Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

¿Queremos ser o parecer?

En la tira de ayer, Dilbert pregunta a su jefe por la política de cambiar los vasos de café de styrofoam por vasos de papel:

Dilbert.com

Evidentemente, el ecologismo está de moda, y muchas empresas se preocupan de parecer comprometidas con el medio ambiente. El caso extremo son las empresas de energía. Si uno mira las imágenes con las que se publicitan, sin fijarse demasiado en el texto, parece que se dedican a plantar árboles o a organizar excursiones campestres. Y cuando te pones a leer, la propuesta de valor no es que el suministro sea fiable o barato, sino que proviene de fuentes sostenibles y están trabajando para que sea todavía más sostenible.

Otras modas actuales son las de ser abierto, dar igualdad de oportunidades a todos los empleados, la responsabilidad social corporativa, etc. No hay nada malo en ello si uno cree en la sostenibilidad, la igualdad o lo que sea. Pero tanta empresa concienciada al mismo tiempo suena a lo de Dilbert: no es importante que lo que hago sirva para algo, sino que parezca que somos el tipo de empresa que se preocupa de esas cosas.

Pero eso de buscar más el ‘parecer’ que el ‘ser’, se acaba notando. Y al final el efecto que se consigue es nulo o incluso negativo, porque el consumidor piensa que igual que le engañas en tu mensaje de buen rollito, le engañarás en otras cosas. Y a nadie le gusta que le engañen.

Elegir el nombre de la empresa

What’s in a name? That which we call a rose
By any other word would smell as sweet.

William Shakespeare, from Romeo and Juliet (II, ii, 1-2)

Sí, una rosa olería igual de bien si la llamáramos con otro nombre. Pero ¿funcionaría igual de bien una empresa con otro nombre?

Cuando ya has comprobado que tu empresa puede ser viable, tienes claro cómo vas a organizar las operaciones, cómo vas a producir y cómo vas a vender, llega el momento de decidir el nombre de la empresa. Si te equivocas con él, es para siempre, así que conviene tener en cuenta algunas cosas:

- Debe ser fácil de escribir, de pronunciar, de leer y de recordar. Al menos en el lenguaje del primer mercado, pero conviene que no suene demasiado extraño tampoco en inglés, por si acaso algún día hay que tener tratos con gente de fuera.

No es fácil cumplir con los cuatro requisitos, y además hacerlo en dos idiomas, pero es fundamental si no queremos perder clientes que recuerdan una publicidad de un producto pero no recuerdan el nombre de la empresa que lo ofrece.

Y es fundamental que sea fácil de pronunciar, si queremos que nuestros clientes no pidan el producto de la competencia simplemente por miedo al ridículo de pronunciar mal el nuestro.

- Conviene que empiece por la letra ‘a’, o una de las primeras del alfabeto. Esto no es imprescindible si nuestros clientes nos encuentran en la calle o en la estantería de un comercio, pero si hay alguna posibilidad de que nos busquen en un listado, conviene estar entre los primeros.

En Alanta conseguimos un contrato con el Ministerio de Administraciones Públicas gracias a que el nombre de la empresa empieza por A. En realidad, nos conocían de una charla que había dado yo unos meses antes, y después hubo que pelear la oferta con la competencia y demostrar que la nuestra era la mejor, pero el hecho es que nos llamaron porque nos vieron en un listado de empresas que por aquél entonces ofrecía la web de Hispalinux en la primera página, y entonces se acordaron de la charla.

- Procura que evoque a qué se dedica tu negocio. No es imprescindible llamar a tu empresa “Taller de chapa y pintura Gutiérrez”, pero ¿por qué no ayudar a tus clientes a que identifiquen a qué te dedicas?. Analiza los nombres de tu competencia, descubre qué tienen en común la mayoría (alguna palabreja en inglés si se dedican a la tecnología, algún nombre italiano o francés si están en el sector de la moda, etc.) y utiliza ese conocimiento para buscar o crear un nombre que sea original pero no se aleje demasiado del estándar.

- Asegúrate de que te sientes cómodo con el nombre. Ese nombre que sonaba tan bien en un pub a las dos de la madrugada puede no ser tan adecuado el día siguiente por la mañana. Antes de imprimir las tarjetas de visita y reservar el dominio, pronuncia el nombre en voz alta delante del espejo, imaginando que te presentas a pedir un crédito al director de un banco, y díselo también a amigos y familiares. Si no se parten de risa, y a tí no te da vergüenza, adelante.

