Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Ya está abierto CoralBand

Después de unos meses de pruebas y ajustes, ya está operativo CoralBand. Como probablemente sepas si llevas un tiempo por aquí, CoralBand te ayuda a mejorar tu carrera profesional facilitando que conozcas a otras personas y lo hace de una manera fácil y divertida: te organiza una comida con tres personas, desconocidas pero interesantes, que amplían tu red de contactos profesionales.

Cambiar de empleo, descubrir nuevas oportunidades de negocio, replantearte tu forma de trabajar… tus probabilidades de conseguir esto y mucho más dependen de a quién conozcas. Mucho más que de lo bueno que seas haciendo tu trabajo. Por eso necesitas tener una red de contactos fuerte que te abra estas posibilidades.

Claro que están LinkedIn y otras redes, pero no es lo mismo que un tal “Juan Pérez” te añada a sus 500 contactos en LinkedIn que compartir una comida con “Luis López”, a quien le pones cara, descubres que tiene el mismo gusto que tú por las películas de ciencia ficción de los años 50 y además tiene opiniones controvertidas pero interesantes sobre la publicidad en Internet. Si tres meses más tarde hay una oportunidad en la que una recomendación de “Juan Pérez” o “Luis López” puede ayudarte, ¿cuál de los dos crees que va a ser más eficaz? ¿cuál va a poner más interés?

Ese ese el objetivo de CoralBand: facilitar que cualquiera que tenga interés y sea capaz de mantener una conversación interesante pueda hacer crecer sus oportunidades de progreso profesional.

Aprovecho para pediros un favor: ¿podrías ayudarme a dar a conocer CoralBand? Si lees esto en el blog tienes ahí abajo unos botones para compartir esta entrada en redes sociales, si lo lees en el RSS seguro que tu lector permite enviar una entrada a Twitter o Google+, si lo lees por correo electrónico puedes reenviarlo a algún amigo al que le pueda interesar… cualquier ayuda será bienvenida.

Siempre habrá trabajo

Los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo…

Las empresas se llevan las fábricas a China y aquí nos quedamos sin trabajo…

Los ordenadores, las máquinas y los robots hacen todo el trabajo y todos acabaremos en el paro…

Todo lo anterior es mentira. El trabajo, como la riqueza, no existe en una cantidad fija de manera que si alguien coge más otro tiene menos. El trabajo, como la riqueza, es en la práctica infinito porque siempre se puede crear más.

Durante la mayor parte de la historia se requería que más del 90% de la población trabajara en la producción de alimentos, simplemente para subsistir. Ahora podemos permitirnos tener profesiones como “monitor de pilates” o “shopping assistant”. Y si alguien cree que estas no son profesiones “como Dios manda”, que se lo piense dos veces. No es más artificial la necesidad de un “probador de videojuegos” que la de un contable.

Mientras algún ser humano tenga necesidades o deseos no satisfechos, habrá trabajo para otro ser humano capaz de satisfacer esos deseos o necesidades. Claro que muchos de estos trabajos no van a implicar acudir a un gran edificio de 9 a 5 y cobrar una cantidad fija a final de mes.

Pero si tú eres capaz de hacer algo que mejore las vidas de tus semejantes, siempre habrá quien te pague por ello.

Siempre se puede competir


Hace unos años, una persona de Infojobs me dijo que tenían más del 90% del mercado de búsqueda de empleo on-line, por lo que su única posibilidad de crecer era conseguir que el mercado fuera más grande, que más empresas se dedicaran a reclutar en Internet.

Para muchas personas, esto significa que el juego se ha acabado, que ya no puede haber competencia porque la empresa dominante ha ganado y ya nadie puede competir con ella. ¿Quién va a enfrentarse a un gorila de 250 kg?

Lo cierto es que, salvo que el Estado intervenga favoreciendo un monopolio o un oligopolio, el juego nunca ha terminado. Siempre se puede competir. La clave es redefinir el mercado, buscando un nicho (normalmente más pequeño) en el que puedes ser mejor que el gorila, por grande y fuerte que sea.

