Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Qué hacer si has terminado la carrera y no tienes trabajo

En plena crisis y con el paro por las nubes, los jóvenes que están terminando ahora sus carreras tienen unas perspectivas de encontrar trabajo poco halagüeñas. Si yo estuviera en esa situación, seguiría la estrategia que Seth Godin publicó el otro día en su blog (y que traduzco aquí):

¿Qué tal un año de postgrado haciendo alguna combinación de lo siguiente (no solo una, qué tal todo):

Dedicar veinte horas a la semana a llevar un proyecto en una ONG.

Apender Java, HTML, Flash, PHP y SQL. No un poco, dominarlos. (Aclaro: ya sé que no puedes ser un experto programador de todo esto en un año. Uso la palabra “dominar” para distinguirlo de “familiarizarse” que es lo que consigues con uno de esos libros tipo Dummies. Esperaría que pudieras escribir código que resolviera problemas, funcione y esté razonablemente claro, no que puedas programar suficientemente bien como para trabajar para Joel Spolsky. Lo siento si he levantado ampollas)

Entrena a un equipo infantil de algún deporte.

Empieza, dirige y haz crecer una comunidad on-line.

Da una charla a la semana en organizaciones locales.

Escribe regularmente una newsletter o un blog sobre un sector que te interese.

Aprende un idioma extranjero con fluidez.

Escribe tres planes de negocios detallados para proyectos en el sector que te interesa.

Autopublica un libro.

Corre una maratón.

Es mejor que un master.

Si te levantas cada mañana a las 6, dejas la tele y tratas esta lista como un trabajo, no tendrás problema en conseguir hacer todo lo que hay en ella. ¡Todo! Cuando lo hagas ¿qué pasará con tus perspectivas de trabajo?

Consejo gratis

te daré un consejo gratis.

- ¿Me costará algo?

- ¿Qué? ¡Si te acabo de decir que es gratis!

- Sí, pero mi padre dice que los consejos gratis a menudo resultan caros.

- Podríamos decir que este consejo no tiene precio -repuso la bruja, con aire desdeñoso-. ¿Me escuchas?

- Sí

- Bien. Ahora…, si confías en tí…

- ¿Sí?

- … y crees en tus sueños…

- ¿Sí?

- … y sigues a tu estrella… – continuó la señorita Lento.

- ¿Sí?

- … te acabará ganando la gente que no es tan perezosa como tú y pasa su tiempo trabajando duro y aprendiendo cosas. Adiós.

Ahí os dejo este consejo, gratis pero que no tiene precio, para el fin de semana.

Es un fragmento de la novela The WeeFreeMen, de Terry Pratchett.

Creative Commons License photo credit: alicepopkorn ( in and out )

Calidad y popularidad

Scott Adams ha escrito un post interesante sobre la calidad y la popularidad. Normalmente creemos que un producto de calidad consigue popularidad. Adams sostiene lo contrario: si consigues la popularidad, ganas el tiempo suficiente como para perfeccionar tu producto.

Adams pone el ejemplo de series como Los Simpson o su propio comic Dilbert, que al principio estaban realmente mal hechos, pero eran lo suficientemente diferentes y atractivos como para conseguir una popularidad que permitió a sus autores trabajar más en ellos y conseguir la calidad.

No estoy muy seguro de que sea aplicable siempre, pero desde luego es un punto de vista interesante.

El karma, el secreto y otras paparruchas

Se ha puesto de moda últimamente una especie de pensamiento mágico que aunque se formula de muchas maneras puede resumirse así:

  • Hay un equilibrio en el universo que compensa las cosas buenas y las malas.
  • Si haces cosas buenas atraerás cosas buenas.
  • Si deseas algo con todo tu corazón acabará cumpliéndose.

