Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

TIBI versus CEOE

TIBI es una agrupación de empresarios y directivos de empresas de software españolas. Surgido a partir de una idea de Sergio Montoro, no tiene más organización que algunas herramientas de Internet. No consume recursos del estado, no pide subvenciones. Solo se ocupa de proveer una necesidad muy importante para un emprendedor: compartir su cuitas con otros que le puedan comprender.

La CEOE es la confederación de organizaciones empresariales. No es suficiente con tener una patronal del automóvil, o del calzado. Además las patronales se agrupan en metapatronales. Viven de los presupuestos del estado, organizan cursos y hacen informes de dudosa utilidad, que nadie compraría si los tuviera que pagar. Está dirigida por personas que tal vez un día fueran empresarios, pero que llevan décadas cobrando de la patronal (como la SGAE está dirigida por músicos que no han hecho música desde el siglo pasado).

TIBI es el futuro, y la CEOE una rémora del pasado (y desgraciadamente todavía presente).

Iniciador es otra aventura similar a TIBI: unos microempresarios, sin medios ni influencia, tienen una idea y la llevan a cabo lo mejor que pueden. Sin pedir ayudas, ni subvenciones, ni organizar una superestructura con sede, secretaria y VISA oro para sus directivos.

Y sin embargo, Iniciador es mucho más útil para cualquier emprendedor que los cientos o miles de iniciativas de administraciones de todo pelaje que dedican millones de euros a “ayudar a los emprendedores”. Millones de euros, por cierto, que les han quitado previamente a los optimistas que se lanzan a crear una empresa.

Como comenté tras el primer Iniciador, lo mejor que podría hacer la administración por los emprendedores y empresarios es dejar de ayudarles. Dejarles en paz. Si no es mucha molestia, devolverles el dinero de los impuestos dedicado a “promoción de emprendedores”. Pero si no, al menos, dejar de molestar con subvenciones, cursos y otras ideas brillantes que acaban siendo pozos en los que se entierra un dinero que los emprendedores hubieran usado mejor.

Creative Commons License photo credit: wlappe

Nueva encuesta

Acabo de publicar una nueva encuesta (los lectores del feed tienen que visitar desencadenado.com para votar y ver resultados).

Esta vez se trata de ver qué cualidad es más importante para un emprendedor, a elegir entre: dinero, talento, experiencia o determinación. Dentro de unos días, comentaré por aquí los resultados.

Busca un excelente comercial


Unos griegos que quieren crear una empresa de Linux me preguntan sobre mi experiencia con Alanta. El mejor consejo que puedo darles, a ellos y a cualquiera que esté pensando crear una empresa de servicios, es este:

busca un excelente comercial

Lo más importante, sobre todo al principio, es vender. Si no vendes, estás muerto. Luego puedes tener otros problemas con los proyectos, con los clientes, con los proveedores, con los empleados, con la tecnología… da igual lo que sea, todo se puede arreglar. Lo que no tiene arreglo es una empresa que no vende.

Martin Varsavsky y los emprendedores


Me apunta en un comentario el usuario Sowellina que vea este video de Varsavsky:

Os lo recomiendo, porque además de justificar su caso personal, dice cosas que son relevantes para todos. Creo que tiene que ver con lo que escribí el otro día sobre la inversión y la especulación. Y me gusta sobre todo el final, cuando dice “al final, todos acaban trabajando para un emprendedor. Incluso los que trabajan para el gobierno, lo hacen gracias a que los emprendedores pagan impuestos”.

Tony Hsieh

Tony Hsieh es emprendedor casi desde que nació. A los doce años vendía pins que fabricaba él mismo pegando fotos a discos de metal, con lo que llegó a ganar algunos centenares de dólares al mes. En la universidad Hsieh vendía pizzas desde su habitación. Otro estudiante de Harvard, Alfred Lin, también tenía espíritu emprendedor: compraba pizzas a Hsieh que luego vendía por porciones. Lin trabaja ahora con Hsieh como director financiero.

A los 24 años vendió su empresa (LinkExchange) a Microsoft por 265 millones de dólares. Un año después (en 1.999) conoció a un emprendedor todavía más joven, Nick Swinmurn, que tenía una idea peculiar: vender zapatos por Internet. Hsieh sintió curiosidad e invirtió 500.000 dólares:

I almost deleted the voice mail. Nick left a message saying he wanted to start a company that sold shoes online. I didn’t think consumers would buy shoes sight unseen, and Nick didn’t have a footwear background. It sounded like the poster child of bad Internet ideas.

But right before I hit Delete, Nick mentioned the size of the retail shoe market–$40 billion. And the more interesting thing was that 5 percent was already being done through mail order catalogs. That intrigued me. Initially, I was just an adviser. But I got sucked in.

En aquel entonces, la empresa se llamaba ShoeSite.com, pero pronto cambiaron el nombre por Zappos (derivado de “zapatos”). Os sonará el nombre si leísteis este post.

