Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Por qué fallan los sistemas de productividad personal


Os voy a confesar que soy un perezoso. Sí, un tío que además de su trabajo “normal” escribe aquí dos o tres veces por semana, que ha publicado un libro, que va habitualmente a eventos como Iniciador, que crea cosas como Scrumbiz y que dedica horas a ponerlo en práctica… es un perezoso. Lo que sucede es que soy un perezoso fracasado. Un perezoso con aficiones que otros valoran. Un falso productivo.

Me explico.

Aviso: rollo autobiográfico (te lo puedes saltar si vas con prisa)

Todo empezó en el colegio. Yo sacaba buenas notas sin esforzarme, por lo que no desarrollé hábitos de estudio. Pocas veces en toda mi vida de estudiante dediqué más de una hora a hacer los deberes, y esas pocas veces cuando era algo extraordinario como escribir un cuento. Jamás estudié para un examen salvo el día antes.

Y como me iba bien y no perdía dos o tres horas haciendo deberes, dedicaba mi tiempo a cosas como leer mucho, leer revistas científicas, mirar cositas por el microscopio, jugar con el Quimicefa (el bueno, el que tenía experimentos divertidos)… Obviamente, con todo esto las notas mejoraban, pero yo no lo consideraba trabajo. Y la ventaja de leer mucho es que aprendes a leer rápido, y simplemente eso te hace mucho más eficiente.

Tener buena memoria ayuda, sobre todo si tienes una vida sencilla como la de estudiante. En mi época no había agendas escolares, de modo que teníamos que acordarnos de cosas como entregar las notas firmadas, si había que llevar un material para plástica, o la fecha del examen de matemáticas. Yo a menudo fallaba en esto, básicamente porque no apuntaba nada y mi cabeza estaba en otras cosas. Pero por lo general no había consecuencias negativas.

El problema es que en la Universidad, en algunas asignaturas al menos, había que estudiar. Y yo no estaba preparado. Así que suspendí un par de asignaturas, y tuve que programar mi esfuerzo para aprobarlas. Pero como fue algo excepcional, en general seguí sin hacer nada más que esperar a los dos o tres últimos días antes del examen, encerrarme a estudiar como un loco, y pasar a otra cosa una vez aprobada la asignatura. De nuevo, el hecho de no apuntar nada me jugó algunas pasadas como llegar a un examen justo cuando acababa de terminar.

Pero saqué la carrera, y como no le dedicaba mucho tiempo al estudio, podía dedicar muchas horas a programar (mi primer dinero lo gané con un jueguecito para el Spectrum que envié a una revista). Nuevamente, esto de la informática no era trabajo, y por supuesto no tenía ningún sistema para ser más productivo, ni en los estudios ni con los ordenadores.

Una vez en el mundo laboral, he compaginado un trabajo en horario completo con cosas como aprobar unas oposiciones, traducir un libro, escribir otro, desarrollar aplicaciones para pequeños negocios, dar clases en una universidad, escribir un blog… pero nuevamente sin método, confiando en mi memoria y simplemente dedicando tiempo a cosas que me apetecía hacer y que a mi no me sonaban como trabajo (aunque para otros lo fuera). Pero la vida de adulto es mucho más complicada que la de estudiante, hay que recordar muchas más cosas, las consecuencias de no cumplir con todas tus obligaciones son más serias, tienes menos tiempo libre y más presión para hacer más en ese tiempo…

Uno piensa que necesita aprovechar mejor el tiempo, y que sería fantástico tener una forma de no olvidar sus compromisos. Y entonces descubre los sistemas de productividad, hace algún curso de gestión del tiempo, investiga sobre el GTD, prueba herramientas, sistemas… y nada de esto funciona.

Por qué no funcionan los sistemas de productividad

Lo cierto es que para ser precisos debería decir por qué no funcionan con gente como yo: caóticos, con mil ideas y mil proyectos empezados, curiosos, vagos, acostumbrados a tener éxito con poco esfuerzo…

La clave es que todos los sistemas de productividad personal requieren disciplina. Clasificar los inputs según llegan, elaborar y mantener listas de tareas, etiquetar, crear proyectos y contextos que sirvan de base para las tareas, priorizar, consultar el sistema antes de hacer nada… todo esto requiere un esfuerzo y una disciplina que seguro que acaba rindiendo. Pero precisamente los que más necesitamos de la ayuda de un sistema de productividad personal somos los que carecemos de disciplina.

Aumentar la productividad aplicando GTD es como aprobar estudiando. Claro que lo consigues, pero no tiene gracia. Ojo, si eres de los que en el colegio o en la universidad era capaz de hacer esquemas de cada tema y de ponerse a estudiar dos horas cada día aunque no hubiera examen en el horizonte, entonces seguro que algo como el GTD te es muy útil. Puedes dejar de leer esto y empezar a seguir a José Miguel Bolívar.

Pero si eres un vago como yo, aplicar un sistema de productividad va a ser misión imposible. Podrías intentar cambiar. Hacer un curso, usar una de las infinitas aplicaciones de listas de tareas, comprar una agenda… pero la cruda realidad es que lo único que vas a conseguir es perder el tiempo investigando métodos, probando herramientas e intentando aplicar los últimos consejos que has leído por ahí.

