Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Y si mi empresa no tiene competencia?

Entre las preguntas de esta semana he elegido esta de Antonin:

Es una idea traída del pasado mezclada con personalización. Pero me he encontrado con que en España no existe algo así y un poco solitario respecto a esta parte tan vital de una empresa que es la de fijarse mucho en la competencia. Y mi pregunta es esa: Que pasa cuando no tienes competencia? Como sabes si vas por buen camino? Y como puedes minimizar el impacto negativo que pueda surgir cuando sí la tengas?

Lo más frecuente entre los emprendedores inexpertos es lo contrario, asustarse cuando hay competencia y descartar tu idea “porque ya lo está haciendo otro”. Puedes leer aquí por qué esto es un error. Así que Antonin acierta al preocuparse porque no hay competencia.

Ahora la pregunta sería si de verdad no hay competencia. En el caso concreto de Antonin (que tiene que ver con regalos personalizados) claro que hay competencia. El problema es que Antonin no está mirando en el sitio adecuado para encontrarla.

Vamos a poner un ejemplo. Supongamos que nos planteamos un negocio de venta de paraguas y descubrimos que en nuestra ciudad nadie vende paraguas. Hay varias explicaciones para esto:

  • Vivimos en una ciudad con un clima extraordinariamente seco, apenas llueve uno o dos días al año. En este caso, no hay competencia porque no hay mercado. Haríamos bien en olvidarnos de la idea de los paraguas.
  • Los habitantes de la ciudad desconocen el paraguas, y cuando llueve se mojan. Existe la posibilidad de que lo compren si descubren lo útil que puede ser en un día de lluvia, pero nadie se lo ha explicado hasta ahora. Efectivamente, no hay competencia y hay un mercado potencial.
  • Nuestros paisanos se protegen de la lluvia con chubasqueros, capuchas y sombreros. Estos instrumentos son nuestra competencia, aunque no tengan forma de paraguas.

Dicho de otro modo, si no vemos competencia puede ser porque no hay mercado, porque es un mercado “virgen” o porque la competencia adopta otras formas. ¿Cuál de estas tres es la situación más favorable? En principio parecería que la segunda. En la primera está claro que no hay dinero que ganar, y en la tercera los ciudadanos ya tienen sus necesidades cubiertas de otra manera.

En realidad no es tan fácil. En el segundo caso, hay una “competencia” oculta: no hacer nada. Si el cliente potencial no es consciente de que tiene un problema que resolver o prefiere vivir con él antes que pagar dinero por resolverlo, nos va a costar mucho vender, porque tenemos que convencerle de dos cosas: de que tiene un problema y de que nuestro producto es la solución.

En el tercer caso, el cliente sabe que tiene un problema. Si nuestra solución (el paraguas) es mejor que la que usa (el chubasquero), tenemos una oportunidad de vender, porque él ya sabe que tiene un problema y está dispuesta a pagar por resolverlo, solo necesitamos convencerle de que nos pague a nosotros y no a nuestra competencia.

De modo que, volviendo a la pregunta de Antonin, si no ves competencia probablemente es que estás mirando poco. En su caso hay competencia en otros regalos personalizados, de modo que su misión es convencer a los clientes potenciales de que su propuesta es mejor que la de la competencia. Que no es fácil, pero es mejor que empezar por explicarles que tienen que pagar por un problema que no son conscientes de que tienen.

Por qué las webs de restaurantes son una mierda (y un regalo para ti)

Supongo que habrá excepciones, pero por lo general las webs de restaurantes son pura basura. Una intro con Flash que garantiza que no puedes ver nada si se te ocurre acceder desde un smartphone porque estás en la calle y justo en ese momento estás buscando un sitio donde comer. Música activada por efecto, para que todos tus colegas se enteren de que no estás trabajando si se te ocurre dedicar cinco minutos a buscar un sitio donde llevar a cenar a tu pareja. Flash por todas partes, para que si has conseguido entrar te sea imposible navegar. Para conocer la carta debes descargarte un PDF de 10 megas, que luego resulta que no tiene precios. Averiguar algo tan sencillo como la dirección supone pinchar en varios enlaces. Y no se te ocurra preguntarte si hay un menú del día, porque ningún restaurante que se precie se rebaja a dar una información tan pedestre. Es raro, raro, raro que puedas reservar desde la web. Eso sí, todos te informan de que hacen cocina de mercado con excelentes materias primas y respeto a la tradición pero con un toque vanguardista, porque el chef ha trabajado en el Bulli, o ha trabajado con alguien que ha trabajado el el Bulli o algo así.