- Google es tu amigo. Comprueba que no hay otra empresa (especialmente si es de tu sector) utilizando el mismo nombre, y ya de paso verifica también que hay un dominio decente disponible. Mejor un .com o un .es (si tu mercado se limita a España), porque muchas personas los ponen por defecto, pero puede ser un .org o un .net. En cualquier registrador de dominios puedes comprobar si el que buscas está disponible.

Si tienes tiempo, puedes comprobar también que no hay connotaciones negativas en el nombre. Por ejemplo, que no es el apellido de un asesino en serie. E incluso puedes utilizar Google e Internet para ayudarte con la inspiración, buscando palabras relacionadas con el concepto que quieres transmitir con tu nombre.

- Distingue entre el nombre de la empresa y el nombre del producto. Al principio es muy probable que tu empresa ofrezca un solo producto y que los nombres coincidan. Pero los productos tienen una vida más corta que las empresas, así que es mejor no verte obligado a cambiar el nombre de tu empresa porque el producto que vendías ya no la define.

Y poco más. Si el nombre que has elegido pasa todos los filtros, prepara tres variantes (pueden ser una coletilla añadida al nombre que has elegido) y corre a registrarlo.

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Salir del paro creando una empresa

Cuando era pequeño me contaron la historia de San Francisco de Borja (por algo llevo su nombre). Borja, Duque de Gandía, pertenecía a una de las principales familias valencianas, y cuando murió la emperatriz Isabel de Portugal el emperador Carlos V le encargó que trasladara sus restos a Granada para que fuera enterrada allí. Después del largo viaje, al abrir el féretro, Borja vio el horror en que se había convertido la que una vez fue joven y bella emperatriz y exclamó: “¡Nunca más serviré a señor que se me pueda morir!”

Algo así estarán pensando muchas personas que se han quedado en el paro, víctimas de la crisis: “¡Nunca más serviré a empresa que me pueda despedir!”.

Uno se pasa años trabajando para una empresa, esforzándose y procurando dar mejores resultados cada día, y de repente llega un momento en el que te entregan el finiquito porque han cerrado un departamento entero, porque tu despido es más barato que el de otros o porque no has estado suficientemente cerca del jefe en el momento en el que se decidía quién iba a la calle.

Después del momento de shock, te encuentras en casa con un horizonte de unos meses de paro, un dinero de la indemnización y una probabilidad más bien escasa de encontrar un trabajo como el que tenías hace solo unos días.

Y te planteas si no sería una buena salida montar algo por tu cuenta. Durante años has pensado en cómo podrías hacer mejor las cosas si fueras tú el que dirigieras la empresa. O has fantaseado con crear un negocio relacionado con tu verdadera afición: la escalada, la jardinería, el macramé… Tal vez llevas tiempo soñando con retirarte a un pueblecito de la costa a escribir o a componer música.

Podría haber llegado ese momento. Podrías liarte la manta a la cabeza y crear tu empresa. Al menos intentar vivir de lo que te gusta. Cuando ser ingeniero o arquitecto no garantiza un puesto de trabajo decente ¿por qué no probar a ser profesor de yoga o decorador experto en feng shui? ¿o algo más prosaico como fontanero o propietario de un restaurante de comida rápida?

El problema es que adentrarse en un territorio desconocido siempre da miedo. Uno no sabe por dónde empezar, descubre que tres de cada cuatro empresas fracasan en los primeros años, no está seguro de ser capaz de salir a vender, de pelearse con la administración, de conseguir el dinero necesario…. Está el miedo de perder el poco dinero que tienes, y encontrarse al cabo de unos meses sin dinero y sin trabajo.

Si estás en esta situación, leer este blog puede ayudarte. Durante un mes voy a ir escribiendo, paso por paso, todo lo que necesitas saber y hacer para que esa aventura de crear una empresa tenga las mayores probabilidades de éxito. Procuraré que evites cometer los errores que yo y otros hemos cometido al crear nuestras empresas. El éxito no está garantizado, nunca lo puede estar cuando empieza una aventura. Pero lo que sí está garantizado es que si te decides a caminar por el estrecho sendero que conduce a la libertad y la prosperidad, el viaje merecerá la pena. Incluso aunque no llegues a Ítaca, estarás lleno de aventura, lleno de experiencias, rico de todo lo que habrás ganado en el camino.

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Los directivos rechazan acciones de sus compañías

Acabo de leer esta noticia:

Los directivos de EEUU rechazan las acciones de sus propias compañías

Según Reuters, las ventas de acciones por parte de los directivos son cuatro veces mayores que las compras. La recesión, la incertidumbre y tal.