Es el caso de Experteer, una web de empleo especializada en empleo de directivos y en general perfiles altos (empleos de más de 50.000€). Aunque ya hablé por aquí de que muchas veces no compensa ganar ese dinero, lo cierto es que hay gente a la que le interesa. Y hay empresas que buscan esos perfiles.

Buscar un perfil de ese nivel, dejando aparte la clásica vía de los contactos, es complicado. Así que hay oportunidad para alguien que ayude a poner en contacto a la empresa que está buscando una persona que encaje en un puesto de ese tipo y al candidato que quiere (y puede) cubrir ese puesto.

Una de las claves es que cuando alguien escribe en Google empleo ingeniero industrial o trabajo jefe ventas llegue a Experteer y no a Infojobs. Pero si te concentras en atender bien a los que has decidido que van a ser tus clientes, es muy posible que pronto te prefieran a ti que a un genérico que mezcla estos perfiles con reponedores de hipermercado y dependientas de tienda de ropa. Y hay que tener en cuenta que una empresa grande tiene muchas menos capacidad de maniobra que una pequeña. Muchas veces es incapaz de atender a todos los segmentos del mercado con la calidad que puede hacerlo alguien que se especializa en uno de ellos.

Aunque el mercado para “búsqueda de empleo para directivos” sea mucho más pequeño que el de “búsqueda de empleo” en general, puede ser mucho más rentable. De hecho, Experteer cobra tanto a las empresas como a los candidatos. Para acceder a muchas ofertas y a todos los servicios, tienes que tener una cuenta premium. Pero está claro que si realmente ofreces un servicio que el cliente valore, estará dispuesto a pagar por ello.

Por eso, cuando veas que en el sector en el que quieres entrar hay una empresa dominante (o un puñado de ellas) no temas. Simplemente plantea una batalla en la que tú puedas ganarles.

Por qué te pagan tan poco

Es habitual oír en los mentideros del sector cómo los programadores se quejan de lo mal pagados que están y cómo les explotan las cárnicas. Queja que entiendo en parte, porque yo también fui una vez un programador contratado en precario por la subcontrata de la subcontrata de la megaconsultora (la difunta Andersen Consulting). Pero ahora sé que es inevitable que los programadores estén mal pagados, sean o no sean buenos.

Para entenderlo, basta con que te des una vuelta por la zona turística de tu ciudad y veas la oferta de los restaurantes. Con toda seguridad, la inmensa mayoría ofrecen un menú con un precio muy similar y basado en platos “típicos”. Tú sabes que apenas unos centenares de metros más lejos hay restaurantes más baratos, mejores y más auténticos, y te preguntas por qué los turistas insisten en ir a los malos restaurantes.

Lo que sucede, y os habrá pasado cuando habéis sido vosotros los turistas, es que tienes muy poca información acerca de la oferta gastronómica del lugar. Cada vez más hay quien busca en Internet, pero una buena crítica online no garantiza nada. Y por otro lado, tampoco tienes incentivos para dedicar muchas horas a analizar la oferta, porque ese tiempo prefieres dedicarlo a conocer el lugar. Así que miras tres o cuatro sitios, compruebas que el precio no es muy diferente y te metes en el que te convence un poco más que el resto. Tu comportamiento, y el de otros miles de turistas poco selectivos, presiona a los restaurantes para ofrecer comida de calidad justita a un precio casi estandarizado.

Con la oferta de “desarrolladores por horas” sucede exactamente lo mismo. El cliente no tiene ninguna manera de saber a priori si el producto (es decir, tú) será bueno o malo. No sirve la reputación de la empresa, porque no hay diferencia apreciable entre los programadores que provee Consulting Megacorp SA y los programadores que provee Desarrollos Paco SL. De hecho, es normal que los programadores de Desarrollos Paco aparezcan subcontratados en proyectos de Consulting Megacorp. Tampoco el precio sirve como referencia, porque el abanico de precios es muy corto. Consulting Megacorp tiene una sede fastuosa, comerciales perfectamente trajeados y directivos con sueldos estratosféricos, pero eso lo paga con proyectos de cientos de programadores, no cobrando tres veces más.

