Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Crear una empresa en 3 horas por 71 euros

Cuando planteo por aquí que cualquiera puede crear un negocio en Internet y ofrecer sus servicios o algún producto siempre surge como excusa “es que hay que darse de alta como autónomo”. Y como estoy trabajando/estoy en paro ahora no puedo hacerlo. Y crear una empresa es peor porque hay que poner 3.000€ y estoy yo para poner 3.000€. Y es todo un lío y tienes que contratar a un asesor, así que son más gastos y más motivos para no intentar nada porque con la que está cayendo mejor me quedo en casa esperando a que me llegue un trabajo. Fijo. Y que me paguen lo que me merezco. Y a ser posible que esté cerquita de casa.

Al final estos comentarios, y alguna conversación con alguno de los participantes en la iniciativa Cink Emprende, me han hecho adelantar algo que ya tenía previsto hacer de cara a mi proyecto de generar mi propio empleo en este año: crear una empresa allende nuestras fronteras.

Es una idea a la que venía dándole vueltas desde hace tiempo, entre otras cosas por las “facilidades” que tienen en España los emprendedores.

Constituir una empresa en España

Supongamos que se te ocurre un negocio basado en Internet, algo simple, en el que los usuarios se dan de alta (y pagan) para recibir un curso online. Esto significa:

- Que la LSSI te obliga a publicar en la web tu dirección (o la de tu empresa). Si no quieres que sea la de tu domicilio particular, tendrás que contratar un apartado de correos o un servicio de oficina virtual.

- Que tienes que dar de alta el fichero en la Agencia de Protección de Datos. Es gratis, pero engorroso. Y sobre todo, estás sujeto a multas que dependen del criterio de un inspector de la APD. Si le caes mal a alguien y te denuncia, prepárate a pasarlo mal durante un tiempo.

- Que tienes que perder el tiempo (y unos 20€ si no recuerdo mal) para preguntar en el Registro Mercantil si está disponible el nombre elegido.

- Que tienes que depositar (aunque luego puedas recuperar) 3.000€ para crear la empresa. Puedes incluir aquí un ordenador o cualquier otro bien que aportes a la empresa, pero tendrás que explicárselo al notario.

- Que tienes que pagar a un asesor para que te ayude a preparar las escrituras. Es posible que algún servicio de ayuda al emprendedor te lo haga gratis (a cambio de un cierto tiempo de espera).

- Que tienes que pasar por un notario, lo que significa pedir cita, acudir y pagar otros 60€.

- Esperar unos días a tener las escrituras y registrarlas (otros 40€).

- Comunicar a la AEAT (Hacienda) la constitución de la sociedad para obtener el NIF.

- Darte de alta como autónomo, porque como administrador de la sociedad estás obligado a ser autónomo aunque tengas un trabajo que te pague la Seguridad Social.

A partir del momento en que tienes constituida la sociedad, estás obligado a:

- Pagar cada mes tu cuota de autónomo. Creo que el mínimo debe andar ahora en el entorno de 200€.

- Declarar cada trimestre si has retenido algo en concepto de IRPF a tus empleados (hay que comunicarlo cada trimestre aunque no los tengas) o a algún profesional que haya realizado algún trabajo para tu empresa. Por supuesto, si has hecho estas retenciones es el momento de pagar el dinero retenido.

- Declarar cada trimestre cuánto has facturado y cuánto has pagado de IVA, y si la diferencia es positiva abonarla. Observa que digo “facturado” y no “cobrado”, porque si has facturado te toca pagar aunque la factura no la hayas cobrado. Esto supone guardar copia física de cada factura y hacer las cuentas cada trimestre.

- Declarar anualmente una lista de empresas a las que has vendido o cobrado más de 3000€ el año anterior. No hay que pagar nada, pero es otro rato que Hacienda te obliga a trabajar para ella como recaudador de impuestos “by the face”.

- Declarar anualmente las retenciones que has hecho de IRPF (lo mismo que el punto anterior).

- Declarar anualmente los beneficios obtenidos y pagar el impuesto de sociedades si el resultado ha sido positivo (aunque lo que hayas ganado en todo el año hayan sido 100€ de AdSense).

Seguro que se me olvida algo, pero os hacéis una idea. Además del tiempo dedicado, hay que empezar poniendo dinero y seguir pagando todos los meses, ganes o pierdas, ingreses o no ingreses. Según Invest in Spain, web oficial de nuestro gobierno, crear una empresa en España viene a costar 550€ (sumando costes de gestoría) y se tarda entre una semana y un mes.

A partir de aquí, cada mes, entre pagos de autónomos, la gestoría (porque más vale asegurarte de que cumples con Hacienda y no te ponen una multa) y la oficina virtual por el tema de la LSSI estás pagando como mínimo 300-400€. Todos los meses. Aunque no factures ni un céntimo. Y no contamos el coste de oportunidad de dedicar unas horas todos los meses a trabajar de recaudador de impuestos “voluntario”.

¿Y si creo la empresa fuera?

Ahora bien, resulta que vivimos en un mundo globalizado, y que la Unión Europea, a pesar de sus mucho defectos, permite a las empresas de los países miembros trabajar sin problemas en toda la unión. Así que miré las condiciones para crear un negocio en Irlanda y Reino Unido (por el idioma, más que nada) y el resultado es Agile Ventures Ltd. Efectivamente, desde hace unos días soy el flamante propietario de una empresa con sede en Londres.

Os cuento el proceso, para comparar con lo de aquí:

- Elijo una empresa que gestione el alta. Opto por Companies Made Simple, tras leer una recomendación en Swombat y comparar un poco precios con otras ofertas.

- Analizo sus planes y opto por el “Silver” porque incluye una dirección oficial en Londres para la empresa, y esto es un requisito que impone HMRC (la Hacienda de allí). La forma legal es la Limited Liability Corporation, el equivalente a nuestra SL.

