Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Risto Mejide y los meneamelienses

Con meneamelienses me refiero a los adolescentes pajilleros que pululan por menéame, claro. Los individuos que a mi post del otro día respondieron con tres “argumentos”:

- Es mentira (Pero ellos ¿como lo saben? ¿tienen cámaras espía en mi casa?)

- La niña es un robot que no se divierte (Cuando yo explicaba que precisamente por ser más productiva tiene mucho más tiempo para divertirse que sus hermanos)

- La niña está siendo entrenada para ser parte del sistema y el día de mañana explotará a sus semejantes (sin comentarios)

La cuestión es ¿por qué el 90% de los comentarios de menéame a un post como este son negativos? Yo intento ponerme en la situación de alguien que lee lo que yo escribí y pensar en lo que les motiva a perder el tiempo escribiendo algo negativo, que en algunos casos demuestra una mala leche inusitada, y me cuesta entenderlo.

Puede que la clave está en un comentario que hizo alguien por aquí, en el sentido de que a gente que está perdiendo el tiempo en menéame le cueste aceptar que una niña de 7 años tenga más sentido común y sea más responsable que ellos. Enfrentados a la disonancia cognitiva, antes que admitir que son unos holgazanes buenos para nada y que deberían cambiar, prefieren buscar la manera de demostrar que lo que está mal es que alguien haga lo que debe.

Pues bien, tengo noticias para los meneamelienses: efectivamente, mi hija y otros niños como ella van a ser vuestros jefes. Ganarán diez veces más que vosotros, vivirán sin problemas y no les afectarán las crisis.

Vosotros, los pajilleros holgazanes de menéame, os tendréis que conformar con sueldos mileuristas y trabajos de mierda, y eso cuando tengáis suerte de tener trabajo. Seguiréis viviendo en casa de vuestros padres eternamente, porque las casas son caras cuando no hay crisis y porque los sueldos son bajos cuando hay crisis.

Y es así porque vosotros lo habéis decidido, y reforzáis vuestra decisión cada día cuando en lugar de hacer algo por mejorar perdéis el tiempo en Internet y cuando buscáis echarle la culpa al “sistema”, a los “empresarios explotadores” y a cualquier otro de vuestra lamentable situación. Preferís poneros una venda en los ojos para no ver que vosotros sois los únicos responsables de vuestro futuro.

Por si no os queda claro, cito a Risto Mejide (vía Ángel):

Por eso, quiero acabar con un cariñoso mensaje dedicado a todos los lameculos que siguen lloriqueando para que otro les saque las castañas del fuego.

Tres palabras: no hay otro.

Tres más: jamás lo hubo.

Lo que mi hija de 7 años me ha enseñado sobre productividad

Mi hija pequeña es brillante. En casa decimos que, con su carácter y su determinación, llegará a Presidenta del Gobierno o acabará en la cárcel. Tiene su propia opinión y le cuesta aceptar las normas, lo cual puede ser positivo o negativo, según como encauce su vida. Pero nunca tiene problemas con los deberes del colegio: los hace rápido y bien. Observando como lo consigue, creo que podemos aprender algunas cosas de ella.

1. Tiene todo ordenado

Para ser sinceros, no exactamente ordenado. Su mesa a veces es un desastre, hay papeles, cuentas de colores con las que hace pulseras, muñecas, gomas para el pelo… Pero sabe perfectamente donde están las cosas que necesita para hacer sus tareas. El otro día, cuando le estaba corrigiendo unas cuentas, se dio cuenta de que no tenía la goma de borrar. Inmediatamente abrió un cajón y casi sin mirar sacó de él la goma. Sabía dónde estaba, y no perdió tiempo en buscarla.

Hay un orden estético, y un orden productivo. El orden estético es el que buscas para demostrar a las visitas (especialmente a la suegra) lo bien que mantienes tu casa. El orden productivo es el que te permite encontrar lo que necesitas cuando lo necesitas. A veces basta con saber en qué cajón están las cosas, y no es necesario tener un archivo clasificado en orden alfabético. Pero si tienes que interrumpir tu tarea cada dos por tres para buscar algo, perderás el flujo de trabajo y no serás eficiente.

2. Va por delante

Cada día tiene que hacer una página del cuaderno de cuentas, y ella lo sabe. Así que algún día en lugar de una hace dos o tres, y así va siempre con adelanto. Si un día no puede hacer los deberes, por cualquier cosa, no tiene ningún problema. Ya tiene hechos los de ese día y puede entregárselos a su profesora.

Esto puede ser realmente útil para evitarnos situaciones de estrés. Si adelantamos el trabajo que sabemos que tenemos pendiente, no se nos juntará con algo sobrevenido y más urgente.

3. Empieza pronto

Cuando tiene tarea para unos cuantos días, como en vacaciones, empieza a hacerla desde el primer día. Nunca le ha pasado llegar al último día antes de volver al colegio con tareas pendientes. Y es muy frecuente que las haya terminado mucho antes. Muchas veces se pone a trabajar por la mañana, hace unas cuantas tareas, normalmente más de las que corresponderían a un día, y tiene el resto del día apra dedicarse a lo que quiera, sin preocupaciones.