Pero yo me pregunto ¿puedes confiar una empresa a alguien que no está dispuesto a invertir en ella? Creo que ese debería ser un criterio fundamental para seleccionar a los directivos que un emprendedor necesite incorporar a su empresa: si no están dispuestos a invertir (o a recibir una parte de la paga en forma de participación en la compañía), solo puede ser por dos razones:

- No creen en el proyecto, y solo estarán ahí mientras cobren su sueldo. Esto puede ser aceptable para un trabajador de base (y aun así lo dudo), pero nunca para alguien que tiene responsabilidad sobre la marcha del proyecto.

- No quieren implicarse, y no tienen aspiraciones a largo plazo en el puesto en el que están. Esto puede suceder, por ejemplo, con directivos que una estartup “pille” en un momento de crisis como el actual, y que se incorporen a la misma solo mientras encuentran “algo mejor”.

No se me ocurren más razones. En cualquier caso, yo no incorporaría a una función directiva a quien no esté dispuesto a apostar por el proyecto.

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Steve Jobs, Apple y la supervivencia de tu empresa

Después de unas semanas de rumores sobre su salud, Steve Jobs ha confirmado que, efectivamente, tiene un problema y que se retira del “día a día” de Apple hasta junio.

Jobs es el paradigma de emprendedor carismático, cuya personalidad ha moldeado la empresa y sus productos. Estuvo fuera de la empresa algo más de 10 años, del 85 al 97, y Apple llegó al borde del abismo. Su retorno triunfal convirtió la convirtió en una de las empresas tecnológicas más sólidas, que ahora mismo tiene más valor que IBM o Sun.

Apple sin Jobs es como IBM sin Thomas Watson o Ford sin Henry Ford. Será interesante ver qué pasa con la empresa, especialmente si (esperemos que no) la enfermedad de Jobs se prolonga.

En cualquier caso, lo importante no es lo que le pase a Apple, sino aprovechar la noticia para pensar en tu empresa: ¿qué pasaría con ella si tuvieras que ausentarte seis meses del “día a día”?

¿Sobreviviría? ¿Seguiría igual? ¿Se vería obligada a cerrar?

Si llevas tres días creándola, está claro que es imposible que prospere sin el impulso que le estás dando. De alguna manera, crear una empresa es como tener un hijo. Al principio no sabe hacer nada más que llorar y reclamar tu atención, pero si eres buen padre y la educas bien, irá creciendo hasta convertirse en un joven independiente del que puedas estar orgulloso.

Pero tu objetivo debería ser que lo antes posible ese empeño que debes poner para lograr cada avance deje de ser esencial, y la empresa crezca y evolucione por sí misma. Eso supone delegar, aceptar decisiones de otros que a veces no son la que tú tomarías, incluso ser humilde y saber incorporar a personas con más talento que tú para que te ayuden a dirigirla.

Si consigues ser capaz de dejar tu empresa durante seis meses y que ésta siga adelante, habrás creado una verdadera empresa. Si no, en el mejor de los casos tendrás un negocio. Que no es lo mismo.

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2009 será el año en el que las PYMES…

Os propongo un juego, copiado directamente de Duct Tape Marketing. Se trata de continuar la frase “2009 será el año en el que las PYMES…”, pero hacerlo con un texto corto, tipo Twitter o SMS.

En DTM han hecho la pregunta a unos cuantos expertos. Guy Kawasaki, por ejemplo, dice que “… dejen de creer que Wall Street y los bancos de inversión son más listos que ellas.”

¿Y tú qué crees que harán las PYMES en 2009?

Cómo presentar tu cartera de servicios a un cliente

Verónica, una lectora de México, comentaba ayer esto sobre la forma de presentar la empresa:

Hola, me interesó mucho tus consejos para poder presentarle los servicios de tu empresa a un cliente nuevo.
Trabajo en una consultoría integral que ofrece varios servicios y me cuesta trabajo explicarles los servicios que les conviene ya que muchas veces el cliente piensa que solo le quieres vender. ¿Cómo puedo hacer para que no se queden con esa idea y poderles explicar mejor sobre los servicios que otorgamos sin que me digan que “NO” en la primer visita?

He visitado la web de la empresa de Verónica, y realmente tienen un abanico de servicios muy amplio. Muchas veces esto puede ser un problema, porque al cliente le cuesta ubicarte ¿Estos son capaces de hacer páginas web o de asesorarme sobre recursos humanos? ¿Pueden hacer las dos cosas bien o están dando palos de ciego para pillar cualquier negocio?