- Elijo un nombre y la web comprueba al instante si está disponible. Me piden los datos de mi tarjeta de crédito para pagar el coste. Con el IVA y un pequeño extra el coste total de crear la empresa es 58,99 libras. Al cambio, 71,22 euros. Hay que decir que esto incluye el registro de un dominio .co.uk por dos años (7,95 libras) y un cupón de Google AdWords de 40 libras (que también pienso usar). Podría tener 50 libras más si abriera una cuenta en Barclays, pero para eso hay que ser residente en UK, así que esto no lo puedo aprovechar.

- Una vez pagado, tengo que completar cuatro o cinco pantallas de información sobre mi empresa: propietarios, director, estatutos… salvo tu propia información, en casi todo lo demás puedes elegir las opciones que vienen por defecto. Respecto al capital social: declaras lo que quieres y lo repartes como quieres. Puedes crear tu empresa con una sola acción de una libra esterlina si eres el único propietario.

- Después de completar el proceso cierro el navegador… y al cabo de dos o tres horas me llega un correo electrónico diciendo que el alta de mi empresa está completa. Her Majesty Revenue & Customs ha tenido a bien aprobar mi solicitud, así que ya puedo operar legalmente.

Ventajas de una sociedad británica

De entrada, el proceso de creación es “un poquito” diferente en tiempo y coste ¿verdad? Pero es que las diferencias no terminan ahí.

- No tengo que poner mi dirección en la web si no quiero.

- No tengo que registrar ningún fichero en ninguna Agencia de Protección de Datos. Basta con establecer en la web una política de tratamiento de datos que cumpla con los requisitos, que son los que aplicaría de todas maneras cualquier persona sensata.

- No tengo que pedir un número de IVA (el equivalente al NIF). De hecho, no tengo que cobrar (ni por tanto declarar) IVA hasta que mis ingresos superen las 68.000 libras anuales. Puedo hacerlo voluntariamente si quiero, por ejemplo para dar la sensación de que mi empresa es más grande, o porque me interesa desgravarme el IVA que pago. Pero es asunto mío decidir esto. Ah, y si llego a facturar esas 68.000 libras y tengo que cobrar y declarar IVA, hay distintas fórmulas para hacerlo, puedo por ejemplo optar por pagar directamente un 10% de mis ingresos y olvidarme de perder el tiempo guardando facturas y haciendo cálculos.

- No tengo que hacer declaraciones trimestrales de IRPF si no tengo empleados.

- No tengo que darme de alta como autónomo, y mucho menos pagar nada.

- No hay que pasar por ningún notario. Puedo asignar nuevas acciones a un nuevo socio directamente en la Web de Companies Made Simple, por ejemplo, sin coste alguno. Y puedo incluso cambiar el nombre de la empresa, también online, por 40 libras.

- Solo volveré a hablar con mis amigos del HMR&C al final del primer ejercicio contable, de hecho 9 meses después del primer ejercicio contable, que es cuando hay que pagar impuestos si he obtenido beneficios. Es decir, hasta 21 meses después de poner en marcha una empresa no hay que pagar ningún impuesto.

- La contabilidad es más sencilla, y hay aplicaciones online que te permiten llevar las cuentas y presentar los impuestos sin necesidad de ser contable. Al menos mientras ganes una miseria y no te convenga usar los servicios de alguien experto que te ayude a pagar menos. En UK como en todas partes quien puede pagar a un buen asesor paga menos impuestos.

Con estas ventajas y estos costes, puedo hacer negocios sin problema en España. Es más, al principio puedo facturar sin tener que cargar el IVA, lo que supone un 18% de rebaja. Y si tengo un cliente “pijo”, puedo decirle que somos la sucursal en España de Agile Ventures Ltd., prestigiosa firma londinense.

Lo he dicho alguna vez: la globalización funciona en los dos sentidos. Aquí podemos estar meses debatiendo sobre la reforma laboral y anunciando mil y un planes de apoyo a emprendedores, que mientras las condiciones para que un tipo con una idea pueda ponerla en marcha sean tan radicalmente diferentes,
no va a cambiar nada.

ACTUALIZACIÓN: Si tienes dudas, tal vez estén resueltas en esta otra entrada.

Apúntate a la nueva edición del curso de creación de empresas

Como os comenté hace unos días, habrá una nueva edición del curso para creación de empresas emprender en la nube el próximo 26 de noviembre en Madrid.

Esta vez el perfil al que va dirigido es un poco diferente: está orientado a profesionales independiéntes (llámense freelance, autónomos o como quieran llamarse), gente que lleva un tiempo trabajando por su cuenta o que se está planteando dar el salto a ser su propio jefe y que pretende vivir de su experiencia y conocimientos. Escritores, traductores, diseñadores, programadores…

Para todos estos perfiles, este momento, a pesar de todo lo que cuenten sobre la crisis, es un buen momento. Por muchos motivos: la globalización te permite trabajar para clientes en cualquier parte del mundo, puedes subcontratar más barato en otros países si lo necesitas, la infraestructura es ridículamente barata, tu capacidad de promoción está mutiplicada en las redes sociales…

La clave es saber cómo plantear tu negocio y tu actividad. La red ofrece infinitas posibilidades pero tú no tienes un tiempo infinito, así que debes saber en qué centrar tus esfuerzos. Tienes que saber cómo dosificar tu tiempo, en qué emplearlo. Cómo competir en un mundo global, en el que una persona que vive al otro lado del mundo puede ofrecer sus servicios a la mitad de precio que tú.

