Desencadenado

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Los recreativos de Caine, Linus Torvalds y el mito de la idea

Esto dijo Linus Torvalds, el creador de Linux, en una entrevista reciente:

A la gente le gusta idolatrar las “ideas” y la “inspiración”, pero al final casi todo el mundo puede tener una idea. Hacer las cosas de verdad es donde la gente se atasca.

Lo he tuiteado un par de veces, pero si no lo habéis visto, mirad este vídeo. Si no entendéis inglés, leed primero la explicación que pongo debajo, pero merece la pena hacer el esfuerzo de intentar entender de qué va:

Caine es un niño de nueve años al que le gustan las máquinas recreativas. Así que decidió hacer su propio salón de máquinas recreativas en la tienda de su padre. Cogió las cajas de cartón en las que vienen los repuestos que venden en la tienda para fabricar sus “máquinas”, con mucha imaginación y piezas sacadas de algunos juguetes. El tío incluso inventó un algoritmo, usando unas calculadoras viejas y calculando raíces cuadradas, para validar si sus fun pass eran auténticos. Porque no solo hizo las máquinas para sí mismo. Lo que él quería era tener un salón de máquinas recreativas, y que la gente jugara con ellas, y por supuesto que pagara. Y pensó una estrategia de precios: un dólar por dos tiradas, dos dólares por quinientas. ¿Es o no es un genio?

Lo malo es que ahora los pedidos de repuestos se hacen por Internet, y no pasa mucha gente por la tienda de su padre. A Caine no le importó. Él hizo sus máquinas lo mejor que pudo, incluso hizo una ranura y se cuela por dentro de la máquina para sacar una tira de tickets de premio si el cliente gana el juego, como en una máquina recreativa de verdad. Por hacer, se hizo hasta una camiseta en la que pone “staff”. Y se sentó a esperar. Hasta que un día llegó un cliente. Nirvan Mullick alucinó con el ingenio de Caine, jugó con las máquinas y le ofreció al padre de Caine grabar un vídeo y hacer una acción para que Caine tuviera algún cliente.

Mullick movió la historia en Facebook y otras redes sociales y convocó un flash mob para dar una sorpresa a Caine. La cara del niño cuando ve que su salón recreativo está lleno de gente esperando jugar es impagable. Si eres emprendedor y no se te salta una lagrimita al ver esto, es que no tienes corazón. A raíz del vídeo, se ha creado un fondo para pagarle los estudios universitarios, que ya ha recaudado más de 175.000$. Puedes comprar una de las camisetas de Caine, o descargarte la canción del vídeo en iTunes y contribuir a que Caine tenga la mejor educación universitaria.

Ahora, piensa. La diferencia entre Caine y otros miles de niños (y no tan niños) es que Caine fue capaz de ir más allá de su “idea” y hacer algo. Eso que dice Torvalds que tan poca gente hace. Con cajas de cartón, con calculadoras viejas, con lo que tenía a mano. Es muy cómodo y reconfortante tener una idea y pensar “lo haría si tuviera financiación, o si encontrara un socio que supiera de tecnología, o si las leyes fueran más fáciles, o si…”.

Si de verdad tienes una idea, hazla realidad. Si no tienes dinero para alquilar un local y comprar máquinas recreativas, hazlas de cartón. Busca a tu primer cliente, y conviértelo en evangelizador de tu empresa. Haz lo que tengas que hacer, con todos los medios a tu alcance. Pero no seas una de esas personas que tiene ideas e inspiración y no es capaz de dar el paso de convertirlas en algo real.

Si tu idea de negocio no es original, mejor

El otro día mi hermana pequeña me habló de un par de ideas de negocio que se le habían ocurrido. Una de ellas me resultó interesante, así que hice unas cuentas rápidas, vi que podía ser rentable y busqué en Internet si alguien estaba haciendo ya algo parecido.

