Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Zappos


Vía el blog de Seth Godin, descubro la historia de una cliente de Zappos. Zappos es una tienda electrónica de zapatos, simplemente.

Resulta que Zaz Lamarr compró unos zapatos para su madre. La señora falleció, y Lamarr se encontró con siete pares de zapatos que no necesitaba, así que aunque estaba fuera de fecha intentó devolverlos, explicando las circunstancias. Zappos, a pesar de que había pasado el plazo de quince días, no solo aceptó la devolución, sino que cambió su política habitual y en lugar de ser Lamarr la que llevara los zapatos a UPS, envió un mensajero a recogerlos a su casa.

Hasta ahí, perfecto. Ahora viene lo extraordinario:

Yesterday, when I came home from town, a florist delivery man was just leaving. It was a beautiful arrangement in a basket with white lilies and roses and carnations. Big and lush and fragrant. I opened the card, and it was from Zappos. I burst into tears. I’m a sucker for kindness, and if that isn’t one of the nicest things I’ve ever had happen to me, I don’t know what is. So…IF YOU BUY SHOES ONLINE, GET THEM FROM ZAPPOS.

Una fría tienda on-line envía un enorme ramo de flores a una clienta que ha devuelto siete pares de zapatos. Si no esto no es ser extraordinario, no se lo que es. Por supuesto, Zappos no sabía que Lamarr tiene un modesto blog, y mucho menos que la historia llegaría a alguien influyente como Godin, y esto es muy importante.

Y es que no se trata solo de que aceptando una devolución extraordinaria y gastando unos dólares en flores hayan generado una poderosísima publicidad positiva. Se trata del espíritu corporativo que hay detrás. De la persona que se enteró de que un cliente había perdido a su madre, y de la organización que facilitó el gasto extraordinario de unas flores. Eso significa diferenciarte porque te preocupas por tus clientes, y no porque tus zapatos valen un par de dólares menos que los de la competencia.

Cuánto más vale ser una empresa así que gastarse un riñón en CRMs, estudios de mercado, programas de fidelización de clientes y otras zarandajas que muchas veces solo sirven para convertir a las personas que compran nuestros productos en números.

Sin contrato


Hablaba el martes con Agustín Cuenca, multiemprendedor y fundador entre otras cosas de ASPGems, y me contó algo curioso. En los proyectos de desarrollo a medida no firman contrato con el cliente. Simplemente, cobran un 50% al principio del proyecto y un 50% al final. Las especificaciones se definen en un PowerPoint, y sobre ellas van trabajando.

¿Que hay algún problema y no se ponen de acuerdo? Pues el cliente no paga el 50% final. Tanto el cliente como ellos han perdido algo, pero no todo.

En España recurrir a la justicia para defender un contrato es muy lento y costoso. Al final, los únicos que ganan con ello son los abogados. De manera que, salvo que se trate de mucho dinero, nadie lo hace. Así que ¿para qué te sirve tener un contrato firmado con el cliente, si cuando hay problemas va a ser papel mojado?

Yo el problema lo veo en convencer al cliente de que te pague un 50% por adelantado. Pero si tiene la suficiente confianza en ti como para eso, realmente el contrato es lo de menos.

Ideas para ser generoso con los clientes


Como comenté en mi post de ayer, es una buena estrategia comenzar dando algo si esperamos recibir después. Eso que regalamos tiene que tener valor para el cliente, pero no debería tener un gran coste si no estamos seguros de poder recuperarlo después. Descartados los bolígrafos y las camisetas con nuestro logo ¿qué podemos regalar?

1. Información

La información es uno de los activos más valiosos hoy en día. Si tu empresa tiene conocimientos avanzados en tu campo (y debería tenerlos si quiere distinguirse), puedes regalarle parte de esos conocimientos al cliente. Puedes, por ejemplo, entregarle un informe con un análisis sobre un problema que tiene planteado. Cuidado, no estoy hablando de hacerle una consultoría gratis, sino de algo más parecido a eso que los americanos llaman “white paper”: un informe estándar, que puede ser de utilidad a varios clientes.

Ese informe puede proceder de un estudio que has hecho con otro motivo, y que simplemente reelaboras y maquetas para que sea generalizable. Puede ser una comparativa de productos, o un diagnóstico sobre el estado del arte en una tecnología. Si es de utilidad para un cliente, te lo agradecerá, y además conseguirás que te vea como un experto en ese campo.

2. Tiempo

Cuando empiezas, a tu equipo técnico lo que le sobra es tiempo. Incluso cuando llevas años seguramente tienes a gente fuera de proyectos, supuestamente “en autoformación”. En lugar de tener a tus empleados chateando y bajándose guarradas de Internet ¿por qué no dedicas unas horas gratis a un cliente potencial?

