Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

This is a local shop for local people

Soy fan de la serie de la BBC The League of Gentlemen. Entre los disparatados personajes, destacan los propietarios de la tienda del pueblo, que repiten a menudo la frase “this is a local shop for local people”, es decir, “somos una tienda local para gente de aquí”. Si ves la serie probablemente observarás algún detalle que te haga pensar que Edward y Tubbs no están en su sano juicio, pero para mi uno de los síntomas es esa frase.

Y es que en estos días hay que estar muy mal de la cabeza para tener un negocio que sea solo “local y para gente de aquí”. El mundo ya no es local, y aunque tú te empeñes en aferrarte a tus clientes locales y a tus proveedores locales, la competencia ya está quitándote a tus clientes desde cualquier parte del mundo y comprando mejor porque compra en cualquier parte del mundo.

Incluso si tienes una tienda física, un comercio de los de toda la vida, ¿crees que sobrevivirás mucho si tus únicos clientes son los que pasan por delante del escaparate? ¿si no eres capaz de aprovechar esa tienda, ese almacén y ese stock para vender a cualquiera que esté dispuesto a comprar, aunque viva en las antípodas? ¿si no puedes elegir a tus proveedores en cualquier país y tienes que conformarte con los que pasan a verte en persona?

Es difícil. Tienes que empezar por estar en Internet, que alguien te ayude a crear una web y un sistema de compra online. Y con esto solo descubres que ahora necesitas aprender algo que se llama marketing online, que tiene sus propias reglas diferentes a lo que hayas podido hacer hasta ahora para dar a conocer tu negocio local entre la gente de aquí. Que tienes que aprender a moverte en Facebook, en Twitter y tal vez en Tuenti, en YouTube o en otros sitios con nombres igual de raros. Y que hay que pensar en idiomas, en medios de pago, en logística, en un montón de complicaciones.

Pero si lo consigues, has derribado los muros de lo local y puedes crecer hasta el infinito y más allá. Y si no lo intentas, lo seguro es que tu local shop for local people acabará teniendo que conseguir clientes de la manera en que Tubbs y Edward buscaban mujer para su hijo. Y créeme, no es ni agradable ni recomendable.

La hegemonía en el mercado siempre es efímera

En http://www.axiis.org/examples/BrowserMarketShare.html muestran gráficamente la cuota de mercado de navegadores desde 2002 hasta hoy. Cool indeed.

Observad cómo el color naranja, que representa a Firefox, crece hasta hacerse mayoritario. Pero en 2002 IE era hegemónico, con más de un 95% de cuota de mercado, y era el navegador de la principal empresa de software ¿cómo ha podido pasar a perder su hegemonía y hasta el primer puesto?

Pues porque la hegemonía, en un entorno en el que se permite la competencia, es solo un espejismo temporal. Inevitablemente, el que cree que ha conquistado el mercado para siempre abandona la innovación, y va dejando huecos en los que se pueden colar los rivales. Luchar contra ellos con trucos como trastear con los estándares y aprovechar la hegemonía en los sistemas operativos de usuario puede retrasar la caída, pero la hace más abrupta cuando se produce.

Para las grandes empresas, la lección es que, tarde o temprano, tu imperio se verá amenazado y debes prepararte para ello. Pero para las pequeñas empresas hay una lección más importante: ningún mercado es impenetrable, todo es cuestión de descubrir cómo ofrecer mucho más valor a tus clientes.

No quiero que mi vecino tenga beneficios

Certero el comentario de Raúl al meme de “los excesivos beneficios empresariales”. Yo iría aún más lejos que él: no es solo que las empresas con grandes beneficios aporten mucho dinero en Impuesto de Sociedades, o creen mucha riqueza a su alrededor. Es que si tienen muchos beneficios, es porque han aportado mucho valor a unos clientes que les han dado su dinero a cambio.

Yo, a estas alturas de la vida, no creo en la solidaridad. Creo en el egoísmo. Y creo en la avaricia, ese vicio que según algunos está en la raíz de nuestra crisis actual. El egoísmo y el afán por tener más mueve a la gente a aportar valor a los demás.

Lo dijo Adam Smith, hace algo más de 200 años:

No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.

El caso es que cuando unos cuantos buscan ser ricos vendiendo cerveza, o carne o pan, yo consigo cenar bien por poco dinero. Ellos se dedican a su negocio, sin pensar en mi hambre, y me cobran por satisfacer una necesidad elemental como es la comida.

Todos los empresarios hacen lo mismo, salvo los que buscan medrar en oligopolios regulados por el Estado. Yo no tengo respeto por las televisiones, ni por los bancos, pero sí por los constructores de viviendas, esos malditos especuladores que se han hecho de oro con la necesidad elemental de vivienda de la gente.

Todos los que se quejan de haber comprado casas a precios estratosféricos, lo han hecho voluntariamente, sin que nadie les coaccionara. ¿Que se equivocaron? Pues mala suerte, a apechugar con las consecuencias y a aprender. Los que no lo hicieron, ahora tienen la oportunidad de comprar un 30% más barato, si se deciden. Lo que no es justo es que los prudentes saquen las castañas del fuego a quienes tomaron una decisión equivocada.

¿Tuvieron beneficios excesivos los constructores? No, porque atendían a un mercado que estaba dispuesto a pagar los precios que ofrecían. Pero tampoco pueden quejarse ahora si ya no existe ese mercado, y tienen que vender mucho más barato o cerrar la empresa.