Descubrí que, efectivamente, hay una empresa que comenzó sus operaciones hace unos meses y ya tiene (según sus declaraciones) treinta clientes. Le pasé a mi hermana el enlace en un correo electrónico, y no hemos vuelto a hablar hasta hoy.

Resulta que a mi hermana descubrir que había competencia, le hizo pensar que ya no tenía sentido montar su empresa. Yo le pasé el enlace precisamente por todo lo contrario: que alguien esté intentando un negocio similar, e incluso que ya tenga clientes, es señal de que tu idea es buena y puedes apostar por ella.

Y es que un error frecuente entre los emprendedores primerizos es creer que si no tienes una idea original no puedes crear una empresa. Más bien sucede lo contrario: las ideas originales son muy peligrosas.

Primero, porque no está demostrado que haya un mercado. Tú puedes creer que tu idea es muy atractiva, pero hasta que no consigues que alguien saque la cartera y entregue su dinero la idea es una entelequia.

Segundo, y más importante, porque si eres el primero en probar la idea es fácil que cometas muchos errores. Rara vez son los pioneros en el mercado los que triunfan: Apple no fue el primer fabricante de reproductores MP3, Google no creó el primer buscador, Microsoft no creó las primeras aplicaciones ofimáticas, Facebook no fue la primera red social. Todos ellos mejoraron las ideas de negocio de otros.

De modo que, si tienes una idea de negocio y descubres que tienes competencia ¡enhorabuena! Eso quiere decir que estás en el buen camino. Ahora debes esforzarte es en ser más eficiente, en dar un mejor servicio, en cometer menos errores. Ese es la clave del éxito.

Segway, invención e innovación

Michael Masnick apunta en Techdirt las razones por las que el Segway ha fracasado. La fundamental es que su creador, Dean Kamen, se centró en la invención y no en la innovación. Dicho de otro modo: dio demasiada importancia a su idea, y se olvidó de probarla con usuarios reales.

Recordemos que en 2001, cuando se anunció el Segway, se suponía que iba a revolucionar el transporte. Se trataba de un medio de transporte ecológico (eléctrico), ágil, ideal para la ciudad. Tenía las bendiciones de gente como Steve Jobs, Jeff Bezos o John Doerr. Pero cuando por fin salió al mercado, fue un fracaso. No solo era caro, sino que nadie lo quería.

Entre otras cosas, como apunta Paul Graham, porque la postura en la que se conduce hace pensar que no te esfuerzas, que simplemente estás quieto, y eso no le gusta ni al que conduce ni al que lo ve. Ir con un Segway por la calle es como llevar un gran cartel luminoso en la cabeza que dice “soy pijo y rico y demasiado vago como para andar como la chusma y puedo permitirme un patinete que cuesta 6.000 euros”. Según Graham, si el diseño implicara una postura más parecida a la que se lleva en un monopatín, probablemente hubiera tenido mejor acogida.

Para Masnick el problema es que Segway (la empresa) lo tuvo todo demasiado fácil desde el principio. Financiación generosa, elogios y tiempo para desarrollar el producto perfecto, en secreto, antes de darlo a conocer. Con esa receta, a veces puede sonar la flauta, aunque ahora no se me ocurre ningún caso.

Pero lo habitual es que un producto no sea perfecto en su primera versión. Ni en la segunda, o en la tercera. Y no me pongáis los ejemplos del iPod o el PC de IBM. Había reproductores de MP3 y ordenadores personales antes de que Apple o IBM lanzaran sus productos, ellos simplemente los rediseñaron y mejoraron.

Ya hemos hablado por aquí de esto, pero nunca viene mal recordarlo: lanzar al mercado rápidamente lo primero que tengamos y después irlo perfeccionando en función de la respuesta del mercado suele funcionar mucho mejor que dedicar años y millones a desarrollar el producto perfecto.

