Desencadenado

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Mark Cuban: Consejos para hacerte rico

Hace unos días Mark Cuban republicó en su blog unos consejos para hacerte rico. Algo sabe de esto, porque él ha creado y vendido empresas y ha llegado a ser multimillonario. Los consejos están repletos de sentido común, aunque para los que van buscando conertirse en millonarios rápidamente son malas noticias:

Eso es lo que todo el mundo quiere, ¿verdad? No voy a mentir ni negar que tener un montón de dinero es mucho mejor que no tenerlo. Me lo pasaba genial y me encantaba mi vida cuando comía sándwiches de mostaza y kétchup y dormía en el suelo de un apartamento de tres dormitorios en el que vivíamos yo y 5 colegas más…

Me lo paso mucho mejor ahora; no es tan malo ser rico.

La respuesta que todo el mundo quiere saber es cómo conseguirlo. Hay varias maneras de hacerlo, sin embargo no hay un modelo que funcione siempre con todo el mundo. Esta a veces funciona: se trata de estar preparado en el momento en que se presente la oportunidad.

En mi humilde opinión, el cambio y la incertidumbre crean las oportunidades. Los tiempos como en los que vivimos, con una total incertidumbre económica, son tiempos perfectos para ponerse en marcha y avanzar económicamente.

En primer lugar, expondré lo que no hay que hacer:

No hay ningún atajo. Con esta locura en los mercados financieros y bursátiles, habrá timos por todas partes. Cuanto menos dinero tenga, más probabilidades habrá de que alguien se le acerque con algún proyecto. Proyectos que le garantizan rendimiento, que utilizan marketing multinivel, o que serán algo arriesgado, ahora “respaldado por el Gobierno de Estados Unidos”. Haga caso omiso de estos proyectos. Recuerde siempre lo siguiente: si un negocio es un gran negocio, no lo van a compartir con usted. Yo no publico mis grandes negocios; me los quedo todos para mí.

Lo segundo que hay que recordar es que si la persona que le está vendiendo el negocio fuese tan inteligente, ya sería rica en lugar de andar por la calle intentando engañarle. No hay atajos.

Así que… ¿qué debería hacer para hacerse rico?

La respuesta es ahorrar. Ahorre todo el dinero que pueda, hasta el último céntimo. En lugar de café, beba agua; en vez de ir al McDonald’s, cocine un plato de pasta. Destruya sus tarjetas de crédito: si utiliza una tarjeta de crédito, es porque no quiere ser rico. El primer paso para hacerse rico requiere tener disciplina. Si realmente quiere ser rico, tendrá que encontrar la manera de ser disciplinado.

Si la encuentra, pronto descubrirá que el mayor rendimiento que obtendrá está en sus propios gastos personales. Ser un comprador inteligente es el primer paso para hacerse rico. Sí, tiene renunciar a cosas, y no todos pueden, sobre todo si tienen familia. Esa es la cruda realidad. Pero debe ahorrar todo lo que pueda, sea lo que sea. Después póngalo en depósitos a plazo fijo a 6 meses.

El primer paso para hacerse rico es tener dinero en efectivo disponible. No está ahorrando para cuando se jubile, está ahorrando para cuando necesite dinero en efectivo. La estrategia de compra y acumulación es un engañabobos para usted. Este mercado es un ejemplo perfecto. Justo en el momento en el que el dinero en efectivo crea una oportunidad increíble, quienes siguieron la estrategia de compra y retención no tienen dinero disponible. No pueden o no quieren vender a la baja en el mercado, lo que hace que la estrategia de compra y retención pierda su sentido. Aquellos que han depositado su dinero en un depósito a plazo fijo duermen bien por las noches y es seguro que tienen más dinero hoy que ayer. Y como son unos compradores inteligentes y disciplinados, su índice personal de inflación está dentro de sus posibilidades. El dinero en efectivo es el elemento más importante para quienes desean ser ricos.

La segunda regla para hacerse rico es ponerse las pilas. Invierta su tiempo en sí mismo y aprenda sobre la industria de lo que más le guste hacer.

No importa lo que sea. Sea cual sea su hobby, interés o pasión, busque el que más le guste y consiga un trabajo en esa industria.

Puede ser dependiente, comercial, o cualquier cosa que encuentre. De alguna manera tiene que empezar a conocer el negocio. En vez de pagar para ir a clase, le pagarán por aprender. No será un trabajo perfecto, pero no existe el camino perfecto para hacerse rico.

Cada día antes o después del trabajo, y durante los fines de semana, lea todo lo que pueda sobre el negocio. Asista a ferias comerciales, lea publicaciones comerciales y pase mucho tiempo hablando con sus clientes sobre sus negocios y sobre las personas a las que les compran.

No es un proyecto a corto plazo. No estamos hablando de días, ni de meses. Estamos hablando de años, y quizá hasta de décadas. No he dicho que este plan para hacerse rico fuera rápido, pero este es el camino para conseguirlo.

Después, deberá esperar a que lleguen tiempos de cambio e incertidumbre en su negocio. El momento llegará. Puede que llegue pronto, o puede que tarde años y años, pero llegará. La naturaleza de la infraestructura empresarial de nuestro país está destinada a tener épocas de prosperidad y de decadencia. En una época de prosperidad es cuando vende la gente inteligente. En una época de decadencia es cuando la gente rica inició su camino hacia la riqueza.

Sabrá que el momento ha llegado porque conocerá su negocio a la perfección. Estará preparado porque habrá estado ahorrando para momentos como este.

Con el cambio y la incertidumbre presente en los mercados financieros, hay personas que ahora mismo están ganando más dinero del que hayan soñado. Son los que estuvieron observando el mercado inmobiliario y la economía que lo sustenta, y entendiendo lo que realmente estaba sucediendo. Ellos son los que comprendieron las complejidades de los mercados de crédito. Cuando todo el mundo seguía a la manada, ellos siguieron ahorrando y evitaron la tentación del pensamiento de grupo.

