clientes. Pero precisamente por eso tendrás que hacer las cosas bien desde el principio, serás eficiente y tu empresa estará fundada en bases sólidas.

Todos a tu alrededor echan la culpa a otros de su situación: al gobierno, a los especuladores, a los bancos, a la empresa que les ha despedido o a la que les mantiene con un sueldo miserable. Mientras, tú puedes dedicar tus energías a hacer y no a hablar, y conseguir que al final del año tu vida haya cambiado a mejor.

Lo habitual es mirar hacia atrás y llorar por lo que la crisis te ha quitado: el trabajo, la vida cómoda, el dinero abundante. Pero tú puedes mirar de frente y elegir entre las infinitas posibilidades de conseguir una vida mejor creando valor para tus clientes.

2010 será un año excelente para muchas personas. Solo depende de ti el ser una de ellas.

Emprender por obligación

¿Es recomendable emprender cuando te has quedado sin trabajo? Javier Martín escribió ayer un post en el que sostiene que no:

Emprender es como coger un tren, es un símil en el que se me viene a la cabeza la imagen de una película del oeste donde un vaquero corre para subirse a un tren y así salvarse de la persecución de sus enemigos. El tren es una oportunidad de negocio que vemos pasar, que se cruza en nuestro camino y muchas veces no es fácil dar el salto para subirse a uno de los vagones. Emprender no es una obligación, cuando te despiden de tu empresa no te dan un billete para el tren, las oportunidades hay que encontrarlas y la idea de negocio ha de estar clara porque “el paro” o subsidio de desempleo se acaba y nadie puede vivir del aire. Te has quedado en el paro y estás pensando en emprender? no lo hagas por obligación, busca una oportunidad de negocio y si no la encuentras vuelve a buscar trabajo.

Lo cierto es que mucha gente emprende por necesidad. En 2007, antes de la crisis, ya había un 15% de emprendedores que lo eran por necesidad, y en 2005 el porcentaje entre las mujeres era del 19%.

Mi opinión es que probablemente no haya una causa, sino una conjunción de circunstancias para emprender. Tienes que estar atento a las oportunidades: si ni siquiera vas a la estación, difícilmente verás un tren que puedas coger (por seguir el símil de Javier). Tienes que tener unas circuntancias personales en las que cambiar tu situación laboral actual sea algo deseable. Tienes que tener una situación económica en la que el beneficio que vas a obtener emprendiendo compense el riesgo de que salga mal.

Por eso tres perfiles de emprededores muy frecuentes son los jóvenes sin cargas familiares, los cincuentones con experiencia pero pocas posibilidades de conseguir otro empleo fijo, y las mujeres cuyos ingresos no son esenciales para mantener a la familia.

Así que cuando alguien dice “emprendí porque ví una oportunidad de negocio clara”, no está contando todo. Igual que no lo hace quien dice “emprendí porque me quedé en paro”. El que ve una oportunidad de negocio lo hace porque lee cosas, habla con gente, husmea por ahí… si estás tranquilo en un trabajo que te satisface y por el que te pagan una millonada, no reconoces una oportunidad de negocio ni aunque te dé una patada en el culo. Si te quedas en paro pero tienes claro que encontrarás trabajo pronto y no tienes problemas para mantener el nivel de vida durante un tiempo, lo mismo. Pero si tienes un trabajo asqueroso, o no tienes muchas probabilidades de que te contraten, empiezas a pensar que eso de establecerte por tu cuenta a lo mejor no está tan mal.

Dicho de otro modo: las oportunidades son como las parejas potenciales en una noche de juerga. Se hacen más atractivas cuanto más desesperado estás por pillar una.