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Selecciona la mejor idea antes de lanzarte

Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Pues resulta que así funciona también el mercado. Muchas empresas se crean continuamente. Algunas prosperan, otras mueren al poco de nacer y otras más desaparecen después de unos años de éxito porque no son capaces de adaptarse a unas condiciones externas que han cambiado.

Pero tú también puedes aprovechar ese método para conseguir una empresa rentable. Solo que en lugar de esperar a ver si tu empresa fracasa cuando ya has invertido un montón de tiempo y dinero, puedes aprovecharlo para probar ideas en las que inviertas muy poco.

Veamos un caso práctico. Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD.

Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

De modo que la primera lección que debemos sacar es que hay que tantear al mercado antes incluso de tener un producto. Y tantear al mercado no significa preguntar a nuestros conocidos. La mayoría, por temor a decepcionarte, te van a decir que tu idea es buena.

Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

El motivo es que si a toda esa gente que te dice que tu idea “está bien” le pides que se rasque el bolsillo y pague por ella, la respuesta probablemente sea otra. Es muy difícil convencer a alguien de que pague por algo que se limita a “estar bien”. Es mucho más fácil que alguien pague por algo que realmente le entusiasma.

¿Y cómo consigo tantear al mercado?

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Mostrar el producto a grupos de usuarios seleccionados según sus características, hacer encuestas, probar variantes de un prototipo en localidades pequeñas, ese tipo de cosas. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web o escribir un libro electrónico son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Incluso aunque tu idea tenga que ver con vender productos y no servicios, también puedes utilizar este método.

Se trata de crear una página web sencilla en la que ofrezcas un documento electrónico con información relacionada con lo que en realidad quieres vender. Supongamos que se trata de alimentos ecológicos para mascotas. Escribes un documento electrónico de 25-50 páginas con información relevante sobre el tema (si realmente piensas crear una empresa, más te vale que seas capaz de escribir al menos eso sobre el producto o servicio que vas a vender). Explicas por qué las mascotas crecen más sanas con alimentos ecológicos, dónde se pueden comprar, qué tipo de dietas son más adecuadas para las distintas razas, etc. Me estoy inventado todo, pero espero que os sirva para haceros una idea. Al final se trata de tener un documento verdaderamente útil, que alguien interesado en el tema esté dispuesto a comprar.

Una vez creado, lo vendes en esa página sencilla por 15 o 20 euros. En realidad no importa tanto la cantidad, se trata de comprobar si alguien está dispuesto a pagar por esta información (porque entonces es probable que esté también dispuesto a pagar por el producto o servicio relacionado). Si no quieres complicarte la vida montando una tienda electrónica y tu mercado es de lengua española, puedes subirlo a Bubok y que ellos se ocupen de todo lo relacionado con la venta. En la página simplemente pones el enlace al libro en Bubok, y ya está.

Ahora el problema es que si no lo publicitas no puedes saber si realmente alguien está interesado. Pero puedes crear una campaña en Google AdWords (es gratis darse de alta, tú controlas cuánto vas a gastar cada día como máximo, cuando empieza y termina la campaña e incluso si lo necesitas puedes seleccionar geográficamente a quién se van a mostrar tus anuncios. Así, una campaña te puede costar entre 100 y 500 euros. Que a algunos puede parecerles mucho dinero, pero realmente es una ganga comparado con lo que cuesta un estudio de mercado “tradicional”. Y quién sabe, si se vende bien a lo mejor amortizas la inversión en publicidad o incluso descubres una fuente de ingresos recurrentes.

Si usas Google Analytics o un servicio similar puedes saber qué porcentaje de los que hacen click en el anuncio pasan en la página el tiempo suficiente como para leerla, y cuántos de ellos acceden al enlace en el que se compra el documento (que no son los mismos que terminan la transacción y pagan). Así puedes empezar a tener estimaciones acerca de qué porcentaje de clientes potenciales interesados en tu oferta están dispuestos a dejarse dinero en ella, y al menos tienes un dato real en el que basar tus presupuestos de marketing.