Que el cliente piense que le quieres vender es natural. Es que le quieres vender. Otra cosa es que además creas sinceramente que lo que le ofreces va a ayudarle. Pero aunque tú lo sepas, lo importante es conseguir que él también lo crea.

Vendor

Una de las mejores comerciales que he conocido trabajaba para IECISA. Aunque el foco de IECISA son las TIC, dentro de ese ámbito te venden casi cualquier cosa: desde un PC a la ingeniería de un CPD, desde el mantenimiento de una centralita a la consultoría para implantar un ERP. Yo en su momento les compré varios proyectos (unos cuantos centenares de miles de euros), gracias a la táctica que seguía esta comercial.

A principios de año me visitaba y me preguntaba por mis proyectos para el año. Ella tomaba nota, y se ofrecía a ayudarme, trayéndome a un experto en cada uno de los temas. A veces le aceptaba el ofrecimiento, a veces no, a veces el proyecto estaba previsto para unos meses más adelante… cada cierto tiempo me llamaba y me preguntaba por esos proyectos, de manera que cuando llegaba el momento de empezar a trabajar en ellos yo le tenía en mente.

Esta chica no tenía apenas conocimientos técnicos. Pero era capaz de moverse en su organización y traerme a alguien que de verdad controlaba, con el que mi equipo y yo podíamos entrar en detalle: plantearle nuestras ideas, escuchar sus propuestas, valorar sus aportaciones… Y en una organización grande como IECISA es clave saber quién controla de verdad, porque te puedes encontrar conque el “consultor” que viene a solucionarte un problema sabe menos que el último becario que acaba de llegar.

A veces nos convencían y les comprábamos y a veces no. Pero siempre les dábamos la oportunidad de que nos presentaran sus propuestas, si la comercial nos decían que tenían gente que sabía del tema.

Dicho de otro modo: no pretendas presentar una cartera muy amplia de servicios, diciendo cosas como “… y tenemos además un Área de Marketing, en la que hacemos proyectos integrales de…”. Si el cliente no necesita nada de Marketing (o no sabe que lo necesita) le estás haciendo perder el tiempo y lo que es más grave, colocando en un estado de desidia que hace que ya no te escuche cuando llegas a explicar la parte de tu cartera que sí podría tener interés para él.

Aún más grave es dedicarte a explicar dónde está la sede, cuantos empleados tiene, que tiene no se qué certificación de calidad, que tus empleados son buenísimos y tienen una formación magnífica… con eso solo consigues aburrir al cliente y que empiece a mirar el reloj preguntándose cuando podrá despedirse de ti y dedicarse a las tareas que tiene pendientes. Si el cliente quiere saber alguna de estas cosas, mirará la web.

Lo mejor es seguir la estrategia de la comercial que he comentado: llevar la conversación a los proyectos y necesidades del cliente, y a partir de ahí presentar solo la parte de tus servicios que puede interesarle.

Es más, probablemente ni siquiera necesites presentar mucho: es mejor simplemente decir “tengo a una persona que tiene una gran experiencia en proyectos de este tipo, ha trabajado por ejemplo para (Insertar un par de referencias importantes aquí) y creo que puede serle de gran ayuda en esto. ¿Cuando podríamos venir a verle?”

Hablar un rato con un experto es mucho más interesante que hablar con un generalista, de modo que es probable que el cliente busque una fecha para esa segunda reunión. A partir de ahí, ya dependes de que el “experto” realmente lo sea, y que consiga conectar con el cliente y generar confianza.

Esa primera venta llegará o no, pero habrás conseguido que el cliente te vea como alguien a quien acudir cuando necesite ayuda, y no como un vendedor más.

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10 Medidas para ayudar a las PYMES a resolver la crisis


La crisis no la va a resolver el gobierno. Ningún gobierno crea ni un solo puesto de trabajo, ni hace crecer la economía, ni crea riqueza. Quien hace todo esto son las empresas, y eso en España prácticamente equivale a decir que son las PYMES.

El gobierno lo único que puede hacer es agudizar la crisis, impidiendo que las empresas cumplan con su misión, o estorbando, malmetiendo y favoreciendo a unos para perjudicar a otros. Que es una de las actividades favoritas de cualquier gobierno, aunque ellos lo suelen llamar subvenciones, ayudas, regulación o normativas.