De todo esto es de lo que vamos a hablar en emprenderenlanube. Es un día intenso, supone un esfuerzo dedicar un sábado a aprender, pero con toda seguridad este esfuerzo puede cambiar tu negocio a mejor. En esta ocasión, además de Franck, me acompañan Javier Megías (experto en modelos de negocio e innovación) y Jeroen Sangers (experto en productividad).

Como siempre, hay un descuento para los que se inscriban con tiempo, así que si crees que el curso te puede ayudar apúntate lo antes posible. Y si tienes dudas, pásate de todas maneras por emprenderenlanube.com, porque hay un montón de material gratuito que te puede venir bien (tanto si al final decides participar en el curso como si no).

Las ventajas de una Sociedad Limitada

Hace muchos, muchos años, escribí sobre si era más ventajoso para un grupo de profesionales que deciden trabajar juntos crear una Sociedad Limitada o simplemente darse de alta como autónomos cada uno de ellos, a raíz de una consulta concreta.

Ahora una de las socias quiere dejar parte de las obligaciones que le supone la empresa, y para ello va a vender la mayor parte de sus participaciones a las otras socias. Aunque todavía no está claro cómo van a valorar la sociedad (y por tanto su parte), lo que sí es seguro es que ganará unos cuantos miles de euros en la operación.

Si hubieran decidido constituir una comunidad de bienes, o actuar como autónomas pagando cada una una parte de los gastos, como les aconsejó el abogado del colegio de psicólogos, esta persona tendría que dejar la empresa a cambio de nada. Se llevaría conocimiento y experiencia, pero ni un céntimo.

Moraleja: si tienes socios, constituye una sociedad limitada y tal vez en unos años puedas llevarte el fruto de tu esfuerzo.

La cafetería fija

Imagínate que esta mañana, al ir a tomar un café, el camarero te hubiera hecho esta propuesta:

A partir de ahora, usted vendrá a desayunar aquí todos los días, y a final de mes me paga. Por ser cliente fijo, le haré un descuento especial. Pero tiene que elegir si toma solo café, si tomará un desayuno o si tomará el desayuno especial que incluye zumo, y esa elección debe mantenerla todo el mes. Además, debe pagar por 30 desayunos, aunque los fines de semana, o algún día entre semana no le venga bien venir por aquí. Y si prefiere cambiar de cafetería, debe avisarme con 15 días de antelación y pagarme una compensación de 45 desayunos por cada año que lleve como cliente.

¿Sería absurdo, verdad? Aunque haciendo cuentas nos salga más barato, esas restricciones nos resultarían inasumibles por incómodas e inflexibles.

Y sin embargo, eso es lo que hacemos con los empleos. Nos comprometemos, empresa y trabajador, a colaborar en un marco de relaciones hiperregulado, que no nos deja libertad para cambiar de empresa, de empleado, de horario, de puesto, de salario, de condiciones…

Esto, que tiene sentido en un contexto de grandes compañías que deben gestionar el trabajo de cientos o miles de personas cada día, es absurdo para una empresa pequeña, que tiene que responder con agilidad a un entorno cambiante. Pasar de dos a cuatro empleados es un mundo, y mucho peor todavía es pasar de cuatro a dos. Si necesitas un perfil con el que no cuentas para un proyecto concreto no sabes si podrás aprovecharlo cuando termine el proyecto. Si alguien tiene una baja (o se casa, o tiene un hijo) debes seguir pagando, además de pagar a su sustituto o asumir la merma de ingresos o la sobrecarga de trabajo para el resto de la empresa.

Por eso, antes de asumir que tienes que contratar empleados fijos para tu empresa, plantéate si hay alternativas más eficaces: subcontratar algunas funciones, contratar a autónomos, colaborar con otras empresas, etc.

Tú no eres superman: delega

Sacar una empresa adelante implica mucho trabajo. Hay que vender, hacer documentos, vender, negociar contratos, vender, tratar con proveedores, vender, contratar empleados, vender, producir, vender, darse a conocer, vender, gestionar dinero, vender, facturar… ¿He dicho que es importante vender?

Pronto te darás cuenta de que tú no puedes hacerlo todo. Primero porque hay cosas que simplemente ignoras. Salvo que tengas la capacidad de Leonardo da Vinci, es extraño que seas capaz de hacer la página web, diseñar la imagen coporativa, llevar la contabilidad, vender, negociar con proveedores, producir… Y aunque fueras ese superhombre (o supermujer) con conocimientos y capacidades para hacer bien todas estas cosas, simplemente no tienes tiempo.

De modo que tienes que delegar. Eso supone gastar dinero, pero tienes que hacerlo. Ese dinero que dedicas a que una gestoría te haga la contabilidad y te evite papeleos son horas y horas de trabajo ganadas para hacer que tu empresa funcione, y la tranquilidad de saber que no vas a tener sorpresas con Hacienda no tiene precio.

El problema es que muchos emprendedores no tienen claro qué deben delegar. La tentación de delegar actividades “aburridas” y quedarte con lo que más te apetece es fuerte. De modo que necesitas analizar fríamente qué es lo mejor para tu empresa, no para que te sientas “ocupado”.

Tu misión fundamental es hacer que tu empresa se desarrolle. Eso supone que tienes que dedicar tiempo al marketing y a vender. Puedes contratar a expertos si tú no lo eres, pero debes dedicar tiempo cada día a estas actividades.

El resto de las tareas depende de tus capacidades y del tipo de negocio que estás montando. Un amigo, mayorista de marisco, me decía que para ganar dinero hay que estar en Mercamadrid de madrugada (los precios se negocian en el momento en función del género), y hay que vigilar muy de cerca el reparto para evitar las mermas (unos gramos de angulas que se pierden son mucho, mucho dinero). De modo que si te dedicas al marisco no puedes no madrugar y no puedes dejar de controlar de cerca el reparto (o incluso hacerlo tú mismo).