Y si poca gente sigue el enlace de AdWords, y menos todavía paga por tu información, ya sabes que tienes una idea difícil de vender. No quiere decir que sea imposible montar un negocio sobre ella, pero sabes que te va a costar convencer a tus clientes potenciales. Tú sabrás si sigues empeñado en sacarla adelante o es mejor darle algunas vueltas, pensar en otro enfoque o sencillamente descartarla y pensar en otra cosa.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.

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La idea de negocio

Muchos emprendedores primerizos piensan que necesitan una idea de negocio original para triunfar. Nada más lejos de la realidad.

¿Quieres una idea de negocio? En esta página tienes nada menos que 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. En otras palabras, la ejecución. Empresas como Apple, Google o Microsoft rara vez hacen cosas realmente revolucionarias. En lo que son excelentes es en ejecutar sus ideas mejor que sus competidores.

Cómo descubrir una idea de negocio

Un procedimiento para decidir a qué se va a dedicar tu empresa puede ser elegir una de las 999 ideas que proponen en la página anterior. Otro puede ser copiar a alguna empresa a la que admires. Puedes simplemente ofrecer tus servicios basándote en tu experiencia y conocimientos. Todo esto puede funcionar o no, pero deja demasiado al azar.

Lo primero es pensar a quién vas a vender y cómo vas a llegar a ellos. Todo lo demás viene después y es consecuencia de la respuesta a esta pregunta. Matizo: lógicamente, uno tendrá una cierta idea del mercado en el que quiere entrar: servicios informáticos, equipamiento industrial, servicios de diseño gráfico, lo que sea. Pero eso en sí mismo apenas es nada. Es un error (que muchos hemos cometido) crear la empresa alrededor de un producto.

Tú puedes pensar que hay un mercado potencial en los sistemas de domótica, por ejemplo. O en las energías alternativas. Y puedes tener conocimientos técnicos como para desarrollar un producto. Pero si lo desarrollas sin más criterio que “si esto estuviera disponible sería un bombazo” lo más probable es que te comas el producto con patatas.

Porque una vez que tienes un prototipo más o menos funcional la siguiente pregunta es “¿cómo vendo esto?”. Y entonces aparecen los problemas. Resulta que los clientes potenciales se niegan a ver las “evidentes” ventajas del producto. Resulta que el precio es inadecuado (por caro o por barato, que lo segundo también pasa). Resulta que nadie visita tu página web, y no tienes previsto un presupuesto de publicidad. Resulta que en tu plantilla hay cuatro ingenieros y un administrativo, pero no te queda dinero para contratar a un comercial.

Esto es muy típico de las empresas fundadas por informáticos. Se juntan dos o tres colegas con una cierta experiencia en el mercado, y deciden que ellos pueden dar servicios de implantación de redes informáticas o de desarrollo de software. Tienen incluso un par de clientes que les conocen y les contratan algún servicio aún antes de empezar, porque son unos técnicos excelentes y responsables. Pero al cabo de unos meses descubren que no han hecho clientes nuevos (si descontamos al familiar que les encargó una cosita para su empresa y que les ha dado más dolores de cabeza que beneficios) y que no son capaces de generar ingresos suficientes como para mantenerse.

¿Cómo deberías entonces plantear tu negocio?

1. Localiza un sector del mercado bien definido. No tengas miedo de que sea pequeño. Es más probable que te equivoques por pretender llegar a un nicho de mercado demasiado grande para tus posibilidades.

2. Identifica una necesidad común y frecuente en ese nicho.

3. Averigua cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente potencial por resolver esa necesidad. Si eres capaz de traducir el problema a coste económico para tu cliente, miel sobre hojuelas, porque sabiendo lo que le cuesta el problema ya sabes dónde está el tope. Si esto es imposible, al menos deberías saber si hay un porcentaje de ese mercado dispuesto a pagar algo por resolverlo o prefieren vivir con su problema a rascarse el bolsillo (cosa harto frecuente).