No se trata de decir “mañana te mando a un chico que sabe un montón para que esté por aquí” sin que venga a cuento. Pero a veces un cliente nos cuenta un problema que sabemos que puede resolverse en una mañana, y que él tiene pendiente desde hace tiempo. O el problema es urgente, y no puede esperar a iniciar un procedimiento de contratación formal. En esos caso, decir “no te preocupes, yo te echo una mano” y hacerlo sin poner un presupuesto por delante (y sin cobrar esas horas) demuestra que nos preocupa el cliente más que el dinero. Si el cliente es medianamente honrado, ya lo compensará más adelante con creces.

3. Pruebas

No sólo las promotoras de las grandes superficies pueden invitarnos a probar un producto para darlo a conocer. Si lo que vendes es novedoso, y genera incertidumbre en los clientes potenciales ¿por qué no dejar algún equipo en pruebas? Demuestras confianza en tu producto, y el cliente tiene la oportunidad de comprobar por sí mismo, y no sólo en una demo, si lo que está valorando se adapta a sus necesidades.

4. Contactos

A veces, cuando el cliente nos explica sus cuitas, nos cuenta algo para lo que nuestra empresa no tiene oferta, pero conocemos a quien puede ayudarle. Puede ser otra empresa que preste ese servicio, puede ser otro cliente que haya resuelto un problema parecido. En esos casos facilitar ese contacto puede ser de gran ayuda para el cliente.

5. Consejo

Hacer consultoría gratis es muy peligroso, sobre todo si vendemos consultoría. A mí me ha pasado encontrarme con clientes que pedían ofertas a varios proveedores con requerimientos muy difusos para ir definiendo una solución técnica en base a las propuestas que recibían. Esto es, en mi opinión, completamente deshonesto. Especialmente si alguno de esos proveedores no tiene opción y está ahí simplemente por si aporta algún conocimiento técnico y para ajustar el precio a los proveedores que sí están considerados.

Pero hay muchas ocasiones en que a un cliente le viene bien una orientación técnica, o algún consejo práctico basado en nuestra experiencia en otros clientes. Incluso a veces que hay que apostar y definir una solución técnica para una solicitud de ofertas que se enviará también a nuestra competencia. Saber cuándo y cómo hay que hacer esto es todo un arte que solo se adquiere con la experiencia.

Do ut des


Si queréis triunfar, sed generosos antes. Dad y se os dará.

No es una cuestión de “justicia cósmica” ni nada parecido. Es simple sentido común.

Primero, porque nuestra cultura nos ha hecho así. Recibir un regalo obliga a corresponder, o a ser condenado al desprecio por “tacaño” y egoísta. Por eso muchas empresas invitan a comidas o regalan objetos promocionales a sus clientes potenciales. Lógicamente, para que el juego funcione el receptor del regalo tiene que percibir que éste es sincero, porque de lo contrario no se siente vinculado por ese contrato no escrito de reciprocidad. Hoy en día no se puede esperar conseguir una venta regalando unos bolígrafos o una camiseta, porque todo el mundo sabe que están hechos para vender, y no para agradar al que los recibe.

Ser generoso tiene otra función más profunda. Demuestra voluntad de establecer una relación con la persona que recibe nuestro “regalo”. Pensad que cuando hacemos una oferta a un cliente le estamos pidiendo que nos entregue su dinero a cambio de algo que cree que puede ser de valor para él. Pero no tiene la certeza de que será de valor mientras no disponga de ello. Hasta entonces debe confiar en nuestra palabra para creer que es así.

Si nosotros damos el primer paso y regalamos algo, estamos demostrando confianza en el cliente, y así reforzamos la confianza que él pueda tener en nosotros.

¿Se corren riesgos? Evidentemente. Hay gente que se aprovechará de nuestra generosidad sin dar nada a cambio. Pero incluso esto puede ser una ventaja: un cliente así es un mal cliente, y es mejor conocerle (y evitarle) antes de que nos involucremos con un contrato que nos obligue a trabajar para él (y probablemente a perder dinero).

Y cuando funciona, lo hace muy bien: yo he visto empresas que han conseguido contratos de más de un millón de euros invirtiendo sólo unos pocos miles de euros en resolver algún problema urgente del cliente.

Por otro lado, podemos dar muchas cosas que apenas cuestan dinero, pero que son de gran valor para un cliente. Haré un post con ideas sobre esto, pero si alguien se anima, puede apuntar algo en los comentarios.