Hay un motivo para todo esto: el que encarga la web no se pone en la piel del cliente, sino que busca crear un “entorno que evoque la experiencia de comer en el restaurante”. Aunque el cliente solo quiere saber a qué hora abren, si es un lugar adecuado para ir con los niños o con la chica a la que quiere impresionar y por cuánto le va a salir la broma. Claro que una web sencillita con el menú del día actualizado, por supuesto con precios, y un enlace a Google Maps no mola tanto, y el dueño del restaurante, ya que se deja un dinero en la web quiere asegurarse de que navegar por ella es una experiencia que deja huella.

Algo parecido pasa con las webs de casas rurales. A estas alturas es increíble que no tengan al menos 100 fotos de cada habitación, desde todos los ángulos y con todos los detalles posibles. ¿No es tu casa única? ¿no son gratis las fotos? ¿qué te impide enseñar cada detalle y que el cliente potencial sepa qué va a encontrar si decide hospedarse en tu casa? ¿por qué no dejas que tus huéspedes suban sus propias fotos, para que otros visitantes sepan que son verdaderas?

En realidad, esto de hacer las páginas web pensando en la empresa y no en el cliente es así desde que el mundo es mundo, o al menos desde que la web es Internet. Cualquier página web de un organismo oficial dedica muchos más pixeles de su homepage a cantar las loas y alabanzas del político que se sienta en la poltrona que a facilitar los trámites del ciudadano.

Todo lo cual es una buena noticia, porque en este estado de cosas es fácil diferenciarse y hacer una página verdaderamente útil. Es más, paradójicamente es más fácil y barato crear una página web sencilla y útil que un engendro en Flash. Todo ventajas, con la única condición de que trabajes pensando en tu cliente y no creyendo que tu ombligo es el centro del universo.

Ya he explicado alguna vez que con una instalación un poco cuidada de WordPress puedes tener una página web mejor que el 90% de tu competencia por muy poco dinero. Hoy os planteo otra alternativa, que no he usado pero tiene buena pinta: BaseKit

BaseKit es una herramienta para crear páginas web de manera visual, sin necesidad de conocimientos técnicos. No es una opción tan potente como WordPress (por no hablar de alternativas como Joomla! o Drupal), pero es sin duda preferible a esa web horrible hecha por el sobrino “que sabe de informática” o el horror creado un Flash por un creativo desbocado. Y si no tienes ni tiempo ni ganas de administrar dominios o servidores o actualizaciones, no importa.

En el título os prometía un regalo, y aquí va: si me explicas en un comentario por qué te mereces una cuenta de BaseKit para la web de tu empresa, y le das difusión al comentario en twitter, puedes ganar una cuenta gratis durante un año. Decidirá el ganador un jurado compuesto por yo mismo, en función de dos criterios: los argumentos aportados y la difusión que consiga el comentario en twitter. La decisión, por supuesto, será inapelable.

Así que si quieres una cuenta gratis de BaseKit ya estás tardando, porque el plazo acaba el día 3 de octubre. Y si no lo consigues, puedes probarlo de todas maneras, que el precio no es excesivo.

Nota: no llevo ninguna comisión ni gano ningún dinero ni tengo ninguna otra ventaja o incentivo para recomendar BaseKit. Simplemente creo que puede ser útil si estás en el perfil que he descrito: no tienes ningún conocimiento técnico y pocas ganas de adquirirlos, pero necesitas crear y mantener tu web. Y ya que me han ofrecido un regalo, pues eso que ganas por ser lector de Desencadenado.

TomTom o el marketing en Internet bien hecho

Esta mañana, la web de humor El Mundo Today publicaba esta noticia: TomTom lanza un GPS con la voz de tu mujer. La noticia es divertida y ha corrido rápidamente por Internet.