La prosperidad y la decadencia suceden en todos los sectores. La cuestión es tener la disciplina para estar listo cuando le pase a usted.

Nota: la traducción ha sido efectuada por el servicio de Babelic.

Qué hacer si te quedas en paro

Yo he pasado dos veces por la experiencia, y he salido con bien: la primera vez aprobé unas oposiciones y la segunda creé una empresa. Pero he visto de cerca lo terriblemente destructivo que puede ser encontrarse de repente en casa sin nada que hacer así que, por si a alguien le son útiles, aquí van estos consejos:

1. Sal de casa antes de las 9

Todos los días laborables, sin excepción, madruga, aséate, vístete y sal de casa. Aunque lo único que hagas sea comprar el pan, o simplemente dar un paseo, es muy importante mantener tu horario sincronizado con el de las “personas normales”. Si no lo haces, entrarás pronto en una espiral de levantarte tarde, acostarte más tarde, pasar la mañana medio dormido y legañoso y llegar a la tarde sintiendo que se te ha pasado otro día sin hacer nada.

Si sales a la calle, además, te verás a tí mismo como una persona “activa” y no como un holgazán, y es importante primero creerlo y después transmitirlo a los demás.

2. Cuida tu imagen

Lo he dicho en el punto anterior, pero lo remarco: aséate todos los días. Mantén al menos la misma imagen que cuando estabas trabajando: aféitate, maquíllate, péinate… Y no salgas a la calle con un chándal (salvo que vayas a hacer deporte) o con ropa raída. Mantener la propia imagen es requisito imprescindible para mantener la autoestima.

3. No veas la tele

La tele es tóxica. Te hace estar quieto, pasivo, y cuando te das cuenta se te ha ido la mañana zapeando entre consejos médicos para jubilados, cocineros vascos y testimonios de marujas. Nunca, bajo ningún concepto, pase lo que pase, enciendas la tele antes de las 6 de la tarde. Si puedes no encenderla en todo el día, mejor. No tener la alternativa de tirarte en el sofá a ver la tele te obligará a dedicar tu tiempo a otras cosas, que sean las que sean serán mejores que no hacer nada.

4. Habla con gente

Estar solo, dándole vueltas a la mala suerte que tienes y lo injusto que es el mundo contigo no te va a ayudar a salir de tu situación. Al revés, minará tus posibilidades de salir de ella. Por el contrario, tomar un café o comer con antiguos colegas o amigos, puede ser una buena manera de que se acuerden de tí si por casualidad se les presenta la posibilidad de buscar a alguien para un puesto de trabajo. Y si no, al menos tendrás nuevas ideas, y estarás al tanto de lo que se cuece en el mundo laboral.

Eso sí, no utilices a tus amigos para llorarles y lamentarte de tu situación. Por muy amigos que sean, acabarán hartos de tí. Ellos, aunque tengan trabajo, también tienen sus problemas, y todo el mundo prefiere hablar con alguien optimista y animado que con un cenizo que todo lo ve negro.

5. Identifica tus fortalezas y oportunidades

Dedica un tiempo a valorar exactamente qué puedes aportar a alguien que esté dispuesto a contratarte. Valora lo más objetivamente que puedas tus conocimientos y experiencia, y piensa en qué tipo de empresas y puestos podrían ser útiles. Una buena idea es contrastarlas una referencia externa, un amigo que pueda ayudarte a separar tus fantasías de la realidad, o tal vez a descubrir cualidades que tú no has valorado.

6. Amplía tu horizonte laboral

Si tu sector está en crisis, tal vez sea el momento de plantearte un cambio en tu carrera. No tiene por qué ser un cambio radical, pero sí tienes que estar dispuesto a hacer cosas que antes no habías hecho. Un ejemplo: si hasta ahora dirigías proyectos de obras, y ya no hay obras que dirigir, tus conocimientos de dirección de proyectos pueden ser útiles en otros campos.

Intenta identificar sectores en alza, puestos más demandados, y mira en cuáles podrías encajar con más facilidad.

7. Complementa tu formación

Compara lo que sabes con lo que demanda el mercado y apresúrate a rellenar los huecos. Ya que tienes tiempo dedícalo a formarte. Si los cursos que hay en el INEM son muy básicos y no encajan en tu perfil, paga otros de tu bolsillo si es preciso.

8. Vete un par de meses a Inglaterra o Irlanda

Si no tienes un nivel de inglés aceptable, como para tener una conversación profesional, es el momento de ponerte al día. El nivel de vida ahora no es mucho más caro, y es probable que puedas encontrar un trabajo, aunque sea cutre, para compensar los gastos. Quién sabe, a lo mejor incluso encuentras un trabajo que se ajuste a tus expectativas.

No es que saber inglés te abra puertas, es que no saberlo te puede cerrar muchas. Si estás dos o tres meses en un país de habla inglesa aprenderás lo suficiente como para manejarte, incluso aunque no des clases. Examinarte en el British Council para tener un título oficial, a la vuelta, cuesta alrededor de 100 euros, así que no tienes excusa para no hablar inglés de una vez.

9. Ponte a buscar trabajo desde el primer día

Aunque tengas muchos meses por delante con el dinero del “paro”, el tiempo vuela, y para cuando te des cuenta estarás angustiado pensando en cómo van cayendo las últimas hojas del calendario que marcan la fecha en que te quedarás sin nada. Empieza desde el principio a buscar trabajo.

Y buscar trabajo no es enviar curriculums idénticos sin ton ni son a cualquier empresa que se te ocurra. Eso solo vale para justificarte “es que he enviado más de tropocientos curriculums, y no he conseguido ni una entrevista…”. Ni la vas a conseguir así.

Busca en los portales de empleo, actualiza allí tu perfil, adapta y retoca tu curriculum para cada uno de los puestos a los que optas, haz un seguimiento de cada oferta… ten en cuenta que tu trabajo ahora es buscar trabajo, así que deberías dedicarle a ello al menos ocho horas diarias.