Para que eso funcionara tendrías que cambiar radicalmente de forma de ser. No digo que no se pueda, digo que normalmente el esfuerzo es tan grande y la recompensa está tan lejos que lo normal es abandonar antes de haber conseguido resultados.

Por eso, si eres indisciplinado, si cambias de intereses cada dos por tres, si eres de los que olvidan citas, si trabajas muchas horas pero no sabes en qué se te va el tiempo, si tu idea de archivar un documento es echarlo en un cajón con otro montón de papeles… entonces sí que te interesa seguir la serie sobre técnicas de productividad personal que voy a ir explicando durante las próximas semanas.

Este es el plan (a un tema por semana)

Conceptos
Procrastinación y acrasia
Deberes y metas
La zona

Técnicas
Cambia tu humor
Condiciones externas (sueño, entorno, ruido)
Scrum for One
Engáñate a ti mismo
Procrastinación productiva
Herramientas

Cosas mejores que ver la tele

Hoy Seth Godin dice esto en su blog:

La televisión era una gran opción cuando
a) no había muchas otras opciones
b) todo el mundo veía lo mismo, así que necesitabas verlo para estar educado.

Ahora, sin embargo, podrías:

  • Llevar una pequeña tienda en eBay
  • Escribir un blog diario
  • Escribir una novela
  • Empezar una comunidad online sobre tu pasión favorita
  • Ir a encuentros en tu ciudad
  • Ofrecerte voluntario para enseñar a un niño, en persona u online
  • Aprender un nuevo lenguaje, verbal o de programación
  • Escribir, a mano, notas de agradecimiento cada tarde a la gente que te ha ayudado o que ha hecho un buen trabajo
  • Producir cortos y publicarlos online
  • Escuchar una de las mil óperas más importantes
  • Leer uno o dos libros cada tarde
  • Jugar al Scrabble con tu familia

Como Godin, yo tampoco veo la tele. Para ser sincero, veo alguna serie que me bajo con la mula, lo que supone 20 o 40 minutos, los días que le dedico un ratillo a esto.

El otro día supe que una conocida había cogido un año sabático para escribir un libro. Yo he escrito el mío sin dejar de trabajar, porque dedico a escribir muchas horas que otros dedican a ver la tele.

¿Qué podrias hacer tú con el tiempo que ahora dedicas a ver la tele?

Pis, pijama, dientes y a la cama

Esa frase, recitada con tonillo musical, es la que repiten los niños en el campamento al que han ido mis hijos pequeños este verano para recordar lo que deben hacer al acostarse. Cuando tienes decenas o centenares de niños, y cada uno trae sus propias costumbres, necesitas homogeneizar el comportamiento de todos para que la cosa funcione de manera más o menos automática. No hay un papá o una mamá que pregunten cada cinco minutos “¿Ya te has lavado los dientes?” o que insistan en que el crío se ponga el pijama de una vez, así que la frasecilla es un buen truco.

Los niños agradecen que se establezca de manera clara qué deben hacer en ese momento, porque aunque la tentación de distraerse cada cinco minutos es muy fuerte, al mismo tiempo les crea una situación de estrés. Mi hija pequeña me contaba que los primeros días en el campamento lo pasó peor “porque no sabía cuándo íbamos a hacer las cosas”. Después, cuando ya tenía interiorizada la rutina de desayuno, actividades, piscina, etc., ya pudo relajarse.

Pero también a los adultos desarrollar hábitos nos facilita la vida. Me he quitado la barba este verano, lo que significa que ahora tengo una tarea más que hacer por las mañanas (afeitarme). Pues bien, incorporar esta tarea en mi rutina me ha supuesto unos días de desconcierto. Por ejemplo, a veces he salido del cuarto de baño para volver a entrar inmediatamente porque no me había lavado los dientes o no me había puesto desodorante.

¿A qué viene todo esto? Pues que el desarrollo de hábitos es una de las claves de la productividad y la mejora personal. Seguro que muchos de vosotros, a la vuelta del verano, os habéis propuesto introducir alguna mejora en vuestras vidas: dormir más, hacer más ejercicio, comer menos, estudiar inglés, escribir en el blog a diario…

El problema es que esas mejoras suponen introducir cambios en nuestras vidas, y la tendencia natural es a mantener los hábitos ya creados. El cambio supone racionalizar y realizar conscientemente unos actos que, aunque no sean difíciles en sí mismos, rompen la rutina que ya tenemos establecida. Y nuestro inconsciente tiene preparadas buenísimas excusas para permitirnos a nosotros mismos dejar nuestro propósito para más tarde, o para el día siguiente, o para el año siguiente.

Por eso, lo mejor que puedes hacer si realmente quieres cambiar algo, es hacerlo de la manera más rutinaria posible: siempre a la misma hora, de la misma manera, antes y después de otros hábitos ya formados, en el mismo entorno, con las mismas herramientas y hasta con la misma ropa si es preciso. Así conseguirás convertir tu deseo de mejorar en un hábito más, tan difícil de romper como el resto de tus hábitos.