Pero lo bueno ha sido la respuesta de TomTom. ¿Indignarse por usar su nombre en vano? ¿Denunciarles por usar una marca registrada sin permiso? No, han aprovechado para crear un concurso, en el que animan a twitear frases que grabaría tu mujer en el TomTom con el hashtag #mimujerenTomTom.

Pues eso, que a veces no hace falta gastarse millonadas en publicidad. Basta con estar atento a la conversación y aplicar un poco de humor y sentido común.

Razones para escribir un eBook

Probablemente nunca hayas pensado en ser escritor. Los escritores son esos seres extraños que se encierran en una casita entre montañas, o que viven en un piso del centro rodeados de estanterías con miles de libros y fuman en pipa.

Y sin embargo, tienes razones poderosas para escribir un eBook. Entre ellas no están ganar el Nobel de Literatura, ni conseguir un sillón en la RAE, pero son muy importantes para el éxito de tu negocio:

1. Un libro te identifica como experto

Si llevas más de 4 o 5 años trabajando en algo, seguro que puedes escribir algo útil para quien esté empezando. Muy poca gente lo hace, por lo que si tú eres uno de ellos automáticamente te conviertes en experto ante tus lectores. Cómo aproveches esta posición es cosa tuya, pero lo que está claro es que te puede abrir muchas puertas.

2. Difundir tu conocimiento atrae a nuevos clientes

Para muchos negocios, conseguir un cliente nuevo es cuestión de confianza. El problema es que esa confianza se consigue después de años de trabajo y de decenas de clientes satisfechos, con lo que entramos en un círculo vicioso en el que no consigues clientes porque no puedes demostrar tu valía y no puedes demostrar tu valía porque no consigues clientes.

Y no, una página web en la que expliques que tu empresa está formada por profesionales jóvenes pero de reconocido prestigio y con experiencia en el sector no genera ni un miligramo de confianza en el cliente. Un blog ayuda, pero requiere un esfuerzo por parte del cliente potencial, que necesita navegar por unas cuantas entradas para ver que lo que escribes es sólido y tiene fundamento.

En este caso, un libro puede ayudarte mucho a conseguir esos clientes. Aunque parezca que regalar tu conocimiento va a provocar que los clientes potenciales resuelvan su problema por sí mismos aprovechándose de la información que aportas, lo cierto es que la inmensa mayoría ni siquiera va a intentar hacerlo por su cuenta y preferirá contratar los servicios de un experto. Es decir, los tuyos.

3. Un libro puede convertirse en una fuente de ingresos adicional

Muy poca gente se hace rica escribiendo libros, pero un libro técnico con información relevante puede venderse a buen precio si va dirigido a un público que necesita esa información y que puede ganar dinero con ella. Si eres capaz de escribir un libro así, puedes venderlo por un precio de entre 20 y 50 €, tal vez más si el valor es muy alto y hay muy pocas alternativas en el mercado. Con que vendas unos cuantos al mes, tienes una fuente de ingresos complementaria a tu actividad, y que además funciona incluso cuando estás de vacaciones.

¿Y no es muy difícil escribir un libro?

Sí y no. Es muy difícil, porque aunque mucha gente fantasea con la idea de escribir un libro, pocos tienen la iniciativa de ponerse a escribir, y menos aún tienen la constancia de seguir escribiendo un día y otro y otro. Y todavía menos gente tiene el sentido común como para decir que el libro ya es suficientemente bueno y está terminado. Es muy frecuente encontrar prefeccionistas que siempre creen que falta un capítulo, que habría que revisar otro, que tendría que incorporar más referencias…

Hasta ahora, escribir un libro tenía el problema de que el proceso editorial suponía una fortísima barrera de entrada. O conseguías un editor, o el libro se quedaba en un cajón. Pero ahora puedes publicar un libro y venderlo online, en tu web o incluso en Amazon, sin pedir permiso a nadie. Tú eres la única persona que puede impedirte escribir y publicar.

Claro que hay muchas cosas que tienes que tener en cuenta a la hora de plantear el tema, de escribir, de darle un acabado profesional, de promocionarlo, de venderlo… hacer todo esto correctamente puede ser la diferencia entre un eBook que te compren un par de amigos más por cariño que por otra cosa y una herramienta que consigue alcanzar los objetivos de notoriedad o ingresos que te hayas marcado.

