Desencadenado

Cómo crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

    Desencadenado en los medios: 

Las ventajas de una Sociedad Limitada

Hace muchos, muchos años, escribí sobre si era más ventajoso para un grupo de profesionales que deciden trabajar juntos crear una Sociedad Limitada o simplemente darse de alta como autónomos cada uno de ellos, a raíz de una consulta concreta.

Ahora una de las socias quiere dejar parte de las obligaciones que le supone la empresa, y para ello va a vender la mayor parte de sus participaciones a las otras socias. Aunque todavía no está claro cómo van a valorar la sociedad (y por tanto su parte), lo que sí es seguro es que ganará unos cuantos miles de euros en la operación.

Si hubieran decidido constituir una comunidad de bienes, o actuar como autónomas pagando cada una una parte de los gastos, como les aconsejó el abogado del colegio de psicólogos, esta persona tendría que dejar la empresa a cambio de nada. Se llevaría conocimiento y experiencia, pero ni un céntimo.

Moraleja: si tienes socios, constituye una sociedad limitada y tal vez en unos años puedas llevarte el fruto de tu esfuerzo.

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Redfin: las 8 mejores preguntas de los inversores

Redfin es una de las startups de moda en Estados Unidos. Demostrando que si uno es bueno la crisis no importa, ha irrumpido en el sector inmobiliario, ha revolucionado el negocio y ha conseguido una ronda de financiación importante. Por eso, no está de más leer lo que Glenn Kelman, su CEO, tiene que contar acerca de lo que ha aprendido escuchando las preguntas de sus inversores:

Para las startups, la Navidad llega en noviembre. Los socios vuelven de vacaciones en septiembre y los acuerdos empiezan a firmarse unos meses después. Desde la crisis crediticia la obtención de fondos diferida durante la mayor parte del año pasado, noviembre acabará siendo probablemente un mes especialmente ajetreado.

Redfin es una de las compañías que acaba de cerrar un acuerdo. El resultado del proceso ha sido un gran cambio en nuestra perspectiva, de apenas sobrevivirconstruir un monstruo. Ese cambio uno que cualquier startup puede intentar, se necesite capital o no, formulándose a uno mismo las mismas preguntas básicas que los inversores de capital de riesgo nos preguntaron.

Los inversores de capital de riesgo son buenos haciendo preguntas. No están implicados en tus decisiones estúpidas, impasibles ante tu original sentido de misión y mucho menos preocupados que tú por que una metedura de pata te lleve a la quiebra. Ellos reinventan tu negocio teniendo en cuenta todos los demás negocios que han visto, quitándole un brazo a una muñeca, la cabeza a otra para crear un perfecto Frankenstein generador de dinero. Y mientras las acciones estén altas, todo el ejercicio filosófico tiende a generar acción.

A continuación ofrecemos las preguntas que los inversores de capital de riesgo formularon a Redfin y que cambiaron nuestra perspectiva sobre nuestro negocio.

1. ¿Cuál es tu pecado capital?

Roelof Botha de Sequoia dijo que sólo invertía en compañías que permitieran a los consumidores caer en uno de los siete pecados capitales. Los recitó con alarmante familiaridad. «No quieres ser la página que la gente no usaría», dijo Roelof. «Quieres ser la página que no puedan dejar de utilizar.»

2. ¿Dónde se encuentra el dinero?

Que los inversores de capital de riesgo se centraran en el tamaño del mercado objetivo de nuestra compañía, nos hizo darnos cuenta de que la mitad de nuestros ingresos potenciales residía en los ocho mercados que ya habíamos abierto. «¿Qué urgencia hay en abrir Orlando cuando aún no habéis pasado del 1% de participación en Silicon Valley?», nos preguntó un inversor de capital de riesgo.

Buena pregunta. Un lanzamiento con 18 meses de efectivo es como Val Kilmer en la escena inicial del atraco en Heat, en la que apenas tienen 80 segundos para conseguir los bonos al portador de un coche blindado. Como un detective en la escena posterior a las maravillas, «ignoraron el dinero suelto.» Esa es la manera en que hay que ser con el mercado objetivo, no sólo ávido, sino también disciplinado. Hay poco tiempo.

3. ¿Cuál es tu unidad económica?

Los estados financieros que vemos todos los meses no nos informan de cómo sería un pequeño negocio cuando se desarrolla. Necesitamos justificar todo tipo de costes como cuánto gastamos en ingenieros o mapas, pero lo que verdaderamente importa es si obtenemos más dinero de un cliente que los gastos que nos supone conseguirlo y prestarle un servicio. Por tanto, para ver si un negocio funciona a gran escala, los inversores de capital de riesgo primero quieren entenderlo a la escala más pequeña.

Para nosotros, esto significaba explicar lo que Redfin hizo este verano en una única compra inmobiliaria, con una cuenta por transacción de lo que gastamos en marketing para conseguir clientes (27$), en información local (153$), en atención al cliente (2.906$) y así sucesivamente. También calculamos cuántos ingresos anuales obtuvimos por cada visitante mensual único.

Conocíamos nuestro margen antes, pero no habíamos desglosado los números para manejarlos de forma más sencilla. Esto es importante. Los números sólo son números, si no son lo suficientemente sencillos para actuar en consecuencia. Un defensa con un libro de jugadas sencillo reacciona en lugar de pararse a pensar durante el partido. Saber cuál es la cifra importante significa conocer cuánto gastamos en nuestro equipo de atención al cliente, centrándonos en garantizar que hemos contratado al equipo adecuado e invertido en su felicidad.