Tecnología para tu empresa

Sea como sea tu negocio, necesitarás unas herramientas tecnológicas para dirigirlo y gestionarlo. Tu responsabilidad más importante es saber cómo están las cosas, y eso supone manejar información y compartirla con otros. Ahora bien, antes de lanzarte a por un ADSL, un ordenador y una impresora, debes saber qué necesitas, para qué lo necesitas, y como puedes conseguir que sea fiable y barato a la vez.

La buena noticia es que ahora cualquier microempresa puede tener, por muy poco dinero e incluso gratis, herramientas tecnológicas que antes solo estaban reservadas a las grandes. Si creara una empresa ahora, esto es lo que yo haría:

1. Compra un portátil barato para cada trabajador. Los hay por 400 euros, ya no hay diferencia de precio respecto a los sobremesa, y un portátil te permite trabajar desde cualquier sitio. Podrías comprarlo de segunda mano, pero el problema es que las baterías van dando menos tiempo útil con el uso, y te puedes encontrar con que tu portátil no aguante más de 10 minutos sin estar enchufado. Procura que sea de una marca conocida: Acer, HP/Compaq, Dell, Lenovo. Así tendrás mejor soporte, más facilidad para repararlo, encontrar drivers, etc.

En cuanto a características, con que tenga unos cuantos puertos USB, ya vale. Lo demás (memoria, procesador, disco…) seguro que viene en cantidades de sobra para tus necesidades.

No se te ocurra usar el mismo equipo que tienes en casa para que los niños hagan los deberes o que usas tú para jugar. Primero por la tentación que supone echar una partidita a un juego que ya tienes instalado, luego por la mala imagen si lo llevas a un cliente y aparecen iconos de juegos (o imágenes guarras, que todo puede pasar), y por útlimo porque te juegas que en plena entrega de proyecto, cuando más lo necesitas, hagan su efecto los virus que has ido pillando por ahí.

2. Instala Ubuntu. Aprender a usarlo puede tener una pequeña curva de aprendizaje, pero te será rentable en el tiempo que ahorras a medio plazo. Tienes ya preinstalado la mayor parte del software que necesitas, y las actualizaciones no pueden ser más sencillas. Cuando hay que actualizar algo, Ubuntu te lo propone, das a aceptar y él se encarga de todo. Nunca tendrás un virus, ni tendrás que reinstalarlo entero porque el registro se ha ido corrompiendo al instalar y desinstalar software. Si necesitas ejecutar un software de Windows, puedes usar Wine (se ejecuta como si fuera una aplicación Linux) o VirtualBox (se instala muy fácilmente, y es una máquina virtual, lo que supone tener un Windows completo ejecutándose dentro de Ubuntu).

Ah, y con Ubuntu todas las aplicaciones son libres y gratis, con lo que no tienes que elegir entre pagar cientos de euros por una licencia o estar en una situación legalmente precaria.

3. Contrata un móvil para la empresa. Aunque la empresa seas tú solo y ya tengas tu móvil particular. Conviene distinguir entre uno y otro, que no te llame un amiguete en mitad de una reunión importante, o que el tono sea demasiado “festivo”, o que se te mezclen en la agenda contactos profesionales con familiares. Y sobre todo, que puedas tener una factura separada y conozcas los costes que supone la telefonía móvil para tu empresa.

4. Valora la conexión a Internet móvil. Si solo trabajas desde casa no te hace falta, pero si te mueves puedes ser mucho más productivo si eres capaz de conectarte en cualquier momento sin depender de wifis ajenos.

5. Registra tu dominio y abre una cuenta Google Apps para tu empresa. Registrar el dominio cuesta alrededor de 10 euros al año, y es un elemento fundamental para establecer tu marca. Google Apps es gratis para el nivel de prestaciones que requiere una pyme, y te ofrece correo electrónico con las prestaciones de Gmail pero con tu dominio propio, además de otras herramientas de colaboración.

6. Contrata un hosting para tu página web. Ahora cualquiera que se interese por tu empresa esperará encontrarla en la web, de modo que tienes que tener una. Hay hostings decentes por algo menos de 100 euros al año, de modo que tampoco es un gran gasto. Asegúrate de que tu proveedor de hosting ofrece una instalación fácil y automática para WordPress, Joomla o Drupal, que son gestores de contenidos libres que te facilitarán la creación de una web con aspecto profesional. Tienen además módulos con los que puedes hacer cosas como enviar emails a clientes que se suscriban a un servicio de noticias, hacer comercio electrónico y muchas cosas más.

7. Date de alta en LinkedIn, Facebook y Twitter. Para sacar partido a Facebook y Twitter tienes que dedicarle un tiempo (y pensar bastante tu estrategia), pero para muchas empresas incipientes son excelente herramientas de marketing. En LinkedIn puedes encontrar contactos profesionales que pueden serte de ayuda.