4. Piensa cómo podrías comunicar a un cliente potencial que puedes resolver esa necesidad. Para ello localiza los medios de comunicación que utiliza, cómo compra a otros proveedores, quién toma las decisiones de compra, de quién se fía…

5. Desarrolla un producto o servicio que cubra esa necesidad con un coste para ti al menos un 40% inferior al precio máximo que has determinado. Ten en cuenta también los costes de estructura (gastos fijos) para analizar si lo que quieres vender será rentable. Si no eres capaz de crear algo que resuelva sus problemas y a la vez te haga ganar dinero, vuelve al punto 1.

6. Desarrolla una estrategia para llevar tu producto al mercado. Piensa en comunicación, publicidad, comercialización… Añade estos costes a los que habías determinado en el punto anterior, para verificar que el proyecto sigue siendo rentable. Muy importante: averigua la duración del ciclo de venta. Necesitas saber cuánto tiempo pasará de media desde que le das a conocer tu producto a un cliente potencial hasta que te paga la factura. (Ojo, a pesar de lo que diga la ley hay quien sigue pagando a 90 días o más).

7. Ahora sí piensa cómo lo vas a hacer: con quién vas a contar, a quién vas a subcontratar, cuanto tiempo te va a llevar el desarrollo… Vuelve a analizar los costes, y si la cosa no cuadra ya sabes, vuelve al punto 1.

8. Haz una previsión de ingresos y gastos por meses para el primer año y por trimestres para los dos siguientes. Ahora que sabes en qué te estás metiendo, y todo el dinero que necesitas, piensa en como obtendrás la financiación.

9. Si ves que podrás conseguir el dinero, ahora sí es el momento de pensar en logos, nombres de empresa, tarjetas de visita y esas cosas. Un consejo: procura que todo esto sea algo fácil de entender por los clientes a los que te vas a dirigir.

10. Vende. Lo antes posible. En cuanto tengas algo medianamente presentable. No esperes a tener el producto perfecto, no esperes a que un diseñador te haga una versión “deluxe” de la identidad corporativa. Escucha a esos primeros clientes, y refina tu producto o servicio en función de lo que ellos digan. ¿Que un cliente molesto con un producto inmaduro es un problema? Pues sí, pero es un problema manejable: puedes darle actualizaciones gratuitas, descuentos en otros productos, regalos por su paciencia o puedes incluso devolverle el dinero si es preciso. Mucho peor que el cliente insatisfecho es el cliente inexistente.

En sucesivas entradas iremos desarrollando todos estos puntos con más profundidad.

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¿Pagarías más de 1.000$ por un iPod?

Dicho así, lo más seguro es que no. Puedes encontrarlo más barato sin buscar mucho.

¿Y si viene cargado ya con música? Bueno, es algo más de valor, pero tampoco mucho.

¿Y si la música que trae es la playlist de Britney Spears? ¿Si estuviera firmado por ella?

Yo no lo querría ni regalado, a no ser que pudiera borrar la firma, pero el hecho es que hay gente dispuesta a pagar más de 1.000 dólares por un iPod firmado por Britney Spears y con su música favorita (la de ella). También hay gente dispuesta a pagar más de 900$ por el iPod de Ellen Degeneres. Y veremos a ver por cuánto salen los de Bono (el de U2, no el político) o el de Bill Clinton.
Hay que decir que los beneficios van para una ONG, lo que posiblemente ayude a que unos cuantos famosos pongan su firma y su playlist.

En cualquier caso, es para pensar en ello un poco: si tienes una legión de fans que “piratean” tus canciones ¿qué porcentaje estaría dispuesto a pagar una pasta por tener un objeto único, como un iPod firmado? ¿o cuántos estarían dispuestos a pagar una cantidad razonable, por ejemplo 5 o 10 euros, a cambio de que compartieras con ellos lo que estés oyendo ese mes?