En cualquier caso, una vez que has visto en qué áreas necesitas ayuda, tienes que resolver cómo conseguirla.

Busca un socio

Si encuentras a alguien que crea en tu proyecto y esté dispuesto a cobrar menos de lo que cobraría en otro sitio, a asumir incluso que habrá meses que no cobre, a trabajar hasta las tantas y a echar el resto, puedes intentar que comparta riesgos y beneficios. Es decir, que sea tu socio.

Si funciona, perfecto. Tienes un hombro en el que llorar vuestras penas y un compañero con el que celebrar los éxitos. Pero muchas veces es complicado: los socios pueden tener distintas percepciones sobre la empresa. Lo que para unos es una pasión para otro puede ser simplemente un pasatiempo. Hay quien vive en casa de sus padres y quien tiene que mantener a sus hijos. Si los socios son muy diferentes no se entienden, pero si son muy parecidos no se complementan.

Como dijimos antes, debes tener previsto también lo que sucede si llega la crisis y uno de los socios debe abandonar la empresa. Déjalo escrito cuando os llevéis bien, porque de lo contrario la cosa puede acabar como el divorcio de la guerra de los Rose.

Subcontrata

La contabilidad, el marketing, la secretaría… incluso las ventas y la ejecución. Todo puedes subcontratarlo. Puedes comprar productos en China, contratar que te los traigan a tu ciudad, contratar comerciales que lo vendan, publicistas que lo den a conocer, técnicos que lo instalen y le den soporte, gestores que controlen la facturación, la contabilidad y los impuestos…

Si alguien en la cadena no te gusta, simplemente contratas a otro. Todos están motivados, porque si no trabajan bien dejarán de cobrar.

Parece una buena solución, pero también tiene sus pegas. La fundamental, que como alguien falle quien da la cara ante el cliente es tu empresa. Y si es difícil controlar a un empleado, mucho más difícil es controlar a un proveedor, que puede tener intereses y necesidades que no coincidan con los tuyos. Lo que para ti es un pedido importantísimo de un cliente VIP, para tu proveedor puede ser algo rutinario que no le aporta valor y que postergará si aparece algo que a él le interese más.

Existe el riesgo también de perder el control de los clientes, e incluso que alguna de tus empresas “colaboradoras” te los levante.

Por tanto, subcontrata si es preciso, pero mira bien a quién metes en tus procesos.

Contrata autónomos

Para según que cosas, un autónomo puede ser una buena solución. Puedes tener más control sobre él que si subcontratas a una empresa, pero no te ata tanto como un empleado. Aunque también hay que tener cuidado con ciertas cosas.

Puede intentar quitarte los clientes, por ejemplo. Para evitarlo, pídele que se identifique siempre como perteneciente a tu empresa. Es muy recomendable proporcionarle una cuenta de correo electrónico de tu empresa para que la use en sus comunicaciones con tus clientes, y pedirle que te reenvíe una copia de todos los correos. Controla también a diario qué hace en cada cliente, sobre todo si luego vas a facturar por horas.

Y está el problema de su dedicación. Si más del 75% de su facturación la hace a tu empresa, estamos ante un TRADE. Eso significa Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente, y es un engendro del nuevo Estatuto de los Autónomos por el que se crea una figura mixta entre el empleado y el autónomo. Si tienes un TRADE, tienes que pagarle vacaciones e incluso indemnizarle en caso de cesar la relación contractual.

Todavía no está claro cómo se va a regular esto, pero es evidente que habrá problemas. Por ejemplo, supongamos que contrato a una persona que hace unos trabajos al mes que le llevan una mañana, por los que cobra una cantidad relativamente pequeña, pongamos 250 euros. Yo no considero que eso sea un TRADE, por lo que no le trato como tal. Pero después de un año, resulta que el individuo solo trabaja para mí, con lo que factura a mi empresa el 100% de sus ingresos. ¿Es en ese caso un TRADE? ¿Está obligada mi empresa a pagarle vacaciones (en su parte proporcional) o a indemnizarle si un día prescindo de sus servicios? ¿Hay que exigir al autónomo que va a trabajar para nosotros que nos demuestre que tiene otros clientes?

Subcontrata en países con menos nivel de vida

Esto lleva siendo una promesa desde el siglo pasado, que yo sepa. La idea parece atractiva: igual que se subcontrata la fabricación a países donde la mano de obra es muy barata, subcontratemos también los servicios.

El problema es que los servicios no son tan fáciles de subcontratar. Las software factories por ejemplo, esos entes a los que envías unas especificaciones y te devuelven código, no han resultado ser el Santo Grial de la rentabilidad informática. Vale, puedes tener un call-center en Marruecos, o en Argentina, y que te funcione razonablemente bien. Pero en cuanto aumenta la complejidad de los servicios, más difícil se hace que los problemas de calidad no acaben comiéndose los beneficios del coste de mano de obra.

Consigue que alguien te haga el trabajo gratis

Esta es la mejor opción. No tienes costes, no tienes empleados contratados, todo son beneficios… No, no es imposible conseguir que alguien trabaje gratis para ti. Todo es cuestión de que quien lo haga obtenga a cambio algo que le compense.

Un ejemplo de modelo de negocio que usa trabajo gratis es el desarrollo de software libre. Ojo, si quieres crear una empresa de éxito necesitas tener un equipo de programadores propio además de los voluntarios. Pero tener cientos o miles de testeadores, de programadores que corrigen bugs o de diseñadores trabajando gratis sin duda ayuda a que todo sea mejor y más fácil.

Otro caso es el de los sitios web en los que los usuarios crean el contenido. ¿Quieres hacerte rico trabajando 4 horas a la semana? Esta es tu mejor opción.