Y aquí no puedo más que recomendarte usar las herramientas que ha creado mi amigo Franck Scipion. Franck ha hecho un trabajo excelente para ayudarte en todos los pasos que debes seguir para crear tu eBook. Hay un producto de pago, que merece la pena si te vas a tomar el proyecto de escribir en serio, porque vas a recuperar esa pequeña inversión con creces. Pero también hay información gratuita que seguro que te será muy útil, así que te recomiendo que le eches un vistazo, que aprendas lo que puedas y que te pongas manos a la obra cuanto antes. En unas semanas tendrás un eBook que podrás usar para mejorar tu marketing, tus ventas o conseguir ingresos adicionales.

El precio del eBook es de 37€, pero he acordado con Franck un descuento de 10€ para los lectores de Desencadenado. Este descuento solo estará operativo durante 48 horas, por lo que si te interesa debes darte prisa. Se acabó el descuento, pero puedes seguir comprando el eBook pulsando

Marketing viral a través de una acción social

Este es un post invitado, escrito por Federico Gómez Sánchez, diseñador web y Profesional Certificado en Google AdWords (http://profesional-web.es )

Continuamente estamos leyendo (u oyendo) artículos sobre marketing de bajo presupuesto para pymes y autónomos, para hacer llegar un mensaje al máximo de gente con la mínima inversión posible.

Se mezclan tiempos de crisis y ebullición de redes sociales, lo cual es muy propicio para realizar acciones de marketing viral.

Y así es como se me ocurrió la iniciativa Campaña “Voluntariado Web”, que he puesto en marcha con el fin de darme a conocer como diseñador web freelance, a través de la “donación” de cuatro sitios web a ONG’s o Asociaciones (sin ánimo de lucro) durante este año, a razón de una web cada dos meses, realizándolos en los tiempos muertos entre el resto de mis proyectos.

Lo que persigo con esta acción es publicitar mis servicios , ofreciendo como contrapartida el diseño web (y alojamiento) a las ONG’s o Asociaciones ganadoras.

Puede que haya quien piense que esto es publicidad gratuita, en cierto modo es así, pero pensad que cada web podría estar valorada perfectamente en unos 500 euros (tirando muy por lo bajo), a los que habría que sumar el coste del alojamiento web que también incluyo.

¿Y entonces por qué no invierto ese dinero haciendo publicidad tradicional? Fácil, porque de esta manera además de realizar una labor altruista, me aseguro 4 trabajos más a incluir en mi portfolio. Yo gano-ellos ganan.

¿Y por qué esto es marketing viral? Pues porque espero que también vosotros me ayudéis a difundir la campaña a través de las redes sociales para encontrar las 4 ONG’s o Asociaciones que disfrutarán del premio.

Podéis encontrar más información al respecto en mi blog: http://profesional-web.es/blog/item/9-campana-voluntariado-web.html

Agricultores agresivos


A principios de los años 80 del siglo pasado, estuvo de moda lo que se dio en llamar el ejecutivo agresivo. Un anuncio de trajes tenía como slogan “lobos con piel de cordero”. Habían pasado los hippies y llegaban los tiempos de los yuppies, Mario Conde, Wall Street…

En este ambiente, Forges hizo un chiste en el que dos campesinos leían la sección de ofertas de empleo y uno de ellos decía “¿lo ves? te lo dije. Ejecutivos sí, agricultores agresivos no.”

Efectivamente, el mercado demandaba “ejecutivos agresivos”, pero incluso en aquélla época los “agricultores agresivos” eran otra cosa.

Cuántas veces en nuestro proyecto copiamos sin reflexionar lo que está de moda, sin pensar si es lo más adecuado para nuestro caso concreto. Páginas web con introducciones en flash, los logos con reflejos de hace un par de años, la web dos cero, el social media… ¿de verdad aportan valor en tu caso concreto? ¿hacen a tu cliente más fácil entender lo que vendes y relacionarse contigo?

¿Cuántas horas dedicas al día a hacer lo que hace todo el mundo?