Una de las últimas tendencias en esta línea consiste en decir que para atraer la riqueza debes ponerte en el estado de “mentalidad de riqueza”. Buscad wealth mindset en Google y os sorprenderá la cantidad de referencias. La idea es que para ser rico tienes que ponerte a pensar como los ricos, relacionarte con ricos, y así.

Muchas de estas bobadas son más o menos inofensivas. Todo lo más que puede pasar es que en algún momento descubras que no basta con desear con todo tu corazón ser rico o que tu blog sea archifamoso, sino que tienes que hacer algo (mucho) para conseguirlo. Que para ser rico, tienes que aportar mucho valor, de forma que mucha gente esté dispuesta a pagar dinero por lo que aportas. Para tener un blog exitoso, lo mismo.

Pero lo de la “mentalidad de riqueza” sí tiene un punto peligroso, porque pretender ser rico cuando no lo eres a lo único que conduce es a ser un pobre con deudas. Si de verdad quieres tener dinero, no te dejes engañar y trabaja para conseguirlo.

Creative Commons License photo credit: Andres Rueda

¿Qué es más importante para triunfar?


Cierro la encuesta, y nuevamente discrepo de mis lectores. Un 52% cree que lo más importante para tirunfar es conocer a las personas adecuadas. Yo creo que este factor, con ser importante, es como el factor suerte. Existe, y si lo tienes todo es mucho más fácil.

El problema es que la suerte no la eliges, y conocer gente no solo depende de ti. Ojo, yo recomiendo hacer networking y conocer a cuanta más gente mejor. Primero, porque es divertido y te abre a otras formas de pensar y de hacer. Y segundo porque, efectivamente, algunas oportunidades surgen, o se facilitan, si conoces a la gente adecuada.

Lo que sí depende de tí es el trabajo. En su último libro Malcolm Gladwell sostiene que hacen falta 10.000 horas de trabajo para triunfar. Pensadlo. 10.000 horas.

Probablemente no sea exacto, pero es un buena medida de lo que necesitas hacer si no conoces a la gente adecuada y no has nacido con suerte.

Si dedicas 10.000 horas a triunfar, pueden pasar varias cosas: que tal vez la suerte llegue y te pille preparado para aprovecharla; que en ese tiempo conozcas a la persona que puede ayudarte a triunfar; que otros se retiren a las 500, a las 1.000 o a las 5.000 horas, y triunfes solo porque has aguantado más que ellos; que poquito a poquito y casi sin darte cuenta llegues en algún momento a ver que has triunfado.

Puede ser también que seas malo en lo que intentas, o que tu proyecto sea imposible y que hayas “desperdiciado” esas 10.000 horas. Pero al menos lo habrás intentado, y en el camino seguro que has aprendido muchas cosas que harán más fácil que tu próximo proyecto triunfe.

La nueva encuesta es ¿Quién tiene la culpa de la crisis?

De abogados, fracaso y riesgo

A raíz de la polémica surgida en torno al artículo de Javier Maestre, Raúl escribió un post interesante, en el que apuntaba que desde el punto de vista de un abogado tiene sentido esa hiperprudencia que desaconsejaría usar Google Apps (y casi cualquier otra cosa).

Vivimos en una sociedad en la que tenemos sobreabundancia de leyes. Lo ideal sería que cualquier ciudadano pudiera conocerlas (y cumplirlas) sin necesidad de técnicos expertos. Pero lo cierto es que ni siquiera los abogados conocen todas las leyes, en el mejor de los casos conocen la normativa que afecta a su especialidad. Así que no hay seguridad total acerca de las consecuencias legales de cualquier movimiento.

Por esta complejidad, entre otras cosas, el abogado es conservador. Ante cualquier decisión que le consultes, considerará todos los problemas posibles y te recomendará la opción con menos riesgo. Ejemplo: ante un empleado problemático, al que crees justificado despedir, siempre te recomendará pagar la indemnización y no ir a juicio. Porque pagando ya no tienes más problemas, y perder en un juicio será mucho más costoso. Y si él te ha recomendado la opción arriesgada, él será el culpable si sale mal.