Claro que tener un proyecto de software libre o una web con miles de usuarios que trabajen gratis es casi tan difícil como ganar a la lotería. Si no, lo haría todo el mundo, y no habría voluntarios suficientes para todos.

En resumen, si tienes necesidad de que alguien te eche una mano en tu empresa, no es descabellado seguir esta estrategia:

1. Distingue entre una necesidad puntual y un crecimiento permanente. A un problema puntual, dale una solución puntual.

2. Contrata autónomos o subcontrata a otras empresas, en función de las necesidades.

3. Para funciones esenciales, busca un socio que se comprometa con el proyecto.

4. Si no te queda más remedio, contrata personal. Pero asesórate bien para minimizar los errores.

Creative Commons License photo credit: davidChief

Formalidades

A estas alturas alguien se estará preguntando si no debía haber constituido ya formalmente su empresa. De hecho, es posible que ya haya empezado a gastar dinero: habrá hecho alguna campaña en AdWords para tantear, tal vez haya comprado un portátil o registrado un dominio…

Mi consejo es esperar todo lo posible este momento. Todos los gastos que vayan a nuestra cuenta particular, si en el futuro constituimos una empresa con socios, podemos considerarlos aportaciones nuestras como socio de la empresa, o podemos revenderle el bien a la empresa (tanto si es algo tangible como si es un dominio o incluso un estudio de mercado).

¿Y por qué esperar? porque formalizar la actividad, tanto si se hace como autónomo como si se hace como empresa, implica retratarse ante Hacienda y la Seguridad Social, y a partir de ese momento empieza la sangría. Ya no puedes dejar de pagar, de hacer declaraciones, papeleos, trámites.. lo que te obliga a contratar los servicios de una gestoría que te asegure que no cometes errores.

Si en cualquier momento decides dejarlo, ya no puedes hacerlo fácilmente.

De modo que lo mejor es esperar, cuanto más, mejor. Formalizar la empresa es imprescindible para dos cosas: contratar personas y facturar. Hasta que no tengas que hacer ninguna de las dos, espera.

¿Sociedad limitada o autónomo?

La duda, cuando vas a formalizar tu empresa, es qué forma legal elegir. Para una pequeña empresa como la que puede crear un parado sin mucho capital, básicamente hay dos opciones: hacerse autónomo o crear una Sociedad Limitada. Yo soy más partidario de la Sociedad Limitada, por estas razones:

1. Confianza y respetabilidad. Cualquier empresa tiene que interactuar con otros agentes económicos: bancos, administraciones, otras empresas… Tendrán que alquilar un local, comprar muebles, tal vez pedir financiación. Para todas estas cosas, una SL siempre da más confianza que un autónomo.

El problema con los autónomos es que cualquier problema, incluso de salud, puede hacer que deje el negocio. El que le va a alquilar el local, o el banco al que solicita el préstamo, sabe que una SL seguirá existiendo aunque uno de los socios se retire. Y el problema es aún más grave con clientes potenciales: una SL da imagen de seriedad, es un ente que permanece, pero un autónomo puede estar hoy trabajando y dejarlo mañana. Por tanto, un proyecto largo, complejo o importante no se le puede confiar a un autónomo, salvo que exista una relación previa de mucha confianza.

2. Formalismo para entradas y salidas de socios. Cuando dos o más personas se reunen para crear una empresa, cada una tiene diferentes expectativas. Uno puede estar dispuesto a trabajar 24 horas al día y apostar todo su capital para sacar adelante la empresa, mientras que para otro puede ser simplemente una actividad entretenida. Uno puede tener interés en obtener beneficios lo antes posible, y otro preferirá reinvertir para consolidar la empresa.

Este tipo de diferencias acaba generando tensiones, y si no existe un marco formal que defina las entradas y salidas de socios, la empresa se romperá en el primer envite. Una SL permite acotar qué participación tiene cada uno de los socios, y define una vía para la salida (la venta de esta participación). Lógicamente, una SL no es una varita mágica que evite los problemas entre socios, pero al menos es un entorno más seguro que un simple acuerdo verbal entre autónomos.

3. Limitación de responsabilidad. Esto es muy importante. Aunque uno esté protegido por seguros de responsabilidad civil, si es un autónomo cuando hay un problema que no esté cubierto por ningún seguro responde de él con su patrimonio. Con todo su patrimonio, incluyendo la casa en la que viven sus hijos.

Una SL responde sólo con los recursos propios de la empresa, y protege el patrimonio de sus socios. Es muy improbable verse en una situación así, pero aunque sólo sea por precaución ya compensa crear la Sociedad.

4. Una SL es una inversión. Si la empresa funciona bien y va facturando, ganando dinero y creciendo cada año, su valor crece. Esos 3.000 euros que se han invertido en un principio pueden convertirse con el tiempo en 300.000, o en tres millones. Si al cabo del tiempo uno de los socios decide salir, puede vender su participación y obtener un dinero como compensación por todo el valor que ha contribuido a generar.

Si un autónomo decide abandonar al cabo de unos años, no puede llevarse con él nada más que los conocimientos y experiencias adquiridos. Habrá ganado más o menos dinero en esos años, pero no podrá vender a otros su negocio.

En mi opinión, estas son razones suficientes para optar por la Sociedad Limitada. Evidentemente, una SL tiene sus complicaciones: es más costosa de poner en marcha, hay compromisos ineludibles con Hacienda y la Seguridad Social, hay que llevar una contabilidad oficial, debemos pasar por el notario para hacer cualquier cambio… Pero precisamente estos formalismos están orientados a darle estabilidad y garantizar su viabilidad.

Respecto al coste de la SL, es importante saber que los 3.000 euros de capital social solo tienes que tenerlos físicamente en el banco en el momento de constituir la sociedad. Después los puede usar la empresa. No es una situación ideal tener que tirar de ellos, pero si es necesario puedes tener que hacerlo hasta que empieces a ingresar el dinero que vayas facturando.