Lo que si puede hacer es tomar medidas precisamente para estorbar menos y facilitar más el trabajo de los emprendedores. Aquí van 10:

1. Reducir los trámites para crear una empresa

¿Realmente tiene sentido que para crear una SLNE haya que poner como nombre el del emprendedor? ¿No podrían esos trámites reducirse para crear una SL normal? Fijaos en esta “noticia”:
Bastarán 19 días para crear una empresa en Madrid

Wow! ¡19 días! Y lo dice como si fuera algo positivo. ¡Co.ones, que tendrían que ser 19 minutos! Claro que ahora son nada menos que 47 días, mes y medio. Y eso si no se te ocurre montar un negocio para el que necesites una licencia especial, como un restaurante o un hotel, porque entonces pueden pasar meses o años.

Lo primero, si queremos más empresas, es que los emprendedores puedan crearlas fácilmente, rápidamente y gastando poco o nada.

2. Moratoria en el primer año para Hacienda y la Seguridad Social

Vale, seguro que esto es incompatible con mil directivas de la Unión Europea, pero seguro que hay una manera de hacerlo. Y es que, al principio, cunado todo son gastos, quien menos perdona es la Administración.

Ya que hay gente que en lugar de cobrar el paro en su casita se dedica a crear una empresa, y a dar trabajo a otros, ¿no podrían ser un poco menos avariciosos y esperar un añito a que la cosa vaya tomando cuerpo? Seguro que muchas empresas empezarían mejor y al cabo del año estarían en condiciones de pagar más.

3. Facilitar la participación de PYMES en concursos públicos

La ley de contratos del Estado establece garantías que en teoría deberían servir para evitar que se contrate a empresas poco solventes y que incumplan lo contratado. Pero en realidad lo que sucede es que solo las empresas consolidadas y de un tamaño considerable pueden participar en concursos públicos. Y en muchos casos luego subcontratan a otras empresas pequeñas, las que no han podido presentarse, para que hagan todo o parte del trabajo.

No se trata tampoco de que cualquiera monte un chiringuito para ganar un contrato, pero relajar ese nivel de exigencia para facilitar la concurrencia de las PYMES conseguiría mayor competencia y más oportunidades para las empresas pequeñas.

4. Reducción de plazos de pago en las administraciones

Cuando el Estado se mete a gastar “para animar la economía”, al final solo las empresas grandes salen beneficiadas. Una empresa pequeña, además de tener muy difícil la participación en concursos públicos, si consigue ganar alguno tiene el problema del cobro. Prácticamente ninguna administración paga a menos de 90 días, y las hay que pagan después de un año. Y eso desde la fecha de factura, porque el trabajo se ha hecho antes.

Lo que quiere decir que o tienes otros ingresos y un buen pulmón financiero, o vender a la administración puede arruinarte.

5. Reducción de plazos de pago por ley

Ya se hizo un intento de reducir el plazo de pago entre empresas a 30 días, pero la ley dejaba una salvedad que en la práctica significa que todas las empresas pagan lo más tarde que pueden. Si eres grande y contratas a pequeñas, pagas tarde. Como los sueldos y otros gastos se pagan al mes, cobrar a 90 días o más puede romper tu tesorería.

No es que me fíe mucho de las leyes, pero algo ayudará a que las empresas pequeñas dejen de financiar a las grandes.

6. Despido libre

A lo bestia. Sin preaviso. Que baste con decir: mañana no vengas, y pagar el sueldo hasta ese día. Sin indemnización ninguna por antigüedad ni nada.

Ahora muchos de los que lean esto creerán que soy un facha y un explotador, pero lo cierto es que la única manera de reducir el paro es facilitar la contratación. Y la única manera de facilitar la contratación es evitar que la relación entre empresario y trabajador sea más difícil de romper que un matrimonio.

Aquí tenemos un 11% de paro, y subiendo. En Estados Unidos, donde el despido es prácticamente libre, están preocupados porque superan el 5%.

7. Desaparición del salario mínimo

Puede que esté bien que exista un salario de referencia para pensiones y demás, pero un salario mínimo para los empleados es una garantía de más paro entre los más necesitados. Si un empleado produce 1000 euros al mes, un empresario le contratará si le cuesta menos de 700-800 (si no gana al menos un 20%-30%, no compensa). Pero si el salario mínimo dice que hay que contratarle por 900, ese individuo se quedará en paro.

Ese salario mínimo no afecta a los trabajadores cualificados, que están por encima de él, sino a los que tienen poca formación y ninguna experiencia, y por tanto son menos valiosos para el empresario. La única salida para ellos sería empezar a trabajar, aunque fuera por poco dinero, e ir adquiriendo ese valor que les permitirá exigir más sueldo. Pero el salario mínimo les condena al paro o a trabajar sin contrato para empresarios poco escrupulosos.