El Bulli como loss leader

Ferrán Adriá ha declarado que su restaurante El Bulli no gana dinero. Creo recordar que no es la primera vez que lo dice, pero ¿por qué es así? Si es el mejor restaurante del mundo, ¿no podría subir los precios hasta hacerlo rentable? ¿no podría disminuir los costes? ¿abrir 8 meses en lugar de 6?

Lo cierto es que para Adriá El Bulli es un loss leader. Es decir, que Adriá mantiene abierto El Bulli, a pesar de que como negocio pierda dinero, porque gracias a él gana dinero por otras vías.

El Bulli tiene que abrir solo 6 meses, mantener una lista de espera de años, admitir solo 50 comensales en una sola comida por día, ofrecer menús de degustación de 50 platos… porque eso le permite ser el mejor restaurante del mundo, año tras año. Gracias a que es el mejor, Adriá puede poner su nombre en otros productos, desde hoteles hasta cadenas de fast-food, con los que sí puede ganar dinero.

El concepto de loss leader lo aplican otros negocios, como las grandes superficies, que ofertan productos muy rebajados vendiéndolos incluso por debajo de coste, porque una vez que el consumidor está en del comercio es muy probable que compre otros productos en los que sí hay un margen suficiente.

En Internet muchos servicios tienen una versión gratuita (que a la empresa le cuesta dinero) que “engancha” al usuario, y que hace que un porcentaje de esos usuarios gratuitos acabe siendo de pago cuando necesita el servicio completo.

Ahora, piensa en cómo puedes tú aplicar el concepto a tu empresa. ¿Puedes ofrecer algo gratis? ¿puedes hacer algo para ganar prestigio aunque pierdas dinero con ello?

Marcas en público

Squidoo, la empresa fundada por Seth Godin, ha lanzado una iniciativa muy interesante: Brands in Public. Godin parte de un hecho: ahora se habla de las marcas en Internet, y no se puede detener ese proceso. Pero se puede controlar: si no puedes evitar que alguien hable mal de tu marca, al menos explica tu punto de vista, o reconoce que el cliente tiene razón y explica qué vas a hacer para cambiarlo. Y si alguien está hablando bien, o aportando ideas para que mejores, reconoce y valora esas aportaciones. Anima a tus fans, que es mejor manera de hacer publicidad que interrumpiéndoles mientras ven la tele.

Brands in Public ha creado una página para cada una de las marcas más relevantes, en la que agregan los comentarios en la blogosfera, twiteos, noticias, etc. Se trata de tener en un solo lugar lo que se está diciendo de una marca. La gracias es que está abierto, y cualquier empresa puede crear su propia página.

Si yo fuera responsable de marketing de una empresa, empezaría a usar esta herramienta desde ya.

Resultados de la encuesta sobre el marketing en tiempos de crisis

Cambio por fin la pregunta de la encuesta, que pasa a ser ésta: ¿Qué es lo mejor que pueden hacer las administraciones públicas para ayudar a los emprendedores?

Y comento los resultados de la actual. Recordad que la pregunta era “¿Qué debe hacer una empresa con el marketing cuando hay crisis?”.

Tal vez sea por el espíritu emprendedor de los lectores, pero lo cierto es que un 89% opta por gastar lo mismo o incluso más. Nada menos que un 13% apoya la opción de gastar más para ganar más cuota de mercado. Pero eso contrasta con lo que hacen las empresas. El gasto en publicidad ha descendido, y mucho. Lo que demuestra la diferencia entre la teoría y la práctica. En teoría hay que invertir en marketing, pero en la práctica tienes que pagar las nóminas y cada vez tienes menos ingresos, así que recortas de todas partes.

Y a aguantar un mes más, a ver si el siguiente es mejor.

El secreto del éxito está en ser diferente

“Vosotros sed fríos o calientes, porque a los tibios les escupiré de mi boca”. Eso dice la Biblia, y algo parecido dice Seth Godin, que algo sabe de marketing.

A la hora de llevar al mercado nuestros productos, incluso a la hora de definirlos, existe la tentación de ser cobarde, de hacer lo que hace la mayoría. El ser humano es gregario, y busca la aprobación de su entorno social. Por eso es más fácil dejarse llevar y crear ofertas que sigan la “moda”.