Para constituir la sociedad puedes usar el portal CIRCE, donde además de consultar información sobre los distintos tipos de empresa puedes constituir la tuya telemáticamente.

Otros tipos de sociedad

Hay otros tipos de sociedad, pero son menos aconsejables que la SL para un emprendedor con pocos recursos:

Sociedad Anónima. Tiene más requisitos formales y un capital social más elevado que una SL. Si puedes constituir una SA no deberías estar leyendo esto.

Sociedad laboral. A veces se recomienda esta forma cuando la empresa la impulsan dos o tres socios que van a ser también los trabajadores de la misma. Tiene algunas ventajas en cuanto a ayudas y subvenciones, pero el problema es que es muy rígida en su regulación: tienes problemas para incorporar socios capitalistas o para contratar personal que no sea socio. A largo plazo, si la empresa pretende crecer, no es una buena opción.

SL Nueva Empresa. Aunque puede parecer atractiva porque los trámites son muy rápidos y on-line, tiene también algunos problemas. Por ejemplo, que el nombre de la sociedad debe coincidir con el del socio principal. Como alternativa a la figura de autónomo, si tienes claro que la empresa es y será unipersonal, puede servir, pero no para cualquier otra cosa.ACTUALIZACIÓN: Gracias a josempelaez, que aclara que puedes cambiar el nombre a la SLNE en los tres primeros meses sin coste. Siendo así, la rapidez en la tramitación puede hacerla más conveniente que la SL tradicional.

Para los trámites, además de lo que ofrece CIRCE puedes acudir a tu cámara de comercio, donde deberían tener un punto de asesoramiento y tramitación para la constitución de empresas.

En cuanto tengas la empresa formalizada, debes contratar un servicio de asesoría fiscal, contable y laboral. Aunque sepas algo de estos asuntos, lo mejor es aprovechar ese conocimiento para verificar que hacen bien su trabajo, o para decidir en caso de que un asunto tenga varios enfoques posibles. Pero tu tiempo es mejor dedicarlo a conseguir que la empresa salga adelante que a rellenar formularios y pelearte con Hacienda.

En eConta, empresa del grupo BBVA, puedes tener el servicio por menos de 150 euros al mes, y funciona a través de Internet. Si prefieres el trato humano, lo mejor es visitar tres o cuatro gestorías que te pillen cerca, pedirles ofertas y quedarte con la que te inspire más confianza y tenga mejor precio.

Dentro de cien años

No todos calvos, sino todos autónomos. No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Raúl sobre el contrato fijo. Lo mismo hablé con Gonzalo Aller el otro día en Tibi: en unos años, a poca gente se le contratará para estar de 9 a 5 en una oficina. Lo habitual será trabajar para varias empresas a la vez, o sucesivamente, y contratar tú a otros que complementen tu oferta o te presten servicios.

Dentro de 100 años tener un “contrato fijo” sonará tan extraño como ser un siervo de la gleba.

El principal obstáculo para emprender en España

Comento los resultados de la última encuesta publicada en este blog. Según el 54% de los visitantes, el principal problema es la falta de cultura emprendedora. Para un 37% el problema son las cargas que impone la administración. Muy lejos quedan las alternativas de la envidia y la falta de inversión de capital-riesgo.

Mi voto va hacia la segunda opción: las cargas que impone la administración.

Creo que la falta de inversión puede ser un problema, pero no estoy del todo de acuerdo en que no haya cultura emprendedora. Creo que la hay, aunque muy sui generis. Quiero decir que es muy frecuente que alguien ponga un bar, o monte un servicio de reparaciones de cualquier tipo, o un comercio. Y todos estos son emprendedores.

El problema es que la figura del “trabajador autónomo” vicia a estas personas, que muchas veces se ven a sí mismas como “trabajadores” y no como “empresarios”. Aunque a todos los efectos sean lo segundo.

¿Por qué se da esto? Porque la administración ha creado esa figura extraña del autónomo, en teoría para facilitar las cosas a quien quiere abrir un negocio pero no se siente con ganas o con capacidad para crear una sociedad.

Es cierto que también hay quien ve a cualquier empresario como un individuo avaricioso cuya única misión en la vida es explotar a sus trabajadores. Y hay muchos que buscan un trabajo en el que se cumpla eso de “los garbanzos son duros, pero seguros.” Aun así, creo que por mucho que abunden estos tipos no es la falta de emprendedores el problema. El número de personas que se lanzan a crear esas miniempresas que he mencionado antes lo demuestra.

Con lo que vamos a mi opción: el problema son las cargas que impone la administración. En Gran Bretaña, por ejemplo, apenas hay requisitos para iniciar una actividad económica. Solo cuando empieza a crecer debes empezar a cumplir con formalismos (y a compartir parte de tus ingresos con el estado).
Evidentemente, eso anima a muchos a “probar suerte”, y un porcentaje de los que prueban triunfarán y tendrán empresas exitosas que crearán riqueza y empleo.

En España, antes de empezar, antes de haber generado un solo céntimo de ingresos, ya tienes que pagar: al notario, a una gestoría e inevitablemente al Estado. Crear una SL cuesta más de 500 euros, y solo consigues a cambio unos papeles que te “autorizan” a hacer negocios.

Después están los tiempos de tramitación de todo: en España poner en marcha una empresa lleva de media 47 días, y solo 2 en Australia o 5 en Dinamarca o EE.UU. Eso son 47 días en que tienes gastos, pero no puedes iniciar la actividad.

Y como se te ocurra tener empleados, ya puedes prepararte: al coste del salario debes añadir un 33% que se lleva la seguridad social, y debes tener en cuenta también los costes de despido si las cosas se tuercen, o el absentismo debido a bajas por enfermedad o maternidad.

