Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Cerebros lavados: 7 maneras de reinventarte a ti mismo


Hace años, cuando tenías unos cuatro años,
el sistema se puso en marcha para convencerte
de algo que no es verdad.

No solo persuadirte, sino taladrar, practicar, reforzar y, sí, lavarte el cerbro.

La misión: enseñarte que eres mediocre; que cumplir con tu trabajo es la mejor vía para una vida segura; que crear cosas comunes para gente común, una y otra vez, es una manera segura y fácil para conseguir lo que quieres.

Sal de la línea y el sistema te da un toque (o un empujón) para que vuelvas al centro. Muestra signos de creatividad auténtica, originalidad e incluso genio y padres, profesores y figuras de autoridad bienintencionadas se aprestarán rápidamente a devolverte a la fila.

Nuestra cultura necesitaba trabajadores cumplidores, gente que contribuyera sin quejarse, y se orientó a conseguir tantos de ellos como pudiera.

Y así generaciones de estudiantes se convirtieron en generaciones de engranajes – operarios de fábricas en busca de una sinecura. Se nos lavó el cerebro para encajar, y después descubrimos que la economía quería gente que destacara.

¿Exactamente cuando se nos lavó el cerebro para hacernos creer que la mejor manera de ganarnos la vida es tener un trabajo?

Creo que cada uno de nosotros necesita empezar por aquí.

Con el tiempo, el beneficio de trabajar para el jefe y seguir un manual como un engranaje cumplidor va a ir decreciendo mientras, paradójicamente, la dificultad de conseguir un trabajo decente irá aumentando.

Acabamos de vivir unas pocas generaciones de empresas enormes que se hicieron más grandes, burocracias gigantescas que se hicieron más grandes y trabajos de cuello blanco que se alejaron más y más de hacer de verdad algo que un cliente pudiera comprar.

Y entonces, casi de repente, eso desapareció. El desempleo sube, hay despidos, capas de grasa desaparecen y la idea de que puedes conseguir un buen trabajo, en una oficina, bien pagado, sin hacer mucho excepto mirar al perro que muerde al piloto si toca el piloto automático… bien, esos trabajos se han ido. ¿Eso es todo? ¿Estás acabado? ¿Es esto el final del camino, lo mejor que vamos a conseguir, el principio del fin?

El mismo empleo, pero más trabajo, menos paga.

El mismo sector, pero menos crecimiento, sin desafíos.

El mismo camino, con menos opciones.

Es totalmente posible que hayas avanzado tan lejos como se puede por este camino y que lo que te espera es trabajo duro para conseguir más de lo mismo. Es posible.

Pero yo no lo creo.

¿Por qué?

Porque hay más soporte, más grados de libertad y más oportunidades hoy que las que ha habido nunca; si estás dispuesto a elegir.

La nueva revolución industrial (la que estamos viviendo, la que está cambiando todo) ha abierto puertas para cualquiera (o ciertamente para cualquiera con suficientes recursos y educación para ser capaz de leer esto). Si tienes el tiempo, la inteligencia y el acceso para poner tus manos en una idea que se extienda como este manifiesto lo ha hecho, entonces tienes la capacidad de reinventarte a ti mismo, sin importar lo que haces, con quién lo haces, o lo que la gente que te rodea espera.

Los pilares con los que hemos crecido (cosas como la SEAT, la tele, Correos, las pensiones, los medios de comunicación de masas) están desapareciendo y están siendo reemplazados con formas totalmente nuevas de interactuar, ganarse la vida y hacer algo importante. No solo para las organizaciones, sino para los individuos; para gente como tú.

Mira a tu alrededor. ¿Quiénes son la gente con éxito hoy en nuestro mundo? No son los del tipo Jack Welch, capitanes de la industria, ni es el pensionista que ha ido a trabajar cada día a la fábrica durante cincuentra años.
Ha ocurrido un cambio fundamental, justo debajo de nuestros pies. El sistema, el autoalabado sistema, el sistema en el que han crecido nuestros padres y nuestros abuelos, se ha vuelto agrio.

Es así: nos han lavado el cerebro. Nos han lavado el cerebro para que creamos en un conjunto de reglas que no son ciertas (ya no). Y como el lavado de cerebro ha sido tan completo, los cambios en nuestro mundo y las nuevas oportunidades que abren son fáciles de ver como maneras de sostener el sistema inestable del pasado. Por favor, no te lo creas. No uses las herramientas de hoy para apoyar tus esfuerzos por hacer mejor el trabajo de ayer.

Esta es una oportunidad para reinventar completamente tu papel en el sistema.