Y no cobra tres veces más porque no quiera hacerlo, sino porque ningún cliente se lo va a pagar. Entre otras cosas, porque el cliente no es tonto y sabe que de cada tres programadores que le vienen de Consulting Megacorp uno es un principiante, otro un torpe y el tercero un subcontratado de Desarrollos Paco, y no está dispuesto a pagar una fortuna por ese elenco de estrellas.

¿Podría entonces una empresa hacerse un hueco en el mercado ofreciendo programadores de calidad, al precio al que hay que cobrarlos? Es decir, puede una empresa pagar sueldos de 50.000€ e ir a los clientes diciendo, “te ofrezco programadores realmente competentes, con 5 años de experiencia, pero tienes que pagarme 15.000€ al mes en lugar de 6.000. Recuerda que según todos los estudios un buen programador es 5-10 veces más productivo que uno malo.”

Pues no, no podría. Porque también por el lado del cliente actúa el efecto “restaurante turístico”. Cuando el cliente subcontrata programadores “al peso”, es porque los proyectos a los que los destina no son críticos. Normalmente los tiene un tiempo prolongado, con lo que se van formando sobre la marcha, y acaban con una productividad decente para lo que cuestan. No le compensa asumir el riesgo de pagar mucho más por un beneficio que no sabe si realmente va a obtener.

Para los proyectos realmente críticos, o bien cuentan con personal propio, experto en su campo, o bien contratan el proyecto, no horas de programador. Es decir, si realmente necesitan expertos, lo que hacen es trasladar el riesgo del proyecto al proveedor: “necesito un sistema que haga X para dentro de N meses. Si no hace X para dentro de N meses, no cobras”. Como hay riesgo, hay beneficio. Y entonces el proveedor sí contrata programadores a los que paga bien para que hagan un buen trabajo a tiempo.

Por tanto, para salir de la rueda de las cárnicas, lo único que puedes hacer es:

- Dejar pasar el tiempo. De esta manera, o bien te echan de la empresa o bien te consideran un senior y pueden facturar algo más por ti (y pagarte un poco más). En cualquiera de los dos casos, ya no eres el último mono.

- Formarte y especializarte. Si la empresa solo te da cursos de Java, serás como otros miles de programadores iguales a ti, de modo que procura especializarte en algo, a ser posible algo con demanda. Bien formándote por tu cuenta, bien buscando que te coloquen en proyectos punteros.

- Hacer lo anterior y establecerte como freelance. Si realmente eres bueno, y tienes poca competencia, no tienes por qué dejar que otros se lleven todo el beneficio. Puedes eliminar un nivel de subcontrata, y ganar bastante más por hora.

Qué hacer si has terminado la carrera y no tienes trabajo

En plena crisis y con el paro por las nubes, los jóvenes que están terminando ahora sus carreras tienen unas perspectivas de encontrar trabajo poco halagüeñas. Si yo estuviera en esa situación, seguiría la estrategia que Seth Godin publicó el otro día en su blog (y que traduzco aquí):

¿Qué tal un año de postgrado haciendo alguna combinación de lo siguiente (no solo una, qué tal todo):

Dedicar veinte horas a la semana a llevar un proyecto en una ONG.

Apender Java, HTML, Flash, PHP y SQL. No un poco, dominarlos. (Aclaro: ya sé que no puedes ser un experto programador de todo esto en un año. Uso la palabra “dominar” para distinguirlo de “familiarizarse” que es lo que consigues con uno de esos libros tipo Dummies. Esperaría que pudieras escribir código que resolviera problemas, funcione y esté razonablemente claro, no que puedas programar suficientemente bien como para trabajar para Joel Spolsky. Lo siento si he levantado ampollas)

Entrena a un equipo infantil de algún deporte.

