Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Es triste pedir

Pero más triste es no tener modelo de negocio.

Después del fiasco de Mobuzz, ahora es Reddit quien pide ayuda a sus usuarios. Hay diferencias, claro, entre otras que parece que a Reddit le está resultando mejor.

Sin embargo, nunca dejará de sorprenderme que el plan de negocio de tantos proyectos de Internet sea:

1.- Montamos una página

2.- Conseguimos millones de usuarios

3.- ?

4.- Nos hacemos ricos

Sin tener nunca claro qué hay en el punto 3 que permita pasar del 2 al 4.

Porque está claro que los millones de usuarios, de entrada, lo que generan son costes. Cuantos más millones de usuarios, más millones de costes. Tal vez haya proyectos en los que, mediante la publicidad, es posible convertir los millones de usuarios en millones de dólares. Pero eso hay que validarlo en todos y cada uno de los casos.

Tal vez muchos emprendedores tengan como punto 3 “llegan Google o Amazon y nos compran”, aunque no lo confiesen en público. Pero basar un plan de negocio en eso es como basar tu futuro en convertirte en estrella de Hollywood mientras trabajas de camarero en Los Angeles. Puede pasar, pero lo más probable es que sigas sirviendo mesas a los 35.

Por tanto, es fundamental tener claro cómo se convierten los usuarios en ingresos, sin necesidad de príncipes azules. Lo normal es que sepas de cada mil usuarios qué coste te generan, qué ingresos por publicidad te suponen, qué porcentaje pueden convertirse en usuarios de pago y cuánto están dispuestos a pagar, etc. Es la única manera de saber si tu negocio será rentable cuando tengas mil usuarios, cuando tengas cien mil o nunca.

El plan de negocio

Si uno lee cualquier libro para emprendedores, la idea fundamental parece ser que hay que hacer un Plan de Negocio antes de arrancar. El emprendedor en ciernes, encantado de saber que tiene una tarea concreta que será fundamental para el éxito de la empresa, se lanza entusiasmado a elaborar el Plan de Negocio Perfecto.

Analiza el mercado, la competencia, explica que su producto marcará un hito histórico y hace proyecciones financieras a cinco años: el primero voy a vender 1.000 unidades y ganaré 100.000 euros, el quinto venderé 5.000.000 de unidades y facturaré cien millones de euros… Después de una semana o dos, tiene un documento de 100 páginas que demuestra lo sólido que es su negocio y conseguirá que los inversores se peguen por conseguir financiarlo.

La triste realidad es que más provechoso que leer ese libro titulado “Cómo crear tu empresa” sería leer esta tira de Dilbert:

Dilbert.com

Uno de los problemas de la extinta Unión Soviética era la ilusión de creer que desde el Estado se podían elaborar planes quinquenales para dirigir la economía de un país. No se puede. Hay demasiadas variables de partida, y además las condiciones cambian continuamente.

En una empresa sucede lo mismo. Hacer un plan de negocio a cinco años y pretender seguirlo es tan absurdo como pretender jugar un partido de fútbol en el que sales al campo sin saber a qué equipo te enfrentas, y además las reglas del juego van cambiando a cada minuto. De repente puedes jugar con la mano, luego no existe el fuera de juego, a continuación los jugadores contrarios son quince, pero cinco minutos más tarde son ocho y hay dos porteros… Si quieres tener alguna oportunidad de ganar, necesitas cambiar tu táctica continuamente.

No digo que no haya que tener un Plan de Negocio. Pero más vale considerarlo como esos mapas que tenían los exploradores decimonónicos que se aventuraban en África: algunas referencias seguras en la costa (lo más conocido), algunos puntos más o menos ubicados en el interior, y casi todo lo demás en blanco. El que tiene éxito es el que es capaz de ir completando el mapa con lo que va encontrando en el camino.

Por tanto, tu Plan de Negocio no debería tener más de dos o tres páginas, al menos a estas alturas del partido. Ya lo irás completando cuando vayas teniendo más información. Esas páginas deben contener:

1. Qué problema resuelve tu empresa.

2. Si vas a vender productos, servicios, o ambos.

3. A qué mercado va dirigido (cuanto más concreto, mejor).

4. Cómo planeas llegar a tus clientes (publicidad, contactos, Internet)

5. Cómo piensas diferenciarte de la competencia.

6. Quién está en el proyecto (socios, asesores, inversores), qué aporta y cómo se compensa su aportación.

7. Tu estructura de costes e ingresos. Costes fijos, coste de producir cada unidad (sea una hora de trabajo o sea una unidad de producto), precio de venta de cada unidad, cantidad que necesitas vender en un mes para no perder dinero.