La importancia del aspecto


Scott Adams habla en su último post sobre la importancia de la apariencia física en el futuro de las personas. Leedlo, porque como siempre es ácido y divertido, y esta vez habla de una cuestión mucho más importante de lo que parece.

El caso es que aprovechando el tema voy a dar unos consejos sobre lo que podéis hacer con vuestro aspecto para mejorar vuestras los resultados de vuestra empresa. Por supuesto, si no estáis de acuerdo con alguno o con todos, os agradeceré que aportéis vuestra opinión.

1. No esperes que la gente te valore por lo que vales.

Ayúdales a que se den cuenta de lo que vales. Eso de “la belleza está en el interior” está bien para las películas de Disney, pero en la vida real no hay príncipes azules ni hadas que te coloquen un vestido de ensueño. Depende de tí el que las personas con las que te relacionas puedan apreciar tus talentos. Tener apariencia de persona solvente y profesional puede facilitarles la tarea, y en ningún caso te puede hacer daño.

Cuando acabas de crear una empresa, su principal activo eres tú. El primer cliente no te contratará porque tengas un logo chulo, sino porque confiará en tí. Procura conseguir que cualquiera, nada más verte, piense: “Esta es una persona con la que puedo hacer negocios”.

2. Vístete un poco mejor que tus clientes.

Tan chocante puede ser ir vestido con un traje de Armani y corbata de Loewe a vender vinos a una taberna de pueblo como ir con vaqueros gastados y camiseta a vender consultoría de negocio a una gran entidad financiera. Así que, si tus clientes van en vaqueros y camiseta, tú vístete con ropa de sport cómoda pero de calidad. Si llevan trajes normalillos y corbatas de hace diez años, tú viste con trajes de mejor calidad y corbatas actuales.

De este modo, ni les abrumas con tu “elegancia en el vestir”, ni piensan que eres un “pintas”, ni te consideran un “pijo” o “más cursi que un repollo con lazos”.

3. La extravagancia es como la sal.

Un poquito mejora el plato, pero si te pasas lo arruina. Hay sectores en los que es casi obligatorio ser original en la apariencia: diseño, publicidad, moda… Si te presentas como diseñador gráfico vestido con el traje gris que compraste en la Semana Fantástica del Corte Inglés, en el mejor de los casos pensarán que eres la persona a la que deben encargar las tarjetas de visita. En estos casos, deberías ir con look gafapasta. El secreto está en conseguir que tu cliente te considere “moderno” (y por tanto alguien capaz de hacer una web o una publicidad exitosa) sin que llegues a “estrafalario” (y por tanto alguien a quien el consumo de sustancias estupefacientes le impedirá realizar el trabajo solicitado en tiempo y forma).

En otros sectores mas “tradicionales”, también es posible buscar un “toquecito” que te distinga. Yo he visto (o he utilizado) cosas como llevar un tablet para tomar notas en la reunión, llevar los documentos en una maleta tipo trolley, (lo que te da pie para hablar de tus reuniones en otras ciudades y de lo ocupado que estás), o un escudito de tu colegio profesional en la solapa… pequeños detalles que contribuyen a reforzar la imagen de profesional (ojo, sin pasarse, porque de lo contrario la imagen que das es de cretino integral).

4. Demuestra que estás sano

Vale, no todos podemos ser altos y guapos. Algunos tenemos la desgracia de haber nacido con escasa estatura, una nariz quevedesca o una hermosa calva. Pero, salvo casos de enfermedades reales, todos podemos mostrarnos como personas sanas y con las que resulta agradable conversar.

Y para ello basta con dormir bien (al menos antes de una reunión importante con un cliente), cuidar la higiene personal, llevar la ropa (corbata, escote, zapatos…) con dignidad y decoro y procurar mantener el peso en parámetros que no llamen la atención. No se trata de no tener unos kilos de más, (que muchos tenemos), sino de que demuestres que esos kilos de más no te impiden realizar ninguna actividad habitual. Cuando tienes que reservar dos asientos de avión porque no cabes en uno, tienes un problema.

¿De verdad importa dar esta imagen saludable y fresca? Pues si mi experiencia vale para algo, os puedo decir que yo sí noté, en una época en que presentaba muestras evidentes de enfermedad grave, que el trato profesional en determinadas personas no era el mismo. Creo que no es un asunto en el que la gente actúe conscientemente, pero muchas personas tienden a rechazar a quien les genera una imagen de falta de salud. Probablemente, porque eso puede ir asociado a problemas que pueden acabar afectando a cualquier relación con la persona “poco saludable”.