4. ¿Cuáles son los acontecimientos explicativos?

Una plataforma de recaudación de dinero consiste principalmente en gráficos con líneas ascendentes y tendentes a la derecha, estrujadas dos en una página para que las líneas parezcan acentuadas. La única reacción que esperamos sobre nuestra versión de estas diapositivas era sobrecogedora. Pero Roelof nos pidió que anotásemos en cada gráfico lo que los estadistas denominan los acontecimientos explicativos. ¿Qué cambio en nuestro negocio ha generado un crecimiento importante de nuestros ingresos? Respondimos que las críticas de los agentesde publicidad dispararon nuestra conversión. Pero cuando escarbamos en los números, nos dimos cuenta de que el verdadero acontecimiento explicativo era el cambio en nuestro servicio un mes antes, visitas ilimitadas a las viviendas. Hacer una fotografía sencilla de la tendencia del negocio y después correlacionarlo con las grandes decisiones facilita la comprensión de lo que verdaderamente mueve tu negocio. Si no hay acontecimientos explicativos, simplemente estás teniendo suerte.

5. ¿Por qué no puedes crecer más deprisa?

La pregunta más importante que nos formularon los inversores de capital de riesgo es qué es lo que frena a una compañía para crecer más deprisa. Al principio, pensé que era una exigencia disfrazada de pregunta retórica, que obligaba a Redfin a elevar las proyecciones por encima de lo que podríamos proporcionar. Pero cuando me enfadé, David Sze de Greylock dijo, «no te estamos pidiendo que mientas». Sólo quería saber cuál era el factor limitador.

Pasamos por varias respuestas poco convincentes: «Priorizamos los márgenes por encima del crecimiento.» «Queríamos ser realistas.» Después, Sasha Aickin de Redfin, señaló tranquilamente a la línea de recuento de nuestras proyecciones y dijo que nuestro factor limitador es probablemente lo rápido que podemos contratar a agentes inmobiliarios de primera categoría. Todo el mundo asintió. Volvimos de esa reunión y empezamos a pensar en escalar la contratación de agentes.

6. ¿Cuáles son los efectos aceleradores?

Es fácil crecer un 300% en el primer o segundo año, cuando se empieza de cero y es la primera vez que se oye hablar de tus servicios. Lo que separa a un coloso en potencia de otros negocios es la capacidad de seguir creciendo a un ritmo ven los años cuarto, quinto y siguientes. Cuando Reid Hoffman vio Redfin, su primera pregunta fue si había «efectos aceleradores», en los que el crecimiento engendra más crecimiento. Para Amazon, las críticas de los productos y la historia de personalización que obtuvo de sus primeros usuarios aceleraron su segunda fase de crecimiento. Para Facebook y Twitter, la comunidad en sí misma recluta a nuevos usuarios. Para empresas como Zappos y esperemos que Redfin, es el boca a boca de nuestro servicio de atención al cliente. Esta línea de pensamiento hizo que Redfin se centrara en nuestras ventajas competitivas más sostenibles: no la usabilidad de la página en sí misma, sino los datos que recopilamos de los visitantes de la página, y las críticas muy favorables de los visitantes que se convierten en clientes.

7. ¿Cuál es tu salsa secreta?

Uno de los padrinos del capital de riesgo está, según nos han comentado, obsesionado con la salsa secreta. El hombre, aparentemente, no puso mayonesa en un sándwich de jamón en 20 años. Así es que al preparar una reunión con él, intentamos pensar en la tecnología que sólo nosotros podríamos construir. Con anterioridad siempre había pensado que este reto era absurdo. Los defensores del emparedado como yo creemos en la carne del bocadillo, no en la salsa. Sólo intentamos centrarnos en los problemas concretos, y correr más deprisa que nuestros competidores. Desde esta perspectiva, incluso Google, si dejase de codificar durante un año o dos, podría ser alcanzado. Pero mientras Redfin ha llegado lejos creciendo implacablemente, permitiendo a los usuarios filtrar las búsquedas de vivienda por piscinas o plazas de aparcamiento, la presión sobre nosotros para patentar algo contribuyó a que priorizásemos opciones para cambiar las reglas del juego que habríamos aplazado en el pasado. Esperamos proponer Algo Grande en el 2010.

8. ¿Cómo ganar?

Pensar constantemente en dominar el mundo puede dar un poco de vértigo. Yo suelo pasar mi día limitando mi horizonte a dar servicio a los próximos clientes, o a aumentar los ingresos en los próximos meses. Esto significa que aunque la historia de cómo ganamos debería estar grabada en el interior de mis párpados, es más frecuente que esté en mi mente, como la duda insistente de si me estoy centrando en la cosa equivocada.

Pero el papel fundamental de un Consejero Delegado es contar esa historia, a todo aquél que quiera escuchar, mejorándola cada vez. Si se está recaudando capital de riesgo, la historia es por definición altamente improbable, incluyendo una destrucción absurda del orden de las cosas que es casi embarazoso reconocer en voz alta. Ensayar toda la narrativa te centra en los baches del argumento de forma natural.