10. Usa las redes sociales profesionales

Un gran porcentaje de los trabajos se consigue a base de contactos. No se trata tanto de “enchufe”, como de confianza. LinkedIn o Xing son muy útiles para ampliar tu red de contactos profesionales, y una recomendación de un conocido común puede ser decisiva para que encuentres trabajo.

11. No prepares oposiciones

Puede parecer contradictorio, viniendo de alguien que aprobó unas oposiciones estando en paro, pero he visto a gente hundirse más en su situación por empeñarse en sacar unas oposiciones.

En tiempos de crisis las oposiciones se hacen atractivas para más gente, así que compites con más personas para conseguir un puesto y eso las hace más difíciles. Más importante: el proceso es largo, y es normal que te encuentres que has invertido un año entero para nada. En tu curriculum hay un hueco cada vez más grande así que, como el ludópata que va perdiendo en el casino, empiezas a creer que tu única oportunidad de recuperar lo invertido es seguir apostando.

Al final se te acaba la prestación, no has encontrado un trabajo en la empresa privada, no has aprobado, cada vez te enfrentas a los exámenes con más angustia (esto mina tus posibilidades de hacerlos bien), y acabas siendo “opositor” durante años.

12. Acepta cualquier trabajo

O casi cualquiera. Aunque antes tuvieras un puesto y un sueldo muy superior a los que te ofrecen ahora, es preferible aceptar casi cualquier cosa antes que seguir en paro. Aunque tengas un dinerillo ahorrado de la indemnización, y recibas una prestación todos los meses, eso se acabará antes de lo que piensas, y entonces lamentarás no haber aceptado el trabajo que ahora rechazas.

Por otro lado, es mucho más fácil conseguir un nuevo trabajo teniendo ya uno que desde el paro. Y si en tu curriculum no queda bien haber pasado a un puesto inferior, peor queda tener un hueco de meses. Al fin y al cabo, si alguien te pregunta por qué aceptaste ese trabajo, siempre puedes decir algo en la línea de “soy una persona muy trabajadora y para mí es importante ser útil y tal… además suponía una oportunidad para conocer ese sector / ampliar mi experiencia / desarrollar nuevas habilidades…”

13. Haz “chapuzas”

Tradicionalmente, la salida para muchos parados mientran encontraban otro puesto “fijo” ha sido “echar una mano al cuñado” que le pagaba unos eurillos. Esto no está limitado a fontaneros o electricistas, sino que puede hacerlo casi cualquiera: consultorías, traducciones, pequeños proyectos, clases… Además de recibir un dinero extra, te mantiene activo y te permite conocer gente que puede ser el origen de un puesto de trabajo.

La legalidad de una cosa así, es cosa de cada uno. Pero si es preciso, por la envergadura del proyecto, puedes suspender durante unas semanas la cobertura por desempleo sin perderla.

14. Piensa en el autoempleo

Si ves que haciendo esas “chapuzas” te va bien, piensa que la mejor manera de no quedarte nunca en el paro es no depender de que otro te dé trabajo. Según tus habilidades, como freelance puedes ganar mucho más trabajando menos que antes. Y sin que una crisis te deje con una mano delante y otra detrás. O incluso, si te ves con fuerzas, puedes arriesgar y crear una empresa.

15. Escribe un blog

Ahora que tienes tiempo, dedica al menos una hora al día a escribir un blog relacionado con tu sector de actividad. Es una apuesta a largo plazo, porque los primeros meses apenas te leerá nadie, pero puede ser decisivo para construir tu marca personal y que otros te vean como un experto en tu campo.

No es preciso que escribas con la precisión de Borges o la contundencia de Cela. Basta con que se te entienda, y que demuestres que sabes de lo que hablas. Si le pasas un corrector ortográfico, mejor. Mézclate en la conversación con otros bloggers, comenta en sus blogs, opina, discute, y poco a poco empezarás a ser conocido, y serás la figura de referencia para muchos que busquen a alguien con tu perfil.

Al fin y al cabo, yo sé a quién llamaría si necesitara un experto en gestión de proyectos, en procesos o en redes sociales.

Creative Commons License photo credit: * Jerry *

Cómo vender a la administración

En tiempos en que nadie gasta un céntimo de más, hay quien echa el ojo a un cliente que en otras ocasiones ni consideraría: la administración pública.

La buena noticia: se puede vender a la administración, aunque seas una PYME. La mala noticia: la probabilidad de fracasar es altísima, incluso aunque consigas vender.

Así que para ayudar a quien quiera intentarlo, voy a hacer una serie de entradas en las que desarrollaré estos puntos:

1. Tipos de contrato
Qué formas de contratar tiene la administración y cuáles de ellas te interesan más.

2. Mejor en compañía
Cómo asociarte con otros puede hacerte participar en proyectos que serían inaccesibles para una PYME. Y además puede ayudar a cobrar a tiempo.

3. Por dónde entrar
La mejor manera de ganar un concurso no es esperar a que se publique en el BOE. Hay que trabajar antes al organismo en el que quieres entrar, y debes saber cómo hacerlo.

4. Qué quiere el directivo de la Administración Pública
La lógica de la administración es muy diferente a la de las empresas, pero existe. Saber cómo piensa un directivo de la administración y qué busca en un proveedor es fundamental.

5. Cuando ya estás dentro
Bien, ya has conseguido vender. Cobrarás hagas lo que hagas, pero si lo haces bien tendrás negocio asegurado durante años.

6. ¿Aquí cuando se cobra?
No esperes cobrar a 30 días. La lógica funcionarial hace que el que paga sea distinto (y a veces distante) del que te ha contratado, así que conviene estar preparado para que un proyecto exitoso no te lleve a la quiebra por cobrar con unos meses de retraso.

Lo que no puedo asegurar es cuándo iré desarrollando estos puntos, porque es muy probable que tengan más extensión que un post normal. Así que si te interesa el tema y no te has suscrito al feed, este es un momento excelente para hacerlo.