5. Muéstrate como lo que quieres ser, no como lo que eres

Hace tiempo leí que los médicos jóvenes, a principios del siglo XX, procuraban desarrollar una barriguita lo antes posible, y que incluso se ponían gafas sin necesitarlas. El objetivo era parecer cuanto antes un doctor maduro, porque inspiraba mucha más confianza en sus pacientes/clientes. Una barriguita, hace cien años, era señal de que “no faltaba de comer”. Es decir, era una muestra de éxito tan buena como puede serlo ahora un coche deportivo.

Si eres un jovenzuelo con una empresita que intenta vender algo a cuarentones en empresas consolidadas, procura aparentar más edad de la que tienes y viste más formal de lo que te apetecería hacerlo. Renuncia a los piercings, a los cortes de pelo extravagantes, y procura disimular los tatuajes si es necesario.

En los tiempos de las puntocom, era divertidísimo ver a los ejecutivos de los bancos hacer las ruedas de prensa en las que presentaban sus bancos on-line ataviados con un polo. La corbata estaba prohibida, porque se trataba de ser joven y dinámico.

Así que piensa bien qué quieres ser, y plantéate luego qué “disfraz” necesitas para que nada vas verte, todo el mundo sepa “quien eres”: un consultor riguroso, un técnico en la cresta de la tecnología, un abogado de prestigio, un diseñador cool…

Si dudas, copia

Consejo de propina: si tienes dudas, fíjate en el aspecto de la gente que tiene éxito en el ámbito en el que te mueves, y cópiales descaradamente. Con el tiempo, ya podrás ir desarrollando variantes personales.

Conoce a tus clientes


Sun-Tzu escribió hace dos mil quinientos años un libro titulado El arte de la guerra. En él da un consejo fundamental: “Conoce a tu enemigo y conócete a tí mismo”. Tal vez sea un poco exagerado considerar enemigos a los clientes, pero no cabe duda de que es imprescindible conocerles si quieres tener éxito en tu empresa.

Y conocerles significa saber por qué estarán dispuestos a pagar dinero a cambio de lo que tú les ofreces. Un error muy frecuente entre los emprendedores es no pensar en esto antes de lanzarse a la aventura. Por ejemplo, consideremos el caso de la peluquería: ¿qué hace que una señora salga de su casa, vaya a un local, espere un rato y pague dinero?

Respuesta obvia:

Necesita que le arreglen el pelo.

Si la diéramos por buena, deberíamos preguntarnos entonces: ¿qué puedo hacer para que esta señora vaya a mi peluquería y no a otra?. Si la respuesta anterior es correcta, podríamos decir:

  • Estar situada más cerca de su domicilio.
  • Tener un local agradable.
  • Evitar esperas.
  • Cobrar poco.
  • Arreglar el pelo a gusto de la clienta.

Muchas peluquerías (y muchos comercios en general) siguen esta estrategia. En el mejor de los casos, consiguen una clientela de proximidad, que busca un servicio económico, y que les abandona en cuanto aparece un competidor un poco más próximo o un poco más barato.

Volvamos entonces a empezar: ¿qué hace que una señora salga de su casa, vaya a un local, espere un rato y pague dinero?
Supongamos que respondemos:

El deseo de que alguien, durante un rato al menos, le cuide, le trate bien, le haga sentirse atractiva y le permita relajarse y olvidarse de sus problemas.

Ahora, ¿qué puedo hacer para que esta señora vaya a mi peluquería y no a otra?

Todo lo posible para que perciba que se le trata mejor que en otra. Por ejemplo:

  • Conocer a las clientas, llamarlas por el nombre de pila y recordar detalles acerca de su familia.
  • Ser siempre positiva en los comentarios acerca del aspecto de la clienta. Explicarle cómo puede mejorar su imagen, no regañarle por un pelo estropeado o mal peinado.
  • Tener pequeños detalles que hagan que se sienta bien tratada, como invitarle a té o a café.
  • Recordar su cumpleaños, o la fecha del aniversario de su boda. Hacerle un regalo, o proporcionarle un servicio gratuito en esos días.

Si lo conseguimos, las clientas no abandonarán la peluquería simplemente porque alguien les corta el pelo por un par de euros menos. Evidentemente, esto supone replantear nuestra idea de negocio: nuestra misión no es cortar el pelo, sino cuidar a la clienta para que se sienta atractiva. Más difícil de cumplir, pero también mucho más beneficioso a largo plazo. Veremos oportunidades de negocio que no identificaríamos si simplemente pensáramos en cortar el pelo, y seremos más libres para abandonar productos o servicios que no aportan valor.