8. Usa aplicaciones on-line. Si vas a trabajar desde casa, colaboras con freelance o con otras empresas que no están en tu oficina, viajas, tienes que trabajar el fin de semana… necesitas tener acceso permanentemente a tus aplicaciones, estés donde estés. El portátil soluciona parte del problema, pero si tus aplicaciones están en Internet ni siquiera dependes de que tu ordenador funcione. Si ocurre un desastre puedes pillar cualquier ordenador, ir a cualquier sitio que tenga Internet y seguir trabajando con todos tus datos.

En ASPGems ofrecen desde hojas de gastos hasta aplicaciones de gestión de ventas, muy fáciles de usar y muy baratas o incluso gratuitas. Y 37Signals tiene también aplicaciones sencillas (baratas o gratis para uso básico) para gestión de proyectos o compartir ficheros.

9. Usa una aplicación de gestión de ventas. Tu tarea fundamental, lo que debes hacer todos los días sin excepción, es vender. Las ventas (y los consiguientes cobros) son el fluido vital de tu empresa. Sin ventas, no hay negocio y cierras. Así que te interesa tener muy controlado todo el proceso: con quién contactas, en qué momento del ciclo de ventas está cada oportunidad, qué acciones has hecho con cada cliente, a quién tienes que llamar o enviar una información…

Puede ser la de ASPGems, SalesForce (que es la reina en este campo, pero es posible que sea un poco compleja) o una aplicación software libre que instales en local o en tu hosting (vTiger o SugarCRM). Lo que sea, pero usa algo más que tu memoria, tu correo electrónico y tu móvil.

10. Aplicación de facturación y contabilidad. Al principio es posible que baste una hoja de cálculo, si una gestoría lleva tus papeles. Pero en cuanto las cosas se compliquen y tengas varios clientes y varias facturas al mes, necesitas un poco más de control. En softonic puedes encontrar aplicaciones gratuitas que pueden cumplir perfectamente este cometido.

11. Usa Google Docs. Aunque Ubuntu venga con OpenOffice (que también existe y es gratis para Windows), te interesa usar Google Docs. Para documentos sencillos es más que suficiente, te facilita enormemente colaborar con otros en el mismo documento, y Google se encarga de guardarlo y que siempre esté disponible en Internet, allí donde lo necesites.
Hay quien tiene problemas con la confidencialidad, pero seamos realistas: ni tu empresita ni sus documentos le importan a nadie. Si alguna vez llegas a desarrollar secretos industriales que a Google pueda tener tentaciones de robarte, a lo mejor tienes que plantearte alguna alternativa. Para el 99,9999% restante, Google Docs es perfecto.

12. Usa Firefox. No solo porque es mucho más seguro que Internet Explorer, sino porque has centenares de extensiones que pueden hacer que seas mucho más productivo en Internet.

13. Impresora multifunción. La oficina sin papeles es una utopía: lamentablemente, tendrás que imprimir alguna vez. Si ya tienes una impresora en casa puedes tirar con ella al principio, pero las máquinas no son caras (lo que es caro es la tinta) así que tener dos supone una cierta tranquilidad y no mucho más coste.

Si la impresora además tiene escáner, es conveniente que adoptes la costumbre de escanear cualquier documento según lo recibas. De este modo, y si lo ordenas bien, puedes tener fácilmente una copia siempre a mano sin necesidad de bucear en carpetas y archivadores. Y además funciona como fotocopiadora, que resulta muy cara para muchas copias, pero te evita desplazamientos si tienes que hacer pocas copias.

En cuanto al fax, no soy partidario. Aunque todavía hay quien te pide un fax de vez en cuando, en general suelen aceptar la alternativa de que envíes un correo electrónico. Y si es imprescindible enviar, siempre puedes ir a un locutorio o similar que tengan el servicio.

Aparte de esto, habrá necesidades específicas en función de tu negocio: aplicaciones de diseño, software de CAD, lo que corresponda en cada caso. Siempre es una buena práctica valorar varias alternativas y hacer un pequeño análisis de prestaciones / coste antes de elegir. Y uno de los criterios debe ser siempre la sencillez y facilidad de uso. No todo el mundo necesita PhotoShop para retocar fotos, por ejemplo. Para usos comunes (recortar o corregir luminosidad o colores), con Picasa que es gratis basta y sobra.

Lo que no es recomendable es usar software pirateado. Entre otras cosas, porque suelen ser una vía de entrada de virus. Menos aún si tienes empleados: supone una señal no verbal de que en tu empresa se aceptan comportamientos cuando menos poco elegantes.

Creative Commons License photo credit: DeaPeaJay

Trabajar desde casa

Las historias de emprendedores como Steve Jobs, Jeff Bezos o Hewlett y Packard que crean una megaempresa desde el garage de su casa nos atraen a todos. Empezar desde casa, además de permitirnos ahorrar el dinero del alquiler de un despacho (cosa que no viene mal al principio, cuando necesitamos controlar cada céntimo) evita el traslado diario, y eso en una gran ciudad puede significar que tenemos una o dos horas más cada día que dedicar a la empresa.