8. Reducción del gasto público

Y hay mucho de donde ahorrar: de las televisiones públicas, de los conciertos y los festejos, de las subvenciones a entidades de todo tipo, de los innumerables asesores que no son funcionarios y de los sueldos de los funcionarios. Vamos, que no es preciso “reducir el gasto social” del que presume Zapatero.

La teoría socialdemócrata dice que el Estado debe gastar más en tiempo de crisis para animar la economía. Es una falacia: todo lo que gasta el Estado se lo ha quitado antes a los ciudadanos, de modo que si no lo gastara el Estado, lo gastarían ellos, y con mucho mejor juicio por regla general.

9. Reducción de impuestos

A los ciudadanos, por supuesto, pero también a las empresas. ¿No podríamos seguir el ejemplo de Irlanda, que en pocos años ha pasado de estar en la cola a ser uno de los países más ricos de Europa? Irlanda ha conseguido que las multinacionales del sector TIC tengan su sede europea allí y no en Gran Bretaña (donde también habla inglés casi todo el mundo) por ponerles menos trabas y cobrarles menos impuestos.

10. Eliminación de las subvenciones a ciudadanos y empresas

No quiero subvenciones, muchas gracias. Ni que me devuelvan 400 euros, ni 200, ni nada. Lo que quiero es que no me los quiten con una mano para luego poder dármelos con la otra y que encima les tenga que estar agradecido.

Todas las subvenciones a empresas son palos en las ruedas de la competencia. La empresa subvencionada recibe el dinero de las que no son agraciadas, que tienen la doble penalización de no recibir dinero y además pagar a las otras.

Dejen competir a las empresas en libertad y no molesten con sus criterios arbitrarios: a esta le doy pasta porque está fundada por mujeres, a esta otra porque se dedica a un sector que me mola, a aquella porque dice que hace I+D…

¿Se os ocurre alguna otra medida?

Recursos Humanos en la PYME (alternativas)


Veíamos el otro día los problemas de contratar personal para una PYME. La buena noticia es que hay varias alternativas a la contratación de personal para conseguir que otro haga el trabajo que tú no quieres o no puedes hacer. La mala noticia es que todas tienen pegas:

Busca un socio

Si encuentras a alguien que crea en tu proyecto y esté dispuesto a cobrar menos de lo que cobraría en otro sitio, a asumir incluso que habrá meses que no cobre, a trabajar hasta las tantas y a echar el resto, puedes intentar que comparta riesgos y beneficios. Es decir, que sea tu socio.

Si funciona, perfecto. Tienes un hombro en el que llorar vuestras penas y un compañero con el que celebrar los éxitos. Pero muchas veces es complicado: los socios pueden tener distintas percepciones sobre la empresa. Lo que para unos es una pasión para otro puede ser simplemente un pasatiempo. Hay quien vive en casa de sus padres y quien tiene que mantener a sus hijos. Si los socios son muy diferentes no se entienden, pero si son muy parecidos no se complementan.

Ten previsto también lo que sucede si llega la crisis y uno de los socios debe abandonar la empresa. Déjalo escrito cuando os llevéis bien, porque de lo contrario la cosa puede acabar como el divorcio de la guerra de los Rose.

Subcontrata

La contabilidad, el marketing, la secretaría… incluso las ventas y la ejecución. Todo puedes subcontratarlo. Puedes comprar productos en China, contratar que te los traigan a tu ciudad, contratar comerciales que lo vendan, publicistas que lo den a conocer, técnicos que lo instalen y le den soporte, gestores que controlen la facturación, la contabilidad y los impuestos…

Si alguien en la cadena no te gusta, simplemente contratas a otro. Todos están motivados, porque si no trabajan bien dejarán de cobrar.

Parece una buena solución, pero también tiene sus pegas. La fundamental, que como alguien falle quien da la cara ante el cliente es tu empresa. Y si es difícil controlar a un empleado, mucho más difícil es controlar a un proveedor, que puede tener intereses y necesidades que no coincidan con los tuyos. Lo que para ti es un pedido importantísimo de un cliente VIP, para tu proveedor puede ser algo rutinario que no le aporta valor y que postergará si aparece algo que a él le interese más.

Existe el riesgo también de perder el control de los clientes, e incluso que alguna de tus empresas “colaboradoras” te los levante.

Por tanto, subcontrata si es preciso, pero mira bien a quién metes en tus procesos.

Contrata autónomos

Para según que cosas, un autónomo puede ser una buena solución. Puedes tener más control sobre él que si subcontratas a una empresa, pero no te ata tanto como un empleado. Aunque también hay que tener cuidado con ciertas cosas.