¿Recuerdas cuando aprendiste a resolver ecuaciones de segundo grado? ¿x2-32x+12? ¿Por qué te enseñaron esto? ¿Por qué pasaron horas taladrándote con un contenido tan claramente inútil? Simple: estabas siendo entrenado para ser un engranaje cumplidor, alguien que pudiera seguir instrucciones sin pensar en lugar de buscar la innovación y la sorpresa.

La evidencia está clara. La función de la educación pública era (y es) producir empleados cumplidores.
No votantes informados, no creadores de ideas apasionados. No, gastamos todo este dinero en impuestos para asegurarnos de que habrá suficiente gente para hacer todo el trabajo que las fábricas una vez necesitaron. Los profesores excepcionales, los que pueden hacer algo diferente, no son solo raros, sino que casi siempre tienen problemas por saltarse las reglas y no optimizar la preparación para los exámenes.

Me encantan las matemáticas. Me encanta la idea de trabajar con números, de inventar buenas ideas que funcionan. ¿Pero memorizar los factores de 32? Es claramente un esfuerzo para enseñarte a ser enseñado, para instruirte en la obediencia, para seguir el temario.

El lavado de cerebro continúa hoy. Se te ha lavado el cerebro para hacerte creer que estás atado a lo que has conseguido, que necesitas fichar, seguir un manual y hacer lo que se te dice. Me pregunto quién ha concebido esto. Ciertamente es el interés de las fuerzas dominantes de nuestra sociedad crear un exceso de oferta de empleados dispuestos y cumplidores. Pero ahora, cuando el poder cambia, también lo hace tu oportunidad.

¿Te tomas en serio la transformación? No estoy hablando de sacarte brillo, mejorarte, hacer las cosas un poquito mejor. Estoy hablando del botón de reset, una reinvención que cambia el juego. Eso significa una revisión de aquello en lo que crees y cómo haces tu trabajo. Si estás dispuesto a ello, entonces aquí mismo, ahora mismo, puedes empezar.

NOTA: Esto es una traducción de Brainwashed, escrito por Seth Godin con motivo del lanzamiento de su libro Linchpin. La traducción tiene el permiso de Seth. Esto es solo la primera parte, mañana podrás encontrar más en un nuevo post. Si no estás suscrito al blog, este es un buen momento para hacerlo y asegurarte de que recibes la nueva entrega en cuanto la publique.

Lo que importa ahora

Seth Godin ha promovido un eBook titulado Lo que importa ahora (What matters now). Puedes leerlo en scribd en el enlace anterior, o descargarlo aquí.

Son 80 textos de una página escritos por personas relevantes: Guy Kawasaki, Chris Anderson, Gary Vaynerchuck, Tim O’Reilly, Tony Hsie… Merece la pena dedicarle un ratillo, sobre todo si estás en fase de definir tus propósitos y tus objetivos para el año que viene.

Estrategia y táctica


Escribe hoy Seth Godin sobre estrategia y táctica. Certero, como siempre:

La táctica es fácil de plantear, porque decimos “Voy a publicar esto”. Si lo publicamos, ya hemos triunfado. La estrategia da miedo, porque describimos resultados, no acciones, y eso significa oportunidad para fracasar.
En mi experiencia, la gente se obsesiona con los detalles tácticos antes de adoptar una estrategia… y como resultado, cuando una táctica falla, empiezan a cuestionarse la estrategia que nunca llegaron a adoptar de verdad.

Foco

Ahora tu empresa ya está lanzada: está formalmente constituida, tienes las operaciones en marcha, estás desarrollando un plan de marketing, vendes, controlas las finanzas… ¿Qué debes hacer ahora?
Hacer caso de este párrafo del Bootstrap Manifesto de Seth Godin:

Soy un rayo láser. Las oportunidades intentarán nublar mi foco, pero no abandonaré mi objetivo ni mi plan; hasta que lo cambie. Y sé que los planes están hechos para ser cambiados.

El riesgo de aceptar cualquier cosa que se ponga a tiro

El proceso de poner en marcha una idea empresarial es ilusionante, pero el día a día puede ser muy duro. Más al principio, cuando sobran los problemas y faltan los recursos. Cuando los clientes tardan en llegar, los pagos se multiplican y el dinero con el que contabas desaparece entre tus dedos sin saber cómo.

Y surgen oportunidades que parecen atractivas. Proyectos que no son exactamente lo que tú quieres hacer, pero que te pueden hacer ingresar unos miles de euros. Clientes que no son exactamente el tipo de cliente para el que quieres trabajar, pero qué vas a hacer si otros tardan en aparecer.

En realidad, es un espejismo similar a lo que pasa con el atractivo sexual de las parejas potenciales según avanza la noche y el nivel de alcohol en sangre: lo que antes te parecía un orco de Mordor ahora podría ser portada de una revista de moda.