Súmale a todo que la complejidad de la legislación hace casi inevitable contratar una gestoría para llevar incluso los asuntos de la empresa más pequeña y de gestión más simple.

Así que el problema es que cuando alguien tiene una idea de negocio (y logra no escuchar los cantos de sirena de los que le animan a buscar un trabajo con un sueldo fijo), se encuentra con que el Estado, en lugar de construir una autopista por la que su proyecto pueda ir a toda velocidad ha contruido una pista de obstáculos que solo los más hábiles o más determinados logran sortear.

Creative Commons License photo credit: James Jordan

Recursos Humanos en la PYME (alternativas)


Veíamos el otro día los problemas de contratar personal para una PYME. La buena noticia es que hay varias alternativas a la contratación de personal para conseguir que otro haga el trabajo que tú no quieres o no puedes hacer. La mala noticia es que todas tienen pegas:

Busca un socio

Si encuentras a alguien que crea en tu proyecto y esté dispuesto a cobrar menos de lo que cobraría en otro sitio, a asumir incluso que habrá meses que no cobre, a trabajar hasta las tantas y a echar el resto, puedes intentar que comparta riesgos y beneficios. Es decir, que sea tu socio.

Si funciona, perfecto. Tienes un hombro en el que llorar vuestras penas y un compañero con el que celebrar los éxitos. Pero muchas veces es complicado: los socios pueden tener distintas percepciones sobre la empresa. Lo que para unos es una pasión para otro puede ser simplemente un pasatiempo. Hay quien vive en casa de sus padres y quien tiene que mantener a sus hijos. Si los socios son muy diferentes no se entienden, pero si son muy parecidos no se complementan.

Ten previsto también lo que sucede si llega la crisis y uno de los socios debe abandonar la empresa. Déjalo escrito cuando os llevéis bien, porque de lo contrario la cosa puede acabar como el divorcio de la guerra de los Rose.

Subcontrata

La contabilidad, el marketing, la secretaría… incluso las ventas y la ejecución. Todo puedes subcontratarlo. Puedes comprar productos en China, contratar que te los traigan a tu ciudad, contratar comerciales que lo vendan, publicistas que lo den a conocer, técnicos que lo instalen y le den soporte, gestores que controlen la facturación, la contabilidad y los impuestos…

Si alguien en la cadena no te gusta, simplemente contratas a otro. Todos están motivados, porque si no trabajan bien dejarán de cobrar.

Parece una buena solución, pero también tiene sus pegas. La fundamental, que como alguien falle quien da la cara ante el cliente es tu empresa. Y si es difícil controlar a un empleado, mucho más difícil es controlar a un proveedor, que puede tener intereses y necesidades que no coincidan con los tuyos. Lo que para ti es un pedido importantísimo de un cliente VIP, para tu proveedor puede ser algo rutinario que no le aporta valor y que postergará si aparece algo que a él le interese más.

Existe el riesgo también de perder el control de los clientes, e incluso que alguna de tus empresas “colaboradoras” te los levante.

Por tanto, subcontrata si es preciso, pero mira bien a quién metes en tus procesos.

Contrata autónomos

Para según que cosas, un autónomo puede ser una buena solución. Puedes tener más control sobre él que si subcontratas a una empresa, pero no te ata tanto como un empleado. Aunque también hay que tener cuidado con ciertas cosas.

Puede intentar quitarte los clientes, por ejemplo. Para evitarlo, pídele que se identifique siempre como perteneciente a tu empresa. Es muy recomendable proporcionarle una cuenta de correo electrónico de tu empresa para que la use en sus comunicaciones con tus clientes, y pedirle que te reenvíe una copia de todos los correos. Controla también a diario qué hace en cada cliente, sobre todo si luego vas a facturar por horas.

Y está el problema de su dedicación. Si más del 75% de su facturación la hace a tu empresa, estamos ante un TRADE. Eso significa Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente, y es un engendro del nuevo Estatuto de los Autónomos por el que se crea una figura mixta entre el empleado y el autónomo. Si tienes un TRADE, tienes que pagarle vacaciones e incluso indemnizarle en caso de cesar la relación contractual.

Todavía no está claro cómo se va a regular esto, pero es evidente que habrá problemas. Por ejemplo, supongamos que contrato a una persona que hace unos trabajos al mes que le llevan una mañana, por los que cobra una cantidad relativamente pequeña, pongamos 250 euros. Yo no considero que eso sea un TRADE, por lo que no le trato como tal. Pero después de un año, resulta que el individuo solo trabaja para mí, con lo que factura a mi empresa el 100% de sus ingresos. ¿Es en ese caso un TRADE? ¿Está obligada mi empresa a pagarle vacaciones (en su parte proporcional) o a indemnizarle si un día prescindo de sus servicios? ¿Hay que exigir al autónomo que va a trabajar para nosotros que nos demuestre que tiene otros clientes?

Subcontrata en países con menos nivel de vida

Esto lleva siendo una promesa desde el siglo pasado, que yo sepa. La idea parece atractiva: igual que se subcontrata la fabricación a países donde la mano de obra es muy barata, subcontratemos también los servicios.

El problema es que los servicios no son tan fáciles de subcontratar. Las software factories por ejemplo, esos entes a los que envías unas especificaciones y te devuelven código, no han resultado ser el Santo Grial de la rentabilidad informática. Vale, puedes tener un call-center en Marruecos, o en Argentina, y que te funcione razonablemente bien. Pero en cuanto aumenta la complejidad de los servicios, más difícil se hace que los problemas de calidad no acaben comiéndose los beneficios del coste de mano de obra.