Intente, por ejemplo, decir con cara seria cómo gana Redfin: obtenemos los mejores datos, y construimos el mejor sitio Web inmobiliario (quizás). Contratamos a nuestros propios agentes inmobiliarios y les pagamos para que se centren en la satisfacción del cliente, no en las ventas (es un poco extraño pero seguro, ¿por qué no?). Los clientes aprecian la diferencia, y despiden en masa al agente tradicional que ha estado enviándoles una botella de vino todas las Navidades durante 10 años, dándonos un 20% de todo el valor elevado de las transacciones inmobiliarias (¡de ningún modo!).

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10 reglas para manejar el dinero

Tim Berry ha publicado en Entrepreneur.com un artículo con 10 reglas esenciales para manejar el flujo de caja.

Lo traduzco, porque creo que merece la pena:

Los beneficios no son dinero; son contabilidad. Y la contabilidad es mucho más creativa de lo que crees. No puedes pagar las facturas con los beneficios. Incluso los beneficios pueden hacer que te duermas. Si tú pagas tus facturas y tus clientes no, te encontrarás en el infierno de los negocios.

El flujo de caja no es intuitivo. No intentes hacerlo de cabeza. Hacer una venta no significa necesariamente que tengas el dinero. Incurrir en el gasto no significa necesariamente que hayas pagado ya por él. El inventario normalmente se compra y se paga y después se almacena hasta que se convierte en coste de ventas.

El crecimiento chupa dinero. Es paradójico. El mejor de los tiempos puede estar escondiendo el peor de los tiempos. Uno de los años más duros que tuvo mi empresa fue cuando doblamos las ventas y casi quebramos. Estábamos construyendo cosas con dos meses de adelanto y consiguiendo el dinero de las ventas seis meses tarde. Añade el crecimiento a eso y puede ser como un caballo de Troya, escondiendo un problema dentro de una solución. Sí, claro que quieres crecer; todos queremos que nuestro negocio crezca. Pero ten cuidado porque el crecimiento cuesta dinero. Es una cuestión de fondo de maniobra. Cuanto más rápido creces, más financiación necesitas.

Las ventas a empresas chupan tu dinero. La visión simple es que ventas significan dinero, pero cuando eres una empresa vendiendo a otra empresa, rara vez es tan simple. Tú entregas los bienes o servicios junto a una factura, y ellos pagan la factura más tarde. Normalmente meses más tarde. Y las empresas son buenos clientes, así que no puedes exigirles el pago porque no volverán a comprarte. Así que esperas. Cuando vendes algo a un distribuidor que lo vende a un minorista, consigues el dinero cuatro o cinco meses más tarde si tienes suerte.

El inventario chupa dinero. Tienes que comprar tu producto o fabricarlo antes de que puedas venderlo. Incluso si pones el producto en tus estanterías y esperas a venderlo, tus suministradores esperan que les pagues. Una regla simple: cada euro que tienes en el inventario es un euro que no tienes en dinero.

El capital circulante es tu mejor herramienta de supervivencia. Técnicamente, el capital circulante es un término de contabilidad que se aplica a lo que queda cuando restas las obligaciones actuales a los bienes actuales. En la práctica, es el dinero en el banco que usas para pagar tus costes de operación y gastos y comprar inventario mientras esperas que te paguen tus clientes.

“A cobrar” es una palabrota (ver la regla 4). El dinero que tus clientes te deben se llama “cuentas a cobrar”. Un atajo para la planificación financiera: cada euro en “cuentas a cobrar” es un euro menos en dinero.

Los bancos odian las sorpresas. Planifica. No tienes puntos extra por tu espontaneidad cuando tratas con bancos. Si ves que se acerca un acelerón en tu crecimiento, una nueva oportunidad o un problema con el pago de clientes, cuanto antes vayas al banco armado con tablas, gráficos y un plan realista, mejor te irá.

Vigila estas tres métricas vitales: “días de cobro” es una medida de cuánto tardarás en cobrar. “Rotación de inventario” es una medida de cuánto tiempo se sienta tu inventario sobre tu fondo de maniobra y estrangula tu flujo de caja. “Días de pago” es cuánto esperas para pagar a tus proveedores. Monitoriza siempre estos tres signos vitales del flujo de caja. Proyéctalos a doce meses y compara tu plan con lo que de verdad sucede.

Si eres la excepción más que la regla, bien por ti. Si todos tus clientes te pagan inmediatamente cuando compran, y no compras cosas antes de venderlas, relájate. Pero si vendes a empresas, ten en mente que no suelen pagar inmediatamente.

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SICAV, demagogia, regulaciones y capital riesgo

Dado que el gobierno no está dispuesto a gastar menos (más bien todo lo contrario), es obvio que necesita aumentar los ingresos. De modo que era previsible una subida de impuestos. Ahora bien, como a nadie le gusta pagar más impuestos, ha comenzado la propaganda demagógica: se van a subir “a los ricos”.

Enseguida aparecen otras ideas demagógicas: los ricos no pagan impuestos porque tiene SICAV. ¡Subamos los impuestos a las SICAV!