Cuando remoloneamos y nos resistimos a hacer tareas que no son “apetecibles”, no solo perdemos el tiempo, sino que dedicamos muchas energías a pensar en lo que deberíamos estar haciendo, y a autojustificarnos (“ahora no me viene bien por x, pero luego ya me pongo, y en realidad no tardaré tanto en hacerlo, así que puedo mejor hacerlo mañana, y tampoco es tan prioritario…”). Coger el toro por los cuernos, y quitarnos de enmedio lo que nos apetece menos nos libera para dedicarnos después plenamente a lo que nos llena más.

4. Se centra en lo que está haciendo

Sus hermanos mayores dedican mucho más tiempo, no solo porque tengan tareas más difíciles, sino porque se distraen con mucha más facilidad. Pueden estar una hora delante de sus tareas, y ser productivos menos de la mitad de ese tiempo. Ella se sienta y rara vez dedica más de 20 minutos, pero esos 20 minutos está concentrada y resolviendo sus tareas, sin perder ni un minuto.

5. No trabaja cuando no va a estar concentrada

A veces se pone a trabajar y ella misma se da cuenta de que no va a ser productiva. En esos casos, si tiene algo sencillo lo hace, y si no simplemente se levanta y se pone a jugar. Como va por delante, puede permitirse el lujo.

A veces, nos empeñamos en forzarnos a hacer algo cuando ni nuestro cuerpo ni nuestra mente nos permiten hacerlo de manera eficiente. No se trata de autoengañarnos ni de utilizar esto como excusa para no hacer las cosas, pero si realmente vamos a sufrir durante horas con una tarea para hacerla mal y tarde, es mejor dejarla para otro momento. Si hemos sido sinceros con nosotros mismos, no vamos con retraso y sabemos que cumpliremos al día siguiente, podemos tener la conciencia tranquila, y disfrutar de lo que hagamos su lugar.

Creative Commons License photo credit: tomsaint11

Consejos para evitar la procrastinación


Transcribo unos consejos para evitar la procrastinación que he encontrado brujuleando por aquí:

  1. Recuerda que es la motivación lo que te hace empezar y los hábitos los que te mantienen. Decide empezar.
  2. Pon tus objetivos profesionales y personales por escrito. Priorízalos.
  3. Escribe un plan para ti mismo con una planificación realista.
  4. Lo que se retrasa a menudo se olvida.
  5. Retrasa las cosas hasta que tengas suficiente información, pero no toda la información. Ten el coraje de tomar decisiones con menos del 80% de los datos.
  6. Divide tus proyectos en pequeñas piezas y evita pensar en “todo o nada”.
  7. La procrastinación a menudo proviene del perfeccionismo. A menudo procrastinamos porque pretendemos hacer todo perfectamente. “La perfección es el peor enemigo de lo suficientemente bueno”.

El método para ser más productivo


Ayer, aprovechando que estuve un rato con Lucas, le pregunté por el método GTD de David Allen, ya que en su blog había contado que lo usaba con éxito.

Yo he sido desorganizado desde pequeñito. Olvidaba pedir a mis padres que firmaran las notas, y luego olvidaba llevarlas al colegio. Y eso que por lo general eran muy buenas. En la Universidad perdí un examen por equivocarme de día (luego lo hice en el despacho de la profesora). Pierdo papeles, entrego a última hora la declaración de la renta… con deciros que una vez olvidé dejar a uno de mis hijos en la guardería y me lo llevé en el coche unos cuantos kilómetros de camino al trabajo está dicho todo.

Creo que uno de mis problemas es que tengo buena memoria. Y eso es nefasto, porque por muy buena que sea, no es perfecta: tiene la mala costumbre de archivar lo que quiere y perder o traspapelar lo que le parece.

Y hay otro problema: me interesan muchas cosas y me meto en muchos líos. Eso está muy bien, porque uno disfruta de muchas más experiencias y conocimiento. pero también supone que siempre tengo mil cosas por hacer, que se añaden a las obligaciones habituales.

Hace años, en séptimo de EGB, uno de mis profesores (jesuita) nos hizo dos preguntas. La primera fue fácil de contestar: “¿quien se porta mejor en clase, un niño que escucha al profesor o uno que está jugando?”. Todos respondimos, evidentemente, que el primero. Pero después preguntó: “¿quién se porta mejor en el recreo, un niño que está jugando al fútbol o uno que está aprovechando para estudiar?”. Seguramente pensando que era lo que quería oír, muchos dijimos que el segundo. Respuesta equivocada. Un niño que en el recreo estudia, no hace lo que debe en ese momento.

El problema de ser desorganizado y tener un montón de cosas en la cabeza, es que siempre tienes la sensación de que tal vez habría algo más importante que lo que estás haciendo ahora. Y muchas veces, por desgracia, es cierto. El secreto para ser más productivo (descontando el efecto de contar con herramientas adecuadas) es hacer en cada momento lo más rentable. No ir dos veces a comprar porque has olvidado algo la primera. No encontrarte en una sala de espera sin nada que hacer. No hacer algo que te apetece en el momento, y posponer otra cosa más importante.

Mi método, hasta ahora, era confiar en la memoria (problema), utilizar herramientas solo parcialmente adecuadas (correo electrónico, móvil) y utilizar un asistente para los asuntos privados (mi mujer). Ineficacia y problemas por todas partes.

Pues bien, voy a intentar poner en práctica GTD. Ya os iré contando como va la cosa, si se queda en resolución de año nuevo o si en enero de 2009 he conseguido tener bajo control las miles de cosas que debo hacer cada día.