Pero trabajar desde casa tiene sus inconvenientes, y muy serios. Es muy muy fácil, si uno se deja deslizar por la pendiente de la dejadez, encontrarse unos meses más tarde tirado en un sofá con un plan de negocio que no se llegó a terminar nunca, con una página web a medio hacer, con el dinero que teníamos para montar la empresa agotado, con algún contacto pendiente de llamar desde hace semanas y con decenas de horas invertidas cada mes en ver programas de televisión para marujas.

Así que, por si son de utilidad, aquí van mis consejos para conseguir ser productivo trabajando desde casa:

1. Madruga. Nunca deberías levantarte después de las 9, y sería mejor hacerlo antes de las 8. Hay gente que trabaja mejor por la tarde, o incluso por la noche, pero aunque uno se haya acostado a las dos de la mañana es mejor echar una siesta para compensar las horas de sueño perdidas que levantarse tarde.

Cambiar el horario con respecto al resto del mundo hace que no estés disponible cuando otros lo están. Pero sobre todo impide que tengas un horario estable, en el que haya unas horas de trabajo al día aseguradas.

2. Cuida tu aspecto todos los días. No es cuestión de ponerse chaqueta y corbata para trabajar en casa, pero no deberías prescindir de la ducha y el afeitado (o el peinado en el caso de las féminas) ni de vestirte con ropa diferente a la que has utilizado para dormir. El rito del aseo y el vestido ayuda a ponerse en situación de trabajar.

3. Lleva a los niños al colegio. Aunque a tu pareja le venga bien, hazlo tú. Te obliga a madrugar y a ponerte en funcionamiento desde primera hora del día. Además hablas con gente, aunque sea pequeñita y llorona, y eso cambia tu estado mental.

Si no tienes niños, sal a comprar el pan o el periódico. O vete al banco a hacer una gestión. Lo que sea, pero salir de casa pronto te obliga a vestirte y asearte, y ver gente y hablar con ella nos impide caer en la dejadez.

4. Planifica tu día. Aquí cada uno tiene su receta: hay quien empieza por las tareas rutinarias para quitárselas de enmedio, quien prefiere empezar por lo importante, quien organiza la jornada en bloques estrictos o quien simplemente tiene una idea general de lo que debe hacer por la mañana o por la tarde.

Eso es lo de menos, con tal de que sigas un sistema que funcione y de que al final del día hayas conseguir hacer el trabajo que te propusiste. Lo importante es saber antes de empezar qué quieres conseguir ese día, qué tareas tienes pendientes y organizar el trabajo de modo que lo más urgente no quede sin hacer.

Uno de los problemas de no tener un jefe que te exija es que puedes caer en la tentación de dedicarte a lo que más te gusta, y no siempre eso es lo más necesario para la empresa. Puede ser más gratificante desarrollar un nuevo producto que preparar una declaración de impuestos, pero no dar parte de tu tiempo (además de tu dinero) a Hacienda suele tener consecuencias desagradables.

5. Organiza tu lugar de trabajo. Es posible que no tengas un garaje que dedicar a tu empresa, pero siempre debes tener al menos un rincón exclusivo. Unas estanterías para los papeles, un puesto de trabajo con todo lo necesario y un ordenador, impresora y teléfono móvil dedicados sólo a la empresa. No, no sirve el ordenador de los niños, porque tendrá un virus justo el día que tengas que usarlo para algo importante. Y tampoco funciona tener un portátil que llevas de un lado a otro de la casa en función de lo que haga el resto de sus habitantes. Para concentrarse y ser productivo, no puedes perder el tiempo buscando cosas que no están a mano.

6. Exige respeto a los que conviven contigo. Separa claramente las horas de trabajo de las que estás disponible para el resto de la familia, negocia estas horas y una vez aceptadas por todos mantente firme a la hora de dedicarlas a tu empresa. El que estés en casa no significa que los niños pueden interrumpir tu trabajo para preguntarte una duda de matemáticas, ni que tu pareja puede pedirte que le ayudes a preparar la cena, o que seas el encargado de hacer los recados o atender al señor que viene a media mañana a reparar la lavadora.

Con toda la flexibilidad del mundo, puedes aprovechar que eres tu propio jefe para hacer una gestión para la familia en horario laboral, pero antes de hacerla deja siempre claro en qué momento vas a compensar esa hora perdida.

Si tienes una puerta que separa tu lugar de trabajo del resto de la casa, ciérrala y no la abras mientras estás trabajando salvo que haya un incendio o alguien herido. Si los niños se pelean, ya harán las paces. Si tu pareja necesita tu ayuda para una tarea doméstica, recuérdale el pacto y dile que lo harás más tarde, cuando acabe tu horario de trabajo.

7. Respeta tú mismo tu horario. No decidas a media mañana que vas a hacer un descasito para ver un vídeo en YouTube que te acaban de pasar, jugar una partidita al juego que te tiene enganchado o “desconectar” viendo la tele. No harías ninguna de estas cosas en la oficina, así que no las hagas en tu casa. Esos cinco minutitos de descanso se habrán convertido en dos o tres horas perdidas antes de que te hayas dado cuenta.