Empieza, dirige y haz crecer una comunidad on-line.

Da una charla a la semana en organizaciones locales.

Escribe regularmente una newsletter o un blog sobre un sector que te interese.

Aprende un idioma extranjero con fluidez.

Escribe tres planes de negocios detallados para proyectos en el sector que te interesa.

Autopublica un libro.

Corre una maratón.

Es mejor que un master.

Si te levantas cada mañana a las 6, dejas la tele y tratas esta lista como un trabajo, no tendrás problema en conseguir hacer todo lo que hay en ella. ¡Todo! Cuando lo hagas ¿qué pasará con tus perspectivas de trabajo?

Qué hacer si te quedas en paro

Yo he pasado dos veces por la experiencia, y he salido con bien: la primera vez aprobé unas oposiciones y la segunda creé una empresa. Pero he visto de cerca lo terriblemente destructivo que puede ser encontrarse de repente en casa sin nada que hacer así que, por si a alguien le son útiles, aquí van estos consejos:

1. Sal de casa antes de las 9

Todos los días laborables, sin excepción, madruga, aséate, vístete y sal de casa. Aunque lo único que hagas sea comprar el pan, o simplemente dar un paseo, es muy importante mantener tu horario sincronizado con el de las “personas normales”. Si no lo haces, entrarás pronto en una espiral de levantarte tarde, acostarte más tarde, pasar la mañana medio dormido y legañoso y llegar a la tarde sintiendo que se te ha pasado otro día sin hacer nada.

Si sales a la calle, además, te verás a tí mismo como una persona “activa” y no como un holgazán, y es importante primero creerlo y después transmitirlo a los demás.

2. Cuida tu imagen

Lo he dicho en el punto anterior, pero lo remarco: aséate todos los días. Mantén al menos la misma imagen que cuando estabas trabajando: aféitate, maquíllate, péinate… Y no salgas a la calle con un chándal (salvo que vayas a hacer deporte) o con ropa raída. Mantener la propia imagen es requisito imprescindible para mantener la autoestima.

3. No veas la tele

La tele es tóxica. Te hace estar quieto, pasivo, y cuando te das cuenta se te ha ido la mañana zapeando entre consejos médicos para jubilados, cocineros vascos y testimonios de marujas. Nunca, bajo ningún concepto, pase lo que pase, enciendas la tele antes de las 6 de la tarde. Si puedes no encenderla en todo el día, mejor. No tener la alternativa de tirarte en el sofá a ver la tele te obligará a dedicar tu tiempo a otras cosas, que sean las que sean serán mejores que no hacer nada.

4. Habla con gente

Estar solo, dándole vueltas a la mala suerte que tienes y lo injusto que es el mundo contigo no te va a ayudar a salir de tu situación. Al revés, minará tus posibilidades de salir de ella. Por el contrario, tomar un café o comer con antiguos colegas o amigos, puede ser una buena manera de que se acuerden de tí si por casualidad se les presenta la posibilidad de buscar a alguien para un puesto de trabajo. Y si no, al menos tendrás nuevas ideas, y estarás al tanto de lo que se cuece en el mundo laboral.

Eso sí, no utilices a tus amigos para llorarles y lamentarte de tu situación. Por muy amigos que sean, acabarán hartos de tí. Ellos, aunque tengan trabajo, también tienen sus problemas, y todo el mundo prefiere hablar con alguien optimista y animado que con un cenizo que todo lo ve negro.

5. Identifica tus fortalezas y oportunidades

Dedica un tiempo a valorar exactamente qué puedes aportar a alguien que esté dispuesto a contratarte. Valora lo más objetivamente que puedas tus conocimientos y experiencia, y piensa en qué tipo de empresas y puestos podrían ser útiles. Una buena idea es contrastarlas una referencia externa, un amigo que pueda ayudarte a separar tus fantasías de la realidad, o tal vez a descubrir cualidades que tú no has valorado.