Así que en el caso de la LOPD, o de cualquier otra ley que tenga que ver con la tecnología, el abogado actuará igual: recomendando no la opción óptima en cuanto a riesgo/beneficio, sino la que minimice el riesgo aunque sea con un mayor coste.

Precisamente hoy Seth Godin habla de objetivos que nadie confiesa: “no fracasar”, “no parecer un idiota”, “no cometer errores”… son objetivos muy comunes, y son el tipo de objetivos que, como estamos hablando, tienen los abogados.

Godin propone ponerse objetivos de fracaso: hacer tres preguntas estúpidas a la semana, arrancar varios proyectos que van a fracasar, escribir un post en tu blog con el que todo el mundo esté en desacuerdo. Y explica: “Si no tienes objetivos de este tipo, ¿exactamente cómo vas a tener suerte y destacar?”

Si tienes que tratar con abogados, prueba a decirles: mira, a pesar de tus consejos, y agradeciéndote que me expliques el riesgo que corro, voy a hacer esto. Ahora lo que necesito es que me ayudes a hacerlo de manera que el riesgo sea menor y las consecuencias negativas se reduzcan.

Y si tienes cualquier proyecto, no seas como el niño que se queda en un rincón de la clase intentando pasar desapercibido y que no le pregunte el profesor. Procura ser el niño que levanta la mano y responde a las preguntas, aunque tu respuesta esté equivocada en ocasiones. El primero a lo mejor no suspende, pero el segundo es el que tiene la oportunidad de sacar un diez.

Creative Commons License photo credit: Arkangel

Un próspero 2009

No, no es un deseo. Será la realidad para muchos emprendedores. Si algo bueno tiene crear tu propia empresa, es que no puedes culpar a nadie más de tus fracasos. La crisis, la falta de crédito, las escasas o nulas ayudas del gobierno, los clientes que no pagan, los proveedores que no proveen, los trabajadores que no trabajan… todo eso son las circunstancias, el entorno. Pero tú tienes que ser capaz de triunfar en ese entorno. No a pesar del entorno, sino siendo consciente de él y descubriendo como puedes aprovecharlo mejor de lo que lo hacen tus competidores.

Así que tienes un año por delante para triunfar. ¿Vas a empezar a hacerlo mañana mismo o vas a esperar a que el entorno te venza?

Client K lo tiene claro:

¿Sabías que se hicieron más millonarios durante la Gran Depresión que en cualquier otro momento de la historia de EE.UU.? Una depresión trae cambio y el cambio trae oportunidades para tipos ambiciosos como tú y como yo.
Pero no es por eso por lo que soy optimista. Soy optimista porque tengo un plan y porque ya estoy actuando según ese plan.
Mientras todos los demás miran atrás a 2008, yo no solo estoy mirando hacia adelante sino que estoy aproximándome a mis objetivos de 2009.
¡2009 va a ser magnífico!

Guy Kawasaki nos dice diez cositas que puedes hacer para que tu empresa vaya mejor en 2009. No te llevcarán más de un par de días, y realmente pueden hacer que tu empresa funcione mejor.

¿Que no tienes financiación para abordar tus proyectos? No es excusa. Cuenta con ello, y aborda proyectos que sean realizables con el mejor dinero: el que te dan tus clientes. Jaime Estévez lo explica muy bien.

¿Que no sabes qué deparará el futuro? Pues claro, nadie lo sabe. Por eso, como dice Seth Godin, la única estrategia racional es estar preparado para cualquier cosa.

Te desearía un próspero año 2009, pero que lo sea para ti no depende de mis deseos, sino de tus actos. ¿Qué vas a hacer para conseguirlo?

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A los tibios escupiré de mi boca

Vosotros sed fríos o calientes, porque a los tibios les escupiré de mi boca. Eso dice la biblia, así que habrá que hacerle caso. Y si el argumento teológico no os basta, leed este post de César en Marketísimo, como siempre largo y documentado.