Zappos destaca por la selección de zapatos que vende (más de 90.000 zapatos distintos de más de 500 marcas), pero sobre todo por el extraordinario nivel de servicio. Y no es casualidad:

We all sat around one day talking about what we wanted the Zappos brand to represent. We decided to be about providing the best service; we said, “We’re a service company that just happens to sell shoes.” But in order for that to happen, we had to control the entire customer experience. We expanded the warehouse to 77,000 square feet and stopped having manufacturers ship directly to customers. It was a scary time–drop shipping was 25 percent of revenue, and we gave it up all at once.

I’d rather spend money on things that improve the customer experience than on marketing. We run the warehouse 24-7–it’s not very cheap or efficient, but it allows us to get the shoes out more quickly. We have a 365-day return policy with free shipping both ways.

En 2006, después de años de dirección conjunta, Swinmurn dejó la empresa, dejando a Hsieh como CEO. Zappos ha ido creciendo cada año de manera continua, y espera alcanzar una facturación de 1000 millones de dólares en 2008.

Habilidades necesarias para ser emprendedor


Aparte de ilusión y una determinación rayana en al cabezonería ¿qué otras habilidades / conocimientos necesita un emprendedor? Las imprescindibles son estas seis:

1. Hablar en público

Si quieres tener éxito en casi cualquier cosa que emprendas, tendrás que ser capaz de comunicar tu visión a socios, empleados, inversores o clientes. Eso es algo que no puedes delegar. Si te aterra la idea de enfrentarte a un auditorio, o si eres incapaz de hablar sin aburrir a las ovejas, no podrás contagiarles el entusiasmo que tú sientes por tu empresa.

2. Contabilidad

Tú no vas a llevar las cuentas de tu empresa, pero no puedes confiar algo tan importante a una gestoría. Aplicar según qué criterios contables puede marcar la diferencia entre tener una empresa con un balance saneado o una situación de quiebra, así que te interesa seguir de cerca lo que hace tu asesoría, conocer las alternativas y establecer tú los criterios.

3. Marketing

Igual que en el caso anterior, no se trata de que diseñes tú la publicidad de tu producto. Pero el marketing en sentido amplio (esto es, analizar qué necesita el mercado, como vas a responder a esa necesidad y cómo vas a comunicar que tienes la respuesta) es inseparable de todo el proceso de creación de tu empresa. Necesitas conocer al menos los conceptos más básicos de cómo funcionan los mercados, de cómo segmentarlos, de cuál es el proceso de adopción de un producto y de qué vías tienes para comunicar con tus clientes potenciales.

4. Relaciones personales

Alguien pensará que saber tratar bien a las personas es algo innato. Hay quien nace con la habilidad de “caer bien” y sabe qué decir a cada persona en cada momento, y hay quien es por naturaleza huraño o tímido. Sin embargo, también se puede aprender a tratar a las personas, y hasta los más antipáticos pueden mejorar. Y salvo que tu modelo de negocio sea muy parecido al de los profesionales de la venta por eBay, tendrás que tratar con otras personas. El factor clave de éxito será entonces conseguir que esas personas hagan lo que tú quieres.

5. Protocolo

Podríamos llamarlo “educación”, o “buenas maneras”. Aunque parezca un concepto anticuado, sigue siendo (y será) imprescindible seguir unas normas de cortesía y buen trato, aunque esas normas se apliquen ahora al uso del correo electrónico y no a las cartas manuscritas. Demostrar que eres un zafio patán es la mejor manera de que nadie confíe en tu capacidad para manejar algo tan delicado como una empresa.

6. Tendencias

Esta es la más difícil. No se trata de llevar el último gadget, o el último corte de pelo, o de abrir un blog porque está de moda. Se trata de estar enterado de lo que se cuece en tu ámbito de negocio e incluso fuera de él. Se trata de saber no solo qué comportamiento tienen tus clientes, sino cómo está cambiando este comportamiento (y siempre está cambiando). Se trata de saber qué pasa en otros sectores, porque mañana puede afectar al tuyo. Se trata de identificar oportunidades antes que tu competencia, porque tú tienes más datos de cómo se mueve el mercado.

Hay muchos otros conocimientos y habilidades que son muy convenientes, pero no son imprescindibles: saber buscar información en Internet o manejar una hoja de cálculo pueden ahorrarte muchas horas de trabajo y mucho esfuerzo, pero los más rupestres pueden ir a una biblioteca o manejar un cuaderno y un lápiz. El emprendedor puede (y debe) contratar a quien supla los conocimientos que le faltan en cualquier otro ámbito, pero no puede pagar a nadie para que sea educado en su nombre.

Por supuesto, si alguien tiene otras ideas, estaré encantado de que las deje en un comentario. Por mi parte, procuraré dedicar al menos un post a cómo mejorar cada una de estas habilidades.