Creative Commons License photo credit: Miguel A. González

9 Consejos de Seth Godin para hacer mejores presentaciones

Seth Godin escribe sobre como hacer presentaciones que provoquen un efecto en la audiencia. Estos nueve consejos no son reglas inmutables, pero deberías tenerlos en cuenta antes de abrir el Powerpoint para preparar tu presentación:

1. No uses Powerpoint. La mayor parte del tiempo no es necesario. Powerpoint te distrae de lo que de verdad necesitas hacer… mirar a la gente a los ojos, contar una historia, decir la verdad. Hazlo con tus propias palabras, sin artificios y con claridad. Hay veces que Powerpoint es útil, pero elígelas cuidadosamente.

2. Usa tu propia fuente. Visita Smashing Magazine y compra una fuente de uno de sus sponsors o coge una de las que ofrecen gratis. Pide a tu soporte técnico que te enseñe a instalarla y úsala en lugar de las fuentes que vienen en tu ordenador. Esto es como vestirse mejor o tener una tarjeta de visita más bonita. Es sutil, pero funciona.

3. Di la verdad. Con esto no quiero decir, “no mientas”, (eso se da por supuesto), quiero decir “no te escondas”. Se extremadamente directo en por qué estás aquí, qué me vas a vender (estás aquí para venderme algo, ¿verdad? Si no, por favor no pierdas tu tiempo ni el mío). Puede ser una idea, o un presupuesto, pero sigue siendo vender. Si, al final, no se qué estás vendiendo, has fracasado.

4. Paga por palabras. Este es el trato: deberías poner 5$ en el fondo del café por cada palabra en la transparencia que más palabras tenga de tu presentación. 400 palabras te cuestan 2.000$. Si fuera así, ¿usarías menos palabras? ¿muchas menos? Lo he dicho antes, pero necesito decirlo de nuevo: las palabras son para lso informes. El Powerpoint es para las ideas. Si tienes viñetas, por favor, por favor, por favor usa solo una palabra en cada punto.Dos si es imprescindible. Tres nunca.

5. Consigue un mando remoto. Yo siempre uso uno. El mío desapareció hace un par de semanas, y tuve que presentar sin él. Me vi en vídeo y odié el hecho de perder todo ese contacto visual. Es dinero bien gastado.

6. Usa un micrófono. Si estás presentando a más de 20 personas, un micrófono de solapa cambia tu postura y tu impacto. Y si estás presentando a más de 300 personas, usa iMag. Esto pone tu cara en la pantalla. Deberías tener una segunda pantalla para tus transparencias. Cambiar entre una y otra es un truco de productores incompetentes que ahora unos pavos pero es cutre. Si 400 personas están dispuestas a pasar una hora escuchándote, alguien debería estar dispuesto a gastar unos pocos dólares en hacer que la presentación funcione bien.

7. Asegúrate de que has traído tu gran idea. No merece la pena hacer una presentación para una idea pequeña, o para un presupuesto, o para dar un informe trimestral. Para eso están los informes. Las presentaciones implican montar un show, ir al escenario y actuar. Así que ¿cual es tu gran idea? ¿es suficientemente grande? ¿de verdad?

8. Demasiado impactante como para tomar apuntes. Si la gente esta haciendo liveblogging, twiteando o escribiendo lo que dices, me pregunto si tu presentación es todo lo que podría ser. Después de todo, podrías haber ahorrado a todos el esfuerzo y haber blogueado o tomado notas por ellos, ¿no? Nos han entrenado desde pequeños a sustituir el prestar atención por tomar apuntes. Es una pena. Tus acciones deberían demandar atención (pista: las viñetas demandan tomar apuntes. En cuanto pones viñetas en la pantalla, estás anunciando “escribe esto, pero no hace falta que atiendas”). La gente no toma apuntes cuando va a la ópera.

9 ¡Corta! ¿de verdad necesitas una hora para la presentación? ¿veinte minutos? La mayor parte del tiempo, la respuesta correcta es “diez”. Diez minutos de grandes ideas impactantes con grandes imágenes y grandes letras y pocas palabras y pensamientos que asusten e informaciones deslumbrantes. Y después, y después, pasa el resto del tiempo hablándome. Interactuando. Respondiendo preguntas. Liderando un debate.

La mayoría de las presentaciones (y he visto muchas) son absolutamente horribles. No son horribles porque no estén diseñadas por un profesional, son horribles porque están realizadas por alguien que oculta lo que vino a decir. La nueva tendencia de retocar tus transparencias con un diseño gráfico caro no soluciona el problema, lo empeora. Dame en cambio un aficionado entusiasta, por favor.

Creative Commons License Photo credit: Jarkko Laine

Siete cosas que puede hacer tu empresa para salir de la crisis

Marchando una de optimismo para acabar la semana:

Dice Seth Godin que si no estuviera ya llevando su propia empresa, hoy es el día en el que crearía una. Su tesis es que este es un momento en el que muchos aprovechan para justificarse y no hacer nada, pero una crisis supone nuevas oportunidades: menos competencia, más talento disponible y una sensación de urgencia que es la que hace que el cambio suceda.

¿Estás dispuesto a sacar adelante tu empresa?

Entonces, haz una de las siete cosas que pueden hacer las empresas para salir de la crisis:

1. Asóciate con otras empresas

Crear asociaciones estratégicas es una manera estupenda de generar nuevas oportunidades. El truco es hacerlo de manera que las dos empresas ganen y que sea sencillo para ambas. La regla número uno: asóciate solo con empresas a las que puedas dirigir a tus mejores clientes.

1. Reactiva a los clientes del pasado

A veces no nos preocupamos de comunicarnos con nuestros clientes, a menos que nos hagan un pedido. Para cuando han decidido que otro valora más su negocio, ya es tarde.

3. Sal de detrás del ordenador

Construir relaciones personales siempre está de moda. Es tentador sentarse y bloguear o participar en redes sociales, y no está mal, pero a veces necesitas salir y dar algunos apretones de manos. Asiste a conferencias de tu sector, o a las de una industria en la que te interese vender, o visita a tus clientes para pedirles referencias.