Si necesitas desconectar (y todos necesitamos desconectar cada cierto tiempo) aléjate de cualquier pantalla, sal a la calle a dar un paseo, haz algo de deporte o de yoga o simplemente prepárate un café y tómatelo mientras oyes un poco de música. Ponte un tiempo máximo de descanso (nunca más de media hora) y después vuelve al trabajo.

8. Haz un curso. Por lo menos una vez al mes, haz un curso que tenga alguna relación con tu empresa o tu sector o con la economía en general, o asiste a un seminario, o a una conferencia. Hoy en día hay multitud de actos, de presentaciones de empresas y de cursos gratuitos organizados por las administraciones o las cámaras de comercio.

Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo, los cursos te obligan a vestir “el traje de faena” de vez en cuando y te permiten tener conversaciones “profesionales” con otros emprendedores o con gente de tu sector. Un baño de realidad de vez en cuando, además, puede proporcionarte información valiosísima que no está en Google, no sólo la que se imparte “oficialmente”, sino sobre todo los rumores y las tendencias que se comentan en los pasillos.

9. No pierdas los contactos profesionales. Si, como es habitual, estás poniendo en marcha la empresa después de unos años de experiencia profesional, tendrás una red de conocidos más o menos amplia. Preocúpate de mantener el contacto con ellos: llámales por teléfono, queda a comer con ellos, envíales un correo electrónico de vez en cuando…

Por un lado, puede venirte bien si la empresa fracasa y tienes que buscar otra salida laboral. Pueden ser también una fuente de información sobre el sector e incluso de oportunidades de negocio. Pero, sobre todo, provocan que cuentes cómo va tu proyecto (lo que te hace verlo con perspectiva), te ayudan a verte a tí mismo como un profesional en activo y te animan a seguir en el empeño. Cuando estás en medio de las dificultades propias del lanzamiento de la empresa, recordar cómo son las cosas en el mundo corporativo puede ser un buen acicate para buscar el éxito.

Creative Commons License photo credit: Kelly Sue

Ten cuidado con el porno

El porno puede ser muy perjudicial para tu productividad. Y no, no me refiero sólo a esas chicas ligeras de ropa que, solas o en compañía de otros y en actitudes lúbricas, te asaltan por cualquier esquina de Internet.

El porno es una alternativa a lo que el Arcipreste de Hita llamaba haber juntamiento con hembra placentera. O con varón, según los casos. El problema es cuando no recurres a esa alternativa ante la falta de acceso al comercio carnal, sino que precisamente el porno se constituye en la alternativa preferida. Por citar a otras glorias de la literatura castellana, lo que las Supremas de Móstoles decían con “eres un enfermo del cibersexo, eres un enfermo del ordenador”.

Como no es el tema del blog, dejo el tema del cibersexo a cada uno, para centrarme en lo que sucede con otro porno que no identificamos como tal: las actividades que nos proporcionan placer, pero poco o ningún resultado.

Conocí a un ingeniero para el que el porno eran los diagramas de procesos. Quiero decir que disfrutaba, yo creo que hasta lascivamente, dibujando y conectando rectángulos y rombos, y retocando y perfeccionando sus diagramas y sus procesos, ajustando salidas y entradas, actores, entregables… A su búsqueda del procedimiento perfecto, que recogiera toda la casuística posible y hasta imposible, dedicaba incontables horas. Horas que hubieran sido más productivas en otras tareas, y eso por no hablar de los afectados por cada revisión del procedimiento, que al final ya nunca sabían qué entregable tenían que entregar a quién.

Hay informáticos que disfrutan con la seguridad, revisando y cerrando posibles agujeros hasta que nadie puede usar ningún sistema (véase Mordac, el personaje de Dilbert). Los hay que disfrutan con el diseño, y pueden pasarse horas comparando tipografías o seleccionando pantones, incapaces de delegar decisiones de este tipo a alguien cuya profesión sea de verdad el diseño. Otros se entregan a las más bajas pasiones en cuanto ven un excel rebosante de números que simulan ser un excitante presupuesto a cinco años. Hay quien se encela con el powerpoint, tocando y retocando sus presentaciones ad infinitum…

Todos tenemos tentaciones pornográficas respecto a actividades que actúan como sustitutas de las tareas esenciales para el éxito de nuestra empresa. Aprende a reconocerlas como lo que son, una pérdida de tiempo que proporciona satisfacción a corto plazo pero poco rentables en cuanto a resultados tangibles.

Creative Commons License photo credit: Frank Steele

Lo que mi hija de 7 años me ha enseñado sobre productividad

Mi hija pequeña es brillante. En casa decimos que, con su carácter y su determinación, llegará a Presidenta del Gobierno o acabará en la cárcel. Tiene su propia opinión y le cuesta aceptar las normas, lo cual puede ser positivo o negativo, según como encauce su vida. Pero nunca tiene problemas con los deberes del colegio: los hace rápido y bien. Observando como lo consigue, creo que podemos aprender algunas cosas de ella.