Consigue que alguien te haga el trabajo gratis

Esta es la mejor opción. No tienes costes, no tienes empleados contratados, todo son beneficios… No, no es imposible conseguir que alguien trabaje gratis para ti. Todo es cuestión de que quien lo haga obtenga a cambio algo que le compense.

Un ejemplo de modelo de negocio que usa trabajo gratis es el desarrollo de software libre. Ojo, si quieres crear una empresa de éxito necesitas tener un equipo de programadores propio además de los voluntarios. Pero tener cientos o miles de testeadores, de programadores que corrigen bugs o de diseñadores trabajando gratis sin duda ayuda a que todo sea mejor y más fácil.

Otro caso es el de los sitios web en los que los usuarios crean el contenido. ¿Quieres hacerte rico trabajando 4 horas a la semana? Esta es tu mejor opción.

Claro que tener un proyecto de software libre o una web con miles de usuarios que trabajen gratis es casi tan difícil como ganar a la lotería. Si no, lo haría todo el mundo, y no habría voluntarios suficientes para todos.

En resumen, si tienes necesidad de que alguien te eche una mano en tu empresa, no es descabellado seguir esta estrategia:

1. Aguanta. Intenta discernir entre una necesidad puntual y un crecimiento permanente. A un problema puntual, dale una solución puntual.

2. Contrata autónomos o subcontrata a otras empresas, en función de las necesidades.

3. Para funciones esenciales, busca un socio que se comprometa con el proyecto.

4. Si no te queda más remedio, contrata personal. Pero asesórate bien para minimizar los errores.

Sociedad limitada o autónomo


¿Qué forma jurídica es mejor? Este fin de semana una persona conocida, que tiene intención de abrir una consulta de psicología con dos colegas, me preguntaba por el tipo de empresa más adecuado. Su intención es que cada uno cobre según su actividad (por hora de consulta, curso, publicación, etc.) y contribuya con un porcentaje a los gastos comunes. El abogado del colegio de psicólogos les había recomendado que se hicieran autónomos, y que en todo caso constituyeran una comunidad de bienes.

Yo le recomendé constituir una sociedad limitada, por razones que creo que son aplicables a muchos casos similares:

1. Confianza y respetabilidad. Cualquier empresa tiene que interactuar con otros agentes económicos: bancos, administraciones, otras empresas… Tendrán que alquilar un local, comprar muebles, tal vez pedir financiación. Para todas estas cosas, una SL siempre da más confianza que un grupo de amigos, por mucho que todos sean autónomos o se hayan constituido en Comunidad de Bienes.

El problema con los autónomos asociados es que cualquier problema con uno de ellos puede causar un quebranto a la clínica. El que les va a alquilar el local, o el banco al que solicitan el préstamo, sabe que una SL seguirá existiendo aunque uno de los socios se retire, mientras que un grupo sin compromiso formal puede romperse de la noche a la mañana sin previo aviso.

2. Formalismo para entradas y salidas de socios. Cuando dos o más personas se reunen para crear una empresa, cada una tiene diferentes expectativas. Uno puede estar dispuesto a trabajar 24 horas al día y apostar todo su capital para sacar adelante la empresa, mientras que para otro puede ser simplemente una actividad entretenida. Uno puede tener interés en obtener beneficios lo antes posible, y otro preferirá reinvertir para consolidar la empresa.

Este tipo de diferencias acaba generando tensiones, y si no existe un marco formal que defina las entradas y salidas de socios, la empresa se romperá en el primer envite. Una SL permite acotar qué participación tiene cada uno de los socios, y define una vía para la salida (la venta de esta participación). Lógicamente, una SL no es una varita mágica que evite los problemas entre socios, pero al menos es un entorno más seguro que un simple acuerdo verbal entre autónomos.

3. Limitación de responsabilidad. Esto es muy importante. Aunque uno esté protegido por seguros de responsabilidad civil, si es un autónomo o una comunidad de bienes, cuando hay un problema que no esté cubierto por ningún seguro responde de él con su patrimonio. Con todo su patrimonio, incluyendo la casa en la que viven sus hijos. Si uno de los socios deja una deuda millonaria a nombre de la comunidad de bienes, todos los socios son responsables de la misma, y pueden verse obligados a vender su patrimonio para hacerle frente.

Una SL responde sólo con los recursos propios de la empresa, y protege el patrimonio de sus socios. Es muy improbable verse en una situación así, pero aunque sólo sea por precaución ya compensa crear la Sociedad.

4. Una SL es una inversión. Si la empresa funciona bien y va facturando, ganando dinero y creciendo cada año, su valor crece. Esos 3.000 euros que se han invertido en un principio pueden convertirse con el tiempo en 300.000, o en tres millones. Si al cabo del tiempo uno de los socios decide salir, puede vender su participación y obtener un dinero como compensación por todo el valor que ha contribuido a generar.

Un acuerdo informal entre autónomos o una comunidad de bienes, por el contrario, no tiene valor. Si un socio decide abandonar al cabo de unos años, no puede llevarse con él nada más que los conocimientos y experiencias adquiridos.

En mi opinión, estas son razones suficientes para optar por la Sociedad Limitada. Evidentemente, una SL tiene sus complicaciones: es más costosa de poner en marcha, hay compromisos ineludibles con Hacienda y la Seguridad Social, hay que llevar una contabilidad oficial, debemos pasar por el notario para hacer cualquier cambio… Pero precisamente estos formalismos están orientados a darle estabilidad y garantizar su viabilidad.

Si lo que buscamos es una solución para salir del paso, pensando en el corto plazo y que sea barata, podemos utilizar la comunidad de bienes, o el acuerdo informal entre autónomos. Pero si tenemos intención de crear algo que dure años y que pueda crecer y ser estable, entonces necesitamos crear una sociedad.