4. Habla en eventos, celebra seminarios

El marketing es esencialmente un juego de construir confianza. Y pocas cosas construyen confianza más eficazmente que ponerse delante de un grupo de clientes potenciales y compartir tu conocimiento y experiencia.

5. Arregla tu seguimiento

Automatizando todos tus seguimientos, estableciendo toques de marketing rutinarios y enviando de vez en cuando una nota de agradecimiento escrita a mano puedes ser la primera opción cuando se toman decisiones de compra o referencia. Cuanto más largo sea el ciclo de venta en tu sector mejor tiene que ser tu seguimiento.

6. Reorganiza tus productos y servicios con ofertas por actuar

Encuentra maneras simples de relanzarte a ti mismo, tu gente, tus productos, tus servicios, tu envoltorio, de darte un nuevo comienzo en tu mercado. Hazles una oferta que no puedan rechazar, algo tan llamativo que tengan que volver a oírte.

7. Arregla los fallos de marketing

Con cada manera, forma o figura con la que tu empresa contacta con tus clientes está realizando una función de marketing, buena o mala. Busca todos los puntos de contacto con tus clientes y conviértelos en oportunidades de creación de marca.

Sin duda son buenos consejos las que da John Jantsch en Duct Tape Marketing, pero como él mismo dice, esto no solo vale para tiempos de crisis. Lo que sucede es que a veces viene bien que nos recuerden estas cosas.

Las 5 lecciones para emprendedores más importantes de Guy Kawasaki


Guy Kawasaki escribe en el blog para PYMES de Sun un post en el que cuenta las cinco lecciones más importantes que ha aprendido como emprendedor. Es muy bueno, así que he decidido traducirlo. El original, aquí.

1. Céntrate en el flujo de caja

Entiendo la diferencia entre el flujo de caja y el beneficio, y no estoy recomendando que busques la falta de beneficio. Pero el dinero es lo que mantiene las puertas abiertas y paga las facturas. Los beneficios de papel basados en la contabilidad financiera no tienen más que una importancia secundaria o terciaria para una startup. Como mi madre solía decir, “las ventas lo arreglan todo.”

2. Progresa un poco cada día

Solía creer en la teoría “big-bang” del marketing: un lanzamiento fantástico que creaba tal inercia que volabas “hasta el infinito y más allá”. Ya no. Ahora mi teoría es que progresas un poco cada día; bien haciendo tu producto un poco mejor, mejorar un poco tus habilidades, o conseguir un cliente más. La razón de que la prensa escriba sobre los éxitos rápidos es que suceden pocas veces; no porque sea así como funcionan todos los negocios.

3. Prueba cosas

También solía creer que es mejor ser listo que afortunado porque si eres listo puedes pensar más que tu competencia. Ya no creo eso; pero esto no quiere decir que debas buscar un gran nivel de estupidez. Lo que digo es que la suerte es una gran parte de muchos éxitos, así que (a) no te deprimas cuando veas a un idiota triunfar; y (b) la suerte favorece a la gente que prueba cosas, que no se limita a pensar y analizar. Como dicen los chinos, “uno debe esperar mucho tiempo con la boca abierta antes de que un pato pekinés vuele hasta tu boca”.

4. Ignora a los boboxpertos

Los boboxpertos son la fatal combinación de idiotas que son expertos. O expertos que son idiotas. Cuando lanzas por primera vez un producto o servicio, te dirán que no es necesario, que no puede funcionar, o que tienes mucha competencia. Si tienes éxito, dirán que sabían que ibas a triunfar. En otras palabras, no saben un pimiento. Si crees, inténtalo. Si no crees, escucha a los boboxpertos y quédate en casita.

5. Nunca le pidas a alguien que haga algo que tú no harías

Esto vale para los clientes (“rellena estos veinticinco campos de información personal para conseguir una cuenta en nuestra web”), para los empleados (“vuela en turista a Bombay, reúnete todo el día en cuanto llegues y vuela de vuelta esa misma noche”). Si sigues este principio, casi siempre tendrás una reputación de buen servicio al cliente y empleados felices.

Habilidades necesarias para ser emprendedor


Aparte de ilusión y una determinación rayana en al cabezonería ¿qué otras habilidades / conocimientos necesita un emprendedor? Las imprescindibles son estas seis:

1. Hablar en público

Si quieres tener éxito en casi cualquier cosa que emprendas, tendrás que ser capaz de comunicar tu visión a socios, empleados, inversores o clientes. Eso es algo que no puedes delegar. Si te aterra la idea de enfrentarte a un auditorio, o si eres incapaz de hablar sin aburrir a las ovejas, no podrás contagiarles el entusiasmo que tú sientes por tu empresa.

2. Contabilidad

Tú no vas a llevar las cuentas de tu empresa, pero no puedes confiar algo tan importante a una gestoría. Aplicar según qué criterios contables puede marcar la diferencia entre tener una empresa con un balance saneado o una situación de quiebra, así que te interesa seguir de cerca lo que hace tu asesoría, conocer las alternativas y establecer tú los criterios.

3. Marketing

Igual que en el caso anterior, no se trata de que diseñes tú la publicidad de tu producto. Pero el marketing en sentido amplio (esto es, analizar qué necesita el mercado, como vas a responder a esa necesidad y cómo vas a comunicar que tienes la respuesta) es inseparable de todo el proceso de creación de tu empresa. Necesitas conocer al menos los conceptos más básicos de cómo funcionan los mercados, de cómo segmentarlos, de cuál es el proceso de adopción de un producto y de qué vías tienes para comunicar con tus clientes potenciales.

4. Relaciones personales

Alguien pensará que saber tratar bien a las personas es algo innato. Hay quien nace con la habilidad de “caer bien” y sabe qué decir a cada persona en cada momento, y hay quien es por naturaleza huraño o tímido. Sin embargo, también se puede aprender a tratar a las personas, y hasta los más antipáticos pueden mejorar. Y salvo que tu modelo de negocio sea muy parecido al de los profesionales de la venta por eBay, tendrás que tratar con otras personas. El factor clave de éxito será entonces conseguir que esas personas hagan lo que tú quieres.