8. Un esbozo de planificación financiera, mes a mes, para el primer año. No es porque vaya a cumplirse, sino para tener el tiempo que tardarás en tener ingresos en el banco (que puede ser muy distinto al que tardas en hacer una venta) y por tanto el dinero que necesitas tener para lanzar la empresa.

Y ya está. Esto no debería ocuparte más de un par de días, a lo sumo. Todo el resto del tiempo que dediques a tu plan, no estás trabajando para tu empresa. Esta información ya es suficiente como para hacerte una idea de lo que te espera, de los problemas que tienes que resolver, de los recursos que tienes que conseguir para que todo salga bien.

A partir de aquí, debes actualizaro según tu proyecto de empresa vaya madurando. Si lo haces así, será un documento vivo, que será útil en cada paso del camino. Pero si ahora dedicas horas y horas a recrearte en lo que podría ser (o más bien en lo que te gustaría que fuera), no las estás dedicando a actuar, a hacer que eso que sueñas se convierta en realidad.

La única excepción es si desde el principio tienes claro que necesitas que un inversor ponga dinero. Entonces sí necesitas un plan de empresa “enseñable”. Pero el proceso de conseguir financiación requiere mucho más que saber hacer un Plan de Empresa convincente. Probablemente necesitarás ayuda para conseguir que un inversor te escuche, por mucho plan que tengas, y tendrás que tener algo más que unas cuantas ideas brillantes en un papel incluso para conseguir esa aydua. Así que aunque vayas a buscar financiación, tampoco es este el momento de perder el tiempo elaborando un Plan de Negocio.

Ya sabes: un par de días, un Plan de Negocio elemental, y a otra cosa más productiva.

Creative Commons License photo credit: Gret@Lorenz

Crear una empresa es como apostar en la ruleta

Otras entradas de "Como crear una empresa con el dinero que tienes en el bolsillo"

  1. Crear una empresa es como apostar en la ruleta
  2. Por qué tres es mejor que una

Crear una empresa es apostar. Apostar porque un producto tendrá éxito, porque el momento para lanzar una idea es el oportuno, porque el emprendedor conseguirá los recursos necesarios para poner el negocio en velocidad de crucero…

Como en el casino, algunos aciertan y la bola se para en el color por el que apostaron. Muchos otros fracasan porque sus predicciones resultan equivocadas: no hay mercado para su propuesta, no consiguen los recursos necesarios, la rentabilidad no es la esperada…

Pero a diferencia de la ruleta, en la que en principio todos los números y los colores tienen la misma probabilidad, en el juego de emprender hay muchas más variables, que hacen que el éxito de cada aventura empresarial no tenga la misma probabilidad.

Están la capacidad y experiencia del equipo emprendedor, el sector en el que pretende competir, el entorno económico, la capacidad de financiación… Algunas de estas variables, a priori, las podemos controlar. Podemos elegir un sector en auge, podemos completar el equipo con los talentos que completan al emprendedor, podemos buscar financiación, etc.

Pero incluso así estamos apostando: el sector en auge puede desplomarse de repente, el talento fichado resultar un zoquete con MBA, el socio financiero convertirse en una garrapata que no te deja moverte, y así todo.

Empezar prácticamente sin dinero, como proponemos en esta serie de posts, limita las posibilidades de elección, pero también minimiza el riesgo. Al fin y al cabo, solo puedes perder unos pocos euros.

Y tiempo, eso sí. El que no tiene dinero tiene que dedicar tiempo.

No crees una empresa. Crea tres

Conclusión de lo anterior: con el dinero que tienes en el bolsillo, en lugar de crear una empresa, empieza por crear tres. Esto puede parecer contraintuitivo, pero tiene su lógica: tener una idea es gratis, y probarla en Internet cuesta muy poco. En esas circunstancias, la mejor apuesta es hacer varias apuestas a la vez, analizar cómo se desarrollan y descartar un poco más adelante las dos peores.

La clave, claro está, está en “probarla en Internet”. Como veremos, hay muchas herramientas para hacer esto de manera eficiente. Hace 10 años, probar una idea requería estudios de mercado, desarrollo de prototipos, publicidad, inversiones… En los próximos posts explicaremos cómo puede hacerse esto de manera eficaz, usando herramientas muy baratas o gratuitas.

De momento, tienes tarea: piensa en qué tres empresas te gustaría crear.

Para elegir, no pienses en el modelo de negocio. Simplemente piensa en tres cosas que te gusten y de las que sepas mucho o estés dispuesto a aprender mucho. Vas a echarles muchas horas, así que es mejor que sea algo que te divierta, o mejor aún, que te apasione. No te preocupes por cómo ganarás dinero con ello. Si a tí te apasiona, a otros también lo hará. Y seguro que al menos alguno de los aficionados estará dispuesto a pagar dinero por algo relacionado con su pasión.