Seguir la corriente mayoritaria es cómodo. No tienes que remar, el mercado entiende fácilmente tu propuesta porque es como la de tus competidores, en lugar de desarrollar una estrategia para el futuro puedes limitarte a reaccionar según lo haga el resto de la bandada…

El problema, claro, es que las grandes recompensas las consigue el que va contra corriente. El que se sale de la norma. Casi siempre ser radical o extremista en tus propuestas te lleva derecho al desastre, claro. Pero si ganas, ganas de verdad.

En un mundo en el que las barreras de entrada son cada vez menores en todos los sectores, diferenciarse es casi una necesidad, la única manera de mantener alejados a los competidores al menos durante un tiempo. Y al fin y al cabo, para ser mediocres también podríamos buscar un trabajo normal en lugar de meternos en el lío de crear una empresa ¿no?

Sin ánimo de ser exhaustivo, estas son formas de diferenciarse que distintas empresas han usado con éxito:

Ser más caro

Apple disputa el puesto de primer fabricante de hardware a HP y Dell, y supera en valor al otrora número uno IBM. Durante años, mientras todos los fabricantes hacían ordenadores personales indistinguibles entre sí, optó por ser diferente. Estuvo a punto de hundirse, pero al final esa estrategia de ser diferente le ha hecho ser más rentable que las otras compañías de hardware. Y ha visto como competidores de renombre cerraban o abandonaban el negocio.

Ser barato es más difícil que ser caro. Tienes que ser muy, muy eficiente para vender por debajo de tus competidores y ganar dinero. Además, necesitas conseguir volumen. Cuando estás en un negocio que apenas maneja un margen bruto del 5%, como el de los ordenadores personales, cualquier fallo hace que una operación te cueste dinero en lugar de darte beneficio.

Por el contrario, si eres caro, puedes contar con márgenes mucho mayores, que te aseguran mayor tolerancia frente a pequeñas ineficiencias. Y no necesitas un volumen grande para ganar dinero.

No es fácil conseguir, como lo consiguió Apple, que tus clientes paguen el doble o el triple por tu producto que por el de la competencia. Pero merece la pena intentarlo.

Ser mucho más barato

Si eliges ser más barato, tienes que conseguir ser mucho más barato. Escandalosamente más barato. Es el camino al éxito de IKEA o Ryanair, por ejemplo. Aunque parezca un contrasentido, ser muy barato cuesta mucho dinero. La única manera de compensar un beneficio bajo por cada cliente es tener muchos clientes, y eso requiere hacer grandes inversiones en marketing. Tienes que tener además unas operaciones preparadas para atender a una gran cantidad de clientes. Y esas operaciones tienen que funcionar como la seda, porque cualquier error supone una pérdida. Y todo esto también cuesta dinero.

Una alternativa es que descubras una manera de hacer las cosas con mucho mayor margen que los competidores instalados. Si es así, enhorabuena y adelante. De lo contrario, piensa en otra cosa.

Ser exclusivo

A veces la mejor manera de conseguir que un determinado perfil de cliente te elija es rechazar a otros, incluso a muchos. Decir “no eres bienvenido” a la inmensa mayoría de los clientes es una estrategia que les funciona muy bien a muchas empresas. ¿Ejemplos?

La cadena de tiendas de regalos Musgo es (o era, hace tiempo que no piso una) conocida por la bordería de sus dependientas, que antes de dignarse a atenderte te miraban displicentes con aires de duquesa, para después decirte con un gruñido que no tenían lo que buscabas y dedicarse a otra clienta más pija y más guay. ¿Por qué la dirección mantiene a unas dependientas más pijas que los hijos de Isabel Preysler y que maltratan a la mayoría de los clientes potenciales? Pues porque los clientes de verdad, los que se gastan una pasta, quieren saber que ellos sí son bien tratados, que esa tienda está a su nivel, que no están comprando en Ikea o en una tienda de barrio.

Las discotecas de moda fabrican colas de gente a su puerta. En parte, por mantener una proporción de “gente guapa” en el interior, que es parte del atractivo del local. Pero también porque una cola produce sensación de escasez, y aumenta el deseo de conseguir acceder al sancta sanctorum, al lugar reservado a los elegidos.