6. Amplía tu horizonte laboral

Si tu sector está en crisis, tal vez sea el momento de plantearte un cambio en tu carrera. No tiene por qué ser un cambio radical, pero sí tienes que estar dispuesto a hacer cosas que antes no habías hecho. Un ejemplo: si hasta ahora dirigías proyectos de obras, y ya no hay obras que dirigir, tus conocimientos de dirección de proyectos pueden ser útiles en otros campos.

Intenta identificar sectores en alza, puestos más demandados, y mira en cuáles podrías encajar con más facilidad.

7. Complementa tu formación

Compara lo que sabes con lo que demanda el mercado y apresúrate a rellenar los huecos. Ya que tienes tiempo dedícalo a formarte. Si los cursos que hay en el INEM son muy básicos y no encajan en tu perfil, paga otros de tu bolsillo si es preciso.

8. Vete un par de meses a Inglaterra o Irlanda

Si no tienes un nivel de inglés aceptable, como para tener una conversación profesional, es el momento de ponerte al día. El nivel de vida ahora no es mucho más caro, y es probable que puedas encontrar un trabajo, aunque sea cutre, para compensar los gastos. Quién sabe, a lo mejor incluso encuentras un trabajo que se ajuste a tus expectativas.

No es que saber inglés te abra puertas, es que no saberlo te puede cerrar muchas. Si estás dos o tres meses en un país de habla inglesa aprenderás lo suficiente como para manejarte, incluso aunque no des clases. Examinarte en el British Council para tener un título oficial, a la vuelta, cuesta alrededor de 100 euros, así que no tienes excusa para no hablar inglés de una vez.

9. Ponte a buscar trabajo desde el primer día

Aunque tengas muchos meses por delante con el dinero del “paro”, el tiempo vuela, y para cuando te des cuenta estarás angustiado pensando en cómo van cayendo las últimas hojas del calendario que marcan la fecha en que te quedarás sin nada. Empieza desde el principio a buscar trabajo.

Y buscar trabajo no es enviar curriculums idénticos sin ton ni son a cualquier empresa que se te ocurra. Eso solo vale para justificarte “es que he enviado más de tropocientos curriculums, y no he conseguido ni una entrevista…”. Ni la vas a conseguir así.

Busca en los portales de empleo, actualiza allí tu perfil, adapta y retoca tu curriculum para cada uno de los puestos a los que optas, haz un seguimiento de cada oferta… ten en cuenta que tu trabajo ahora es buscar trabajo, así que deberías dedicarle a ello al menos ocho horas diarias.

10. Usa las redes sociales profesionales

Un gran porcentaje de los trabajos se consigue a base de contactos. No se trata tanto de “enchufe”, como de confianza. LinkedIn o Xing son muy útiles para ampliar tu red de contactos profesionales, y una recomendación de un conocido común puede ser decisiva para que encuentres trabajo.

11. No prepares oposiciones

Puede parecer contradictorio, viniendo de alguien que aprobó unas oposiciones estando en paro, pero he visto a gente hundirse más en su situación por empeñarse en sacar unas oposiciones.

En tiempos de crisis las oposiciones se hacen atractivas para más gente, así que compites con más personas para conseguir un puesto y eso las hace más difíciles. Más importante: el proceso es largo, y es normal que te encuentres que has invertido un año entero para nada. En tu curriculum hay un hueco cada vez más grande así que, como el ludópata que va perdiendo en el casino, empiezas a creer que tu única oportunidad de recuperar lo invertido es seguir apostando.

Al final se te acaba la prestación, no has encontrado un trabajo en la empresa privada, no has aprobado, cada vez te enfrentas a los exámenes con más angustia (esto mina tus posibilidades de hacerlos bien), y acabas siendo “opositor” durante años.