Planes quinquenales


Si uno lee cualquier libro para emprendedores, la idea fundamental parece ser que hay que hacer un Plan de Negocio antes de arrancar. El emprendedor en ciernes, encantado de saber que tiene una tarea concreta que será fundamental para el éxito de la empresa, se lanza entusiasmado a elaborar el Plan de Negocio Perfecto.

Analiza el mercado, la competencia, explica que su producto marcará un hito histórico y hace proyecciones financieras a cinco años: el primero voy a vender 1.000 unidades y ganaré 100.000 euros, el quinto venderé 5.000.000 de unidades y facturaré cien millones de euros…

La triste realidad es que más provechoso que leer ese libro titulado “Cómo crear tu empresa” sería leer la tira de Dilbert de hoy:

Uno de los problemas de la extinta Unión Soviética era la ilusión de creer que desde el Estado se podían elaborar planes quinquenales para dirigir la economía de un país. No se puede. Hay demasiadas variables de partida, y además las condiciones cambian continuamente.

En una empresa sucede lo mismo. Hacer un plan de negocio a cinco años y pretender seguirlo es tan absurdo como pretender jugar un partido de fútbol en el que sales al campo sin saber a qué equipo te enfrentas, y además las reglas del juego van cambiando a cada minuto. De repente puedes jugar con la mano, luego no existe el fuera de juego, a continuación los jugadores contrarios son quince, pero cinco minutos más tarde son ocho y hay dos porteros… Si quieres tener alguna oportunidad de ganar, necesitas cambiar tu táctica continuamente.

No digo que no haya que tener un Plan de Negocio. Pero más vale considerarlo como esos mapas que tenían los exploradores decimonónicos que se aventuraban en África: algunas referencias seguras en la costa (lo más conocido), algunos puntos más o menos ubicados en el interior, y casi todo lo demás en blanco. El que tiene éxito es el que es capaz de ir completando el mapa con lo que va encontrando en el camino.

Una historia de amor


No, no me he vuelto loco, ni voy a cambiar la temática del blog para conseguir más visitas. Simplemente, quiero hablar de uno de los problemas que afecta a la viabilidad de las empresas incipientes: la dispersión.

Aquellos de mis lectores que tengan pareja entenderán de qué hablo. Cuando decides que compartes tu vida con una persona concreta renuncias, aproximadamente, a otros tres mil millones de personas de ese sexo. Una elección difícil, si no fuera porque el amor suele andar por medio. El enamoramiento es lo que hace que elegir a una persona de entre miles o millones sea algo natural y no un sacrificio. Luego uno puede ver, por ejemplo, a Carla Bruni y pensar “qué guapa es esta chica, fue top-model y además canta y compone y lo hace todo bien…” para concluir con “qué suerte tiene su marido” y no con “a ver cómo la conquisto”. Porque uno ya tiene claro cual es su proyecto vital, y conquistar otras mujeres es incompatible con él.

Con las empresas pasa lo mismo. Hay una tentación fortísima, sobre todo cuando somos empresarios novatos, de no renunciar a nada. De querer serlo todo para todos. De pensar que nuestro mercado potencial es el mundo entero. Y hay dos momentos en que esto nos trae consecuencias funestas.

El primero es cuando realizamos el plan de negocio. En esta fase del emprendimiento debemos tener muy claro cuál es nuestro producto o servicio, qué problema resuelve y a quién se lo resuelve. Y aquí aparece el miedo a quedarnos cortos, a desarrollar algo con un mercado potencial tan pequeño que no nos permita crecer. Es el miedo al noviazgo, a comprometernos solo con una chica (o un chico) cuando hay tanta gente atractiva por ahí.

Un ejemplo: supongamos que queremos emprender una agencia de marketing on-line. A priori, la tentación es pensar “todo el mundo necesita marketing on-line, desde las grandes empresas a las más pequeñas. Por tanto, nuestro mercado objetivo son todas las empresas”. Error. Gran error.

Para vender a una gran cuenta necesitas una infraestructura, una sede representativa, comerciales con experiencia y contactos (sobre todo contactos), y necesitas demostrar solvencia. Es incluso posible que si tu empresa es una SL y no una SA alguien piense que no eres digno de trabajar para ellos (yo lo he visto). Por tanto, si quieres vender marketing on-line a los grandes, debes procurarte todos estos medios. Si no vas a poder presentarte con un equipo de tres o cuatro personas en un gran cliente, si no le puedes invitar a comer en un restaurante caro “para ir perfilando los temas”, si no puedes poner en tu tarjeta de visita una dirección representativa y no puedes organizar una reunión en tu oficina de diseño, olvídate de las grandes empresas.