999 ideas de negocio

Seth Godin se hacía eco ayer de la iniciativa de Marc Cuban, e incluía un enlace a una página con 999 ideas de negocio. Algunas son absurdas, otras dudosas, muchas improbables… pero hay 999 ideas.

Quiero decir que si te pones a ello, se te pueden ocurrir decenas de ideas de negocio en unas horas. Y una cosa que es tan fácil de producir, no tiene valor.

Lo que sí tiene valor es ser capaz de convertir esa idea en una máquina de hacer dinero. Por ejemplo, en el último Iniciador Jesús Alonso Gallo explicaba su proyecto de hacer una web de reservas para restaurantes. La idea no es novedosa, pero está por ver si alguien es capaz de llevarla adelante con éxito.

No es trivial: tienes que desarrollar la página (esa es la parte fácil), publicitarla, convencer a los usuarios de que es cómodo y práctico reservar a traves de la web, y sobre todo tienes que convencer a los restaurantes de que usen tu sistema de reservas en lugar de una libreta. Todo eso lleva mucho trabajo, y hay muchas oportunidades para meter la pata.

Si alguna vez ganas dinero con tu empresa, no será por haber tenido una idea genial. Será por haber trabajado bien, haber cometido pocos errores y haber sido capaz de recuperarte de ellos.

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El mercado funciona mejor que los mejores expertos

Supongo que conoceréis la iniciativa OLPC (One Lapton Per Child) que creó hace ya algún tiempo Nicholas Negroponte, supremo gurú de nuevas tecnologías en el MIT. La idea era crear un ordenador barato y robusto que pudieran usar los niños de países subdesarrollados para tener acceso a las tecnologías de la información y mejorar así sus perspectivas de futuro.

El proyecto tuvo un desarrollo muy lento, y el objetivo de que el coste de los portátiles no superara los 100 dólares todavía no se ha conseguido. Han vendido unos cuantos miles en algunos países en vías de desarrollo, y otros en occidente, en base a una campaña de “compra uno y regálale otro a un niño del tercer mundo”.

Ahora la empresa que se creó para comercializar y desarrollar el portátil ha anunciado que despedirá a la mitad de sus trabajadores y reducirá los sueldos del resto. Según Negroponte, por la crisis económica.

Pero lo cierto es que el mercado ha identificado un nicho para portátiles pequeños, simples y baratos, que se han dado en llamar netbooks, y se venden extraordinariamente bien. Cuestan algo más de 100 dólares, pero también el OLPC cuesta 200. Y es probable que pronto haya un mercado de segunda mano que haga llegar a los países subdesarrollados modelos antiguos por menos de 100 dólares, de manera similar a lo que sucede con los teléfonos móviles.

Una lección de todo esto, claro, es que es más fácil tener una idea que implementarla. Puedes tener la visión de un portátil barato y sencillo, pero conseguir fabricarlo y que llegue a su público objetivo requiere otras cualidades además de visión.

Pero la otra lección es que el mercado es más eficaz que un experto, por muy gurú de las nuevas tecnologías que sea, a la hora de hacer viable cualquier idea. O de descartarla rápidamente si no lo es.

Creative Commons License photo credit: One Laptop per Child

David Heinemeier Hansson explica el secreto para ganar dinero online


Que quién es David Heinemeier Hansson? Pues nada menos que el creador de Ruby on Rails y uno de los fundadores de 37signals. Probablemente, una de las personas que más ha influido en lo que hoy es Internet.