Puede intentar quitarte los clientes, por ejemplo. Para evitarlo, pídele que se identifique siempre como perteneciente a tu empresa. Es muy recomendable proporcionarle una cuenta de correo electrónico de tu empresa para que la use en sus comunicaciones con tus clientes, y pedirle que te reenvíe una copia de todos los correos. Controla también a diario qué hace en cada cliente, sobre todo si luego vas a facturar por horas.

Y está el problema de su dedicación. Si más del 75% de su facturación la hace a tu empresa, estamos ante un TRADE. Eso significa Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente, y es un engendro del nuevo Estatuto de los Autónomos por el que se crea una figura mixta entre el empleado y el autónomo. Si tienes un TRADE, tienes que pagarle vacaciones e incluso indemnizarle en caso de cesar la relación contractual.

Todavía no está claro cómo se va a regular esto, pero es evidente que habrá problemas. Por ejemplo, supongamos que contrato a una persona que hace unos trabajos al mes que le llevan una mañana, por los que cobra una cantidad relativamente pequeña, pongamos 250 euros. Yo no considero que eso sea un TRADE, por lo que no le trato como tal. Pero después de un año, resulta que el individuo solo trabaja para mí, con lo que factura a mi empresa el 100% de sus ingresos. ¿Es en ese caso un TRADE? ¿Está obligada mi empresa a pagarle vacaciones (en su parte proporcional) o a indemnizarle si un día prescindo de sus servicios? ¿Hay que exigir al autónomo que va a trabajar para nosotros que nos demuestre que tiene otros clientes?

Subcontrata en países con menos nivel de vida

Esto lleva siendo una promesa desde el siglo pasado, que yo sepa. La idea parece atractiva: igual que se subcontrata la fabricación a países donde la mano de obra es muy barata, subcontratemos también los servicios.

El problema es que los servicios no son tan fáciles de subcontratar. Las software factories por ejemplo, esos entes a los que envías unas especificaciones y te devuelven código, no han resultado ser el Santo Grial de la rentabilidad informática. Vale, puedes tener un call-center en Marruecos, o en Argentina, y que te funcione razonablemente bien. Pero en cuanto aumenta la complejidad de los servicios, más difícil se hace que los problemas de calidad no acaben comiéndose los beneficios del coste de mano de obra.

Consigue que alguien te haga el trabajo gratis

Esta es la mejor opción. No tienes costes, no tienes empleados contratados, todo son beneficios… No, no es imposible conseguir que alguien trabaje gratis para ti. Todo es cuestión de que quien lo haga obtenga a cambio algo que le compense.

Un ejemplo de modelo de negocio que usa trabajo gratis es el desarrollo de software libre. Ojo, si quieres crear una empresa de éxito necesitas tener un equipo de programadores propio además de los voluntarios. Pero tener cientos o miles de testeadores, de programadores que corrigen bugs o de diseñadores trabajando gratis sin duda ayuda a que todo sea mejor y más fácil.

Otro caso es el de los sitios web en los que los usuarios crean el contenido. ¿Quieres hacerte rico trabajando 4 horas a la semana? Esta es tu mejor opción.

Claro que tener un proyecto de software libre o una web con miles de usuarios que trabajen gratis es casi tan difícil como ganar a la lotería. Si no, lo haría todo el mundo, y no habría voluntarios suficientes para todos.

En resumen, si tienes necesidad de que alguien te eche una mano en tu empresa, no es descabellado seguir esta estrategia:

1. Aguanta. Intenta discernir entre una necesidad puntual y un crecimiento permanente. A un problema puntual, dale una solución puntual.

2. Contrata autónomos o subcontrata a otras empresas, en función de las necesidades.

3. Para funciones esenciales, busca un socio que se comprometa con el proyecto.

4. Si no te queda más remedio, contrata personal. Pero asesórate bien para minimizar los errores.

Recursos Humanos en la PYME (lo que no debes hacer)


Antes o después, el emprendedor necesita contar con colaboradores. Bien porque la empresa requiere mucha dedicación y no llega a todo, bien porque hay asuntos que no domina y necesita la ayuda de otros. Puede suceder desde el primer momento, o puede deberse al crecimiento de algo que empezó como la aventura de un loco solitario.

En ese momento, la opción natural parece ser contratar a alguien. Pasar de ser uno a tener empleado/s.