12. Acepta cualquier trabajo

O casi cualquiera. Aunque antes tuvieras un puesto y un sueldo muy superior a los que te ofrecen ahora, es preferible aceptar casi cualquier cosa antes que seguir en paro. Aunque tengas un dinerillo ahorrado de la indemnización, y recibas una prestación todos los meses, eso se acabará antes de lo que piensas, y entonces lamentarás no haber aceptado el trabajo que ahora rechazas.

Por otro lado, es mucho más fácil conseguir un nuevo trabajo teniendo ya uno que desde el paro. Y si en tu curriculum no queda bien haber pasado a un puesto inferior, peor queda tener un hueco de meses. Al fin y al cabo, si alguien te pregunta por qué aceptaste ese trabajo, siempre puedes decir algo en la línea de “soy una persona muy trabajadora y para mí es importante ser útil y tal… además suponía una oportunidad para conocer ese sector / ampliar mi experiencia / desarrollar nuevas habilidades…”

13. Haz “chapuzas”

Tradicionalmente, la salida para muchos parados mientran encontraban otro puesto “fijo” ha sido “echar una mano al cuñado” que le pagaba unos eurillos. Esto no está limitado a fontaneros o electricistas, sino que puede hacerlo casi cualquiera: consultorías, traducciones, pequeños proyectos, clases… Además de recibir un dinero extra, te mantiene activo y te permite conocer gente que puede ser el origen de un puesto de trabajo.

La legalidad de una cosa así, es cosa de cada uno. Pero si es preciso, por la envergadura del proyecto, puedes suspender durante unas semanas la cobertura por desempleo sin perderla.

14. Piensa en el autoempleo

Si ves que haciendo esas “chapuzas” te va bien, piensa que la mejor manera de no quedarte nunca en el paro es no depender de que otro te dé trabajo. Según tus habilidades, como freelance puedes ganar mucho más trabajando menos que antes. Y sin que una crisis te deje con una mano delante y otra detrás. O incluso, si te ves con fuerzas, puedes arriesgar y crear una empresa.

15. Escribe un blog

Ahora que tienes tiempo, dedica al menos una hora al día a escribir un blog relacionado con tu sector de actividad. Es una apuesta a largo plazo, porque los primeros meses apenas te leerá nadie, pero puede ser decisivo para construir tu marca personal y que otros te vean como un experto en tu campo.

No es preciso que escribas con la precisión de Borges o la contundencia de Cela. Basta con que se te entienda, y que demuestres que sabes de lo que hablas. Si le pasas un corrector ortográfico, mejor. Mézclate en la conversación con otros bloggers, comenta en sus blogs, opina, discute, y poco a poco empezarás a ser conocido, y serás la figura de referencia para muchos que busquen a alguien con tu perfil.

Al fin y al cabo, yo sé a quién llamaría si necesitara un experto en gestión de proyectos, en procesos o en redes sociales.

Creative Commons License photo credit: * Jerry *

Tú no has tenido un problema en tu vida

Eso me dice Lucía en un comentario a mi post sobre las señales para no contratar a un candidato. Creo que tiene mucho que ver con el post que ha hecho el amigo Medinilla, que debía tener ganas de un poco de follón para acabar la semana.

Aunque no creo que haga falta, querida Lucía, te explico:

Sí he tenido problemas en mi vida. La semana pasada, uno de mis hijos estuvo en la UCI por una encefalitis. Yo he pasado por un linfoma. ¿Te parecen pocos problemas?

A lo mejor te refieres al ámbito laboral. Pues he sido despedido de una empresa, y otra dejó de pagarme y acabamos en juicio. Y como empresario, he tenido que sufrir para pagar las nóminas, y créeme que eso sí que es un problema. Y por supuesto en mis más de quince años de vida laboral he sufrido mi cuota de organizaciones absurdas, de jefes ineptos, de malos compañeros, de subordinados que intentan hacerte la cama.

Pero no me quejo. De ninguna de esas cosas, ni siquiera del linfoma. Gracias a que una empresa no me pagó, aprobé unas oposiciones y ahora soy funcionario. Gracias a que otra empresa me despidió, di el paso de crear mi propia empresa. Los palos con la gente me han hecho madurar, y descubrir también el compañerismo y la amistad en otras personas.