David dio una charla en Startup School 08, explicando qué tipo de empresa de Internet cree él que puede hacerte ganar dinero. Las principales ideas:

  • Hacer el próximo Facebook o MySpace es como que te toque la lotería. Es mucho más sensato intentar crear una empresa que gane un millón al año.
  • El secreto para rentabilizar una aplicación online es ponerle precio. Si haces algo que resuelve un problema mejor que otros, seguro que encuentras a alguien dispuesto a pagar por ello.
  • No hay que preocuparse por ser viral, ni inventar la Siguiente Gran Cosa. Zappos simplemente vende zapatos. La gente lleva décadas vendiendo zapatos, pero Zappos tiene éxito porque lo hace mucho mejor.
  • No hay que aspirar a ser el mejor, sino a hacer las cosas bien. Hay miles de restaurantes italianos en el mundo que viven de hacer una comida decente y ser adecuados para mucha gente. ¿Por qué no hay más “restaurantes italianos” en Internet?
  • No tienes que empezar dedicando 14 horas al día, ni con un montón de dinero. 37signals lo emprezaron 3 personas, que trabajaban a tiempo parcial, y durante un año solo tuvieron un servidor. Si tienes poco tiempo y poco dinero, te ves obligado a optimizarlo.
  • Si intentas algo y fracasa, no pasa nada. A por lo siguiente.

Aquí tenéis el vídeo. Si entendéis inglés no os lo perdáis:

http://omnisio.com/startupschool08/david-heinemeier-hansson-at-startup-school-08

Algoritmos genéticos para emprendedores


Los algoritmos genéticos son técnicas de inteligencia artificial que permiten encontrar soluciones a problemas complejos en los que no tenemos todos los datos de partida. Se basan en simular el procedimiento por el que la selección natural ha producido las distintas especies de seres vivos: crear una “población” de soluciones distintas, eliminar las peores, modificar y combinar entre sí las buenas y volver a empezar el ciclo aplicando la selección a estas soluciones modificadas.

Si tienes el tiempo suficiente, un método para eliminar soluciones malas y otro método para recombinar las buenas, puedes conseguir un tigre a partir de un poquito de grasa, agua y unos cuantos azúcares, aminoácidos y ácidos nucleicos.

Ahora diréis ¿y qué tiene eso que ver conmigo y con mi empresa? Veréis. Resulta que además de para hacer tigres o diseñar antenas, el método de lanzar muchas soluciones y quedarte con las que mejor funcionan puede ser el mejor para conseguir una empresa rentable.

Un ejemplo: Autodesk, la empresa creadora de Autocad, surgió a comienzos de los 80 a partir de una observación: los ordenadores personales iban a tener éxito, iban a venderse miles de ellos, y los compradores necesitarían software. Así que decidieron crear cuatro o cinco programas que pensaban que podían funcionar: una base de datos, un procesador de textos… y, efectivamente, un programa de CAD. Empezaron a ir a ferias y a hablar con clientes potenciales cuando apenas tenían código escrito y solo podían enseñar unos folletos. Ahí vieron que el CAD podía ser un producto demandado, y se centraron en él. Unos años después cada dólar que habían invertido se había convertido en 1.000.

Lo interesante es que al principio su idea iba más por el “escritorio automatizado”, de ahí el nombre de Autodesk. Si se hubieran obcecado en desarrollar su solución de base de datos y no salir al mercado hasta que estuviera totalmente terminada, en el mejor de los casos les recordaría tanta gente como a Ashton Tate. (Que levanten la mano los que sin ir a Google sepan qué fabricaban).

El método tradicional para probar si una empresa podía funcionar era hacer estudios de mercado. Eran caros, pero más caro era montar una fábrica para hacer un producto que nadie quisiera.

Ahora Internet ha cambiado todo eso.

Crear una página web, escribir un libro electrónico o abrir un blog son casi gratis. Sólo requieren tiempo. Pero pueden ser excelentes tubos de ensayo para probar nuestras ideas de negocio. Y si tu idea tiene que ver con vender cosas y no solo ideas o servicios, tienes eBay para probar.

Lo que es más difícil en esta estrategia, en realidad, es aceptar que tu idea es mala y que debes pasar a otra, o cambiar aspectos esenciales para volver a lanzarla. Demasiadas veces el emprendedor se encariña con su idea y no acepta que deba morir para dejar paso a otras ideas con más futuro.