Para desgracia de todos, que los ricos no pagan impuestos es una ley tan inexorable como la de la gravedad. Para eso son ricos y pueden permitirse pagar legiones de abogados y asesores fiscales que se aseguren de encontrar la manera de minimizar la parte de sus beneficios que se lleva el estado. Si es preciso, se llevan el dinero a otros países donde los traten mejor. Y siempre habrá países que los traten mejor. Si esto lo hace hasta el solidario Bono, ¿qué no harán los malvados capitalistas que fuman puros y llevan chistera? No sé si es injusto o no, pero es la realidad, y no sirve de nada empeñarse en negarla.

De modo que no, por mucho que nos empeñemos, el coste de las medidas sociales del gobierno no lo van a pagar los ricos, sino los que tienen una nómina controlada por Hacienda y ninguna capacidad de hacer filigranas fiscales. Como siempre.

Más demagogia: ¡Debe existir más regulación para evitar otra crisis como ésta! Pues no hace falta regulación para evitar una crisis como ésta, porque gato escaldado del agua fría huye. Ya estamos todos escarmentados. La siguiente crisis vendrá por otras vías, que se habrán escapado al regulador, como todas las anteriores. Creer que el gobierno puede evitar las crisis mediante la regulación de los mercados es un espejismo, como se demuestra una y otra vez. Los gobiernos siempre van a la zaga de la realidad.

Lo que sí harán las regulaciones, y las subidas de impuestos, es dificultar la salida de la crisis. Lo que necesitamos, aparte de esperar a que nos salve la divina providencia en forma de consumo alemán y francés, es invertir en empresas que creen riqueza. Que necesiten emplear trabajadores y que compren a otras empresas productos y servicios.

En Estados Unidos, llevados por el empeño vano de evitar nuevas crisis financieras, están intentando regular el capital riesgo. Lo que significará menos capacidad de maniobra y por tanto menos capacidad para financiar empresas incipientes, de alto riesgo por su propia naturaleza.

En España, sin haber llegado a tener una infraestructura de inversión en emprendimientos y con unas regulaciones que hacen que crear y financiar una empresa sea una proeza, ya estamos dispuestos a gravar más las rentas del capital y a poner en la picota a “los ricos”. Esos que podrían invertir en empresas españolas, pero que se llevarán su capital a países donde sea mejor recibido si aquí se les hace todo más difícil.

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Financiación para tu nueva empresa

Uno de los factores limitantes para desarrollar tu idea es el dinero.

Si estás en situación de paro, seguro que no te sobra ni un céntimo, con lo que invertir en una empresa que de momento solo es una idea puede parecerte una locura. Con lo que te resistes, esperas a estar más seguro, a tenerlo todo más claro, pero cada día que pasa sigues gastando, y cada vez hay menos dinero disponible…

Pero si ya has decidido ponerte en marcha, el dinero no debe ser un impedimento. Tienes dos alternativas: adaptar tu modelo de negocio (o el ritmo de crecimiento de la empresa) al dinero de que dispones, o conseguir más dinero.

Arrancar sin inversión

Muchos negocios no requieren grandes inversiones para empezar. Algunos, ni siquiera inversiones pequeñas. Si ya tienes un ordenador, un móvil y acceso a Internet, puedes hacer cosas como traducir, diseñar, programar, escribir… Vale, a lo mejor tienes que hacerlo en el PC familiar, usar la conexión a Internet de la biblioteca, trabajar desde el sofá porque en casa no tienes sitio para una mesa y una silla en condiciones, lo que sea. Pero puedes empezar a ganar dinero sin apenas gastar e ir mejorando poco a poco, según vayas teniendo ingresos.

Hay otros modelos que tampoco requieren mucha inversión. Para montar algo de comercio electrónico, por ejemplo, no necesitas tener almacenes, ni muchos menos una fábrica en la que producir lo que vendes. Puedes comprarlo en pequeños lotes, y revenderlo individualmente. Hay servicios como CafePress con los que puedes crear tu propia tienda online para vender camisetas por solo 5 dólares al mes.

Incluso puedes empezar como Jesús de Polanco o Amancio Ortega, vendiendo de puerta en puerta. Para vender no necesitas mucha infraestructura, a veces ni siquiera un stock. Con un catálogo o un muestrario te puede bastar para empezar.

En otros muchos casos, puedes adaptar el desarrollo de tu negocio al ritmo de ingresos. Puedes empezar, por ejemplo, sin tener una oficina, aunque sepas que si todo va bien en unos meses necesitarás una. Puedes intentar que los proveedores te admitan pagos a 90 días. Aunque eso tenga costes financieros, para ti puede ser mucho más importante no tener que afrontar esos gastos hasta que no hayas recibido los ingresos que tener un 5% menos de margen, por decir algo.

