Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

A los jefes duros les va mejor

Seguro que cuando eras un becario imberbe que empezaba a dar sus primeros pasitos en el proceloso mundo de las empresas pensabas “si algún día soy jefe, tendré en cuenta la opinión de mis subordinados, me ocuparé de que trabajen a gusto, evitaré gritarles y exigirles…”. E incluso es posible unos años más tarde te hayas visto en la situación de tener que dirigir a otros y hayas intentado poner en práctica esas ideas.

Al fin y al cabo, es lo que recomienda todo el mundo: crear un buen ambiente de trabajo, apoyar las iniciativas de los empleados, empowerment y palabrejas semejantes de los gurús americanos, etc.

Pues resulta que es probable que eso no sea tan bueno para ti. Un artículo de la Harvard Business Review titulado Why Fair Bosses Fall Behind (Por qué los buenos jefes se quedan atrás) explica que puede ser mejor para la carrera de un jefe mostrarse duro, exigente e incluso gritar y enfadarse a ser un jefe amable, que razona y que trata a sus empleados con dignidad.

El motivo es que a los jefes amables se les percibe como menos poderosos, con menos control sobre los recursos y con menos capacidad de premiar o castigar. Y eso puede dañar sus posibilidades de promocionar a puestos con más “nivel de exigencia”.

Además de la conclusión de los autores del artículo (interesante para los que tengan como objetivo hacer carrera en una multinacional) me pregunto si esto puede tener implicaciones también para un emprendedor. Si resulta que la tendencia a respetar al gorila que más fuerte se golpea el pecho sigue más arraigada en nuestro comportamiento de lo que nos gustaría admitir, ¿puede tener más sentido demostrar a nuestros empleados quién es el macho dominante que respetarles como personas? ¿depende tal vez de la situación de la empresa, por ejemplo cuando hay una crisis y los empleados pueden preferir tener un líder fuerte antes que a un pusilánime que llevará a la tribu al desastre?

¿Y tú a quién reportas?

Ya sabemos que una de las cosas buenas de tener tu propia empresa es que no tienes jefe. Pero lo malo es que no tienes a nadie a quien reportar. Vale, no hace falta que me digas que reportar según a qué jefes puede ser una tarea odiosa. Pero reportar a alguien tiene sus ventajas.

Te obliga a comprobar tus resultados, y por lo tanto a pensar sobre ellos. Te estimula para que esos resultados sean mejores. Alguna vez incluso tu jefe puede tener alguna buena idea o darte un buen consejo. Y a veces es un alivio tener a alguien a quien contarle tus penas y todo el esfuerzo que te han supuesto esos resultados.

Así que reportar a alguien también es deseable para un emprendedor. ¿Pero a quién puedes reportar? EnDuct Tape Marketing proponen cuatro ideas, y yo voy a añadir dos:

Crea un grupo de emprendedores

Un grupo fijo, de unos pocos emprendedores del mismo sector o similar, que se reúna una vez al trimestre y comparta ideas, objetivos, planes, resultados…

Registra tu tiempo

Crea hojas de horas y apunta al final del día a qué has dedicado tu tiempo (en grandes áreas: marketing, gestión, venta…). Puedes ser mucho más estricto contigo mismo y con tu tiempo si eres consciente de dónde se va.

Crea un comité interno

Usa a tu asesor fiscal, a tu abogado o a tu gestoría para que analicen tus números y resultados y dales permiso para criticarlos. Después de todo, si eres su cliente ellos tiene interés en que te vaya bien.

Usa un coach

¡Los mejores atletas tienen entrenador! Tener el apoyo de un coach es una buena manera de aliviar la soledad de la cumbre y abrirte a ideas nuevas.

Las dos mías:

Consulta a tus accionistas

Si los tienes, para eso están. No es que les vayas a dar la lata con el día a día, pero preparar una reunión en la que expliques cómo va la empresa, hacia donde se dirige y que estrategia va a seguir puede serte muy útil por sí mismo. Si además tienes la suerte de que sea gente con experiencia y conocimiento, miel sobre hojuelas.

Ve a Iniciador

O a algún evento similar. Aunque no sea tan formal y sistemático, tienes la oportunidad de compartir ideas, de aprender de lo que están haciendo otros y explicar lo que estás haciendo tú.

¿Se os ocurre alguna otra?

Creative Commons License photo credit: Daquella manera