Y no solo no me quejo porque muchos problemas se han convertido en oportunidades, sino porque yo me comparo con la generación de mis padres, y veo lo afortunado que soy. Porque resulta que mis padres no pudieron estudiar. A los 14 años tuvieron que ponerse a trabajar. Mi padre empezó de botones en un banco y llegó a tener un puesto muy alto, entre otras cosas porque estuvo dispuesto a hacer las maletas y a cambiar de ciudad cuando le ofrecieron oportunidades.

Muchos de los nacidos en los años 30 o 40 tienen historias similares. Historias de gente que nació en una aldea, que tuvo que irse de casa y ponerse a trabajar siendo apenas un adolescente. Gente que llegó a ciudades como Madrid o Barcelona sin nada, sin conocer a nadie, y que trabajaban como negros para que sus hijos pudieran ir a la universidad y tener un futuro mejor.

Y ahora tenemos a niñatos que se quejan de cobrar 700€, a pesar de que tienen un ***Título de Ingeniero***. Que no están dispuesto a trabajar ni una hora de más. Que por esa pasta, no están dispuestos a pensar. Que llevan 15 meses en la misma empresa cobrando 678. (Comentarios reales del post de Ángel)

Francamente, no me dan ninguna pena. O mejor dicho, sí me la dan, pero no por sus condiciones laborales, sino por su falta de espíritu. Son pobre gente, desgraciados que se han convencido a sí mismos de que el mundo está en su contra y que han optado por conformarse con lo que les den para no tener que enfrentarse a nada.

Cualquiera puede cambiar su situación, y más si es universitario. Puedes cambiar de empresa, si la tuya te trata mal. Puedes formarte en tecnologías nuevas y demandadas, de manera que puedas exigir más sueldo. Puedes asumir responsabilidades y demostrar a tus jefes que pueden confiar en ti para puestos más importantes.

Y cualquier informático puede arriesgarse a montar un negocio y ser él el jefe. Solo necesitas un móvil, un PC y una conexión a Internet, y cualquier joven tiene uno. Pero es más cómodo lloriquear acusando a los malvados empresarios de lo poco que pagan a los pobrecitos trabajadores, con su título de ingeniero y todo.

Esos que se quejan en el post de Ángel pueden seguir cobrando 700€ porque ya les da para copas y coche, y viven muy cómodos con sus papás (quejándose de que no pueden comprar una casa, eso sí). No están dispuestos a dejar su ciudad, y hasta la carrera la han hecho en una universidad de tercera porque les pillaba más cerca de casa de mamá. Y ahora es mucho más fácil para cualquier informático ir a trabajar a Irlanda o Inglaterra de lo que lo era para un joven sin oficio salir del campo y emigrar a Madrid o Barcelona en los 60 o 70.

Pero los que emigraron en los 60 eran hombres y mujeres que sabían que su futuro dependía de sí mismos. Los que ahora se quejan de lo poco que les pagan y no hacen nada para cambiarlo son niñatos que no han tenido un problema en su vida.

Creative Commons License photo credit: nyki_m

Crítica del salario mínimo


¿Por qué es perjudicial que exista un salario mínimo interprofesional, por debajo del cual no se puede contratar a nadie?

Pongamos un ejemplo:

Juan tiene un restaurante, le va bien y lo tiene lleno los viernes y sábados por la noche. Calcula que con un camarero más podría atender a tres mesas más cada noche, que le proporcionarían un beneficio de 300 euros adicionales al mes. Así que hace sus cuentas y piensa: “si pago 25 euros cada noche de trabajo, por 8 noches al mes, pago 200 euros, que con la Seguridad Social se me ponen en 266. Voy a ver si puedo contratar a alguien por ese dinero”.

Por otro lado, María es estudiante universitaria. Quiere ganar algún dinerillo para pagarse los libros y ayudar algo a sus padres, pero no quiere dedicar mucho tiempo. El trabajo de camarera en el restaurante de Juan le parece aceptable (aunque preferiría cobrar más, claro).