En cualquier caso, aunque creas que cuentas con dinero para aguantar los primeros meses sin problemas, al principio cada céntimo que puedas ahorrar cuenta. Estas son ideas que pueden venir bien a cualquier emprendedor:

  • No formalices la empresa hasta que no tengas que hacer tu primera factura importante. La constitución de una empresa, incluso el alta como autónomo, supone un desembolso y unos pagos continuos. Procura retrasar ese momento para que se aproxime lo más posible al momento de empezar los cobros.
  • Empieza en un centro de negocios, con una oficina virtual. Seguro que en tu ciudad hay alguno. Por entre 100 y 200 euros, tienes un servicio de secretarias que cogen tu teléfono con profesionalidad, salas de reuniones por si algún cliente quiere reunirse contigo en tus oficinas y una dirección postal que no se confunde con la particular. Una oficina, por cutre que sea, es mucho más cara, y eso sin hablar de la secretaria / telefonista.
  • Si tu modelo es el autoempleo y te dedicas a los servicios, ni siquiera necesitas una oficina. Si no quieres que tus clientes tengan los datos de tu domicilio, puedes contratar un apartado de correos. Lo normal es que seas tú el que se desplace a ver a tus clientes a sus oficinas, y como alternativa siempre puedes invitarles a comer o a tomar un café: te sale más barato que pagar una oficina, y les tienes en un ambiente distendido. Si realmente necesitas una sala de reuniones, o incluso un aula para impartir un curso, puedes contratarla por el tiempo que precises en un centro de negocios.
  • Compra todo lo que puedas de segunda mano. No necesitas muebles nuevos, ni el último ordenador. En eBay puedes encontrar todo lo que necesitas por la mitad del precio que tendría si lo compraras nuevo.
  • Compra a plazos. Si realmente necesitas algo nuevo, puedes comprarlo a plazos. En muchos comercios no tienen problemas para aplazar cualquier pago hasta un año, con intereses relativamente bajos. Si tienes claro que tendrás ingresos en ese año, puede interesarte no hacer todo el desembolso al principio.
  • Usa Internet para el marketing. No solo para que te encuentre quien busque en Google lo que tu empresa ofrece, sino para evitarte gastos en imprimir folletos o material publicitario. Poner la información en tu página no cuesta dinero, y si creas un PDF puedes enviárselo a un cliente potencial por correo electrónico. Los folletos impresos, además, se quedan obsoletos pero tu página puede ir cambiando cuando lo haga tu oferta.
  • No compres software. Analiza primero si hay alguna alternativa libre o gratuita. OpenOffice es una buena alternativa al office de Microsoft, GIMP o incluso Picasa pueden sustituir en la mayoría de los casos a PhotoShop, etc. En Softonic tienes una enorme colección de software de todo tipo, y puedes descargar versiones de prueba o aplicaciones totalmente gratuitas, incluso para tareas como contabilidad o facturación.
  • Consigue siempre ofertas de al menos tres proveedores para cualquier cosa que vayas a contratar, desde la telefonía móvil a la asesoría fiscal. Analiza las diferencias en precios y prestaciones, y si es posible negociar usa los mejores puntos de cada oferta para conseguir mejorar las propuestas de sus competidores. Este es el momento de aprovechar la crisis a tu favor, porque muchos proveedores estarán dispuestos a hacer descuentos significativos o mejorar sus prestaciones para conseguir un cliente nuevo.

Hay muchas otras cosas que puedes hacer, pero con esto ya puedes ir viendo la idea: gastar lo menos posible, lo más tarde posible.

Conseguir financiación

Si realmente tienes claro que la creación de tu empresa pasa por invertir más dinero que el que tienes, entonces necesitas que alguien lo ponga. Lo mejor es que seas tú mismo, aunque sea tentador pensar que otro puede correr con los gastos.

Cuando otro pone dinero en tu empresa, lo puede hacer de dos maneras: invirtiéndolo o prestándolo. Si lo invierte, corre el riesgo de perderlo. No tienes obligación de devolverlo si la cosa sale mal, lo que es un alivio. Pero si todo va bien, se llevará una parte de los beneficios. Si todo va muy bien, se llevará un montón de dinero que podría haber sido tuyo si no le hubieras dado entrada en un momento de debilidad.

Si te lo presta, esperará recuperarlo. Puedes olvidarte de que alguien preste una cantidad relevante a una empresa naciente, de modo que de una forma u otra tienes la obligación personal de devolverlo. Si tu proyecto ha salido mal, has perdido lo que pusiste tú y además te queda la obligación de devolver a otros lo que te prestaron, no quedas en muy buena situación.

No hay ninguna opción buena (sin problemas) para la financiación, pero estas estrategias te pueden funcionar:

  • Procura conseguir por ti mismo todo lo que puedas. Si tienes vivienda en propiedad, es posible rehipotecarla para conseguir financiación adicional. La ventaja es que pagarás un tipo de interés más ventajoso que si pides un crédito al consumo.
  • Cuando negocies con el banco la apertura de la cuenta de la empresa, pide desde el principio una línea de crédito. Sin línea de crédito, no abras la cuenta. Aunque no te den mucho dinero, te permite tener un colchón para hacer frente a los pagos trimestrales a Hacienda, por ejemplo, o a las nóminas. Visita varios bancos, a ver qué te ofrece cada uno, y usa las distintas ofertas para conseguir mejores condiciones de los otros.
    Con la línea de crédito pagas solo el interés del dinero que tienes dispuesto, no del total, con lo que eso supone tener un margen de maniobra sin coste hasta que realmente lo necesites. Si la pides al principio, y sobre todo si la pones como condición para abrir la cuenta, es más fácil que te la concedan. Como esperes a necesitarla, será imposible. Los bancos solo prestan a quien creen que les devolverá el dinero, y ese alguien no puede ser quien tiene una cuenta en descubierto.
  • Si te van a financiar los F&F (familia y amigos), procura dejarles bien clara la diferencia entre invertir y prestar: el que invierte, arriesga; el que presta, recupera su dinero. Si invierten, explícales una y otra vez que pueden perder su dinero, y cuando ya lo tengan claro, explícaselo otra vez. De lo contrario, te verás en la obligación moral (si la cosa acaba mal) de devolverles el dinero, pero tendrás que entregarles parte de los beneficios si va bien. Mal negocio para ti, porque ellos acaban ganando sin arriesgar.
    Si te prestan dinero, tienes que devolvérselo antes o después. Procura dejar claro que será así, y si tienes dificultades para hacerlo explícales qué estás haciendo para pagarles y cuando lo harás.
    Si tienes cualquier duda acerca de si van a entender estas cosas, rechaza su oferta. No tiene sentido arriesgarte a perder una amistad o tener un enfrentamiento en la familia por cinco o diez mil euros.
  • Olvídate de que un banco preste dinero a tu empresa. Lo primero que te van a pedir son garantías personales, y te pondrán muchas más pegas si pides 20.000 euros para un proyecto empresarial que para comprarte un coche. Así que lo que puedes hacer, si realmente necesitas esos 20.000 euros, es pedir el dinero para un coche, y luego dedicarlo a tu empresa. No es que sea muy ortodoxo, pero mientras lo devuelvas no tendrás problemas. Y si tienes alguna duda acerca de si podrás devolverlo, no se te ocurra pedirlo.
    Por supuesto, no puedes hacerlo mientras estés parado, pero sí cuando ya te hayas dado de alta como autónomo, aunque es posible que tengas que pedirlo con tu pareja, si es que tiene un sueldo estable.
  • Los inversores externos, business angels o capital-riesgo o como los quieras llamar, son como las meigas: haberlos, hailos. Pero acceder a ellos no es fácil, así que lo mejor, si tienes claro que esa es la mejor opción, es ponerte en manos de alguien que tenga experiencia en este tipo de tratos. En eventos como Iniciador o First Tuesday puedes encontrar inversores o gente que ha conseguido financiación por esta vía.
    Requiere tiempo, dedicación, solo es viable para determinado tipo de empresa o de plan de negocio, no siempre los inversores que consigues son los adecuados… pero si lo consigues y te funciona puedes tener como resultado algo como Google.
  • Por último, tal vez se te haya ocurrido pensar en ayudas públicas para emprendedores. Olvídate. En casi todos los casos el esfuerzo que se requiere no compensa. Aunque te la concedan, el dinero llega tarde y mal, y hubieras ganado mucho más dedicando ese esfuerzo a vender más.
    De todas maneras, puedes preguntar en la cámara de comercio local, por si hay algo que pueda ser asequible. Y hay empresas que te asesoran y te ayudan para preparar las solicitudes, de modo que si tienes claro que quieres optar a una ayuda concreta puede venirte bien para que no te la rechacen por un papel mal presentado.
  • Creative Commons License photo credit: jenn_jenn

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Lo que cuestan las cosas

Cuando pones en marcha una empresa con un dinerillo que tienes ahorrado y algo que te han prestado, es fundamental estirar ese dinero todo lo posible. Los ciclos de venta a veces son más largos de lo que pensabas, los clientes tardan más en pagar de lo previsto, Hacienda y la Seguridad Social quieren su parte aunque aún no hayas visto un céntimo de beneficios… y ese dinero que parecía mucho se esfuma

Además de aplicar las sabias medidas de Jaime Estévez, hay una cosa que puedes hacer fácilmente y que puede ahorrarte mucho dinero.

Se trata de, antes de comprar cualquier cosa para la empresa, analizar qué dinero necesitas facturar para conseguirla. Que es mucho más que su precio.

Por ejemplo: supongamos que quieres comprarte un MacBook Pro de 17 pulgadas. Cuesta 2.399 euros, pero realmente los vale, porque te lo mereces, va a ser tu herramienta de trabajo, no hay que ser cutre, con él vas a a ser más productivo y cualquier otra justificación que se te ocurra.

Ahora bien, antes de hacerlo, piensa en cuál es el margen bruto de tu empresa. ¿Un 30%? Entonces eso significa que debes facturar 8.000 euros para conseguir los 2.400 que necesitas para comprar el MacBook. Es decir, para tí el MacBook cuesta 8.000 euros, no 2.399. Ahora piensa cuánto vas a tardar en facturar (y cobrar) esos 8.000 euros. Si realmente sigues pensando que merece la pena, adelante.

Pero tal vez, ahora ese portátil de segunda mano que te ofrecían por 240 euros (y que a tí te supone facturar 800) resulta algo más atractivo…

Creative Commons License photo credit: Rubyran

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El sueldo del emprendedor


Ángel discrepa de algo que comenté en mi post anterior. La otra vez que escribí algo en este sentido, también hubo comentarios con opiniones distintas, así que creo que merece la pena aclarar un poco lo relativo al sueldo del emprendedor. Es un tema muy importante sobre todo para las empresas pequeñas que empiezan haciendo bootstrapping. (Si no lo habéis hecho todavía, leed el PDF de Seth Godin que os enlazo). Un error en esto y te juegas el futuro de la empresa, el pan de tus niños y hasta el matrimonio.

Primer hecho: no vas a tener dinero para todo. Eso implica decidir dónde ahorrar y dónde gastar. Y tu prioridad debería ser aquello que te permite conseguir cuanto antes clientes que paguen.