5. Protocolo

Podríamos llamarlo “educación”, o “buenas maneras”. Aunque parezca un concepto anticuado, sigue siendo (y será) imprescindible seguir unas normas de cortesía y buen trato, aunque esas normas se apliquen ahora al uso del correo electrónico y no a las cartas manuscritas. Demostrar que eres un zafio patán es la mejor manera de que nadie confíe en tu capacidad para manejar algo tan delicado como una empresa.

6. Tendencias

Esta es la más difícil. No se trata de llevar el último gadget, o el último corte de pelo, o de abrir un blog porque está de moda. Se trata de estar enterado de lo que se cuece en tu ámbito de negocio e incluso fuera de él. Se trata de saber no solo qué comportamiento tienen tus clientes, sino cómo está cambiando este comportamiento (y siempre está cambiando). Se trata de saber qué pasa en otros sectores, porque mañana puede afectar al tuyo. Se trata de identificar oportunidades antes que tu competencia, porque tú tienes más datos de cómo se mueve el mercado.

Hay muchos otros conocimientos y habilidades que son muy convenientes, pero no son imprescindibles: saber buscar información en Internet o manejar una hoja de cálculo pueden ahorrarte muchas horas de trabajo y mucho esfuerzo, pero los más rupestres pueden ir a una biblioteca o manejar un cuaderno y un lápiz. El emprendedor puede (y debe) contratar a quien supla los conocimientos que le faltan en cualquier otro ámbito, pero no puede pagar a nadie para que sea educado en su nombre.

Por supuesto, si alguien tiene otras ideas, estaré encantado de que las deje en un comentario. Por mi parte, procuraré dedicar al menos un post a cómo mejorar cada una de estas habilidades.

Presentar la empresa


Supongamos que has conseguido una reunión con alguien (un cliente o un socio potenciales) a quien quieres hacer una propuesta. Preparas dos presentaciones con el Power Point (una de la empresa, y otra de los productos y/o servicios que vas a proponer), las cargas en el portátil, imprimes algunas copias en color y vas para allá, solo o acompañado de algún compañero. Quieres que todo sea perfecto, que no les quede duda de la estupenda propuesta que llevas y de lo bueno que sería trabajar contigo, ¿verdad?

Pues ya has empezado mal. Antes de llegar. Antes de salir de tu oficina, ya has sembrado las semillas del desastre. Ya has hecho cosas que no debías hacer y has obviado otras que son importantes. Y podrías haberlo evitado teniendo en cuenta estos cinco consejos:

1. Averigua a quién vas a ver

Sí, puede parecer obvio en la era Google, pero todavía hay mucha gente que va a ver a un cliente potencial sin dedicar ni media hora a recoger información sobre su empresa. Navega por su página web, mira qué productos vende, a qué mercado se dirige, dónde tiene delegaciones, con qué socios trabaja… Y después busca en Google todo lo que puedas encontrar, tanto de la empresa como de lo relacionado con ella. Busca, por ejemplo, quién es su competencia.

¿Hecho? Pues todavía te falta buscar las personas que vas a ver. Muchas veces puedes averiguar datos sobre su historial profesional, conferencias o jornadas en las que han intervenido o incluso si han participado en alguna competición deportiva. Cuanto más sepas sobre ellos, mejor.

2. No cuentes tu vida

La tentación de dedicar “no más de cinco minutos” a presentar nuestra empresa es muy fuerte, pero hay que resistirse a ella. El cliente sabe que vas a mentir (o al menos a exagerar) y se pone en modo defensivo, mientras empieza a pensar en las tareas que tiene pendientes. Olvida la pretensión de convencer a un cliente de las bondades de tu empresa. No lo vas a conseguir. Y lo que es peor, ese “modo defensivo” en el que le has colocado puede permanecer ya durante el resto de la presentación, afectando a lo que en realidad querías contarle.

Si no puedes evitar llevar información sobre lo estupenda que es tu empresa, los clientes tan importantes que tiene y todas las certificaciones que garantizan la calidad en sus operaciones, lleva una presentación impresa y déjasela. Probablemente rodará un tiempo por mesas y estanterías hasta que alguien haga limpieza y la tire, pero existe la remota posibilidad de que el cliente se la encuentre inesperadamente y se le ocurra llamarte para algo.

Mucho mejor que esa presentación de la empresa es dedicar al final una transparencia a explicar por qué nuestra empresa es la idónea para realizar lo que estamos proponiendo. Pero solo una. Si el cliente tiene interés en saber algo más de nosotros, ahí le das pie para preguntar.

3. No lleves una presentación estándar

Adapta tu presentación al cliente al que vas a ver. No, adaptar tu presentación no es poner en la primera página “presentación para Ultramarinos Bermúdez” y pegarle en una esquina de cada hoja el logo de Ultramarinos Bermúdez que has bajado de Internet.

Estando en el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, a mí me han traído presentaciones con el logo de la Comunidad de Madrid. Como cualquiera que siga las noticias sabe, esto es como ir con una camiseta de Microsoft a una convención de linuxeros. Una presentación mal personalizada es aún peor que una sin personalizar.

Otro error común es llevar una presentación con decenas de transparencias (normalmente con mucho texto o esquemas prolijos e incomprensibles) y pasar la mitad de ellas sin comentarlas porque los “cinco minutos” de presentación de tu empresa se habían convertido en veinte, la reunión se está alargando demasiado, y “en realidad esas transparencias no tienen mucho que ver con lo que estamos hablando”. Si de verdad sobraban ¿no podías haberlas borrado antes de ir?

Adaptar la presentación significa que cada ejemplo tenga que ver con el negocio del cliente, que las ventajas que explicas sean las que conseguirá Ultramarinos Bermúdez y no otro cliente y que sólo hablas de las funciones que ese cliente puede utilizar. Para eso sirve lo que has investigado sobre él.