El problema de dejarse llevar por este espejismo es que normalmente tenías una buena razón para no embarcarse en este tipo de proyectos: dan más disgustos que dinero. Te consumen una gran cantidad de tiempo, te impiden dedicarte a tu objetivo, generan frustración y malos rollos en tu equipo…

También puede sucederte si te dedicas a los productos y no a los servicios: llevándolo al extremo, si tu idea de negocio era una tienda de productos ecológicos, no puedes poner una estantería con transgénicos, por mucho margen que dejen, porque acabas confundiendo a tus clientes, a tus colaboradores y a ti mismo.

Y también es un problema dejar el nicho de mercado que te habías propuesto conquistar. Solo puedes ser el mejor especialista en marketing de Internet para restaurantes si te dedicas por completo a los restaurantes y no aceptas trabajar para ferreterías o despachos de abogados.

Al final, cuando pierdes el foco, pierdes esa ilusión y esas ganas de dedicarte en cuerpo y alma a tu empresa que son tan necesarias para sobrevivir a los tiempos difíciles. Y acabas abandonando desmoralizado, suspirando por un trabajo normal en el que solo tengas que lidiar con un jefe y no con varios clientes irracionales.

Otra cosa, como dice Godin, es que descubras que tienes que cambiar tu plan original. Que haya una oportunidad de negocio que no hayas detectado al principio, pero que encaja en tu idea de empresa. Si es así, fenomenal: analízala, intégrala en tu oferta y asúmela como propia.

El riesgo de dispersarse

Un emprendedor es un ser inquieto por naturaleza. Tiene ideas constantemente, ve claramente oportunidades que a la mayoría se le ocultan… y esto es un grave peligro para la supervivencia de la empresa.

Poner en marcha una empresa es un proceso ilusionante que requiere creatividad, pero después el día a día puede ser agotador. En esos momentos, uno levanta la vista, descubre ideas atractivas que parecen más fáciles de llevar a cabo, conoce a emprendedores de éxito que están en negocios que parecen muy fáciles, y considera que está siendo un estúpido por empeñarse en sacar adelante una idea con tantos problemas.

Por seguir con los símiles erótico-relacionales, se trata del equivalente a la crisis que sufren muchos matrimonios después de unos años de casados. Ya conoces todos los defectos de tu pareja, y empiezas a ver por ahí gente divertida, atractiva, que aparenta no tener problemas y con los que la vida sería una continua fiesta de vino y rosas.

En realidad, esas parejas potenciales y esas ideas de negocio tienen sus propios problemas, solo que cuesta descubrirlos cuando solo les echas un vistazo superficial. Como ya hablamos en su momento, la idea de negocio no vale nada. Cuenta la ejecución. Y cuesta un gran esfuerzo sacar adelante cualquier empresa.

Por eso, procura ponerte orejeras como las de un burro, tápate las orejas como hizo Ulises para no escuchar a las sirenas, y sigue adelante con tu idea.

Y si hablas con un emprendedor exitoso, procura aprender de sus métodos, no de su idea.

Creative Commons License photo credit: lecates

Bridas y velcro

Hace años tenía la responsabilidad de manejar unos armarios de red. Para los que no los conozcan, son armarios en los que se colocan servidores y electrónica de red. Como todas las comunicaciones van por cables, y algunos dispositivos de red pueden tener hasta 24, en cuanto conectas unos cuantos cacharros el lío de cables empieza a ser importante.

Además de etiquetar correctamente los cables en los dos extremos para saber qué está conectado con qué, hay que organizarlos de alguna manera para que aquello no se convierta en una maraña más difícil de desentrañar que el nudo Gordiano.

La opción tradicional es usar bridas. Son baratas, fáciles de colocar y cumplen bien con la misión de sujetar los cables entre sí y al armario. Pero tienen un problema: si necesitas recolocar los cables tienes que romper las bridas y colocar otras nuevas.

Se supone que uno no está tocando los armarios de red todo el día, pero lo cierto es que rara era la semana que no había un servidor nuevo, o había que conectar unos puntos de red, o había que reorganizar algo que al final implicaba mover los dichosos cables.

Un técnico nos dio la solución: usar velcro cortado en tiras en lugar de bridas. El velcro es también barato, muy fácil de colocar, y tiene la ventaja de que si tienes que mover los cables, lo despegas, arreglas lo que haga falta, y lo vuelves a pegar sin problemas. No es tan elegante, pero cumple muy bien con la función de organizar los cables.

Muchas veces las soluciones que buscamos a los problemas son de tipo “brida”: limpias, elegantes y perfectas para un mundo ideal y estático, pero poco prácticas para un mundo en constante cambio. Y lo que necesitamos es usar un poco de “velcro”: una solución rápida, incluso chapucera, pero que nos permita seguir avanzando y adaptándonos a los cambios sin esfuerzo.

Creative Commons License photo credit: Ronnie Garcia