1. Tiene todo ordenado

Para ser sinceros, no exactamente ordenado. Su mesa a veces es un desastre, hay papeles, cuentas de colores con las que hace pulseras, muñecas, gomas para el pelo… Pero sabe perfectamente donde están las cosas que necesita para hacer sus tareas. El otro día, cuando le estaba corrigiendo unas cuentas, se dio cuenta de que no tenía la goma de borrar. Inmediatamente abrió un cajón y casi sin mirar sacó de él la goma. Sabía dónde estaba, y no perdió tiempo en buscarla.

Hay un orden estético, y un orden productivo. El orden estético es el que buscas para demostrar a las visitas (especialmente a la suegra) lo bien que mantienes tu casa. El orden productivo es el que te permite encontrar lo que necesitas cuando lo necesitas. A veces basta con saber en qué cajón están las cosas, y no es necesario tener un archivo clasificado en orden alfabético. Pero si tienes que interrumpir tu tarea cada dos por tres para buscar algo, perderás el flujo de trabajo y no serás eficiente.

2. Va por delante

Cada día tiene que hacer una página del cuaderno de cuentas, y ella lo sabe. Así que algún día en lugar de una hace dos o tres, y así va siempre con adelanto. Si un día no puede hacer los deberes, por cualquier cosa, no tiene ningún problema. Ya tiene hechos los de ese día y puede entregárselos a su profesora.

Esto puede ser realmente útil para evitarnos situaciones de estrés. Si adelantamos el trabajo que sabemos que tenemos pendiente, no se nos juntará con algo sobrevenido y más urgente.

3. Empieza pronto

Cuando tiene tarea para unos cuantos días, como en vacaciones, empieza a hacerla desde el primer día. Nunca le ha pasado llegar al último día antes de volver al colegio con tareas pendientes. Y es muy frecuente que las haya terminado mucho antes. Muchas veces se pone a trabajar por la mañana, hace unas cuantas tareas, normalmente más de las que corresponderían a un día, y tiene el resto del día apra dedicarse a lo que quiera, sin preocupaciones.

Cuando remoloneamos y nos resistimos a hacer tareas que no son “apetecibles”, no solo perdemos el tiempo, sino que dedicamos muchas energías a pensar en lo que deberíamos estar haciendo, y a autojustificarnos (“ahora no me viene bien por x, pero luego ya me pongo, y en realidad no tardaré tanto en hacerlo, así que puedo mejor hacerlo mañana, y tampoco es tan prioritario…”). Coger el toro por los cuernos, y quitarnos de enmedio lo que nos apetece menos nos libera para dedicarnos después plenamente a lo que nos llena más.

4. Se centra en lo que está haciendo

Sus hermanos mayores dedican mucho más tiempo, no solo porque tengan tareas más difíciles, sino porque se distraen con mucha más facilidad. Pueden estar una hora delante de sus tareas, y ser productivos menos de la mitad de ese tiempo. Ella se sienta y rara vez dedica más de 20 minutos, pero esos 20 minutos está concentrada y resolviendo sus tareas, sin perder ni un minuto.

5. No trabaja cuando no va a estar concentrada

A veces se pone a trabajar y ella misma se da cuenta de que no va a ser productiva. En esos casos, si tiene algo sencillo lo hace, y si no simplemente se levanta y se pone a jugar. Como va por delante, puede permitirse el lujo.

A veces, nos empeñamos en forzarnos a hacer algo cuando ni nuestro cuerpo ni nuestra mente nos permiten hacerlo de manera eficiente. No se trata de autoengañarnos ni de utilizar esto como excusa para no hacer las cosas, pero si realmente vamos a sufrir durante horas con una tarea para hacerla mal y tarde, es mejor dejarla para otro momento. Si hemos sido sinceros con nosotros mismos, no vamos con retraso y sabemos que cumpliremos al día siguiente, podemos tener la conciencia tranquila, y disfrutar de lo que hagamos su lugar.

Creative Commons License photo credit: tomsaint11

Oferta irresistible de Garage30


Llevo tiempo (desde el primer Iniciador, aunque no tuvimos ocasión de charlar) siguiendo la iniciativa de Raúl Andrés, y cada vez me gusta más.

En su primera fase, los precios no terminaban de convencerme: estaban demasiado próximos a un centro de negocios tradicional. Y en ese nivel de precios, cualquier emprendedor tenía que hacer sus cuentas antes de lanzarse a contratar el servicio.

El coworking mola, sin duda, pero existe la opción de empezar en el dormitorio de uno de los emprendedores, como Sergei y Larry, “coworkear” solo con el compañero y no pagar más alquiler, muebles, agua o Internet que lo que pagabas antes. No es que sea muy atractiva la idea de dormir rodeado de servidores, pero cuando no tienes un duro haces lo que sea.

El caso es que ahora Garage30 ha lanzado una oferta que me parece absolutamente recomendable para cualquier emprendedor que trabaje desde casa, y más aún si lo hace solo: dos días a la semana de Garage30 por solo 49 euros / mes.

No es mucho dinero ni siquiera para quien esté empezando, pero sí es mucho lo que puedes ganar. De entrada, salir dos veces a la semana de casa te hace ser más productivo. Evita el síndrome del trabajador en pijama, con horarios desfasados, leyendo blogs o viendo vídeos en YouTube en lugar de trabajar. Si un par de veces a la semana te sincronizas con el resto del mundo, es más difícil que tus hábitos de trabajo degeneren.

