Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

A que se dedica la empresa


Hace muchos años, en los primeros asentamientos fijos del Neolítico, comenzó la especialización. Unos individuos se dedicaban a la ganadería, otros a la agricultura, otros a la artesanía… Eso fue un gran avance con respecto a las sociedades de cazadores-recolectores oportunistas, porque permitía que cada individuo desarrollase las habilidades y conocimientos requeridos para cada tarea y fuera así más eficaz.

La cosa no cambió mucho en miles de años. Un herrero de la edad media estaba especializado en fabricar útiles de metal, pero hacía más cosas: gestionar recursos humanos (aprendices y/o familiares) , marketing y ventas, innovación y desarrollo, gestión de suministros…

El paso del modelo de artesano al de industria, supuso una especialización en el seno de estas organizaciones. Apareció la división de tareas en el seno de la empresa: contables, operarios, directivos, comerciales… Pero la estrategia hace cien años era clara: procurar tener el mayor tamaño posible, y hacer todas las funciones posibles dentro de la empresa. Así surgen gigantes como la Minnesota Mining and Manufacturing (más conocida como 3M). “Mining and Manufacturing”, es decir, minería y fabricación. Yo obtengo la materia prima y yo la transformo.

Ahora, la tendencia es al “adelgazamiento” de las empresas, hasta límites que mucha gente no sospecha: Nike no fabrica zapatillas de deporte; Acciona no construye edificios. Ambas empresas subcontratan lo que a primera vista parecería su tarea nuclear, que es la producción de lo que venden.

Lo que sucede es que poner ladrillos o coser piezas de cuero lo puede hacer casi cualquiera. Y por eso es eficiente que lo haga quien pueda hacerlo al menor coste. Lo que es mucho más complicado es lo que hacen Nike o Acciona: crear algo que sus clientes desean y buscar la forma más eficaz de proporcionárselo. Obteniendo en el proceso el mayor beneficio económico, que es su objetivo como empresas y su deber con sus accionistas.

Y aquí viene lo interesante: si la respuesta a la pregunta ¿a qué se dedica tu empresa? es “fabrico zapatillas” o “construyo edificios”, tienes un problema. En Asia pueden fabricar zapatillas idénticas a las tuyas, y colocarlas en tu ciudad a un precio muy inferior. Miles de empresas construyen edificios en España, y un porcentaje de ellas lo harán mejor y más barato que tú.

La respuesta de muchas empresas a la capacidad de fabricación a bajo coste de Asia ha sido interpretarla no como amenaza, sino como oportunidad. Y la han aprovechado para reducir sus costes de producción.

Las empresas del siglo XXI no serán megacorporaciones con miles de empleados que sacan hierro y carbón de las minas, lo transforman en acero, fabrican vigas con él, las venden y las transportan hasta el cliente. Serán empresas con el mínimo número de empleados, que subcontratarán cada vez más tareas de las que antes se daba por hecho que debían hacerse internamente.

Nike tenía en 2005 26.000 empleados, que produjeron un beneficio de 1.211 millones de dólares. Christian Dior, con sus 64.000 empleados, “solo” consiguió 768 millones de dólares.

Esa es una lección para cualquier emprendedor: analiza bien a qué se dedica tu empresa y si alguien puede hacer algo de manera más eficiente que tú, contrátale para que lo haga en tu lugar.

Matt Wullembeg y las empresas del futuro


Escribe Enrique Dans sobre la conferencia que dio Matt Wullembeg, el creador de WordPress, en el EBE06, el evento de bloggers de Sevilla. Me interesa sobre todo lo que cuenta sobre la idea de empresa que tiene Matt:

Su compañía, Automattic, es una perfecta traslación de sus ideas. Completamente virtual, formada por personas que trabajan desde sus casas, es una compañía pequeña con vocación de pasárselo bien, de no ser comprada por ningún grande que estropee su forma de hacer las cosas:

“My idea of success is not to work for a big company. My goal is to keep it fun.”

Las “pequeñas ideas que funcionan” de Matt, como WordPress, generan además productos que se independizan del posible éxito o fracaso de su compañía:

“Even if Automattic went bankrupt tomorrow, WordPress would outlive that.”

Para Matt, la clave del éxito es disponer de un sitio con abundante banda ancha y con costes de vivienda bajos. Ni más, ni menos. Para él, sitios como Silicon Valley o las grandes iniciativas para construir entornos tecnológicos en Europa están completamente anticuadas en un momento en el que resulta mucho más sencillo y más agradable trabajar desde casa y permanecer en el ambiente que uno escoge, sea urbano y vibrante o tranquilo y sosegado. [...]

En las grandes compañías, se juzga a la gente basándose en la forma en que trabajan, no en el resultado de su trabajo, y eso destruye la ilusión de las personas, su libertad para trabajar como buenamente quieran en aquello que les gusta.

Las habilidades que se requieren para crear software se parecen más a la artesanía (o incluso al arte) que a la ingeniería. Y, sin embargo, lo habitual es tratar a los desarrolladores de software como obreros de una cadena de producción: controlar las horas de entrada y salida, limitar el acceso a Internet, estandarizar los ordenadores y el software… Yo trabajé en una consultora que ¡tenía tornos en los que se fichaba para acceder a la máquina de café!

Sospecho que sucede lo mismo con otros trabajos intelectuales. Cada vez es más importante contar con gente con talento, pero la única variable que se maneja para atraerlos es la retribución. Matt plantea una empresa que puede contratar personal en cualquier parte del mundo, a la que permite vivir donde más le apetezca y no le obliga a soportar atascos dos veces al día, ni a comer bazofia en una cantina, ni a trabajar bajo unos tubos fluorescentes en una pradera llena de ruido y gente molesta. Una empresa en la que se valora el resultado de tu trabajo, y no la cercanía al jefe del departamento ni el quedarse trabajando después de las seis.

Gestionar una decena de personas repartidas por todo el mundo tiene su aquél, probablemente, pero seguramente será más divertido que pastorear, estabular y pretender ordeñar a unos elementos que serían más felices (y más productivos) triscando libres por el campo.