En todo esto de los beneficios exagerados de las empresas hay mucho de envidia. Es como el cuento del hombre a quien Alá le deja pedir un deseo, advirtiendo que su vecino obtendrá el doble de lo que pida, y el hombre pide quedarse tuerto.

Pues eso, que muchos prefieren quedarse tuertos con tal de que su vecino quede ciego. Quedarse en paro, con tal de que ninguna empresa tenga beneficios excesivos.

Creative Commons License photo credit: zugaldia

Y a los fabricantes de bolis ¿quién les ayuda?

Yo ya no entiendo nada. Resulta que el gobierno cree que para reactivar la economía nada mejor que regalar millones a los ayuntamientos (y a las comunidades autónomas el año que viene), para que se lo gasten en lo que sea. Pistas de scalextric o monopatín o hierba artificial para 30 campos de fútbol, por ejemplo. El gobierno es socialista, y cree que cuando la economía flojea, su obligación es intervenir gastando, para que la cosa no decaiga.

Lo que ya no entiendo es que a la vez el gobierno promueva que los funcionarios ahorren en bolis o fotocopias. Vamos a ver: si gastar es bueno ¿no será también bueno gastar en fotocopias y bolis? ¿tiene menos derecho los fabricantes de productos ofimáticos a superar la crisis que los fabricantes de hierba artificial?

Mi opinión, por supuesto, es que si el gobierno interviene, el resultado siempre es malo. Como no sigue la lógica del mercado, acaba premiando a empresas ineficaces en detrimento de otras que merecerían más ganar ese dinero que el gobierno nos quita para despilfarrarlo a su antojo.

Y puede ser aún peor. Como sucede también en Estados Unidos, el gobierno está más dispuesto a sostener al sector del automóvil, que son pocas empresas y con trabajadores organizados, que a las decenas de miles de comercios que están cerrando en toda España, pero que caen sin hacer ruido, como las hojas del otoño.

El caso es que mientras el gobierno sigue quitándonos el dinero para evitar el colapso de la banca, de la construcción o de la industria del automóvil, el país se nos va llenando de pequeñas empresas muertas. Y a ver quién es el que viene después a recoger tanto desastre.

Creative Commons License photo credit: hydropeek

El mercado funciona mejor que los mejores expertos

Supongo que conoceréis la iniciativa OLPC (One Lapton Per Child) que creó hace ya algún tiempo Nicholas Negroponte, supremo gurú de nuevas tecnologías en el MIT. La idea era crear un ordenador barato y robusto que pudieran usar los niños de países subdesarrollados para tener acceso a las tecnologías de la información y mejorar así sus perspectivas de futuro.

El proyecto tuvo un desarrollo muy lento, y el objetivo de que el coste de los portátiles no superara los 100 dólares todavía no se ha conseguido. Han vendido unos cuantos miles en algunos países en vías de desarrollo, y otros en occidente, en base a una campaña de “compra uno y regálale otro a un niño del tercer mundo”.

Ahora la empresa que se creó para comercializar y desarrollar el portátil ha anunciado que despedirá a la mitad de sus trabajadores y reducirá los sueldos del resto. Según Negroponte, por la crisis económica.

Pero lo cierto es que el mercado ha identificado un nicho para portátiles pequeños, simples y baratos, que se han dado en llamar netbooks, y se venden extraordinariamente bien. Cuestan algo más de 100 dólares, pero también el OLPC cuesta 200. Y es probable que pronto haya un mercado de segunda mano que haga llegar a los países subdesarrollados modelos antiguos por menos de 100 dólares, de manera similar a lo que sucede con los teléfonos móviles.

Una lección de todo esto, claro, es que es más fácil tener una idea que implementarla. Puedes tener la visión de un portátil barato y sencillo, pero conseguir fabricarlo y que llegue a su público objetivo requiere otras cualidades además de visión.

Pero la otra lección es que el mercado es más eficaz que un experto, por muy gurú de las nuevas tecnologías que sea, a la hora de hacer viable cualquier idea. O de descartarla rápidamente si no lo es.

Creative Commons License photo credit: One Laptop per Child

Tomad ejemplo de Voce


Si queréis saber como no hay que hacer las cosas, tomad ejemplo de Voce.

Primero crearon un servicio para el que no había mercado. Definiéndose como operadora de lujo, ofrecía un móvil cada año (no especialmente lujoso y algo antiguo), tarifa plana ilimitada y un servicio de “secretaria virtual”, todo por una tarifa de entrada de 1.500 dólares y otros 500 dólares al mes.

¿Cuantos ricos y famosos se apuntaron? Cero. Así que bajaron el precio a 1.000 $ de entrada y 400 al mes. Tampoco funcionó. Nueva bajada un año después a 500$ de entrada y 200 al mes. Así consiguieron 2.000 clientes, que evidentemente no son suficientes para mantener una operadora de telefonía móvil.

La empresa se ve obligada a cerrar y ¿cómo se entera del cierre su Director de Operaciones? Pues porque su móvil deja de funcionar. Sí, aunque parezca increíble, el Director de Operaciones de la empresa no sabía que la empresa cesaba en sus operaciones.

Seré piadoso, y me reservaré los comentarios irónicos para mejor ocasión. Simplemente, antes de lanzar un producto o servicio absurdo, pensad bien en quién será vuestro cliente, qué necesita y qué está dispuesto a pagar por ello, y como vas a proporcionárselo.