4. Pregunta

Al empezar la presentación invita al cliente a interrumpirte en cualquier momento para preguntarte cualquier duda. Si lo hace, magnífico: suele ser señal de que lo que cuentas le interesa. Pero si no lo hace, hazlo tú. Ten preparadas preguntas en determinados momentos de la presentación que animen al diálogo, del tipo “¿os ha pasado esto alguna vez?” o “¿sería interesante para vosotros esta función?”.

Lo que no puede suceder es que hables sin interrupción durante veinte minutos. No hay mejor manera que esa para convencer al cliente de que eres un pelmazo. Y nadie quiere trabajar con pelmazos.

5. Ponte en el lugar del cliente

Piensa en qué necesita, qué problemas tiene, y cómo puedes ayudarle. Eso es lo que él va a querer que le cuentes. Y toda tu presentación debería tener un único objetivo: convencerle de que tú puedes resolver uno de sus problemas.

Demasiadas veces las presentaciones están orientadas en torno al ombligo del que habla: quienes somos, que hacemos, nuestros productos, nuestros servicios, nuestros clientes, nuestros socios, nuestra calidad… ¿Qué piensas de un tipo al que conoces en una fiesta y se dedica a hablar de él durante treinta minutos? Pues eso. No hables de ti, habla de tu cliente.

Habla de sus problemas, y de como tu producto puede resolverlos. Habla de su competencia, y de como está aprovechando las ventajas que ofrecen tus productos. Habla de sus clientes, y de como puede atenderles mejor gracias a tus productos.

¿Que es difícil preparar una reunión así? Efectivamente. Supone investigar en Google y dedicar un tiempo a pensar en el cliente antes de la reunión, preparar una presentación y no utilizar “la de siempre”, buscar nuevos ejemplos… pero al fin y al cabo el cliente te va a dedicar una hora de su tiempo. ¿No deberías conseguir que al final crea que ha merecido la pena y que tienes algo que ofrecerle?

Qué hay en un nombre


What’s in a name? That which we call a rose
By any other word would smell as sweet.

William Shakespeare, from Romeo and Juliet (II, ii, 1-2)

Sí, una rosa olería igual de bien si la llamáramos con otro nombre. Pero ¿funcionaría igual de bien una empresa con otro nombre?

Una de las primeras decisiones que toma el emprendedor es el nombre de la empresa. Si te equivocas con él, es para siempre, así que conviene tener en cuenta algunas cosas:

- Debe ser fácil de escribir, de pronunciar, de leer y de recordar. Al menos en el lenguaje del primer mercado, pero conviene que no suene demasiado extraño tampoco en inglés, por si acaso algún día hay que tener tratos con gente de fuera.

No es fácil cumplir con los cuatro requisitos, y además hacerlo en dos idiomas, pero es fundamental si no queremos perder clientes que recuerdan una publicidad de un producto que ahora les interesa pero no recuerdan el nombre de la empresa que lo ofrece.

Y es fundamental que sea fácil de pronunciar, si queremos que nuestros clientes no pidan el producto de la competencia simplemente por miedo al ridículo de pronunciar mal el nuestro.

- Conviene que empiece por la letra ‘a’, o una de las primeras del alfabeto. Esto no es imprescindible si nuestros clientes nos encuentran en la calle o en la estantería de un comercio, pero si hay alguna posibilidad de que nos busquen en un listado, conviene estar entre los primeros.

En Alanta conseguimos un contrato con el Ministerio de Administraciones Públicas gracias a que el nombre de la empresa empieza por A. En realidad, nos conocían de una charla que había dado yo unos meses antes, y después hubo que pelear la oferta con la competencia y demostrar que la nuestra era la mejor, pero el hecho es que nos llamaron porque nos vieron en el listado de empresas de Hispalinux en la primera página, y entonces se acordaron de la charla.

- Procura que evoque a qué se dedica tu negocio. No es imprescindible llamar a tu empresa “Taller de chapa y pintura Gutiérrez”, pero ¿por qué no ayudar a tus clientes a que identifiquen a qué te dedicas?. Analiza los nombres de tu competencia, descubre qué tienen en común la mayoría (alguna palabreja en inglés si se dedican a la tecnología, algún nombre italiano o francés si están en el sector de la moda, etc.) y utiliza ese conocimiento para buscar o crear un nombre que sea original pero no se aleje demasiado del estándar.

- Asegúrate de que te sientes cómodo con el nombre. Ese nombre que sonaba tan bien en un pub a las dos de la madrugada puede no ser tan adecuado el día siguiente por la mañana. Antes de imprimir las tarjetas de visita y reservar el dominio, pronuncia el nombre en voz alta delante del espejo, imaginando que te presentas a pedir un crédito al director de un banco, y díselo también a amigos y familiares. Si no se parten de risa, y a tí no te da vergüenza, adelante.

- Google es tu amigo. Comprueba que no hay otra empresa (especialmente si es de tu sector) utilizando el mismo nombre, y ya de paso verifica también que hay un dominio decente disponible. Mejor un .com o un .es, pero puede ser un .info como el que usa Alanta, o incluso un .net. En cualquier registrador de dominios puedes comprobar si el que buscas está disponible.

Si tienes tiempo, puedes comprobar también que no hay connotaciones negativas en el nombre. Por ejemplo, que no es el apellido de un asesino en serie. E incluso puedes utilizar Google e Internet para ayudarte con la inspiración, buscando palabras relacionadas con el concepto que quieres transmitir con tu nombre.

Y poco más. Si el nombre que has elegido pasa todos los filtros, prepara tres variantes (pueden ser una coletilla añadida al nombre que has elegido) y corre a registrarlo.