Y tienes las ventajas del coworking: contar lo que estás haciendo a otros, tener opiniones desinteresadas de otra gente que entiende lo que haces, conocer personas que pueden ayudarte en un momento dado…

Así que si estás en fase de trabajador solitario recluido en su cueva (y vives en Madrid), hazte un favor a ti mismo y contrata la oferta de Garage30.

La otra idea que puede salirles muy bien es el alquiler de espacios excedentes en empresas. Es una idea de esas que prosperan en tiempos de crisis: si tu empresa ha reducido personal y la oficina se te ha quedado grande, y otra empresa también ha reducido personal y busca un local más pequeño, os conviene a las dos compartir el espacio.

Este tipo de acuerdos es habitual en despachos de abogados o estudios de arquitectura, pero (que yo sepa) no hay una oferta organizada de “subalquiler de oficinas”. Aparecen a veces en los portales inmobiliarios, en la sección de empresas, pero confundidos con el alquiler tradicional.

Sin duda hay un nicho de negocio muy interesante. Y Garage30 tiene un mensaje capaz de transformar algo que puede sonar cutre (una empresa que no es capaz ni de pagar un alquiler por sí misma) en algo atractivo, moderno y fresco.

Consejos para evitar la procrastinación


Transcribo unos consejos para evitar la procrastinación que he encontrado brujuleando por aquí:

  1. Recuerda que es la motivación lo que te hace empezar y los hábitos los que te mantienen. Decide empezar.
  2. Pon tus objetivos profesionales y personales por escrito. Priorízalos.
  3. Escribe un plan para ti mismo con una planificación realista.
  4. Lo que se retrasa a menudo se olvida.
  5. Retrasa las cosas hasta que tengas suficiente información, pero no toda la información. Ten el coraje de tomar decisiones con menos del 80% de los datos.
  6. Divide tus proyectos en pequeñas piezas y evita pensar en “todo o nada”.
  7. La procrastinación a menudo proviene del perfeccionismo. A menudo procrastinamos porque pretendemos hacer todo perfectamente. “La perfección es el peor enemigo de lo suficientemente bueno”.

El método para ser más productivo


Ayer, aprovechando que estuve un rato con Lucas, le pregunté por el método GTD de David Allen, ya que en su blog había contado que lo usaba con éxito.

Yo he sido desorganizado desde pequeñito. Olvidaba pedir a mis padres que firmaran las notas, y luego olvidaba llevarlas al colegio. Y eso que por lo general eran muy buenas. En la Universidad perdí un examen por equivocarme de día (luego lo hice en el despacho de la profesora). Pierdo papeles, entrego a última hora la declaración de la renta… con deciros que una vez olvidé dejar a uno de mis hijos en la guardería y me lo llevé en el coche unos cuantos kilómetros de camino al trabajo está dicho todo.

Creo que uno de mis problemas es que tengo buena memoria. Y eso es nefasto, porque por muy buena que sea, no es perfecta: tiene la mala costumbre de archivar lo que quiere y perder o traspapelar lo que le parece.

Y hay otro problema: me interesan muchas cosas y me meto en muchos líos. Eso está muy bien, porque uno disfruta de muchas más experiencias y conocimiento. pero también supone que siempre tengo mil cosas por hacer, que se añaden a las obligaciones habituales.

Hace años, en séptimo de EGB, uno de mis profesores (jesuita) nos hizo dos preguntas. La primera fue fácil de contestar: “¿quien se porta mejor en clase, un niño que escucha al profesor o uno que está jugando?”. Todos respondimos, evidentemente, que el primero. Pero después preguntó: “¿quién se porta mejor en el recreo, un niño que está jugando al fútbol o uno que está aprovechando para estudiar?”. Seguramente pensando que era lo que quería oír, muchos dijimos que el segundo. Respuesta equivocada. Un niño que en el recreo estudia, no hace lo que debe en ese momento.

El problema de ser desorganizado y tener un montón de cosas en la cabeza, es que siempre tienes la sensación de que tal vez habría algo más importante que lo que estás haciendo ahora. Y muchas veces, por desgracia, es cierto. El secreto para ser más productivo (descontando el efecto de contar con herramientas adecuadas) es hacer en cada momento lo más rentable. No ir dos veces a comprar porque has olvidado algo la primera. No encontrarte en una sala de espera sin nada que hacer. No hacer algo que te apetece en el momento, y posponer otra cosa más importante.

Mi método, hasta ahora, era confiar en la memoria (problema), utilizar herramientas solo parcialmente adecuadas (correo electrónico, móvil) y utilizar un asistente para los asuntos privados (mi mujer). Ineficacia y problemas por todas partes.

Pues bien, voy a intentar poner en práctica GTD. Ya os iré contando como va la cosa, si se queda en resolución de año nuevo o si en enero de 2009 he conseguido tener bajo control las miles de cosas que debo hacer cada día.