Vidas ejemplares


Septiembre es un mes en el que todos nos buenos propósitos para el curso que empieza: aprender inglés, aprobar todo para no volver a pasar un verano estudiando, adelgazar…

Yo tengo dos: adelgazar y mejorar la calidad del blog. Lo de adelgazar supongo que lo abandonaré en cuanto se me pase el shock que sufrí al descubrir que eso que aparecía en las fotos de la playa no era un elefante marino, sino yo mismo. Pero espero ser capaz de mantener el propósito de mejorar el blog.

Una de las iniciativas para ello es dedicar entradas a personajes relevantes, que sirvan como modelo a los emprendedores incipientes. Cuando yo era niño tenía una tía abuela que cada cumpleaños me regalaba un libro con la vida de un santo. Creo que la colección se llamaba “vidas ejemplares” o algo así.

La idea es hacer algo así: hablar de alguien que puede servirnos de modelo a imitar, para ser mejores emprendedores. Claro que los santos que aparecían en aquellos libros solían ser perfectos ya desde niños, y los emprendedores que traeremos por aquí son seres humanos con todos sus defectos. Pero precisamente esos defectos pueden hacerlos más cercanos a nosotros y más útiles como modelos.

Trabajar desde casa


Gracias a las ventajas de la tecnología, cada vez es más habitual emprender desde el propio domicilio. Al fin y al cabo, con un móvil, un portátil y una conexión a Internet tienes todo lo que necesitas. Trabajar desde casa puede ser un sueño, sobre todo si lo valoras desde el atasco de vuelta a las siete de la tarde.

Hace tiempo escribí unos consejos para trabajar desde casa que le pueden venir bien a quien se lance a la aventura. Pero hoy he leído en Wired la historia de Jelly. Se trata de emprendedores tecnológicos que se reúnen para trabajar juntos una vez cada quince días. Es decir, cada uno trabaja en lo suyo, pero lo hacen en el apartamento de uno de ellos. Gupta, el anfitrión, les deja usar su Wifi para navegar y su cocina para hacerse un café. Es una solución para evitar los problemas de aislamiento, charlar con gente que está en la misma situación, compartir ideas o inquietudes…

El espíritu tiene algo que ver con Iniciador, solo que en lugar de tener lugar en un ambiente festivo es algo más “profesional”. Y que cada asistente lleve su portátil y esté conectado seguro que da juego a la hora de decir “esto es lo que estoy haciendo” o “acabo de encontrar un mashup para integrar Flickr con Twitter que es la caña”.

¿Se podría hacer algo así en España? ¿Alguien sería tan generoso como para ceder su oficina o su casa cada quince días gratis? ¿Alguna administración de esas que tienen parques tecnológicos y viveros de empresas por todas partes, no podría ceder de vez en cuando sus instalaciones por un día a emprendedores “raritos” sin pedirles nada más que el DNI?

Los emprendedores más grandes


En BusinessWeek han publicado una presentación con los emprendedores más grandes de todos los tiempos. Como sucede en estos casos, puede que no estén todos los que son, pero sí son todos los que están.

Merece la pena leer las historias de esas personas que han conseguido triunfar allí donde nosotros lo estamos intentando. Un apunte: muchos de los representados se hicieron ricos porque encontraron la forma de hacer llegar a personas comunes lo que antes era un privilegio de los ricos.

Pensad en ello, si estáis en fase de definir vuestro modelo de negocio.

Cómo ser Silicon valley


Paul Graham habla en este ensayo de cómo reproducir el éxito de Silicon Valley. Es decir, como crear un entorno en el que los emprendedores prosperen y generen riqueza. Es un poco largo, pero merece la pena.

Por resumir un poco, viene a decir que se necesitan dos tipos de persona para crear un Silicon Valley: ricos y empollones. Es decir, gente con ideas y gente con dinero para financiarlas. Los hubs de startups surgen, segun Graham, donde se concentran estos dos tipos de personas. Menciona Miami o Nueva York como sitios donde viven ricos, pero que no resultan atractivos para los listos. Y sitios como Pittsburgh, que cuenta con una de las primeras universidades del mundo (Carnegie-Mellon), repleta de gente lista, pero que no es un paraíso en el que los ricos quieran vivir.

Una idea curiosa: para una administración pública, si quiere crear un entorno en el que florezcan las startups, es mucho más rentable invertir en una superuniversidad de prestigio que en un “parque tecnológico” con edificios de oficinas. Eso sí, la universidad tiene que ser una de las primeras cinco o diez del mundo. ¿Imposible crearla de la nada? Graham propone una vía, que no parece descabellada.

Ah, y recomienda expresamente a las administraciones públicas no invertir directamente en las startups. Dice:

Bureaucrats by their nature are the exact opposite sort of people from startup investors. The idea of them making startup investments is comic. It would be like mathematicians running Vogue– or perhaps more accurately, Vogue editors running a math journal.

Cuánta razón tiene.