Y ahí empezamos a cometer errores, que pueden costarnos la supervivencia de la empresa. Veamos lo que no debes hacer si te planteas contratar empleados:

No contar con un excelente asesoramiento

Y subrayo lo de excelente. Gente capaz de calcular una nómina y enviar los datos a la Seguridad Social hay mucha. Profesionales que te asesoren sobre las opciones que tienes para contratar, que te redactar un contrato sólido y que te eviten consecuencias desagradables si hay problemas con un empleado, ya son más difíciles de encontrar.

No des un solo paso sin asegurarte de que tienes detrás una asesoría laboral absolutamente fiable.

Contratar empleados fijos

Un empleado fijo es una espada de Damocles que pende sobre tu empresa. En el momento en que decida no trabajar, te verás obligado a pagarle una indemnización millonaria para librarte de él. E incluso si no hay mala voluntad, pero tiene la desgracia de contraer una enfermedad larga, tendrás que seguir pagando meses y meses sin obtener nada a cambio.

La ley en España no está pensada para las empresas pequeñas. Lo que puede ser perfectamente asumible para una gran empresa con miles de trabajadores, puede hundir a una PYME con cuatro empleados. Aun así, existen alternativas: hay contratos por obra, periodos de prueba, contratos de prácticas… consulta a tu asesor y no te comprometas más de lo estrictamente necesario.

No prever los costes de despido

Si a pesar de todo contratas a un trabajador fijo, lo mejor que puedes hacer es calcular el coste del despido e ingresarlo cada mes en una cuenta de ahorro. Si no puedes permitirte ese “gasto”, entonces no puedes permitirte contratar a ese trabajador. Si ahorras ese dinero, en caso de crisis al menos tendrás asegurado que puedes pagar la indemnización.

Gastar dinero en formación

Hay alternativas gratuitas, y la Seguridad Social te permite dedicar una parte del dinero que te quita a formación. Fuera de esto, todo lo demás es tirar el dinero.

La formación para tu empresa es un gasto, no una inversión. Esa persona a la que le certificas en una tecnología puntera te pedirá un aumento de sueldo en unos meses, o se irá a la competencia gracias entre otras cosas al certificado que tú le has pagado.

Pagar de más

Procura pagar lo menos posible. Alguno comentará lo de los cacahuetes y eso, pero lo cierto es que pagar más no garantiza tener mejores profesionales, ni que sean más fieles. Además, hay que tener en cuenta que cada euro que comprometes en un sueldo fijo son treintaytantos céntimos más que van directamente a la Seguridad Social. Y cada cien euros de más que pagas en un año a un empleado son doce euros más que tendrás que pagar cuando le despidas. Por si no ha quedado claro: por cada 100 euros de más que pagas en un sueldo al año, estás pagando otros 50.

Si después de un tiempo algún empleado te pide un aumento, ya podrás decidir si su productividad lo justifica. A la hora de contratar, opta por el candidato que pida menos sueldo.

Contratar gente mejor de la que necesitas

¿Cómo no contratar a los mejores? ¿No debe una empresa buscar la excelencia?
Pues no. Una empresa no debe buscar la excelencia. Una empresa debe buscar el beneficio. La excelencia es un medio, no es el fin. Así que eso de “contratar a los mejores”, solo cuando “los mejores” sean los que peuden hacer ganar más dinero a tu empresa.

Un ingeniero del MIT con 150 de CI puede ser un candidato idóneo para Google, pero no ser el empleado más adecuado para el servicio técnico de una tienda de PCs clónicos.

¿No te has preguntado por qué en las cadenas de restaurantes han cambiado de camareros cada vez que vas? Para ser competitivos, necesitan unos procesos en los que cualquier persona con un mínimo de facultades pueda integrarse y ser rentable. ¿Que la rotación del personal es altísima? Pues de acuerdo, pero si te diriges a clientes que prefieren un sitio más barato con camareros menos “profesionales”, no tiene sentido que contrates a camareros capaces de servir correctamente un arroz con bogavantes.

Precipitarte

¿Seguro que necesitas contratar ya a esa persona? ¿No puedes aguantar ni un mes más, ni una semana sin él? A veces lo que parece un crecimiento en la actividad es solo un pico temporal. Convertir una necesidad puntual en un coste de estructura permanente puede costarte muy caro. Trabaja más, alarga tus plazos de entrega, apóyate en otras empresas… lo que sea, pero asegúrate de que cuando contratas a alguien es porque va a hacerte ganar dinero el mes siguiente, y el siguiente, y el siguiente…

Visto lo negro del panorama laboral en las pymes españolas, ¿hay alternativas?
Haberlas, haylas, pero las veremos en otro post. Mañana, probablemente.