El caso es que lo que César aplica a la polarización en precios sirve para muchas otras características de nuestros productos o servicios. El ser humano es gregario, y busca la aprobación de su entorno social. Por eso es más fácil dejarse llevar y crear ofertas que sigan la “moda”. Y no solo hablo de ropa, obviamente.

¿Alguien ha oído hablar últimamente de sinergias? Pues hace diez años era imposible leer nada producido por una consultora que no contuviera el palabro al menos tres veces por página. Y así pasa con la mayoría de las modas: incluso el diseño, supuestamente en manos de “creativos”, es enormemente gregario. Pocas son las empresas que realmente innovan en diseño.

Dejarse llevar por la corriente mayoritaria es cómodo. No tienes que remar, el mercado entiende fácilmente tu propuesta porque es como la de tus competidores, en lugar de desarrollar una estrategia para el futuro puedes limitarte a reaccionar según lo haga el resto de la bandada…

El problema, claro, es que las grandes recompensas las consigue el que va contra corriente. El que se sale de la norma. Casi siempre ser radical o extremista en tus propuestas te lleva derecho al desastre, claro. Pero si ganas, ganas de verdad.

Mirad el caso de Apple. Ahora mismo disputa el puesto de primer fabricante de hardware a HP y Dell, y supera en valor a IBM y Sun. Durante años, mientras todos los fabricantes hacían ordenadores personales indistinguibles entre sí, optó por ser diferente. Estuvo a punto de hundirse, pero al final esa estrategia de ser diferente le ha hecho ser más rentable que las otras compañías de harware. Y ha visto como competidores de renombre cerraban o abandonaban el negocio.

Ser barato es una buena estrategia, pero es más difícil que ser caro. Tienes que ser muy, muy eficiente para vender por debajo de tus competidores y ganar dinero. Además, necesitas conseguir volumen. Cuando estás en un negocio que apenas maneja un margen bruto del 5%, como el de los ordenadores personales, cualquier fallo hace que una operación te cueste dinero en lugar de darte beneficio.

Por el contrario, si eres caro, puedes contar con márgenes mucho mayores, que te aseguran mayor tolerancia frente a pequeñas ineficiencias. Y no necesitas un volumen grande para ganar dinero.

No es fácil conseguir, como lo consiguió Apple, que tus clientes paguen el doble o el triple por tu producto que por el de la competencia. Pero merece la pena intentarlo. Leed el caso del vodka que comenta César en su post, y luego pensad si en vuestra empresa podríais ser capaces de hacer algo así.

Y si no podéis ser mucho más caros, al menos intentad ser diferentes.

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Vindicación del marketing

Steve Pavlina explica lo que hay que hacer para ganar dinero de manera sostenida: crear y difundir valor. Las dos cosas, CREAR y DIFUNDIR.

Si no creas valor, te limitas a distribuir el valor que crean otros, y tienes menos margen. Pero si te limitas a crear valor y no eres capaz de hacer llegar ese valor a toda la gente que está dispuesta a pagar por él, tampoco puedes tener éxito. El marketing tiene precisamente esa función: hacer que el máximo número de interesados en una propuesta de valor pueda conocerla y disfrutar de ella.

Desde el romanticismo se ha cultivado el mito de artista encerrado en su estudio, creando arte, y enfrentado a los mercantilistas que mercadean por el vil metal. Y se critica, por ejemplo, a gente como Madonna porque son “puro marketing”, cuando hay artistas “auténticos” y geniales que no salen de circuitos minoritarios.

La realidad es que si eres genial y has creado algo que proporciona auténtico valor pero solo disfrutan cuatro gatos, no te mereces ganar mucho dinero. El que ha creado algo de menos valor, o menos calidad, pero es capaz de hacerlo llegar a millones de personas sí merece una recompensa.