Juan y María podrían ponerse de acuerdo, y los dos saldrían beneficiados. Pero llega el gobierno, y dice que el salario mínimo diario en 2008 es de 28,42 euros si se trabajan menos de 120 días para la misma empresa. Juan hace sus cuentas, y con seguros sociales eso se le pone en 302,39 euros al mes. Más de lo que espera ganar con el trabajo de María. Así que Juan se queda con el personal que tiene, deja de ganar el dinero que esperaba y María deja de ingresar ese dinerillo que tan bien le podría venir.

¿Es un explotador Juan por querer pagar tan poco? No, simplemente no tiene margen para pagar más. También tendría que renunciar a ese ingreso extra si no encontrara a nadie dispuesto a trabajar por 25 euros la noche, por ejemplo. El empresario busca un recurso por un precio máximo. Si no lo encuentra, será que ahí no hay negocio, y se conformará con lo que tiene o buscará otras alternativas.

¿Estaría explotada María cobrando 25 euros por noche? No, porque nadie le obliga a aceptar ese trabajo. Si prueba y descubre que el sueldo no le compensa su esfuerzo, puede dejarlo y buscar otra alternativa.

El problema es que el SMI distorsiona la relación entre Juan y María, impidiendo que ambos obtengan un beneficio.

En general, el argumento para defender el SMI es que si no se establece un mínimo los empresarios fijarán sueldos ínfimos, y los trabajadores sin alternativa tendrán que aceptarlos.

El primer error es creer que el sueldo lo fijan unilateralmente los empresarios. Como hemos visto en el ejemplo, para que se produzca un contrato las dos partes tienen que considerar que salen beneficiadas. Si el trabajador cree que su tiempo vale más que el dinero que le ofrecen por él, no aceptará la oferta. El empresario, si tiene margen, tendrá que pagar más para conseguir empleados, y si no tiene margen tendrá que buscar otro negocio. Igual que le sucede cuando sube el precio de la electricidad, por ejemplo. Y es que el trabajador no es más que otro proveedor de la empresa. Unos proveen materias primas, otros suministros, y los trabajadores proveen tiempo (y habilidades).

Por otro lado, no solo el trabajador tiene la última palabra a la hora de aceptar un salario. Los empresarios (al menos los que yo conozco) no se reúnen en clubs atendidos por mayordomos a comer faisán, fumar puros y consultar la prensa económica con su monóculo, mientras acuerdan bajar aún más los salarios de los obreros. Los empresarios compiten entre sí por los mejores trabajadores. Si un empresario pretende aumentar su margen de beneficio reduciendo los sueldos, encontrará pronto que la competencia (que paga mejor) le roba a sus trabajadores, y él se queda con los más torpes, los que producen menos y generan menos ingresos.

Por último: si empresario y trabajador quieren llegar a un acuerdo, y la ley no se lo permite, existe la solución de contratar al margen de la ley. Solución mala para todos: el trabajador queda absolutamente desprotegido, precisamente como consecuencia de una medida que iba a proteger sus ingresos; la empresa se arriesga a sufrir las consecuencias de una inspección de trabajo; y el Gobierno pierde la oportunidad de cobrar sus impuestos.

Para muchas personas como estudiantes que buscan un empleo a tiempo parcial, inmigrantes sin conocimientos o jóvenes no cualificados en busca de su primer empleo, el SMI significa que o bien no pueden conseguir trabajo, o bien se les hacen contratos “en negro”.

Termino con una cita de Paul Samuelson, profesor del MIT, premio nobel de economía y no precisamente liberal (en 2003 firmó contra la reducción de impuestos de Bush) y que en 1970 decía:

¿Qué bien le hace a un joven negro saber que un empleador debe pagarle $2 por hora si la circunstancia de que se le debe pagar esa suma es lo que le impide conseguir un trabajo?