Segundo hecho: Hacienda quiere parte de cada euro que pasa por tus manos. Si se trata de relaciones laborales, la S. Social también quiere su parte. Cada céntimo que se llevan ellos es un céntimo que no destinas a tu objetivo.

Tercer Hecho: si no haces bien las cuentas, te engañas a ti mismo. Como bien señala Ángel, si no tienes en cuenta tu sueldo puedes creer que tu empresa va bien, cuando en realidad es una ruina.

Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es la mejor estrategia para un emprendedor que comienza con recursos escasos?

1. Procura minimizar lo que se lleva el Estado.

Si te pones un sueldo, la S. Social se lleva un 38% (parte empresarial y parte del trabajador). Y Hacienda un porcentaje que depende de la cantidad, pero que para un sueldo de dirección (el que deberías cobrar) supera el 12%. Es decir, más de la mitad del dinero desaparece. Si eres administrador de la empresa cotizas como autónomo, con lo que la parte de la S. Social no es un porcentaje sino un coste fijo. Pero la situación es la misma.

Conclusión: no te pongas sueldo, o si lo haces ponte el menor sueldo posible. Si no te queda más remedio que cotizar como autónomo, hazlo y paga lo que sea menester. Pero no cometas el error de regalar además tu dinero a Hacienda.

2. Vive de tus ahorros

En lugar de meter dinero en la empresa para sacarlo a final de mes en forma de nómina, utiliza una cuenta de ahorro y saca de ella a final de mes lo que ibas a cobrar. Así, en lugar de pagar a Hacienda y la SS, le sacas unos eurillos de intereses a tus ahorros. Es fundamental que conozcas tus gastos personales, para evitar un optimismo excesivo que haga que el dinero previsto no sea suficiente.

3. Contabiliza el dinero que dejas de cobrar

Tanto si tienes socios como si no, no dejes de registrar el dinero que deberías haber cobrado de la empresa. Puedes aflorarlo contablemente como préstamo de socio, puedes considerarlo aportación de capital que te da derecho a más participaciones, o puedes simplemente cobrarlo cuando la empresa pueda pagarte el sueldo (con o sin intereses, que esa es otra cuestión).

4. Ponte límites

En esta estrategia, sobre todo si tienes responsabilidades familiares, es fundamental conocer de antemano hasta cuándo puedes vivir sin cobrar o cobrando por debajo de tu sueldo objetivo. Así no hay malos entendidos ni con tus socios ni (lo que es más importante) con tu familia. Si se aproxima la fecha límite y la empresa todavía no es capaz de pagarte lo suficiente como para cubrir tus gastos, es el momento de replantear o su refinanciación o su cierre.

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Mis problemas con los gastos fijos


En los comentarios a su entrada sobre la crisis de crecimiento que está experimentando, Ángel me invita a que cuente mis experiencias con los gastos fijos. He pensado que podría ser ilustrativo para otros, así que le haré caso.

Cuando creé Alanta tenía un dinero para ello, y tuve además financiación no solicitada por vía F&F (familia y amigos, ya sabéis). Os confesaré que tenía mis dudas sobre si una empresa de servicios en torno al software libre era viable, y mi razonamiento entonces fue: “voy a poner en marcha la empresa con todo lo necesario. Si en unos meses no tiene resultado, cerramos y se acabó”.

Así que busqué una oficina en una ubicación presentable, contraté a dos personas con experiencia (y sueldos acordes a esa experiencia) y me fijé un sueldo inferior al que ganaba antes pero suficiente como para pagar mis facturas. Contraté además una gestoría para que llevara las cuentas y las cuestiones laborales.

Teniendo en cuenta estos costes, la empresa tenía capacidad para aguantar seis meses sin generar ingresos, lo cual en principio parecía suficiente para comprobar su viabilidad.

Y ocurrió lo normal en estos casos: el ciclo de ventas era más largo de lo que había previsto, y también se alargaban los proyectos, el momento de la facturación y el cobro. Los gastos aumentaron, porque decidimos lanzar una campaña de telemarketing para buscar clientes, que no estaba prevista en un principio. El primer cliente no nos pagó. Eso supuso no solo dejar de cobrar más de 13.000 euros, sino pagar el IVA correspondiente.

Al cabo de cuatro o cinco meses, el dinero se iba agotando. Podría haber decidido que la empresa no era viable, pero la realidad es que sí había clientes dispuestos a implantar software libre. La respuesta a la campaña de telemarketing era buena, y empezábamos a tener clientes que sí pagaban. Abandonar en esas circunstancias parecía absurdo.

Así que opté por reducir los gastos. Cambié la oficina por un servicio de oficina virtual en un centro de negocios, donde hay salas de reuniones cada vez que se necesita trabajar en equipo. Decidí que pagar una comida era más barato que pagar un alquiler, así que las reuniones se hacen muchas veces en VIPS o similares, y se contrata una sala cuando se necesita más tranquilidad y medios como pizarras y similares.

Reduje también los gastos de personal, incluyendo los míos. Prescindí del comercial, y asumí yo esa función. Eso supuso una disminución en las ventas, pero también una mucho mayor en los gastos. Al final del proceso, los gastos fijos no eran ni un 15% de los que habían sido.