Consejos para trabajar desde casa


Las historias de emprendedores como Steve Jobs, Jeff Bezos o Hewlett y Packard que crean una megaempresa desde el garage de su casa nos atraen a todos. Empezar desde casa, además de permitirnos ahorrar el dinero del alquiler de un despacho (cosa que no viene mal al principio, cuando necesitamos controlar cada céntimo) evita el traslado diario, y eso en una gran ciudad puede significar que tenemos una o dos horas más cada día que dedicar a la empresa.

Pero trabajar desde casa tiene sus inconvenientes, y muy serios. Es muy muy fácil, si uno se deja deslizar por la pendiente de la dejadez, encontrarse unos meses más tarde tirado en un sofá con un plan de negocio que no se llegó a terminar nunca, con una página web a medio hacer, con el dinero que teníamos para montar la empresa agotado, con algún contacto pendiente de llamar desde hace semanas y con decenas de horas invertidas cada mes en ver programas de televisión para marujas.

Así que, por si son de utilidad, aquí van mis consejos para conseguir ser productivo trabajando desde casa:

1. Madruga. Nunca deberías levantarte después de las 9, y sería mejor hacerlo antes de las 8. Hay gente que trabaja mejor por la tarde, o incluso por la noche, pero aunque uno se haya acostado a las dos de la mañana es mejor echar una siesta para compensar las horas de sueño perdidas que levantarse tarde.

Cambiar el horario con respecto al resto del mundo hace que no estés disponible cuando otros lo están. Pero sobre todo impide que tengas un horario estable, en el que haya unas horas de trabajo al día aseguradas.

2. Cuida tu aspecto todos los días. No es cuestión de ponerse chaqueta y corbata para trabajar en casa, pero no deberías prescindir de la ducha y el afeitado (o el peinado en el caso de las féminas) ni de vestirte con ropa diferente a la que has utilizado para dormir. El rito del aseo y el vestido ayuda a ponerse en situación de trabajar.

3. Lleva a los niños al colegio. Aunque a tu pareja le venga bien, hazlo tú. Esto te obliga a madrugar y a ponerte en funcionamiento desde primera hora del día. Además hablas con gente, aunque sea pequeñita y llorona, y eso cambia tu estado mental.

Si no tienes niños, sal a comprar el pan o el periódico. O vete al banco a hacer una gestión . Lo que sea, pero salir de casa pronto te obliga a vestirte y asearte, y ver gente y hablar con ella nos impide caer en la dejadez.

4. Planifica tu día. Aquí cada uno tiene su receta: hay quien empieza por las tareas rutinarias para quitárselas de enmedio, quien prefiere empezar por lo importante, quien organiza la jornada en bloques estrictos o quien simplemente tiene una idea general de lo que debe hacer por la mañana o por la tarde. Eso es lo de menos, con tal de que sigas un sistema que funcione y de que al final del día hayas conseguir hacer el trabajo que te propusiste. Lo importante es saber antes de empezar qué quieres conseguir ese día, qué tareas tienes pendientes y organizar el trabajo de modo que lo más urgente no quede sin hacer.

Uno de los problemas de no tener un jefe que te exija es que puedes caer en la tentación de dedicarte a lo que más te gusta, y no siempre eso es lo más necesario para la empresa. Puede ser más gratificante desarrollar un nuevo producto que preparar una declaración de impuestos, pero no dar parte de tu tiempo (además de tu dinero) a Hacienda suele tener consecuencias desagradables.

5. Organiza tu lugar de trabajo. Es posible que no tengas un garaje que dedicar a tu empresa, pero siempre debes tener al menos un rincón exclusivo. Unas estanterías para los papeles, un puesto de trabajo con todo lo necesario y un ordenador, impresora y teléfono móvil dedicados sólo a la empresa. No, no sirve el ordenador de los niños. Y tampoco funciona tener un portátil que llevas de un lado a otro de la casa en función de lo que haga el resto de sus habitantes. Para concentrarse y ser productivo, no puedes perder el tiempo buscando cosas que no están a mano.

6. Exige respeto a los que conviven contigo. Separa claramente las horas de trabajo de las que estás disponible para el resto de la familia. El que estés en casa no significa que los niños pueden interrumpir tu trabajo para preguntarte una duda de matemáticas, ni que tu pareja puede pedirte que le ayudes a preparar la comida, o que seas el encargado de hacer los recados o atender al señor que viene a media mañana a reparar la lavadora.

Con toda la flexibilidad del mundo, puedes aprovechar que eres tu propio jefe para hacer una gestión para la familia en horario laboral, pero antes de hacerla deja siempre claro en qué momento vas a compensar esa hora perdida.

7. Haz un curso. Por lo menos una vez al mes, haz un curso que tenga alguna relación con tu empresa o tu sector o con la economía en general, o asiste a un seminario, o a una conferencia. Hoy en día hay multitud de actos, de presentaciones de empresas y de cursos gratuitos organizados por las administraciones o las cámaras de comercio.

Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo, los cursos te obligan a vestir “el traje de faena” de vez en cuando y te permiten tener conversaciones “profesionales” con otros emprendedores o con gente de tu sector. Un baño de realidad de vez en cuando, además, puede proporcionarte información valiosísima que no está en Google, no sólo la que se imparte “oficialmente”, sino sobre todo los rumores y las tendencias que se comentan en los pasillos.

8. No pierdas los contactos profesionales. Si, como es habitual, estás poniendo en marcha la empresa después de unos años de experiencia profesional, tendrás una red de conocidos más o menos amplia. Preocúpate de mantener el contacto con ellos: llámales por teléfono, queda a comer con ellos, envíales un correo electrónico de vez en cuando…

Por un lado, puede venirte bien si la empresa fracasa y tienes que buscar otra salida laboral. Pueden ser también una fuente de información sobre el sector e incluso de oportunidades de negocio. Pero, sobre todo, provocan que cuentes cómo va tu proyecto (lo que te hace verlo con perspectiva), te ayudan a verte a tí mismo como un profesional en activo y te animan a seguir en el empeño. Cuando estás en medio de las dificultades propias del lanzamiento de la empresa, recordar cómo son las cosas en el mundo corporativo puede ser un buen acicate para buscar el éxito.