Todos los centros educativos privados (desde guarderías a universidades o escuelas de negocios) entrevistan a padres y alumnos, y rechazan sin contemplaciones a decenas o centenares de alumnos que no cumplen los criterios de admisión (dinero, recomendaciones, familia, educación, nivel social…). Aunque puedan pagar el importe de los estudios, y por tanto ser clientes rentables.

Otras empresas son más sutiles: no dicen expresamente “tú no puedes entrar”, pero mantienen una política de precios que excluye a la mayoría de los clientes. Determinados lugares de vacaciones son caros no solo porque los servicios de lujo cuesten dinero, sino porque elevando los precios se aseguran un determinado nivel de cliente, al que le gusta verse rodeado de otros que sean de la misma condición.

Es decir, rechazar al 90% de los clientes potenciales, incluso de malos modos, es una vía excelente para conseguir que el 10% restante contrate tus servicios y pague por ellos cantidades absurdamente altas. Solo porque has conseguido convertirles en diferentes a la masa de los rechazados.

Tener sentido

The Body Shop revolucionó el sector de los cosméticos introduciendo un mensaje ético en un sector basado en el lujo y el capricho. Cométicos naturales, comercio justo, no a la experimentación con animales… son mensajes que un sector importante de clientes estaba dispuesto a escuchar.

Algo parecido sucede con el software libre, que para muchos es algo más que una opción tecnológica. O con las energías renovables y la sostenibilidad, que es el mensaje actual de las eléctricas de toda la vida.

Para muchas personas, es importante sentirse parte de algo más grande, tener una causa, estar a gusto consigo mismo. Si tu propuesta tiene una base ética y eres capaz de transmitir un mensaje de este tipo, puedes encontrar un mercado deseoso de encontrar sentido y diferenciarte de los que se limitan a ofrecer un producto.

Vender experiencias

Cuando un producto es escaso, poseerlo es en sí mismo apetecible. Cuando en España empezaron a venderse los Seiscientos, todo el mundo quería uno. Cuando IBM fabricó su Personal Computer, tener un ordenador era un signo de modernidad.

En ese estadio, el que fabrica el producto puede venderlo con un margen importante, porque los clientes quieren comprarlo. En los años 80 era normal vender ordenadores personales con un margen superior al 30%.
Pero ese margen abultado atrae a la competencia como la sangre a los tiburones. Y surgen las imitaciones con más o menos calidad. El fabricante original tiene que ajustar sus precios, y el mercado se va optimizando. Un día te despiertas y tu margen está por debajo del 5%.

Una estrategia para evitar caer en la guerra de precios es vender servicios. Lo han hecho las principales empresas del sector TI: IBM, HP, Sun… uno puede diferenciarse más en sus servicios que en unos bienes “comoditizados” como los ordenadores, lo cual significa que vuelves a trabajar con márgenes decentes.

Pero sucede que la competencia, con el tiempo, hace madurar también el mercado de los servicios. Comienza la guerra de precios y te encuentras con unos márgenes que menguan a ojos vista.

¿Qué haces entonces? Una solución difícil pero extraordinariamente rentable es vender “Experiencias”. Pensad en BMW o Nike.

La publicidad de BMW no muestra un coche. Muestra una carretera y la pregunta “¿Te gusta conducir?” BMW no vende coches: vende experiencias en conducción.

Nike tampoco muestra zapatillas en sus anuncios. En algunos de ellos, ni siquiera muestra la marca. Solo el “swosh”, el archifamoso logo. No vende zapatillas, vende una forma de vivir el deporte, incluso una forma de estar en el mundo.

¿Puede hacer algo parecido un pequeño negocio que está empezando? En mi opinión, lo que no puede es hacer otra cosa. ¿Necesita el mundo otra empresa de diseño gráfico? ¿Otra consultora que instala redes de ordenadores y da soporte a Windows? ¿Otra tintorería?

Antes de embarcarte en la creación de tu empresa, piensa cómo vas a conseguir que tus clientes tengan una experiencia de su trato contigo que les haga identificarte, recordarte, desear que esa experiencia se repita e incluso recomendarla a otros.

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