En nuestra cultura, todavía muy impregnada de catolicismo, mal que les pese a muchos, se sigue valorando extraordinariamente la humildad. Se mira mal al que presume, y se nos enseña desde niños a ser discretos mientras hacemos las cosas bien, porque el reconocimiento ya llegará. Hay refranes como “el buen paño en el arca se vende”, que refuerzan esta idea.

Pero la realidad es que casi todo el mundo toma decisiones precipitadas, en base a la información que tiene disponible. Poca gente hace un análisis comparativo exhaustivo antes de tomar una decisión de compra, e incluso antes de contratar a un empleado. Entre otras cosas, porque sería antieconómico proceder de otra manera: es preferible equivocarse en cierta medida mientras avanzas que quedar paralizado en espera del análisis perfecto.

Por eso, el que ese decisor apresurado que puede apreciar tu valor conozca que existes y conozca lo que le ofreces es fundamental. Tu rival no es el que lo hace mejor que tú (que siempre habrá unos cuantos, por bueno que tú seas) sino el que es capaz de convencer a tu cliente potencial de que lo hace mejor que tú.

De modo que, querido lector, olvídate de ingenierías perfectas, de vídeos en HD, de productos hipertestados, de servicios proporcionados por ingenieros doctorados en el MIT. Si no tienes un procedimiento para DIFUNDIR valor, poco importa que tengas el mejor procedimiento para CREAR valor.

Balancear adecuadamente ambas cosas es la clave del éxito para tu empresa.

Creative Commons License photo credit: James Nash (aka Cirrus)

El cierre de Mobuzz

Como tal vez sepais, finalmente Mobuzz ha cerrado. Debo, por tanto, reconocer que me equivoqué cuando escribí que la petición de donaciones era una campaña de marketing viral.

Resulta que (según explica Enrique Dans), realmente se quedaron sin dinero de repente porque un inversor decidió salir bruscamente.

Lo cual es todavía peor para el prestigio de los implicados. No me extraña que Varsavsky, que no tiene un pelo de tonto, se distanciara del asunto desde el principio. Los que han estado más implicados en el plan de salvamento, o lo que haya sido esto, han dado toda una lección de cómo no hacer las cosas.

Ya que Enrique Dans insiste en que Mobuzz era una empresa estupenda, que el modelo de negocio era impecable, que él ha visto las cifras y que las cifras salen, y que todo se debe a una conjunción de factores externos, vamos a aprovechar la desgracia para escarmentar en cabeza ajena y aprender unas cuantas cosas que ninguna empresa debería hacer:

1. Hacer el producto que te gusta

“Mobuzz tenía un producto de calidad, en HD, y eso cuesta”. Vale. Admitamos que los shows de Mobuzz estaban bien producidos, en HD, con guión, producción y de todo. Los chicos de Mobuzz estaban orgullosos de su producto. Todo perfecto… excepto un detalle: el mercado no estaba dispuesto a pagar lo que cuesta un producto tan bueno.

Este es un error muy común en los emprendedores primerizos, pensar “vaya mierda lo que hay en el mercado, yo lo podría hacer mucho mejor”. Y tal vez sea verdad, pero lo primero que hay que preguntarse es por qué es una mierda lo que hay en el mercado. Si hay empresas que ganan dinero vendiendo productos basura es porque ganan dinero vendiendo basura. Y eso es porque el cliente está satisfecho con esa basura.

Haz el producto que quiere el mercado, no el que quieres tú.

2. No obsesionarse con el flujo de caja.

La contabilidad es una cosa, y el dinero en el banco es otra. En el papel una empresa puede ir bien, y no tener ni un céntimo para pagar un café. Y al revés, puede estar en quiebra y tener una pasta en el banco (por ejemplo, porque un socio se la ha prestado).

Lo de la contabilidad está bien para enseñar a las visitas (y a Hacienda) y a los inversores potenciales, pero lo que determina la supervivencia de la empresa es su capacidad real para hacer frente a los gastos.