Y eso significó, al final, la supervivencia de la empresa. Yo acabé muy cansado, y tuve que volver a la administración porque la empresa seguía sin ser capaz de pagarme el sueldo. Pero hoy, cinco años después de su creación, Alanta es una empresa viva, que da de comer a varias familias y que está consiguiendo clientes nuevos. Dentro de un par de años, cuando pueda volver a coger una excedencia voluntaria, espero que sea capaz de acogerme de nuevo y (esta vez sí) pagarme el sueldo sin problemas.

Moraleja:

- Haz bien las cuentas. Los gastos siempre son más de los que esperas y llegan antes. Los clientes tardan en llegar y pagan tarde.

- No gastes ni un céntimo que no sea imprescindible. Y compromete el mínimo para gastar todos los meses.

- Procura obtener ingresos recurrentes. Un contrato de mantenimiento vale más que un proyecto. Saber que el mes siguiente ya tienes previstos unos ingresos que cubren tus costes fijos es alcanzar el nirvana empresarial.

- Si tienes dinero al principio, dedícalo al marketing. Cuanto antes consigas alcanzar la masa crítica de clientes, más probabilidades de supervivencia.

- Negocia con tu banco fórmulas de financiación que te permitan adelantar tus ingresos y diferir tus gastos. No te puede suceder que debas renunciar a un proyecto porque no tienes capacidad de soportar los gastos del mismo hasta que lleguen los ingresos.

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Reglas para conseguir financiación


En la sección de PYMEs de BusinessWeek han comenzado una serie sobre la financiación y el crecimiento de pequeñas empresas. El primer artículo, “Reglas para conseguir financiación” es muy bueno, así que habrá que seguirla. De momento, y para que os animéis a leerlo, os traduzco las ideas clave:

Supongamos que tienes un plan de negocios genial y [...] tienes también un gran equipo. Ahora todo lo que necesitas es dinero. Para hablar con inversores (o incluso para determinar si quieres hacerlo) primero tienes que desarrollar una estrategia de adquisición de capital. Para eso, hazte las siguientes preguntas:

¿Cuanto necesitas?

Regla nº 1: Coge más de lo que crees que necesitas.
Regla nº 2: Sólo si es barato.

El dinero es barato, las participaciones en la empresa no. Si vendes un porcentaje de tu empresa, recuperarlo es muy, muy difícil y muy, muy caro.

Calcula cuanto dinero necesitas conseguir para alcanzar objetivos específicos y con marcos de tiempo definidos: lanzar tu producto, expandir tu fuerza de ventas, o implementar nuevos métodos de fabricación.

¿Cuándo lo necesitas?

Regla nº 1: Consíguelo antes de que lo necesites.
Regla nº 2: Siempre lo necesitas antes de lo que crees.

¿De quién lo quieres?

Regla nº 1: Coge dinero sólo de alguien que te guste y a quien respetes.
Regla nº 2: Va en serio. Estarás con tus inversores entre dos y siete años. Atravesaréis el paraíso y el infierno juntos. Asegúrate de que será una buena compañía en ambas situaciones.

¿Quieres dinero “activo” o “pasivo”? El dinero activo proviene de financieros que trabajarán contigo codo con codo. Añadirán valor aportando clientes potenciales, gente influyente y más cosas. El dinero pasivo es solo dinero; sin conexiones, sin valor adicional. Si tu empresa está en un estado muy incipiente, o si los financieros tienen contactos clave que puedes aprovechar, coge dinero activo. Si ya tienes bastantes conexiones y solo necesitas dinero, coge dinero pasivo.

¿Qué compromisos estás dispuesto a aceptar?

Regla nº 1: No seas avaricioso.
Regla nº 2: Pero no dejes que se aprovechen de tí.

La perdida de participación es un compromiso, la pérdida de control es otro. Los inversores deben tener de un 20 a un 40% del consejo de administración. Más es un problema.

Por último, merece la pena conformarse con una valoración menor para conseguir un grupo de inversores más fuerte. Unos inversores fuertes y activos pueden ser definitivos; no sólo para ayudar a construir la empresa, sino para participar en futuras rondas de financiación y ayudar a conseguir más dinero cuando lleguen las vacas flacas.

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Cinco errores


En la sección económica de CNN.com he encontrado este artículo sobre los cinco errores que el dueño de un pequeño negocio no debería cometer. Leedlo entero, pero os resumo las ideas principales:

1. Escasez de dinero
Recomiendan tener al menos tres veces lo que crees que necesitas para empezar, para evitar los problemas. No hay nada peor que tener que cerrar un negocio que podría haber funcionado por falta de dinero inicial.

2. Pensar en pequeño
Es un error cerrarse puertas a uno mismo. Hay que pensar “no soy pequeño, soy personalizado”.

3. Ahorrar en tecnología
Móviles, portátiles, Wifi… cuestan dinero, pero para una empresa pequeña no supone tanto, y puede permitirle responder más ágilmente a las necesidades de los clientes.

4. Infravalorar la importancia de las ventas
Si las ventas crecen, los gastos se cuidarán a sí mismos. Todas las empresas, por pequeñas que sean, necesitan un comercial profesional dedicado.

5. Perder el foco
Tener una visión de futuro de lo que quieres que sea tu empresa te permite asignar prioridades pensando en ese futuro, y no limitarte a reaccionar ante lo que suceda cada día.

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