Por el contrario, las pymes buscan eficacia a corto plazo y son muy sensibles al precio, pero no les importa que tú seas un freelance que trabajas desde un rincón de tu casa. Si ese es tu caso, probablemente es mucho más sensato pensar que te dedicarás a proyectos pequeños que puedes vender baratos y cobrar a corto plazo.

Es más, probablemente ni siquiera sea buena idea pensar que te diriges “a las pequeñas empresas”. En un tema sensible al negocio como el marketing es preferible, al menos en una primera fase, buscar tu mercado en un sector concreto. Una empresa de hostelería, por ejemplo, tiene necesidades muy diferentes (y habla un lenguaje diferente) a una empresa industrial. Investiga, analiza qué sectores están más necesitados de los productos o servicios que vas a ofrecer y adecua tu oferta a esas necesidades. Eso te ayudará también a la hora de plantear tu marketing, porque será mucho más eficaz si va dirigido a un tipo de empresa concreto.

El segundo momento de tentación es cuando ya estamos felizmente casados y se nos cruza una jovencita atractiva: ¿Vamos a renunciar a ella? Pues si queremos que nuestro matrimonio sobreviva lo mejor es, sí, renunciar. Lo mismo sucede cuando tenemos la empresa lanzada y empiezan a aparecer oportunidades delante de nuestras narices. Sobre todo cuando todavía no hemos alcanzado el break even, que cada día nos parece más lejos.

Siguiendo nuestro ejemplo, es ese momento en el que en plena frustración por no conseguir los ambiciosos resultados que esperábamos alguien nos comenta que “en BiGCorp SA están buscando alguien que les rediseñe su web”. Un contrato con BigCorp resolvería de un plumazo todos nuestros problemas económicos, y sería una referencia para otros grandes clientes. Así que nos lanzamos a pelear por ese contrato con BigCorp, conseguimos reuniones, analizamos datos, presentamos ofertas irresistibles en precio y prestaciones y… lo perdemos porque se lo dan a BigWebCorp. Y es que BigCorp, como mucho, nos quiere para utilizarnos como herramienta en la negociación con BigWebCorp. Mientras, hemos perdido no sólo energías y dinero, sino que hemos perdido tiempo que deberíamos haber dedicado a nuestro mercado natural. Tenemos clientes descontentos porque sus proyectos están retrasados, nuestro pipeline está escuchimizado porque todo nuestro esfuerzo comercial se dirigió a BigCorp…

Y ese es el mejor escenario. Puede ser peor que nos den el proyecto, porque entonces sí corremos un riesgo muy importante de hundir la empresa. El cliente nos fagocita y requiere más del 90% del tiempo de la dirección de nuestra empresa solo para atenderle a él, aparecen costes financieros insoportables, hay habilidades que no son exactamente las nuestras y que tenemos que subcontratar, nuestro enorme cliente tiene poder para cambiar las especificaciones o los plazos según su conveniencia…

Es importante conocernos a nosotros mismos, y evitar clientes o proyectos de riesgo que nos obliguen a apartarnos de nuestro foco. Incluso muchas veces es preferible decirle a un cliente potencial “mira, esta no es mi especialidad, pero conozco a una gente que lo hará muy bien” y dar una referencia. No perdemos nada, ganamos credibilidad para cuando le digamos a ese cliente “esto sí lo voy a hacer bien” y ganamos además dos personas que nos deben un favor.

Por supuesto, puedes no hacer ni caso de estos consejos. Hay muchas empresas que empiezan sin plan de negocios ni una idea definida de cuál es su propuesta de valor o cual es su mercado. Son simplemente “otra tienda de ropa” u “otra gestoría”. Muchas empresas de software se han creado a partir de un programador que hizo una aplicación para gestionar un taller o una zapatería, y de ahí se han hecho “expertos en software de gestión de talleres”. Y hay empresas de servicios que han sabido aprovechar la oportunidad de un contrato con una gran corporación para redefinir su oferta y vender a otros grandes. Evidentemente, también es cierto que hay que tener los ojos abiertos para ver oportunidades que no habíamos previsto, y la flexibilidad necesaria para variar nuestro enfoque si la experiencia nos dice que es mejor hacerlo así.

Muchos salen cada sábado con la esperanza de “pillar”, así en general, y algunos lo consiguen. Incluso hay afortunados que la mañana siguiente, ya sobrios, encuentran que lo que hay metido en su cama no está tan mal. Pero si realmente estás enamorado, si tienes verdadera pasión por tu empresa, lo mejor es que le cojas de la mano, le mires a los ojos y le digas: “siempre te seré fiel”. Es la única manera de tener una historia de amor, o una historia empresarial, que merezca la pena contar.