Mobuzz, después de tres o cuatro años de funcionamiento, todavía dependía de los ingresos extraordinarios de socios para funcionar. Eso, sencillamente, es inaceptable. Pero lo peor es que sus directivos seguían trabajando como si fuera lo más normal del mundo dar pérdidas de cientos de miles de euros al año. Como si siempre fueran a contar con inversores dispuestos a poner esos cientos de miles por una empresa con un futuro prometedor.

Obsesiónate por ganar dinero cuanto antes, por que mes a mes tus ingresos superen a tus gastos.

3. No vender

Lo único que reconoce Dans es que tal vez no se esforzaran lo suficiente por vender. Pues claro: la función más importante en una empresa es la venta. Si no vendes, todo lo demás sobra. Si Mobuzz se hubiera esforzado por vender tanto como se esforzó por hacer un producto “de lujo”, no hubiera tenido problemas.

4. No tener un plan

No sé si Mobuzz tenía un plan de negocio. Lo que sí sé es que, de existir, ese plan no se había modificado en el último año para tener en cuenta la crisis. Y al final Mobuzz ha cerrado por la crisis. Quiero decir que en tiempo de bonanza un inversor puede estar perdiendo dinero en una empresa con un futuro prometedor, pero si llegan las vacas flacas es lógico que tenga la prudencia de guardar el dinero debajo del colchón.

El plan de Mobuz debía haber tenido en cuenta la posibilidad de esa retirada, y haber contemplado una salida.

5. No tener flexibilidad

Mobuzz no se planteó nunca hacer shows más baratos, con menos resolución, reducir el número de idiomas. No se planteó reducir plantilla. Para ellos ha sido todo o nada, y eso suele acabar en “nada”. No despedir a siete trabajadores a tiempo te obliga a despedir a catorce.

Y tampoco se planteó buscar ingresos por una vía que no fuera la extraordinaria de las donaciones. Y esa es una táctica que al menos hay que intentar en situaciones de crisis: buscar trabajos “alimenticios”, que aunque no sean glamurosos y 2.0 te permitan comer un mes más. ¿Esas cámaras de alta definición y esos profesionales estupendos, no podrían haberse dedicado a producir contenidos para otros, al menos durante un tiempo?

6. Dejarse dominar por el orgullo

La reacción de Enrique Dans cuando alguien comentaba los fallos que veía en el planteamiento de Mobuzz era insultar al criticón (de hijo de puta para abajo, nos llamó casi de todo), acusarles de ignorantes, denunciar la envidia que en España impide triunfar a los emprendedores, censurar comentarios y trackbacks. Afirmar que él había visto las cuentas, y que las cuentas salían, y que Mobuzz no tenía ningún problema interno, nada que mejorar.

Cualquier cosa menos reconocer que en algo debían haberse equivocado si después de tres o cuatro años todavía no eran capaces ni de cubrir los gastos. Seguro que casi todo lo que dijimos los críticos era infundado. Que casi todos los que criticamos somos unos ignorantes envidiosos que nunca hemos fundado una empresa. ¿Pero de verdad Mobuzz no tenía nada que cambiar? ¿Cerrar se debe exclusivamente a causas externas? Un poco de humildad y capacidad de escuchar a quien te está dando consejos sin pedir nada a cambio ¿hubiera sido bueno o malo?

En resumen, que aunque para la salud financiera de los implicados el cierre de Mobuzz haya sido malo, y para el prestigio de Dans haya sido peor, aprovechemos al menos para aprender y no cometer los mismos errores. Vaya, como analizar un caso de escuela de negocios, pero en vivo y en gratis.

NOTA:

A punto de cerrar esto veo que Alfredo de Hoces ha explicado muy bien lo sucedido con Mobuzz. Suscribo un 90% de lo que dice, que no es poco.

Creative Commons License photo credit: paolo màrgari